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0000719

SETECIENTOS DIECINUEVE

2024

REPÚBLICA DE CHILE

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
____________
Sentencia

Rol 14.647-2023

[27 de agosto de 2024]


____________

REQUERIMIENTO DE INAPLICABILIDAD POR


INCONSTITUCIONALIDAD RESPECTO DEL ARTÍCULO 18 INCISO
PRIMERO DEL DECRETO CON FUERZA DE LEY N° 458 DE 1975, LEY
GENERAL DE URBANISMO Y CONSTRUCCIONES

JUAN PABLO RODRÍGUEZ Y COMPAÑÍA LIMITADA Y OTROS


EN EL PROCESO ROL N° 871-2022 (CIVIL), SOBRE RECURSO DE APELACIÓN,
SEGUIDO ANTE LA CORTE DE APELACIONES DE SAN MIGUEL, EN ACTUAL
CONOCIMIENTO DE LA CORTE SUPREMA, POR RECURSOS DE CASACIÓN EN
LA FORMA Y EN EL FONDO, BAJO EL ROL N° 124.625-2023

VISTOS:

Que, Constructora Juan Pablo Rodríguez y Compañía Limitada, y otros


accionan de inaplicabilidad respecto del artículo 18 inciso primero del Decreto
con Fuerza de Ley N° 458 de 1975, Ley General de Urbanismo y Construcciones,
en el proceso Rol N° 871-2022 (Civil), sobre recurso de apelación, seguido ante la
Corte de Apelaciones de San Miguel, en actual conocimiento de la Corte
Suprema, por recursos de casación en la forma y en el fondo, bajo el Rol N°
124.625-2023.

Preceptos legales cuya aplicación se impugna

El texto de los preceptos impugnados dispone lo siguiente:

1
0000720
SETECIENTOS VEINTE

“Decreto con Fuerza de Ley N° 458 de 1975, Ley General de


Urbanismo y Construcciones

(…)

Artículo 18.- El propietario primer vendedor de una construcción será


responsable por todos los daños y perjuicios que provengan de fallas o defectos en
ella, sea durante su ejecución o después de terminada, sin perjuicio de su derecho
a repetir en contra de quienes sean responsables de las fallas o defectos de
construcción que hayan dado origen a los daños y perjuicios. En el caso de que la
construcción no sea transferida, esta responsabilidad recaerá en el propietario
del inmueble respecto de terceros que sufran daños o perjuicios como
consecuencia de las fallas o defectos de aquélla.”.

(…)

Síntesis de la gestión pendiente y del conflicto constitucional


sometido al conocimiento y resolución del Tribunal

Con fecha 29 de agosto 2018, Martín Sergio Raúl Concha Correa y otros
dedujeron demanda de indemnización de perjuicios ante el Segundo Juzgado de
letras de Buin contra Constructora Juan Pablo Rodríguez y Compañía Limitada,
en su calidad de constructora, Inmobiliaria e Inversiones Rio Lapataia Limitada,
en su calidad de propietaria primera vendedora y en contra de Inmobiliaria e
Inversiones Rio Azopardo Limitada, en su calidad de propietaria primera
vendedora.

Expone la requirente que el tribunal sustanciador aplicó la norma del


artículo 18 de la Ley General de Urbanismo y Construcción, impugnado en esta
sede, acogiendo la demanda de indemnización de perjuicios interpuesta en
contra de Constructora Juan Pablo Rodríguez y Compañía Limitada, en su
calidad de constructora e Inmobiliaria e Inversiones Rio Lapataia Limitada, en
su calidad de propietaria primera vendedora. Igualmente se condenó a
Constructora Juan Pablo Rodríguez y Compañía Limitada e Inmobiliaria e
Inversiones Rio Lapataia Limitada a pagar conjuntamente montos por daño
emergente, daño moral y costas.

La Ilustrísima Corte de Apelaciones de San Miguel con fecha 10 de mayo


de 2023, revocó la sentencia, resolviendo acoger la demanda igualmente en
contra de la Sociedad Inmobiliaria e Inversiones Rio Azopardo Limitada. Con
ello, afirma, se extendió la responsabilidad de forma contraria a la Constitución,
debido a que dicha sociedad no es la primera empresa vendedora ni la
constructora en el caso concreto de autos.

2
0000721
SETECIENTOS VEINTIUNO

Seguidamente dedujo recursos de casación en la forma y en el fondo en


contra de tal pronunciamiento, con decreto de autos relación desde el 24 de
agosto de 2023.

La Ley Nº 19.472, conocida como Ley de “Calidad de la Construcción”, fue


publicada en el Diario Oficial de 16 de septiembre de 1996, comenzando a regir
el día 17 de Diciembre del mismo año. Esta ley modificó la Ley General de
Urbanismo y Construcciones, especialmente sus artículos 18 y 19, mediante la
creación de un nuevo régimen de responsabilidad civil en la construcción, que
subsiste paralelo a aquél contemplado en el Código Civil. En aquellas
disposiciones se establece que la responsabilidad del propietario primer
vendedor es de carácter objetiva o sin culpa. Precisa que, aunque el texto de la
ley no lo señala en forma expresa, hay antecedentes en la historia del
establecimiento de la norma y así ha sido reconocido por la doctrina.

Así, al menos en lo que respecta al artículo 18 en comento, éste establece


un sistema de responsabilidad objetiva, esto es, aquella que se produce con
independencia de la culpa del sujeto. Al aplicar esta norma, el tribunal en
realidad, no le resultará relevante probar, ni valorar la prueba siempre habrá
responsabilidad civil por parte del primer propietario. Con ello se vulnera, el
principio de legalidad constitucional establecido en el artículo 7 de la
Constitución Política de la República, así como las garantías contempladas en su
artículo 19 N° 2; 3 y 26.

La responsabilidad civil objetiva vulnera la garantía constitucional del


artículo 19 N° 2 constitucional porque basta que exista un daño para configurar
una obligación de responder por parte del primer propietario, discriminación
que carece de toda razonabilidad y justificación. Ello igualmente violentando el
principio de la proporcionalidad en el caso concreto en cuanto el artículo 18 de
la Ley General de Urbanismo y Construcción, al no distinguir, comprende de
forma amplia tanto los daños materiales, esto es daño emergente y lucro
cesante, como al daño moral.

En la especie se infringe el principio de igual protección ante la ley y los


elementos constitutivos de la garantía de debido proceso. Esto porque en los
contratos de compraventa correspondientes se estableció que, para todos los
efectos legales, judiciales y convencionales del contrato, las partes fijaban como
su domicilio la ciudad y comuna de Santiago, lo cual no se ha respetado en este
caso porque conoce un tribunal incompetente como es el Juzgado de Letras de
Buin.

Afirma que el respeto a la garantía preceptuada en el artículo 19 N° 26 de


la Carta Fundamental también es exigible a los órganos del estado, entre los que
cabe incluir, a los tribunales de justicia, cuyo actuar en el caso concreto ha

3
0000722
SETECIENTOS VEINTIDOS

vulnerado la esencia de diversos derechos fundamentales consagrados en la


Carta Fundamental, tales como la igualdad ante la ley, el debido proceso legal.

Tramitación

El requerimiento fue acogido a trámite por la Segunda Sala, a fojas 599,


con fecha 28 de agosto de 2023, decretándose la solicitud de suspensión del
procedimiento y confiriéndose traslados para su pronunciamiento en torno al
cumplimiento de los requisitos de admisibilidad.

Posteriormente, fue declarado admisible, a fojas 677, por resolución de


fecha 20 de septiembre del mismo año. No fueron formuladas observaciones
por la parte requerida, una vez conferidos los traslados correspondientes.

A fojas 692, por decreto de fecha 9 de noviembre de 2023, se trajeron los


autos en relación.

Vista de la causa y acuerdo

En Sesión de Pleno de 29 de mayo de 2024 se verificó la vista de la causa,


oyéndose la relación pública y alegatos por la requirente del abogado Jorge
Gonzalo Torres Zúñiga y de la parte requerida del abogado René Luis Núñez
Ávila. Se adoptó acuerdo con igual fecha, conforme certificación del relator.

