FORMA E IDENTIDAD naturaleza del problema que encierra la irrupción del pro-
grama en el lugar: no se trata de identificar el problema
Volviendo a la caracterización de la modernidad arquitectó- mediante la razón y luego resolverlo con la arquitectura;
nica, quiero insistir en que su idea de orden es esencialmente el proyecto no actúa sobre problemas, sino sobre progra-
distinta de la clásica: no se basa en la jerarquía, sino en la mas: la identificación del problema, previa a la propuesta
clasificación; no se apoya en la igualdad de las partes, sino arquitectónica –de carácter artístico–, sería necesariamente
en su equivalencia; no persigue la simetría, sino el equilibrio. racional; pero la arquitectura no basa sus criterios de con-
Pero, tanto la arquitectura clásica como la moderna se basan cepción en preconceptos racionales, sino en procesos de
en una idea fuerte de orden, si bien la forma moderna acen- intelección visual en los que la propuesta de forma resuelve
túa la noción de disposición equilibrada respecto a la idea situaciones de proyecto, al mismo tiempo que revela el ca-
elemental de orden que subyace en la mera regularidad; en rácter atípico de su naturaleza.
ese sentido, puede hablarse de ambos sistemas como de los No tiene sentido, por tanto, hablar de ortodoxia a propó-
dos grandes formalismos de la historia del arte. sito de la arquitectura moderna: la ortodoxia es un concepto
La idea de forma moderna, como la clásica, se basa en doctrinal o ideológico, no estético. Por definición, la arqui-
un conjunto de relaciones interiores al objeto pero, a dife- tectura moderna no actúa con modelos que imitar ni reglas
rencia de aquella, no está determinada por ningún sistema que seguir, sino con criterios de forma que sólo pueden ve-
o regla anterior o ajeno al objeto. Cada producto de la con- rificarse al final del proceso, precisamente porque hasta en-
cepción moderna encuentra su legalidad formal al concluir tonces no se dispone de la regla específica que da identidad
su proceso de concepción: el orden es específico de cada a la obra concreta: sólo al final del proceso de proyecto se
objeto y aparece sólo al final del proyecto. Tal estructura, reconocen los criterios que permiten captar la formalidad
propia de cada artefacto, le confiere una identidad concre- específica del objeto.
ta: le hace “ser algo”, sin necesidad, por tanto, de “pare- De lo anterior se desprende que la cuestión de la identi-
cerse a nada”. El rasgo que caracteriza la falsa arquitectura dad del objeto tiene una importancia decisiva en la arquitec-
moderna es que se plantea con el propósito de “ser como” tura moderna: en efecto, si cada artefacto halla su criterio
–es decir, parecerse a– otra arquitectura, considerada como de forma sólo al final del proceso de su constitución, el cri-
modelo, no de “ser por sí misma” un artefacto dotado de terio de calidad está estrechamente vinculado a la identidad
una forma consistente; de ese modo, mucha arquitectura de su estructura espacial. El primer requisito de un artefacto
pretendidamente moderna, al renunciar a la identidad espe- moderno es estar configurado según reglas propias, esto
cífica de las obras, invierte el proceso estético e histórico y es, llegar a “ser” algo que tenga una consistencia formal
recupera el impulso mimético que la modernidad abandonó propia, con independencia de cualquier regla o precepto de
al plantearse el proyecto como construcción genuina. carácter general.
De lo anterior se deduce que, en la arquitectura auténti- En la arquitectura clásica, el criterio de identidad de la
ca, la subjetividad del autor revela, a través del proyecto, la obra reside en el tipo: la propia descripción hace referencia
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© El autor, 2006; © Edicions UPC, 2006
Instituto de Enseñanza Secundaria. Morella, Castellón, 2001 49
© El autor, 2006; © Edicions UPC, 2006
a una clase de objetos definidos por una serie de invariantes
estructurales, es decir, por una serie de atributos típicos.
En la arquitectura moderna, en cambio, lo que identifica
la obra es una estructura espacial consistente, constituida so-
bre los requisitos del programa, entendido en sentido amplio
–constructivo, funcional, económico: la descripción de la
obra hace referencia, en este caso, a las peculiaridades del
programa que han dado lugar a una estructura formal espe-
cífica, ya no típica, como ocurre con la arquitectura clásica.
Por otra parte, la forma es el resultado de un proceso de
síntesis, es decir, de composición de una entidad nueva fruto
de la reunión de partes elementales, de modo que las cua-
lidades de la realidad resultante superan la mera adición de
los atributos de los componentes; la forma es inclusiva por
definición, lo que no significa que proceda por adición: los
elementos constitutivos de la forma –aun cuando conserven
la apariencia original– pierden su sentido inicial a favor del
que adquieren en su relación con los demás. Los modos de
conformar que basan su eficacia en la exclusión de requisitos
esenciales no son estrategias arquitectónicas, sino trámites
figurativos cuya plausibilidad se relaciona con su eventual
condición de simples contenedores que enmascaran las
condiciones del programa sobre el que se basan. La propia
noción de forma supone una actividad sintética que es con-
substancial a la concepción, entendida como creación de un
artefacto con atributos propios que definen su identidad.
Por tanto, la idea moderna de forma cuenta con la capa-
cidad de quien proyecta para alumbrar objetos o episodios
arquitectónicos que, respondiendo a criterios de universa-
lidad, adquieran una identidad precisa en función de las
condiciones de su génesis: en ello reside la grandeza de la
concepción moderna y es ésta también la dificultad principal
que plantea a quien la acomete.
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