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Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de bosques y montañas, un joven

llamado Samuel. Desde niño, siempre había sentido una conexión especial con la
naturaleza. Pasaba horas explorando los senderos del bosque, observando los
animales y escuchando el canto de los pájaros.

Un día, mientras caminaba por un rincón apartado del bosque, Samuel encontró una
cueva oculta detrás de un espeso manto de enredaderas. La cueva parecía antigua,
como si hubiera estado allí durante siglos. Curioso, decidió entrar. A medida que
avanzaba por el interior, una luz suave comenzó a brillar en las paredes, iluminando
extraños símbolos tallados en la roca.

En el centro de la cueva, Samuel descubrió una piedra resplandeciente. Era una gema
de color azul profundo que emitía una luz tenue pero constante. Al tocarla, sintió una
energía cálida recorrer su cuerpo, como si algo le hablara en un idioma antiguo y
desconocido. Sin saber cómo, la gema comenzó a flotar en el aire, girando
lentamente, y una voz suave, como el viento, resonó en su mente.

"Has sido elegido", dijo la voz. "Este es un lugar sagrado, y tú, joven de corazón puro,
tienes el poder de protegerlo. La naturaleza te necesita."

Confundido pero también intrigado, Samuel aceptó el desafío. A partir de ese día,
descubrió que tenía habilidades especiales: podía comunicarse con los animales,
controlar el viento y sanar las plantas marchitas con un simple toque. Con el tiempo,
comprendió que su destino era cuidar y proteger el equilibrio entre los seres
humanos y la naturaleza.

Pero el poder que había obtenido no venía sin sacrificios. Samuel pronto se dio
cuenta de que otras fuerzas oscuras también deseaban la gema para sus propios
fines. Un grupo de hombres codiciosos comenzó a invadir el bosque, talando árboles
y destruyendo todo a su paso, en busca de la fuente de poder que había encontrado.

Con determinación y valentía, Samuel luchó para proteger su hogar. Usando su


conexión con la naturaleza, reunió a los animales del bosque para frenar a los
invasores. Juntos, con la fuerza de la tierra y el viento, lograron repeler a los intrusos
y restaurar la paz.

Con el tiempo, Samuel se convirtió en una leyenda en el pueblo, conocido como el


Guardián del Bosque. La gema azul seguía brillando en su cueva, recordándole
siempre la responsabilidad que tenía de cuidar de la naturaleza y de mantener el
equilibrio en el mundo.

Y así, el joven que una vez fue solo un explorador se convirtió en el protector de toda
la vida que habitaba el bosque, siempre en armonía con la naturaleza y su poder.

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