Orientación vocacional con sujetos vulnerabilizados
Capítulo 1: orientación vocacional contexto social, sujetos y prácticas
Introducción
Las prácticas de orientación vocacional han sido tradicionalmente destinadas a los estudiantes que
finalizan sus estudios secundarios con el fin de acompañarlos en la elección de una carrera de nivel
superior, generalmente universitaria. Esta podría considerarse la significación que se instaló en el
discurso social como sentido común. Se requiere promover un proceso de alucinación crítica para
desarmar lo que el sentido común solidificó.
La operatoria consiste en suscitar una revisión crítica y una ampliación de esa matriz tradicional. El
propósito es pensar las problemáticas relacionadas con el elegir qué hacer en la vida y con la
construcción de trayectorias vitales articulando lo subjetivo con lo social, ampliando el “hacer”
más allá de lo productivo, de lo laboral y de lo académico.
El desafío es abordar estas problemáticas en todas sus dimensiones, en todos los contextos y para
todos los sujetos.
Supone la Constitución de dispositivos para acompañar a los sujetos en los momentos críticos de
elegir y armar proyectos futuros. Dispositivos que se sostienen en una ética en relación al otro y en
una concepción de sujeto.
Una concepción de sujeto que implica pensar la práctica de acompañamiento para elegir qué hacer
como una experiencia subjetivante en tanto reconocimiento de las potencialidades de los sujetos,
cualquiera sea su condición, con respecto por su singularidades y advertencia acerca de la
inexistencia de un saber certero sobre el enigma de la vida y las vicisitudes del elegir.
Elegir qué hacer en la vida y recibir orientación vocacional es un derecho de todos
independientemente de la condición Que porte cada sujeto. Ese derecho presume construir
dispositivos que se organicen con imaginación y decisión acorde a toda práctica situada que aloje
al sujeto en sus preguntas, sus búsquedas, aspectos tan distantes de los modelos diagnosticadores,
clasificadores y normalizadores.
Trayectorias de vida en el actual contexto histórico
El modelo del sistema escolar obligatorio ha producido que el curso de la vida se organice
alrededor de los ciclos y niveles educativos, provocando saltos y cortes en el camino, abriendo
paso a procesos de transición entre uno y otro.
Trayectorias, itinerarios y transiciones son diferentes maneras de nombrar el proceso que los
sujetos van desplegando y nos aleja del concepto de identidad como algo cerrado, definitivo y
certero. Por ello, hace tiempo, al abordar las problemáticas de las decisiones acerca de lo que
elegimos hacer propusimos la noción de itinerario vocacional como aquello que se configura
alrededor de las variadas actividades que los sujetos realizan a lo largo de su vida.
Las trayectorias subjetivas son las formas singulares que tenemos de transitar la vida escolar.
En la actualidad podríamos hablar de trayectorias transicionales, Aquellos procesos en los que los
trayectos y transiciones se entremezclan, pueden ser entendidas como un salir y entrar de
diferentes actividades, con más movimiento y menos estabilidad y a veces sin rumbo fijo. Tienen
un carácter dinámico, abierto y discontinuo. La falta de linealidad, los escenarios sociales
cambiantes y multiplicidad de actividades y la incertidumbre como rasgo sobresaliente nos
permiten pensar los itinerarios vitales en términos de trayectorias transicionales.
En la actualidad existen otros trayectos “institucionalizados” vinculados a circuitos paralelos entre
ellos los relacionados con la delincuencia organizada, por lo general ligada al negocio de la droga.
Alguno de estos sujetos han resultado desencantados de las promesas que la sociedad les ofrece a
través del estudio y el trabajo, y viven con la sensación de que toda una vida no sería suficiente
para alcanzar a obtener lo que podrían conseguir a través de dichos trayectos “paralelos”.
La la desigualdad es necesaria para evitar reproducir discursos estigmatizante sobre los jóvenes y
reconocer los diferentes mundos en nuestro mundo y los lugares que los sujetos humanos
elegimos o somos tentados a elegir, como una forma de salvación.
Se trata de corrernos de las formas tradicionales de pensar, de abordar estas situaciones y
reconocer una realidad mucho más compleja donde los recorridos vitales con sus transiciones
están sufriendo un proceso de desestandalización. Por eso es importante que las instituciones y las
políticas orientadas en este sentido revisen sus supuestos, ya que en muchas situaciones siguen
operando bajo el esquema de un modelo lineal del curso de la vida.
La transición hacia la vida adulta ha dejado de ser un tipo de trayectoria lineal con un final
conocido, esta particularidad requiere de políticas activas.
Subjetividad de época. Sujetos vulnerabilizados
Para pensar conceptualmente los sujetos vulnerabilizados, conviene recordar que la Constitución
subjetiva se configura en un entramado entre lo propio de la especie, lo particular de la época y los
singular del sujeto. Por eso sostenemos que los sujetos vulnerabilizados están siendo trayectorias
abiertas que no terminan de cerrar.
La construcción del sujeto se configura alrededor de un proceso de Unión a los otros, de
pertenencia, pero al mismo tiempo de separación de los otros, es decir, de diferencia.
