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Adicciones psicológicas: Más allá de la metáfora

Article in Clínica y Salud · January 1994

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Enrique Echeburúa
Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea
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1
ADICCIONES PSICOLÓGICAS: MÁS ALLÁ DE LA METÁFORA

Enrique Echeburúa Odriozola


Paz de Corral Gargallo

Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos


Psicológicos
Facultad de Psicología
Universidad del País Vasco
Avenida de Tolosa, 70
20009 San Sebastián

1
Agradecimientos. Los autores quieren agradecer las valiosas sugerencias que les
han proporcionado Javier Fernández-Montalvo y Karmele Salaberría tras la lectura
del primer borrador de este texto.

SUMMARY
Psychological addiction denotes repetitive routines that aim to
switch off the tension by engaging in a behaviour which is
counterproductive. This addiction includes pathological
gambling, overeating (bulimia), hypersexuality, workaddiction,
etc. The urge to complete a behaviour and discomfort if
prevented from this resemble the craving and the withdrawal
symptoms of substance abusers. There may be some similarities
in the early management and prevention of relapse of
psychological and chemical addictions. Cue exposure and
stimulus control strategies may help these addictions.
Implications of these concepts for clinical practice and future
research in this field are commented upon.

Key-words: Psychological addiction. Chemical addiction.


Dependence.

RESUMEN

Las adicciones psicológicas implican la ejecución de conductas


repetitivas que tienen por objetivo aliviar la tensión por
medio de la realización de comportamientos que resultan
contraproducentes para el sujeto. En este tipo de adicciones
están incluidos el juego patológico, la adicción a la comida,
la hipersexualidad, la adicción al trabajo, etc. La urgencia
para completar la conducta -y el malestar experimentado si se
impide hacerlo- se asemejan al deseo compulsivo y al síndrome
de abstinencia sufridos por los toxicómanos. Hay algunas
similitudes en el control y en la prevención de la recaída en
las adicciones químicas y psicológicas. Las estrategias de
control de estímulos y de exposición a los estímulos
desencadenantes de la tensión pueden ser de utilidad clínica en
estas adicciones. Se comentan las implicaciones de estos
conceptos para la práctica clínica y la investigación en este
campo.

Palabras-clave: Adicción psicológica. Adicción química.


Dependencia.
INTRODUCCIÓN

Si los componentes fundamentales de los trastornos


adictivos son la falta de control y la dependencia, es decir,
la pérdida de libertad, las adicciones no pueden limitarse
exclusivamente a las conductas generadas por sustancias
químicas como los opiáceos, los ansiolíticos, la nicotina o el
alcohol. De hecho, existen hábitos de conducta aparentemente
inofensivos que pueden convertirse en adictivos e interferir
gravemente en la vida cotidiana de las personas afectadas.

No se trata de conferir atributos psicopatológicos a


conductas habituales en muchas personas, como comer, trabajar,
practicar deporte, apostar, tener relaciones sexuales, comprar,
etc., y mucho menos de psicopatologizar la vida cotidiana. Se
quiere simplemente señalar que de conductas normales -incluso
saludables- se pueden hacer usos anormales en función de la
intensidad, de la frecuencia o de la cantidad de dinero
invertida y, en último término, en función del grado de
interferencia en las relaciones familiares, sociales y
laborales de las personas implicadas.

Cualquier conducta normal placentera es susceptible de


convertirse en una conducta adictiva. Lo que define a esta
última es que el paciente pierda el control cuando desarrolle
una actividad determinada y que continúe con ella a pesar de
las consecuencias adversas, que tenga una dependencia cada vez
mayor de esa conducta, que esté precipitada por un sentimiento
que puede ir desde un deseo moderado hasta una obsesión
intensa, que sufra síndrome de abstinencia si no puede
practicarla y que, por último, ofuscado por el objeto de su
adicción, pierda interés por otro tipo de conductas que
previamente le resultaban satisfactorias (Jacobs, 1989). Desde
esta perspectiva, lo que diferencia al hábito de la adicción es
que esta última tiene efectos contraproducentes para el sujeto.

