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Mujeres en el Arte Español (1833-1931)

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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA

PRACTICA No 7: INVITADAS. UNA VISITA AL MUSEO DEL PRADO.


MERCEDES GÁLVEZ DEL RIO. CURSO 120 PAR.

La Exposición temporal que se exhibe en el Museo del Prado: “Invitadas.


Fragmentos sobre mujeres, ideologías y artes plásticas en España (1833-1931)”, hace
un recorrido a lo largo de un siglo bastante convulso y marcado por los cambios
políticos en España, centrándose en el papel de la mujer en la sociedad y en el sistema
del arte de la época.
El año que da comienzo al recorrido, 1833, coincide con la muerte de Fernando
VII y la subida al trono de su hija, Isabel II, asumiendo su madre, María Cristina de
Borbón, la regencia hasta su mayoría de edad. La lucha por el trono estaba asegurada.
El año en que acaba, 1931, supone también una fecha clave en la historia de
España, sobre todo en el asunto que nos ocupa, sobre el papel de la mujer en la
sociedad. Es el año en el se promulgó la Constitución en la que se reconoce el derecho
de sufragio a la mujer. La lucha de diputadas como Clara Campoamor, fue esencial.
Entre estas dos fechas, la exposición trata de ilustrar las diferentes posiciones
políticas, sociales y morales de una sociedad que se debatía entre la razón y la religión,
entre el reconocimiento del ser humano como uno solo y la consideración de la mujer
como un ente inferior incapaz de tomar decisiones racionales. Serán diversas las
corrientes políticas y filosóficas que entrarán en el juego, y también diversos los
agentes que participarán en el mismo. La influencia de las corrientes europeas mas
liberales tendrá un rol esencial, aunque en España la fuerza de la Iglesia y el
conservadurismo serán unos oponentes difíciles de derribar.
El positivismo, el krausismo, los movimientos feministas emergentes, la Iglesia,
la burguesía, la monarquía, todos querrán participar en el debate que definirá el papel
de la mujer en la sociedad, pero la mayoría se negaba a que ella participara en el
mismo.
Como diría Linda Nochlin bastantes años después, toda una cuestión de
intereses.

PREGUNTAS:

1. ¿Cuál era la posición de las mujeres artistas en la España del siglo XIX? ¿Qué
estrategias desarrollaron estas mujeres para hacerse respetar como artistas?

La expresión “ángeles del hogar”, define en gran medida el papel de la mujer


durante este siglo, limitado a su papel de esposa y madre, dedicada a las tareas de
la casa, el cuidado de los hijos y la sumisión al marido. La educación que recibían
por tanto era también distinta, reservados para ella solo los temas que se
consideraban propios de su sexo, condición y responsabilidades.
El arte como profesión era una enseñanza casi exclusiva de los hombres, salvo
una pequeña parte que fue considerado como un broche mas, un adorno de
exquisitez dentro de la formación de la mujer burguesa.
Como dice Carlos G. Navarro, comisario de la exposición, a la mujer, en el
terreno de las artes “las esperaban como quien aguarda a unas invitadas a las que
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se acoge con cierta cortesía, pero de las que se espera que se marchen
educadamente a la hora acordada”1
Encontramos durante el recorrido múltiples ejemplos del rol que se le permitió
tener a la mujer en el mundo del Arte:
• Los temas que tenían que utilizar en sus obras, tenían que ser los
apropiados para su sexo. Es decir, estaban supeditadas a pintar bodegones,
jarrones, temas religiosos o retratos, quedando reservados para los
hombres los temas “serios” y por supuesto, el desnudo, que estaba vetado
para la mujer. Un ejemplo de múltiples, es el de la joven pintora Aurelia
Navarro, cuyo desnudo femenino en 1908 fue galardonado por su calidad
en la Exposición Nacional de 1908, pero la presión social que supuso por
parte de su familia y la crítica social, la hicieron abandonar su carrera y
acabar sus días en un convento.
• Se trataba de un papel poco serio. No se consideraba a la mujer capaz de
ser artista, sino que su acercamiento a la pintura era infantil y poco serio.
Ellos la veían mucho mas en el papel de modelo, que en el de artista.
Son varios los ejemplos que encontramos a este respecto, como por
ejemplo el cuadro “Travesuras de modelo”, de Raimundo de Madrazo, que,
en 1885, retrató a su modelo Aline Masson, jugando con el pincel y
dibujando un garabato de un retrato que le estaba realizando el pintor.
O “La artista” de Serafín Martínez del Rincón, que, en 1887, que retrata
también a su modelo exquisitamente vestida, dando unos retoques a un
cuadro suyo ya enmarcado.
• La propia mujer pintora se retrataba a sí misma “escondiendo” su faceta de
pintora, porque no estaba bien visto en ese momento. La mujer burguesa
podía pintar, pero no exhibirse como pintora, porque eso la degradaba. Lo
principal que podían mostrar era a ellas mismas caracterizadas como
señoras. Es el caso del autoretrato de Julia Alcayde, asturiana que había
recibido diversos premios como pintora en las Exposiciones Nacionales,
ateniéndose siempre a los condicionantes de su género, y que, en esta obra
de 1903, se retrata a si misma como una dama, sin que se pueda apreciar
ninguna referencia a su oficio.

