el género es un dispositivo político normativo que toma la heterosexualidad como base.
Para
problematizar la identidad de género, es necesario cuestionar esta estructura heteronormativa.
Las categorías de género son el resultado de prácticas que ocultan su carácter construido,
presentándose como naturales.
Critica tanto el voluntarismo, que sugiere que el sujeto escoge libremente su género, como el
determinismo, que sostiene que las normas de género son inmutables. En su lugar, propone un
"constructivismo sofisticado" donde las acciones constituyen al sujeto, pero hay espacio para
resistir y transformar las normas heredadas.
La subversión, como herramienta, es clave para evitar la dicotomía entre voluntarismo y
determinismo, es la base de una esperanza emancipatoria para los oprimidos por las normas de
género, permite que la repetición de normas no refuerce las normas existentes, sino que las
desplace, ofreciendo una vía para modificar las estructuras de género.
desnaturalizar el género para contrarrestar la violencia que proviene de las normas sobre el sexo,
especialmente la heteronormatividad, tanto en discursos comunes como académicos.
La noción de subversión es útil para interpretar situaciones políticas concretas, mostrando su
relevancia en temas como contingencia, hegemonía y universalidad.
El debate aquí es si desnaturalizar las normas de género es suficiente para transformarlas o si se
necesita también corroer su fuerza y violencia.
performatividad noción ontológica y política: ¿qué tipo de política se desprende de la teoría de
género butleriana?
La subversión se entiende como una repetición de normas que introduce cambios en su
significado. El objetivo es identificar al agente de la subversión y las condiciones para que ocurra.
Crítica la categoría "mujer" como esencial y base para la teoría de género, lo que termina
idealizando ciertas expresiones de género en detrimento de otras.
mujer heterosexual es vista como la verdadera expresión de género, mientras otras expresiones
son consideradas subsidiarias, basadas en un sistema de género binario.
formas esencialistas de comprender la opresión de las mujeres.
Butler critica las teorías que priorizan la diferencia sexual sobre otros ejes de opresión y que ven
la heterosexualidad como centro, ignorando la complejidad de la identidad de género.
argumenta que es necesario abandonar la idealización de las identidades de género binarias y
heterosexuales, ya que excluyen otras formas de identidad.
Beauvoir es pionera en remarcar que el género es una construcción social, y no algo
biológicamente determinado. Butler retoma esta idea para explicar cómo el género no es algo que
se elige voluntariamente.
La deconstrucción implica desmantelar estructuras de pensamiento heredadas para abrir nuevas
posibilidades de pensamiento; puede verse como un "patricidio" simbólico, donde se desestabiliza
la tradición para dar lugar a nuevas formas de pensamiento.
Butler aplica la noción de "differánce" de Derrida, explicando que la identidad de género se forma
por repetición y diferencia, no por un origen estable.
La identidad de género no es algo original, sino una repetición de discursos y prácticas. No hay un
origen puro, sino un proceso continuo de construcción.
La ley y la norma generan la ilusión de un antes y un después, creando la creencia en una
esencia de género que en realidad es producida por la misma norma.
Foucault y Butler argumentan que tanto el sexo como el género son construcciones sociales
utilizadas como dispositivos de control y poder.
Butler critica la idea de que la identidad y el género provienen de un núcleo interno. La identidad
no precede a la acción, sino que se constituye a través de ella.
Las prácticas de género adquieren su sentido a través de la repetición, lo que genera la ilusión de
una esencia de género fija.
Butler rechaza las teorías que ven el género como una expresión de un núcleo natural o una
elección voluntaria. El género se actúa socialmente y no precede a la acción.
La naturalización de las relaciones e identidades de género ocurre cuando se oculta su carácter
contingente y su historia.
Es incorrecto ver una división entre un género verdadero y uno falso, ya que no existe un original
en las relaciones de género.
(…) las palabras, actos, gestos y estilos gene- rizados no son la expresión de una identidad de
género previamente conformada, sino que ellos mismos generan la ilusión de que existe un
núcleo identitario estable, gracias a la ocultación y al olvido de su propia historia (…) cualquier
reflexión sobre la construcción del sujeto generizado conlleva, a su vez, una indagación sobre la
matriz normativa que regula estas construcciones. (p41)
Se aborda la violencia que generan los ideales sociales de género, como el dimorfismo sexual, la
complementariedad heterosexual y las formas aceptadas de masculinidad y feminidad. Estos
ideales incluyen tabúes, como el del incesto y el tabú homosexual.
cualquier norma sobre cómo deberían ser las relaciones de género parte de una interpretación de
cómo son en el presente.
