CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA
La contaminación atmosférica consiste en la presencia de materias o formas de
energía en el aire que pueden suponer un riesgo, daño o molestia de diferente
gravedad para los seres vivos. Entre las consecuencias directas de la
contaminación atmosférica, se podría destacar el desarrollo de enfermedades y
afecciones en los seres humanos y la biodiversidad, así como la pérdida de
visibilidad en zonas de grandes concentraciones o la aparición de olores
desagradables.
La producción, el desarrollo del transporte y el uso de a partir de la Revolución
Industrial ha disparado los niveles de dióxido de carbono y otros gases
contaminantes en la atmósfera. Esto ha provocado que la contaminación en el aire
sea ya un problema ambiental global.
La contaminación atmosférica se presenta en diferentes sustancias que se derivan
fundamentalmente de cinco focos de actividades humanas: la industria, la
agricultura, los residuos, los hogares y el transporte. Una concentración elevada
de gases de efecto invernadero es altamente nocivo para la salud del planeta y
sus habitantes. Estas son los principales gases contaminantes:
El monóxido de carbono
El dióxido de carbono
El dióxido de nitrógeno
El óxido de nitrógeno
El ozono a nivel del suelo
El material particulado
El dióxido de azufre
Los hidrocarburos
El plomo
La atmósfera puede lidiar con cierta cantidad de contaminantes, pero no al ritmo
en que la ensuciamos año tras año. Las mejores soluciones, entonces, para
ayudarla a restablecerse, apuntan a la disminución del impacto humano en el aire,
mediante:
Filtros para chimeneas y actividad industrial responsable.
Emplear energías alternativas a los combustibles fósiles.
Reducir o eliminar el uso de aerosoles con CFC.
Controlar las quemas y prever los incendios forestales o industriales.
Investigar tecnologías “limpias” o más ecológicas.