En cuanto a las estrategias para hacerse respetar, podríamos decir que las
artistas de la época tomaron principalmente dos actitudes, que fueron la primera,
entrar en el juego que proponían los hombres, adaptarse a las normas y trabajar en
busca del reconocimiento, dentro del sistema, ajustándose a los temas propuestos,
y tratando de no llamar la atención sobre su persona. La segunda postura pasa por
la reivindicación, un poco mas hacia el final de siglo, principios del siguiente, que
muchas mujeres intentaron hacer a través de sus obras, para denunciar la
discriminación que se hacía de su trabajo. De tanto una como la otra encontramos
ejemplos en la exposición. Es claro ejemplo de esta discriminación el hecho de que

1
G.Navarro, Carlos “Las invitadas y sus anfitirones: De Rosario Weiss a Elena Brockmann”. Del catalogo
de la Exposición Invitadas. 2020. p.15
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gran parte de los cuadros que se han expuesto en la muestra provienen del propio
museo, donde nunca han sido expuestos y que han necesitado de un importante
trabajo de restauración. La obra de estas mujeres estaba relegada al olvido, por el
escaso interés que se había mostrado hasta ahora en su reconocimiento.

Su participación en las Exposiciones Nacionales e Internacionales, y el papel


que jugó la Reina Isabel II, con su interés, por un lado, en el arte y por otro, en la
necesidad de reconocimiento y legitimidad del trono como mujer, fueron también
muy importantes para el impulso que fue tomando la mujer como artista.

2. ¿Qué formas de representar a las mujeres fueron premiadas y cuales fueron


rechazadas por el público de la época?

En las Exposiciones Nacionales se premiaron las obras cuyo mensaje era el que
se identificaba con los valores de la época, dejando fuera o censurando aquellos
que podían remover alguna conciencia.
Algunas de las obras que, en ambos sentidos más pueden llamarnos la atención
por el alejamiento con nuestros valores actuales son por ejemplo “Crisálida” del
pintor Pedro Sáenz Sáenz, que fue premiada en la Exposición Nacional de 1897 y
que retrataba a una niña posando desnuda en posición sensual, junto a algunos de
sus juguetes. Esta obra que hoy en día sería considerada totalmente inapropiada y
rechazada socialmente, tuvo reconocimiento y ningún tipo de crítica social.
Fue rehusada sin embargo en la Exposición Nacional de 1915 la obra de
Federico Beltrán, “La maja marquesa”, porque se consideró que aludía al
lesbianismo, algo inconcebible en esa época.
También era interesante en el ámbito de los desnudos, cómo surgirán los
desnudos en los que la mujer muestra pudor o vergüenza, tapándose la cara
puesto que las modelos eran chicas que no tenían otra forma de ganarse la vida y
necesitaban trabajar. Era una forma de justificar tanto a la modelo como al pintor.
Los temas que permitían el desnudo eran los religiosos o mitológicos, que eran
utilizados en múltiples ocasiones también como “tapaderas” para realizar
desnudos mas sensuales que no fueran censurados.

3. ¿Qué aprendemos sobre la masculinidad de las clases medias españolas


cuando analizamos como los artistas varones representan a las modelos?

La superioridad del hombre en la sociedad está impresa en múltiples obras de


la exposición. Sobre todo, llama la atención la doble moral que existía en la época.
También se puede hablar de condescendencia. Una corriente que surgió con
fuerza durante este siglo que se vino a llamar “temas del día”2 , retrata al hombre
en su tarea de enseñar los valores morales a las mujeres. Ejemplos de esto son “El
consejo del padre”, de Plácido Francés Pascual, en 1892, que retrata a un padre de
origen humilde dando alguna lección a sus hijas, mientras que en segundo plano un

