Lit. Colonial
Lit. Colonial
Lean un fragmento de una crónica de los vencidos recogida de la tradición oral por el padre Marcos Garcia:
"Decían que habian visto llegar a su tierra ciertas personas muy diferentes de
viracochas, que es el nombre con el cual nosotros nombramos antiguamente al nuestro hábito y traje, que parecían
Creador de todas las cosas. (...) se
diferenciaban mucho de su traje y semblante y andaban en unas animalías muy grandes, las cuales tenian los pies de
plata (.) Les habian visto hablar a solas en unos paños blancos como una persona hablaba con otra y esto por el leer en
libros y cartas (...) tenian yllapas, nombre que nosotros tenemos para los truenos, y esto decian por los arcabuces, porque
pensaban que eran truenos del cielo.."
"Y porque los indios daban gritos, los mataron a todos con los caballos, con espadas, con arcabuces, como
quien mata
amuertos,
ovejas, llevaron
sin haceries nadie resistencia, que no se escaparon, de más de diez mi, doscientos. Ydesde que fueron todos
a mi tio Atahualpa a una cárcel, donde le tuvieron toda una noche, en cueros, atada una cadena al
pescuezo".Alberto J. Pla, La otra cara de la conquista. Crónicas mayas, aztecas e incas, Buenos Aires, C. E. A. L1972
9¿Con quién comparan los indigenas a los conquistadores? ¿Qué denuncia se hace en el segundo fragmento?
¿Qué les provoca asombro? ) B¿Quiën fue Alahualpa? ¿A quécultura perteneciÐ?
Los aborigenes sintieron admiración por los europeos y
muchos se entregaron sin resistencia porque los
identificaron con sus dioses. Otros, en cambio, lucharon
valerosamente para defender su terrtorio, y hubo algunos
que por diversas circunstancias traicionaron a su raza.
Malintzin Tenépal, hija de una noble familia azteca, fue
entregada en 1519 a Hemán Cortés, junto a otras 20
hermosas jóvenes. La Malinche, como la denominaban los
españoles, se convirtió en compañera e intérpreie de Cortés.
Amóal conquistador español ytuvo un hijo con êl. Se dice
que de alguna manera colaboró con la conguista, al facilitar
información a los españoles.
En México, "Malinche' es un insulto, sinónimo de traición NQ
al pueblo, pero al mismo tiempo, simboliza la madre del
primer hijo mestizo del nuevo México. El escritor mexicano
Octavio Paz afirma en El Laberinto de la soledad:
"Elsimbolo de la entrega es doña Malinche, la C
amante de Cortés. Es verdad que ella se da LA
voluntariamente al Conquistador, pero éste, apenas Y
deja de serle útil, la olvida. Do'a Marina, como la DE
bautizaron los espaHoles, se ha convertido en una
figura que representa a las indias, fascinadas,
La Malinche yCortés, grabado que represenla en lérminos romänlicos la entrega de violadas oseducidas por los españoles. Ydel mismo
la cautivaytraductora azieca al conquistador. modo que el niño no perdona a su madre que lo
abandone para ir en busca de su padre, el pueblo
mexicano no perdona su traición a la Malinche.
Ella encarna lo abierto, lo chingado, frente a
nuestros indios, estoicos, impasibles y cerrados". DEL
Por ello, hijo de la Malinche equivale a traidor, LIT
vendepatria.
Cuauhtémoc, último emperador azteca, opuso, en cambio,
una valerosa resistencia a Corts, quien lo sometió a torturas
para que confesara dónde estaba el tesoro. Para elo lo
colocósobre unas parrillas y, finalmente, lo hizo ejecutar sin LA
poder obtener la respuesta deseada.
Ambos personajes constituyen símbolos antagónicos de
Hispanoamérica. 3
MÓD
Mucnos americanos siguen siendo deslumbrados por lo
extranjero. Otros, en cambio, asumen su identidad y la
defienden. Realicen un torbellino de ideas para determinar
cuándo actuamos como Malinche o como Cuauthémoc. Por
ejemplo:
. Valoración de marcas extranjeras en ropa, comidas,
costumbres, etc. 45
Cuauhtémoc. sucesor de Moctezuma fue torturado para que confesara donde .Esnacio oue tienen la música nacional yla extranjera en los
estaba el tesoro, pero soportóel dolor sin pronunciar palabra. medios.