Allí nada como negativo de la identidad se instituye la desigualdad. Se sostiene así muchos siglos
de dispositivos de discriminación, exclusión o estigmatización. La vulnerabilidad es propia de la
especie humana, todo sujeto necesita del otro tanto en su registro como en cuanto al
reconocimiento, adquiere dos formas contrapuestas: reconocimiento de conformidad (ser
percibido como semejante) y reconocimiento de distinción ( ser percibido como diferente).
El proceso de elegir supone una operatoria de anticipación que se ve notablemente fragilizada en
los sujetos vulnerabilizados.
Antes que elegir, son elegidos para no elegir o dicho de otro modo no gozan de ese derecho: sus
posibilidades de planificación y de aspiraciones futuras se ven seriamente afectadas.
Las prácticas de orientación con sujetos vulnerabilizados requieren despojarnos de las ideas
heredadas, cuyos postulados tradicionales estuvieron orientados a sujetos de clase media urbana,
sujetos privilegiados que se enfrentan a la situación crítica de elegir en la medida en que tienen las
condiciones para poder hacerlo. Muy diferentes son quienes no gozan de ese derecho porque
nunca lo tuvieron o porque fueron sustraídos de él. En esos casos la ética del profesional requiere
asumir la decisión de no condenar a nadie a la reproducción de su pasado.
Supone asumir una actitud posibilitadora que le permita al sujeto pensarse y quererse diferente de
lo que fue, un sujeto abierto al cambio que reconozca su historia pero que no se vea exigido a
repetirlo. Por eso afirmamos que alojar al otro es reconocerlo en su diferencia.
La escucha nos conmueve, nos interpela y también nos angustia en tantos sujetos y profesionales.
Son precisamente estos casos en los que alojar al otro a través de la escucha nos enfrenta a la
experiencia del desamparo. Le escucha abierta las manifestaciones del otro podría darse si nos
animamos a abandonar nuestras propias certezas de lo que sabemos y así reconocernos nosotros
también como profesionales en nuestro propio desamparo.
Las intervenciones socio comunitarias en los bordes
Los dispositivos de acompañamiento, clásicamente llamados procesos de orientación vocacional,
se organizan en distintos tipos de intervención. Se trata de una práctica contextualizada que
adopta formas de acuerdo a diferentes circunstancias y condiciones. Así las intervenciones
pedagógicas son aquellas dirigidas a los que “están ahí” en las instituciones educativas (escuelas
institutos universidades) a través de programas que en el mejor de los casos pueden tener rango
curricular. Las intervenciones psicológicas se destinan a los que nos consultan en diferentes
servicios tanto del sector salud como de educación.
Las intervenciones socio comunitarias son experiencias de borde. Sujetos que no consultan y están
integrados plenamente a la vida social a través de algún anclaje institucional, educativo o laboral.
Personas con problemáticas de consumo, situación de encierro, que no consiguen trabajo o que en
algunos casos ni siquiera lo buscan, individuos que han abandonado sus estudios, entre otros.
Se trata de dispositivos que promueven la visibilización de estos colectivos postergados,
visibilizarlos es considerar los sujetos de derecho: derecho a vivir una vida digna, derecho a elegir
qué hacer en la vida y a construir proyectos futuros.
Estos dispositivos de orientación vocacional pueden llevarse a cabo en las más variadas
instituciones de salud, educación, recreación etcétera. El eje de estas intervenciones está puesto
en la restitución de derechos, allí donde los mismos son vulnerados.
Insistimos en que será muy dificultoso sostener este tipo de intervención en orientación vocacional
si no es a través de políticas públicas, las políticas públicas no están para impedir que sujetos elijan
sus caminos libremente sino para garantizarle su inclusión social. Son políticas destinadas a que
una sociedad tenga lugar para todos.
Orientación vocacional como experiencia subjetivante
Pensamos la intervención socio comunitaria, al igual que la psicológica y la pedagógica, como
dispositivos que a modo de experiencias cuyo eje es la elección de un proyecto futuro.
Proponemos promover la interrogación y la invención de formas de vida singulares.
Estos dispositivos pueden ser experiencias subjetivantes, lo que supone una doble implicación
entre subjetividad y experiencia.
Habrá experiencia mientras haya sujeto capaz de querer vivirla. Y, si así fuera, estaremos frente a
un proceso de subjetivación como transformación de uno mismo, como posibilidad para pensar,
para imaginar, para soñar más allá de los imprevistos sociales.
Un pasaje de ser objeto de deseo de otro a constituirse en sujeto deseante. Un proceso siempre
dinámico e inacabado, en dónde se adoptan posiciones (sujeto-objeto) que van asumiendo y no de
esencias que se configuran de una vez y para siempre.
Experiencia quiere decir que algo pasó allí, de manera que el sujeto prácticamente no terminara
igual a cómo empezó. No solo por el resultado en términos de lo que eligió sino del cómo lo hizo,
de cómo vivió ese tiempo compartido con el profesional de la orientación vocacional es aquello
vivido desde la propia subjetividad.
Nos anima y entusiasma la idea de estimular las potencialidades de los sujetos vulnerabilizados
antes que insistir en sus aspectos deficitarios y desventajosos. No olvidemos que los procesos de
orientación buscan producir una historización simbolizante como vía para construir una elección y
elaborar un boceto del mañana. De modo que el proceso de orientación vocacional invita a
explorar, a indagar sobre sí mismo y el universo social y cultural en el que vivimos.