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UNIVERSIDAD CATÓLICA SANTO TORIBIO DE

MOGROVEJO
FACULTAD DE MEDICINA
ESCUELA DE PSICOLOGÍA
SEMESTRE ACADÉMICO 2024 – II

La drogadicción y sus efectos negativos en adolescentes


Autores

Castro Balarezo, Octavio Ramsés


Torres Solis, Xanders Yeshua
Weckerle Ramos, Alessandro Stefan

Profesora
Labán Estela, Patricia

Chiclayo, 28 de noviembre de 2024


PLAN DE REDACCIÓN O ESQUEMA NUMÉRICO

1 ¿Qué es la drogadicción ? (Argumento directo)

- “Se utiliza para describir el uso compulsivo de sustancias químicas (o


drogadicción) y la incapacidad de dejar de utilizarlas a pesar de todos los
problemas causados por su uso.” Veytia et al., 2016, p. 87
- “Una enfermedad que genera una dependencia de sustancias que afectan el
funcionamiento del sistema nervioso central, provocando cambios en el
comportamiento, percepción y emociones de quienes la padecen” Ortega,
2015, p. 5
- “La drogodependencia o también llamada dependencia a sustancias
psicoactivas es la necesidad imperiosa de consumir una sustancia que es
valorada como lo más importante en la vida para la vida de la persona
drogodependiente.” Añazco, 2016, p.24
- 2 ¿Por qué se da la drogadicción en adolescentes? (Argumentos
indirectos)

- Influencia de la socialización Becoña, p. 25

- La percepción del riesgo Becoña, p. 25

- Evasión de problemas emocionales Ortega et al., 2015, p. 3

- Falta de comunicación y educación en el hogar Ortega et al., 2015, p. 4


3 ¿Cuáles son las consecuencias de la drogadicción en adolescentes?
(Argumentos directos)

- El rendimiento escolar se encuentra influenciado por el consumo de las


mismas. Navalón y Ruiz-Callado, p. 48

- Dependencia emocional. Momeñe et al., p. 129


- Disminuye la memoria verbal inmediata. Mena et al., p. 370
- Muestran apatía y desinterés en interacciones sociales, que llevan a la
desconexión emocional, el miedo al rechazo y a evitar situaciones sociales.
Coronel, pp. 61
- Existe mayor sintomatología depresiva. Agüero, p. 22
- Se relaciona con comportamientos agresivos. Tunki, p. 28

- Afecta al hígado y [Link], p. 371

- Experimentan mayor ansiedad Rosales, p. 55

- Tienen menor percepción de los riesgos. Lucena, p. 101

- Incrementa la falta de precaución en las relaciones sexuales. Vázquez et al.,


p. 132

- Tienden a ser más rebeldes Añazco, p. 67

- Presentan trastornos del apetito. Alvarado y Dominguez, p. 54

- Bajos de resiliencia. López, p. 59

- Comorbilidad. Pérez et al., p. 121


- Niveles de reacción de estrés elevados. Roig, p. 21

- Repercusiones en la economía de los adolescentes. Cañari, p. 25

- Se muestran emocionalmente no disponibles para sus seres queridos.


Rodríguez & Batista, p. 111

- Llevan a cabo bullying en las instituciones. Enriquez-Guerrero et al., p. 47

4 ¿Qué se debe hacer frente a la drogadicción?


(Argumentos indirectos)

La usuaria desarrolló conciencia de su enfermedad, reconociendo sus implicancias y


comprometiéndose con su recuperación, incluyendo la adherencia a su tratamiento
psicológico y farmacológico. Logró identificar pensamientos irracionales relacionados
con su consumo y reestructurarlos, empleando alternativas más saludables, más
específicamente, desarrolló estrategias para manejar sus emociones mediante técnicas
de relajación, respiración y reestructuración de pensamientos, disminuyendo su
ansiedad. También mejoró en la resolución de conflictos mediante comunicación
asertiva y rechazando conductas de riesgo. Además, adoptó hábitos de cuidado
personal y la familia se involucró activamente en su proceso de recuperación. Coronel,
pp. 124-125

