Pequeñas Guerras
Pequeñas Guerras
EL TORNILLO ANDANTE
Era un sábado por la mañana en la casa Uzumaki, y como todos los sábados, Naruto podía
descansar e ir a su trabajo pasadas las dos de la tarde.
Últimamente las cosas estaban tan tranquilas, que Naruto se preguntaba cómo podía seguir
siendo importante estar todos los días en el trabajo; abrió los ojos pesadam ente, deseando
quedarse más tiempo en cama. Dormir todo el día, si fuera necesario, pero el movimiento a su
lado le dijo que ya era hora de levantarse.
Se giró hacia el otro extremo de la cama, solamente para encontrarse con la sonrisa de su amada
esposa.
-Buenos días, mi amor- le saludó sonriente, como siempre hacía. Naruto no podía creer que nunca
antes había notado esa sonrisa; se preguntó qué hubiera pasado si no se hubiera dado cuenta de
los sentimientos de Hinata hacia él… pero el simple pensamiento lo aterró.
Naruto Uzumaki no podía imaginar una vida sin esa mujer. Sin su amada Hinata Hyuuga.
-Buenos días, princesa- sonrió, acercando sus labios a la frente de la pelinegra. Hinata envolvió sus
delicados brazos a la cintura de su esposo, y para cuando ya se habían dado cuenta, se besaban
con tanta pasión e insistencia que temían quedarse sin aliento.
Eso era lo que Naruto amaba más de los sábados en las mañanas: los despertares al lado de la
mujer de su vida. Estaba a punto de llevar el asunto más lejos, cuando sintió unas manitas jalar la
sábana de la cama. Hinata soltó una risita inocente y Naruto suspiró pesadamente.
Hinata se bajó de su regazo y ayudó al pequeño rubio que intentaba subirse. Y finalmente, quedó
sobre su padre.
Bolt era su viva imagen: pequeño para su edad, rubio y con los ojos azules como su abuelo paterno
y con dos marcas en ambas mejillas, como él. Y no solamente el físico había heredado de su padre,
sino también el carácter problemática e inquieto que caracterizaba a los Uzumakis.
"Hubiera preferido que fuera como Hinata", pensó Naruto, sentándose sobre la cama. Bolt,
rápidamente y con una sonrisa, gateó hasta quedar cara a cara con su padre.
Había dos cosas que Bolt amaba en su corta vida: una de ellas era a su siempre atenta y cariñosa
madre, con sus cuidados extremos, esa sonrisa como un sol y su deliciosa comida, obviamente. La
otra, era sencillamente hacerle la vida imposible a su padre.
Puede que el mini-Uzumaki fuera tan sólo un niño de dos años, pero sabía a la perfección que su
padre estaba siempre ocupado y, cuando tenía tiempo libre y estaba en cada, no desaprovechaba
la oportunidad para molestarlo.
En el instante en el que Bolt escuchó la puerta cerrarse, el pequeño rubio cambió totalmente su
expresión: de ser el niño bueno de mami sonriente, entornó los ojos y, antes de que su padre
reaccionara, ya le había soltado una patada con su pequeñas piernecitas.
Otra patada.
Una más.
-¡Me has provocado!- y levantó al niño de una pierna y comenzó a zarandearlo. Sabía que tenía
exactamente tres minutos para antes de que su esposa entrara y comenzara a echarle la bronca,
por lo que se acercó a la ventana y, con una aura de maldad y burla, estiró la mano en la cual tenía
sujetado al niño.
Silencio.
Más silencio.
-¡Jajaja!
Entonces, como siempre lo hacía, sus ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a gimotear.
-Oe, no llores- dijo, regresando al niño a su lado. Bolt lo miró, y el gesto de su padre era de total
culpa. Como siempre pasaba cuando le jugaba bromas pesadas al niño.- Bolt-kun, no llores,
pequeño. Sabes que te amo, pequeño demonio- y lo abrazó con fuerza, meciéndolo como su
madre lo hacía.
Y el pequeño se calmó.
Lo admitía: amaba molestar a su padre, y que su madre se riera de sus bromas, pero más amaba
cuando el jinchuriki le hacía mimos y lo trataba como lo que era.
-Te amo, pequeño demonio.- le susurró Naruto al pequeño, besando su coronilla, y el niño se
abrazó con fuerza al cuello de su padre.
Ajenos totalmente a Hinata, quien ya estaba preparada para regañar a su malvado esposo. En
lugar de eso, se tocó el corazón con ternura, encantada con la escena.
Quizás, ya era hora de contarle sobre el secreto que llevaba un mes guardándoles.
Bueno, ahora les traigo el segundo capítulo de la serie de drabbles.
Realmente no sé de dónde sacó esos lentes la pequeña Sarada, o cómo fue que se dieron cuenta
que la mini-vengadora-tsundere los necesitaba, pero es así
Espero les guste, y ya saben sus reviews son bienvenidos así que déjenme unos, nenes!
Prometo contestarlos cuando tenga tiempo, y muchas gracias a los que se tomaron el tiempo de
dejarme unos! LOS AMO! :)
*Ya saben, Naruto no me pertenece, de ser así habría secuestrado a Shikamaru y lo tendría para
mí solita :3
2. CUATRO OJOS
Sasuke Uchiha odiaba dos cosas de la vida: la primera, el arroz blanco sin nada de compañía
(porque al chico Uchiha no le gustaban las cosas comunes, claro estaba), y la segunda y más
importante, que su esposa tuviera que trabajar.
-Sabes que puedo mantenerte a ti y a Sarada con mi sueldo, Sakura- le dijo cuándo su mujer le
dijo que quería volver al trabajo, después del primer año de su hija. Pero claro que Sakura no iba
a hacerle caso; y tras una pelea de largos días, llantos y reclamos (y qué decir de la maravillosa
reconciliación), a regañadientes y todavía bajo los efectos del orgasmo, Sasuke aceptó.
-No tienes qué- dijo el moreno. Estaba agradecido con la Uzumaki, pero en verdad prefería verla
doblando turno a ella que a su esposa. Sakura sonrió, poniéndose su bata de trabajo.
-La última vez me cubrió ella, ¿lo recuerdas?- le susurró al oído, besando su oreja. Y la cara del
Uchiha fue todo un poema. Había muchas cosas que Sakura amaba de su hombre, y la principal
de ellas era la facilidad con la que se sonrojaba; aún le era difícil expresar sus sentimientos.
La pelirosa se rió, y Sasuke se sonrojó, platicando acerca de una visita urgente a casa de los
Uzumaki.
-Es raro que el teme haga reuniones- dijo Sasuke, abrazando a su mujer por la cintura y
pegándola a él.
-Hinata-chan dijo que era "demasiado urgente". Me pregunto qué será… - y se volvió para
abrazarlo.
-No bromees con eso. Después de todo lo que pasaron, dudo que se dejen.
-Muy mal.- y se besaron.
Los aldeanos seguían viendo al último Uchiha como un traidor, y a la pobre Sakura como una
víctima de sus jugarretas.
La pequeña Sarada miraba desde su sillita, con sus rechonchos piecitos colgando, a sus padres.
Era raro ver seguido a su padre, porque cualquier niña de dos años se preguntaría por qué su
padre no pasaba tanto tiempo con ella como debería. Eso era lo único que ella y el dobe de Bolt
tenían en común: padres ausentes.
Pero esa mañana, mientras sus padres tonteaban como enamorados, se dio cuenta de una cosa:
habían dos mamás y dos papás.
La primera vez que vio a su madre dos veces fue la mañana de hace dos semanas: le pareció que
tenía una gemela, pero culpó al hecho de estar recién levantada. Luego, en la ducha, le sucedió
lo mismo con papá. Y durante toda la semana le estaba pasando lo mismo.
-¿Tienes el día libre?- le preguntó la ojiverde a su esposo, mordiendo otro tomate. A su esposa
siempre le sorprendió que pudiera comerse los tomates así sin más. Con lo asquerosos que
eran…
-Asegúrate de llevar a Sara-chan para que juegue con Bolt-kun y Shikadai-kun- Sasuke torció el
gesto.
-No me gusta que se junte con esos dos dobes, hijos de padres igual de dobes.
-Basta ya, hablas del hombre más inteligente de los cinco países… y de Naruto.- y ambos se
rieron.
Sarada, quien ahora tenía toda su atención en el por qué su padre le había dado dos tazas si
nunca se terminaba una, e intentó una vez más tomar su tazita de jugo como lo había querido
hacer desde que su padre se la ofreció, pero ésta cayó al suelo justamente cuando decidía cuál
de las dos era la verdadera, derramándose toda. Sus padres se volvieron a ella, y a Sasuke se le
encogió el corazón cuando vio que la pequeña contenía las lágrimas.
-Vaya, nena, ¿a dónde está mirando?- le dijo tomando su carita, pero la chica siguió mirando al
mismo lugar: a la nada. Eso alertó al Uchiha.- ¿Sarada?
-Sarada está rara últimamente- dijo el Uchiha, revisando que todo estuviera bien con su
pequeña princesa. La idea de que algo malo le sucediera a la sucesora del clan Uchiha no sólo le
aterraba, sino que lo volvía loco.
Puede que media aldea creyera que él todavía era malvado y que le importaban una mierda las
mujeres de su familia, pero aparte de su molesta y nada buena cocinera esposa, Sarada era lo
más importante en su vida. Luego, estaba el dobe, que era como su hermano.
-¿Te duele algo, nena?- preguntó Sakura, pero la niña negó, mirando nuevamente al vacío.
Sasuke se levantó, dispuesto a hacer algo; cuando la niña sintió que su padre se alejaba de su
lado, estiró los brazos desesperada, llamando su atención. No quería que se fuera, lo quería ahí
otro día más. Lo quería siempre, con desesperación, con un amor que sólo se comparaba con el
de su madre.
-Lo veo.- dijo el ex-Akatsuki, con el corazón encogido. Sarada tenía las manitas levantadas hacia
la nada, llorándole a alguien que no estaba ahí.
-Bien, pequeña Sara-chan, mira aquí.- dijo Shizune blandiendo una lamparilla delante de la niña,
quien giró la mirada a su padre, aunque al lugar equivocado, porque miraba hacia la ventana. y
eso fue suficiente para confirmar lo que temían.
-Pues, me imagino que ya saben el problema- dijo Tsunade, poniendo las manos en la cintura.
Los señores Uchiha habían llevado tan rápido como pudieron a la niña con Tsunade, quien
estaba de visita con la ex Mizukage, en la torre del Hokage.
Para Sarada, la ex-Hokage era como su abuela, y aunque la rubia odiaba que la llamara así,
sentía tanta felicidad de ser parte de esa tan extraña y peculiar familia. Además, era la madrina
de la niña.
-Nada le pasa, mamá histérica- dijo la ex Mizukage, torciendo el gesto y volviendo su atención a
Kakashi- Es sólo que la pequeña futura destructora del mundo deberá andar por la vida usando
lentes. Eso es todo.
-¡MEI!- la regañó Tsunade, y ella sólo se encogió de hombros, volviendo a hacerle mimos al
cabello de Kakashi, quien parecía muy encantado con la mujer.
-¿Es eso cierto?- preguntó Sakura, mirando a su sensei. Ella asintió después de mirar largo rato a
la joven.- Pero… ella… el Sharingan… nosotros… - y rápidamente miró a su esposo, quien no
apartaba la mirada de su hija, quien a su vez parecía estarlo buscando mirando a todos lados.
A pesar de no tener una estrecha amistad con la madre de la niña, ella y su padre habían sido
camaradas durante mucho tiempo… aunque, claro, él la había utilizado y luego intentó matarla,
pero esas eran cosas que pasaban.
Miró al Uchiha y su mirada perdida en su hija, inescrutable para todos los presentes e incluso
para su molesta esposa. Pero no para ella. Así que decidió ponerle fin al sufrimiento que sabía el
hombre iba a ocasionarse a sí mismo.
Caminó hasta la niña quien se dio cuenta de su presencia, se quitó los lentes y se los puso a la
pequeña.
-Toma, Sara-chan- le dijo sonriendo. Esperó a que la niña se acostumbrara a ellos, luego la miró,
sonriendo de oreja a oreja.
-La última vez que tu padre tuvo esa mirada tan melancólica y enferma, casi acaba con el mundo
entero- miró entrecerrando los ojos al Uchiha, éste bufó, apenado- Y de verdad, empieza a
gustarme éste lugar.
-Muy madura, Karin-chan- dijo Mei- Pensé que acabarías con el sufrimiento y humillación de la
niña de un sólo golpe, porque si quieres yo…
-¡MEI!- dijeron al unísono Sakura y Tsunade, por lo que la castaña se encogió detrás del Hokage.
Cuando los Uchiha llegaron a la casa de los Uzumaki, los Nara ya estaban ahí.
Sakura había hecho todo lo posible para que Sasuke quisiera ir, porque el Uchiha sólo quería ir a
casa y pasar tiempo de calidad con sus mujeres… pero claro, Sakura no podía pasar un día sin
chismear con la señora Uzumaki.
Las dos familias presentes se quedaron sin habla cuando vieron llegar a los Uchiha, y no había
sido ni siquiera el hecho de que por primera vez los vieron tomados de la mano, o porque
Sasuke tuviera la expresión más fría que jamás le habían visto.
No.
Lo que los había dejado sin habla fue la pequeña Sarada, quien usaba unos enormes lentes rojos
para sus pequeños ojos. Unos que se les hacían muy familiares...
Naruto se mordió la lengua, con las ganas de decir un buen chiste, pero la mirada sombría de su
amigo le advirtió que no era para nada una buena idea, y Shikamaru miró de reojo a su mujer,
quien apretaba los labios intentando reprimir una risotada qué, sabría, haría regresar al viejo
Sasuke revolucionario vengador.
Al oír la vocecita infantil de Sarada saludar, los traviesos niños se levantaron de golpe y, como
pudieron, llegaron hasta ella, quien les sonreía de oreja a oreja.
Y, grave error, porque el pequeño rubio y el mini-genio hicieron lo que sus padres no se
atrevieron: soltaron unas risotadas tan sonoras que se podían escuchar hasta Suna.
-¡Cuato-ogos! ¡Cuato-ogos!- dijeron al unísono, usando la palabra que les habían escuchado a
sus padres con anterioridad.
Cuando tuviera la edad, claro, de ese dobe rubio y su compañero de cabellos en punta, ella se
iba a vengar.
Hola, chicos, aquí con le tercer capítulo!
Este capítulo habla de mis personajes favoritos: Shikamaru, Temari y Shikadai. Amé a ese chico!
Dios, lo mejor de ambos padres! :3
Gracias por todos los reviews, es tan grandioso leerlos! Y por seguirme y a la historia; es
maravilloso, 'ttebayo!
Besos!
Obviamente Naruto no me pertenece, de ser así le habría dado un final diferente al manga y a
Neji no le hubieran tocado ni un pelo.
Shikadai Nara tenía dos años y entendía muchas cosas para ser tan pequeño: por ejemplo, que
su abuela materna gritaba demasiado, aunque nunca a él o su madre. Siempre a su padre,
llamándolo "vago", una palabra que él realmente no entendía.
Sabía que, de todos los "primos", el favorito del tío Hokage Kakashi era él, aunque el pequeño
no entendía eso.
También sabía que la tía Kurenai lo amaba de una manera tan exagerada que solamente se
comparaba a la manera en que su madre lo hacía; lo mismo sucedía con la prima Kasumi*, quien
lo trataba como a un hermano, siempre consintiéndolo y jugando con él a armar rompecabezas
o Shogi.
Sabía que su madre era la mujer más ruidosa e inquieta de todas las madres, pero que cuando
estaba de buen humor era todo un encanto, jugando con él blandiendo su abanico gigante y le
preparaba deliciosa comida. Aunque siempre se quedara dormido a mitad de ella.
Pero lo que más sabía era que su padre repetía mucho la palabra "problemático".
Problemático esto, problemático aquello. Esa palabra la escuchaba tanto desde pequeño, que la
primera que dijo fue, claramente, "problemático". Para sorpresa de su padre, quien había
intentado que dijera "papá".
Entonces, esa mañana el pequeño Shikadai sabía que se había metido en un rollo… muy
problemático.
Como era bien sabido, los Nara poseían una extensa parte de bosque para su criadero de
ciervos, animales que el heredero nunca había podido ver de cerca. A veces, cuando sus tíos
estaban de visita, solían salir al jardín a tomar el té mientras platicaban de cosas que no le
interesaban a un niño de esa edad, así que miraba hacia las nubes desde los brazos de su tío
Gaara. Y siempre, uno de esos hermosos animales le seguía con la mirada.
Shikadai tenía una fascinación por aquellos animales con ojos oscuros y mirada sigilosa; en
cierta manera, los ciervos que deambulaban por el jardín le recordaban mucho a su padre:
sigilosos, calculadores y fríos.
Porque Shikamaru Nara podría ser alguien maravilloso, pero el pequeño tenía un concepto de él
como un hombre frío. Al menos, con él lo era.
Shikadai había encontrado algo mejor que mirar las nubes: los ciervos.
Desde que el pequeño Nara había aprendido a caminar y abrir las ventanas y puertas con
objetos que andaban por su alrededor, su abuela había sugerido cambiar su habitación del
segundo piso a la que era la antigua oficina de descanso de su fallecido esposo. Claro que
Shikamaru y su madre habían tenido una gran pelea respecto a eso, incluso su equipo se había
metido, hasta que su esposa tomó la última palabra, y ahí si no pudo protestar.
Y es que no importaba lo fuerte o valiente que el shinobi fuera, cuando su esposa se enojaba,
incluso él le tenía miedo.
Shikadai despertó como siempre mucho antes que su familia. Esperó paciente e incluso
emocionado, porque sabía que pronto "Oto-sama" se acercaría a su ventana. Había generado
cierta fascinación hacia cierto ciervo en específico, llegando a adorarlo de una manera tan
magnifica y poco saludable, llorando desconsoladamente cuando sus padres lo sacaban de la
casa o cuando el ciervo no andaba por los alrededores. Y hay que decir de Shikadai Nara, que de
todos los niños de dos años, él era el único que no hacía berrinches.
Shikadai se levantó rápidamente y pegó su carita al cristal de la ventana y vio al ciervo. Era
enorme, incluso más que cualquier otro que deambulaba por el jardín, con una piel tan lustrosa
que el pequeño deseaba tocar, unos ojos tan oscuros y fríos como los de su padre, y esa mirada
calculadora e impenetrable.
El ciervo deambuló un rato por el jardín mientras pastaba, tranquilamente de la vida, mirando
de reojo al niño que continuamente lo espiaba desde las mañanas hasta las altas horas de la
noche antes de quedarse dormido.
De pronto, el ciervo escuchó aquella voz llamándolo como siempre a esas horas. Levantó sus
orejas y, después de varios gritos, fue a su encuentro. No apresuró el paso, era demasiado
temprano para ello, por lo que se fue tranquilamente trotando hacia el lugar donde la voz lo
llamaba.
Totalmente ajeno a que estaba siendo seguido por un enano de pelo en punta.
Cuando los primeros rayos de sol se filtraron por la ventana, anunciando oficialmente el inicio
del día, los señores Nara ya habían terminado de amarse, y solamente yacían abrazados
recuperando el aliento. Aunque a ninguno les gustaba despertarse tan temprano, sabían que no
había otro momento del día para ellos solos.
No cuando Shikamaru era el Consejero del futuro Nanadaime, y Temari una ama de casa de
tiempo completo.
-Dormir es maravilloso, ¿no?- le dijo en burla su esposo. Temari se alzó sobre su codo para
poder mirarlo mejor.
Y mientras los tortolos hormonientos se devoraban el uno al otro, Yoshino miró frunciendo el
ceño al pasar por la habitación de su hijo.
"Al menos deberían no hacer ruido, diablos", pensó la señora Nara mientras batía el biberón del
niño para llevárselo.
El biberón rodó por el piso cuando Yoshino se dio cuenta de que la cuna estaba vacía y la
ventana abierta de par en par, con un pequeño bastón de juguete pegada a ella.
Shikamaru no lo pensó dos veces, y salió disparado hacia el jardín, completamente asustado.
Mientras, la señora Nara mandaba un mensaje a Kakashi Hokage, ya que no había mejor
buscador que el pequeño Pakkun.
Y ahora él tenía que cumplir las órdenes de su joven amo, lo que significaba tener que soportar
al molesto prisionero que constantemente les pedía algo que comer. Cuando se acercó al pozo
que contenía al prisionero, se asomó por la pequeña rendija que lo dejaba ver al prisionero.
-¡Oe, maldito, tengo hambre! ¿A qué hora piensas traerme algo de comer?- el macho le dio un
codazo a las rocas, para luego proceder a obedecer. Era mejor eso que seguir escuchándolo todo
el día quejándose.
Procedió a buscar algo para ofrecerle al prisionero, totalmente ajeno a que Shikadai ya estaba
sentado mirando hacia todos esos ciervos.
-¡Ooooohhh…!- dijo el niño, encantado. Jamas en su vida había visto a tantos ciervos reunidos,
todos deambulando de un lado a otro, algunos comiendo, bebiendo agua o solamente ahí
mirándolo. Un pequeño se acercó a él, para luego alejarse cuando intentó tocarlo. Shikadai
estuvo a punto de seguirlo, cuando una voz llamó:
-¿Oro?- susurró, pero no había nadie a su alrededor, sólo un montón de ciervos quienes
parecían conocer a quien hablaba, porque no se movieron de su lugar. Shikadai volvió a
escuchar que alguien habló, luego supo que la voz provenía de ese montículo de rocas. Gateó
hasta llegar a ellas, y vio con asombro por la rendija un par de ojos color violeta, casi rojizos.
-¡Oooohhhh!- dijo el niño, encantado. Aquel par de ojos parecían tan maravillosos, él nunca
había visto unos igual. Creía que los ojos más bonitos en el mundo eran los de su madre, luego
los de la tía Hinata, pero esos ojos rojizos le gustaron al instante.
Estiró sus manitas por la rendija, encantado. Quería ver si el hombre de dichos ojos era igual de
maravilloso.
Hidan, entonces, reconoció esa cara: claro, él jamás olvidaría aquella cara. La tenía presente en
todos sus sueños, a cada momento, porque él había jurado vengarse de aquel que lo había
metido eternamente en aquel oscuro y horrible agujero.
-¡Oe, maldito! ¿¡Al fin te decidirás a sacarme de aquí, maldito!?- dijo enojado el dueño de los
ojos violeta. Shikadai no entendía- ¡Sácame de aquí, maldito!
Shikadai metió las manitas por la rendija, intentando tocarlo pero estaba tan en el fondo que no
lo alcanzó. Al final intentó sacarlas, pero se dio cuenta de que estaba atrapado.
El pequeño Shikadai no era alguien paciente; puede que su físico y algunas características se
asemejaran a su padre, pero cuando se enojaba o se desesperaba tenía claramente toda la
actitud de su amada y problemática madre.
Comenzó a llorar de esa manera tan berrinchuda como solía hacerlo. Porque estaba perdiendo
el control de sí mismo; bajo él, Hidan se dio cuenta de una cosa. Había confundido al enano con
Shikamaru porque tenían un gran parecido, pero se dio cuenta entonces que no eran para nada
la misma persona, porque quien estaba arriba de él era un niño. Y demasiado pequeño, para
variar, con la carita increíblemente rechoncha, mejillas rosadas y unos ojos color turquesa que él
nunca había visto antes.