Hay una tendencia reciente a aplicar de una forma muy


extensiva la etiqueta de adicción a ciertos fenómenos
psicopatológicos. Así, se ha hablado de la adicción a la
abstinencia en el caso de la anorexia -referida a la negativa
sistemática de algunas pacientes a comer, a beber, a tener
relaciones sexuales e incluso a dormir- y de la adicción a la
violencia (Garrido, 1994; Gresswell, 1991; Hodge, 1992) -
referida a las conductas violentas reiteradas cuando éstas no
son motivadas por la venganza o por el dinero, sino por la
búsqueda de excitación-. El uso de este concepto, desde nuestro
punto de vista, es meramente metafórico y no encaja con el
concepto de adicción que se ha perfilado en los párrafos
anteriores.

Las adicciones psicológicas (adicciones sin droga) no


figuran incluidas como tales en el DSM-IV (American Psychiatric
Association, 1994). En esta clasificación nosológica el término
adicción se reserva para los trastornos por abuso de sustancias
psicoactivas. La categoría más próxima conceptualmente es la
referida a los trastornos del control de los impulsos, pero
esta categoría, si bien tiene en común con las adicciones
psicológicas los déficits en el autocontrol, resulta
insatisfactoria porque abarca problemas de conducta
desencadenados por estímulos cualitativamente distintos y que
no son especialmente placenteros, como el trastorno explosivo
intermitente (312.34) o la tricotilomanía (312.39).

El objetivo de este trabajo es conceptualizar las


adicciones psicológicas y señalar los aspectos comunes a ellas
desde una perspectiva psicopatológica e incluso desde una
perspectiva terapéutica, así como deslindar las similitudes y
las diferencias con las adicciones químicas. No se trata, por
ello, de minusvalorar -simplemente no es el objetivo de este
trabajo- lo que es específico de cada adicción psicológica y
mucho menos de considerar homogéneos trastornos de conducta que
no lo son.

¿SON LAS ADICCIONES PSICOLÓGICAS UNA MERA METÁFORA?

La drogodependencia habitualmente se refiere a las


sustancias químicas, pero se cuenta actualmente con suficiente
evidencia empírica como para hablar de adicciones psicológicas.
No es exagerado señalar que ciertas conductas, como el juego
patológico, la hipersexualidad (normal y parafílica), la
adicción a la comida (bulimia), el ejercicio físico compulsivo,
la dependencia de las compras, el trabajo excesivo, etc.,
pueden considerarse psicopatológicamente como adicciones (Tabla
1).

---------------------------------------------------------------
-- PÓNGASE AQUÍ LA TABLA 1
---------------------------------------------------------------
--

Se puede calificar a una conducta, cualquiera que ésta


sea, de adictiva si está controlada inicialmente por
reforzadores positivos -el aspecto placentero de la conducta en
sí-, si termina por ser controlada por reforzadores negativos -
el alivio de la tensión emocional especialmente-, si implica
una pérdida de control para el sujeto y si, en último término,
le lleva a una degradación psicosocial (Goodman, 1990). La
dependencia, entendida como la necesidad subjetiva de realizar
la conducta para restaurar un equilibrio homeostático, y la
supeditación del estilo de vida al mantenimiento del hábito
conforman el núcleo central de la adicción (García, Díaz y
Aranda, 1993). Lo que caracteriza, por tanto, a una adicción
psicológica no es el tipo de conducta implicada, sino el tipo
de relación que el sujeto establece con ella.

En realidad, cualquier conducta placentera es susceptible


de convertirse en adictiva. Los mecanismos que permiten el

1
placer inducen a los seres vivos a actuar para que dicha
conducta se vuelva a repetir. El "circuito del placer" recorre
un conjunto de estructuras en torno al sistema límbico, y en
ellas actúan diversas sustancias químicas -las endorfinas
especialmente- que se liberan de modo natural al sentir placer.
Son las mismas que inducen al organismo a repetir lo que le ha
gustado (Sunderwirth y Milkman, 1991).

El ser humano necesita alcanzar un nivel de satisfacción


global en la vida. Normalmente, éste se obtiene repartido en
diversas actividades: el trabajo, el sexo, la comida, las
aficiones, el deporte, etc. Si una persona es incapaz o se
siente frustrada en algunas o muchas de estas facetas, puede
centrar entonces su atención en una sola. El riesgo de adicción
en estas circunstancias es alto.