No existe un "antes de la ley" porque el poder actúa tanto como una ley represiva como una
norma productiva. La idea de un estado pre-legal es una construcción retrospectiva, lo que Butler
critica en algunas pensadoras feministas que buscan un pasado ideal para combatir el presente.
Butler sostiene que no se puede hablar de un momento anterior a la ley porque todo discurso que
intente hacerlo se formula desde dentro de la ley misma. Cualquier apelación a un pasado pre-
legal responde a intereses del presente.
La ley no solo reprime, sino que también produce lo que parece reprimir. Al hacerlo, establece una
distinción entre deseos primarios y secundarios, moldeando así el comportamiento.
Aunque la ley establece normas, admite subversiones. Butler critica la idea de buscar soluciones
en un retorno melancólico a un origen, proponiendo que el poder contiene las posibilidades de
transformación social dentro de su estructura actual.
Pateman y Butler coinciden en que la ley y las normas no son actos fundacionales únicos, sino
que están presentes en todos los momentos de la vida social. Las normas se activan y reactivan
constantemente, contribuyendo a la producción continua de sujetos de género.
Butler cuestiona la existencia de un "yo" que construya el género antes del proceso mismo. El "yo"
no existe antes de la generización, sino que surge dentro del proceso de construcción de género,
lo que implica que el sujeto está tanto sujeto al género como es producido por él.
Butler considera que el poder no es completamente determinista porque la construcción del
género nunca es completa. Los sujetos no logran encarnar todos los ideales de género impuestos
por la matriz normativa.
La normatividad se sostiene mediante la repetición, lo que genera la ilusión de estabilidad. Sin
embargo, como toda repetición introduce algo nuevo, también permite la posibilidad de
transformación normativa.
El poder no debe ser entendido como un sujeto, sino como un conjunto de prácticas que pueden
solidificarse en instituciones, pero también pueden cambiar o ser abandonadas, no es externo a
los agentes, sino que es el resultado de sus acciones.
La ley se materializa en el cuerpo, marcando tanto la interioridad como la superficie externa. Los
deseos y placeres también están ligados a esta materialización del cuerpo y reflejan las
prohibiciones de la ley, las cuales no son completamente normalizadas, lo que permite la
emergencia de deseos que minan la hegemonía heterosexual.
La ley no tiene una única interpretación ni es universal. Así como la distinción entre hombre y
mujer no tiene primacía sobre la dicotomía homosexual-heterosexual, tampoco las opresiones de
género son anteriores o más fundamentales que otras opresiones como las de raza, clase o etnia.
Se establece que las normas sociales dictan que para que un cuerpo sea coherente y tenga
sentido, debe haber una correspondencia estable entre sexo (biológico), género (masculino o
femenino), y deseo (heterosexualidad), creando un modelo que naturaliza estas relaciones y las
da por sentadas.
La matriz de inteligibilidad define qué tipos de cuerpos y géneros son legítimos, a partir de la
coherencia y continuidad entre sexo, género y deseo. La matriz es binaria (solo admite dos sexos
y géneros), jerárquica (establece diferencias entre ellos) y discreta (no permite la mezcla de
atributos de distintos géneros).
La matriz heterosexual reproduce los principios fundamentales de la lógica occidental, como los
de identidad, no contradicción y tercero excluido. Solo acepta dos géneros, dos sexos y dos
deseos.
existen prácticas de género que la contradicen. Sin embargo, estas no siempre tienen la fuerza
subversiva para cambiar el sistema. La matriz necesita lo "anormal" (lo abyecto) para definirse a
sí misma.
El género es performativo, es decir, se construye a través de actos repetidos en el tiempo, lo que
le da su fuerza. No obstante, esta repetición implica variaciones que pueden subvertir el sistema.
La heterosexualidad, aunque compulsiva, es inestable, lo que abre posibilidades de subversión.
La subversión permite entender cómo los agentes sociales pueden colaborar en la transformación
del sistema social.
Butler rechaza la idea de que exista una sexualidad fuera del poder. Tanto el sexo como el género
se configuran dentro de estructuras culturales y políticas, por lo que no es viable recurrir a un
estado precultural para la emancipación.
