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CONTRATOS EN GENERAL

UNIDAD 1

UBICACIÓN DEL CONTRATO EN LA TEORÍA GENERAL DEL DERECHO

NATURALEZA JURÍDICA DEL CONTRATO

El contrato es una especie de acto jurídico. Con esta afirmación el problema se desplaza hacia la
naturaleza del acto jurídico, conforme al cual se exponen distintas teorías:

Teoría del supuesto de hecho: para la teoría del supuesto de hecho la naturaleza jurídica del contrato
se determina con dos proposiciones: una negativa y otra afirmativa:

La negativa sostiene que el contrato no es una ley. La ley, entendida como la regulación emanada del
órgano legislativo del Estado, es fuente de derecho objetivo u contiene normas jurídicas; en cambio el
contrato es simplemente fuente de derecho subjetivo. De allí se concluye que los métodos interpretativos
de la ley son unos, y los del contrato son otros; la interpretación de la ley plantea una cuestión de
derecho, y la del contrato sólo una de hecho.

La afirmativa sostiene que el contrato es un hecho jurídico, la concreción en la realidad del supuesto de
hecho previsto en la norma. Entonces el contrato es fuente de derecho subjetivo ya que constituye el
factor desencadenante de los efectos previstos en la norma legal. Pero el contrato no se distinguiría del
acto ilícito ya que ambos son hechos jurídicos y causa de obligaciones; por lo que presenta un doble
peligro:

Por un lado, desdibuja la diferencia entre el simple acto y el acto jurídico (del cual el contrato es una
especie). Lo típico del simple acto es que los efectos se producen porque los quiere la ley, y a los actos
jurídicos provienen inmediatamente de la autonomía.

Por otro lado, disminuye notablemente el papel del individuo como protagonista del derecho, al convertirlo
únicamente en titular de relaciones jurídicas reconocidas por la ley, dando al Estado a través de sus
órganos legislativos, una posición de total preeminencia.

Teoría normativa: se desarrolla esta teoría a través de dos proposiciones afirmativas:

La primera afirmación sostiene que el contrato es una ley individual, fuente de derecho objetivo. Los
derechos nacen, se extinguen, etc. de los contratos, en tanto y en cuanto se presenten los supuestos de
hecho previstos en los mismos. En este sentido, el nacimiento de un derecho o de un deber no es
consecuencia inmediata del contrato, sino mediata. En consecuencia, serán los mismos los métodos
interpretativos del contrato y los de la ley.

La segunda afirmación sostiene que la ley y el contrato son actos jurídicos, y como tales, especies de
hechos jurídicos, es decir la realización concreta en la realidad del supuesto de hecho previsto por otra
Norma:

La ley es un acto jurídico: teniendo en cuenta la concepción de la pirámide jurídica, el producto de la


actividad del órgano legislativo es ley, porque así lo prevé la norma reguladora de la producción legislativa.
La acción de legislar, presenta todas las características de un acto jurídico. Sin dudas, es un acto
voluntario del Estado, indiscutiblemente lícito; y es por excelencia un acto con fines jurídicos.

El contrato es un acto jurídico: es un acto jurídico en el mismo sentido en que lo es la ley, es decir en
cuanto productor de derecho objetivo.

UBICACIÓN DEL CONTRATO

El contrato es una especie de acto jurídico. Para configurarlo claramente, corresponde ubicarlo dentro de
una clasificación general de los actos jurídicos.

ACTOS SUBJETIVAMENTE SIMPLES Y ACTOS SUBJETIVAMENTE COMPLEJOS

1
Los actos jurídicos pueden ser subjetivamente simples, cuando basta una sola voluntad física para
originarlos; o actos subjetivamente complejos, cuando hacen falta dos o más voluntades.

Por otra parte, los actos jurídicos pueden ser unilaterales o bilaterales, según que se originan en un solo
centro de intereses, o que sea necesario el concurso de dos o más centros de intereses.

La clasificación de los actos en subjetivamente simples y subjetivamente complejos, por un lado, y la de


unilaterales y bilaterales por el otro, pueden no coincidir.

En general el acto subjetivamente simple es unilateral, y el acto subjetivamente complejo, puede ser
unilateral o bilateral. Será unilateral cuando exteriorizándose varias voluntades, todas lo hagan por un
común centro de intereses, es decir queriendo para un centro el mismo efecto, colocándose todas de un
mismo lado; y será bilateral, cuando las voluntades se ubiquen en lados distintos, es decir imputándose a
dos o más centros de intereses.