Se llevó a cabo el Programa de Intervención Breve para Adolescentes que Inician el


Consumo Abusivo de Alcohol y otras Drogas (PIBA), que se enfoca en ayudar a jóvenes
de 14 a 18 años en México que están comenzando a tener problemas con el consumo
de sustancias. Utilizando un cuestionario, el programa identifica a aquellos adolescentes
que están en riesgo y realiza una evaluación detallada de sus hábitos de consumo y las
consecuencias que enfrentan. A partir de ahí, se ofrece cinco sesiones donde se
trabajan temas como la toma de decisiones, el reconocimiento de situaciones de riesgo
y el establecimiento de metas personales, las sesiones son individuales y tienen una
duración aproximada de 45 a 60 minutos, aplicando técnicas de entrevista motivacional
para aumentar la disposición al cambio y reducir la resistencia y trabajan en habilidades
y técnicas específicas como la solución de problemas, la toma de decisiones, y el
manejo de emociones en situaciones de riesgo para prevenir recaídas. Además, se lleva
a cabo un seguimiento a los seis meses para ver cómo han progresado. El objetivo del
PIBA es no solo reducir el consumo de drogas, sino también dar a los adolescentes las
herramientas necesarias como las mencionadas para que puedan controlar su
comportamiento y evitar caer en la adicción. Martínez et al., 2012, pp. 9-135
La drogadicción y sus efectos negativos en adolescentes

La adolescencia es un momento clave en la vida de cualquier persona, lleno de


cambios importantes que afectan el cuerpo, las emociones y las relaciones sociales.
Durante estos años, se dedican a descubrir quiénes son y a vivir experiencias que
definirán su futuro. En este contexto de crecimiento y exploración, surge una
preocupación crítica que requiere nuestra atenció[Link] de estos temas es la
drogadicción, que representa un desafío significativo en esta etapa. Este problema
es una cuestión que impacta a muchas familias y comunidades en todo el mundo, y
resulta aún más grave en nuestra sociedad actual, donde los adolescentes
enfrentan una serie de obstáculos. Por esta razón, la drogadicción afecta de
manera negativa a los adolescentes.

La drogadicción “se refiere al consumo compulsivo y a la incapacidad de dejar de


usar sustancias químicas, a pesar de los problemas que este consumo genera”
(Veytia et al., 2016, p. 87). Esto implica una dependencia que lleva a las personas a
continuar consumiendo drogas sin poder controlarlo. Además, puede considerarse
“una enfermedad que genera una dependencia de sustancias que afectan el
funcionamiento del sistema nervioso central, provocando cambios en el
comportamiento, percepción y emociones de quienes la padecen” (Ortega, 2015, p.
5). En otras palabras, la drogadicción altera profundamente el estado mental y las
capacidades de quienes la sufren. Por otro lado, la drogodependencia o también
llamada dependencia a sustancias psicoactivas es “la necesidad imperiosa de
consumir una sustancia que es valorada como lo más importante en la vida para la
vida de la persona drogodependiente” (Añazco, 2016, p. 24). Esto subraya que el
problema de las drogas tiene un impacto profundo y multifacético en diversos
ámbitos de la vida y la sociedad.

Las causas de la drogadicción en adolescentes son multifactoriales y están


estrechamente relacionadas con la etapa crítica del desarrollo en la que se
encuentran. Este fenómeno está profundamente consolidado en el contexto social
actual, donde los jóvenes enfrentan una amplia disponibilidad de sustancias y deben
tomar decisiones cruciales sobre su consumo (Becoña, 2000, p. 25). En este
proceso, factores socializadores como la familia, el grupo de pares, el entorno
educativo y los medios de comunicación juegan un papel determinante. Algunos
adolescentes recurren a las drogas como una forma de escapar de la ansiedad, la
depresión y otros sentimientos desagradables (Ortega et al., 2015, p. 3). Esto
sugiere que, en muchos casos, las sustancias se convierten en un mecanismo de
afrontamiento frente a situaciones emocionales difíciles, como el estrés o la tristeza,
que de otro modo podrían ser percibidas como abrumadoras. Este intento de aliviar
el sufrimiento emocional puede llevar a una dependencia creciente de las drogas. La
ausencia de pautas de crianza lleva a los jóvenes a buscar refugio en las drogas
(Ortega et al., 2015, p. 4). Esta situación, combinada con la inestabilidad emocional
propia de la edad y la marcada tendencia hacia la búsqueda de nuevas
sensaciones, los hace particularmente susceptibles al consumo experimental y
recreativo de sustancias.