Y CONSIDERANDO:

I.- ASPECTOS GENERALES SOBRE EL PRECEPTO IMPUGNADO

PRIMERO. Que, en este caso, se impugna el artículo 18, inciso primero, de


la Ley General de Urbanismo y Construcciones. Específicamente, a fojas 21, se
solicita a nuestra Magistratura “declarar inaplicable el artículo 18 inciso
primero de la ley general de urbanismo y construcción, en la causa Rol N°
124.625-2023, tramitada actualmente en la Excma. Corte Suprema; por ser
contrario a los artículos 7, y 19 N° 2°, 3°, y 26°, todos de la Constitución Política de
la República”.

SEGUNDO. Que, el artículo 18, inciso primero, dispone que “El


propietario primer vendedor de una construcción será responsable por todos los
daños y perjuicios que provengan de fallas o defectos en ella, sea durante su
ejecución o después de terminada, sin perjuicio de su derecho a repetir en
contra de quienes sean responsables de las fallas o defectos de construcción que

4
0000723
SETECIENTOS VEINTITRES

hayan dado origen a los daños y perjuicios. En el caso de que la construcción no


sea transferida, esta responsabilidad recaerá en el propietario del inmueble
respecto de terceros que sufran daños o perjuicios como consecuencia de las
fallas o defectos de aquélla”.

TERCERO. Que, no está demás señalar que dicha disposición forma parte
de la Ley General de Urbanismo y Construcciones, cuerpo normativo “que
contiene los principios, atribuciones, potestades, facultades,
responsabilidades, derechos, sanciones y demás normas que rigen a los
organismos, funcionarios, profesionales y particulares, en las acciones de
planificación urbana, urbanización y construcción” (FIGUEROA VALDÉS, Juan
Eduardo (2022). Urbanismo y construcción. Santiago: Ediciones Der, p. 52).

En concreto, la norma se ubica en el Título Primero (Disposiciones Generales),


Capítulo III (De los profesionales), del referido cuerpo normativo.

CUARTO. Que, entonces, la disposición impugnada es de carácter


especial, propia de un ámbito especialmente regulado. No por nada la misma
Ley General de Urbanismo y Construcciones manifiesta su carácter especial,
disponiendo que “Las disposiciones de la presente ley prevalecerán sobre
cualquiera otra que verse sobre las mismas materias (…)” (artículo 7°, inciso
primero).

II.- EL CONFLICTO PLANTEADO Y LA GESTIÓN PENDIENTE

LOS FUNDAMENTOS DE LA PRETENSIÓN DE INAPLICABILIDAD

QUINTO. Que, como se señaló al comienzo, la pretensión de


inaplicabilidad del inciso primero del artículo 18 de la Ley General de
Urbanismo y Construcciones se funda en la transgresión de los artículos 7 y 19,
este último en sus numerales N° 2°, 3° y 26°, todos de la Constitución Política de
la República.

En cuanto a la infracción del artículo 7° constitucional, la requirente


indica que “la Corte de Apelaciones de San Miguel con fecha 10.05.2023, revoca
la sentencia y declara que además se acoge la demanda también en contra de la
Sociedad Inmobiliaria e Inversiones Rio Azopardo Limitada. (Extiende la
responsabilidad de manera inconstitucional), ello debido a que dicha sociedad
no es la primera empresa vendedora ni la constructora en el caso concreto de
autos.” (fojas 13).

En cuanto a la infracción del artículo 19 N° 2 de la Constitución,


plantea que “la responsabilidad civil objetiva vulnera la garantía constitucional
en comento, ya que se estaría privando de manera discriminatoria y arbitraria,
del derecho fundamental porque basta que exista un daño y se debe

5
0000724
SETECIENTOS VEINTICUATRO

responder por parte del primer propietario, discriminación que carece de toda
razonabilidad y justificación. Sin perjuicio de vulnerar también el principio de
la proporcionalidad en el caso concreto se debe responder. El artículo 18 de la
Ley General de Urbanismo y Construcción, Al no distinguir, comprende de
forma amplia tanto los daños materiales, esto es daño emergente y lucro
cesante, como al daño moral ?????. (SIC) El legislador y los Tribunales de Justicia,
al aplicar la norma inconstitucional, en el caso concreto de autos, se encuentran
vulnerando abiertamente, por tanto, al principio de legalidad establecido en los
artículos 7 de la Constitución Política de la República; vulnerando, además,
distintos derechos fundamentales.” (fojas 15).

En cuanto a la infracción artículo 19 N° 3 de la Constitución, en


relación al debido proceso, sostiene que “la norma que se impugna de
inconstitucional, es el artículo 18 inciso primero de la ley General de Urbanismo
y Construcción, infringen el principio de igual protección ante la ley y los
elementos del debido proceso. Esto además porque en los contratos de
compraventa se establece que para todos los efectos legales, judiciales y
convencionales de este contrato, las partes fijan como su domicilio la ciudad y
comuna de Santiago”, lo cual evidentemente no se cumple en este caso porque
conoce un tribunal totalmente incompetente como es el Juzgado de Letras de
Buin, transgrediéndose la garantía constitucional del Debido Proceso Legal”
(fojas 17).

Finalmente, en torno a la garantía del artículo 19 N° 26 de la


Constitución, argumenta que aquella “también es exigible a los Órganos del
Estado, entre los que cabe incluir, por supuesto, a nuestros tribunales de
justicia, cuyo actuar en el caso concreto ha vulnerado la esencia de diversos
derechos fundamentales consagrados en la Carta Fundamental, tales como la
igualdad ante la ley, el debido proceso legal; conforme se ha expuesto latamente
a lo largo de esta presentación.” En efecto, “la sentencia del Segundo Juzgado de
Buin y la Ilustrísima Corte de Apelaciones de San Miguel, han vulnerado estas
garantías constitucionales, al pretender que es responsable solamente las
empresas demandadas y que sólo puede ser restringida mediante un debido
proceso establecido por la ley, ejercido por un órgano con expresa competencia
para ello.” (fojas 19).

Concluye lo relativo a las infracciones constitucionales que denuncia,


señalando que “el Tribunal Civil de Buin y la Iltma. Corte de Apelaciones de San
Miguel, al valerse, fundamentalmente del artículo 18 de la Ley General de
Urbanismo y Construcción; privaron de eficacia a los derechos fundamentales
consagrados en el artículo 19 numerales 2°, 3° de la Carta Fundamental; y, como
consecuencia de ello, se está afectando la esencia de estas garantías,
vulnerándose, por tanto, el derecho fundamental contenido en el numeral 26°
del mismo precepto.” (fojas 20).

6
0000725
SETECIENTOS VEINTICINCO

LA GESTIÓN PENDIENTE

SEXTO. Que, en cuanto a la gestión judicial en cuyo contexto se ha


accionado de inaplicabilidad, corresponde señalar que el caso se origina por
demanda de indemnización de perjuicios, interpuesta con fecha 29.08.2018,
ante el Segundo Juzgado de Letras en lo Civil de Buin.

En ella, accionaron diversos propietarios de casas ubicadas en el


condominio Amanecer XVII ubicado en La Reina, en contra de Constructora
Juan Pablo Rodríguez y Compañía Limitada, en su calidad de constructora,
Inmobiliaria e Inversiones Rio Lapataia Limitada, en su calidad de
propietaria primera vendedora y en contra de Inmobiliaria e Inversiones Rio
Azopardo Limitada, en su calidad de propietaria primera vendedora.