2
Catálogo p. 130
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caballero intenta seducir a una mujer, que parece avergonzada. O también “La
lección del abuelo” de Sándor Gestener, que, en 1893, muestra una escena en la
que el abuelo enseña a su nieta las escrituras, en su papel de conocedor y
transmisor de los valores tradicionales.
Otra forma de retratar a la mujer es resaltando sus defectos, que atribuyen a su
condición de mujer, como el cuadro de Baldomero Gili y Roig, llamado “Soberbia”
que representa a una mujer hermosamente ataviada, con una expresión altiva,
junto a un pavo real, que se suele representar como símbolo de la belleza y la
vanidad”. Considerar a la mujer como un bello objeto, pero cuya conducta puede
estar marcada por la arrogancia o el engreimiento.
También es interesante como a través de la representación de las mujeres, el
hombre se representa a sí mismo como el guardián de la moral. Surgen una
modalidad de desnudos en los que la modelo se representa con la cara tapada, o
cubriéndose avergonzadas. Se compadecen de las mujeres a las que no queda mas
remedio que posar desnudas para ganarse la vida y retratan su pudor.
“Una esclava en venta”, de José Jiménez Aranda, en 1897 o “La esclava”, de
Antonio María Fabrés y Costa, en 1886, hablan también desde la superioridad del
hombre y de una mujer prisionera de su sexualidad.
Por tanto, el hombre o, mejor dicho, la sociedad de la época
preeminentemente patriarcal, ante la incorporación de la mujer al mundo del Arte,
hecho que se estaba produciendo irremisiblemente, adoptó la actitud hipócrita de
permitir, pero de forma condescendiente. Y, a la vez quiso articular a través del
mismo medio artístico, un discurso en el que le daba un papel secundario, reducido
precisamente por las “limitaciones” propias de su sexo, tanto sociales, como
morales, como físicas y psíquicas.
Prueba de ello es que, a lo largo de todas las Exposiciones Nacionales que se
organizaron, las obras que fueron premiadas fueron las que acertaban a transmitir
los valores de la época, siendo rechazadas aquellas cuyo mensaje podía ser
contrario u ofender a la sociedad, como es el caso del “Sátiro”, de Antonio Fillol
Granell, que remueve las conciencias al hablar del abuso infantil.
También son abundantes los casos que, por su excelente calidad artística
fueron reconocidos, pero luego no fueron comprados por el Estado porque no
encajaban dentro de su discurso.

4. ¿Cuáles son las premisas de la exposición? ¿Con qué fines está organizada?
Ha recibido críticas, algunas serias, por su planteamiento. ¿Cuáles han sido?

La Exposición ha sido organizada bajo la premisa del papel que ha tenido la


mujer desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX, en el mundo del Arte, y
por ende, en la sociedad. El fin último es dar visibilidad a la discriminación que
padecieron todos estos años, y como, a pesar de las fuertes oposiciones que se
encontraron supieron encontrar la forma de ser reconocidas como artistas.
En cuanto a las críticas, varias han sido las asociaciones de mujeres que se han
manifestado en contra del criterio seguido en la elección de las obras y en el relato
de la exposición.
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Una anécdota o curiosidad fue que hubo que retirar un cuadro, atribuido a una
pintora española, Concepción Mejía de Salvador, porque al parecer su autor
verdadero había sido un hombre, el pintor Adolfo Sánchez Megías. Ello generó
bastante polémica respecto al mensaje que se quería transmitir, sobre una obra de
arte, relegada al olvido y en terrible estado de conservación, porque a su autora no
se la consideraba relevante. Esta polémica se subsanó retirando el cuadro y
reconociendo el error.
Respecto a las críticas, provenientes entre otros del Observatorio de Igualdad
de Género en el ámbito de la Cultura y de varias asociaciones feministas, se
argumenta que el discurso no es el correcto. Agradecen que se fomente el debate,
pero realmente, lo que debería exponerse es la obra de las mujeres artistas, a lo
largo de la historia, al lado de las de los hombres, sin los condicionamientos
sociales o patriarcales de la época. Faltan obras, faltan artistas, faltan en la
actualidad mujeres en la plantilla del Museo del Prado. Falta concienciación.
Pero también hay críticas favorables, de historiadores que ven en la Muestra,
un intento bien conseguido de construcción historiográfica del papel de la mujer en
el mundo del Arte, y que así lo refleja.
En la Exposición, mediante la utilización de fuentes primarias, como cuadros,
esculturas, fotografías y documentos, se habla de la discriminación de la mujer en
el siglo XIX y principios del XX, y se construye el relato de la misoginia dominante
en casi todas las esferas de la sociedad.
El debate está servido. Y como se comentaba en clase, una de las tareas del
historiador es llegar al público, hacerle aprender y reflexionar. Creo que en este
caso, la Exposición lo consigue.

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