Figura del acto unilateral subjetivamente complejo es el acto colectivo; y figura del bilateral es el contrato.
En el acto colectivo (acto de un órgano colegiado de una persona jurídica o el de dos apoderados
conjuntos de un mismo representante) hay pluralidad de voluntades que corriendo paralelas se unen
sumándose para formar una declaración única que persigue un mismo efecto, en cambio en el contrato las
voluntades no corren paralelas sino cruzándose afín de encontrar en la coincidencia efectos distintos (así,
aunque donante y donatario quieran ambos la traslación de propiedad mediante el paso normal previo de
la creación de un crédito, la quieren con un sentido distinto: el donatario busca adquirirla y el donante
desprenderse de ella por un acto de liberalidad).

Distinto del acto colectivo y del contrato, es el acto complejo, en el cual las voluntades en vez de correr
paralelamente y sumarse, convergen y se funden en busca del mismo efecto, pudiendo darse una
complejidad Igual cuando el valor de las declaraciones es equivalente; o desigual, en caso contrario.

ACTOS UNILATERALES, BILATERALES Y PLURILATERALES

Según el criterio del número de centros de intereses, En rigor debería hablarse de actos jurídicos
unilaterales(un solo centro de intereses), bilaterales(dos), trilaterales (tres), etcétera. Pero la ley al referirse
a los actos bilaterales, también incluye los actos cuando las partes son más de dos. Por eso, cuando se
afirma que el contrato es una especie de acto jurídico bilateral, se incluye en el concepto tanto el caso en
que los centros de intereses que actúan en el contrato sean sólo dos, como aquel en que sean más de
dos.

Convención, acuerdo y contrato

Dentro de los actos jurídicos bilaterales, se distingue entre la convención y el contrato, el acuerdo y el
contrato.

La palabra convención se considera género, y contrato la especie. Esta afirmación recibe distintas
aplicaciones concretas según cuál sea el concepto que se tenga del contrato, cuando mayor sea el
número de actos que se incluyen en él, menor será el ámbito de las convenciones que no son contratos; y
naturalmente, el terreno de las convenciones que no son contratos es muy circunscripto: queda
únicamente el ámbito de los negocios no patrimoniales.

Respecto al acuerdo y el contrato: el acuerdo el creador de normas jurídicas generales regulando un


resultado abstracto para todos los casos que en el futuro lleguen a caer en sus previsiones; y el contrato
en cambio Crea una norma jurídica individual.

El contrato y otras figuras

El contrato y la sentencia: cuando se compara el contrato con la sentencia constitutiva, ambos tienen el
efecto de constituir modificar o extinguir relaciones jurídicas. Pero la sentencia, a diferencia del contrato,
también despliega sus efectos el esfera extrapatrimonial. Radica en ella la característica de ser un acto
unilateral y jurisdiccional, de derecho público, emanado por quien está por encima de las partes de la
composición de cuyos intereses se trata.

2
El contrato y el acto administrativo: subsiste la clasificación que separa los actos de derecho público de
los de derecho privado, o si se quiere, los actos administrativos de los civiles. Desde un punto de vista
subjetivo, no hay entre ellos diferencia alguna, emanando todos del mismo órgano, deberán sujetarse a las
reglas reguladoras de la actividad de éste, pero la diferencia existe desde un punto de vista sustancial u
objetivo, concluyendo la Administración un acto civil cuando se vale de prerrogativas que también tienen
los particulares.

Nada obsta a la admisión general de la figura del contrato en el derecho administrativo, entendido sujeto a
sus propias reglas, pero aclarando que la existencia de las mismas No importa la ausencia de un contrato,
sino la presencia de una particular tipicidad del mismo.

Contrato y la ley: ambos son especies dentro del género más amplio de los negocios jurídicos. La
diferencia específica radica en que la ley es fuente de normas generales y el contrato lo es de normas
individuales; la ley tiende siempre a satisfacer intereses generales (como la paz, el orden y el progreso
general), y el contrato tiende a satisfacer intereses privados.

Status y contrato: enfrentando al contrato se sitúa el status. Al mencionar a ambos en situación de


oposición, se hace referencia a la llamada ley de Maine, según la cual el movimiento de las sociedades
progresivas va del estatus al contrato.

Cuando a la palabra contrato se la reduce, como opuesta a status, para Designar las situaciones regladas
por la voluntad del individuo:

cuando es el consentimiento de las partes el que crea y regula la situación, hay contrato y situación
contractual. Cuando el acuerdo se limita a ser la condición desencadenante de los efectos (por ejemplo el
matrimonio) se puede hablar de status. Por estatus se puede entender la posición en que se encuentra
una persona a raíz de un contrato que de hecho o de derecho no ha podido configurar y en la medida en
que tal configuración se ha visto limitada.