En la demanda, se solicita resarcir los siguientes perjuicios:

a) El valor de la reparación de los daños existentes en las casas ascienden


a la suma de 27.420 Unidades de Fomento o lo que el mérito del proceso indique;

b) El valor de la reparación de los daños existentes en los espacios


comunes ascienden a la suma de 4.391 Unidades de Fomento o lo que el mérito
del proceso indique;

c) El valor de los daños morales totales experimentados por los


demandantes ascienden, que según el libelo, ascienden, en total, a $250.000.000.
Cada actor habría sufrido daños por $10.000.000.-

SÉPTIMO. Que, luego de tramitado el proceso respectivo, con fecha


05.05.2022, el Juzgado acoge la demanda de indemnización de perjuicios, en los
siguientes términos:

I.- que, se RECHAZAN las objeciones documentales opuestas por el


demandado en su escrito de fecha 29 de octubre de 2019;

II.- Que, se RECHAZAN las excepciones de prescripción, falta de


legitimación activa, exceso de avaluó e inimputabilidad del daño opuestas en la
contestación de la demanda;

III.- Que, se RECHAZA la demanda interpuesta en contra de Inmobiliaria


e Inversiones Rio Azopardo Limitada, representada legalmente por Juan Pablo
Rodriguez Varas;

IV.- Que, se RECHAZA la demanda en cuanto a la indemnización de


perjuicios por los daños en los espacios comunes;

V.- Que, se ACOGE la demanda de indemnización de perjuicios


interpuesta con fecha 29 de agosto de 2018 en contra de Constructora Juan

7
0000726
SETECIENTOS VEINTISEIS

Pablo Rodríguez y Compañía Limitada, en su calidad de constructora e


Inmobiliaria e Inversiones Rio Lapataia Limitada, en su calidad de
propietaria primera vendedora, ambas representadas legalmente por Juan
Pablo Rodríguez Varas;

VI.- Que, en consecuencia se CONDENA a Constructora Juan Pablo


Rodríguez y Compañía Limitada e Inmobiliaria e Inversiones Rio Lapataia
Limitada, ambas representadas legalmente por Juan Pablo Rodríguez Varas a
pagar conjuntamente: 1.- A don Martin Sergio Raúl Concha Correa y dona Mirta
del Pilar Ramírez Baltra la suma de 3503,6 unidades de fomento a título de daño
emergente. 2.- A don Ricardo Francisco Benavente la suma de 3503,6 unidades
de fomento a título de daño emergente. 3.- A doña Patricia Loreto Muñoz
Ascueta y don Miguel Eduardo Peña Bizama la suma de 3503,6 unidades de
fomento a título de daño emergente. 4.- A don Cristian Leonardo Cespedes
Viñuela y dona Barbara Alejandra Soto Vidal la suma de 3503,6 unidades de
fomento a título de daño emergente. 5.- A don Reynaldo Rodrigo González
Ramos la suma de 3503,6 unidades de fomento a título de daño emergente. 6.- A
Martin Sergio Raúl Concha Correa, Mirtha del Pilar Ramírez Baltra, Martin
Andrés Concha Ramírez, Ricardo Francisco Benavente Nitsche, Claudia Irene
Lynch San Martin, Maximiliano Andrés Benavente Lynch, Ignacio Pablo
Benavente Lynch, Miguel Eduardo Pena Bizama, Patricia Loreto Muñoz
Ascueta, Cristobal Felipe Pena Muñoz, Rodrigo Antonio Pena Muñoz, Miguel
Emilio Pena Muñoz, Diego Andrés Pena Muñoz, Herman Osses Fuenzalida,
Herman Osses Barriere, Elena Osses Barriere, Julián Osses Barriere, Daniela
Ramírez Estrada, Cristian Leonardo Cespedes Viñuela, Barbara Alejandra Soto
Vidal, Antonia Belén Cespedes Soto, Pedro Alfonso Cespedes Soto, Reinaldo
González Ramos, Abby Flies Anon, y José Domingo González Flies, la suma de
$2.000.000 de pesos, cada uno, a título de dañó moral.”

OCTAVO. Que, la sentencia del Tribunal Civil fue apelada. Conociendo de


tal arbitrio, la Corte de Apelaciones de San Miguel, con fecha 10.05.2023, revocó
parcialmente la sentencia, únicamente en cuanto no la había acogido respecto
de uno de los demandados. Resuelve, en concreto, que “Se revoca la sentencia
apelada de cinco de mayo de dos mil veintidós, sólo en cuanto rechazó la
demanda respecto de la demandada Inmobiliaria e Inversiones Río Azopardo
Limitada, y se declara que también se acoge la demanda de indemnización de
perjuicios deducida en su contra, en los mismos términos que respecto de la
sociedad Inmobiliaria e Inversiones Río Lapataia Limitada, esto es, en calidad
de propietaria primera vendedora. En consecuencia, se condena a Inmobiliaria
e Inversiones Río Azopardo Limitada, a pagar conjuntamente con las sociedades
Inmobiliaria e Inversiones Río Lapataia Limitada y Constructora Juan Pablo
Rodríguez y Compañía Limitada las sumas de dinero que se singularizan en los
puntos resolutivos VI.- y VII.- de la sentencia de primera instancia”.

8
0000727
SETECIENTOS VEINTISIETE

Frente a dicha decisión adversa, se alzó la requirente vía casación en la


forma y en el fondo, recursos cuya tramitación se encuentra actualmente
suspendida, por decisión de nuestra Magistratura. Allí está llamada a incidir la
inaplicabilidad planteada;

III.- RESPONSABILIDAD CIVIL Y CONSTRUCCIÓN. CONTEXTO Y


ALCANCES ESPECÍFICOS SOBRE LA NORMA IMPUGNADA.

NOVENO. Que, como se ha apuntado, en el caso de marras, se impugna la


aplicación del inciso primero del artículo 18 de la Ley General de Urbanismo y
Construcciones, disposición que configura un régimen de responsabilidad civil
especial, aplicable al “propietario primer vendedor” de una construcción. Como
se apuntó en el considerando cuarto, dicha norma se ubica en el Título Primero
(Disposiciones Generales), Capítulo III (De los profesionales), del referido cuerpo
normativo, correspondiendo a una disposición de carácter especial, vinculada a
una materia especialmente regulada.

DÉCIMO: Que, no en vano, se ha afirmado en nuestro medio que “La


industria de la construcción es una de las más trascendentales del mundo. Las
obras de construcción nos benefician y afectan a todos, sin importar el país o del
tipo de sociedad en que nos encontremos. Por ello es posible sentir a diario sus
virtudes, deficiencias y ausencias, tanto a nivel mundial como en la cotidianidad
de nuestras vidas”.

En este sentido, se añade, es la industria de la construcción “la que nos


permite tener un techo sobre nuestras cabezas, la que lleva agua limpia y
potable a nuestros hogares, la que nos permite generar rutas de transportes, la
que nos proporciona electricidad para todas nuestras actividades diarias, la que
nos permite trabajar, disponer de lugares para cuidar nuestra salud y mejorar
nuestro bienestar social, entre tantas otras cosas. No cabe duda, entonces, lo
clave y relevante que es esta industria para el desarrollo humano, social y
económico” (PADILLA PAROT, Ricardo (2023). El contrato de construcción privado:
alcances, obligaciones y responsabilidad. Santiago: Editorial Thomson Reuters,
p. 1);

DÉCIMO PRIMERO: Que, dada la relevancia que tiene la industria de la


construcción y la complejidad que representa en sí la actividad constructiva, en
la que intelectual y materialmente intervienen distintos sujetos, con distintos
roles, es que la responsabilidad derivada por daños o defectos de la
construcción ha recibido un tratamiento legislativo especial. Se trata de un
ámbito en el que, en nuestro medio, ha operado la descodificación del Derecho
Civil.

9
0000728
SETECIENTOS VEINTIOCHO

En este sentido, se ha hecho acento en que “En las faenas y tareas


constructivas hay, como en otras labores complejas, muchas ocasiones para que
se produzcan daños, sea en las personas o en los bienes de terceros. Desde
antiguo, por tanto, ha preocupado a los legisladores establecer un régimen
normativo especial que permita determinar el grado y la forma de hacer valer la
responsabilidad de quienes se dedican a la actividad constructiva, y que
trasunta también un interés colectivo de que las obras, edificios y
construcciones en general presenten una solidez y firmeza que evite la
inseguridad de la población” (CORRAL TALCIANI, Hernán (1999). Responsabilidad
civil extracontractual en la construcción. En Gaceta Jurídica N° 223, p. 31).