Esta problemática ha generado una serie de consecuencias en los adolescentes.


Para confirmar esto, se presenta un estudio en Alicante (España). Esta investigación
estuvo conformada por una muestra de 738 estudiantes de Educación Secundaria
Obligatoria (ESO). Los resultados obtenidos señalaron que el consumo de
sustancias impacta negativamente en el rendimiento académico de los estudiantes
(Navalón y Ruiz-Callado, 2017, p. 48). La disminución en el desempeño escolar
representa una de las consecuencias más evidentes en estos casos. Cabe
destacar que se detecta un deterioro significativo de las capacidades esenciales
para el aprendizaje: la atención se ve afectada, las habilidades cognitivas
disminuyen y se dificulta la concentración durante las clases. Esto desencadena una
serie de efectos en cadena: las calificaciones comienzan a descender, la
participación en clase se vuelve mínima o inexistente, y la posibilidad de cumplir con
tareas y proyectos queda gravemente afectada. Además, se evidencia un aumento
en las ausencias escolares, ya que los estudiantes suelen faltar con mayor
frecuencia, ya sea por los efectos de estas conductas o por la falta de interés en el
ámbito académico. Esta situación puede evolucionar hasta un punto crítico donde
los adolescentes no solo enfrentan dificultades en su presente académico, sino que
también ven limitadas sus oportunidades futuras de desarrollo tanto profesional
como personal. En conjunto, estos efectos representan un desafío significativo para
el desarrollo integral de los jóvenes.

Asimismo, un estudio realizado en Cantón Portoviejo de la Provincia de Manabí de


la República de Ecuador, con una muestra de 1.533 adolescentes escolarizados,
compuesto por 826 hombres y 707 mujeres de entre 13 y 22 años, evidencia
diversas consecuencias devastadoras del consumo de drogas en esta población.
Entre ellas, la dependencia emocional emerge como una de las más graves
(Momeñe et al., 2021, p. 129). Esta dependencia se manifiesta en una pérdida
progresiva de la autonomía emocional, ya que los jóvenes experimentan una
creciente dificultad para gestionar sus emociones sin recurrir a las sustancias. En
este sentido, el adolescente comienza a desarrollar patrones disfuncionales en el
manejo de sus sentimientos, utilizando las drogas como mecanismo de escape ante
situaciones de presión, angustia o tristeza, lo que a su vez refuerza la dependencia.
Esta situación se agrava por la etapa evolutiva en la que se encuentran, en la que
aún están desarrollando habilidades fundamentales para la autorregulación
emocional y el fortalecimiento de su identidad. Como resultado, se presentan
alteraciones significativas en su percepción personal, una mayor propensión a
estados de ánimo inestables y una marcada dificultad para crear vínculos afectivos
constructivos. Todo esto compromete seriamente su desarrollo emocional y su
capacidad para enfrentar los retos asociados a la adultez.