En cierto modo, el niño era adorable. Por lo que claramente supo quién era…
Su corazón latía de tal manera como nunca antes lo había hecho, la sangre le hervía como si
estuviera en un combate, y nunca antes había sentido tanto miedo.
Shikamaru no era alguien débil. Nunca lo fue. Después de la muerte de Asuma y de su padre, no
había vuelto a derramar ninguna lágrima, ni siquiera cuando su hijo había nacido, tampoco
aquella vez que Temari había sido secuestrada por unos renegados para vengarse del
Kazekage*. Él no era un "bebé llorón" como su esposa siempre lo llamaba, pero en ese
momento, cuando imaginó lo peor, cuando se dio cuenta de que su hijo había desaparecido,
cuando maldijo el tener un bosque en su casa sin ninguna barrera, el miedo se apoderó de él.
Aunque no pasara con él el tiempo que debería pasar un padre con su hijo, amaba a su pequeño
más que a nada en el mundo, era su mayor orgullo y el no volverlo a ver lo volvía loco. Se dio
cuenta entonces de que alguien le seguía.
-¡Pakkun!- dijo el ninja cuando el perro se acercó. Pakkun ya era algo viejo, pero todavía podía
seguir un rastro como sólo él. Se dio cuenta entonces que los demás perros de Kakashi estaban
por todo el bosque.
-¡Shikamaru-kun! ¿¡Qué ha pasado!? ¡Kakashi-kun nos invocó y solamente nos indicó seguir el
rastro de tu mocoso!
-Desperté y no estaba en su cuna. Ni siquiera sé… yo no… - y se detuvo cuando llegó al lugar que
era la tumba de Hidan. Antes de siquiera pensar en que su hijo había tan lejos, se dio cuenta de
que no había ningún ciervo vigilante… y ellos eran muy obediente.
Se aterró al pesar que quizás su hijo había llegado tan lejos, posiblemente siguiendo a los
ciervos, porque había notado que últimamente su pequeño se sentía atraído por los animales. El
pensamiento de que lo hubieran herido lo dejó inmovilizado.
-¡Shikamaru-kun! ¡Shikamaru-kun!- el Nara no lo pensó dos veces y bajó al encuentro, sólo para
que su corazón se saliera de su pecho: su pequeño estaba en el suelo, lloriqueando, con los
bracitos enrojecidos y cubierto de polvo, mientras el ciervo macho líder de la manada parecía
estarlo consolando. Cuando lo vio ahí, sano y salvo (en parte), nunca antes se había sentido más
aliviado.
Corrió a su encuentro, totalmente feliz. Nunca pensó que el ver a su hijo le traería tan felicidad,
así que se arrodilló delante de él y lo abrazó de una manera que nunca antes había hecho. Ni
siquiera le importó estar ejerciendo demasiada fuerza en el pequeño, quien comenzaba a
ponerse morado a falta del aire hasta que Pakkun le recordó que el niño tenía dos años y nada
de fuerza.
-Shikadai, hijo… - sollozó. El pequeño nunca había visto así a su padre, tan frágil y con lágrimas
en los ojos. Se preguntó si se había preocupado por él o si estaba alucinando, pero sentía el calor
de su padre y su amor tan latente, que solamente lloró.
Sabía que estaba a salvo. Su padre lo había salvado. Tal y como el hombre de los ojos violetas
había dicho.
Y tomó a su hijo, el macho se sobó con la espalda desnuda de Shikamaru, y éste les agradeció a
todos el haber cuidado a su bebé.
Cuando volvieron a casa, Temari corrió al encuentro de su esposo y su hijo. Lo tomó en brazos y
lo llenó de besos, limpiando su carita sucia, acariciando sus cabellos, verificando que todo
estuviera bien.
-¡Mi amor, bebé!- lo besó por todos lados, llorando. El corazón de Shikamaru se encogió, porque
nunca había visto a su mujer llorar. En todos los años conociéndola, ni siquiera cuando su
hermano había muerto en aquella ocasión o cuando había nacido su bebé, nunca había llorado.
-Ya estás con mami, ya estás bien.- Yoshino y Kakashi se acercaron también al bebé, aunque su
madre no se apartó de él para nada.
-De nada. Me llevé un susto cuando supe la noticia- dijo aterrado, sobando la cabeza de su
sobrino favorito, quien jugaba con el cabello de su abuela. A Shikadai le gustaban las mujeres de
cabello largo, por eso su afición con la tía Hinata.
Cuando el pequeño levantó las manitas para abrazar a su tío, Kakashi notó algo: sus manos
estaban raspadas, lo que quería decir que probablemente se había lastimado. Y en su mano
derecha, justamente en su dedo índice, notó algo rojizo.
-¿Sangre?- dijo el Nanadaime, tomando el dedo del chico. Todos los presentes se giraron al niño,
quien se tallaba el ojo izquierdo con esa misma mano, manchando su carita de sangre.
Shikamaru frunció el ceño, mientras escuchaba a su madre y su mujer maldecir a todos los
antepasados de quien sabe quien. Luego, se volvieron al Consejero:
-¡Y desde ahora, Shikadai dormirá con nosotros! ¡Sin pretextos!- dijo su mujer, amenazando a su
esposo.
Suspiró, contento de que las cosas hubieran salido bien, jurando no despegar ni un ojo de su
niño, aunque…
-¡Shikamaru!
Y entró a la casa, feliz de que su hijo estuviera a salvo. Un pinchazo en el dedo pudo habérselo
causado con cualquier cosa.
*Obviamente el secuestro de Temari nunca ocurrió, pero más adelante haré un capítulo
referente a ese acontecimiento :D, ya hasta lo tengo en los borradores, pero todavía me faltan
más niños por presentar :)
No olviden dejarme sus reviews, ya saben que son bienvenidos. Los contestaré éste sábado y
publicaré al siguiente personaje: el pequeño Inojin Yamanaka!
Oops! SPOILADORA! :D
Ya-ne!
Chapter 4: Chapter 4
Espero les guste; la verdad, he batallado mucho para editar éste capítulo. He querido elegir bien
la identidad de los niños, y Inojin es quien más difícil se me ha hecho, pero a como lo veo, creo
que Inojin será un chico algo retraído como su padre, pero todo un bullyista (no sé si exista esa
palabra .-.)
Ya saben, dejen sus reviews! Y gracias! Saben que adoro leerlos, y que me lean! Mañana les
contesto sus reviews... pero díganme, sobre quien quieren que escriba el siguiente capítulo? :D
alguien que no haya aparecido y de quien quieran leer!
Bueno, me voooooy!
Ya saben, Naruto no me pertenece, de ser así habría dejado a Naruto con el cabello más largo y
le pondría como mil hijos a Sasuke :)
4. NIÑO DE MAMI
El pequeño heredero de los Yamanaka, Inojin, no era un niño normal de dos años como todos
creían; eso era algo que sus padres sabían muy bien.
Desde el momento de su nacimiento, los Yamanaka notaron que su pequeño no iba a ser como
los otros niños: en primera, porque de todas las cosas que pudo haber heredado de su padre,
precisamente tenía que ser ese enfermizo color de piel. Y no es que a Ino no le gustara, pero su
pequeño niño pudo haber sido diferente, más como ella o como su abuelo…
Agregándole el cabello dorado y los ojos celestes como mamá, era todo un encanto.
De todas las cosas que Ino Yamanaka amaba en la vida, su pequeño bebé era su favorita. No
había una más celosa y sobreprotectora con su hijo que Ino, y eso todos lo sabían. Estaba tan
encantada con su bebé que desde el primer momento en que lo tuvo en brazos, no permitió que
nadie lo tocara. Ni siquiera el propio Sai.
De todos los niños de la generación, era el más pequeño. Su madre lo veía como un niño frágil,
inocente y débil, y su deber como madre era protegerlo de cualquiera… porque sabía que con
esa apariencia, se burlarían de él.
Fue por eso qué, desde que sus amigos fueron a conocer al pequeño, dejó muy en claro que si
alguien se atrevía a burlarse de su pequeño, lo mataría con sus propias manos. Y nadie la
contradijo.
Las mañanas de Inojin eran hermosas porque siempre que despertaba, se encontraba en brazos
de su amada madre. Ella era quien le bañaba, le daba de comer, era quien hacía todo con él;
Inojin no entendía por qué su madre siempre lo trataba de esa manera tan sobreprotectora. De
todas las madres, Inojin siempre decía que la suya era la mejor… claro, ella y su tía Hinata, quien
siempre le regalaba galletas y le hacía pasteles de cereza.
Fue por eso qué, esa mañana, no le gustó para nada que su madre no fue quien lo había
despertado.
Abrió sus enormes ojos celestes y lo primero que vio fueron los adornos en forma de nubecitas
que colgaban de su cuna; esos se los había regalado su tío Shikamaru. Luego, giró la mirada
hacia los alrededor, oyendo el sonido de alguien deambular por la habitación. Rápidamente se
levantó y comenzó a moverse inquieto, agarrado al barandal. Abrió los ojos y comenzó a reír; ya
quería ver a su madre, que le diera muchos besos y jugara con él.
-¿Eh? ¿Te desperté, niño grande?- le dijo su padre, sonriéndole de oreja a oreja. No es que Inojin
no quisiera a su padre, de hecho, a pesar de ser su madre quien le daba todo el amor del mundo,
él se sentía más identificado con su padre. Ya que a ambos les gustaba dibujar.
-¿Ka-chan?- susurró, mordiendo su dedo. Inojin no sabía decir muchas palabras, de hecho, de
todos los sobrinos él era el que menos hablaba, incluso la siempre seria Megone-chan* decía
más cosas que él, pero el rubio solamente decía: "ka-chan", "to-chan", y "agua".
Sai lo tomó en brazos y lo llevó al baño para cambiarlo, en el transcurso le iba diciendo que
mamá estaba ocupada arreglando todo para la fiesta de más tarde. El pequeño no entendía
absolutamente nada, y solamente se dejó hacer: papá lo baño por primera vez desde que
recordaba, contándole algo sobre "yo nunca he tenido padres que me amen" o "tu madre y tú
son mi luz" "te pareces mucho a mi hermano mayor", entre otras cosas.
Luego, lo llevó a su habitación nuevamente para decidir qué ponerle: no estaba seguro si debía
usar la ropa que Ino le había dicho que debía usar, o ponerle algo que él quería. Al final, él había
elegido un overol guindo, una camisa de manga larga gris y unos zapatitos negros. Peinó sus
bonitos cabellos rubios mientras le decía que ese color le encantaba.
-Me alegro que te parezcas más a mamá que a mí, Inojin-kun- le dijo cuando terminó de
arreglarlo. El pequeño lo miró- Tu madre es la mujer más hermosa del universo, ¿verdad?- y
ante eso, el pequeño asintió.
Su mami era la más bella del universo, y la amaba tanto que no podía describirlo, pero… ¿dónde
estaba ella?
Así que la mañana había transcurrido de esa manera: su padre se había hecho cargo de él desde
que había despertado, llevándolo al mercado, pasando a la tienda de dulces a recoger algunas
cosas, con la tía Kurenai para que le entregara una enorme caja azul mientras le decía
"felicidades, Inojin-kun", y le sonrió.
El pequeño Yamanaka tenía tres mujeres importantes en su vida: la primera, claro estaba, era su
madre. La segunda era la tía Hinata, ella le gustaba porque preparaba deliciosas comidas y claro
porque sus pasteles de cereza y su cabello largo lo habían encantado, pero no había duda alguna
de que la tercera era la hija de su tía Kurenai, la prima Mirai.
Mirai era muy bonita, con el cabello largo hasta los hombros, los ojos rojos como la tía Kurenai y
una cara preciosa. Muchos decían que era idéntica a su padre, pero él nunca lo había visto así
que no sabía por qué.
Inojin no entendía realmente por qué papá tenía que llevarlo a todos lados mientras todos a su
alrededor le decían "feliz cumpleaños". ¿Qué era un cumpleaños? ¿Por qué todos le sonreían?
¿Dónde estaba mamá?
-Anda, pequeño, que debes estar hambriento. Después podrás dormir todo lo que quieras.
Inojin y Sai llegaron a un puesto de sopas nuevo en la ciudad; cuando abrieron la puerta, una
pelirroja con lentes los recibió.
-Hola, Karin- sonrió el ANBU. Inojin volvió la vista hacia la mujer que estaba parado frente a
ellos: la reconocía como la compañera de trabajo de su madre, aunque no sabía su nombre. No
era mucho de hablar, y para él no era bonita, además de que usaba unos lentes horrorosos
similares a los que Megone-chan usaba.
Inojin había descubierto que no le gustaban las chicas que usaban esas cosas en los ojos.
-¿Vienes a comer?
-Oh… cierto. Anda, pasa. Suigetsu te va a atender.- luego, acarició el cabello de Inojin.- Qué lindo
se ve hoy.
-Es por su cumpleaños; ¿cuento con que irás?- Karin se mordió el labio. Una cosa es que ella y su
compañero Suigetsu hubiesen sido recibidos en la aldea, pero no parecían ser los favoritos.
Incluso todavía el Uchiha tenía problemas para adaptarse y ser perdonado, ni qué decir de unos
forasteros.
Inojin no entendía nada. Aquella mujer no le gustaba, era fea y con esos lentes le recordaba
mucho a Megone-chan.
-Ka-chan.- susurró en llanto el niño, esperando a que su padre le respondiera. Pero claro, papá
estaba ocupado haciendo otras cosas; hablando con la fea pelirroja.
Que su padre hablara con otras mujeres, que les sonriera a otras que no fuera su madre, eso le
molestaba. Así que, cuando la comida llegó y la pelirroja le dejó un tazón de puré de manzana
con jarabe de cereza, estiró la rechoncha manita, tomó todo lo que pudo y, al darse cuenta la
pelirroja, le lanzó el puré a la cara.
-¡INOJIN!- dijo su padre, sonrojado por completo. Karin miró detrás de sus lentes al pequeño
rubio, quien había inflado los cachetes y tenía el puño levantado, con el puré todavía en el.
Los demás clientes miraron la escena: un niño enojado había atacado a la novia del dueño del
local.
-¡Inojin, eso no se hace!- le dijo Sai, totalmente impresionado. Karin se limpió el puré de la cara,
con la vena exaltada. Por eso mismo no tenía hijos, pensó enojada.
-Lo siento demasiado, Karin- dijo el padre- Inojin nunca es así… es un buen chico.
-Ya, ya. Será mejor que te vayas antes de que tu mujer se infarte- miró al reloj- Ya casi son las
cuatro.
-¿¡Ehh!? ¿¡De verdad!?- el ANBU tomó todas las cosas y cargó al niño- ¡Disculpame, Karin! ¡Nos
vemos después!- y salió corriendo hecho una bala, mientras la pelirroja recogía el desastre.
-Ni después ni nada- musitó enojada. Puede que ella y Sai fueran muy buenos amigos, pero ella
ni de broma iría a la fiesta del niño loco ese; quien sabe qué podría hacerle si se paraba ahí.
-¡Ya llegamos!- dijo Sai sin aliento cuando llegó. Pensó que no había nadie, porque su casa
estaba en silencio total, pero el llanto de Bolt-kun le advirtió que ya todos estaban en casa. Dejó
las cosas en la sala y caminó rendido- Tu madre va a matarnos, Inojin-kun.
-¿Por qué quieres culpar al pobre Inojin, Sai?- oyó a Naruto, quien parecía molesto.
-Molesta como una fiera, pero ni te esfuerces en calmarla; lleva así desde que se dio cuenta de
que Hinata sólo había hecho un pastel de cereza, cuando claramente le había pedido tres- y
bufó- No es como si mi mujer debiera recordar las cosas que no son para su hijo…
-Sólo está estresada, Naruto. Hablaré con ella- le tendió a Inojin, quien protestó. ¿Es que acaso
no iba a ver a su madre en todo el día?
Inojin observó a su padre desaparecer por la puerta de la cocina, aún cuando él le sollozaba y
estiraba sus manitas hacia él pero su padre pareció no haberlo notado.
Naruto llevó al niño con los demás, quienes jugaban en el corral que Temari había insistido en
llevar. Después del incidente con Shikadai hace unos meses, la madre se había vuelto una
psicópata con la seguridad de su hijo, todo el tiempo vigilándolo como un halcón a su presa aún
cuando su esposo le había asegurado que nada sucedería, pero eso era algo que los padres no
entendían del todo.
Naruto lo dejó ahí y fue con los adultos, quienes parecieron no haber notado que el rubio estaba
ahí. Los demás niños se acercaron a Inojin y comenzaron a molestarlo, y es que el niño era el
juego favorito de sus primos: hay que pintarle la cara a Inojin, jalarle el cabello, usarlo como
saco de boxeo, llenarlo de pegamento, obligarlo a comer tomates.
Inojin era molestado incluso por Shikadai, quien tenía un juego especial.
-¡Aoda!- dijo Shikadai cuando todos tenían algo en la mano para atacarlo… y bombardearon al
niño. Inojin cerró los ojos sintiendo cómo era golpeado por los juguetes, los tomates, las tacitas
entrenadoras y las almohadas. Oía las risas de todos los adultos, ajenos al relajo de los niños, y
las burlas de sus primos quienes parecían no tener compasión del niño.
Se llegó un punto en el cual ya no podía soportar la presión; Inojin no era un niño llorón, al
menos no como Chouchou o Bolt, quienes siempre lloraban por todo, pero todo el día le había
parecido un horror y no lo pudo soportar más.
Lloró como nunca antes lo había hecho; lloró porque estaba harto de que sus primos lo
molestaran, lloró porque su padre lo había dejado con el tonto de su tío Naruto, y tonto como
sólo él lo había metido con sus primos, quienes no dejaban de atacarlo, lloró porque le había
gustado la ropa que papá le había puesto y ahora estaba toda sucia. Pero sobre todo, lloró
porque en todo el día no había visto a su madre.
Ella no permitiría que nada de eso sucediera, ella lo cuidaba, lo amaba como nadie en el
universo y nadie lo molestaba cuando andaba cerca.
-¿Qué le pasa? ¿Por qué llora? ¡Oh por Dios!- Sakura casi le da un infarto cuando vio al pequeño
rubio todo lleno de tomate, llorando.- ¡Sarada!
-¿Qué pasa, Sakura?- dijo Sasuke algo molesto- ¿Por qué le gritas a Sarada?- al Uchiha no le
gustaba para nada que su mujer (o cualquier otra persona) le levantara la voz a su hija.
-¡Mira lo que hicieron!- dijo, tomando al niño quien estiró los brazos hacia la señora Uchiha-
¡Mira nada más!- luego se volvió a todos los niños- ¡Debería darles vergüenza, abusivos!
-Sakura.
-¡No, Sasuke! ¿Es que no te preocupa que tu hija sea una abusiva de grande?- tomó una
servilleta y comenzó a limpiar al niño, quien no paraba de llorar. Hinata se acercó.
-¿Qué le pasó? Ay, Dios… - se volvió a Bolt, quien también había estirado los brazos a ella- ¿Por
qué hiciste eso, Bolt-kun?
-No creo que tu hijo sea tan inteligente para hacer algo así- dijo Temari, entrecerrando los ojos-
Y sé de quién fue ésta idea- se volvió a su hijo, quien la miraba por debajo de sus hermosas
pestañas- No pienses que estoy contenta por esto, Shikadai.
-Oe, oe, sólo son niños- dijo Karui- Déjalos que se diviertan, que están en la edad.
-Lo dices porque a tu hija nadie la molestará en el futuro- dijo Temari, levantando la ceja.
-Claro que no lo harán, a las chicas hermosas nadie las molestas- y se apartó el cabello de la
cara.
-A las gordas, querrás decir- dijo Sakura, intentando calmar los gritos del niño, pero no parecía
funcionar.
-Vamos, vamos, no discutan- dijo Chouji- Debemos limpiar a Inojin-kun antes de que regrese Ino
y nos mate a todos.
-Pues deberías calmarle la boca a tu mujer, Chouji- dijo Sasuke, acercándose a su hija.
-Lo que oíste, gor… - pero Naruto y Shikamaru le habían tapado la boca.
-Sería muy mala idea hacerlo enojar en un lugar tan pequeño, ¿no crees?- le susurró Naruto a su
amigo.
Inojin volvió a llorar, pataleando. Se estaba cansando, quería que todos se fueran y lo dejaran
solo, pero más que nada, quería a su madre ya…
-¿Qué está pasando? ¿Por qué tanto alboroto?- preguntó Sai, confundido. Vio a todos sus
amigos lanzándose fuego entre sí, el desastre en el corral de los niños y a su bebé en brazos de
Sakura- ¿Qué le pasó a Inojin?- preguntó y todos comenzaron a hablar.- No les entiendo… ¿qué
está…?
-¿Sai?- una voz hizo que todos se volvieran. Incluso el inquieto de Inojin, quien intentaba
soltarse de la tía Sakura. Al ver a su madre ahí parada, con un pastel de cereza en la mano, el
cabello perfectamente peinado, vestida con un precioso vestido blanco con rosa y una sonrisa
en su rostro… Inojin no pudo soportarlo.
Comenzó a llorar todavía peor que antes, moviéndose inquietamente y estirando los brazos
hacia su madre. El gesto le rompió el corazón a Ino.
Caminó el corto trayecto hasta su amiga y antes de poder estirar las manos para que le diera a
su hijo, él ya se había lanzado hacia ella, rodeándola fuertemente con sus bracitos y piernitas,
llorando como nunca antes había llorado. Ino lo abrazó.
-¿Qué pasa, amor? ¿Por qué lloras…? Y, ¿por qué estás lleno de tomates?- se volvió a sus
amigos- ¿Me quieren decir que diablos está pasando?
-Bueno… nosotros…
No entendía por qué había tanto alboroto, o por qué su padre lo había cambiado de esa manera,
o por qué fue él quien lo levantó desde la mañana, tampoco entendía por qué sus primos lo
molestaban siempre o por qué su padre repetía continuamente "cumpleaños, cumpleaños"
Él estaba realmente feliz ahora. Tenía lo que desde la mañana había estado deseando: estar en
brazos de su madre, porque él, a sus ahora finalmente dos años, rodeado de todas esas
personas, oyendo los reclamos de mamá y oliendo asquerosamente a tomate, él sólo podía ser
feliz por una sola razón.
Porque él era el niño de mami. Y él amaba a su mami con todas sus fuerzas.
-YunaL.
Chapter 5: Chapter 5
La idea surgió por una imagen que vi de Chouji y Karui, y la verdad poco sabemos de estos
dos(no sé, jamás los imaginé juntos). Son la pareja más rara y creo que la menos esperaba
después del SasuSaku(¿o me van a decir que de verdad imaginaban al emo vengador y a la
frente de marquesina juntos?). Pero igual de adorables :)
Ya saben, Naruto no me pertenece; de ser así, haría unas cuántas escenas entre el guapo de
Konohamaru y Hanabi, en situaciones... indecorosas 7u7
5. MARIPOSA
Cuando Karui le dio la tan alarmante noticia, a Chouji se le vino el mundo encima.
No llevaban más de un año de relación. No, qué va, de hecho, no tenían una relación para nada.