DÉCIMO SEGUNDO: Que, al aproximarse a este complejo ámbito, no


puede perderse de vista, como lo ha advertido la doctrina comparada, que
“Describir las responsabilidades de los sujetos intervinientes en la construcción
de edificios, como cualquier otra parcela de la responsabilidad civil, supone
entrar en un ámbito de la realidad social y humana patológico y conflictivo”. Es
por ello que “El Derecho incide en él marcando un sistema de criterios
orientados a restablecer la paz social, en este caso solucionando un concreto
conflicto de intereses: el que surge, en la mayoría de las ocasiones, entre el
adquirente de vivienda perjudicado y los constructores. Y surge al constatar, al
cabo de más o menos tiempo de la entrega de la vivienda o local, alguna o
algunas anomalías o deficiencias en la construcción”. Siendo usual que “En la
inmensa mayoría de las ocasiones el perjudicado es el comprador que adquirió
de un promotor la vivienda o local o el subadquiriente que la adquirió de un
primer comprador” (ORTI VALLEJO, Antonio. “La responsabilidad civil en la
edificación”. En REGLERO, Luis Fernando (Coordinador) (2006). Tratado de
Responsabilidad Civil. Navarra: Aranzadi, pp. 1849-1850).

DÉCIMO TERCERO: Que, el aludido conflicto se relaciona con intereses


protegidos de carácter fundamentalmente económico, como la calidad de lo
fabricado, la calidad de la edificación, sin perjuicio de que también se vincula
con derechos e intereses no económicos: “También, indudablemente, la
seguridad de los ocupantes [y terceros], si bien se ha de reconocer que la
práctica ofrece pocos ejemplos de daños personales provocados por defectos de
edificación. Los problemas son en la mayoría de los casos por defectos
cualitativos que redundan en la utilidad o, a lo sumo, defectos que si no se
reparan pueden en un futuro poner en riesgo la vida o integridad de los
ocupantes” (ORTI VALLEJO (2006) p. 1850)

DÉCIMO CUARTO: Que, es en el descrito ámbito de conflicto de intereses,


en el cual se inserta la regla impugnada. La que, a fin de responder
adecuadamente a las objeciones planteadas por la requirente, analizaremos a
continuación.

10
0000729
SETECIENTOS VEINTINUEVE

DÉCIMO QUINTO: Que, la regla impugnada determina un régimen


especial de responsabilidad, que tiene por legitimado pasivo a un sujeto preciso
y determinado: el propietario primer vendedor de una construcción.

Por tal, ha de entenderse, siguiendo a la Ordenanza General de


Urbanismo y Construcciones, al “…titular del dominio del inmueble en que se
ejecutó una obra y que realiza, a cualquier título, después de su recepción
definitiva, la primera enajenación de la totalidad o de cada una de las unidades
vendibles” (art. 1.1.2.)

Este sujeto equivale a lo que en otras latitudes se conoce como promotor


inmobiliario, destacando la doctrina, en este sentido que “La ley Nº 19.472 del
año 1996, es el primer cuerpo legal dictado con la precisa finalidad de
garantizar la calidad de la construcción, al conferir una mayor protección a las
personas por los daños sufridos por los vicios de la construcción. Vino a
establecer la figura del propietario primer vendedor (=PPV) –que en el derecho
comparado corresponde al promotor inmobiliario– ante el cual se centraliza la
calidad de legitimado pasivo a fin de dirigir en su contra las acciones de
resarcimiento que nazcan de errores de diseño, de una construcción defectuosa
o de materiales de mala calidad; sin perjuicio del derecho del PPV para dirigirse
en contra de los proyectistas, constructores y fabricantes que han participado
en esa construcción para que le reembolsen lo pagado por hechos imputables a
éstos” (SILVA BOGGIANO, Macarena(2005). “La responsabilidad civil de los
profesionales de la construcción, después de la modificación al artículo 18
(nuevos incs. 7,8 y 9) de la LGUC”. En Revista de Derecho Administrativo
Económico Nº 15, p. 115).

Es decir, en materia inmobiliaria, “frente al perjudicado, el primer


responsable es el propietario primer vendedor de la edificación, quien
responde por “todos los daños y perjuicios” que provengan de fallas o defectos
en ella, sea durante su ejecución o después de terminada y/o entregada
materialmente y en dominio” (PADILLA PAROT (2023) p. 483).

La doctrina ha expuesto al efecto que “quien encarga la construcción


asume los riesgos por defectos de construcción, incluso respecto de futuros
propietarios y terceros en general, aunque no haya un vínculo contractual
directo. La responsabilidad tiene por solo antecedente colocar el edificio en el
mercado” (BARROS BOURIE, Enrique (2008). Tratado de Responsabilidad
Extracontractual. Santiago: Editorial Jurídica de Chile, p. 781)

La jurisprudencia, igualmente, analizando la regla impugnada, ha


sostenido que la inclusión del propietario primer vendedor como legitimado
pasivo por excelencia obedece a que “es el propietario primer vendedor quien
realiza un acabado estudio y luego propone un proyecto concreto a la autoridad,

11
0000730
SETECIENTOS TREINTA

con especificaciones técnicas e incluso supervisiones y revisiones, en su caso”


(Corte Suprema, Causa Rol N° 2420-2015, considerando 10°).

DÉCIMO SEXTO: Que, conforme a la regla impugnada, entonces, el


propietario primer vendedor será responsable de “todos los daños y
perjuicios que provengan de fallas o defectos en ella, sea durante su ejecución o
después de terminada.

De modo que, respecto del daño indemnizable, la regla es amplia en


cuanto a la naturaleza de del mismo, pues guardando semejanza con lo
dispuesto en los artículos 2314 y 2329 del Código Civil, ordena la reparación
integral del daño, al decir que corresponde al propietario primer vendedor
resarcir “todos los daños y perjuicios”. La doctrina lo ha reconocido, al señalar
que “en esta sede puede ser demandado e indemnizado no sólo el daño
emergente y el lucro cesante, sino también el moral o extrapatrimonial”
(PADILLA PAROT (2023) p. 484).

La jurisprudencia, igualmente, ha considerado tajantemente que la regla


impone el resarcimiento tanto de daños patrimoniales como no patrimoniales: “
idea que es reiterada por la norma del artículo 18 de la Ley General de
Urbanismo y Construcciones, en la que se sustenta la demanda, en cuanto
enseña que el propietario primer vendedor de una construcción ser
responsable por todos los daños y perjuicios que provengan de fallas o defectos
en ella, lo que evidentemente incluye el padecimiento emocional” (Corte de
Apelaciones de Rancagua. Rol 750-2020, c. 1°; Confirmada por la Excelentísima
Corte Suprema, Rol 32.586-2021, de 18.05.2022).

Lo anterior resulta del todo razonable, pues como se apuntó en el


considerando décimo tercero, en el ámbito de conflicto en que se inserta la regla
impugnada, concurren intereses protegidos de carácter económico y no
económico, como lo son, en este último caso, la vida o integridad de los
ocupantes de la construcción.

DÉCIMO SEPTIMO: Que, luego, según se desprende claramente de la


norma impugnada, los daños cuyo resarcimiento son de cargo del propietario
primer vendedor, son aquellos que provienen de fallas o defectos en la
construcción.

Es decir, para que proceda la indemnización, el demandante debe probar


que los daños experimentados son una consecuencia de dichas fallas o defectos.
Debe mediar, ciertamente, una relación de causalidad entre la falla o defecto de
la construcción y el daño experimentado por el demandante, cuya
indemnización pide.

En este sentido, se ha puesto acento en que “el demandante tendrá la


carga de probar no sólo la existencia del daño reclamado, sino también la

12
0000731
SETECIENTOS TREINTA Y UNO

relación de causalidad entre el daño y las fallas o defectos constructivos (que


también deberán probarse)” (DIAZ DE VALDÉS HAASE, Macarena (2022).
Protección del consumidor inmobiliario en el Derecho chileno. Santiago: Legal
Publishing, p. 178)

Dicha exigencia permite al demandado la exoneración o morigeración de


la responsabilidad, según no exista nexo causal o bien intervenga una concausa
como lo puede ser la culpa de la víctima. Así, se ha advertido que “Cualquier
otro factor que intervenga en la existencia del daño rompe el necesario nexo
causal entre la falla o defecto y el daño, liberando de responsabilidad al
propietario primer vendedor”, destacando como ejemplo de causa que rompe
tal nexo, el caso fortuito. Igualmente, se advierte que “La culpa de la víctima
también puede constituir una causal de exoneración de responsabilidad o, al
menos, abre la posibilidad de que existan concausas y, por lo tanto, se deba
proceder a la rebaja de la indemnización”, pudiendo ocurrir lo anterior frente
“a los daños derivados de las reparaciones realizadas por el propio comprador
de la vivienda, de la mal conservación de la obra o de su inadecuada utilización”
(DIAZ DE VALDÉS HAASE (2022) p. 179).