Por otra parte, un estudio comparativo basado en 565 escolares adolescentes de


cuatro colegios en Santiago reveló el deterioro de funciones cognitivas específicas
como otra consecuencia alarmante del consumo de drogas en esta población. En
particular, se observó un menor desempeño de los alumnos consumidores en
pruebas que evalúan la memoria verbal inmediata, lo cual demuestra el impacto
directo de las sustancias en capacidades cerebrales fundamentales para las
destrezas verbales (Mena et al., 2013, p. 370). Esta afectación en la memoria
verbal inmediata tiene implicaciones profundas en el desarrollo académico y social
del adolescente, ya que interfiere con su capacidad para procesar y retener
información nueva, seguir instrucciones verbales complejas y participar
efectivamente en conversaciones e interacciones sociales. Los estudiantes
afectados muestran dificultades significativas para recordar explicaciones en clase,
retener conceptos clave durante las lecciones y mantener el hilo de discusiones
académicas, lo cual compromete a largo plazo tanto su desempeño académico
como cognitivo. Esta alteración en la memoria verbal puede persistir incluso
después de períodos de abstinencia, causando un daño potencialmente duradero en
las estructuras cerebrales responsables del procesamiento y almacenamiento de
información verbal.

Por otro lado, un estudio de caso en una comunidad terapéutica privada-Lima, tuvo
como finalidad intervenir en una usuaria mujer drogodependiente de 18 años,
investigación que ha demostrado que el consumo de drogas puede llevar a los
adolescentes a mostrar apatía y desinterés en interacciones sociales, lo que
provoca desconexión emocional, miedo al rechazo y evitación de situaciones
sociales (Coronel, 2012, pp. 61-62). Esta falta de interés y desconexión emocional
en las relaciones sociales representa otra consecuencia preocupante del abuso de
sustancias en la adolescencia Los que desarrollan este patrón tienden a aislarse,
temerosos del rechazo y evitan así participar en entornos sociales que podrían
beneficiar su desarrollo integral. Esta situación no solo les dificulta construir y
mantener vínculos saludables con sus pares, sino que también compromete su
capacidad para desarrollar habilidades interpersonales esenciales, como la empatía,
la comunicación asertiva y la resolución de conflictos. A largo plazo, este deterioro
en las relaciones sociales puede afectar la percepción que el adolescente tiene de sí
mismo, su bienestar emocional y su transición a la vida adulta.
Adicionalmente, un estudio realizado con un grupo de 120 estudiantes
universitarios peruanos, hombres y mujeres de entre 18 y 29 años, provenientes de
diversas universidades de Lima Metropolitana, se encontró que la drogadicción en la
adolescencia presenta una mayor sintomatología depresiva, lo que revela el impacto
devastador que el consumo de sustancias tiene sobre la salud mental de los jóvenes
(Agüero, 2020, p. 22). Estos síntomas depresivos se manifiestan a través de un
espectro que afecta profundamente la calidad de vida: períodos prolongados de
tristeza inexplicable, pérdida de interés en actividades antes placenteras, y
alteraciones significativas en el sueño y la alimentación, junto con una persistente
sensación de desesperanza hacia el futuro. La relación entre el consumo de drogas
y los síntomas depresivos tiende a crear un círculo vicioso en el que los
adolescentes recurren a las sustancias como forma de automedicación para aliviar
su malestar emocional. Esto no sólo exacerba los síntomas depresivos, sino que
también incrementa el riesgo de ideación suicida en el adolescente.

De igual manera, en una investigación realizada en la Unidad Educativa del Milenio


Guardiana de la Lengua Bosco Wisuma con una muestra de 263 bachilleres entre
hombres y mujeres se encontró que la mayoría experimentan cambios de conducta
o agresión, seguido de confusión, delirios y alucinaciones, pupilas dilatadas, mayor
energía e inquietud (Tunki, 2019, p. 28).Estos resultados revelan que el consumo
de drogas en adolescentes perturba gravemente su desarrollo normal y saludable.
Los cambios de conducta, junto con síntomas como confusión y alucinaciones,
demuestran cómo las sustancias pueden alterar la percepción de la realidad. Esta
alteración compromete la capacidad de tomar decisiones adecuadas, lo que puede
llevar a situaciones de riesgo. Además, la falta de juicio en estas circunstancias
afecta no solo su bienestar personal, sino también sus relaciones interpersonales.
Los efectos físicos asociados al consumo, como problemas respiratorios y daño
cerebral, evidencian un impacto directo en su salud. En última instancia, estas
consecuencias pueden limitar sus oportunidades futuras, afectando su calidad de
vida a largo plazo.