CRISTÓBAL COLÓN
(Italia, I4512-1506)
ElDiarlo de vlaje de Cristóbal Colón Inlcla, on 1492, ia ltera
tura de Indias en lengui española. Es un diario de navcgacin
en el cual aparecc Ia frlmera versibn de un testigo curopeo
frente al mundo americono. Con el Dlario se abre la qtapa
Diario de viaje de las Crónicas de Indias, y con allas la historia y. la leyenda,
CÓMO ERAN LOS INDIOS la realldad y a fantosia.
La estética barroca
A
diferencia de lo sucedido en España, donde la estética barroca se desa
zrollóen un periodo de decadencia, en América latina,
so de estabilización acompañóun proce
político-económnica. Esto se explica teniendo en cuenta
que los artificios lingkísticos del Barroco (los excesos
las paradojas) fueron instrumentosque permitieron a los
verbales, las antítesis,
América expresar la exuberancia del paisaje local, las lucesescritores
de
y las sombras del
sincretismo virreinal, la conflictiva identidad de los criollos; es decir, las
contradicciones de una sociedad nueva y mestiza, cuyas tensiones internas
se potenciaron en el siglo xvIm hasta estallar en las
dencia del siglo xIX. guerras por la Indepen
Les LuLneTS
El eclipse
Augusto Monterroso
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptóque ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala
lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte.
Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en a España distante, particularmente en el
convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en
el celo religioso de sulabor redentora.
Aldespertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un
altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí
mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras
que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento
de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel
conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Sime matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indigenas lo miraron fijamente y Bartoloné sorprendióla incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño
consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los
sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de
voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la
comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
FIN
LA Noche BOCA ARRIBA de Julio Cortázar
Ysallan en ciertas épocas a cazar
enemigos; le llamaban la guerra florida.
Amitad del largo zaguán del hotel penso que debia ser tarde, yse apuró asalir ala calle ysacar la notocicleta ¿el rincon donde el portero de al lado le pernmita
guardarla. En la joyeria de la csquina vio que eran las nueve menos dicz; legaria con ticmpo sobrado adonde iba. El sol se filtraba cntrc los
altos cdificios delcentro, yl -porque para si mismo. para ir pensando, no tehia nombre- montó en la máquina saboreando ol pasco. La moto
ronroneaba entre sus piernas,y un viento fresco lec chicotcaba los pantaloncs.
Dejó pasar los ministerios (cl rosa, el blanco) yla serie de comercios con brillantcs vitrinas de la calle Central. Ahora cntraba cn la parte más
agradable del trayccto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tránsilo y amplias villas que dejaban venir los
jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por sctos cajos. Quizá algo distraido, pero corriendo sobre la derccha como correspondia, se dejó
levar por la tersura, por la leve crispaciön de esc dia apenas cmpczado. Tal vez su involuntario rclajamiento le impidió prevenir cl accidentc.
Cuando vio quc la mujer paradaen la csquina sc lanzaba a la calzada apesar de las luces verdes. ya cra tarde para las solucioncs fácilcs, Frenó
con el pie y la mano, desviándose a la izquierda, oyó cl grito de la mujer, yjunto con cl choque perdió la visión. Fuc como dormirse de golpe.
Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro ocinco hombres jóvencs lo cstaban sacando de debajo de la soto. Sentia gusto asal ysangre, le dolia
una rodilla. y cuando loalzaron gritó.porque no podia soportar la presión en cl brazo derccho. Voccs que no parccian pertcnccer a las caras
suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridadcs. Su único alivio fuc oir la confirmación de quc habia cstado cn su derccho
al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer., tratando de dominar la nåusca que le ganaba la garganta. Micntras lo llevaban boca arriba hasta
una farmacia próxima, supo que ja causante del accidente no tcnía más que rasguños cn las picrnas. "Usted la agarró apcnas, pcro cl golpec le
hizo saltar la máquina de costado." Opiniones, recuerdos, despacio, ntrcnlo de cspaldas, así va bien, y alguicn con guardapolvo dándole
a beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio. La ambulancia policial llcgó a los cinco minutos, y lo
subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo quc estaba bajo los cfectos de un shock terrible,
dio sus señas al policia que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ccja goteaba sangre por toda la cara. Unao dos ve
ces se lamió los labios parabeberia. Se sentía bien, cra un accidente, mala suerte, unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la
motocicleta no parecia muy estropcada. "Natural", dijo él. "Como que me la ligu encima..." Los dos se rieron, y el vigilante le dio la mano
al llegar al hospital y le deseó suerte. Ya la náusca volvia poco a poco, mientras lo llevaban en una camilla de ruedas hasta un pabellon
del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros, cerró los ojos y descó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una
piezacon olor a hospital, llenando unaficha, quitándole la ropa yvistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente
el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y sino hubiera sido por las contracciones delestómago se
habria sentido muy bien, casi contento.
Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la
sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografia. Manos de mujer le acomodaban la cabeza,
sintióque lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez. Sonriendo, con algo que le brillaba en la mano
derecha! Le palmeóla mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás.
Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada
empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvia nadie. Pero cl olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura
como la noche en
que se movia huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenia que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única
probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas,
conocí[Link] que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se rebelara contra eso que no era habitual, que
hasta cntonces no habia participado del juego. "Huele a guerra", pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de
lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el
miedo. Esperó, tapado por Jas ramas de un arbusto y la noche sin estrellas. Muy lejos, probablemente del otro lado del gran lago, debian
estar ardiendo fuegos de vivac; un resplandor rojizo teñía esa parte del cielo. El sonido no se repitió. Había sido como una rama quebrada. Tal
vez un animal que escapaba como él del olor de la guerra. Se enderczó despacio, venteando. No se oia nada, pero el miedo seguía alli como el
olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Habia que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas. Atientas, agachándose
acada instante para tocar el suelo más duro de la calzada, dio algunos pasos. Hubiera querido echar a correr, pero los tembladerales palpitaban
asulado. En el sendero en tinieblas, buscóel rumbo. Entonces sintióuna bocanada horrible del olor que más temia y saltó desesperado hacia
adelante.
-Se va a caer de la cama -dijo el enfermo de al lado-. No brinque tanto, amigazo.
Abriólos ojos y era de tarde, con el sol ya bajo en los ventanalcs de la larga sala. Micntras trataba de sonreir a su vecino, se despegó casi
fisicamente de la última visión de ja pesadilla. EÈ brazo,enyesado, colgaba de un aparato con pesas ypoleas. Sintió sed, como si hubiera estado
coriendo kilómetros, pero no querian darle mucha agua, apenas para mojarse los labios yhacer un buche. La fiebre lo iba ganando despacio y
hubiera podido dormirse otra vez, pero saboreaba el placer de qucdarse despierto, entornados los ojos, cscuchando el diälogo de los otros
enfermos, respondiendo de cuando en cuando a alguna pregunta. Vio llegar un carrito blanco que pusieron al lado de su cama, wna enfermera
rubia le frotó con alcohol la cara anterior del muslo yle clavó una grucsa aguja conectada con un tubo que subia hasta un frasco lleno de un
liquido opalino. Un médico joven vino con un aparato de metal ycuero que le ajustóal brazo sano para verilicar alguna cosa. Caia la noche, yla
fiebre lo ibaarrastrando blandamente aun estado donde las cosas tenian un relieve como de gemelos de teatro, cran rcales y dulces y a la vez
ligeramente repugnantes; como estar viendo una pelicula aburriday pensar que sin mbargo en lacalle es peor;yquedarSe.
Vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil. Un trocito de pan, más precioso que todo un banquete, se tuc
desmigajando poco apoco. EI brazo no le dolianada ysolamente en la ceja, donde lo habian suturado, chirriaba aveces una puntada caliente y
rápida. uandó los ventanales de enfrente viraron a manchas de un azul oscuro, pensó que no le iba aser dificil dormirse. Un poco incómodo, de
espaldas, pero al pasarse la lengua por los labios resecos ycalientes sintió el sabor del caldo, ysuspiró de felicidad, abandonándose.
Primero fue una confusión, un atraer hacia si todas las sensaciones por un instante cmbotadas o confundidas. Comprendia que no cstaba
Coriendo en plena oscuridad, aunque arriba el cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. "Lacalzada", pensó. "Me salí de
la calzada." Sus pies se hundían en un colchón de hojas ybaro, yva no podia dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y
las piernas. Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad yel silencio, se agachó para cscuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la
primca luz del dia 1ba averla otra vez. Nada podia ayudarlo ahora aencontrarla. La manoque sin saberlo él aferraba el mango del puñal, subió
Comocl escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó la plegarja del maiz
que los tobillos se le
las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentia al mismo tiempo
que trae hundiendo
estaban despacio en el barrO, y la espera cn la oscuridad del chaparrral desconocido se le hacia insoportable. La guerra florida había
empezado con la luna y llevaba ya tres dias y tres noches. Si conscguía refugiarsc en lo profundo deprisioneros la selva, abandonando la calzada más allá
cl rastro. Pensó en los muchos que ya habrian hccho. Pero la
de la región de las ciénagas, quizás los guerreros no le siguicran regreso. Todo tenía sunúmero y su
cantidad no contaba, sino cl tiempo sagrado. La caza continuaría hasta quc los sacerdotes dieran la seña del
fin, y él estaba dentro del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores.