Karui era rebelde, atrevida y con un carácter explosivo único; siempre discutiendo con todos, y
nunca quedándose callada ante nada, conocida ante todos en su aldea y en Knoha como la reina
del hielo, la dama eterna y la guerrera de acero. Mientras tanto, Chouji era todo lo contrario a
ella. Fue por eso que nadie esperaba que ellos terminaran juntos.
De hecho, ni siquiera Shikamaru, el mejor amigo de Chouji, se dio cuenta cuando comenzaron a
salir.
-¿Y bien? ¿No dirás nada?- le preguntó la morena a Chouji. Él levantó la mirada, todavía en
shock. ¿Un hijo? ¿Era en verdad eso? Tragó saliva.
-Y-Yo… bueno…
-¡Tsk! ¡Qué idiota!- dijo ella, bajándose de la ventana, y sin decirle más, se fue.
Karui caminaba hasta su departamento, algo pensativa. Ella no era mucho de palabras, y de
hecho, se preguntó realmente por qué había comenzado a verse a escondidas con el Akimichi;
ciertamente, él no era para nada su tipo, y a decir verdad, no le parecía realmente atractivo,
comía demasiado, balbuceaba cuando hablaba y tenía pésimos modales. ¿Por qué se había
fijado en él, siendo ella tan atractiva?
Se detuvo al llegar a las afueras de Konoha, donde un río comenzaba. Se sentó en la orilla, con el
mentó sobre las rodillas; la noche comenzaba a caer, y ella se sentía sola. ¿Por qué estaba en
Konoha, en primera? No le gustaba el lugar, era aburrido, nada pasaba y las personas solían ser
molestas. En fin, a Karui no le gustaba para nada Konoha… pero… ¿por qué siempre volvía?
Todo eso era demasiado para ella... y de pronto, tenía muchas ganas de unas costillas.
Chouji estaba en la tumba de Asuma aquella noche; había llevado su comida favorita como
ofrenda y le había encendido un cigarrillo aunque él no fumaba. Suspiró.
-Sensei… ¿qué debo hacer?- dijo, algo deprimido- Yo… bueno, Karui es hermosa y lo mejor que
me ha pasado… ¿qué hago?- silencio- ¿Cómo se sintió cuando Kurenai-san le dijo que iba a ser
padre? ¿Tuvo miedo?- más silencio- Probablemente no lo sepa, pero… su hija es preciosa-
sonrió- Se parece demasiado a usted, incluso a Konohamaru. Siempre vamos a visitar a Kurenai-
san y Kasumi-chan. Es tan preciosa, con sus ojos rojos y la cara idéntica a usted- se rió- Ojalá
estuviera aquí para verla crecer… para darme un consejo.- el viento sopló con fuerza- Sensei…
Entonces, lo sintió. Aquella presencia tan similar a la de su sensei, tan cálida, tan pacífica, tan
él…
-Gracias, sensei- dijo, levantándose. Se dio la media vuelta y corrió, buscando a Karui.
No se volvió, pero si lo hubiera hecho, hubiera visto a su sensei parado junto a su tumba, con el
cigarrillo en sus labios. Sonriéndole como si de verdad estuviera ahí…
Mientras corría buscando a Karui, se quedó pensando en muchas cosas. Quiso decirle a su padre
lo que sucedía, o a su madre, incluso a sus amigos, pero aún no salía de su estado de shock: ¿por
qué no pudo responderle a Karui? Él no era ningún cobarde, de hecho, comenzó a recordar
claramente cuando le pidió por primera vez una cita a la kunoichi rebelde:
Era una fría mañana de noviembre aquella vez; habían sido asignados tanto Karui como Chouji a
una misión en Suna, la cual solamente era de llevar un encargo al Kazekage, por ello solamente
habían ido ellos y Shikamaru. La misión transcurrió con éxito, y a pesar de que la kunoichi quería
regresar ya para poder ir a su aldea, Chouji la convenció de quedarse otro poco más:
-Dime por qué debería hacerlo- le dijo enojada, acomodando sus cosas para irse.
-Bueno… verás… Shikamaru no ha visto a Temari en casi un mes, y, bueno… yo creo que ellos… -
Karui se giró a los shinobis, quienes parecían realmente contentos de verse.
Karui sentía cierta simpatía por la rubia de la arena, ya que ambas tenían el mismo carácter
explosivo, aparte de que se había dado cuenta que tenían demasiadas cosas en común. Fue por
ello, y al ver la mirada enamorada de la rubia, que aceptó.
-Un día- dijo enojada, dejando las cosas nuevamente en la cama. Chouji sonrió.
-¡Muchas gracias, Karui-chan!- le dijo, abrazándola con fuerza… para luego, claro, soltarla.-
Etto… creo que… ¡buenas noches!- dijo, saliendo a toda prisa de la habitación.
Cuando finalmente le dio hambre, la kunoichi salió de su habitación. Todo estaba tan silencioso
que se preguntó si habría alguien… y no pensó con encontrárselo ahí, en la sala, mirando
tranquilamente un libro.
Caminó haciendo ruidos para llamar la atención del shinobi, quien levantó la mirada hacia ella.
Totalmente apenado.
-¿Ka-Karui-chan?
-¿Qué haces aquí? ¿Por qué no has ido a comerte media aldea?- Chouji suspiró. Ya estaba algo
acostumbrado a las bromas y el carácter agresivo de la pelirroja.
-¿Qué quieres?- él se puso completamente rojo, para sorpresa de ella, pero no habló- ¿Y bien?
-B-Bueno… verás… es que yo… - a Karui casi se le marcaban las venas de todo el cuerpo. ¡Odiaba
los balbuceos! ¡Espera que sus hijos no…!
Y ahí, se detuvo.
¿En qué estaba pensando, en primer lugar? ¿Hijos? Y el Akimichi miró cómo la piel de su
compañera se ponía del mismo color que su cabello; algo inusual en ella. Pero que le parecía
realmente adorable.
"¡Es ahora o nunca, Chouji! ¡Tienes que decírselo!", pensó, igual de sonrojado que ella. Karui
tomó el vaso de leche, dispuesta a irse de nuevo a su habitación, cuando Chouji se interpuso en
su camino.
-¡Habla de una vez, maldita sea!- le dijo enojada- ¡Me molesta que siempre balbucees! Lo que
me quieras decir, dilo sin…
-¿¡Quisieras salir a una chita conmigo hoy!?- soltó de golpe, para sorpresa de la morena.
El silencio se apoderó del lugar durante unos instantes, ambos absorbiendo las palabras: ella,
que él le había pedido una cita, y él sin poder creer que al fin se había animado a hacerlo.
Llevaba meses queriendo invitarla si quiera a comer un plato de ramen, o unas costillas, pero no
se animaba. Siempre ella tenía que arruinar el momento con algún comentario ofensivo, o decir
algo que lo hacía enojar, por eso al final se arrepentía incluso de pensar en invitarla a salir. Pero
es que él había notado, desde la guerra, que ella era realmente atractiva: tenía un color de piel
muy llamativo, una mirada felina que lo volvía loco, un cabello como el fuego que le recordaba
la salsa de las costillas que le gustaban, un cuerpo que lo encendía como nunca antes nadie
había logrado… pero, sí le preguntaran qué era lo que más le gustaba de ella, él sin duda diría
que eran esos ojos. El amarillo era un color que no le gustaba, lo sentía muy simplón y sin chiste,
pero desde la primera vez que había visto a la chica, y su mirada se cruzó con la de ella… lo
flechó.
Sabía que ella no había sentido lo mismo, a pesar de que lo único que él pudo decir fue "hola",
balbuceando como siempre cuando estaba nervioso. Y ella ahora acababa de decir que odiaba
verlo balbucear…
Karui, por su parte, se quedó sin habla. ¿De verdad la había invitado a salir? No supo cómo
sentirse.
Las personas (principalmente los hombres) solían alejarse de ella porque su temperamento
agresivo los ahuyentaba, y aunque al principio ni por la cabeza le pasó el agradarle el chico,
conforme comenzaban a tener misiones juntos y lo bien que se entendían en el combate, la
chica entendió que algo más había ahí.
Por eso, la propuesta la había tomado desprevenida; y como no decía nada, Chouji tomó aquello
como una negativa.
-¡O-Olvídalo, Karui-chan!- dijo él, totalmente apenado. Tomó sus cosas y se fue de ahí, dejando a
una Karui completamente fuera de combate.
Cuando finalmente volvieron a Konoha, y después de entregar el reporte al Sexto, fue despedida
por Sakura e Ino, con quienes mejor se llevaba, aunque siempre peleaban.
-Estás muy distraída, Karui-chan- le dijo Ino cuando llegaron al puerto, la kunoichi la miró.-
¿Sucedió algo?
-¡Eh! ¡No… yo…!- y suspiró. Algo le decía que no andaba bien, y debía hacer algo.
Chouji miraba desde su ventana hacia el cielo, algo triste. Con anterioridad, era quien siempre
acompañaba a las chicas y sus amigas a despedir a Karui, pero después de la propuesta, no se
sentía con ganas de verla. Quizás ahora ellas se estaban burlando de él, de sus balbuceos y de
que había sido tan idiota como invitar a una chica como Karui a salir.
-De todos modos, ¿qué vería algo como ella en mí…?- pensó melancólicamente.- No soy fuerte
como Naruto, o inteligente como Shikamaru, ni un artista como Sai, tampoco soy tan guapo
como Sasuke.- suspiró- Yo soy sólo…
-Un idiota.
-Sí, eso. Un idio… - giró la mirada hacia su izquierda, donde estaba la chica recargada. Se veía sin
aliento, cansada y algo sonrojada. Muy adorable, para variar.- ¡K-Ka… Karui-chan!
-Creo que eres un idiota- dijo ella, torciendo el gesto- Comes demasiado, cuentas chistes muy
malos, y no eres el más listo o guapo de la aldea- ante las palabras, Chouji se rindió. Si ella había
perdido su barco sólo para decirle eso, debía odiarlo demasiado.
-Pero… - él la miró. ¿Aún no terminaba?- Eres el primer idiota que me invita a salir- tragó saliva,
luego lo miró- Y eso te hace… mejor que cualquier otro idiota de la aldea.
-¡Karui-chan!
Después de esa vez, salían muy seguido cada que ella venía de visita, e incluso él pedía hacer
misiones en su aldea, para sorpresa tanto de sus Kages como de sus compañeros. Y mira que
viajar tanto solamente para verse…
Nadie notaba que ella estuviera tanto tiempo en la aldea, porque al ser alguien tan reservada y
agresiva, nunca pensaron que el motivo por el cual pasaba en Konoha más que cualquier otra
persona de fuera, sería un chico. Menos, uno como Chouji.
-Soy una idiota- se dijo nuevamente, desesperada. ¿Cómo pudo pasar aquello? Se supone que se
estaban cuidando. Ella era muy responsable; de hecho, le había pedido ayuda a la ex Hokage,
aunque evitó decirle quién era su interés amoroso. Karui no era mucho de conversar con otras
mujeres de sus cosas personales, por ello se sentía realmente sola en ese momento.
¿Qué pasaría si Chouji no le respondía? ¿Cómo criaría a un hijo ella sola? ¿Cómo podría amarlo
si su padre no lo amaba? ¿Y si sus aldeas se peleaban a causa de eso? ¿Y si Bee-sama se ponía
tan molesto y discutía con el imbécil de Naruto? ¿Y si los padres de Chouji la odiaban, o no le
creían? ¿Por qué de pronto ella deseaba que le dijera que sí? Ellos no eran ninguna pareja; de
hecho, desde el comienzo, Karui había dejado en claro que su "relación" sería meramente
carnal, porque ella no quería nada de complicaciones con sentimientos y esas cosas. Ese era el
motivo por el cual no le habían dicho a nadie sobre sus encuentros: porque cuando alguien más
se mete, todo se va a la mierda.
Y ahora, ella estaba desesperada por escuchar unas palabras que nunca se atrevería a decir de
él.
-Soy una idiota.- se repitió, ya con las lagrimas cayendo de sus ojos. Ella no lloraba, pero el saber
que estaba sola, la volvía loca. Se tocó el vientre, muy triste…
El hermoso insecto se posó delante de ella, sigilosa, moviendo sus alas lentamente, luego se
paseó sobre las flores que creían a las orillas del río. Karui sintió envidia. La mariposa era
hermosa, pero no sabía lo bella que era, porque de eso se encargaban los demás: de notar su
belleza. Y por ende, era amada por todos.
Karui sonrió, aún con la mano en el vientre, cuando la mariposa se paró de nuevo en su rodilla.
-Si eres niña, te llamaré Chocho- dijo con un suspiro, luego comenzó a llorar de nuevo.
-Es un nombre hermoso, Karui-chan.- la pelirroja se giró, sólo para encontrarse al Akimichi
parado detrás de ella, sonriéndole. Ella no supo qué decir. Chouji caminó hasta sentarse a su
lado, luego estiró la mano hacia la mariposa, quien se posó sobre sus dedos.
El silencio perduró durante largo rato, sólo oyendo el golpeteo de sus corazones y sintiendo su
sangre quemar dentro de su cuerpo. Al final, Chouji se rindió:
-Y-Yo… soy un idiota- dijo, ella lo miró- No soy demasiado listo, ni guapo, como demasiado y
tengo problemas para despertarme- Karui quiso abrir la boca para hablar, pero él continuó-
Pero… seré un buen padre. Cambiaré los pañales del bebé si me enseñas a hacerlo, le daré de
comer cuando estés ocupada, lo cuidaré por si quieres salir con las chicas, y prometo enseñarle
buenos modales en la mesa.
-Chouji…
-Prometo ser un buen padre. Cuidaré al niño, o niña como a nada en mi vida, le enseñaré todo lo
que mis padres y mi sensei me enseñaron, y… - la miró- Te amaré por el resto de mi vida, Karui.
Los amaré a ambos… por favor… quédate conmigo.- Chouji nunca antes había dicho algo así,
menos a ella, y esperaba que la chica no se asustara y le dijera que no quiere nada con él o algo
peor, porque de verdad, él estaba enamorado de ella desde hace muchísimo tiempo más.
Y por primera vez, la ruda Karui se había rendido ante un hombre más débil que ella. Aunque…
en ese momento, él había sido más fuerte.
Al día siguiente, en una reunión casual de los viernes en casa de Shikamaru, con todos sus
amigos presentes, los chicos llegaron tomados de las manos, para sorpresa de todos. Pero
aquello no había sido nada comparado cuando les dijeron qué, dentro de nueve meses, ellos
serían padres.
Nueve meses después, con tantos altibajos en su relación, una boda improvisada, una luna miel
maravillosa y una fiesta en grande por parte del Raikage y Bee-Sama, en el hospital de Konoha,
había nacido una bebé preciosa: con la piel más bonita que su madre, el físico rechoncho de su
padre, los ojos preciosos como su madre y el cabello de su padre.
-Es- es hermosa- dijo Chouji, limpiando sus lágrimas. No se había separado para nada de su
mujer desde que las contracciones habían comenzado. No podría haberlo hecho.
-¿Ya tienen algún nombre?- dijo Shizune, acercándose a los nuevos padres con su libreta. Ambos
se miraron, luego sonrieron.
Tan grácil y hermoso como el aleteo de una mariposa en una noche frente a un río.
¿Bien? ¿Les gustó? Espero que sí. A mí me fascinó! Iba a escribir sobre alguno de los bebés, pero
me pareció que ChoRui tenían que tener su espacio, ya que no he visto fics sobre ellos.
Ya-ne!
-YunaL.
Chapter 6: Chapter 6
Holaaaaa! Nenes!
Sigue sin funcionar mi lap :'( debido a eso no podré publicar tan seguido pero como quiera haré
lo posible por actualizar :)
He leído sus reviews, ya saben lo feliz que me hace leerlos, pero por ahora no podré comtestar
ya que se me hace muy difícil el escribir en mi cel.
Disculpen mi mala ortografía, haré lo posible por comprar un cargador nuevo para poder
continuar con mis escritos :B
Ya saben, los amo, me encanta que me lean y dejen reviews! 3 me hacen muy feliz!
Ya saben, Naruto no me pertenece, de ser así no tendría que estudiar para pasar exámenes
molestos. Y Neji no habría muerto, para variar.
6. PRIMER CUMPLEAÑOS
Se supone que ese iba a ser un día especial y que iba a pasarla de maravilla junto a su esposo y
su hija, después de todo ese era su primer cumpleaños que pasarían como esposos. Pero desde
que habían despertado no habían hecho otra cosa más que discutir.
Normalmente ella era una mujer sumisa ante las decisiones y exigencias de su esposo, desde
que eran novios y comenzaron a vivir juntos, ella aprendió a dejar que él tomara las decisiones:
como cuando cumplieron un mes y él le había pedido mudarse a su departamento, y a pesar de
la larga pelea que tuvo con sus padres, e incluso con Tsunade e Ino, ella no les hizo caso y se
mudó con él. O cuando le dijo que quería tener un hijo y ella aceptó, muy a pesar de que tenía
miedo y de que no estaban casados, accedió. O cuando se casaron dos semanas después de que
comenzaron a planear formar una familia, y como esas habían muchas decisiones que él tomaba
y ella aceptaba.
Ya no era raro ver a la pelirosa obedecerle en todo a su caprichoso esposo, pero ese día, él se
había pasado de la raya.
-Pero... se supone que hoy tienes el día libre. Kakashi lo autorizó. ¿Por qué insistes en ir a
trabajar?- le dijo, ya algo enojada.
Sasuke acababa de bañarse y caminó hasta su mujer, quien arrullaba a la pequeña Sarada, de
tan sólo cuatro meses.
-No quiero quedarme aquí sin hacer nada. Odio no hacer nada- le dijo. Caminó hasta la niña,
quien dormía ajena a la pelea de sus padres. Le acarició la escasa cabellera negra y ella se
incomodó en su lugar.
-Hoy, ¿qué?- dijo él con la voz ruda. Raras veces él actuaba de esa manera tan grosera; desde
que vivían juntos Sakura comenzó a entender poco a poco el carácter taciturno y cerrado de su
esposo, quien solamente en una ocasión le demostraba sus sentimientos, y aquella había sido
cuando Sarada nació.
Fue la única ocasión en la que la coraza de acero que era su esposo pareció destruirse, pues miró
a su mujer con una expresión dulce y sus ojos nunca antes habían sido tan amables coml aquella
vez.
El primer cumpleaños que pasó como novia oficial del Uchiha, él estaba fuera en una misión con
Naruto, y cuando volvió el recibimiento no sólo implicó un detalle que Naruto le había obligado
a comprarle a la chica aunque él no sabía por qué... y claro, una cena y una buena sesión de sexo
que hizo que la chica olvidara el detalle.
Y claro, ese era su segundo cumpleaños juntos y parecía que al Uchiha se le había olvidado.
Le era imposible creer que de verdad él había olvidado su cumpleaños; no es como si quisiera
una fiesta sorpresa o algo así como Sai le había hecho a Ino, o que la llevara a comer a un lugar
elegante como Naruto lo hizo con Hinata, y vaya, tampoco esperaba que le regalara un detalle
exagerado como aquella maravillosa joya que Shikamaru le regaló en el cumpleaños número
veintitrés a Temari... aunque cualquiera de esas cosas estaban bien para ella.
-Sólo... quería que estuvieraa hoy a mi lado- susurró ella, mirando el suelo.
-Y, ¿para qué me voy a quedar?- dijo él. Si mujer sintió que su mundo se colapsaba- Tengo
muchas cosas que hacer aunque sea mi día libre, no puedo quedarme sin hacer nada en un día
tan productivo.- ella no habló.
Sasuke no entendía por qué su mujer actuaba así; normalmente ella siempre apoyaba sus
decisiones por más locas que fueran, no le veía lo exagerado en ir a trabajar en su día libre.
Decidió no darle vueltas al asunto. Le dio un beso en la frente a su hija y la dejó en su cuna.
-Me tengo que ir. Tengo muchas cosas que hacer- le dio un beso en los labios, seguro de que ella
le respondería y, quizás, obtendría resultados favorables para ambos, pero ella no movió los
labios, por el contrario, apartó la cara, frunciendo los labios.
Cuando Sasuke llegó a la torre del Hokage, Naruto estaba sentado en el lugar de Kakashi, usando
el sombrero, riéndose como idiota. A su lado, Shikamaru removía unos papeles que estaban
sobre el escritorio quejándose como siempre.
-¿Eh? ¿Teme?- Naruto bajó las piernas del escritorio- ¿Qué haces aquí?- Sasuke se giró- ¿No te
dio Kakashi-sensei el día libre?
-¿Qué haces sentado ahí, dobe? ¿Dónde está Kakashi?- Naruto sonrió de oreja a oreja.
-¿Mmm? Sasuke, ¿por qué no estás en casa?- se volvió a Shikamaru- ¿Le has dado el informe a
Karui-chan?
-Pensé que irías tú. ¿Por qué le huyes a tu mujer?- el Nara se sonrojó.
-No es que le huya, pero... - se rió- Cada vez que voy a verla, me tardo más de la cuenta y al final
tengo que quedarme hasta tarde, luego llego a casa, ella se enoja, debo contentarla y al final no
duermo. Es muy problemático todo esto- Kakashi y Naruto se rieron.
-¡Qué triste tu caso, Shikamaru! Cuando llego tarde del trabajo, Hinata es paciente y me deja
dormir, luego me despierta como todo un rey y me prepara un delicioso desayuno.
-¡Lo sé, lo sé!- Kakashi le dio un golpe al rubio y le quitó el sombrero, se sentó en su lugar y miró
a Sasuke.
-¿Y tú? ¿Qué haces aquí? ¿No te había dado el día libre hoy?- Sasuke se sentó frente a él.
-Sí, quiero saber si tienes una misión o algo que pueda hacer hoy.
-Deberías estar en casa, Sasuke-kun- dijo el Hokage, volviendo a sus asuntos- Naruto, esto es
una mierda de reporte, hazlo de nuevo.
-Se quedó en la casa con Sarada. Está de muy mal humor hoy.
-¿Ella? Vaya, qué novedad- se burló Shikamaru y él y Naruto se rieron. Sasuke los fulminó con la
mirada.
-¿Existir, por ejemplo?- se burló Naruto y los tres se rieron. Shizune entró y al ver a Sasuke
frunció el ceño.
-Es el cumpleaños de Sakura-chan, no deberías estar aquí- dijo la mujer y en ese momento el
mundo del Uchiha se vino abajo.
Vio cómo todos hablaban pero él no estaba prestando atención para nada: ¿Era el cumpleaños
de Sakura? ¿En verdad? ¿Por qué ella no le dijo nada? Pero si llevaban muchísimo tiempo juntos,
desde niños, ¿por qué no lo recordó? Entonces entendió su comportamiento de la mañana, por
eso había estado tan rara, tan herida, tan distante con él.
La había herido de la peor manera, de una que estaba seguro no la perdonaría. Por ello, salió
disparado de la torre del Hokage sin volverse cuando lo llamaron. Kakashi sonrió, estirando la
mano hacia los presentes:
-Cállate y paga- suspiró Shikamaru, sacando dinero de su pantalón. Shizune hizo lo mismo.
Sasuke se sintió realmente mal, le había fallado a su mujer y ahora ella estaba herida. Él seguía
lastimándola a pesar de todo el tiempo juntos, seguía decepcionándola cuando ella sólo le daba
amor. Sakura le había dado algo más que la familia que siempre buscó, le dio confianza, amor
incondicional, le enseñó lo que era el perdón, estuvo siempre a su lado aún cuando él sólo le
daba dolor.