Por otro lado, la investigación realizada en una Unidad Educativa de la provincia de


Santo Domingo de los Tsáchilas, Ecuador, con una muestra de 400 estudiantes de
los nueve cursos de Educación Básica Superior, evidenció importantes afectaciones
en la salud asociadas al hígado y garganta.(Cango,2021, p. 371). Estas
afectaciones resaltan cómo el consumo de drogas puede impactar no solo el
sistema digestivo, sino también la funcionalidad de órganos vitales, comprometiendo
la salud general de los adolescentes. Los daños en el hígado pueden llevar a
enfermedades crónicas como hepatitis, cirrosis e insuficiencia hepática, condiciones
que pueden requerir tratamientos prolongados y afectar gravemente la calidad de
vida. Además, los problemas en la garganta pueden afectar su capacidad para
comunicarse y socializar, lo que impacta negativamente en sus habilidades de
comunicación y lenguaje, que son claves para el desarrollo del adolescente.
En contraste, un estudio realizado en la Universidad Laica Vicente Rocafuerte de
Guayaquil, Ecuador, con una muestra de 25 estudiantes de Primero de Bachillerato,
señala que los adolescentes que consumen drogas tienen una mayor tendencia a
presentar ansiedad (Rosales, 2023, p. 55). Muchos recurren al consumo de drogas
como una forma de automedicación para aliviar estos síntomas. Sin embargo, el uso
de sustancias tiende a agravar los efectos negativos a largo plazo. Esto afecta
aspectos clave del desarrollo de los adolescentes, como su bienestar físico y
estabilidad psicológica. A largo plazo, esto puede generar un impacto significativo
en su calidad de vida y limitar sus oportunidades futuras.

En esa misma línea, en la Universidad de Córdoba se realizó un estudio a un total


de 15.000 estudiantes universitarios de los diferentes centros, explica que
adolescentes universitarios que utilizan drogas tienen menor percepción de los
riesgos. (Lucena, 2013, p. 101). Estos comportamientos no solo aumentan la
probabilidad de sufrir accidentes, sino que también pueden resultar en problemas
legales que afecten su vida diaria. Al normalizar el consumo de drogas entre sus
grupos de amigos, los jóvenes pueden sentir presión social para participar, lo que
refuerza su uso. Además, esta presión puede dificultar su capacidad para tomar
decisiones saludables y buscar alternativas al consumo. En última instancia, estas
consecuencias afectan su desarrollo integral, limitando sus oportunidades y
potencial en la vida. Así, el ciclo de uso de sustancias se perpetúa, haciendo más
difícil para los adolescentes salir de esta situación.

Por otro lado, en un estudio realizado en la provincia de Valladolid, España, a 2412


adolescentes escolarizados de 13 a 18 años, se demuestra que el consumo de
drogas incrementa la falta de precaución en las relaciones sexuales, especialmente
al promover comportamientos de riesgo como el "sexo sin protección". (Vázquez et
al., 2014, p. 132). La relación entre el consumo de drogas y la falta de precaución
en las relaciones sexuales revela una grave amenaza para la salud de los jóvenes.
Cuando los adolescentes consumen sustancias, su juicio se ve comprometido, lo
que puede llevar a decisiones arriesgadas, como tener sexo sin protección. Este
comportamiento no solo aumenta el riesgo de infecciones de transmisión sexual,
sino que también puede resultar en embarazos no planificados. Es vital que los
jóvenes comprendan las consecuencias de sus acciones y cómo las drogas pueden
nublar su capacidad de tomar decisiones informadas. Por lo tanto, evitar el consumo
de drogas es crucial para mantener relaciones sexuales seguras y saludables,
protegiendo así su salud y su futuro.