vio antorchas moviéndose entre las
Ovólos gritos y se enderezóde un salto, puñal en mano. Como si cl ciclo se incendiara en el horizonte, sintió placer en hundirle la hoja de piedra
a guerra era insoportablc, y cuando cl primer encmigo le saltóal cuello casi
en plenomuy
ramas, pecho. Ya El
cerca. lo olor
rodeaban las luccs, los gritos alcgres. Alcanzó a cortar cl airc una o dos veces,y cntonces una soga lo atrapódesde atrás.
-Es la fiebre -dijo el de la cama de al lado-. A mi me pasaba igual cuando me opcr del duodeno. Tome agua y va a ver que duerme bien.
en lo alto de la pared
Al lado de la noche de donde volvía, la penumbra tibia de la sala le parcció deliciosa. Una lámpara violcta velaba
un diálogo cn voz baja. Todo era grato y seguro, sin ese acoso, sin...
del fondo como un ojo protcctor. Se oía toser, respirar fucrte, a veccs a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan
Pero no queria scguir pensando cn la pesadilla. Habia tantas cosas en qu entrctenerse. Se puso
Bebió del gollete, golosamente.
cómodamente se lo sostcnian en el aire. Le habian puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. fiebre, sentia fresca la cara. Laceia
Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con vitrinas. Ya no debia tener tanta
vez salicndo del hotel, sacando la moto. ¿Quién hubicra pensado que la osa iba a acabar asi?
dolía apenas, como un recuerdo. Se vio otra hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el
Trataba de fijar el momento del cadente, y le dio rabia advertir que había ahí como un
levantado del cclo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver nada. T al mismo tiempo tenia la
choque y el momento en que lo habían bien como si en ese hueco él hubiera pasado a
sensación de que cese hueco, esa nada, había durado una cternidad. No, ni siquiera tiempo, más
distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De todas maneras al salir del pozo negro habia
través de algo orecorrido brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en la
sentido casi un alivio mientras los hombres lo alzaban del suelo. Con el dolor del
Y era raro. Le preguntaria alguna vez al médico de la oficina.
rodilla: con todo eso, un alivio y volver al dia y sentirse sostenido y auxiliado.
y en su garganta afiebrada frescura del
Ahora volvía aganarlo el sueño, a tirarlo despacio hacia abajo. La almohada era tan blanda, de la lámparaen lo alto se iba apagando poco a poco.
agua mineral. Quizáquiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta
pero en cambio el olor a i-medad, a piedra rezumante de
Como dormia de cspaldas, no lo sorprendió la posición en que volvia a reconocerse; y ír.:rar en todas direcciones; lo envolvía una oscuridad
filtraciones, le ceró la garganta y lo obligó a comprender. Inútil abrir los ojosEstaba estaqueado en el suelo, ;r. un piso de lajas helado y
absoluta. Quiso enderezarsey sintió las sogas en las muñecas y en los tobillos.
húmedo. El frio le ganaba la espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscófinal. -.cipemente el contacto con su amuleto, y supo que se lo
plegaria podia salvarlo del Lejanamente, como alejándose entre las piedras del
habian arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna mazmorras del templo a la espera de su turno.
calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lohabian traído al teocalli, estaba en las
Oyógritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. I:ro grito, acabando en un quejido. Era él que gritaba en.35 tinieblas, gritaba porque
otras
estaba vivo, todo su cuerpo se defendía con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensóen sus compañeros que lenarían
sofocadamente, casi no podía abrir la boca, tenia las
mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo interminable. El chirriar de los cerrojos lo
mandibulas agarrotadas y a la vez como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo hundian en la carne. Su brazo derecho, el m£s
cuerdas que se
sacudió como un láigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las
fuerte, tiraba hasta que el dolor se hizo intolerable y tuvo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las antorchas le llegó antes que la
acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se
luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, losplumas. Cedieron las sogas, y en su lugar lo aferraron manos calientes, duras como
reflejaban en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de
acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de antorchas
bronce; se sintió alzado, siempre boca arriba, tironeado por los cuatro y techo tan bajo que los acólitos debian agachar la cabeza Ahora lo
iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas por momentos se iluminaba con un reflejo de antorcha.