De quién dicta la ley en el contrato de adhesión parece que no puede predicarse que se encuentra en
estatus.

Relaciones contractuales de hecho: hay una tendencia a asimilar una serie de situaciones de la vida a
las nacidas de un contrato que se denomina relaciones contractuales de hecho.

Actos complejos, actos colectivos y actos colegiales.— Los actos unilaterales plurisubjetivos se suelen clasificar sobre
la base de diversos criterios, en actos complejos o actos colectivos. En los actos complejos, las declaraciones que se
orientan a un mismo interés se suman y se mantienen distintas. Por el contrario, en los actos colectivos, esas
declaraciones se funden en una sola. En los actos complejos, según la opinión predominante, los efectos del acto
afectan a alguno de los intervimentes y a otro no, como ocurre con el acto que realiza el inhabilitado con la
asistencia del curador

En los actos colectivos, también la manifestación de voluntad de va rías personas tiende a la realización de un mismo
interés, pero ese interés corresponde a todos los participantes, en el sentido de que todos se ven afectados por los
efectos del acto, a diferencia de lo que acaece en los actos unilaterales complejos. Ejemplos de estas hipótesis de
actos colectivos, son la enajenación que hacen los condominos de la cosa en condominio por un solo precio; o bien la
adquisición que realizan varios compradores de una misma cosa, también por un solo precio

Definición

ARTÍCULO 957. “Contrato es el acto jurídico mediante el cual dos o más partes manifiestan su
consentimiento para crear, regular, modificar, transferir o extinguir relaciones jurídicas
patrimoniales.”

En la base de nuestro sistema constitucional se encuentra el principio de libertad, del que se deriva que las
personas puedan celebrar acuerdos sobre sus intereses, con ciertas limitaciones razonables, establecidas
para la protección de los intereses de la sociedad o de las personas vulnerables.

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Ello hace a la función esencial del derecho civil, que es la de proporcionar las herramientas para que los
habitantes de la Argentina puedan concretar proyectos que les posibiliten una mejor calidad de vida.

Como parte de esa libertad se da a los particulares la posibilidad de celebrar contratos que, como se verá,
constituyen una especie de los acuerdos a los que pueden arribar las personas para la satisfacción de sus
legítimos intereses. Se trata de vínculos obligatorios, que establecen derechos y obligaciones,
distribuyendo riesgos entre quienes los acuerdan.

A diario, los habitantes de nuestro país celebran múltiples contratos, aun sin conciencia de estar
realizando actos jurídicos, como por ejemplo (la alimentación, el transporte, la comunicación telefónica, la
cobertura de sus necesidades de salud, vivienda y educación, etc.).

Los contratos continúan siendo la principal fuente de obligaciones

1. EL CONTRATO COMO ESPECIE DEL ACTO JURÍDICO

El Cyc define al contrato como una especie de acto jurídico. (Se relaciona con el art. 259 CCyC), acto
voluntario y lícito que tiene la particularidad de que se establece por el consentimiento de dos o más
partes.

 la voluntad debe ser expresada por sujetos capaces;


 adecuadamente exteriorizada;
 no encontrarse afectada por algún vicio (error, dolo o violencia),
 ni haber dado lugar a un acto jurídico que adolezca de lesión, simulación o fraude;
 dicho acto debe respetar las exigencias que, en materia de objeto y causa, establece el propio
Código.
2. LAS PARTES QUE CONCURREN A LA FORMACIÓN DE UN CONTRATO

El acto jurídico que da nacimiento a un contrato siempre se producirá por la reunión de, al menos, dos
voluntades que participan de la formación del consentimiento.

Según el art. 1023 Cyc, se considera parte del contrato a quien lo otorga en nombre propio, aunque lo
haga en interés ajeno; a quien es representado por un otorgante que actúa en su nombre o interés y a
quien manifiesta la voluntad contractual, aunque ella sea transmitida por un corredor o por un agente sin
representación. Una parte puede estar integrada por una pluralidad de personas —lo que ocurre, por
ejemplo, cuando son varios los adquirentes o vendedores de una cosa

3. PATRIMONIALIDAD DEL OBJETO

La construcción jurídica elaborada por las partes habrá de crear, regular, modificar, transferir o extinguir
relaciones jurídicas patrimoniales (referidas a derechos personales, reales o intelectuales) y tal es el
elemento que distingue al contrato de cualquier otra forma de acuerdo al que pueden arribar dos partes,
pues será contrato cuando la relación jurídica establecida sea patrimonial, aunque no pueda recibir ese
calificativo el interés por el que ella se concreta, como claramente se prevé en el art. 1003 CCyC. Cuando
el Código trata sobre el objeto del contrato (ver art. 1003 CCyC), establece que debe ser lícito, posible,
determinado o determinable, susceptible de valoración económica y corresponder a un interés de las
partes aunque este no sea patrimonial, como se da, por ejemplo, cuando alguien contrata un servicio de
enfermería para que cuide de un amigo enfermo, supuesto en el que el contrato se lleva adelante por un
interés extra patrimonial, aunque se concrete en un vínculo patrimonial.