De otra manera, en un estudio realizado 105 estudiantes de los paralelos A, B, y C


de los primeros años de bachillerato y 17 docentes en la Universidad Nacional de
Loja, Ecuador resalta que los estudiantes consumidores de drogas tienden a ser
más rebeldes (Añazco. 2016 , p.67). Esta rebeldía se manifiesta en actitudes
desafiantes hacia la autoridad y normas sociales. A menudo, los jóvenes que
consumen drogas muestran resistencia a seguir reglas y pautas establecidas. El uso
de sustancias altera su percepción de la realidad, lo que puede intensificar su
comportamiento rebelde. Esta actitud puede llevar a decisiones impulsivas que
ponen en riesgo su bienestar general.

Asimismo,un estudio realizado en 2019 con 44 adolescentes consumidores de


drogas en el Asentamiento Humano "Aparicio Pomares" reveló que se presentan
trastornos del apetito, (Alvarado y Dominguez, 2019 , p. 54). Estos trastornos
pueden manifestarse en adolescentes consumidores de drogas, presentándose
como pérdida de apetito o un aumento descontrolado en la ingesta de alimentos. La
pérdida de apetito puede llevar a la desnutrición, comprometiendo el crecimiento y
desarrollo físico de los jóvenes. Por otro lado, un aumento en la ingesta de
alimentos puede resultar en problemas de salud como la obesidad. Estas
alteraciones alimentarias pueden afectar no solo la salud física, sino también el
bienestar emocional de los adolescentes. Por lo tanto, es fundamental reconocer
que los trastornos del apetito son una consecuencia seria del consumo de drogas en
esta población.

Por añadidura, en una investigación realizada en la Universidad Juárez del Estado


de Durango, México, con una muestra de 160 bachilleres de entre 16 a 18 años, se
encontró que uno de los principales efectos de la drogadicción en adolescentes es
que la mayoría de los mismos tiene niveles bajos de resiliencia (López, 2020, p.
59). De esta manera, al ser mínimos los niveles de resiliencia, se ven afectadas sus
capacidades de adaptarse, recuperarse y seguir adelante después de experiencias
difíciles. Por esta razón, al reducir drásticamente esta habilidad, los adolescentes
pierden la capacidad de enfrentar y superar situaciones adversas o estresantes, lo
que los deja más vulnerables ante cualquier obstáculo en su vida. La falta de
resiliencia les dificulta adaptarse a cambios importantes y recuperarse de
experiencias difíciles, lo que crea un ciclo en el que el uso de drogas refuerza su
incapacidad para enfrentar problemas, lo que a su vez puede llevarlos a consumir
más para evitar el malestar. Con el tiempo, esta dependencia los aísla
emocionalmente, de manera que limita sus posibilidades de superación y
crecimiento personal y afecta su futuro.

Por otro lado, en un estudio realizado en la Universidad Autónoma de Coahuila,


ubicada en Saltillo, México, que se aplicó a 51 adolescentes de los que 53.8%
fueron hombres, con una edad media de 15.44 años, se encontró que los
adolescentes que sí consumen drogas, tienden a combinar su uso con otras drogas,
lo que se conoce como comorbilidad (Pérez et al., 2022, p. 121). Por ello, el
consumo de drogas en adolescentes, especialmente cuando se combina con otras
sustancias, puede provocar un deterioro significativo en el desarrollo físico y
neurológico en una etapa clave de crecimiento. La comorbilidad intensifica el daño
en el sistema nervioso y puede afectar el control de impulsos y la capacidad de
tomar decisiones de forma consciente y responsable, lo que compromete
gravemente su salud a largo plazo. A medida que los efectos de las drogas se
acumulan, el cuerpo y la mente sufren deterioro.

Además, en un estudio realizado en la Pontificia Universidad Católica del Perú a 35


adolescentes de entre 12 a 17 años, se encontró que los consumidores se
consideran en niveles de reacciones de estrés elevados (Roig, 2014, p. 21). Esta
percepción de estrés no solo es una simple sensación; lleva consigo una serie de
consecuencias profundas y perjudiciales que pueden afectar múltiples aspectos de
la vida de un joven. El estrés elevado puede deteriorar la salud mental de los
adolescentes, lo que aumenta la vulnerabilidad a diversos trastornos de la mente.
En términos de salud física, el estrés elevado asociado con el consumo de drogas
podría llevar a los adolescentes a problemas de salud a largo plazo. Estos mismos
pueden experimentar trastornos del sueño, problemas digestivos y una mayor
predisposición a enfermedades físicas, lo que afecta su bienestar general y su
calidad de vida, todo esto producto del estrés.

