Enterrada
Introducción
Con un hilo de vida, miró su colgante de cruz, el cual sostenía con fuerza entre sus
manos y entonces supo que saldría de ahí.
Capítulo I Un nuevo comienzo
Un gélido martes de invierno, en su apartamento de New York, Samantha Parker se
preparaba para ir a su monótono y agotador trabajo, como cada día, se preguntaba
cuando su vida iba a dar un giro inesperado, o le pasaría algo emocionante; pérdida en
sus pensamientos Samantha tiró su café encima de la alfombra, maldiciendo entre
dientes limpió el desastre y se dirigió hacia la calle, en busca de su coche, el cual con
mucho esfuerzo compró hacía ya algún tiempo, una vez dentro de su Seat León rojo,
puso rumbo hacia su trabajo.
Vestida con su uniforme de camarera, Samantha suspiró mirando al cielo y se dijo para
sí misma – Pronto conseguiré entrar a esa agencia de modelos, solo tengo que esperar
a que George me llame, diciéndome que les encantaron mis fotos y quieren hacerme
una sesión fotográfica, para ver mi potencial; mientras tanto, tendría que conformarme
sirviendo cafés en la cafetería de la Señora Lily; - Señorita Parker saldré unas horas,
porque a mi marido le subió la tensión nuevamente, encárguese usted de la cafetería,
le dijo la Señora Lily a su empleada; a Samantha le sorprendía la vitalidad que tenía Lily
casi a sus 80 años, aparte de llevar la cafetería, también se encargaba de cuidar a su
marido, un viejo cascarrabias que siempre andaba regañando a todo el mundo a su
alrededor, aun recordaba cuando le tiró el café encima, porque confundió la sacarina
con el azúcar, no entendía como una señora tan dulce y amable aguantaba aquel
hombre, y esta siempre les respondía a sus empleados que no siempre Owen fue así,
pero la vejez lo amargó. Así transcurrió la mañana para Samantha, entre cafés y
crujientes croissants.
Después de una larga mañana Samantha, se dirigió hacía su coche estacionado en
frente de la cafetería, cuando su móvil comenzó a vibrar en su bolsillo, esta se dispuso
a responder apresuradamente a su amiga; - Chloe nena, - Sammy nena porfi apúntate
conmigo a una fiesta de tíos ricachones de mi trabajo, será en la discoteca más
prestigiosa de New York, habrá reservado y hasta comida, además con suerte
podremos conocer algún representante o manager que nos presente y podremos de
una vez por todas desfilar por las grandes y prestigiosas pasarelas de París, te lo juro
habrá peces gordos, es este sábado a las 22:00, anda di que sí Sammy; - a ver Chloe
querida, respira te vas a ahogar, y si acepto ir a la “prestigiosa fiesta”, pero no voy a
aceptar tratos raros ni cosas raras queda claro, chao, te quiero; - genial acabo de
aceptar ir a la fiesta de unos tíos ricachones y excéntricos con la loca de mí amiga, y ni
siquiera tengo un vestido decente que este a la altura, que voy hacer; Samantha
después de aquella inesperada llamada se subió a su coche y se dirigió frustrada
murmurando entre dientes y pensando en porque su amiga la metía en semejantes
aprietos.
Una vez en su piso, en el cual desde su ventana se podía apreciar los coches, los
grandes edificios, de aquella ajetreada ciudad, en la que vivía y no parecía encajar;
entró a su habitación intentado escanear el lugar y reparó en la foto que tenía en su
tocador, en la que salía con su amiga Chloe, era de hace dos años, en las Maldivas, otra
aventura loca, en la cual el cerebro de ese viaje fue su amiga; cogió entre sus manos la
foto y pensó en lo diferentes que eran la una de la otra, Chloe era tan rubia como su
larga y lisa melena, sus ojos eran azules y profundos como el océano, era alta y esbelta,
sus dientes blancos como las artistas de Hollywood, sus labios finos, su carácter era
extrovertido, alegre, coqueta, y en ocasiones muy imprudente, lo cual les había
generado dolores de cabeza en más de una ocasión, sin duda su amiga era digna de ser
una modelo de escándalos, portadas, revistas y prensa amarillista, al mundo al que
quería pertenecer; en cambio ella era lo contrario, pelirroja de larga y rizada melena,
con pequeñas pecas en su nariz y mejillas, sus ojos verdes esmeralda, cejas tupidas,
labios carnosos y rosados, sus dientes eran bonitos, ya que hace unos meses acabó su
tratamiento de ortodoncia, era alta al igual que su amiga y a diferencia de esta si
poseía una figura mucho más atractiva con grandes a tributos que le habían traídos
muchos halagos y también envidias; su carácter era introvertido y le costaba mucho
socializar, aunque la mayoría de veces siempre pasase por ser la chica creída y borde,
era lo contrario, su carácter era muy explosivo y solía ser demasiado orgullosa, pero
sobre todas las cosas siempre fuese la situación que fuese era muy reservada, al
contrario que su amiga, la cual era un libro abierto.
Capítulo II Compras aparatosas, observadas y miradas extrañas