La clasificación actualmente vigente del DSM-IV (APA,


1994) resulta insatisfactoria. En primer lugar, porque limita
las adicciones a aquellas que están generadas por el abuso de
sustancias químicas. En segundo lugar, porque no figuran
conceptualizadas como tales las adicciones psicológicas, ni
siquiera en otros epígrafes diferentes. Y en tercer lugar,
porque en el capítulo referido a los trastornos del control de
los impulsos se sigue un criterio homogeneizador poco preciso,
a modo de cajón de sastre, en donde figuran trastornos tan
variopintos como el juego patológico -una adicción psicológica-
, la tricotilomanía -un mero hábito inadecuado- o la piromanía
-un trastorno del control de los impulsos propiamente dicho-.
No deja de ser sorprendente, por ejemplo, que el juego
patológico no esté conceptualizado como una adicción, pero que,
sin embargo, figuren resaltados en los criterios diagnósticos
los aspectos de tolerancia y abstinencia.

En las conductas repetitivas deben distinguirse, desde


nuestro punto de vista, los meros hábitos inadecuados de las
adicciones (conductas inicialmente apetitivas), de los impulsos
(tendencia irrefrenable a la acción) y de las compulsiones
(conductas repetitivas sin sentido contra las que se resiste el
sujeto). Nuestra propuesta de clasificación psicopatológica de
todas estas conductas límitrofes -necesitada, por lo demás, de
una validación empírica- figura en la Tabla 2.

---------------------------------------------------------------
-- PÓNGASE AQUÍ LA TABLA 2
---------------------------------------------------------------
--

En algunos casos hay ciertas características de


personalidad o rasgos de conducta que aumentan la
vulnerabilidad psicológica a las adicciones (Figura 1): el
egocentrismo; la disforia (estado anormal del ánimo que se
vivencia subjetivamente como desagradable y que se caracteriza
por oscilaciones frecuentes del humor); la intolerancia a los
estímulos displacenteros, tanto físicos (dolores, insomnio,

1
fatiga, etc.) como psíquicos (disgustos, preocupaciones,
responsabilidades, etc.); y/o la búsqueda exagerada de
sensaciones, como ocurre en el caso de la hipersexualidad, de
la adicción a las compras o del juego patológico (Ochoa,
Labrador, Echeburúa, Becoña y Vallejo, 1994).

---------------------------------------------------------------
-- PÓNGASE AQUÍ LA FIGURA 1
---------------------------------------------------------------
--

La adicción a uno u otro tipo de conducta puede depender


de la disponibilidad ambiental o de algunas variables
psicosociales. En el caso concreto de la adicción al trabajo,
el patrón de conducta de tipo A puede llevar a un aumento
excesivo de los rendimientos laborales, con un profundo sentido
del cumplimiento del deber, con una vida carente de aficiones y
con un sentido de culpabilidad por disfrutar del ocio o con la
conversión de éste en una actividad competitiva más: practicar
deporte para ganar a toda costa, y no para disfrutar de la
compañía o de la relajación proporcionada por el ejercicio
físico. El trabajo actúa como una fuente de motivación y como
un desafío impuesto por el propio sujeto para evaluar su
capacidad. El sujeto, atenazado por una serie de creencias
irracionales ("miedo a no valer bastante", "temor a no disponer
de tiempo suficiente para conseguir el bienestar material",
etc.), puede estar implicado en una batalla sin fin por el
éxito, que, una vez alcanzado, no va seguido de una sensación
duradera de recompensa o de alivio real de la tensión (Sender,
Valdés, Riesco y Martín, 1993).

Algunas adicciones, como la ludopatía o la adicción al


trabajo, están fomentadas por la sociedad actual, que prima el
éxito y el dinero rápido. Asimismo la adicción a las compras no
es ajena a los valores sociales, que impulsan al consumo en una
sociedad en la que más se es cuanto más se tiene y que no ve
ningún peligro en el consumo desmesurado.

