LUIS ADAIR UBALDO BERNARDINO
CUARTO CUATRIMESTRE
DERECHO PROCESAL PENAL
LICENCIATURA EN DERECHO
“LEGITIMA DEFENSA”
La legítima defensa es un concepto fundamental en el derecho penal de México y en
muchos otros sistemas legales del mundo. Se refiere a la acción que una persona realiza
para proteger su vida, integridad o bienes ante una agresión ilegítima, es decir, una
agresión actual, real y que no ha sido provocada. Este principio está reconocido en el
Código Penal Federal de México y en diversas normativas nacionales, siendo una de las
causas de justificación que excluye la responsabilidad penal de quien actúa en defensa
propia.
Fundamentos legales
El artículo 15 del Código Penal Federal establece que no es punible quien actúa en legítima
defensa, siempre que se cumplan ciertos requisitos. En primer lugar, debe existir una
agresión ilegítima; es decir, la persona debe estar siendo atacada de forma injusta, sin que
haya iniciado el conflicto. Esta agresión puede ser física, verbal o incluso psicológica, pero
siempre debe ser una amenaza directa y actual. En segundo lugar, la defensa debe ser
proporcional a la agresión, lo que significa que la reacción no debe ser excesiva ni
desmesurada respecto a la amenaza sufrida. Finalmente, la persona que se defiende debe
actuar de manera inmediata, sin un tiempo de deliberación, ya que la defensa debe ser
urgente y en respuesta directa a la agresión.
Además, el Código Penal menciona que no puede considerarse legítima defensa si la
persona que se defiende provoca la agresión o si la respuesta es completamente
desproporcionada. En estos casos, se estaría incurriendo en un exceso en la defensa, lo
que podría derivar en responsabilidad penal.
El derecho de defenderse
Uno de los principios básicos de la legítima defensa es el derecho fundamental de las
personas a proteger su vida y bienes. En situaciones extremas, como un asalto, un ataque
físico o una amenaza de muerte, la persona tiene la facultad de utilizar la fuerza para
evitar que se le cause daño. Este derecho es un reflejo de la protección de los derechos
humanos, ya que implica que el Estado reconoce la capacidad del individuo para
defenderse sin tener que recurrir necesariamente a la autoridad pública en el momento
en que la agresión ocurre.
Sin embargo, este derecho no es absoluto. El principio de proporcionalidad juega un papel
crucial en la delimitación de la legítima defensa, evitando que una respuesta excesiva o
desmedida se convierta en una agresión injustificada. La defensa debe ajustarse a la
necesidad de repeler la amenaza, sin que se convierta en una oportunidad para causar un
daño innecesario al agresor.
La legítima defensa en la jurisprudencia
La interpretación judicial de la legítima defensa ha sido clave para delimitar su aplicación.
La jurisprudencia mexicana ha tratado de definir con mayor precisión los elementos que
deben existir para que una acción se considere legítima defensa. En diversos casos, los
tribunales han analizado situaciones complejas donde se debatía si la acción del acusado
cumplía con los requisitos de inmediatez, proporcionalidad y necesidad.
Por ejemplo, en casos de defensa en el hogar, se reconoce que en muchas ocasiones la
persona agredida no tiene tiempo para evaluar la magnitud de la amenaza y debe actuar
rápidamente. En estos contextos, los jueces tienden a ser más flexibles en cuanto a la
evaluación de la proporcionalidad de la respuesta, reconociendo que la necesidad de
defenderse podría justificar una reacción más enérgica. Sin embargo, incluso en estos
casos, la proporcionalidad sigue siendo un criterio fundamental.
Críticas
A pesar de ser un derecho reconocido, la legítima defensa en México ha enfrentado
críticas y desafíos. Uno de los principales problemas es el abuso de esta figura en
situaciones en las que no se cumplen todos los requisitos legales. En ocasiones, personas
que actúan en defensa propia se ven involucradas en casos donde la respuesta fue
excesiva o no estuvo justificada, lo que ha dado lugar a controversias judiciales y críticas
por la falta de una regulación clara en algunas situaciones.
Además, el contexto social y de violencia en México ha hecho que la legítima defensa sea
una figura utilizada con frecuencia en situaciones de inseguridad y delincuencia. El
incremento de la violencia en el país ha llevado a que muchos ciudadanos recurran a esta
figura para justificar acciones violentas, lo que genera un debate sobre cómo equilibrar el
derecho a la defensa personal con la protección de los derechos de los demás.
Conclusión
La legítima defensa en México es una institución jurídica fundamental que permite a los
individuos protegerse de agresiones ilegítimas, pero también debe estar sujeta a ciertos
límites y principios. A lo largo de los años, la interpretación de esta figura en la
jurisprudencia mexicana ha evolucionado, buscando un equilibrio entre el derecho de
defensa y el respeto a la proporcionalidad. Sin embargo, su aplicación en un contexto de
creciente violencia en el país plantea retos que deben ser enfrentados con claridad y
responsabilidad por parte de las autoridades judiciales para evitar abusos y garantizar la
justicia en cada caso específico.