En adición, en un estudio llevado a cabo en la Pontificia Universidad Católica del


Perú a 250 adolescentes, se encontró que la presencia de un riesgo de drogas
implicaría repercusiones en la economía de los adolescentes (Cañari, 2021, p. 25).
El hecho de que los adolescentes que consumen sustancias a menudo inviertan
grandes sumas de dinero en la compra de drogas y por tanto, agotan rápidamente
sus ahorros y recursos económicos, se vuelve especialmente problemático, sobre
todo si los jóvenes dependen de sus padres o tutores para su sustento. La
necesidad de financiar su consumo puede llevar a situaciones de estrés financiero,
que pueden causar conflictos familiares y afectar las dinámicas en el hogar.
Además, los adolescentes que enfrentan problemas relacionados con el consumo
de drogas pueden ver afectada su capacidad para mantener un empleo. La pérdida
de empleo no solo afecta sus ingresos, sino que también reduce su autonomía y
capacidad para gestionar sus propias finanzas, lo que los lleva a depender aún más
de otros. Las repercusiones económicas también se extienden a la vida futura de los
adolescentes. Aquellos que consumen drogas pueden tener dificultades para
acceder a oportunidades educativas y profesionales, lo que limita su capacidad para
obtener empleos bien remunerados en el futuro. Esta falta de oportunidades puede
perpetuar un ciclo de pobreza y dependencia, lo que afecta no solo a los
adolescentes, sino también a sus familias y comunidades.

Adicionalmente, en un estudio realizado en la Universidad Metropolitana de


Educación, Ciencia y Tecnología a 45 adolescentes en un rango de edad entre 12 a
17 años, de estos 24 de sexo femenino y 21 de sexo masculino, se encontró que la
drogadicción puede llevarlos a mostrarse emocionalmente, no disponibles para sus
seres queridos (Rodríguez & Batista, 2024, p. 111). Por esto, uno de los principales
impactos es la erosión de la confianza y la comunicación en las relaciones más
cercanas. Las personas adictas a menudo se vuelven emocionalmente inaccesibles,
lo que dificulta la conexión con amigos y familiares. Este distanciamiento puede
generar sentimientos de abandono y frustración en sus seres queridos, quienes
pueden sentirse impotentes ante el sufrimiento del adicto. Además, la drogadicción
puede provocar conflictos constantes, ya que las prioridades del individuo cambian y
se centran en la búsqueda y el consumo de sustancias. Esto puede llevar a
mentiras, manipulación y comportamientos destructivos que dañan la dinámica
familiar y amistosa. Las interacciones se vuelven tensas y conflictivas, ya que
quienes rodean al adicto a menudo intentan lidiar con la situación sin éxito, lo que
genera un ciclo de dolor y desilusión. El impacto emocional de la drogadicción no
solo afecta al adicto, sino que también deja huellas profundas en aquellos que se
preocupan por él.

De igual manera, en un estudio realizado en la Universidad Nacional de Colombia y


la Universidad del Rosario, en Bogotá, Colombia​, con una muestra de 40
adolescentes mayores de 11 años, se encontró que los estudiantes que consumen
sustancias psicoactivas son los que llevan a cabo bullying en las instituciones, lo
que provoca cambios en el comportamiento de sus compañeros
(Enriquez-Guerrero et al., 2021, p. 47). De esta forma, la drogadicción no solo
afecta a quienes la consumen, sino que tiene un impacto devastador en toda la
comunidad escolar. Cuando un estudiante se involucra en el consumo de sustancias
psicoactivas, puede convertirse en un agente de bullying, lo que crea un ambiente
hostil que altera la dinámica social y emocional de sus compañeros. Este tipo de
comportamiento muestra cómo el consumo de drogas puede transformar a los
agresores en una fuente de miedo constante para sus compañeros, dificultando la
confianza mutua.

