La personalidad madura
Laura Quintero & Michelle Sesin
La personalidad madura se caracteriza por una serie de rasgos que reflejan un
desarrollo psicológico equilibrado y una filosofía de vida integradora. Esta
madurez se construye sobre la base de que cada ser humano es único,
irrepetible y está en constante desarrollo, enfrentando crisis que pueden
convertirse en oportunidades de crecimiento.
El desarrollo de la personalidad está influenciado por factores orgánicos
(genéticos), dinámico-familiares (relaciones entre padres e hijos) y dinámico-
sociales (ambiente extrafamiliar). Sobre esta base, una personalidad madura
exhibe objetividad en la apreciación de la realidad interna y externa, autonomía
en la toma de decisiones, y una profunda capacidad de amar buscando lo mejor
para el ser amado.
Además, muestra un fuerte sentido de responsabilidad, trabaja productivamente
independientemente de su estado de ánimo, y mantiene una visión amplia de la
vida con intereses variados. El sentido ético, la capacidad de reflexión y un sano
sentido del humor son también características distintivas.
La madurez personal se manifiesta también en una armonía sexual, la capacidad
de entablar amistades profundas y enriquecedoras, y un manejo emocional
equilibrado. El criterio para discernir lo más adecuado, la seguridad basada en
la dignidad personal, y la habilidad de manejarse por objetivos son igualmente
importantes.
La libertad, entendida como la capacidad de elegir lo mejor para uno mismo, y el
manejo adecuado de la frustración, aceptando y analizando constructivamente
los fracasos, son aspectos cruciales de la madurez personal.
Una persona madura tiene principios congruentes que le ayudan a construir su
vida, guiándose por valores que lo harán crecer como persona. Esta integración
de cualidades permite a la persona enfrentar los desafíos de la vida con
resiliencia y sabiduría.