Los placeres están culturalmente mediados y la "interioridad" del sujeto es también un producto
de interacciones sociales. Las normas dictan qué partes del cuerpo son privilegiadas o anuladas
en cuanto al placer.
Las lesbianas y personas bisexuales están dentro de la cultura, pero son consideradas ilegítimas
o criminales dentro de la matriz heterosexual, operando como un margen excluido pero necesario.
propone que la acción política debe basarse en la repetición, pero alterando el significado de esos
actos repetidos para transformar las normas de género.
El poder se mantiene a través de la repetición de normas, pero esta misma repetición puede
introducir diferencias y abrir el campo para la subversión. No toda repetición refuerza las normas;
algunas pueden minar su estabilidad.
Las actuaciones drag exponen cómo el género es una construcción, al revelar que no hay una
relación esencial entre el cuerpo y el género, sino que ambos son el resultado de repeticiones
performativas.
desestabilizar la idea de una correspondencia fija entre cuerpo y esencia.
subvierten la distinción entre lo interno y lo externo en el género, burlándose de la noción de una
identidad de género verdadera.
Las parodias drag no invierten las categorías de género, sino que las desnaturalizan, exponiendo
que todos los géneros son imitaciones de ideales normativos, no manifestaciones de una verdad
interna. No hay un género original, sino solo copias.
Estas ideas forman un análisis crítico sobre cómo se construyen, mantienen y subvierten las
normas de género.
Los agentes sociales pueden cambiar las normas discursivas y normativas, ya que estas son
contingentes y se forman a partir de las prácticas sociales, las cuales son dinámicas y permiten la
resignificación.
El poder no es un acto fundacional único, sino un proceso continuo de repetición simbólica y
material. Los agentes no están separados del poder, sino que participan en su reproducción o
desestabilización.
La agencia no debe rechazar lo cultural-discursivo, sino modificar las normas existentes mediante
alteraciones, en lugar de simplemente repetir su sentido original.
la estructura normativa permite cierto margen de cambio.
La capacidad transformadora del agente emerge dentro del campo cultural y normativo, no desde
fuera, lo que implica que el poder es constructivista, pero no determinista.
Butler busca extender la legitimidad a los cuerpos que han sido considerados falsos, irreales o
ininteligibles dentro de la matriz heterosexual, buscando reconocimiento y legitimidad para
quienes no encajan en las normas de género actuales.
La subversión apunta a cambiar las normas de género que dictan lo normal y lo anormal, sin
eliminar la identidad en sí misma.
Subvertir la relación coherente entre sexo, género y deseo implica una modificación de la
identidad. La dicotomía entre lo original y lo subsidiario también afecta cómo se conciben las
identidades.
Lo subversivo no busca destruir las normas, sino minarlas desde dentro, erosionando su
legitimidad.
para deslegitimar las normas de género actuales sin buscar una eliminación total de las mismas.
los actos subversivos pueden perder su impacto disruptivo al volverse parte del status quo.
lo que hoy parece subversivo podría terminar reforzando las normas en el futuro.
desestabilizar las normas de género.
La pérdida de las reglas de género obligatorias generaría diversas configuraciones de género,
desestabilizando la identidad sustantiva y cuestionando la heterosexualidad normativa.
La subversión no se realiza a través de una destrucción revolucionaria, sino como una serie
continua de actos que modifican las normas, guiadas por un ideal regulativo utópico.
Los actos subversivos buscan liberar la identidad de género de su vínculo obligatorio con la
heterosexualidad, legitimando la existencia de quienes no son inteligibles en la matriz
heterosexual vigente.
La subversión revela que las normas de género son construidas y no naturales, y que los actos de
género son performativos.
Aunque desnaturalizar las normas no es suficiente para transformar la realidad, es un paso
necesario hacia una revolución política al cambiar nuestra concepción de lo posible.
Butler vincula la subversión con la exhibición del carácter artificial de las normas, pero esto no
garantiza su transformación; es necesario un cambio en las prácticas y estructuras normativas.
La inestabilidad inherente a la matriz heterosexual puede permitir la subversión, pero no la
garantiza, ya que la inestabilidad no implica necesariamente una transformación efectiva.
Las identidades de género se construyen a partir de identificaciones inestables, disonantes y
contradictorias, lo que cuestiona la coherencia del sujeto.
La matriz heterosexual es vista como una parodia de sí misma debido a sus inestabilidades, pero
esto no garantiza que la subversión suceda automáticamente.