llevaban, lo llevaban, era el final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que
escalinata incendiada de gritos y danzas seria el fin. El pasadizo no
Cuando en vez del techo nacieran las estrellas y se alzara frente a él la fin en la
libre lleno de estrellas, pero todavia no, andaban llevándolo sin
acababa nunca, pero ya iba a acabar, de repente olería el aire impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón,
penumbraroja, tironeándolo brutalmente, y él no quería, pero cómo
cl centro de la vida.
blanda que lo rodeaba. Pensó que debia haber gritado, pero sus
Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombrade burbuja, de imagen traslúcida contra la sombra azulada de los
tenía algo
vecinos dormian callados. En la mesa de noche, la botella de agua imágenes que seguían pegadas a sus párpados. Cada vez que cerraba los
ventanales. Jadeó, buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas la vigilia lo
pero gozando a la vez del saber que ahora estaba despierto, que
ojos las veía formarse instantáneamente, y se enderezaba aterradoque se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada.. Le costaba mantener los ojos
protegía, que pronto iba a amanecer, con el buen sueño profundo la mano sana esbozÏ un gesto hacia la botella de agua, no llegó a
abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con seguia interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, yy
tomarla, sus dedos se cerraron en un vacio otra vez negro, y el pasadizo se enderezaban
acabarse, subia, abriéndose como una boca de sombra, y los acólitosbuscando pasar al
él boca arriba gimióapagadamente porque el techo iba a ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y abrian
de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde lalossala. Y cada vez que se abrian era la noche y la luna mientras lo subian por la
otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de hogueras, las rojas columnas de humo perfumado, y de golpe viodella
escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo; y en lo alto estaban las por las cscalinatas
piedra roja, brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado que arrastraban para tirarlo rodando porque ora vez estaba
despertar. Durante un segundo creyó que lo lograria,
norte. Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por muerte, y cuando abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador
inmóvilen la cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía la que no iba adespertarse, que
que venia hacia él con el cuchillo de piedra en la mano. Alcanzóa cerrar otra vez los párpados, aunque ahorasabia el que habia andado por extrañas
absurdo como todos los sueños; un sueño en
estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido cl otro,que ardian sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo
avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas acercado con un cuchillo en la
sus piernas. En la mentira infinita de ese sueño tambin ojos lo habían alzado del suelo, también alguien se le habia
mano, a él tendido boca arriba, aél boca arribacon los cerrados entre las hogueras.
bello y joven guerero. Enamorados uno del otro, comen El inconsolable rey perdonóa su esposa prometiéndole
zaron a exhibirse mofándose de la vigilancia del rey. ofrendas deoro y piedras preciosas para que eila ruviese,
ael más alá, la dicha que habia conocido tan brevemente
Estos encuentros ilegitimos terminaron por ser conoci
dos por aquel, que no tardóen sorprenderlos. asu lado.
Los sacerdotes, los intermediarios entre los hombres y
El guerrero fue hecho prisionero y sometido a terri
bles torturas, hasta que se le quitó eB corazón antes de a diosa de las aguas (la anugua reina), fueron a vivir al
empalario. borde de la laguna esperando su aparición, una noche de
Esa misma noche se organizóuna gran fiesta en honor luna llena.
de la soberana. En el curso de la comida se le ofreció un
plato refinado, el corazón de un animal salvaje. La reina lo
mirócon desconfanza, después se dio cuenta con horror
que era el de su amante. El ambiente festivo dejó lugar a La creencia en esta leyenda llevóa los
un gran silencio cuando resonóel grito de terror de la rei aborigenes a realizar una ceremonia ritual.
na. Pálida como una muera y con cl corazón maguilado, Un aborigen de la actual Colombia la habria
fue a buscar asu pequeña hija antes de hundirse precipita revelado a los españoles, lo que despertó
damente en las tinieblas. Sin reHexionar un solo instante, la codicia de conquistadoresy aventureros
se tiró en la laguna sagrada de Guatavita. quienes se lanzaron a la búsqueda del oro.
Los sacerdotes se apresuraron a transmitir la noticia al
monarca cbrio que, loco de dolor, corrióa la laguna com
prendiendo cuántoamaba a esta mujer ycómo ella lo ha Leamos el texto siguiente para conocer en qué
bía hecho feliz. consistia el tito religioso de los aborigenes.