4. FINALIDAD

La importancia de la finalidad La preposición “para” empleada en el texto pone de manifiesto la importancia


de la finalidad en el contrato. Ella es esencial, pues todo contrato importa una disposición sobre la libertad
que ,en tanto no se violen los límites a ella razonablemente establece, debe ser protegida.

Por lo tanto quien contrata persigue una determinada finalidad la cual puede ser “crear, regular,
modificar, transferir o extinguir relaciones jurídicas patrimoniales”.

4
CODIGO DE VELEZ

La ley se encarga de decirlo en el art. 1137: "Hay contrato cuando varias personas se ponen de acuerdo
sobre una declaración de voluntad común, destinada a reglar sus derechos".

La doctrina, al interpretar este texto, se ha dividido.

La tesis amplia afirma que son contratos todos los actos jurídicos bilaterales patrimoniales, cualquiera sea
el efecto que persigan (crear, modificar, transferir, extinguir) y cualquiera sea la clase de derechos
patrimoniales sobre los que incidan (personales, reales, intelectuales).

La tesis restrictiva circunscribe el uso del término a los negocios bilaterales creadores de obligaciones,
denominando a los demás "convenciones".

Entre ambas tesis extremas se sitúan las intermedias: una, coincide con la amplia en cuanto a la variedad
de efectos del contrato (crear, modificar, transferir, extinguir) pero lo circunscribe al campo obligacional, en
tanto que otra, circunscribiéndolo, también, al campo obligacional, da un paso más hacia la tesis
restrictiva,

La tesis restrictiva pretende que sólo son contratos los acuerdos que crean obligaciones. En la afirmación
van incluidas varias negaciones: no serían contratos los acuerdos que transfieren, modifican o extinguen
obligaciones, ni los que crean, modifican, transfieren o extinguen derechos reales o intelectuales. De
entrada, suena exagerada tanta negación.

EVOLUCIÓN DEL CONTRATO

El derecho romano: Pueden clasificarse las convenciones romanas en dos grandes categorías, según
que se encontraran provistas o desprovistas de acción. Las desprovistas de acción eran los pacta nuda,
que sólo generaban una obligación natural. Las provistas de acción en cambio, tenían alguna clase de
vestimentum y abarcaban, por un lado, los contratos, y por el otro los pacta vestita; el término contrato se
reservó para Designar a las convenciones del Antiguo derecho. Los contratos se subdividen en nominados
e innominados, comprendiendo los primeros cuatro especies (verbis, litteris, solo consensu y reales) y los
segundos, cuatro combinaciones (do ut des, do ut facias, facio ut des, y facio ut facias). Cuatro eran los
contratos que se concluían solo consensu (compraventa, locación, sociedad y mandato) y cuatro el de los
reales (mutuo, depósito, comodato y prenda). Los pacta vestita, abarcaban tres categorías: Pretorianos,
legítimos y adiecta (agregados a un contrato).

El orden histórico de aparición de los fenómenos económicos ha sido presumiblemente donación permuta
venta, y el orden jurídico venta permuta.

En cuanto a las operaciones al contado, los romanos acudieron a la forma jurídica de la mancipatio
(negocio con la presencia del librepens y 5 testigos, utilizando la balanza y el metal).

Para que un acuerdo estuviera sancionado, era preciso que tuviera una forma determinada, o un contenido
típico o que mediara una prestación cumplida. Fuera de esos casos el pacto era nudo y no sancionado por
el derecho.