DÉCIMO OCTAVO: Que, luego, en relación al factor de imputación de la


responsabilidad del propietario primer vendedor, la doctrina está conteste en
que se trata de un caso de responsabilidad que prescinde de la culpa, siendo esta
de carácter estricta.

En este sentido, se ha señalado que “La responsabilidad del propietario


primer vendedor es de carácter objetivo o sin culpa, aunque el texto de la ley no
lo señala en forma expresa. Al respecto hay antecedentes en la historia del
establecimiento de la norma y así ha sido reconocido por nuestra doctrina”.
Advirtiendo, eso sí, que “no se trata de una responsabilidad objetiva absoluta
fundada únicamente en la causación de un daño, sino de lo que la doctrina
denomina modelos de responsabilidad estricta […] calificada por factores de
imputación adicionales a la causalidad pero que son diversos de la culpa
subjetiva (actividad riesgosa, producto defectuoso, cosas peligrosas)” (FIGUEROA
VALDÉS (2022) p. 489).

Como explica Enrique Barros, “La responsabilidad del primer


propietario es estricta calificada, pues está determinada por las fallas o defectos
de construcción que hayan dado lugar a los daños. Acreditado el defecto, es
indiferente cómo llegó a producirse; de modo análogo a como en el derecho
comparado el productor puede ser hecho responsable por los daños causados
por un producto calificado de defectuoso, el primer propietario es responsable
por los daños causados por fallas o defectos de construcción. En consecuencia,
quien encarga la construcción asume los riesgos por defectos de construcción,
incluso respecto de futuros propietarios y terceros en general, aunque no haya un

13
0000732
SETECIENTOS TREINTA Y DOS

vínculo contractual directo. La responsabilidad tiene por solo antecedente


colocar el edificio en el mercado” (BARROS BOURIE (2008) p. 781). Precisa Carlos
Pizarro Wilson que “estamos en una hipótesis de responsabilidad estricta por el
hecho de otro y otros, pues dichos defectos, fallas o errores serán imputables al
constructor, al arquitecto, al calculista u otros subcontratistas. De ahí el derecho
a repetir contra ellos a favor del propietario primer vendedor” (PIZARRO WILSON,
Carlos (2010). Daños en la construcción, fuerza mayor y terremotos. Revista De
Derecho - Pontificia Universidad Católica De Valparaíso (N° 34), p. 170)

En línea de lo anterior, la Corte Suprema ha resuelto que “Se equivoca el


demandante y recurrente de casación en el fondo cuando sostiene que no es
carga suya probar las fallas o defectos en la construcción, sino sólo el daño y el
vínculo causal, desde que el solo hecho de tener que acreditar este último
supone establecer la relación entre los daños y perjuicios y los defectos en la
construcción que se le imputan al demandado. Dicho en otros términos, la
responsabilidad objetiva solo exonera de la carga de probar la culpa o dolo, pero
en ningún caso es posible prescindir de los otros elementos de la
responsabilidad Civil (Corte Suprema, Rol N° 83441-2016, c. 5°).

DÉCIMO NOVENO: Que, igualmente, resulta relevante destacar, en


relación al régimen de responsabilidad contenido en el artículo 18, inciso
primero, de la Ley General de Urbanismo y Construcciones, que la obligación de
responder por parte del propietario primer vendedor es “sin perjuicio de su
derecho a repetir en contra de quienes sean responsables de las fallas o defectos
de construcción que hayan dado origen a los daños y perjuicios.”.

En este sentido, si bien el propietario primer vendedor se encuentra


obligado a responder directamente al damnificado, por los daños derivados de
fallas o defectos a los que con su acción u omisión contribuyeron otros sujetos
que intervinieron en el proceso constructivo, éste puede accionar de reembolso
o de repetición en contra de dicho agente, para obtener el pago de lo que
proporcionalmente le corresponda.

VIGÉSIMO: Que, finalmente, corresponde señalar que en esta materia, el


legislador no alteró la distribución del onus probandi, de lo que se sigue que
corresponde “al demandante acreditar los presupuestos de la acción del
artículo 18 de la Ley General de Urbanismo y Construcciones, para lo cual era
necesario acreditar a) la calidad de primera vendedora de la demandada, b) los
daños y perjuicios producidos; c) la relación de causalidad entre éstos y el
diseño o construcción del inmueble; y d) que tales daños se hayan producido
durante la ejecución o después de terminada la obra.” (Corte Suprema, Rol N°
11211-2024, c. 6°).

IV.- SOBRE LAS PRETENDIDAS INFRACCIONES CONSTITUCIONALES

14
0000733
SETECIENTOS TREINTA Y TRES

A. LA SUPUESTA INFRACCIÓN AL ARTÍCULO 7° DE LA CONSTITUCIÓN

VIGÉSIMO PRIMERO: Que, la requirente, sostiene que se infringe el


señalado precepto constitucional, en tanto “la Corte de Apelaciones de San
Miguel con fecha 10.05.2023, revoca la sentencia y declara que además se acoge
la demanda también en contra de la Sociedad Inmobiliaria e Inversiones Rio
Azopardo Limitada. (Extiende la responsabilidad de manera inconstitucional),
ello debido a que dicha sociedad no es la primera empresa vendedora ni la
constructora en el caso concreto de autos.”

VIGÉSIMO SEGUNDO: Que, como se aprecia de la argumentación


transcrita, la pretendida infracción del artículo 7° constitucional se construye
sobre lo que sería una aplicación improcedente de la disposición legal
impugnada, por parte de la Corte de Apelaciones de San Miguel, pues a juicio de
la requirente se habría aplicado el régimen de responsabilidad contenido en el
precepto impugnado, a una sociedad que no sería ni primer propietario
vendedor ni constructor.

La cuestión planteada no tiene trascendencia constitucional, pues


implica calificar si la Sociedad Inmobiliaria e Inversiones Rio Azopardo es
sujeto imperado por el precepto reprochado, lo que no es propio de la
competencia de esta Magistratura cuyo ejercicio se ha requerido, como quiera
que no nos corresponde determinar la legislación aplicable al caso. La correcta
o incorrecta aplicación de la norma impugnada puede y debe ser revisada por
los recursos procesales pertinentes, como el recurso de casación que está
sometido a decisión de la Corte Suprema.

En mérito de todo lo hasta aquí expuesto, la impugnación planteada será


desestimada.

B. SOBRE LA PRETENDIDA INFRACCIÓN AL ARTÍCULO 19 N° 2 DE LA


CONSTITUCIÓN

VIGÉSIMO TERCERO: Que, al fundar la infracción de la garantía


constitucional de igualdad ante la ley, la requirente se limita a señalar que “la
responsabilidad civil objetiva vulnera la garantía constitucional en comento, ya
que se estaría privando de manera discriminatoria y arbitraria, del derecho
fundamental porque basta que exista un daño y se debe responder por parte del
primer propietario, discriminación que carece de toda razonabilidad y
justificación. Sin perjuicio de vulnerar también el principio de la
proporcionalidad en el caso concreto se debe responder. El artículo 18 de la Ley
General de Urbanismo y Construcción, Al no distinguir, comprende de forma
amplia tanto los daños materiales, esto es daño emergente y lucro cesante, como
al daño moral ?????. (SIC) El legislador y los Tribunales de Justicia, al aplicar la

15
0000734
SETECIENTOS TREINTA Y CUATRO

norma inconstitucional, en el caso concreto de autos, se encuentran vulnerando


abiertamente, por tanto, al principio de legalidad establecido en los artículos 7
de la Constitución Política de la República; vulnerando, además, distintos
derechos fundamentales.”

VIGÉSIMO CUARTO: Que, pese a la deficitaria argumentación empleada


al construir este reproche, se puede entender que la requirente considera que la
consagración de un régimen especial de responsabilidad – que califica de
objetivo - importaría una discriminación o trato diferenciado, carente de
razonabilidad y justificación. Apuntando también al hecho de que dicho
régimen comprende el resarcimiento del daño patrimonial y no patrimonial.