En otras circunstancias es el tipo de conducta implicada


el que desempeña un papel importante. Así, por ejemplo, la
capacidad adictiva de las máquinas tragaperras es muy alta. En
primer lugar, porque están muy difundidas y el importe de las
apuestas es bajo. En segundo lugar, porque el plazo
transcurrido entre la apuesta y el resultado es muy breve. En
tercer lugar, porque el funcionamiento intrínseco de estas
máquinas potencia una cierta ilusión de control. Y por último,
porque las luces, la música, el tintineo mismo de las monedas,
etc., suscitan una tensión emocional y una gran activación
psicofisiológica (Echeburúa, 1992; Echeburúa y Báez, 1994).

1
ADICCIONES PSICOLÓGICAS Y ADICCIONES QUÍMICAS

La experimentación del síndrome de abstinencia es el


núcleo fundamental de todas las adicciones, sean éstas químicas
o psicológicas. Al margen de los aspectos peculiares de cada
adicción específica, las características comunes de un síndrome
de abstinencia son las siguientes (Edwards, 1986; Gossop, 1987;
Lesieur y Blume, 1993):

a)Impulso repetido a una conducta que trae consigo efectos


perjudiciales para la persona que la realiza.

b)Tensión creciente (humor depresivo, irritabilidad, deterioro


de la concentración, trastornos del sueño, etc.)
hasta que la conducta es completada (Coverly Veale,
1987; Rosenthal y Lesieur, 1992).

c)Desaparición temporal de la tensión cuando se lleva a cabo la


conducta.

d)Vuelta gradual del impulso con fuerza creciente.

e)Estímulos internos (disforia, tensión emocional,


aburrimiento, etc.) y externos (oler a comida en el
caso de un adicto a la comida o ver una mujer a solas
en el caso de un sexoadicto) que ponen en marcha la
conducta adictiva.

f)Condicionamiento secundario a dichos estímulos internos y


externos.

g)Estrategias similares para la actuación terapéutica y la


prevención de la recaída: 1) entrenamiento en el
control de impulsos mediante la exposición prolongada
a los estímulos suscitadores de tensión, que tiene
por objetivo la habituación del sujeto a los mismos y
la reducción del síndrome de abstinencia; y 2)
control de estímulos.

Las adicciones psicológicas se diferencian, sin embargo,


en algunos aspectos de las adicciones químicas. Desde una
perspectiva psicopatológica, las adicciones químicas múltiples
al tabaco, al alcohol, a los ansiolíticos, a la cocaína, etc.,
es decir, las politoxicomanías, son relativamente habituales.
No es frecuente, por el contrario, encontrarse con pacientes
aquejados de adicciones psicológicas múltiples, como, por
ejemplo, juego patológico, hipersexualidad y/o bulimia. Ello no
obsta para que en algunos casos la adicción al trabajo,
determinada por la ambición desmesurada de superar a los demás

1
y de lograr una alta meta profesional, pueda ir acompañada del
consumo de cocaína como factor energizante del rendimiento.

Respecto al síndrome de abstinencia, en ambos tipos de


adicciones hay una pérdida de control. Una posible diferencia
es que en las drogas con una dosis se controla el síndrome de
abstinencia; en las adicciones psicológicas, por el contrario,
el paciente (un jugador patológico o un adicto a las compras,
por ejemplo) puede pasar horas, incluso días, jugando o
comprando sin que ello ponga fin a su abstinencia (García-
Andrade, 1993). En cualquier caso, esta distinción está a falta
de una mayor validación empírica.

Desde una perspectiva terapéutica, la motivación para el


tratamiento -siempre escasa y fluctuante- suele ser algo mayor
en el caso de las adicciones psicológicas que en el caso de las
adicciones químicas, lo que ofrece unas perspectivas
terapéuticas más halagüeñas (Marks, 1990).

CONCLUSIONES

En este trabajo se ha optado por aplicar la etiqueta de


adicciones psicológicas (adicciones sin droga) a aquellas
conductas repetitivas que resultan placenteras, al menos en las
primeras fases, y que generan una pérdida de control en el
sujeto (más por el tipo de relación establecida por el sujeto
que por la conducta en sí misma). No se consideran, sin
embargo, como tales algunos hábitos de conducta inadecuados,
como la tricotilomanía, alteraciones en el control de los
impulsos, como la cleptomanía o la piromanía, u otras conductas
repetitivas sin sentido, como los rituales compulsivos, que no
son placenteras y que tienen por objetivo aliviar una situación
de malestar. Las relaciones entre adicción, compulsión y
pérdida de control son, sin embargo, actualmente objeto de
polémica (cfr. Kozlowski y Wilkinson, 1987; Satel, 1993).