Laceremonia del oro
a laguna de Guatavita se encucntra al sur de Bogotá, El relato de cste astuoso
ceremonial llega hasta nues
capital de Colombia, yes de origen volcánico. Está cn tros oídos por el conquistador espanol Scbastián de Be
lo alto de una serie de monaDas, a más de 3 mil metros de nalcárar quien, obsesionado por el oro, dio a conocer la
altura del mar. leyenda de El dorado (el hombre dorado), quc iba a racr
Los chibchas, nativos de Cundinamarca ("l país del a América una multiud de aventureros en busca de ciuda
cóndor", actual Colombia), hicicron de la laguna de Gua des de oro.
tavita un lugar de culo donde se le hacia ofrendas de f La laguna fuc permanentemente cxcavada y drenada
guras de oro y csmeraldas a la diosa tutelar. Ella, cn forma para sacar del fondo de ella el oro quc fue arrojado como
de serpiente. surgia de las aguas para recordar al pucblo parte de la ceremonia religiosa por los aborigenes de la re
la promesa de tesoros que se le había hecho. Las ofrendas gión. Amediados del siglo xx el gobierno de Colombia
se hicieron m¯s y más numerosas a fin de almar el dolor declaró lugar histórico a la laguna y prohibió su drenaje.
del rey. Pero la ceremonia tuvo luego otro objetivo. Era un No obstante continuaron los saqucos.
acto político-religioso que se realizaba para la consagración En el año 1969, unos agricultores enconraron muy
de un nuevo Zipa (rey de Bacati, acrual Bogotá). cerca de la laguna, una figura de oro llamada "La Balsa
Los días que precedian a la ceremonia, el rey y su Muisca",que representa la Ceremonia del Indio Dorado.
pucblo comenzaban un periodo de ayuno y abstinencia. La figura, de alrededor de 700 años de antigüedad, se en
Durante este periodo confeccionaban máscaras y ricas ves cuentraen el Museo del Oro de Bogotá.
timentas, arreglaban sus instrumentos de música y prepa
raban los mets de la chicha (alcohol de maíz) para el gran dsas
sodusags
día. Los pueblos vecinos se unían a la fiesta y todos, por un
tiempo, olvidaban sus penas y sus llantos. Después venía el Lecturas para armar
momento tan esperado.
Antes de que despuntara el alba, todo estaba listo para co 1 ¿Quésentido tenía para los aborígenesesta
ceremonia?
menzar la procesión hacia la laguna sagrada al son de tambo
res yfautzs. La muliud, engalanada de bellos aravíos yjoyas 2 ¿Quéprovocó en los españoles?
entonaba canciones. Después seguía el cortejo real escoltado
por los guerreros porrando arcos, lechas y lanzas. Figuras exhibidas en e! Museo del Oro de Bogotá
Aalgunos metros de la laguna, el rey descendía de su pa
lanquín y se dirigía hacia la barca real, marchando sobre las
capas que ubicaban bajo sus pies los guerreros y los corte
sanos. Sobre la barca recubierta de flores no tomaban lugar
más quc los miembros más meritorios de la corte, dejando li
bre la plaza central para d monarca. Tan pronto comoed rey
se ubicaba en d centro de la barca, dejaba caer su capa roja
mostrando a todos su cuerpo recubierto de polvos de oro.
La barca real se alcjaba lentamente mienras que la
mulitud, la espalda vuelta a la laguna, o la cabeza baja ha
cia el suelo para no ofender, hacía o[r sus plegarias y cán
ticos. En medio de la laguna, el Zipa apuntaba su mirada
hacia cl Oriente, esperando el sol. Cuando el cielo se teñía
de rojo, cl rey murmuraba plegarias. Ycuando d sol surgía
ybañaba de luz la barca real, el nonarca levantaba los bra
zos al cielo lanzando un grito de alegría repetido enseguida
por toda la multitud.
Pronunciando aún unas plegarias, el Zipa tiraba al fon
do de la laguna las admirablcs esmeraldas ylos objetos de
oro, después se sumergía d mismo en las aguas sagradas.
Resurgía purificado y la barca regresaba a la ribera mien
ras que la multitud permanccía en la postura de respeto.
El rey marchaba hasta su palanquín que lo llevaba has
ta su morada. Una vez el ritual y la consagración del Zipa
acabados, comenzaba la festa.