VIGÉSIMO QUINTO: Que, como punto de partida, es menester señalar


que nuestra Magistratura se ha pronunciado, en múltiples ocasiones, respecto
de preceptos legales vinculados a la responsabilidad civil, tanto pertenecientes
al régimen común del Código Civil o bien a regímenes especiales de
responsabilidad, situados fuera del Código Civil.

Más allá de listar los casos fallados, resulta pertinente señalar que, en la
jurisprudencia de esta Magistratura, se observan al menos dos criterios
relevantes para el caso de autos. Primero, que la obligación de responder de los
perjuicios causados no se restringe al ámbito puramente legal. Y, segundo, que
la Constitución no prejuzga en cuanto a cuál debe ser el fundamento de la
obligación de reparar un daño sufrido por una persona.

VIGÉSIMO SEXTO: Que, en cuanto a lo primero, según se lee en STC Rol


N° 6242, de 30.01.2022, nuestra “Magistratura Constitucional ha señalado
precedentemente que el principio de responsabilidad -la obligación de
responder por los perjuicios causados por la infracción de un deber jurídico- no
queda restringido al ámbito puramente legal, pues está incorporado al
ordenamiento constitucional, el que no solo otorga rango constitucional a la
responsabilidad civil y penal, sino que consagra estatutos concretos de
responsabilidad o bien se lo ha encomendado al legislador según lo expresado
en Roles Nº 943, c.13º, Nº 2747, c.5º y; Nº 2801, c.5º” (C. 16°).

En relación a lo segundo, en STC Rol N° 1564, se asentó que “(…) la


Constitución no prejuzga acerca de cuál debe ser el fundamento de la obligación
de reparar un daño sufrido por una persona. En nuestro derecho la obligación
de reparar un daño no es siempre atribuible al dolo o la culpa del
responsable del mismo, sino que muchas veces tiene su fundamento en
hipótesis de responsabilidad estricta u objetiva, verbigracia el artículo 155
del Código Aeronáutico; el artículo 21 del Código de Minería (…) en cualquier
caso, para que proceda la responsabilidad civil estricta es necesario que la
ley lo disponga expresamente, pues es un caso excepcional” (c. 39°).

16
0000735
SETECIENTOS TREINTA Y CINCO

VIGÉSIMO SÉPTIMO: Que, efectivamente, la requirente acierta en un


aspecto de su reproche: que la disposición impugnada implica una diferencia de
trato, si se la compara con el régimen común de responsabilidad, contenido en
el Código Civil, que reconoce como factores de imputación al dolo y la culpa
([Link]. art. 2314 del Código Civil).

Como se ha expuesto, en el caso de la responsabilidad del propietario


primer vendedor, a que se refiere el precepto impugnado, se prescinde de
consideraciones vinculadas a su dolo o culpa, tratándose, según se ha dicho, de
un régimen de responsabilidad estricta calificada, cuyos elementos ya han sido
analizados en esta sentencia.

VIGÉSIMO OCTAVO: Que, sin embargo, el sólo hecho de tratarse de un


régimen de responsabilidad estricta no es suficiente para sostener la
inconstitucionalidad del mismo, comoquiera que la Constitución no prejuzga
respecto del fundamento de la obligación de reparar los daños causados.

VIGÉSIMO NOVENO: Que, el dilema que plantean los regímenes de


responsabilidad objetiva, frente a la Constitución, ha sido abordado por la
doctrina. Así, Hernán Corral es de la opinión de que la sustitución completa del
sistema subjetivo por el de responsabilidad estricta es una “posibilidad que
debe descartarse, en cuanto que prohibir a la víctima recabar indemnización
del que causó culpablemente un daño injusto sería contrario a la justicia
conmutativa y, por tanto, inconstitucional. La responsabilidad civil por culpa
tiene un respaldo constitucional fuerte”. Añadiendo, en seguida, que “no puede
decirse que el hecho de que un régimen de responsabilidad no se funde en
la culpa del autor del daño lo transforme necesariamente en injustificado e
inconstitucional. Evidentemente un sistema de responsabilidad objetiva en el
que se imponga el deber de reparar en forma absolutamente aleatoria y
arbitraria sería contrario a la Constitución. Algún nexo de imputación diverso
de la culpa es necesario que exista para que sea explicable el deber de reparar
en una determinada persona. Por de pronto, se hace necesario un vínculo causal
entre el actuar del que ocasiona el daño y el daño producido, y además una
razón que opere como justificante de que el que causa el daño debe soportarlo
en definitiva, aunque no se haya obrado por culpa” (CORRAL TALCIANI, Hernán
(2003). Lecciones de Responsabilidad Extracontractual. Santiago: Editorial
Jurídica de Chile, pp. 75-76).

TRIGÉSIMO: Que, en línea de lo anterior, en torno al establecimiento de


regímenes de responsabilidad objetiva, se ha advertido que resulta “necesario
efectuar un juicio prudencial sobre la conveniencia social de que en una
determinada materia o sector de actividades sea regido por un modelo de
responsabilidad objetiva, ya que el modelo de la culpa se hace inadecuado e
ineficiente. Este juicio de conveniencia debe ser reservado al legislador, sin que

17
0000736
SETECIENTOS TREINTA Y SEIS

sea aceptable que se impongan regímenes de responsabilidad objetiva por


decisión judicial” (CORRAL TALCIANI (2004) p. 76). O, en otros términos, que “La
mayor o menor extensión que se otorgue a la responsabilidad estricta dentro
del ordenamiento de la responsabilidad civil depende de decisiones del
legislador. Como se señaló, la responsabilidad civil supone enfrentar la
pregunta acerca de cuáles daños estamos dispuestos a tolerar como costo de la
vida en sociedad y cuáles tenemos derecho a que nos sean indemnizados. En
otros términos, la atribución de responsabilidad civil supone una calificación
previa del riesgo a la luz de los fines de la responsabilidad civil” (BARROS BOURIE
(2008) p. 31).

TRIGÉSIMO PRIMERO: Que, de lo hasta aquí expuesto, es posible


señalar que la existencia de regímenes de responsabilidad por daños, de
carácter estricta u objetiva, no se encuentra proscrita, per se, por la Constitución
y que cada régimen ha de ser enjuiciado constitucionalmente conforme a su
propio mérito y fundamentos. En el caso de autos, la requirente se limita a
sostener que la consagración del régimen especial contenido en el artículo 18,
inciso primero, de la Ley General de Urbanismo y Construcciones, no estaría
dotada de razonabilidad y justificación, sin mayor explicación. Como se
expondrá, ello no es efectivo.

TRIGÉSIMO SEGUNDO: Que, en este sentido, no puede sino concordarse


en que la decisión de someter una determinada materia o ámbito de actividad a
un régimen de responsabilidad estricta u objetiva es de competencia exclusiva
del legislador. No podría un Tribunal ordinario, ni este Tribunal, establecer un
régimen tal, mediante decisión judicial.

Sin embargo, que ello corresponda al legislador no libera a la respectiva


decisión legislativa del control de constitucionalidad, pues dicho órgano, como
todo poder público debe respeto a la Constitución, la que consagra, entre otras,
la garantía de igualdad ante la ley, cuya infracción invoca la parte requirente.

TRIGESIMO TERCERO: Que, respecto de la garantía de igualdad ante la


ley, cabe recordar que, según la constante jurisprudencia de este Tribunal, ella
“consiste en que las normas jurídicas deben ser iguales para todas las personas
que se encuentren en las mismas circunstancias y, consecuencialmente,
diversas para aquellas que se encuentren en situaciones diferentes. No se trata,
por consiguiente, de una igualdad absoluta, sino que ha de aplicarse la ley en
cada caso conforme a las diferencias constitutivas del mismo. La igualdad
supone, por lo tanto, la distinción razonable entre quienes no se encuentren en
la misma condición. Así, se ha concluido que la razonabilidad es el cartabón o
standard de acuerdo con el cual debe apreciarse la medida de igualdad o la
desigualdad” (STC 12.415, c. 37°). Por lo anterior, forzoso es examinar si el
tratamiento diferenciado que la norma impugnada dispensa a la

18
0000737
SETECIENTOS TREINTA Y SIETE

responsabilidad del propietario primer vendedor, frente a las reglas generales


que rigen la responsabilidad civil, es o no arbitrario.