Las adicciones psicológicas funcionan como conductas


sobreaprendidas que traen consigo consecuencias negativas y se
adquieren a fuerza de repetir conductas que un principio
resultan agradables o bien como estrategias de afrontamiento
inadecuadas para hacer frente a los problemas personales (por
ejemplo, comer en exceso para hacer frente a la ansiedad o al
aburrimiento). El uso adictivo de una conducta placentera
implica el control de la misma por reforzadores negativos
(evitación de algún tipo de malestar); el uso no adictivo, por
el contrario, de la misma está asociado al control por
reforzadores positivos. Todas las adicciones psicológicas están
relacionadas con déficits en el control de los impulsos y con
problemas de autocontrol (Marks, 1990).

Los estímulos condicionados desempeñan un papel importante


en el mantenimiento de las adicciones psicológicas. Los
estímulos condicionados externos pueden variar de una adicción

1
a otra: el sonido de una máquina tragaperras, en el caso de un
jugador patológico; el olor a alimentos, en el caso de un
adicto a la comida; la vista de una mujer sola, en el caso de
un sexoadicto; los anuncios publicitarios, en el caso de un
adicto a las compras, etc. Sin embargo, los estímulos
condicionados internos son muy similares en todas las
adicciones. La disforia es, sin duda, el más importante. De
hecho, todo tipo de adictos tienden a recaer cuando se
encuentran mal o deprimidos (Carnes, 1989).

Una terapia psicológica no puede ser efectiva si no toma


en consideración los múltiples estímulos condicionados que
ponen en marcha la conducta adictiva y no enseña al paciente
estrategias terapéuticas orientadas al control de estímulos y
al control de impulsos. De hecho, la efectividad de la terapia
a largo plazo está en función de la identificación de las
situaciones de alto riesgo, de la enseñanza de estrategias de
afrontamiento efectivas en esas circunstancias y de la búsqueda
de actividades sustitutivas satisfactorias para reemplazar a
las conductas adictivas (Echeburúa, 1993; Echeburúa, Báez y
Fernández-Montalvo, 1994).

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1
TABLA 1: CLASIFICACIÓN DE LAS ADICCIONES

TIPOS VARIANTES MÁS COMUNES

Psicológicas Juego patológico


Adicción al sexo
Adicción a las compras
Adicción a la comida
Adicción al trabajo
Adicción al ejercicio físico
Teleadicción/Videomanía

Químicas Adicción a los opiáceos


Alcoholismo
Adicción a la cocaína y a las anfetaminas
Adicción a las benzodiacepinas
Tabaquismo

1
TABLA 2:

CLASIFICACIÓN PSICOPATOLÓGICA DE LAS CONDUCTAS REPETITIVAS

TIPO DE TRASTORNO TRASTORNO DE CONDUCTA

Hábitos inadecuados Tricotilomanía


Onicofagia

Trastornos
Trastornos del control de los impulsos Piromanía
Cleptomanía
Trastorno explosivo intermitente

Compulsiones y obsesiones Rituales compulsivos


Pensamientos intrusivos

Adicciones Adicciones químicas


Adicciones psicológicas

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┌──────────────────────────────────────────────────────────────────────────────────────────────┐
│ INICIO MANTENIMIENTO │
│ │
│ │
│ │
│ │
│ │
│ │
│Vulnerabilidad psicológica────┐ ┌──────Déficits de autocontrol y │
│ │ │ del control de los impulsos│
│ │ │ │
│ │ ┌─────────────┐ │ │
│ │ │ Adicción │ │ │
│Actividades placenteras───────┼────│ psicológica │──────────┼──────Dependencia │
│ │ └─────────────┘ │ │
│ │ │ │
│ │ │ │
│ │ │ Falta de actividades │
│Presión social────────────────┘ └──────reforzantes alternativas │
│ │
│ │
│ │
│ │
└──────────────────────────────────────────────────────────────────────────────────────────────┘

FIGURA 1: INICIO Y MANTENIMIENTO DE LAS ADICCIONES PSICOLÓGICAS

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