No sabía cómo solucionar ese problema, hasta que alguien tocó a su puerta.
-¿Oh? ¿Sasuke-kun?- Hinata estaba detrás de la puerta, con la carreola de su hijo y un pastel en
la mano.- Hola.
-Hinata.
-¿Está Sakura-chan?
-Olvidé su cumpleaños- dijo apenado, mirando al suelo. Había algo en la esposa de su amigo que
le inspiraba confianza; era como si esos ojos aperlados pudieran ver dentro de él, como si fuera
vulnerable. Algo que no le pasaba con nadie.
-Oh... Sasuke-kun.- susurró ella con tristesa, y estuvieron en silencio largo rato, hasta que el niño
comenzó a llorar.
-¿Quieres pasar?- ella asintió. Entró a la casa del Uchiha, la cual era muy cómoda, y se sentó en
la salita. Sasuke le sirvió té y le dejó bocadillos sobre la mesa.
-Cuando volví no estaba.- suspiró- Me siento muy mal por olvidar su cumpleaños. Yo no...
-Naruto me dijo que él, Kakashi-sama, Shikamaru-san y Shizune-sama hicieron una apuesta- la
miró- Dijo que todos apostaron a que le tendrías la mejor de las sorpresas, pero Kakashi-sama
dijo que lo olvidarías.
-Hmp.
-¿Necesitas ayuda con algo?- Sasuke la miró- Podría ayudarte a hacerle algún detalle.
-Claro, Sasuke-kun- Hinata sonrió- Después de todo, eres el padrino de mi pequeño Bolt.- y le
regaló la más sinceras de las sonrisas que al Uchiha le provocó un sonrojo.
Ya eran más de las once y aunque había ido solamente para distraerse, sus amigas le habían
organizado una pequeña fiesta mientras sus padres cuidaban a Sarada. Su madre le preguntó
por Sasuke pero al ver la mirada triste de su hija supo que habían discutido; lo mismo había
sucedido con sus amigas, quienes ya sabían lo que había ocurrido.
Ino decidió no hablarle de ello, y mejor se fueron a divertir como hacia mucho tiempo no lo
hacían. Lo único raro era que en toda la noche no habían visto a Hinata, pero como ya sabían
que Naruto era un enfermo, creyeron que quizás la pobre había estado bajo arresto domiciliario.
A duras penas, logró meter la llave en la chapa y abrió la puerta, riéndose como tonta.
-Mi cumpleaños número veintiuno y estoy sola- se dijo tristemente- Sabía que debí haberles
insistido a mamá y papá de que me dejaran quedarme con Sarada- caminó pesadamente
buscando el interruptor cuando ls luz se encendió:
-¿Sakura? ¿Se puede saber dónde demonios has estado?- dijo con furia su esposo, del otro lado
de la sala. La pelirrosa parpadeó, y hasta ese momento se dio cuenta de dos cosas: la primera,
de que había varias velas alrededor de la sala siguiendo un caminito hasta el patio trasero, unas
flores hechas de papel rosa sobre en la casa y olía increíblemente delicioso.
Y la segunda era que su amado esposo usaba el mismo traje de su boda. Su corazón dio un
brinco, las piernas le temblaron y el aire se le escapó de golpe.
-¿¡Por qué no llamaste!? ¿O me avisaste dónde iba a estar? ¿Tienea idea de lo que he estado
buscándote? ¡Sakura, responde maldita sea!
Solamente se lanzó a los brazos de su esposo, sin importarle que debía estar enojada porque
olvidó su cumpleaños, o porque era un desconsiderado la mayor parte del tiempo. Pero es que
ella lo amaba tan locamente, era el amor de su vida, no le importaba que fuera un idiota
olvidadizo, ella no podía estar enojada con él. No cuando lo amaba de esa manera.
-Discúlpame- le dijo cuando sintió sus brazos alrededor de su cintura- Soy un...
-No importa- le dijo la pelirrosa con lágrimas en los ojos- Te amo tanto.
-Te amo más- le dijo él, tomando su rostro entre sus manos, besandola.
En el momento en que sus labios se encontraron, ambos olvidaron todo; Sakura ni siquiera
recordó estar enojada con su esposo, lo único que le importaba era besarlo. Y él, bueno, no
podía sentirse más feliz.
Era tanto su encanto que olvidó la deliciosa cena que le había preparado, el pastel que con tanto
esfuerzo Hinata le ayudó a preparar y ni siquiera le prestó atención a lo bonita que habían
decorado la casa.
A los esposos no les dio tiempo de llegar a la habitación, porque de pronto la hermosa sala
decorada con velas, flores y pétalos se convirtió en el escenario perfecto para celebrar ese
primer cumpleaños juntos.
Porque él esperaba tener una vida muy larga al lado de esa mujer que tenía la suerte de amar.
Gracias por leerme; saben que los amo y agradezco que me lean. Prometo publicar pronto
aunque sea molesto escribir en el cel.
Ya-ne! 3
YunaL.
Chapter 7: Chapter 7
Dejen sus reviews, saben que son bienvenidos no importa si son nada más para decirme que son
malos los capítulos, o lo que sea :D
Bien, me voooooy 3
Naruto no me pertenece, sino a su creador el gran Kishimoto, de ser mío Asuma nunca hubiera
muerto :'(
7. PAPÁ
En ese momento, al oír a su pequeña hija de tan sólo cinco años preguntarle aquello, su corazón
se detuvo.
Kurenai llavaba los platos, ya tenía la comida lista y esperaba a que su niña llegara. Se volvió a
su hija, quien la miraba por debajo de sus gruesas pestañas; Mirai Sarutobi era una niña muy
preciosa, de piel como el melocotón, los cabellos negros tan intensos como las alas de un
cuervo, los ojos rojos como su madre y, según sus queridos tíos Kakashi-san y Guy-san, ella era
el vivo retrato de su padre.
Cuando Mirai escuchaba aquello, siempre se preguntaba qué querían decir con eso, y es que
cuando acompañaba a su madre al mercado, o cuando iba de visita a la torre del Hokage, los
aldeanos siempre le decían lo mismo: "oh, Mirai-chan, qué hermosa eres" "Vaya, Kurenai-san,
Mirai-chan es idéntica a su padre" "¡Oh! ¡Mira nada más! ¡Si parece que estoy viendo a un
Asuma-san de pequeño!" "Si Mirai-chan fuera un niño, estaría viendo a Asuma-san" "Si fueran
tiempos de guerra, podría imaginarla siendo miembro de los Doce Guardianes"
Y como esos eran demasiados comentarios, pero ella nunca entendía a qué se refería.
Mirai sólo conocía a su padre por las fotos que su madre le mostraba, y oía de él por todo lo que
los shinobis contaban de él. Principalmente, cuando Shikamaru-san y el tío Konohamaru le
contaban lo grandioso que su papá era. Pero ella nunca lo había visto, y cuando preguntaba
dónde estaba, fingian no haberla escuchado o le cambiaban el tema.
Por eso, aquél día decidió preguntarle finalmente a su madre por él:
-Mami... ¿dónde está papá?- Kurenai no supo qué decirle. Se quedó solamente mirando a su hija
con lágrimas en los ojos, usando un vestidito rosa, peinado con dos coletitas y su muñeco en las
manos.- ¿Por qué todos mis amigos tienen papá y yo no?
-Hoy fui a ver a Ikki-chan, y su papá llegó del trabajo- sorbió por la nariz- Su papá le trajo flores
para usarlas en su cabello y le regaló un vestido nuevo para usarlo en el festival- las lágrimas
corrieron por sus rechonchas mejillas- Y... y luego... luego... - comenzó a llorar- Luego la besó
tiernamente en la frente.
Kurenai se arrodilló delante de su hija y la abrazó con fuerza. La niña ya no se pudo contener y
soltó su muñeco, luego abrazó a su madre con fuerza. Ambas lloraron, la primera sintiéndose
increíblemente culpable y la segunda solamente porque no entendía lo que pasaba.
-¡Quiero a mi papá, mami!- dijo entre lágrimas- ¡También quiero que me abrace, que me bese
con cariño, que me diga que me ama y que me sonría al llegar!- se separó de su madre,
limpiándose las lágrimas- ¡Quiero ver a mi papá! ¡Quiero verlo!
Kurenai la volvió a abrazar y le lloró. Ya era hora de que su hija conociera a su padre en persona.
Cuando Kurenai y Mirai llegaron al cementerio, varios genins limpiaban las tumbas. La niña
observó a los demás chicos, todos saludando e inclinándose ante ellas; aquello siempre sucedía,
donde quiera que iban los aldeanos las trataban como si fueran alguna clase de figuras
respetables. Pero ella no entendía por qué.
Cuando llegaron al Gran Monumento de los Caídos, los genins que limpiaban corrieron a
saludarla, y reconoció al hombre que estaba ahí parado, quien se volvió a verlas:
-¿Sensei?
-Shino-kun, Kiba-kun, Hinata-chan.- saludó Kurenai, sonriéndoles. Los tres Jounin le sonrieron a
su ex-sensei y le regalaron una amable sonrisa. Kiba se volvió a Mirai.
-Hola, Mirai-chan- pero la niña no le respondió, simplemente miró el monumento frente a ella,
atenta. Aún no sabía leer, y esa era la primera vez que estaba en ese lugar, pero suponía que
todas aquellas letras significaban algo.
Y normalmente, Mirai adoraba pasar tiempo con los ex-alumnos de su madre, principalmente
con la tía Hinata, quien la consentía todo el tiempo. Pero es que algo cerca del monumento le
llamó la atención.
Se soltó del agarre de su madre y caminó hasta las pequeñas tumbas que adornaban la orilla del
monumento; Kurenai se mordió el labio.
-Mirai...
-¿Qué le sucede a Kasumi-chan, sensei?- preguntó Kiba, acariciando a Akamaru.- Está muy
extraña...
-Hoy volvió a preguntarme por su padre- susurró la Jounin y sus alumnos la miraron- Llegó
llorando, hablando de Ikki-chan y su padre... y yo... yo no... - y comenzó a llorar. Hinata la abrazó
con fuerza y la Jounin rompió en llanto.- ¡Es tan injusta la vida! ¡Es tan injusta...!
-Sensei- susurró Kiba. Shino caminó hacia la niña, quien se había arrodillado ante aquélla
pequeña tumba adornada con camelias frescas, recientemente aseada y con la insignia que ella
identificaba como la del Clan Sarutobi; estiró sus manitas hacia la lápida, tocándola donde algo
estaba escrito.
-Asuma Sarutobi, hijo, hermano, tío, amigo, sensei, padre.- dijo la voz de un hombre.
Todos los presentes se giraron, y detrás de Kurenai, estaban Shikamaru y su prometida, Temari.
-Es raro verla por aquí, Kurenai-san- dijo el Jounin. Mirai siempre había adorado a Shikamaru:
había algo en él que a la pequeña le gustaba, y no sabía si era por su porte serio y juguetón a la
vez, o tal vez era por esa mirada calculadora y coqueta, o quizás que emanaba un aura de
seguridad y encanto que la niña no podía resistir.
Exhaló el humo del cigarrillo por la nariz, regalándoles a los presentes la mirada más coqueta
que jamás nadie podría poseer.
-¿Interrumpo algo?- dijo, mirando a la viuda, y por la mirada que le lanzó entendió claramente
qué era.
Así que caminó hasta la pequeña Mirai, quien se había sentado por completo frente a la tumba,
con los ojitos llorosos y limpiándose las lágrimas. Le sonrió.
-¿Estás contenta, Mirai-chan?- le preguntó el Nara a la niña, pero ella no dijo nada- ¿Sabes algo?
Todos extrañamos a Asuma-sensei, pero me imagino que tú te has de sentir increíblemente sola,
¿no?- la pequeña asintió, intentando reprimir las lágrimas.
-Ikki-chan tiene un papá que la besa cuando llega, le compra vestidos y la lleva al parque cuando
no tenemos clases. A veces la regaña cuando no obedece, pero siempre le regala sonrisas
amables...
-¿Tú quieres un padre como el de Ikki-chan?- le preguntó a la niña y ella asintió. Shikamaru
entonces comenzó a reír para sorpresa de todos. Temari sonrió, levantando la ceja.
-¿Te digo algo?- la niña asintió de nuevo- No sé lo que es ser un padre, la verdad. Cuando me
imaginaba temiendo hijos, era sólo para preservar el linaje de mi clan...
-Oye... - dijo Temari, lanzándole una mirada venenosa pero él sólo le guiñó el ojo.
-Los hijos para mí son algo molesto, criaturas chillonas y que requieren de una gran cantidad de
paciencia para no estamparlos contra la pared o dárselos de almuerzo a los lobos.
-Vaya, Temari, asegúrate de no dejarle sus hijos a Shikamaru- se burló Kiba, y la rubia sonrió.
-Nunca he sido alguien que ame a los niños pero, ¿te digo quien sí los amaba?- la niña asintió-
Asuma-sensei.
-Así es- Shikamaru miró la tumba, acariciando la lápida con melancolía- Antes de morir, le
prometí que las cuidaría a ti y a tu madre con mi propia vida, porque tu padre me confío esa
misión a mí.
-No sólo soy tu padrino por petición de tu madre, sino porque tu padre me lo había pedido
desde mucho tiempo antes- se acercó a la niña y le susurró al oído- Desde antes que tu madre
supiera que ibas a nacer.- la pequeña se rió finalmente y luego se volvió a la tumba.- Tu padre
fue un hombre maravilloso, y nunca te dejará sola, Mirai-chan, ¿lo entiendes?- la pequeña lo
miró- Porque yo estaré ahí para ti, preciosa- y le dio una tierna sonrisa.
Mirai lloró de nuevo, pero en esa ocasión fue de alegría. Se lanzó a sus brazos, abrazándolo con
fuerza. Temari y todos los demás sintieron una cálida sensación cuando la pequeña comenzó a
repetir lo mucho que quería al tío Shikamaru y él, apenado, palpaba su espalda.
-Entonces, no quiero un papá como el de Ikki-chan. Su vida parece muy aburrida a comparación
de la de papá- todos se rieron.
-Ánimo, Mirai-chan, que tu madre y tú no están solas. Asuma-sensei las vigila desde arriba- la
niña se volvió bruscamente a él.
Caminó hasta su prometida y, así como habían llegado, tomados de las manos se fueron. Antes
de desaparecer de la visión de los shinobis en el cementerio, Shikamaru besó tiernamente a su
prometida en la frente.
Mirai observó toda la escena, luego se volvió a su padre, limpió con sus manitas la lápida y dejó
las camelias sobre ella, luego le dio un pequeño rezo a su padre y se volvió a su madre.
-Mirai...
-Vámonos a casa, mami- dijo la pequeña, caminando hacia su madre. Kurenai sonrió, se despidió
de su esposo prometiendole que vendrían a visitarlo todos los días, se despidió de sus ex-
alumnos y tomó la mano de su hija.
La pequeña sonrió, y una ventisca cálida se apoderó del ambiente. El ex-equipo observó con
asombro cómo algo similar a un remolino danzaba alrededor de las mujeres, con pequeños
pétalos de camelias y hojas bailando mientras ella se alejaban.
Mirai se volvió sólo una vez para despedirse de los Jounin, pero lo que vio la dejó sin habla:
detrás de los tres ex-alumnos de su madre, justamente donde Shikamaru había dejado el
cigarrillo, estaba una silueta; se veía borrosa y el viento y los pétalos le impedían ver con
claridad pero Mirai Sarutobi juró que aquélla persona se estaba despidiendo.
Y tenía la sonrisa más bonita que había visto. Muy similar a la suya.
No se despidió de su padre, después de todo, lo vería en sus sueños como llevaba los últimos
años haciéndolo; porque ella no necesitaba que su padre estuviera presente todos los días,
finalmente lo entendió. Él, de todos modos, las cuidaba a ella y a su madre desde un lugar
maravilloso junto a sus abuelos.
T.T espero les haya gustado éste capítulo tanto como a mí. Pobres Kurenai y su hija, estando
solas :(
Al fin; he pensado mucho en una capítulo sobre esta tierna niña, y al fin se me ocurrió uno :3
pronto lo subiré.
Gracias por sus reviews (espero y me dejen alguno u.u), ya saben que los quiero y nos vemos a la
próxima!
YunaL.
Chapter 8: Chapter 8
Ya estoy de vacaciones :O y no lo recordaba! Pero bueno, eso significa que podré publicarles más
seguido. Bueno, ya es tarde y debo doimir. Espero les guste éste capítulo tanto como a mí.
Cuídense, báñense, léanme y coman brócoli porque es bueno para el cabello jujuju, gracias por
seguir leyéndome y por sus reviews. Los adorooo!
Ya saben, Naruto no me pertenece. De ser así... bueno, sería japonesa y me ahogaría en dinero.
Y Shikamaru sería mío, para variar
MINATO
Si había algo que Himawari Uzumaki sabía a la perfección es que su padre se iba a molestar
mucho.
Caminaba abrazando los girasoles en su mano, dando pequeños pasitos y encogiéndose ante
cualquier sonido. Ella sabía que estaba problemas, y también sabía que cuando su padre se diera
cuenta de que no estaba, no sólo se iba a volver loco, sino que la iba a tomar con su hermano, su
madre, la tía Hanabi y el tío Konohamaru.
-Quiero ir a casa- dijo finalmente la niña, tallándose la carita con las manitas sucias. Dio un
tropezón y cayó nuevamente al suelo, con la cara estampándose contra el lodo.
Himawari no era una niña débil; de hecho, siempre que su abuelo Hiashi la ponía a pelear con su
hermano, o con la tía Hanabi, aunque nunca les ganaba le decía lo fuerte que era, que tenía
grandiosas esperanzas en ella y que estaba seguro que sería la siguiente sucesora al clan...
aunque claro, después de decir "bueno, hasta ver quién tiene el Byakugan".
Ella no sabía muy bien qué era eso del Byakugan, lo único que le quedaba claro era que toda la
familia de su madre lo poseía. Era algo que tenía que ver con los ojos, más o menos. Y aunque a
ella le encantaban los ojos de su amada madre, comenzó a amar los suyos por una simple razón:
el abuelo Minato.
Se sentó sobre el lodo limpiando su carita con la parte de la enorme camisa que usaba que no
estaba sucia; y comenzó a llorar. Lloró porque estaba perdida, porque cuando su padre la
encontrara se iba a enojar con ella, lloró porque estaba segura de que su mamá y su hermano
también estarían enojados, porque el abuelo ya no la iba a querer, pero más que cualquier otra
cosa, Himawari Uzumaki lloró porque los girasoles que le llevaba a la tumba de su abuelo se
habían marchitado y la camisa que usaba (que era de él), estaba completamente sucia.
Himawari sabía que estaba perdida; ahí en medio del bosque no había absolutamente nadie que
la salvara, no podía correr a ningún lado porque sabía que lo único que pasaría sería que se
adentraría más a lo desconocido, sabía también que aunque gritara nadie la escucharía porque
estaba perdida. Y sólo pudo esperar su final.
Cerró los ojos y sintió las lágrimas deslizarse por sus mejillas; pensó en su madre, en lo triste que
estaría cuando encontraran su cuerpo, en lo decepcionado que estaría su padre, en su
hermano... Dios, su hermano mayor lo era todo para ella.
-Nii-chan... lo siento, nii-chan... - lloró la niña, y justo cuando oyó el chillido de la serpiente, una
brisa le acarició el rostro.
Los segundos se convirtieron en minutos cuando se dio cuenta de que aún seguía viva, y cuando
finalmente pudo abrir los ojos... lo vio.
-¿Estás herida, Himawari-chan?- el hombre brillaba como el sol frente a ella, emanando una
peculiar y pacífica aura que solamente había sentido una vez en su vida: con su madre. El sol se
arrodilló frente a ella y la miró, con unos ojos tan brillantes como el cielo, unas pestañas
preciosas y la sonrisa más cálida que jamás nadie le había lanzado.- ¿Qué haces aquí, Himawari-
chan? ¿Te escapaste de casa?- la niña reaccionó, y negó lentamente. El sol le sonrió, se puso de
pie y le tendió la mano- Anda, te llevaré de vuelta a casa, Himawari-chan.
Himawari no le tenía confianza a todas las personas, de hecho le daban miedo. Pero algo en ese
hombre le decía que todo estaba bien. La Uzumaki tomó la mano del sol y comenzaron a
caminar.
-Mamá en casa cuidando a nii-chan, papá es el Hokage- el hombre soltó una risita.
Finalmente, la pequeña Himawari pudo ver el enorme monumento que indicaba que estaba en
el cementerio. Le indicó con su mano libre al sol que ahí se iban a dirigir, y él la cargó.
-¿Vamos a volar?
-Algo parecido- le dijo riéndose. Y cuando ella reaccionó, ya estaban frente al monumento. El
viaje había sido tan rápido que ni lo había notado, pero no sintió miedo. Se volvió al hombre,
quien se había arrodillado ante ella.
-Gracias, señor...
-De nada, pequeña. Y dime, ¿a qué venías aquí? ¿Vienes a visitar a alguien?- ella asintió y le
mostró un primer plano de lo que llevaba puesto. Al hombre casi se le salían los ojos.
-Vine a visitar a mi abuelo, Minato.- el hombre la siguió mirando- Papá me dijo que él fue el
mejor Hokage, y que sacrificó su vida junto a la abuela Kushina para salvar a todos- la niña
sonrió- Y yo, cuando sea mayor quiero ser la primera Hokage mujer en la historia para que mis
abuelos y mi tío Neji se sientan orgullosos de mí... pero...
-¿Pero...?
-Le traía unos girasoles a mi abuelo, porque mi nombre significa "girasol" y son amarillos como
el cabello de papá y nii-chan, mamá dice que es el color del abuelo y yo quería tenerlo así pero
me parezco a ella... pero tengo los ojos de papá y nii-chan, igual que mi abuelo, y soy feliz
aunque no tenga el Byakugan. Y no sé qué es eso. Y entonces, me perdí en el bosque, me caí en
el lodo y ensucié la camisa del abuelo y maté sus flores. Y ya no me va a querer- y ante la
inocencia de la pequeña, el sol la abrazó.
Primero, Himawari se sintió extraña. Aparte de su familia, del tío Kiba, el tío Shino y de Shikadai
e Inojin, no estaba acostumbrada a que la abrazaran... pero algo en la calidez de ese hombre le
inspiró confianza. Así que le regresó el abrazo.
Permanecieron así durante un rato hasta que el sol se alejó de ella. Le acarició la mejilla con su
mano, justo donde estaban las líneas iguales a las de su padre.
-Estoy seguro de que a tu abuelo no le importará. Estará feliz de saber que lo recuerdas- la
pequeña se sonrojó- Ahora, debo irme...
-Pero... - se inclinó ante ella y besó su frente con ternura- Siempre los estaré cuidando,
Himawari-chan.- la niña se maravilló ante la elegancia y porte de héroe de aquel sol, sonriéndole
con encanto.- Cuídate, princesa. Y... - sonrió- Saluda a tu padre de mi parte.
-Claro... - se dio la vuelta, y Himawari leyó algo en la espalda del hombre pero... no sabía leer. La
luz del sol le dañó la vista, y ella cerró los ojos.