Butler considera la subversión como una acción política dirigida a desestabilizar la
heteronormatividad, lo que implica desnaturalizar aquello que parece natural en el ámbito del
género.
Aunque la desnaturalización del género revela su construcción social, no garantiza un cambio
efectivo por sí sola.
La posibilidad de transformaciones dentro de ese sistema.
La matriz heterosexual es inestable y contradictoria, lo que permite su eventual cambio, pero este
cambio no es predecible ni asegura una subversión completa sin un agente social que lo impulse.
Existen instantes donde la hegemonía heterosexual no se inscribe completamente, lo que abre la
puerta a nuevas posibilidades sexuales y de género que desafían la norma.
Mientras el constructivismo desnaturaliza el género, la deconstrucción exhibe los límites de esa
construcción, revelando los momentos en que la hegemonía de género se corroe desde dentro.
La subversión no es simplemente aceptar el cambio como inevitable, sino una práctica que puede
resignificar las normas opresivas del género, aunque su carácter puede oscilar entre
desestabilización y mera revelación.
Butler sostiene que el género es una construcción cultural, no determinada por el cuerpo
biológico, lo que permite identidades de género que desafían las normas heterocisnormativas.
Las prácticas transgénero disputan las categorías tradicionales de género, sexo y sexualidad.
Butler desafía la distinción entre géneros "originales" y "copias" al argumentar que todos los
géneros son performativos, aunque algunos están más naturalizados que otros.
La desnaturalización del género no debe reforzar las normas hegemónicas; debe abrir espacio
para nuevas formas de relaciones de género.
La desnaturalización del género libera al presente de su carácter inevitable y permite pensar en
nuevas formas de relaciones de género, especialmente aquellas que escapan de la heteronorma.
Butler reconoce que la teoría no es suficiente para generar transformación; se requieren
intervenciones institucionales o acciones políticas concretas.
Aunque atacar la naturalización de la heterosexualidad es un paso importante, no es suficiente
como estrategia política antiheteronormativa.
Las acciones políticas no son unidimensionales; mientras pueden atacar ciertas normas, también
pueden reforzar otras.
Butler argumenta que la subversión debe entenderse como un acto que ocurre dentro del marco
del poder, en lugar de venir de un ámbito externo o prepolítico. Esto implica que las acciones
subversivas se desarrollan dentro de la cultura y las normas existentes.
El poder se reproduce a través de la repetición, lo que a su vez permite la posibilidad de introducir
elementos disruptivos. Esta iteración es esencial para entender cómo pueden surgir acciones
subversivas, ya que cada repetición ofrece la oportunidad de diferenciarse y cambiar las normas.
En lugar de abogar por la erradicación completa de las normas vigentes, destaca la importancia
de reapropiarlas para transformarlas desde dentro.
Butler señala que existen ideales de género que regulan la legitimidad de las identidades y
conductas. La subversión busca desestabilizar estas normas no para deshacerse de ellas, sino
para crear condiciones más justas.
La subversión no es inherente a un acto, sino que se define en función de su contexto y las
respuestas que genera, no solo implica una transformación de las normas de género, sino
también una revelación de su carácter contingente.
Butler rechaza la idea de proporcionar una receta para la subversión, enfatizando que es un
concepto interpretativo y no predictivo. Las acciones se evalúan retrospectivamente, y es crucial
reconocer que la política es falible y en constante cambio.
La subversión, aunque la desnaturalización puede contribuir a cuestionar las normas de género,
no necesariamente lleva a una transformación efectiva. Existen ejemplos donde, a pesar de
desnaturalizar una norma (como la belleza corporal), la aspiración a esta sigue intacta. Esto
sugiere que desnaturalizar no equivale a debilitar lo que está naturalizado.
a pesar de la importancia de las relaciones privadas en la acción política, es fundamental
reconocer la existencia de espacios políticos más amplios.
toda identidad se forma a partir de alguna forma de exclusión y que es necesario desconfiar más
de quienes pretenden eliminar todas las contradicciones en los sujetos políticos que de quienes
actúan de manera excluyente.
La noción de subversión permite explorar cómo la sociedad civil puede negociar y reapropiarse de
políticas públicas, sugiriendo que el acto de subversión no necesariamente implica un
debilitamiento de la identidad, sino que puede conducir a una mayor inclusividad y cambio social.