TRIGESIMO CUARTO: Que, el régimen especial de responsabilidad


previsto en el precepto impugnado, responde precisamente a la materia en que
incide, esto es, la actividad constructiva, haciéndose cargo de la dinámica
propia esta, en la que intervienen distintos sujetos, en roles y planos diversos.
La actividad es dirigida por el propietario primer vendedor, quien luego
enajena la obra respectiva y con quien tratará el adquirente de la respectiva
edificación. De allí que resulte razonable centralizar la responsabilidad en el
propietario primer vendedor, frente al adquirente de la obra. En este sentido,
como ha recalcado la doctrina, “quien encarga la construcción asume los riesgos
por defectos de construcción, incluso respecto de futuros propietarios y terceros
en general, aunque no haya un vínculo contractual directo. La responsabilidad
tiene por solo antecedente colocar el edificio en el mercado” (BARROS BOURIE
(2008) p. 781). O bien, como lo ha dicho la jurisprudencia, la atribución de
responsabilidad al propietario primer vendedor se justifica en que aquel es
“quien realiza un acabado estudio y luego propone un proyecto concreto a la
autoridad, con especificaciones técnicas e incluso supervisiones y revisiones, en
su caso” (Corte Suprema, Rol N° 2420-2015, c. 10°).

TRIGÉSIMO QUINTO: Que, igualmente, el régimen especial contenido en


el precepto impugnado aparece justificado, en términos racionales, si se
considera que en el ámbito en el que se inserta, existe una clara asimetría en la
información que tienen las partes, en desmedro del adquirente. Dicha asimetría
puede tornar ilusoria la posibilidad de obtener la reparación de los daños
experimentados, de aplicarse el régimen común u ordinario de
responsabilidad, pues implicaría a todo evento identificar al directo
responsable de la falla o defecto de la cual deriva el daño, labor en extremo
compleja habida cuenta de la intervención plural en el proceso constructivo.
Esto fue considerado por el legislador, al establecer la previsión normativa
impugnada y ha sido también destacado por la doctrina.

TRIGÉSIMO SEXTO: Que, en este sentido, al revisarse la historia


legislativa del precepto impugnado, se constata que se tuvo en cuenta que dicha
norma “se refiere a los responsables por los daños causados en la calidad de la
construcción. Al respecto, se estima necesario complementar el texto,
introduciendo la expresión "propietario primer vendedor", con el propósito de
incluir en ella no solamente a la persona natural o jurídica que hubiere
ejecutado la obra, sino también al mandante de ésta”, añadiendo: “Se señaló que
interesa establecer responsabilidades precisas en atención a que hoy día, con la
ley actual, la responsabilidad se traspasa de una a otra persona, sin claridad
para la víctima. Por ello se establece que el propietario primer vendedor será
responsable por todos los daños y perjuicios que provengan de fallas o defectos

19
0000738
SETECIENTOS TREINTA Y OCHO

en la construcción, sin perjuicio de las acciones que le asistan en contra de


quienes sean efectivamente responsables de los daños y perjuicios
causados” (Primer Informe de Comisión de Vivienda en Segundo Trámite
Constitucional ante el Senado, HL N° 19.472, p. 83).

En línea de lo anterior, en la tramitación de la ley, el Diputado Juan Pablo


Letelier sostuvo que “El tema de fondo son los vacíos legales que afectan la
calidad de la construcción (…) El proyecto representa aportes en dos aspectos
principales: en primer término, define las responsabilidades legales en
forma más clara (…)en la legislación vigente existe una gran dificultad de
los afectados para actuar ante las fallas en las obras construidas, ya sea en
los proyectos, como en las construcciones o insumos. Esta iniciativa establece
nuevas definiciones. En primer lugar, que el propietario primer vendedor de
una construcción es el responsable por todos los daños o perjuicios que
provoquen las ilegalidades o defectos de ellas. El propietario primer vendedor
deberá querellarse contra proyectistas y constructores. Hoy el comprador
debe entablar acciones legales contratadas por separado, con lo cual se
diluye la responsabilidad” (Discusión Cámara de Diputados, Tercer Trámite
Constitucional, HL 19.472, p. 217p. 199).

En sentido semejante, el Ministro de Vivienda y Urbanismo subrogante,


indicó que “(…) se podrá evitar que, en el futuro, modestos pobladores sean
víctimas de empresas o profesionales legalmente irresponsables por los daños
que hubieren producido, como ha ocurrido hasta hoy día. De aprobarse esta
iniciativa, la persona que compre un vivienda sabrá a quién demandar para
exigir que se respeten sus derechos. A partir de la vigencia de la ley, el primer
vendedor será el principal responsable, sin que ello signifique desconocer la
responsabilidad que puede corresponder a los proyectistas, constructores
y fabricantes. (Discusión Senado, Tercer Trámite Constitucional, HL 19.472, p.
217)

TRIGÉSIMO SÉPTIMO: Que, desde la misma perspectiva, la doctrina


considera que “La LGUC facilita la persecución de la responsabilidad, ya que la
víctima de los daños provenientes de defectos en la construcción –en este
trabajo, el comprador-consumidor de una vivienda nueva– no tiene la carga de
identificar cuál de todos los intervinientes en construcción fue el causante del
defecto constructivo, labor en la que fácilmente podría equivocarse, no solo por
la complejidad de la tarea, sino también por las grandes asimetrías de
información que hacen que exista una escasa posibilidad de control por
parte del adquirente del inmueble y nula por parte de terceros.
Independientemente de quién sea el que ocasionó las fallas o defectos, el
comprador-consumidor víctima de los daños podrá dirigirse contra el
propietario primer vendedor, que es quien se encuentra en una posición
probatoria aventajada” (DÍAZ DE VALDÉS HAASE (2022) p. 147).

20
0000739
SETECIENTOS TREINTA Y NUEVE

TRIGÉSIMO OCTAVO: Que, a mayor abundamiento, lo expuesto resulta


consistente con la mirada actual a la responsabilidad por daños, haciéndose
presente que “el Derecho Civil ya no dirige su mirada, como antes, al autor del
daño, sino que se interesa más bien por la víctima de ese perjuicio, a quien
procura reparar el mal sufrido. No busca tanto un responsable a quien hacer un
juicio de reproche, sino que un daño para indemnizar. Por lo expresado, alguna
doctrina prefiere hablar hoy día de “derecho de daños” o de “responsabilidad
por daños”, poniendo énfasis en este elemento que es el fundamental y no en un
determinado factor de atribución subjetivo de responsabilidad”. Consideración
que “ha abierto la puerta a factores objetivos de atribución de responsabilidad,
esto es, a regímenes de responsabilidad objetiva o estricta, que desplazan a la
culpa como eje central de la responsabilidad. Por lo mismo, si bien antes era un
axioma la expresión “no hay responsabilidad sin culpa”, hoy día se afirma, más
precisamente, que “no hay responsabilidad sin daño”. La existencia de
regímenes objetivos de responsabilidad civil, tanto en Chile como en el derecho
comparado, se explica como una mayor protección de las eventuales
víctimas de actividades que, si bien muchas veces entrañan riesgos para
las personas, se consideran socialmente necesarias” (COURT MURASSO,
Eduardo (2010). Constitucionalidad de los regímenes de responsabilidad
tarifada. En Revista Derecho y Empresa (Universidad Adolfo Ibáñez) N° 22, p.
10).

TRIGÉSIMO NOVENO: Que, por último, la configuración del régimen de


responsabilidad especial contenido en el inciso primero del artículo 18 de la Ley
General de Urbanismo y Construcciones, también aparece justificado,
tratándose de viviendas como en el caso de autos, en la “especial protección que
el derecho proporciona a la vivienda, no sólo como bien/servicio de primera
necesidad para el entretejido social, sino como recurso escaso, lo que la eleva a
rango de bien jurídico” (CORTE SUPREMA. 10 de noviembre de 2005. Rol Nº4908-03.
“Arancibia Perucca, Ruth con Inmobiliaria Cuatro Estaciones S.A.” Fallos del
Mes, nº539, noviembre, pp. 2964-2974). No se trata, entonces, de cualquier
transacción.