-Visiten a su abuela también, Himawari... - y cuando abrió los ojos nuevamente... no había
nadie.
-¡HIMAWARI! ¡HIMAWARI!- Naruto se fue casi volando cuando sintió la presencia de su hija en
el cementerio. Todo Konoha lo siguió, después de todo, cuando sintió el alma de su esposa
asustarse, se preocupó. Y al enterarse de que su princesa no aparecía por ningún lado, no lo
pensó dos veces para poner Konoha patas arriba.
-¡HIMAWARI!
Naruto sintió cómo su alma volvía a su cuerpo cuando encontró a su pequeña sentada frente a la
tumba del Yondaime Hokage, limpiándola con sus manitas y dejándole girasoles. La niña no
había notado que su padre estaba ahí, de ser así habría dejado su labor... pero estaba tan
entretenida contándole algo a la tumba de su padre. Notó entonces que la tumba de su madre
también estaba decorada con girasoles.
-... y luego, papá reprendió a nii-chan por haberse comido las galletas de Sara-chan- se rió- ¡Y tío
Sasuke le dijo chibi dobe!
Naruto caminó hasta ella, con el corazón en la garganta y cuando la niña lo vio, agitó las manos.
Naruto corrió y la abrazó con fuerza, con las lágrimas corriendo por sus mejillas.
La niña le explicó todo lo que sucedió y de cómo el dios del sol la había salvado. El corazón de
Naruto explotó. La volvió a abrazar y la besó en la frente, al instante aparecieron su esposa y su
hijo, quienes corrieron al encuentro de los otros dos. Hinata nunca antes había sentido tanto
miedo, y Bolt jamás pensó que pudiera morir en vida. Los tres se fundieron en un abrazo que
conmovía a cualquiera.
Y una brisa cálida como el envolvió a los Uzumaki; claramente, el rayo amarillo estaba contento.
Ya era hora que Himawari tuviera su capítulo; les prometo no será el único. Esta pequeña me
encanta muchísimo! El siguiente capítulo sé que les gustará muchísimo :D mañana les publico!
Ya-ne!
YunaL.
Chapter 9: Chapter 9
pueden dejarme sus opiniones, ya saben que no muerdo, y que adoro leerlos.
Cuídense, bebeeeees!
Obviamente Naruto no me pertenece, sino a Masashi Kishimoto. De ser mío, hubiera guardado a
Shikamaru bajo llave en un castillo en el mar y no lo hubiera compartido con nadie
Sarada Uchiha observó, como todos los días, a sus compañeros planificar una nueva travesura
para Shino-sensei.
No le sorprendía que la mente maestra fuera el dobe de Bolt, pero sí que la dejó fuera de sí
cuando Inojin y Shikadai fueron los que se le acercaron para hablarle del plan; y es que
últimamente esos dos se la vivían pegados al Uzumaki como sanguijuela. Claro que el pobre Bolt
no tenía ni idea de por qué sus compañeros estaban con él todo el tiempo... pero ella sí lo sabía.
El día transcurrió de la misma manera que siempre, tan tranquilo y con los tres muchachos
planeando la mejor broma del año por el cumpleaños del Sensei.
-Podemos, entonces, regalarle un pastel lleno de insectos- dijo Bolt, sentado en la paleta del
banco.
-Además, ¿cómo se atreven a querer arruinar un pastel con una broma tan sucia? No sean
idiotas- se quejó ChõChõ.
-Gorda.
-Rubiecito
-Ya basta- dijo Shikadai- Tenemos que pensar en algo mejor, ¿alguna idea?- pero nadie habló.
Sarada permaneció en su lugar mirando el libro que tenía en sus manos; en su cumpleaños
anterior, Bolt se lo había regalado. El gesto le sorprendió a la chica, y sus madres se dieron
cuenta entonces que había sentimientos de por medio... pero cuando ella llevó el libro a la
escuela para demostrarle al rubio que le había fascinado el regalo, él pareció no notarlo.
-Debe tener hambre- dijo ChõChõ- Ino-san dice todo el tiempo que la comida de Sakura-san sabe
ho-rri-ble- y todos se rieron.
-Jugarle bromas a los profesores... tch, qué infantiles- dijo Sarada cuando finalmente subió al
techo.
Estaba todo muy silencioso allá arriba a pesar de que en el patio todos jugaban y hacían
desorden; Sarada observó a sus compañeros desde lo más alto, y cómo se perseguían los unos a
los otros.
-Dobes. Todos son unos dobes... - sus ojos oscuros se posaron en Bolt, quien tenía una pelota en
las manos y miraba a sus compañeros. Una chica le sacó la lengua y la pelota le pegó directo en
la cara, para que luego ella saliera detrás de él intentando golpearlo. Sarada sabía que aquella
chica estaba interesada en Bolt pero no sabía si él sentía algo.
Cuando todos sus compañeros de clase se juntaron en el centro para decidir a qué jugar, ella se
recargó completamente en el barandal. Estaba tan sumergida en sus pensamientos que no notó
que los extremos del barandal estaban flojos, y no fue hasta que el viento sopló con fuerza que
levantó su falda, y cuando intentó bajarla se recargó aún más...
Y zas...
Cuando finalmente reaccionó, fue demasiado tarde. Intentó sujetarse de nuevo de un extremo
del barandal pero ambos estaban demasiado flojos, así que cuando lo hizo se despegó por
completo y ella cayó.
Estaba asustada, la altura era demasiado para ella, y sólo recordó que su madre le había dicho
en una ocasión que se pusiera de espaldas para no lastimarse la cara...
-¡Realiza una técnica de viento, Shikadai- gritó Inojin, preparándose para hacer una posesión al
cuerpo de Sarada.
-¡ChõChõ, expandete!
-¡ALGUIEN HAGA ALGO!- gritó Bolt desesperado. Ni siquiera habían aprendido a hacer clones de
sombra. Vaya, se la pasaban todo el tiempo bromeando y jugando que no ponían atención a las
clases.
Sarada vio el suelo y cerró los ojos, al igual que sus compañeros... y sabía que le iba a doler un
infierno la caída.
Pero no sucedió.
El chico delante de ella era mínimo un año mayor, tenía la piel blanca, bonita, los ojos enormes y
oscuros, el cabello perfectamente cortado como si le hubiesen puesto un cuenco en la cabeza. Y
negro. Tan negro como el de su padre.
El corazón de la Uchiha dio un brinco; ella no había sentido algo así por nadie. Ni siquiera por el
dobe.
El chico la bajó de sus brazos, y le acomodó los lentes que se habían desacomodado de su
lugar... luego, le regaló la sonrisa más sincera y preciosa que jamás nadie le había dado.
-¡Ya voy!- le gritó a las dos chicas que lo llamaban y se volvió a Sarada- Procura mantenerte
fuera del peligro...
-¡TAIJU-KUN!
-¡Ya voy...!- puso los ojos en blanco- Ya que tú, serás mi esposa.- la Uchiha se sonrojó, las
piernas le temblaron y sintió que caía nuevamente del techo. El chico le guiñó el ojo y salió
disparado hacia los otros cinco que lo esperaban... y se perdió.
Al comienzo del día estaba emocionada porque, después de tantos años, al fin podría ver a su
padre, ya que había terminado sus misiones. Su madre y la tía Hinata estaban en la cocina, la
casa estaba increíblemente ordenada (aunque eso no era novedad). Ni siquiera notó que su
padre ya estaba sentado en la sala, mirándola como un ciego que mirase por primera vez el sol.
Los niños se acercaron al tío Sasuke, y ChoCho lo abrazó al igual que Himawari.
-¡Tío Sasuke!- dijeron ambas. Sasuke abrazó a ChoCho, luego levantó a Himawari en brazos.
-¿Me trajiste algo, tío Sasuke?- le preguntó ChoCho, tocándole la manga del suéter. Sasuke
asintió y les dio a ambas dos cajitas rosas, Himawari lo llenó de besos y se dispuso a abrir su
regalo. Hizo lo mismo con los niños, y a Bolt led palpó la cabeza suavemente.
-Megone-chan- le dijo Inojin detrás de Sarada- ¿No vas a saludar a tu padre?- la pequeña
reaccionó totalmente apenada, y doblemente sonrojada volvió al mundo. Su padre se acercó a
ella, la abrazó con fuerza y besó su frente.
-Sarada, hija... - susurró el Uchiha. Todos miraron enternecidos la escena, después de todo era el
reencuentro de la familia en mucho tiempo. Sasuke sabía que la relación con su hija sería difícil,
y peor aún con todos los dobes en su casa, así que decidió empezar por lo básico: cargó a su hija
y le sonrió.- ¿Cómo te fue en la escuela hoy, Sarada?- y ante el recuerdo, un sonrojo aún mayor
se apoderó de su rostro.
E Inojin habló, agitando el nuevo paquete de pinturas que su tío le había regalado:
-Taiju-senpai la salvó de una muerte inminente, Sasuke-san- dijo. Todos pusieron atención a la
información. Sakura abrió la boca.
-¿Muer... muerte?- susurró Sasuke, luego miró a su esposa, quien tenía la misma expresión de
confusión en el rostro.
-Sí, se cayó del barandal y luego Taiju-senpai la salvó. Gracias por las pinturas, Sasuke-san- dijo
sonriendo el niño, enseñándole a su padre toda la gama de colores que tenía el regalo.
-Mañana hablaré con Shino, de todos modos debemos agradecerle... - dijo pensativo Sasuke,
luego se volvió a su mujer- ¿Quién es ese Taiju?
-¿Taiju-kun es el hijo de Lee...?- preguntó Sakura, y Hinata asintió- Debe ser por lo menos uno o
dos años mayor que los niños.
-Uno y medio- contestó Shikamaru- Es alumno de Konohamaru-kun. Excelentes notas, popular y
muy listo para su edad.
-Bien, ¿por qué no lo invitas mañana a comer aquí, Sarada?- la pequeña se sonrojó, mirando sus
dedos. Sakura nunca la había visto hacer algo así.
-Claro, después de todo, Taiju-senpai dijo que se casaría contigo, ¿no, Megone-chan?- y le picó
las costillas con su codo- Delante de todos en la escuela.
Y toda la simpatía que pudo haberse generado en esos segundos hacia el chico de Lee, se
esfumó. Naruto, Sai e Ino contuvieron la risa que estuvo a punto de escaparse de sus labios,
porque el semblante de los padres era todo un poema.
Luego, todos se volvieron a Sarada, quien tenía una mirada de ensueño, completamente
embelesada.
-Él... era un caballero gallardo.- se sonrojó y le sonrió a todos- Mi caballero verde de Konoha.- el
silencio se prolongó, nadie habló durante largo rato hasta que Naruto, Ino y Sai rompieron el
silencio estallando en sonoras carcajadas. Sasuke apretó los puños:
No le gustó para nada la manera en que su hija había dicho aquello, y definitivamente no iba a
dejar que el hijo del cejotas se quisiera llevar lo suyo.
Como que dejaba de llamarse Sasuke Uchiha, antiguo criminal internacional durante la Gran
Cuarta Guerra Ninja. Y de ninguna manera permitiría que le quitaran a su hija.
Ya después le haré un capítulo especial a Taiju (aunque... no sé si es hijo de Lee y si ese sea su
nombre)
Pero en fin.
Ya-ne!
YunaL.
Chapter 10: Chapter 10
Antes de comenzar, debo agradecerlos por leerme y sus preciosos reviews que si fueran dinero,
creanme que ya me habría comprado el cargador para mi laptop u.u
Pero bueno, no lo son. Son mejor que eso :), me hace feliz saber que se toman el tiempo para
dejarme un pequeño review, y eso me llena de felicidad tanto que bailo 3 :D
Bueno, debo aclararles algo: los cuatro capítulos que siguen son la misma parte de uno:
nuestras pequeñas guerras y sus sentimientos por los nuevos miembros de su familia.
También aprovecho para decirles que me sorprendió que les gustara mucho el capítulo
anterior :3, y créanme, tengo preparados unos cuantos capítulos respecto a SaraTaiju y Bolt xD.
Serán la hostia!
Aclaro que Naruto no es mío, sino de Masashi Kishimoto. De ser mío, me habría autocreado en
Temari y sería la esposa de Shikamaru bajo todos los medios :3
10. CELOS¹
Levantó la mirada sólo unos segundos para confirmar que su hijo estaba completo, luego volvió
a su labor. Shikadai miró a su madre y a sus tíos conversar en voz baja; luego ambos se volvieron
a él.
-Oh, Shikadai-kun, bienvenido- dijo Kankurou, saludándulo con la mano. Gaara se volvió a su
sobrino, sosteniendo la taza de café que le habían ofrecido.
El niño solamente los miró, pero pasó de largo hacia su habitación. En cuanto escucharon el
portazo, Temari dejó su labor.
-¿Ven? Les dije- suspiró- Lleva así más o menos dos semanas. Ya no sé qué hacer con él...
-¿Peleado? ¿No me has escuchado? ¡Te digo que ni siquiera hemos compartido palabras!- la
rubia se mordió el labio- Apenas come, solamente se encierra y ya ni siquiera me dice
"problemática" o se queja de que lo levante temprano los fines de semana... yo... - y apretó los
puños con fuerza, reprimiendo la impotencia. Kankurou y Gaara se miraron, el primero torció el
gesto y palpó el hombro de su hermana, no sabiendo qué más podía hacer por ella, pues sabía
muy bien que ella no era del tipo sentimental.
Gaara permaneció en silencio.
Se le ocurrieron mil y unas razones por las cuales, probablemente, el pequeño Shikadai, de tan
sólo ocho años, podría estar así. Miró a su hermana, y él supo rápidamente cuál era la razón de
la extraña actitud de su sobrino. No era muy difícil de imaginarlo, la verdad.
Shikadai era un niño, después de todo, y los niños también podían sentir celos.
Así que por eso, se levantó de su lugar y caminó hacia el lugar el cuál sabía donde el pequeño iba
a estar.
Estaba en su lugar favorito en el mundo: el bosque de los ciervos que su familia tenía. Se sentó
en el montículo de piedras, y lanzó el saco de comida que llevaba en las manos por el agujero:
-Todo es problemático- susurró, luego se volvió al agujero- ¿No es así, Jashin-sama*?- el Nara
esperó una contestación pero, al parecer, Jashin-sama estaba durmiendo.
La tarde había caído y pronto anochecería, así que el chico aprovechó el silencio y pensó.
Sabía que sus padres estaban preocupados por él, de hecho también sabía que ya todos en
Konoha habían notado su repentino cambio de humor, y aunque no le gustaba tampoco lo que
sucedía, era algo que no podía entender. Después de todo, él era un chico humano cualquiera,
aunque Jashin-sama le dijera lo contrario.
-¿Y si... de verdad... soy tan malo como Jashin-sama dice...?- se preguntó algo asustado.
-¿Por qué dices que eres malo, Shikadai-kun?- la voz de su tío lo asustó. El pequeño Shikadai se
volvió para encontrar a su tío parado frente a él, con una expresión tranquila aunque cautelosa.
-Haz tenido muy preocupados a tus padres estas últimas semanas, sobrino- el niño tragó saliva
de nuevo pero siguió sin hablar. Gaara caminó hasta el montículo de piedras y se sentó a su
lado, justamente donde el agujero estaba.
-No sé...
Shikadai no sabía cómo reaccionar: ¿de verdad si tío lo sabía? ¿cómo? ¿le diría a sus padres?
Permanecieron en silencio largo rato hasta que finalmente habló de nuevo, mirando al cielo, el
cual comenzaba a oscurecerse:
-Yo no entiendo realmente cómo te sientes, porque no he pasado por ahí. Ser el último hijo me
da privilegios y debo decir que jamás sentí lo que se era tener hermanos menores pero... - el
Nara esperó, algo confundido- Sí sé lo que se es sentirse menospreciado por otros- el ojiverde
abrió los ojos como plato, luego miró a su tío.- Fui el Jinchuriki de Shukaku durante dieciséis
años de mi vida, y en los primeros once sufrí maltratos, abusos, desprecios y no podía dormir
porque significaba que alguien vendría a matarme. Viví de esa manera durante muchos años,
observando el amor desde lejos. Tu abuelo Rasa tuvo sus motivos para haberme hecho todo lo
que hizo, no tuve amigos, tu madre y tu tío me temían, todas las personas a mi alrededor me
odiaban y solamente deseaba matarlos pero, Shikadai, en el fondo sólo me temían.
-Puedo entenderte más o menos, sobrino, pero entiendo que no estás solo. Yo estuve solo de
niño pero gracias al tío Naruto fui rescatado.
-Después de él, conocí el amor y la amistad, mis relaciones se volvieron mejores y gracias a él me
convertí en Kazekage. Recibí el respeto de los aldeanos y tuve una verdadera familia. Te digo
esto porque no quiero que pienses que no hay nadie apoyándote; siempre es bueno contarle los
problemas a los amigos, Shikadai. Para eso están ellos... y la familia- el pelirrojo palpó su cabeza
y comenzó a caminar de regreso a la casa, pero Shikadai se levantó:
-¿No me vas a preguntar qué me pasa? ¿Por qué he actuado tan distante?- su tío no se volvió y
siguió caminando.
-También sentí celos al saber que era reemplazado por mi mejor amigo, sobrino- dijo mientras
se alejaba- Y también cuando veía a mis hermanos llevarse bien, y yo era dejado al margen. Es
normal que sientas celos, después de todo... tendrás un hermanito.
Tras decir aquello, la silueta del Kazekage desapareció entre los árboles.
-¡HEEEEY, MOCOSO! ¿¡ESTÁS POR AHÍ!?- le gritó la voz desde el fondo del agujero.- ¡HEY! ¿¡ME
ESCUCHAS!? ¡TE HE DICHO QUE ODIO EL CERDO! ¡LO ODIO! ¡MOCOSO!
Shikadai apartó la mirada del lugar por donde se había ido su tío, centrando toda su atención
ahora en la molesta voz que lo llamaba mientras caminaba a su encuentro:
"¿Qué habrá querido decir con eso? ¿Qué siento celos de ototo-kun? ¿Por qué piensa eso...?"
Y es que el pequeño Shikadai olvidó decirle a su tío que su comportamiento no tenía nada que
ver con la llegada de su nuevo hermanito.
-Bueno, el tío Gaara siempre ha sido raro.- la voz comenzó a maldecir a diestra y siniestra, y era
mejor ir a callarlo o podría llamar al Shika-oochan* y meterlo en problemas... después de todo,
llevaba años visitando a la extraña voz del fondo del agujero.
-Ya son las diez... - dijo Yoshino mirando hacia el bosque, apretando con fuerza la camiseta de su
nieto.
Después de su plática con el niño, Gaara volvió a la casa sólo para decirles a todos que ya había
hablado con él y que todo estaba bien, sólo un poco confundido y hasta algo celoso con respecto
a su hermano. Pero es que ya eran horas desde el momento y el chico no volvía.
-Enojarte no solucionará nada, hermana- le dijo Kankurou con cariño- Gaara dijo que Shikadai-
kun estaba en el hogar de los ciervos, y ya sabes que ellos no dejarán que nada le pase al niño...
- su hermana cerró los ojos con fuerza, y una mueca de dolor se dibujó en su rostro- ¿Temari?
-Creo que es precisamente lo que le preocupa- musitó Yoshino- Porque "ese" hombre vive ahí...
-¿Ese hombre?- preguntó Gaara. Que él recordara, ahí sólo habían ciervos y el montículo de
rocas en el lugar, y si un hombre esruviera ahí habría sentido su chakra.
Iban a hablar cuando dos cosas pasaron: Shikadai entró por la puerta trasera mientras su padre
lo había hecho por la principal. Yoshino se volvió bruscamente a su sobrino y corrió a abrazarlo.
-¡Shikakun!*- le dijo, besandolo en la frente. El chico le sonrió apenado- ¿Estás herido? ¿Te pasó
algo? ¿Por qué vuelves tan tarde?
-¿Arreglaste tus asuntos, sobrino?- le dijo Gaara sentado en uno de los sillones. El pequeño
frunció el ceño sin entenderlo, pero solamente asintió. Luego, se volvió a su padre quien le había
tocado el hombro y lo miraba con súplica y algo de pena.
Últimamente se estaban distanciando mucho; Shikadai sabía bien el motivo, pero por la plática
con su tío, al parecer todos pensaban que él estaba celoso de su hermano.
"-Menos mal que los humanos sean estúpidos, mocoso. O estoy seguro en estos momentos
serías exiliado de la aldea sin piedad"
-Papá... - susurró el chico. Era ahora o nunca, pensó. Las manos le sudaban, le picaba el cuero
cabelludo, las piernas le temblaban. Él debía decirles lo que estaba pasando, lo que había hecho,
o se metería en problemas peores que el exilio.
Pero justamente cuando iba a hablar, el sonido de algo romperse en la sala los llamó a todos: se
volvieron hacia Temari, a quien se le había caído la taza que sostenía. Kankurou iba a decirle
algo cuando la mirada asustada de la rubia los alertó.
Durante esos segundos, el matrimonio compartió una mirada tan íntima y amorosa que todos
los presentes se sintieron como intrusos. Era exactamente por esas miradas que Gaara creía que
su sobrino se sentía excluido de la ecuación, como si ya no lo quisieran. Pero no tenía nada que
ver con eso.
Antes de poder decir algo, los padres se volvieron a su primogénito, quien seguía parado en su
lugar, mirando con cierta tristeza a sus padres. Shikamaru le tendió la mano:
Shikadai Nara dudó un segundo, después de todo, las palabras de Jashin-sama todavía sonaban
en su cabeza. Pero, por sólo una vez en su vida, él no iba a obedecerle. Sabía que cuando se
diera cuenta que no hizo lo que debía, se iba a meter en problemas, pero en ese momento, sólo
pudo asentir con felicidad mientras caminaba hacia sus padres. Después de todo, al fin
conocería a su hermanito después de tanto tiempo.
Recuerdo que habían quienes me pidieron una continuación sobre el capítulo 3, que hablaba
sobre Shikadai y Hidan. Ya que se trata de drabbles, publicaré más adelante la que podría ser
una continuación y, quien sabe, quizás hasta me anime a hacer un Fic especial sobre los Nara y
ese suceso. Pero más adelante :), ya que termine "Diario de un Jinchuriki".
Aprovecho para agradecerles nuevamente que me lean y sus reviews, en serio ya saben que me
encanta leerlos así como ustedes me leen a mí ^.^
Si tienen Fics que quieran que lea, pueden decirme y me doy una vuelta a sus perfiles. Soy mala
para agradecer, así que leyéndolos sería una manera :B
*Como sabrán, Hidan permanece como prisionero al cuidado de los ciervos en lo profundo del
bosque. Al no saber nada de ese acontecimiento, el ex Akatsuki ha aprovechado para engañar al
niño y cambiar su nombre (vaya, la idea de hacer un Fic especial me emociona más! X3)
*Bueno, la palabra "Ototo"(creo así se escribe), es como se refieren los hermanos mayores a los
pequeños, esto es entre hombres. No sé si haré al nuevo bebé niño o niña para la continuación,
y una ayuda con el nombre me vendría bien :D se aceptan sugerencias!