Las leyes españolas de partidas recogieron fundamentalmente el sistema Romano y adoptaron la


estipulación con el nombre de promisión. Por la influencia del derecho canónico que se ejerce a través de
la Edad Media, la vieja stipulatio cobro mayor elasticidad y se combinaba con otras maneras de convenir.
5
Hacia lo racional: los contratos han evolucionado de lo sobrenatural a lo racional. Originariamente fue
religiosa la forma y la fundamentación de los contratos y sus efectos mismos dependieron de sanciones de
esa índole. En cuanto a la forma La estipulatio Romana era considerada un derivado laicizado de un
antiguo juramento sobre el altar de Hércules; en cuanto al fundamento de la fuerza obligatoria de los
contratos el dogma de la autonomía de la voluntad encuentra uno de sus orígenes en un intento de una
explicación laica del DERECHO. Y en nuestros días, pocos son los que se preocupan de las sanciones de
ultratumba para la violación de la fe, pero la fuerza moral del contrato todavía conserva su poderío.

De lo ilícito penal a lo ilícito civil y de lo ilícito civil a la acción contractual: El incumplimiento de la


promesa es mirado primero como un delito. La comisión de este da lugar a una pena pecuniaria, antecesor
inmediato de la indemnización civil. La existencia de una indemnización por incumplimiento no equivale a
la plena protección de la promesa, la que sólo se da cuando existe una acción para el cumplimiento
coactivo.

De lo externo a lo interno: los derechos primitivos se atienen a las formas exteriorizadas, sin indagar la
intención real de las partes. En una forma más evolucionada, se entra a indagar si hubo error, dolo o
violencia. Pero, ahora existe la tendencia general a dar valor a la apariencia de los actos, en protección de
los terceros.

La llamada crisis del contrato: según López de Zavalía, el contrato no está en crisis, sino buscando su
punto de equilibrio. Muchas veces las leyes del Estado son injustas. La sustancia eterna del contrato no
puede consistir en que sea ley lo que las partes han querido, porque sea ley general o individual, su
justicia no depende tanto de su origen como de su contenido. La ley no es sólo voluntad, sino también
razón. Si como ley general o individual se permite que rija lo contrario a la justicia, con tal de que hay sido
querido por el legislador o los contratantes, lejos de señalar el pleno desarrollo de la soberanía, se debe
sostener las ideas de que la ley y el contrato se encuentran en crisis.

METODOLOGIA

Libro Tercero. Derechos Personales - Título II. Contratos en general

CONTRATOS POR ADHESIÓN

Los contratos por adhesión a clausulas predispuestas, son aquellos contratos en los que uno de los
contratantes presta su conformidad, o con fuerza expresiva, adhiere a clausulas generales predispuestas
unilateralmente por la otra parte o por un tercero, sin que el adherente haya participado en su redacción.

Las partes no se encuentran en un mismo plano de igualdad jurídica a la hora de celebrar el contrato,
como ocurre con el contrato paritario en el que tienen posibilidad de discutir el contenido contractual.

En los contratos por adhesión, Se caracterizan porque la redacción del contrato es impuesta por una de
las partes y a la otra no le queda otra opción que aceptarla o no contratar.

Por ejemplo contratos de seguro, tarjetas de crédito, apertura de cuenta corriente bancaria, compraventa
de automotores sin uso etc.

ARTÍCULO 984. Definición El contrato por adhesión es aquel mediante el cual uno de los
contratantes adhiere a cláusulas generales predispuestas unilateralmente, por la otra parte o por
un tercero, sin que el adherente haya participado en su redacción.

CONTRATOS DE CONSUMO

ARTÍCULO 1092. Relación de consumo. Consumidor Relación de consumo es el vínculo jurídico


entre un proveedor y un consumidor. Se considera consumidor a la persona humana o jurídica que
adquiere o utiliza, en forma gratuita u onerosa, bienes o servicios como destinatario final, en
beneficio propio o de su grupo familiar o social.

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Queda equiparado al consumidor quien, sin ser parte de una relación de consumo como
consecuencia o en ocasión de ella, adquiere o utiliza bienes o servicios, en forma gratuita u
onerosa, como destinatario final, en beneficio propio o de su grupo familiar o social.

El contrato de consumo se caracteriza porque una de sus partes es un consumidor final de bienes o el
usuario de servicios (art. 1093 CCyC). Puede serlo, indistintamente, la persona individual o jurídica
ubicada al agotarse el circuito económico y que pone fin, a través del consumo o del uso, a la vida
económica del bien o servicio. Resulta indistinto que el uso o la utilización de bienes y servicios se efectúe
a título personal o familiar, o sea, para el uso privado.

El art. 1092 CCyC establece que la “relación de consumo es el vínculo jurídico entre el proveedor y el
consumidor” cabe, en el sentido indicado afirmar, por ejemplo, que el usuario de servicios bancarios o de
telefonía celular o el asegurado, cuando contrata para destinar el bien o servicio a su consumo final o al de
su grupo familiar, es consumidor.

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