CUADRAGÉSIMO: Que, a modo de conclusión de lo hasta aquí razonado,


en cuanto a la infracción a la igualdad ante la ley, aparece claramente que la
regulación especial contenida en el precepto impugnado, que si bien se aparta
de lo que constituye el régimen común de responsabilidad civil por daños (sobre
la base de la culpa probada) no cristaliza un régimen incompatible con la
Constitución, toda vez, en primer lugar, la responsabilidad civil objetiva no está
proscrita por la Constitución, a la par de que la regulación impugnada aparece
revestida de una fundamentación racional, habida cuenta de la complejidad del
sector regulado, no imponiendo arbitrariamente la obligación de responder.
Asimismo, se apoya – justificadamente – en la idea de permitir el acceso a la

21
0000740
SETECIENTOS CUARENTA

justicia de las víctimas, sin privar de posibilidad al propietario primer


constructor de verse resarcido por aquellos que contribuyeron, con su acción u
omisión, a las fallas o defectos de construcción que dieron origen a los daños por
los que se vio obligado a responder.

Finalmente, en lo que concierne a la procedencia de la reparación de los


perjuicios no patrimoniales, a las que alude la requirente al fundar este
reproche, tampoco es un aspecto que pueda censurarse como carente de
justificación o no razonable, pues ello es una consecuencia lógica de que en el
ámbito de conflicto en que se inserta la regla impugnada, concurren intereses
protegidos de carácter económico y no económico, como lo son, en este último
caso, la vida o integridad de los ocupantes de la construcción. De allí que la
referencia “todos los daños y perjuicios”, contenida en el precepto impugnado, no
riña con la garantía del N° 2 del artículo 19 constitucional, siendo por lo demás, la
reparación integral del daño, comprendiendo el no patrimonial, el principio
general recogido en la legislación ([Link]. artículos 2314 y 2329 del Código Civil)

En vista de todo lo expuesto, no cabe sino considerar que el precepto


impugnado aparece revestido de razonabilidad, correspondiendo entonces el
rechazo del requerimiento en esta parte, por no importar su aplicación una
diferencia arbitraria reñida con la garantía de igualdad ante la ley;

C. SOBRE LA PRETENDIDA INFRACCIÓN AL ARTÍCULO 19 N° 3 DE LA


CONSTITUCIÓN

CUADRAGÉSIMO PRIMERO: Que, en cuanto a la infracción artículo 19


N° 3 de la Constitución, en relación al debido proceso, sostiene que “la norma
que se impugna de inconstitucional, es el artículo 18 inciso primero de la ley
General de Urbanismo y Construcción, infringen el principio de igual protección
ante la ley y los elementos del debido proceso. Esto además porque en los
contratos de compraventa se establece que para todos los efectos legales,
judiciales y convencionales de este contrato, las partes fijan como su domicilio la
ciudad y comuna de Santiago”, lo cual evidentemente no se cumple en este caso
porque conoce un tribunal totalmente incompetente como es el Juzgado de
Letras de Buin, transgrediéndose la garantía constitucional del Debido Proceso
Legal.”

CUADRAGÉSIMO SEGUNDO: Que, la alegación descrita será


desestimada, comoquiera que aquella escapa de lo que es propio del control de
inaplicabilidad, al consistir en un planteamiento de incompetencia de los
Tribunales que conocieron de la causa judicial pendiente, fundada en una
supuesta prórroga de competencia contenida en los contratos por los cuales
fueron adquiridas las viviendas concernidas en la causa pendiente. Todo ello

22
0000741
SETECIENTOS CUARENTA Y UNO

fue planteado en el curso del juicio pendiente, ante los Tribunales del fondo,
competentes para conocer tales alegaciones.

CUADRAGÉSIMO TERCERO: Que, por lo demás, corresponde señalar


que el precepto impugnado no configura el procedimiento judicial aplicable a la
demanda por medio de la cual se pretende hacer valer la señalada
responsabilidad, ni altera la regla general del onus probandi que pone de cargo
del actor probar los elementos de esta.

Por cierto, el requerimiento no entrega argumento alguno, vinculado a


los elementos del debido proceso, que innominada y genéricamente se reputan
infringidos, de modo que no hay propiamente un conflicto constitucional sobre
el que pronunciarse.

Todo lo hasta aquí expuesto amerita la desestimación del requerimiento,


en esta parte.

D. RESPECTO A LA PRETENDIDA INFRACCIÓN AL ARTÍCULO 19 N° 26 DE LA


CONSTITUCIÓN

CUADRAGÉSIMO CUARTO: Que, finalmente, en relación a la pretendida


infracción al artículo 19 N° 26, la requirente sostiene que la misma es en
relación a las garantías de los N° 2 y 3 constitucionales, aduciendo que “el
Tribunal Civil de Buin y la Iltma. Corte de Apelaciones de San Miguel, al valerse,
fundamentalmente del artículo 18 de la Ley General de Urbanismo y
Construcción; privaron de eficacia a los derechos fundamentales consagrados
en el artículo 19 numerales 2°, 3° de la Carta Fundamental; y, como
consecuencia de ello, se está afectando la esencia de estas garantías,
vulnerándose, por tanto, el derecho fundamental contenido en el numeral 26°
del mismo precepto.”

El reproche descrito envuelve, como se advierte, un cuestionamiento a lo


obrado por los Tribunales del fondo, no siendo resorte de esta Magistratura
revisar lo resuelto por los órganos jurisdiccionales competentes.

Por lo demás, habiéndose descartado las infracciones a las garantías de


los N° 2 y 3 del artículo 19 de la Constitución, no cabe sino, por consecuencia,
rechazar la pretendida infracción al N° 26 del artículo 19 constitucional.

V.- CONCLUSIÓN

CUADRAGÉSIMO QUINTO: Que, en mérito de lo razonado latamente en


la presente sentencia, el requerimiento de autos será rechazado íntegramente, y
así será declarado.

23
0000742
SETECIENTOS CUARENTA Y DOS

Y TENIENDO PRESENTE lo preceptuado en el artículo 93 incisos


primero, N° 6°, y decimoprimero, y en las demás disposiciones citadas y
pertinentes de la Constitución Política de la República y de la Ley N° 17.997,
Orgánica Constitucional del Tribunal Constitucional,

SE RESUELVE:

I. QUE SE RECHAZA EL REQUERIMIENTO DEDUCIDO A LO


PRINCIPAL DE FOJAS 1. OFÍCIESE.

II. QUE SE ALZA LA SUSPENSIÓN DEL PROCEDIMIENTO


DECRETADA EN AUTOS. OFÍCIESE.

III. QUE NO SE CONDENA EN COSTAS A LA PARTE REQUIRENTE


POR ESTIMARSE QUE TUVO MOTIVO PLAUSIBLE PARA
LITIGAR.

Redactó la sentencia el Ministro señor JOSÉ IGNACIO VÁSQUEZ MÁRQUEZ.

Comuníquese, notifíquese, regístrese y archívese.


Rol N° 14.647-23-INA

24
0000743
SETECIENTOS CUARENTA Y TRES

Daniela Beatriz Marzi Muñoz


Fecha: 27/08/2024

Nancy Adriana Yáñez Fuenzalida José Ignacio Vásquez Márquez


Fecha: 27/08/2024 Fecha: 28/08/2024

María Pía Silva Gallinato Miguel Angel Fernández González


Fecha: 27/08/2024 Fecha: 28/08/2024

Catalina Adriana Lagos Tschorne Marcela Inés Peredo Rojas


Fecha: 27/08/2024 Fecha: 27/08/2024

Natalia Marina Muñoz Chiu


Fecha: 28/08/2024

Pronunciada por el Excmo. Tribunal Constitucional, integrada por su Presidenta,


Ministra señora Daniela Beatriz Marzi Muñoz, y por sus Ministros señora Nancy
Adriana Yáñez Fuenzalida, señor José Ignacio Vásquez Márquez, señora María
Pía Silva Gallinato, señor Miguel Ángel Fernández González, señora Catalina
Adriana Lagos Tschorne, señora Marcela Inés Peredo Rojas y la Suplente de
Ministro señora Natalia Marina Muñoz Chiu.

Autoriza la Secretaria del Tribunal Constitucional, señora María Angélica Barriga


Meza.

María Angélica Barriga Meza


Fecha: 28/08/2024

F96EEC96-95E7-4B50-B9CB-88D411241EEA
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