*Shikakun- Yoshino hace un juego de palabras usando ambas (Shika para ciervo y "kun" pues así
se refieren a los niños) y también en honor a su difunto esposo que se llamaba "Shikaku". Lo sé,
no soy muy creativa que digamos u.u
Ya por último, hasta con futuro matrimonio he salido en sus Reviews! :D jajajaja, gracias a Red
por su bonito comentario, y a todos aquellos que me leen. Recuerden que no tengo laptop, así
que si tengo algún error, pueden decirme. También pueden dejarme sus comentarios para
cualquier cosa :) creanme que sí los leo!
Bueno, me voy. Me duelen los brazos por la posición de mis manos y se me ha caído el celular en
la cara tantas veces que creo que ya tengo la cara en forma de celular X.X
Haré lo posible por publicar mañana... o más de rato ;) les doy mil besos!
Ya-Ne!
YunaL
Chapter 11: Chapter 11
Bueno, aquí les dejo éste tierno capítulo que espero les guste.
Se supone que éste sería el capítulo de Inojin, pero ¡maldito celular traidor!
Ya me faltaba poco para terminarlo y se le ocurre trabarse T.T y estoy muy enojada -.-
Pero bueno, esas son las desventajas de estar escribiendo en un celular :'(
Espero éste capítulo les guste. Me pareció increíblemente tierno, y se me acaba de ocurrir
apenas ahorita :)
Bueno, los dejo, que me duelen los pulgares de tanto escribir y debo descansar o no podré jugar
las retas de Smash :D
Naruto no me pertenece en lo absoluto, de ser así no tendría que escribir en el cel y tendría mil
computadoras :D
11. CELOS²
-Míralo, es tan pequeño- dijo su mujer, acariciando la nariz del niño con su dedo índice. La
acción pareció molestarle, porque frunció el ceño tiernamente, pero siguió con los ojos cerrados.
Sarada, quien estaba parada frente a su madre, miraba con encanto al pequeño, con una sonrisa
tan brillante y los ojos encantados. Una mirada que el Uchiha no había visto nunca en ella.
Parecía que sus dos mujeres estaban demasiado ocupadas como para prestarle atención. Vaya,
ya ni siquiera le preguntaban cómo le había ido en su día o si tenía hambre.
Tampoco es como si el gran Sasuke necesitara que le cocinaran, pero un poco de atención le
vendría bien...
-Cosita preciosa, ¿quién es la cosita más hermosa de mami? ¿Quién es el hombre de mami...?
*.*.*.*.*.*.*.*.*
Sasuke estaba hecho una fiera.
Hacía diez meses exactamente que había regresado oficialmente a Konoha después de todos
esos años de redención, y aunque al principio todo le había parecido extraño, pronto se
acostumbró a la compañía: sus mañanas eran maravillosas porque en cuanto abría los ojos, lo
primero que veía era la silueta delgada y desnuda de su mujer; puede que Sakura no fuese la
mejor ama de casa, pero como mujer, al Uchiha lo complementaba a la perfección.
Luego de un "desayuno" matutino, Sasuke veía a su preciosa hija alistarse para ir a la escuela. Y
es que cada vez que veía a la aplicada chica, Sasuke se sentía increíblemente feliz.
Y sus días, desde hace diez meses, eran así: mañanas en familia, trabajo con el dobe, almorzar
con su mujer, volver a casa con su hija después de la escuela, y a veces, cuando alguno de sus ex
compañeros estaba de humor, solían ir al bar de Hana Inuzuka a beber y hablar de su vida.
Incluso cuando, un mes de su regreso, su mujer le dijo que iban a ser padres de nuevo, el Uchiha
estaba que no cabía de felicidad.
Le hizo el amor a su mujer tantas veces esa noche, que al día siguiente ninguno se pudo
levantar. Y vaya, cuando le contó a su hija (y a todo Konoha) sobre el nuevo miembro de la
familia, Sasuke estaba muriendo en vida.
Se podía decir que estaba teniendo la mejor de las vidas; pero ahora, una semana exactamente
después del nacimiento de su primer varón, él no se sentía para nada feliz.
Normalmente su mujer le preguntaba sobre todo lo que hacía, pero desde que el mocoso había
nacido, no hacía nada más que mimarlo y decirle cuánto lo amaba. Y el mocoso ni siquiera le
contestaba mientras a él, ya ni siquiera lo saludaba cuando llegaba del trabajo. Y Sasuke ya
había llegado a su límite.
Y no solamente su mujer lo ignoraba, sino que su hija parecía igual de encantada con el enano.
Vaya, no era como si tuvieran la mejor relación pero después de su regreso permanente a
Konoha, el Uchiha había hecho lo posible por arreglar la rota relación que tenía con su hija
mayor; había sido muy difícil, pero mínimo la niña comenzaba a hablarle más. Incluso,
entrenaban en las mañanas y por las noches Sasuke le contaba sobre sus viajes en esos años.
Hasta que su preciosa mujer les dijo que un nuevo integrante se iba a unir a la familia, y a partir
de ese día, Sasuke dejó de ser el "hombre" de la casa, pues sus dos mujeres lo único que hacían
era consentir al enano.
"Menuda mierda..."
Finalmente, Sasuke optó por salir de la casa. Ni siquiera se molestó en decirles a sus mujeres a
donde iba, sabía que de todos modos no les iba a importar, así que decidió ir al único lugar
donde podría estar tranquilo.
*.*.*.*.*.*.*.*.*
-¿Teme?- Sasuke se volvió bruscamente hacia la voz que lo había llamado. Sasuke estaba
sentado en el banquito de madera que daba directo al mirador que mostraba el destruido Valle
del Fin.
Para el Uchiha, ese era el lugar más especial en toda la aldea. Bueno, siempre después de su
habitación.
Naruto estaba parado detrás de él, usando el traje de Hokage y con el sombrero en la mano.
Sasuke sonrió.
-¿Y tú? ¿No es hoy la fiesta oficial para presentar a tu hijo?- Sasuke frunció el ceño- ¿No deberías
estar ayudando a Sakura?
-Se las puede arreglar sin mí- contestó apretando los labios y con la mirada oscura.
Claro que su mejor amigo no fue ajeno al gesto, y sin rodeos le preguntó lo que le pasaba;
escuchó con atención todo el relato, hasta que el Uchiha terminó. Ninguno dijo nada. Se
limitaron a mirar la tranquilidad en el lugar: la mítica cascada que tantos encuentros había
presenciado, las rocas ahora deformes y distribuidas por todo el lugar, los pequeños árboles y
las flores que los aldeanos se habían encargado de plantar... y aquél monumento de un hombre
que los miraba.
-Hokage-sama, se le solicita en la torre ahora mismo. La reunión con los otros Kages está a punto
de comenzar.
-No soy nadie para juzgarte, Sasuke, pero para tu mala suerte, yo soy el más indicado para
entender tu situación, y estoy seguro de que vas a matarme pero... - ambos esperaron- Ambos
somos huérfanos. Hemos sufrido, llorado y perdido tanto en nuestra vida, que nadie podrá
entendernos- Sasuke lo miró de reojo- Ignoro lo que son los celos como los que sientes
pero...emocionado -le regaló una sonrisa inocente a su amigo- Yo morí de felicidad cuando
nacieron mis hijos... porque así, al fin tendría la familia que se me fue arrebatada.
Sasuke se había quedado estático. Las palabras del dobe se le habían clavado en lo profundo de
su ser como las que una vez le dijo su querido hermano.
Nunca lo admitiria ante nadie pero... estaba nuevamente agradecido con el dobe.
Observó un rato más la estatua frente a él, y luego decidió volver a casa.
*.*.*.*.*.*.*.*.*
Cuando volvió a casa, su mujer dormía tranquilamente en el sofá, con una expresión claramente
cansada y serena a la vez. La casa estaba ordenada, el patio precioso para la ocasión y oyó a su
hija en el baño. Sintió algo de pena por su esposa; a pesar de que parecía demasiado
entusiasmada con el nuevo bebé, era obvio que estaba cansada porque no la dejaba dormir ni
un sólo instante.
-Duerme, mi amor- le susurró, dándole un beso en la frente. Sakura se removió en su lugar, algo
inquieta, pero parecía muy tranquila en su sueño. Y a su lado, en la cuna portátil, estaba su hijo.
El niño parecía algo inquieto, al igual que su madre, gimoteando y amenzando con ponerse a
llorar. Y movía sus diminutas manitas hacia arriba.
Sasuke reconoció ese gesto: lo mismo había hecho su hija cuando la tuvo por primera vez en sus
brazos. El pequeño buscaba calor. Su hijo lo estaba llamando.
Con cuidado para no lastimarlo, lo tomó en brazos y lo pegó a su pecho como había visto a su
esposa hacer durante toda la semana; el pequeño pareció tranquilizarse. El gesto le pareció tan
tierno, tan puro, y no se pudo contener: pellizcó su rechoncha mejilla, acarició su cabecita, tocó
su nariz justamente como lo hacia su mujer y, finalmente, le dio el gesto de su hermano: le pegó
ligeramente en la frente.
El pequeño soltó algo similar a una risita que derritió el corazón de Sasuke y... sonrió, al mismo
tiempo que lo mecía suavemente para calmarlo.
Si se hubiera girado a su mujer, se hubiera encontrado con esos ojos verdes que tanto le
gustaban llorando, y con una sonrisa de felicidad pura. Sakura sentía que finalmente las cosas se
estaban poniendo en su lugar... y estaba completamente feliz.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Yo creo que Sasuke es un hombre muy celoso, y cuando digo celoso me refiero en todos los
sentidos :D
Bueno, comenzaré a escribir el capítulo de Inojin, porque Dios, amo a ese precioso niño rubio :)
Reviews? Ya saben que son bienvenidos y que amo leerlos :)
Ya-ne!
YunaL.
Chapter 12: Chapter 12
Hooooolaaaa, bebeeeees! 3
He vuelto :)
Bueno, tal y como se los prometí, aquí les traigo el capítulo de Inojin Yamanaka.
Antes de cualquier cosa, quiero desearles un maravilloso inicio del 2015. Obviamente las fiestas
aún no terminan (al menos no es mi casa), pero me he tomado un día para publicarles.
Por ahí me dijeron que querían más capítulos sobre las otras parejas, porque escribía mucho
sobre el SasuSaku. Y creo que tiene razón u.u no soy muy fan de esa pareja, pero es que las ideas
surgen solitas :)
Prometo escribir más sobre otras parejas, de hecho apenas termine con esta mini saga de Celos,
les publicaré un capítulo super tierno sobre el LeeTen :D
Bueno, ya sin más me retiro. Los amo, de verdad, los amo demaciado a todos, gracias por seguir
leyéndome y por sus reviews. Apenas pueda les contesto a todos en MP :*
*.*.*.*.*.*.*
12. CELOS³
Había sólo una palabra que podía describir el estado de ánimo de Inojin Yamanaka en ese
momento: celos.
Sai ya había notado el reciente cambio en su primogénito, principalmente porque las cosas que
con anterioridad le gustaban ahora ya ni las mencionaba, y aunque al principio pensó que era la
edad porque así lo había leído en un libro sobre adolescentes, con el transcurso del tiempo se
dio cuenta de que no era por eso.
Inojin siempre había sido responsable pero de unos meses para acá era casi igual de rebelde que
Bolt. Llegaba tarde de la escuela siempre, no iba a los entrenamientos, descuidaba la floristería,
le contestaba siempre a sus mayores y parecía siempre estar de muy mal humor. Vaya, Sai hasta
notó que su primogénito ya no pintaba, y mucho menos visitaba a Himawari. Ante todas esas
señales, y que sus libros no parecían tener respuesta alguna, decidió consultarlo con la experta:
-Ino, obviamente nuestro hijo no está bien. Ha estado muy callado, y cuando habla es para
respondernos. Incluso tu madre y Shino-san han dicho que se ha vuelto muy grosero...
-Bah, ¿grosero? ¡Pero si apenas y emite sonidos!- Ino se giró del lavabo, y Sai observó
atentamente cómo su esposa se giraba hacia él, cargando un pequeño bultito envuelto en una
toalla púrpura.
-Ino... - susurró Sai, pero su mujer había dejado de escucharlo. Comenzó a balbucear palabras
incomprensibles hacia la pequeña que tenía en brazos, sonriéndole y diciéndole cuánto la
quería.
Y en ese momento, justamente cuando Ino levantó a la bebé sobre su cabeza, él supo por qué su
hijo estaba actuando de esa manera. Quiso decirle a su mujer lo que pasaba, pero al verla tan
encantada con su hija entendió que no iba a hacerle caso a nada de lo que dijera.
"Total, nunca me hace caso de todos modos...", pensó y decidió irse de ahí, buscando a su hijo.
*.*.*.*.*.*.*.*.*
Una vez más, Inojin estaba sentado en el banquito del Valle del Fin; la noche ya había
comenzado a caer, abriendo paso nuevamente a un firmamento lleno de estrellas. Ese atardecer
anunciaba la llegada de la primera luna nueva del mes.
-No es justo... - susurró tristemente el rubio, mirando hacia la estatua de aquél hombre que
adornaba el Valle del Fin. ¿Cuántas veces había escuchado la historia por parte de su padre?
¿Cuántas veces le había hablado del valeroso hombre que ahora era venerado como un héroe
también? ¿Se sentirá también él solo? ¿Ahí... mirando solamente a los que lo van a visitar?
El viento alborotaba los largos cabellos del rubio, y el sereno mojaba el ambiente ya de por sí
húmedo. Siempre había sentido tristeza cuando iba al lugar, pero ese día... era diferente. Inojin
nunca antes se había sentido tan miserable.
Y solo...
El chico Yamanaka no podía entender cómo era posible que esas cosas le pasaran a él. Es decir,
él siempre había sido un buen chico: desde pequeño se portaba bien, hacía sus deberes,
ayudaba a su madre con la floristería, ayudaba a su padre con los papeles del ANBU, porque
desde que lo habían nombrado como líder de las fuerzaa especiales tenía demasiado trabajo.
Incluso ayudaba a la abuela cuando tenía que repartir algún encargo muy pesado o lejano; era
buen amigo, siempre que podía invitaba a comer a Shikadai y a ChõChõ, aunque a veces se
quejaba sobre el peso de su amiga. También, aunque él y Shikadai fueran enemigos en el amor,
él solía ser muy amable y paciente con el Nara. Se portaba tolerante con las bromas de Bolt e
incluso hasta participaba en ellas con tal de quedar bien con él*, y qué decir de lo respetuoso
que era con Himawari y hasta ayudaba a Megone-chan a practicar Taijutsu junto a Taiju-senpai.
Y bueno, en resumen: Inojin Yamanaka era un hijo ejemplar, por eso no entendía cómo era
posible que aquello le pasara. No entendía por qué tenía esos sentimientos.
Y esperó.
Pronto, el manto oscuro se adueñó por completo del escenario, dando paso a la noche, se
adentró en la cascada y observó con cierto interés a las luciérnagas bailar alrededor de la
estatua del hombre.
Inojin volvió la mirada al camino que llevaba la aldea: faroles de colores brillaban intensamente,
el bullicio de los habitantes se podía escuchar aún cuando estaba lejos.
Pero...
Una luciérnaga voló hasta su lecho, y ahí permaneció.- Tú... siempre viene a esta hora, taicho*-
le dijo con cierta emoción, conteniendo la voz rota que estaba apoderándose de él. Carraspeó, y
la luciérnaga pareció sentarse a su lado.
-¿Se habrán dado cuenta...?- le preguntó, pero ella no dijo nada, luego sonrió- No, ¿verdad?-
silencio- Claro que no. ¿Por qué les importaría dónde esté... qué me pase... si no regreso... -
gimoteó- si ya tienen alguien más a quién querer...?- y ante la resolución, Inojin ya no se pudo
contener.
Y es que, aunque sabía que todos sus amigos estaban preocupados por él, a sus padres les
importaba un comino lo que le pasara.
Vaya, desde que Inoue había nacido, nadie en su casa le prestaba atención, vaya, ya ni siquiera
su amada abuela parecía quererlo.
Al principio el pequeño pensó que eso era normal, porque a sus amigos también les había
pasaso lo mismo. Y no podía entender cómo era posible que solamente él sintiera celos.
Recordó entonces los primeros meses del embarazo de su madre: cuando él no cabía de
felicidad al saber que, al final, iba a tener un hermanito. Siempre había sentido celos al ver que
sus amigos tenían hermanitos, pero él pensaba que todo ya estaba bien. Y parecía ser el niño
más feliz del mundo.
-Yo soy el hijo mayor- le dijo a la luciérnaga que parecía estarlo escuchando.- ¡Soy su primer
hijo! ¡La abuela dijo que soy su pedacito de pastel, papá juró que era su mayor obra de arte y...
mamá...! ¡Ella...!- pero ya no pudo más. La luciérnaga revoloteó a su alrededor y casi pensó que
le estaba consolando.
Inojin había soportado un año entero todas las presiones: los nueve meses de embarazo de su
madre y los tres meses de la pequeña Inoue. Él ya estaba harto.
-Supongo que... -gimoteó, tallandose las lágrimas- Si me voy... podrán... empezar de nuevo,
¿no?- dijo el niño a la luciérnaga.
Esperó.
Realmente el pequeño Inojin esperaba a que alguien viniera a buscarlo, no importaba quien,
incluso si era alguna invocación de su padre o uno de sus amigos, él sólo deseaba que alguien
sintiera interés por él.
Pero ahí, sentado en la oscuridad y la humedad, con el estómago vacío y las lágrimas corriendo
por sus mejillas, fue entonces que se dio cuenta de que nadie iría por él.
Silencio.
-Pero, por alguna razón, el equipo 7 y tu madre han sido los únicos que lograron entenderme- el
niño puso atención a la información- Naruto, Sakura y Yamato-taicho fueron las primeras
personas que realmente me comprendieron y aceptaron a pesar de mi mal carácter.- luego, se
rió- Ellos y mi hermano mayor.
-No sabía... que tenía un tío- susurró entre emocionado y confundido el rubio. Sai sonrió.
-Mis pinturas nunca tenían un nombre, pero... cuando finalmente comencé a sentir, supe que
había una palabra que expresaba mis verdaderos sentimientos. ¿Quieres saber cuál?- Inojin
asintió después de un rato. Sai rebusco entre sus pertenencias algo, y se lo tendió. Su hijo lo
miró, y al cuadernito que tenía frente a él, palpó su cabeza tiernamente y comenzó a caminar.
-No llegues tarde a casa. Te estaremos esperando.- y así como había llegado, justamente
desapareció.
Inojin no había entendido ni pio de lo que su siempre raro padre le había dicho, y el cuaderno en
sus manos era casi similar a uno que él guardaba celosamente entre sus pertenencias.
En la cubierta estaba un dibujo que él mismo había hecho antes de que su hermana naciera: una
preciiosa obra de arte donde estaban él, papá, mamá e imotou*. Las lágrimas ya habían caído
por sus mejillas cuando dio abrió el cuadernillo y leyó la única palabra que estaba escrita con la
letra de su padre.
"Amor".
Bajó del banquito a toda prisa y emprendió el regreso a su hogar, dejando a la luciérnaga
revoloteando alrededor de la estatua.
*.*.*.*.*.*.*.*
Cuando volvió a casa eran las once y treinta y, sinceramente, no le sorprendió que nadie lo
estuviera esperando.
Su estómago rugió y caminó a la cocina a paso lento. La casa estaba tan silenciosa, tan pacífica
que por primera vez en un año se sintió tranquilo; los Yamanaka no eran una familia ruidosa. Ino
sólo gritaba cuando había visitas, su padre nunca había levantado la voz desde que podía
recordar, su abuela nunca hablaba de hecho, y el único sonido ahora era el de su molesta
hermana menor.
Inojin notó que no había nada ni en la cocina ni en el refrigerador, y cuando sintió el coraje latir
en su frente, escuchó un sonido.
Permanecieron en silencio largo rato, ambos orbes azulados mirándose, la mayor con una
mirada inescrutable y el menor con la mirada apenada. El tiempo pareció avanzar una eternidad,
aunque él realmente sintió que no había pasado para nada.
Abrió la boca el rubio finalmente, y antes de poder decirle algo a su madre, esta ya lo había
abrazado.
Hundió su cara en su pecho, y con una mano lo rodeaba tiernamente por los hombros.
-Perdóname, Inojin- le lloró su madre. El chico abrió los ojos de par en par- Perdóname por todo
lo que te he hecho, mi amor. He estado tan... distante, y tú siempre has sido tan bueno.
Lamento no haber visto la señales, cariño. Perdóname, corazón...
-Ma... - lo abrazó con fuerza con ambas manos, luego besó tiernamente su coronilla- Mamá...
-Lamento tanto no haberte puesto atención, lo siento demasiado. Tú eres... - y sonrió- Siempre
serás el niño de mami. Inojin, te amo tanto. ¡Perdóname!
A partir de eso, Inojin abrazó fuertemente a su madre y ambos permanecieron así, lloriqueando
lo que pareció una eternidad. Se disculparon, se abrazaron con fuerza e Ino besó a su hijo de la
misma manera en que lo había hecho la primera vez que lo tuvo en brazos.
Estaban tan absortos en su momento que no notaron a los dos espectadores que los miraban
desde el umbral de la puerta.
Sai e Inoue miraban enternecidos la escena, la pequeña de tres meses con sus ojitos
adormilados en los brazos de su persona favorita, y el artista con una sonrisa dulce. Levantó a la
pequeña para que quedara a su altura, y le sonrió:
-¿A qué ya quieres tener un momento así con papi, mi princesa?- y la niña de cabellos negros,
ojos marrones y piel de melocotón soltó una risita de plata que pudo haber alertado a su madre
y su hermano, pero al parecer no la habían escuchado.
Después de todo, Inojin era el niño favorito de mami, y a partir de ese día sería el mejor
hermano mayor.
*.*.*.*.*.*.*.*
*Inoue es el nombre que le he dado a la hija de Saino. Quería buscar una combinación bonita
entre Sai e Ino, pero no se me ocurrió otra -.- soy muy poco imaginativa con los hombres, lo sé
x.x
*En el fic número 9( no recuerdo si es ese), Sarada hace una referencia a que "Bolt no sabe por
qué Inojin y Shikadai son tan amables con él", aquí nuevamente la menciono porque alguien me
preguntaba sobre eso (lamento no haber anotado tu nombre, es que estoy en el cel u.u), pero
para sacar a todos de dudas: los chicos son amables con el Uzumaki porque tienen interés
amoroso en Himawari :3 (sí, soy Shika-Hima-Ino)
Y ya para terminar, le quiero decir que Yamato también tendrá su capítulo especial, sólo
esperen. Los haré llorar sangre así como Kishi cuando me di cuenta de la realidad del portador
del Mouton :'(
Siempre me tardo mucho en editar las historias que tratan de Inojin porque algo me dice que
éste niño, al ser hijo de padres tan especiales, tendrá un carácter muy radical. Puede que sea tan
explosivo como su madre, o por el contrario sea un cínico como su padre.
En todo caso, espero Kishi-sensei no nos decepcione con la personalidad que le vaya a poner al
nene.
By the way, sabían que van a sacar una película especial sobre Bolt!? :O kaaaamiii!
Son las 5:08am, no he dormido por estar editando el capítulo y ya saben que espero sus
reviews :)
P.D.
Red, me hizo el día tu review :3, me agrada que me leas y que a tu hermano le guste como
escribo. Y claro, cuando quieras podemos hablar sobre matrimonio y no tengo problemas con el
color azul :)
Bien.
Ya-ne!
Chapter 13: Chapter 13
Heeeee vueeeelto!
Diablos, creo que me he tardado demasiado en publicar la continuación, pero me fui de road trip
improvisado y no he llegado hasta hoy.
Lo bueno fue que adelanté varios capítulos, así que espero los disfruten al igual que yo :)
Gracias a todos los que me desearon feliz año, de verdad que los amo. Es muy tarde pero espero
hayan pasado también un excelente fin de año y que este 2015 esté lleno de bendiciones y
felicidad...
Son mi vida ;)
Ya saben que Naruto no me pertenece para nada, estaría en Hawaii, rodeada de hermosos
príncipes bronceados si fuera el caso u.u
CELOS⁴
Karui sabía una cosa desde el momento en que Asuma* había nacido: que todo por lo que había
trabajado en sus ocho años de matrimonio se había ido al demonio.
Estaba en el hospital, con el sudor bañandola como cuando iba a la playa, un horrible dolor en
su entrepierna que solamente había sentido dos veces en su vida (la primera fue durante su
inexperta primera experiencia sexual con su amado esposo, y la segunda cuando su preciosa hija
había nacido), y su corazón latiendo a mil kilómetros por hora.
Karui estaba desesperada porque, desde hace aproximadamente cinco minutos, su amado
esposo había apartado la mirada de ella.
Karui ya era bien conocida en el mundo shinobi, no sólo por ser una guerrera poderosa, sino
también por ser la amada esposa del gran Chõji... pero también, por una cosa en específico: era
la mujer más celosa, posesiva y violenta de todo Konoha.
Mientras miraba con sus ojos amarillos a su esposo sonreírle a su recién nacido hijo con una
sonrisa tan brillante y bonita, Ino, quien era su enfermera de cabecera se dio cuenta de que la
esposa de su mejor amigo estaba celosa; y no es que ella fuese una enferma.
De hecho, Ino pudo recordar claramente cómo había sido la primera vez que se habían
presentado: había sido un viernes cualquiera en las reuniones que el equipo 10 hacía en casa de
Shikamaru; Ino y Sai comían tranquilamente cuando su novio le dijo que "veía una masa de
gordura y un fuego negro acercarse". Y la siempre linda Ino supo que se refería a Chõji y Karui.
Todos se giraron a la entrada para saludarlos, pero todo gesto murió cuando vieron sus manos
entrelazadas.
Vaya, incluso Naruto había dejado de comer, y Sakura había apartado por primera vez los ojos
de Sasuke... todo para mirar a la pareja, quiénes se detuvieron ante ellos. Tomados de las
manos.
Claro que los bombardearon con preguntas sobre su romance y todo lo demás, y fue solamente
cuando ya había quedado todo aclarado que se relajaron.
-¡Vaya, Chouji! ¡Qué guardadito lo tenías!- miró a la pelirroja que sujetaba tiernamente bajo sus
brazos, luego se volvió a Ino- ¡Y pensar que nuestros padres creían que ustedes iban a casarse!-
todos se rieron, incluso Sai... excepto una pelirroja.
-De verdad, mi padre era un tonto- dijo la rubia, apartándose los mechones del rostro, luego le
sonrió a su amigo- ¿Te imaginas, Chouji? ¿Nosotros casados?- el chico explotó en una risa
exagerada y todos le siguieron.
Quizás, si se hubiera girado hacia abajo hubiera encontrado la mirada ardiente de celos en su
amada pelirroja.
Ino estaba lista para irse a casa con su novio, cuando una presencia la alertó de algo. Sai y ella se
detuvieron sólo para encontrarse a Karui y Chouji parados del otro lado de la calle: Ino no pudo
evitar sonreír de felicidad por su amigo, hasta que la pelirroja se dio cuenta de que estaban ahí.
Chouji agitó la mano para despedirse de sus amigos, dispuesto a llevar a su chica a su casa, pero
ella lo detuvo.
-¿Qué pasa?- le preguntó su novio a la pelirroja. Ella no apartó la mirada de fuego de la rubia, y
se volvió a Chouji con una sonrisa.
-Tengo algo que decirle a tu "amiguita", amor. No tardaré demasiado- le dijo y comenzó a
caminar hasta ella.
Ino y Sai miraron a la pelirroja caminar hacia ellos, y antes de que la rubia pudiera preguntarle
qué pasaba, su mirada sombría la detuvo.
Karui quedó a tan sólo dos centímetros de la cara de la rubia, y con la mirada ardiente le habló:
-Yo no sé qué clase de relación tuviste o tienes con Chouji, pero quiero que una cosa te quede
clara- Ino esperó, demasiado asustada para poder contestar. Sai parecía de piedra.- Acércate a él
más de dos metros sin ningún motivo importante- Ino iba a abrir la boca pero ella la calló- ... y te
juro que tendrás que correr con una pierna, porque me encargaré personalmente de que nunca
puedas levantarte otra vez, ¿entendiste, rubiecita?- Ino, incapaz de poder hablar, solamente
asintió.
Karui les dedicó una sonrisa, palmó ligeramente el hombro de la chica, y volvió con su novio. Se
despidió de ellos sin antes lanzarles una mirada amenazante... y Sai e Ino todavía
permanecieron ahí. Completamente asustados.
*.*.*.*.*.*
Habían pasado tres horas desde que el pequeño Asuma Akimichi había nacido, y en todo ese
momento habían sucedido dos cosas: ella no lo había sostenido en ningún momento y su esposo
no la había mirado para nada. Lo único que hacía era decir "lo maravilloso y perfecto que su
pequeño era", y no es como si ella pudiera opinar, porque su esposo no se había apartado del
recién nacido para nada.
Incluso ChõChõ quiso cargarlo y él solamente la dejó mirarlo durante unos momentos... luego
volvió a mecerlo, mimarlo y decirle cuánto lo amaba.
Ino entró a la habitación para llevarse al niño porque debían bañarlo de nuevo, y Karui vio la
mirada de tristeza que le lanzó a la rubia cuando se perdió tras la puerta.
Quería arrancarle los ojos a su esposo, ponerle dos tablas entre la cara y obligarlo a mirarla
solamente a ella, pero estava tan cansada, tan triste que no pudo hacer ni una cosa ni otra.
Sus ojos se estaban cerrando, y volvió la mirada a su esposo... sólo para encontrarlo con la vista
sobre ella.
Karui amaba muchas cosas en la vida; puede que ella fuera celosa como el diablo con su esposo,
sobreprotectora con su preciosa hija y agresiva con todo el mundo en general, y aunque
pareciera que a veces odiaba el mundo y que un día mataría a todos a golpes (especialmente al
Hokage y a la florista), ella amaba con todas las fuerzas de su naturaleza a su esposo.
Antes de él, e incluso después, ella estaba segura de que no podría nunca amar a ningún hombre
como lo amaba a él. Y es que él era perfecto: aún cuando solía balbucear todavía cuando se
ponía nervioso, aunque dejaba que su preciosa hija comiera bocadillos fuera del horario
establecido, aunque a veces la sacaba de quicio por desaparecerse con sus compañeros de
equipo, ella no podía imaginar un mundo donde él no estuviera.
Karui siempre pensaba que su mundo empezaba y terminaba con él, con su semblante
adormilado por las mañanas, su sonrisa burlona cuando la hacía enojar y esa mirada coqueta
antes de dormir.
Hasta que Ino volvió con su hijo, les regaló una sonrisa y se alejó.
Chouji se sentó en la cama junto a ella, le tendió al pequeño Asuma y en el momento en que
Karui vio al bebé gordito idéntico a su padre, con cachetes increíblemente redondos y rosados,
con el mismo tono rojizo como el de ella en su cabello, los ojitos rasgados como los de su padre
y del color de ella, Karui supo que había encontrado otro hombre por el cual daría su propia
vida.
-Gracias, mi amor- le susurró con la voz rota de felicidad, ella lo miró- Gracia por seguir
haciéndome feliz. Te amo.
Y la besó tan apasionasamente que ella casi se puso morada por la falta de aire.
Y bueno, si antes Karui pensaba que el niño iba a ser un problema, estaba realmente feliz de
saber que recibiría más besos apasionados como esos si seguía dándole hijos a su esposo.
*.*.*.*.*.*.*.*
Creo que Karui es una de esas esposas celosas como el infierno, pero increíblemente felices :3
Así que como me dijeron que querían más capítulos sobre las otras parejas, he decidido
dedicarme a otros que no sea el SasuSaku (la verdad no sé por qué siempre termino escribiendo
de ellos, si soy claramente puro ShikaTema, pero bueno)
En fin.
YunaL.❤
Chapter 14: Chapter 14
Tuve un pequeño colapso, y a raíz de eso tengo que estar internada durante una semana u.u
Les tengo un capítulo muy bonito, así que espero les guste :)
En fin, disfrutenlo!
*.*.*.*.*.*.*.*
14. MI MUSA
Lentamente abrió los ojos y dejó que los recuerdos lo innundaran: la noche anterior había
bebido demasiado para ser que él no solía hacerlo, pero era un día que lo ameritaba.
La música todavía sonaba en su cabeza, el sabor del vino aún persistia en su boca y el olor a
cigarrillo pareció haberse impregnado en su piel.
Arrugó la nariz, y cuando se despertó realmente, lo primero que hizo fue pasear su oscura
mirada somnolienta por la misma habitación donde se había despertado desde hace diez años,
mientras se aseguraba de realmente estar ahí.
Había otras veces en las cuales podía estar tranquilamente ayudando a su mujer en la cocina, o
en la tienda, y sentía que nuevamente estaba sumergido en la oscuridad, el sello de la lengua
había regresado y una vez más estaba reprimiendo sus sentimientos... pero el simple sonido de
su voz o el olor de su esencia a flores lo traía de regreso.
Y esa mañana la miró como nunca antes lo había hecho: ella dormía tranquilamente frente a él,
con su siempre perfecta cabellera desordenada, sus preciosos ojos cerrados, su divina boquita
entreabierta y envuelta en solamente un ligero blusón de seda color morado.
Dormía totalmente ajena a su esposo, quien la miraba como si fuese un ciego que mirase por
primera vez el sol.
Y mientras observaba con su oscura mirada a la madre de sus hijos, la razón de su felicidad y el
motivo de su existencia, el supo que la amaba.
De hecho, lo supo durante su quinta cita hace once años exactamente, cuando la acompañó a su
casa después de una velada muy bonita la noche de Navidad, y aunque él la había pasado con el
equipo 7, una parte de él había esperado desesperadamente ver a Ino. Hablaron de muchísimas
cosas sobre ambos, y él supo que el sentimiento que estaba sintiendo en ese momento no era
otro que amor; fue directamente a la biblioteca a buscar sobre ese sentimiento, y aunque él
sabía perfectamente lo que era, quería estar seguro.
Recordó muy bien la mirada que ella le dio al día siguiente cuando, a primera hora de la
mañana, estaba esperando afuera de su casa con una enorme pintura.
La chica y todos lo miraron sorprendidos, porque él no era precisamente la clase de persona que
hiciera un regalo, menos uno como ese.
La pintura estaba hecha en un lienzo color crema cortado perfectamente en forma de corazón,
junto con un marco con la misma forma. Dentro de el lienzo estaba pintado un corazón
bombeando pequeñas gotas de sangre.
Todos miraron el dibujo, el cual más que parecer tierna se veía muy realista y algo grotesco.
Naruto frunció el ceño y Sakura arrugó la nariz.
-Eso es... -musitó Naruto, luego ocultó una risita. Hinata sonrió, y Sasuke solamente miraba
desde el balcón con un tomate en la mano.
-Leí en un libro que ponía que cuando las personas tienen afecto por otras, y estas les regresan
lo mismo, un regalo es la mejor manera de demostrarles sus sentimientos- Sai esperó pero Ino
parecía ida, con ambas manos en la boca y los ojos abiertos como platos. Al ver que no hablaba,
decidió continuar hablando- Y... el libro ponía que el regalo debe ser algo salido desde lo más
profundo de nuestro corazón... - siguió esperando, comenzando a impacientarse, pero ella no
hablaba todavía. Sakura y Hinata se miraron.- Y bueno... yo... dicen que los sentimientos deben
venir desde lo profundo del alma... y que... - silencio todavía- Deben ser sinceros.
-Sakura... - llamó Sasuke a la pelirrosa, ella se volvió a él- Dile que es ridículo. Ino ni siquiera
parece interesada...
-¿Qué has dicho?- lo detuvo Ino, hablando al fin. Sai creia que se había quedado muda.
-No, antes.
-¿Estás enamorado...?
-Sí.
-¿De... mí...?- las lágrimas comenzaron a rodar por sus azulados ojos, y se cubrió la boca para
reprimir un sollozo.
-Sí, de ti. ¿De quién más lo...?- pero ella no lo dejó terminar.
Se abalanzó sobre él, cubriendo su boca con la suya y apretando con fuerza su cuello. El impacto
había tomado desprevenido a Sai, y éste cayó sobre su trasero.
Sasuke y Naruto soltaron una risita, y sus novias les lanzaron una mirada de fuego.
En el suelo, Ino sonreía con lágrimas en sus preciosos ojos azules, y Sai no pudo contener una
sonrisa.
Limpió con su dedo las lágrimas que caían de su ojo izquierdo, y le sonrió mientras la besaba.
-¡Sí!- lloró ella, haciendo coro con los gritos de felicidad de Sakura y Hinata.
*.*.*.*..*.*.*.*.*.*.*
Ino sintió que había dormido una eternidad, pero no tenía ganas de levantarse para nada de la
cama.
La cabeza todavía le daba vueltas y sentía que su cuerpo estaba siendo aplastado.
Y se hubiera quedado más tiempo ahí de no ser porque sintió algo frío recorrer su espalda. Abrió
los ojos de par en par sólo para encontrarse con su esposo de pie dándole la espalda.
Completamente desnudo.
-¿Te desperté?- le preguntó curioso. Ella negó, levantándose de la cama. Le tendió los brazos y
él, con una sonrisa, se acurrucó en ellos.
De ese tipo de besos que quitaban el aliento, de esos que lo volvían loco. Ese tipo de besos que
lo despertaban todas las mañanas.
El mismo tipo de besos que ella le dio aquélla mañana del 25 de noviembre cuando él le declaró
sus sentimientos.
-Sai... - susurró ella cuando sintió las manos de su esposo recorrer su cuerpo. Él comenzó a trazar
un caminito de besos desde sus labios hasta su abdomen, y hubiera seguido más abajo si la
puerta no se hubiera abierto de golpe:
-¡PAPÁ, PAPÁ, PAPÁ!- la voz de Inojin interrumpió lo que la pareja había iniciado. Inojin llevaba
en sus brazos a su hermana Inoue, de dos años, y ella se lanzó a su padre.
-¡PAPI, PAPI, FEDIZ CUMPEAÑOS PAPI!- dijo la pequeña, dándole besos a su padre.
-Feliz cumpleaños, mi amor. Te amo tanto...- le dijo ella plantándole un fantástico beso en los
labios a su esposo.
El mismo tipo de besos que le dio cuando Sai le dijo que la amaba por primera vez esa mañana.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Reviews?
Cada review hará que me recupere pronto así que... DEJEN MILES PARA SALIR DE AQUÍ! D:
Los amo! Gracias por seguir leyendome y a todos los que me dejan reviews. Saben que los amo a
ustedes y sus palabritas de aliento. Me motivan a seguir escribiendo :)
Bueno, tengo que fingir que duermo.
Ya-ne!
YunaL.
Chapter 15: Chapter 15
Ando con mucha prisa, pero ya saben que los amo muchísimo.
Que lo disfruten.
Ya saben que Naruto no me pertenece, sino a Masashi Kishimoto. De ser mío... bueno, ya saben,
yo tendría a Shikamaru en mi sótano ;)
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
15. MÍA
Si alguien le hubiera dicho a Lee que sería tan feliz, probablemente no lo hubiera creído.
La noche ya había caído cuando salió del dojo, y despidió a los últimos tres chicos que se habían
quedado a ayudarle a limpiar todo el desastre... porque su esposa era una loca agresiva y todos
sus alumnos le temían.
Lee sonrió.
Si alguien le hubiera dicho que iba a terminar casado con una mujer tan hermosa... bueno,
probablemente no lo hubiera creído.
No sólo porque ella era una mujer maravillosa, ni tampoco porque era la más hermosa y
perfecta de todas las kunoichis en Konoha... sino porque había sido su compañera de equipo
durante muchos años.
Y es que Tenten era la mujer perfecta para él. Con sus ratod adorables que contrastaban con su
siempre personalidad agresiva, con esa mirada preciosa siempre y diablos, Lee amaba tanto su
sonrisa.
-Soy tan afortunado de que sea mía- se repitió por enesima vez en ese día, mientras caminaba
de regreso a casa.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Lee volvió a casa finalmente, sólo para encontrar a sus tres hijos jugando en el jardín.
Hacia una noche muy bonita, y la luna brillaba intensamente sobre ellos, reflejandose en el
estanque de su casa.
Taiju caminaba lentamente, mirando de un lado a otro mientras sus hermanos menores, Rin y
Tsubaki corrían de un lado a otro, pues el mayor tenía los ojos vendados y sus hermanos
intentaban no reírse para no ser encontrados.
Lee sonrió mientras caminaba al lado de ellos, y Tsubaki levantó los brazos hacia él:
-¡Papi! ¡Papi!- dijo la niña. Físicamente, Tsubaki era muy parecida a su mamá, sólo que con el
cabello negro como el de su padre y unas enormes mejillas rosadas y rechonchas. Usaba dos
coletas sobre su cabecita y vestía un vestidito azul con rosa.
-Hola, preciosa.
-¡No es justo, papá!- Lee y Tsubaki se volvieron a Rin- ¡Estábamos jugando al Oni*!- y cruzó los
brazos sobre su pecho.
Rin era una copia exacta de su padre: ojos redondos y enormes, cabello negro brillante y casi
siempre usaba un jumper idéntico al de su padre cuando estaban entrenando.
-De todos modos yo iba a ganar. Ya sabía dónde estaban. Hola papá, bienvenido.
-¡No es justo!- se quejó Tsubaki- ¡Usas tus poderes ninja contra nosotros!- se volvió a su padre-
¡Hace trampa, papi! ¡Tai-chan es un tramposo!
Taiju le sacó la lengua a sus hermanos, y Rin se volvió a él para corretearlo. Tsubaki se bajó de
los brazos de su padre y siguió a sus hermanos, quiénes corrían por todo el jardín.
Taiju saltaba de un lado a otro, y finalmente se quedó sentado sobre la enorme estatua de un
leon tortuga y se rió de sus hermanos, quienes intentaban atraparlo.
Unos pasos sonaron detrás de Lee, pero él no necesitó volverse para saber quién era.
-Te tomó tu tiempo llegar, ¿eh?- le preguntó la castaña, sintió sus delgadas manos abrazarlo y él
no podía estar más feliz. No se volvió- ¿Dónde estabas? Y donde me digas que con tus alumnos...
-¿Ah, sí? ¿Y qué le dijiste? ¿Lo retaste nuevamente a una de sus tontas carreras idiotas?- y soltó
una risita, algo nerviosa para hacerle creer que estaba hablando en serio.
Lee frunció el ceño, se volvió hacia ella y nunca antes una mujer le había parecido más hermosa;
ella era tan perfecta que la palabra "preciosa" se quedaba corta.
Y no era porque ella fuese en sí realmente hermosa, sino porque su amada esposa usaba su vieja
camiseta verde de ejercicios.
Esa visión siempre le provocaba querer devorarla hasta saciar esa hambrienta sed que ella le
provocaba. La tomó de la cintura y la atrajo hacia él con fuerza. Y mordió su labio inferior.
-Te amo tanto, ¿lo sabías?- le dijo con una sonrisa. Ella soltó una de esas risotadas nerviosas y
envolvió sus manos entorno a su cuello, se paró de puntillas y sus labios quedaron a tan sólo
unos centímetros.
-¿Por qué otro motivo estaríamos casados desde hace diez años, tonto Lee?- le dijo, y lo besó.
Lee la apretó fuertemente y la hubiera tomado en ese mismo momento de no haber sido porque
escuchó las risas de sus hijos y un gritillo de su pequeña.
Ambos padres se volvieron sólo para ver a Taiju cargando de cabeza a Rin, y a Tsubaki trepada a
su espalda dando pequeños saltitos. Lee soltó una de esas risotadas que a su esposa tanto le
gustaban, y mientras él parecía haberse perdido en sus tres amados hijos jugando se preguntó
por qué amaba tanto a ese estúpido hombre.
-Patear el trasero de tus rebeldes hijos, quiero creer- le contestó Lee, pero ella solamente llevó
su mano hasta su vientre y él abrió los ojos de golpe.
El vientre de su esposa aún estaba plano, y era imposible que él sintiera algo... pero él estaba
seguro de que "algo" había ahí.
Lo supo porque la sonrisa que su mujer tenía en su rostro era la misma que le había dado las tres
veces anteriores.
-¡Maldita sea, cómo te amo!- le dijo al cargarla, dándole vueltas. Sus tres hijos dejaron de jugar y
los miraron, y con una enorme sonrisa y lágrimas brotando de sus ojos, se volvió a ellos- ¡Viene
el cuarto! ¡Viene el cuarto!- anunció en voz alta.
Los niños corrieron hacia sus padres, y entre que Rin hablaba de otro hermano varón para jugar,
y Taiju decía algo sobre "no me importaría si fuera niña", Tsubaki exigía saber de qué hablaban.
Todos se fundieron en un fuerte abrazo de oso, de esos que solamente los Lee sabían dar.
Y ahí, envuelta en ese calor familiar, con sus personas favoritas y en brazos del hombre de su
vida, Tenten no pudo sentirse más feliz. Miró al cielo y sonrió.
"Debes estar celoso, Neji"- suspiró- "Parece que Lee al final te ha superado..."
Después de todo, había sido gracias a Neji que ella se dio cuenta de sus verdaderos sentimientos
hacia él. Después de todo, ella era una Lee ahora.
Y por nada del mundo cambiaría eso. Menos ahora que ya iban a romper récord de natalidad en
Konoha.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Ya saben, hago todo esto porque los amo y porque ustedes me hacen feliz :D
Aún sigo internada, pero gracias a todos los que se han tomado tiempo de leerme y dejarme sus
reviews. Me llenan de alegría y me siento mejor cuando sé que me leen :)
El siguiente capítulo, que espero publicarles mañana, se va a tratar de nuestro pequeño Bolt...
diablos, me he dedicado a las parejas y no he hablado de los pequeños D:
Pero ya retomaré a los nenes. Y no crean que me he olvidado de Sarada y Taiju. Es sólo que aún
no sé qué escribir.
Bueno, ya apagaran las luces y si me descubren en el cel y no descansando como debería, estaré
en graves problemas :B
Ya por último les aviso que planeo hacer un grupo de FB o página, aún no se, para que me deb
sus ideas y podamos platicar :D
Ya-ne!
YunaL.
Chapter 16: Chapter 16
Los adoro!
Temari era muchas cosas en la vida, pero paciente no era una de ellas.
Y menos ante la mujer que estaba ante ella, y sólo podía definirla con una palabra.
Molesta.
66La odiaba.
Y lo único que quería era que terminara su maldita misión y desapareciera, porque odiaba la
manera en que miraba a su esposo.
Desde que había llegado no hacía más que mirar a su esposo y más que mirarlo, la rubia odiosa
coqueteaba descaradamente con él.
Shiho era rubia, con el cabello increíblemente largo y ondulado como serpientes, tenía los
ojosde un verde muy peculiar y llamativo, usaba una bata blanca como la de Sakura Haruno,
pero notó que debajo de ella había un cuerpo endemoniadamente sensual. Lo supo porque,
cuando ella fue a la oficina de su esposo para dejarle el almuerzo vio a la rubia sentada con las
piernas cruzadas delante del Hokage. Usaba una blusa de tirantes de seda color blanca que
mostraba dos grandes y perfectamente firmes seno (la prueba clara de que no había tenido
hijos), una diminuta falda color vino que realzaba unas torneadas y largas piernas, envueltas en
unas zapatillas de tacón negras con un cinturoncillo en los tobillos, y llevaba los labios pintados
de un intenso color rojo.
Temari nunca se había sentido intimidada ante nadie con anterioridad, mucho menos ante otra
mujer; ella siempre supo que era una mujer extremadamente hermosa.
Temari odiaba a esa mujer no porque coqueteara con su esposo, sino porque claramente vio
cómo Shikamaru la miraba.
Odió a la mujer porque era hermosa, pero más porque había despertado el interés en el hombre
que amaba.
-Suna-neechan!*- le dijo agitando la mano para llamar su atención. Shikamaru y Shiho dejaron
de sonreírse como idiotas y miraron a la mujer que estaba parada en el umbral de la puerta.-
Trajiste el almuerzo! Qué bien!- dijo Naruto levantándose de la silla.
Temari no apartó la mirada de aquéllos, y antes de que su esposo pudiera decirle algo, se dio la
vuelta y casi corrió de ahí.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Lo supo en el momento que llegó a la casa y ni siquiera se dio cuenta de que había dejado un
desastre en el corredor al estar jugando Shogi con Karura*.
Su pequeña hermana levantó los bracitos hacia su madre, demandando su atención, pero la
rubia pareció no haberla visto.
Karura frunció el ceño, gesto que recordaba mucho a su tío Gaara, y miró a su hermano mayor.
Sus ojos, del mismo color como su tío Gaara se estrecharon, y sus cabellos café oscuro como el
tío Kankurou saltaron cuando comenzó a patalear. Su hermano mayor la miró.
-Debe estar ocupada, Karu-chan- le dijo mientras la cargaba para darle de comer.
Y miró hacia la puerta trasera, que era por donde se había ido.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Cuando Shikamaru volvió, que la casa estuviera en silencio total le avisó que algo malo sucedía.
Caminó por cada rincón de la casa, y el silencio lo asustó tanto que no supo si gritar o
preocuparse.
-Bienvenido.
-¿Dónde está tu madre?- le preguntó sin rodeos el líder del clan. Se podía decir que hasta eran
demasiado fríos, pero simplemente los Nara no creían que tenían que andar por la vida pintando
todo color de rosa. Ninguno de los tres mayores, ni tampoco Shikadai, creían que eso era
necesario.
-Mamá estaba con Obaa-sama* hace un rato, pero creo que fue al bosque.
-¿Al bosque? ¿Qué diablos…?- Shikamaru lanzó un largo suspiro, frustrado, porque puede que él
fuera algo despistado, pero conocía a la perfección a su mujer. Comenzó a caminar hacia la
puerta trasera, pero el llanto de su hija le impidió avanzar. El líder del clan observó cómo su hijo
se las arreglaba para callar a su hermana, meciéndola tiernamente y cantándole una canción
que él nunca había oído, pero que hablaba sobre vientos, arena y un amor por siempre mientras
hacía su labor, que era prácticamente ignorar a todo el mundo y concentrarse en su hermana.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Temari estaba sentada en un montículo de piedras que ella conocía muy bien.
Normalmente ella no era de las personas que se encerraran mucho en sus pensamientos, de
hecho, sino se encontraba en el campo de batalla o en alguna misión, la esposa del Consejal no
se permitía darle vueltas a ningún asunto más de una vez. Decía que tenía cosas más
importantes de las cuales preocuparse… pero en ese momento, sólo una cosa ocupaba todos sus
pensamientos.
La maldita Shiho.
Observó con atención su reflejo en él, y aunque lo que estaba viendo era satisfactorio, se sentía
poca cosa.
Delineó con sus delgados dedos las líneas casi invisibles de arrugas que amenazaban con
aparecer en su rostro, tocó su delgada nariz y la encontró imperfecta para su rostro, se dio
cuenta de que sus cejas estaban ligeramente disparejas así como que sus labios estaban rotos a
causa de la sed.
Sus siempre frías turquesas amenazaron con derramar lágrimas traicioneras, pero era tan
orgullosa que no se permitió hacerlo. Así que aplastó el espejo de mano con todas sus fuerzas.
-Oye, oye, ¿es ese el respeto que una mujer debe darle a su marido?
La voz de Shikamaru la sobresaltó por completo; levantó la vista y, sentado sobre la prisión de
Hidan, estaba su esposo. Usaba una piyama muy cómodo e iba descalzo, su cabello caía debajo
de sus hombros y Temari no pudo evitar pensar que su esposo era realmente hermoso.
Y casi al instante, recordó la mirada coqueta y alegre que le había dado a la rubio odiosa, motivo
por el cual la sonrisa que iba a dibujarse en sus labios, se borró. Así que miró de nuevo hacia los
ciervos.
-¿Qué haces aquí?- dijo Shikamaru pero ella ni lo miró- Ya es muy tarde.
-Oh.- fue todo lo que ella dijo. A ese punto, claro que el señor Nara sabía que su voluble mujer
estaba furiosa, y aunque no entendía por qué, sabía que era su culpa. "Siempre lo es", pensó.
Shikamaru se bajó con pereza de las rocas y se arrodilló delante de su mujer, la tomó de la
barbilla y la obligó a mirarlo; Shikamaru Nara había visto muchas facetas sobre su rubia
hermosa, desde las sonrisas fugaces que solía darle a las personas, hasta los imprevistos
balbuceos que oía que le decía a su hija cuando creía que nadie la veía, la había visto enojada,
furiosa y echa una fiera. Pero nunca triste.
Ella no era de esas personas. Ella era una mujer fuerte y decidida, altanera todo el tiempo y
extremadamente mandona, pero en ese momento sus ojos que siempre le gustaron parecían
tan miserables.
La abrazó con tanta fuerza que parecía quería fundir su piel con la de ella.
Temari contuvo el sollozo que iba a traicionarla, y hundió su rostro en el cuello de su esposo.
Y la besó.
Shikamaru besó con tanta desesperación a su mujer, tanta pasión, que tuvo que separarse unos
instantes para recuperar el aliento.
Acto seguido, la desvistió con una agilidad y urgencia, sin preocuparse por la ropa; destrozó el
diminuto kimono favorito de su mujer, pero no se preocupó por ella. Le compraría mil kimonos
si ella quería, toda la tienda. Sólo quería amarla.
Y así lo hizo.
La amó en el suelo pastoso y suave donde estaban, en medio del bosque, rodeados por los
ciervos, las flores, la dulce oscuridad y Hidan, claro. Quien no había dicho ni mu.
Cuando finalmente terminaron, si alguien los hubiera descubierto, no sabrían dónde empezaba
uno y terminaba el otro, y aún dentro de ella, acariciando su nariz con la suya, sosteniéndose
con sus poderosos brazos para evitar aplastarla, la miró.
-Eres hermosa- le dijo desde lo más profundo de su ser. Temari ya no pudo contener más las
lágrimas ni los sollozos, y aún con la vergüenza, lloró. Su esposo sintió ternura de verla tan
vulnerable (y no solamente por que estuviera desnuda), así que la levantó tiernamente y la
abrazó.
Dejó que su amada rubia llorara lo que tuviera que llorar. Porque sabía que ella nunca más lo
volvería a hacer.
-Eres la mujer más hermosa del universo, Temari- le dijo- La más hermosa que jamás nadie
tendrá el placer de tener en sus brazos, y eres sólo mía.
-P-Pero… ella…
-Shh. Nadie, Temari- la obligó a mirarlo- Ni mi madre, ni Ino, vaya, ni siquiera Hinata se
comparan a tu belleza. Eres inteligente, poderosa, dulce, adorable y hermosa. Y sí, sé por qué
está así, pero no importa cuántas mujeres hermosas se paren delante de mí, o a cuántas les
sonría o con cuántas hable, ninguna de ellas significan nada comparadas contigo, ¿entiendes?- y
aquello, había sido una orden.
-¿Ni siquiera Karu-chan?- le preguntó riéndose. Shikamaru la imitó mientras besaba su hombro.
-¿Dices que mis hermanos no son atractivos?- se burló ella. Shikamaru tomó su mano y la besó.
-No. Sólo digo que todavía tienes unos años más para vivir tranquila- le dijo sonriendo- Porque
cuando nuestra hija comience a crecer, por in vendrá alguien que te haga competencia.- Temari
se sonrojó.
-Y tú una problemática.
-Por siempre.- le juró el consejal, besándola de esa manera que sabía robar el aliento.
Aunque le dolían los brazos, se moría de sueño y estaba cansado, no quería despegar la vista de
su hermana en ningún momento hasta que sus padres volvieran a casa.
-Regresen ya… - dijo el primogénito, mirando a su hermana… y luego, a su dedo índice izquierdo.
Y a la marca negra que comenzaba a extenderse por todo su brazo. Y se preguntó: ¿por cuántos
años más podría seguir ocultandolo… antes de que todo fuera demasiado tarde?
En realidad… no lo quería.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
*Karura es el nombre que le he puesto a la hija de los Nara. Recuerden lo pésima que soy con los
nombres u.u
Ya sé. No tengo justificación. Los he abandonado y, para colmo, he publicado un capítulo que ni
siquiera tenía intención de publicar u.u mátenme si quieren.
¡No! ¡No lo hagan! Jajajaja. Espero estén bien. Yo me encuentro de maravilla. Pero entre el
trabajo, la universidad y las actividades cotidianas, he abandonado mis fics y eso es
imperdonable (aparte de que no recordaba la contraseña xD)
En fin. Ya volví, los amo, ya lo saben, son mi vida y no pienso abandonarlos de nuevo.
Ya retomaré los capítulos y prometo publicar uno sobre Bolt… el siguiente es sobre los Akimichi,
y ya lo tenía planeado desde hace mucho. Por cierto… la leyeron el Naruto Gaiden? OMG! Si no
lo han hecho… QUÉ ESTÁN ESPERANDO!? Diablos… Kishi-sensei parece que ha estado viendo
novelas mexicanas jajajajaja
Bueno, los tengo que dejar. No olviden los reviews aunque sea para mentarmela u.u y gracias
por leerme y esperarme. Prometo ya no abandonarlos.
Los amo!
YunaLoire. Out.
Chapter 17: Chapter 17
Heeee vueltoooo!
Pero no me maten :(
Inojin Yamanaka llegó a casa, y lo primero que vio fue a su padre y a su hermana menor
sentados en la entrada.
-Dos, tres, cuatro, cinco... – oyó a su padre cantarle a su pequeña hermana. Su cabello negro
estaba sujeto en dos coletas cortas sobre su cabeza e intentaba hacerla caminar. A Inojin le
gustaba ver a su padre y su hermanita juntos, principalmente porque él no toleraba que ninguno
de los dos estuviera cerca de mamá.
–¿Seguiste los consejos que te di?– Sai, unas semanas antes, se había enterado que los pondrían
a practicar con armas reales y que el examen para Genin se trataría de eso, así que, como líder
del ANBU, le había enseñado a su hijo todos los trucos que se sabía.
–Sarada obtuvo una buena clasificación como siempre– Sai se decepcionó un poco por la
respuesta de su hijo, pero luego él lo miró sonriendo:
–¿Es de verdad?
–¿Gran hazaña?– Ino se volvió a su hijo algo asustada– Dime que no besaste a alguna chica, por
favor.
Y mientras marido y mujer hablaban sobre la perfecta nota de su hijo, el rubio observó la mirada
de su madre: Ino tenía tres tipos de mirada.
Estaba la mirada incómoda que le daba a las personas que no le agradaban, la misma que a
veces le daba a Sakura cuando le presumía alguna hazaña de su hija.
La segunda era la mirada amable que le daba a los clientes de la floristería cuando le daban un
halago sobre sus perfectas flores.
Pero la mirada más preciosa era sin duda la que Ino le daba a su esposo.
Inojin observó en silencio la mirada azulada y enamorada de su madre, la misma que había visto
en aquella foto de la primera cita que tuvieron en la feria, o aquella foto de la playa donde se
besaban.
–Bueno, estoy orgullosa de mi pequeño shinobi– le dio un tierno beso en la frente. Y sus ojos se
volvieron a su madre y ahí se perdió.
–Mami– la llamó Inojin. Ino estaba tan perdida mirando a su esposo consentir a su pequeña que
su hijo tuvo que llamarla más de dos veces. Ino alejó su mirada a regañadientes de su esposo,
para posarla en su hijo.
–Mami... ¿quién fue tu primer amor?– la pregunta la tomó desprevenida, sus ojos se abrieron de
golpe y sus labios se separaron.
–¿Cómo?
Comenzó a acomodar los arreglos, regar las flores, asegurarse de que las niñas estaban bien.
Inojin se sentó en el taburete que siempre ocupaba cuando acompañaba a su madre.
–¿Quién fue tu primer amor, mami?– la pregunta obligó a Ino a dejar caer las orquídeas y medio
sonrió.
–Ino– la voz ronca de Sasuke sacó a ambos de su encanto, y el tierno Inojin observó una vez más
cómo su coqueta madre le sonreía al tío Sasuke. El Uchiha parecía indiferente ante los
coqueteos de su madre, y aunque el líder solamente había ido a entregarle unos papeles para
Sai, Ino no desaprovechó la oportunidad de coquetearle a Sasuke como siempre lo hacía; el
hombre suspiró y cuando volvió la mirada a Inojin, el pequeño le frunció el ceño.
Sasuke recordó que minutos antes, su hija le había dicho que ese molesto chico le había ganado,
por primera vez, en clase. Y no lo tenía en muy alta estima.
–Gracias– dijo él y se fue sin volverse. Ambos observaron la espalda oscura del Uchiha, pero
Inojin se volvió enojado a su madre, quien no dejaba de mirar al líder. Luego, ella suspiró.
–¿Quieres saber quién fue mi primer amor?– dijo Ino mientras miraba a Sasuke alejarse– El
primer chico del que yo me enamoré fue Sasuke Uchiha.– e Inojin casi se caía sobre su trasero.
–Bueno, Sasuke-kun era, cuando jóvenes, el mismo hombre que es ahora: amargado, cerrado,
oscuro– suspiró– Y todas las chicas del pueblo estábamos locas por él.– sonrió– Y aunque fue mi
primer interés amoroso, y posiblemente pudo haber sido tu padre– Inojin casi se infartó con la
simple idea– Él tampoco fue tu primer amor.
Ino soltó una carcajada sonora, de esas que la caracterizaban cuando estaba siendo absurda. Ino
pensó que su hijo era adorable, celoso incluso de su hermana menor y de su propio padre,
siempre preocupado por todas las personas que se acercaban a ella. Se arrodilló delante de su
hijo y le sonrió.
–¿Amas a papá?
–Así es.
–No.– aunque a Inojin la idea le gustó muy en el fondo, que su madre hubiera amado a otro
hombre que no fuera su padre le dio una nueva punzada de celos.
–Me gustaría decir que sí, pero tampoco fue él.– otra punzada de celos. Ino acarició sus mejillas,
apartó los mechones fuera de lugar de su rostro y luego miró sus ojos, los bellos ojos de ella
misma, el legado de su padre, y le dio un dulce beso en la frente.
–Mi primer amor fue un hombre al cual, desde el primer instante en que lo vi, me enamoré
completamente de él.– frunció el ceño, sus mejillas se inflaron y estuvo a punto de huir de ahí,
hasta que ella lo sujetó del brazo.
E Ino le regaló una dulce sonrisa.
–Fuiste tú– le dijo sonriendo. Inojin abrió los ojos de par en par, su corazón dio un brinco y le
devolvió la sonrisa a su madre.
–¿Yo?
–Desde que te vi la primera vez, me volví loca de amor. Ni el amor que alguna vez sentí por
Sasuke, o el amor que le profesaba a tu abuelo, vaya, ni siquiera el amor que siento por tu padre
se comparan con lo que sentí aquella mañana que te tuve en mis brazos.– sonrió de oreja a
oreja– Fuiste y siempre serás mi primer amor, cariño. Y te amo, te amo tanto, más de lo que
jamás amaré a ningún otro hombre en mi vida.
Contento con la respuesta, Inojin salió corriendo hacia su habitación, porque estaba seguro de
que él, y nadie más que él, había sido el primer amor de su madre.
Aunque no el único.
Bueeeno... les iba a poner una excusa buena, pero la verdad es que he estado descuidando la
historia y eso no está bien.
Pero no se preocupen, ya andaré por aquí más seguido. Y espero que les guste mi pequeña
saga... y ya sé, ya sé, siempre les prometo que ya voy a publicar sobre Boruto, pero nunca me
inspiro para hacerlo.
Bebés de mi alma...
Bolt Uzumaki nuevamente recostó la cabeza sobre su almohada, y miró las campanillas que
colgaban de su techo mientras recordaba las palabras de su madre:
—Estas campanillas fueron hechas con unos cristales que tu tío Neji-niisama guardaba en su
cuarto. Estoy segura de que él estaría feliz de que los tuvieras.
Recién acababa de cumplir los trece años, y en su honor, se haría un enorme festejo en toda la
aldea.
—Porque soy el hijo del Nanadaime. Y un miembro del Clan Hyûga.— Bolt suspiró, nuevamente
cansado y volvió los ojos hacia los cristales.
Eran de un color lavanda demasiado claro, un color muy precioso, y sus propios ojos se
reflejaron en ellos.
Bolt sabia que habían muchas características que hacían de los miembros de su clan, unas
personas peculiares: no solamente era porque venían de un clan único y ancestral, tampoco
porque eran educados y gentiles, mucho menos porque tenían disciplina y eran respetados en
todo el mundo Shinobi.
No.
Bolt siempre se fijó en las peculiares que la familia de su madre tenía: cabellos largos y oscuros,
portes elegantes y ojos llamativos y únicos.
Pero él sabía que a quien más se parecía era a su madre; no solamente en la sonrisa amable, o el
ligero balbuceo de vergüenza cuando estaban apenados. No. Bolt compartía algo más con su
madre: los ojos.
Aunque tenía mucho parecido a los ojos de su padre, cualquiera que los viera más de cerca
sabría que sus ojos eran idénticos a los de su madre.
Todos pensaban que el pequeño Bolt había heredado los ojos de su padre, pero en realidad los
suyos eran del color lavanda claro como su madre... y no entendía por qué su abuelo Hideki
hacia tanto drama.
Luego, mientras su padre lanzaba a Himawari al aire y los clones de sombras la cargaban y la
lanzaban más alto, miró a su madre tranquilamente caminar de un lugar a otro, tarareando.
—¡Nee-sama!— la voz de la tía Hanabi lo distrajo, y vio cómo su hermana corría al encuentro de
su tía... y del tío Konohamaru.
Ahora que Konohamaru Sarutobi era su sensei, se sentía ligeramente molesto. No solamente
porque tendría que soportarlo, sino porque también detestaba que él siguiera a su tía por todos
lados. Ella era suya, y odiaba que otros se le acercaran.
Las personas comenzaron a llegar, y entre ellos estaban la familia de Sarada, los padres de
Inojin, los de ChõChõ y los de Shikadai; en el momento en que Shikadai e Inojin se acercaron a su
hermana menor, él supo que debía bajar para defenderla.
—¿Y dónde está el chico del cumpleaños?— preguntó Konohamaru, dejando el enorme regalo
en la mesa.
En ese momento, todos comenzaron a felicitarlo, incluso la siempre seria Sarada, dejando su
regalo en su mano.
Bolt se acercó a la mesa, buscando algún vaso para tomar ponche... pero un bastón lo detuvo.
El viejo Hideki estaba sentado bajo la sombra del árbol, con el ceño fruncido y la mirada algo
rara.
Normalmente, el viejo evitaba dirigirle la palabra o si quiera acercarse a él, porque muy en el
fondo, sabia que él principalmente no era su favorito.
Y que la mezcla de su sangre con la de los Hyûga trajera dos nietos, al viejo le encantaba. Y
soñaba que que algún día, uno de sus dos nietos despertara el Byakugan por algún milagro;
porque muy en el fondo, deseaba que los niños Uzumaki heredaran su linaje.
—Permíteme obsequiarte algo muy especial para mí— dijo mientras sacaba de su yukata una
caja y se la tendió a Bolt.
El pequeño Uzumaki miró la caja y luego a su abuelo, y aunque algo le decía que no debía
abrirla, pensó que tenía que empezar de nuevo su relación.
Abrió la caja... y encontró un protector de frente. Uno que se veía viejo y desgastado.
Lo levantó y se dio cuenta de que le quedaba grande... y cuando se volvió a su abuelo Hideki,
este tenía pequeñas lagrimas en sus ojos. Luego, al voltear a ver a su madre, quien también
lloraba.
Todos los demás miembros del Clan Hyûga también miraron la escena, y la tía Hanabi comenzó a
llorar.
Bolt no entendía lo que pasaba, estaba confundido mientras todos los Hyûga contenían las
lagrimas. Entonces, una mano apretó su hombro. Bolt miró hacia arriba y se encontró con la
mirada vidriosa de su padre.
"¿Papá llorando...?", Bolt nunca había visto llorar a su padre. Para él, el Hokage era demasiado
rudo como para creer que estuviera llorando. Pero esas eran lagrimas, y no entendía por qué
hacían tanto drama por un simple protector.
—Deberías sentirte orgulloso, hijo— susurró Naruto, apretando con ternura su hombro— Portar
ese protector será un gran honor.
—¿Por qué...?
—Porque ese le perteneció al hombre más valiente y fuerte que he conocido— dijo Naruto,
despeinando sus cabellos rubios.
Aunque le quedaba grande, Hinata se sintió enternecida al verlo usando el mismo protector de
su primo, y su corazón se hinchó, casi iba a explotar.
—Es como si estuviera viendo a mi sobrino— dijo Hiashi, aplaudiendo—Estaría muy feliz de
verte usando eso, ¿no es así, hija?
—Te queda perfecto— dijo con una sonrisa, limpiando sus lagrimas, y abrazando a su hijo—
Felicidades, Neji Hyûga*
Y Bolt no pudo evitar sonreír mientras lloraba, al mismo momento, apretaba el tornillo en su
pecho.
Ahora, él tenía una tercera cosa que le recordaba a su tío favorito pero... la anécdota del tornillo
era otra historia.
*Hinata llama a Bolt "Neji", porque se supone que el nombre de Bolt (Boruto) su kanji es
"tornillo", y el nombre de Neji significa tornillo :')
Debería estar escribiendo el capítulo siguiente, pero tuve un problema con mi celular (ya que mi
lap volvió a morir :() y se me borraron todos.
Así que tuve la idea de esto, basándome en una imagen que vi de Bolt con los ojos de su mamá.
ya-ne!