En lo que respecta a las alternativas de solución frente a la drogadicción, tenemos


que se plantea una solución, para esto la usuaria del programa desarrolló
conciencia de su enfermedad, reconociendo sus implicancias y comprometiéndose
con su recuperación, incluyendo la adherencia a su tratamiento psicológico y
farmacológico. Logró identificar pensamientos irracionales relacionados con su
consumo y reestructurarlos, empleando alternativas más saludables, más
específicamente, desarrolló estrategias para manejar sus emociones mediante
técnicas de relajación, respiración y reestructuración de pensamientos, lo que
disminuyó su ansiedad. También mejoró en la resolución de conflictos mediante
comunicación asertiva y rechazando conductas de riesgo. Además, adoptó hábitos
de cuidado personal y la familia se involucró activamente en su proceso de
recuperación (Coronel, 2022, pp. 124-125). La solución también abarca la mejora
en la resolución de conflictos a través de la comunicación asertiva y el rechazo de
conductas de riesgo. Esto permite a los adolescentes fortalecer su autoestima y
aprender a enfrentar las dificultades de manera saludable. El apoyo de la familia
resulta fundamental, ya que involucrarse en el proceso de recuperación proporciona
al adolescente un entorno de apoyo que lo aleja de la dependencia de sustancias y
fomenta el cuidado personal. Reflexionar sobre esta alternativa de solución muestra
que las consecuencias de la drogadicción pueden ser afrontadas mediante un
enfoque de cambio integral, donde la persona encuentre en sí misma y en su
entorno herramientas para construir una vida sana y estable. Este proceso permite
al adolescente descubrir que puede enfrentar sus problemas sin recurrir a las
drogas, transformando así su vida y garantizando un futuro libre de las cadenas de
la adicción.

Finalmente, como última alternativa de solución, se llevó a cabo un el Programa de


Intervención Breve para Adolescentes que Inician el Consumo Abusivo de Alcohol y
otras Drogas (PIBA), que se enfoca en ayudar a jóvenes de 14 a 18 años en México
que están comenzando a tener problemas con el consumo de sustancias. Utilizando
un cuestionario, el programa identifica a aquellos adolescentes que están en riesgo
y realiza una evaluación detallada de sus hábitos de consumo y las consecuencias
que enfrentan. A partir de ahí, se ofrece una sesión inicial para motivarlos a
participar, seguida de cinco sesiones individuales donde se trabajan temas como la
toma de decisiones, el reconocimiento de situaciones de riesgo y el establecimiento
de metas personales. Además, se lleva a cabo un seguimiento a los seis meses
para ver cómo han progresado. El objetivo del PIBA es no solo reducir el consumo
de drogas, sino también dar a los adolescentes las herramientas necesarias para
que puedan controlar su comportamiento y evitar caer en la adicción. (Martínez et
al., 2012, pp. 9-135 ). De esta manera, al centrarse en la identificación y evaluación
de los hábitos de consumo, este programa permite un abordaje personalizado que
tiene el potencial de mitigar las consecuencias negativas de la drogadicción. En
lugar de simplemente tratar los síntomas del problema, el PIBA se adentra en el
contexto individual de cada adolescente, ofreciendo un espacio seguro donde
pueden reflexionar sobre sus decisiones. Las sesiones individuales están diseñadas
para empoderar a los jóvenes, ayudándoles a reconocer situaciones que podrían
poner en riesgo su bienestar y facilitando el desarrollo de estrategias para
manejarlas, tales como la técnica de mejoras en habilidades específicas como la
solución de problemas, la toma de decisiones, y el manejo de emociones en
situaciones de riesgo para prevenir recaídas. Este enfoque no solo ayuda a los
adolescentes a entender mejor sus comportamientos, sino que también les
proporciona herramientas prácticas, como las mencionadas, para establecer metas
que les ayuden a construir un futuro más saludable. El seguimiento a los seis meses
es un aspecto fundamental del programa, ya que refleja un compromiso continuo
con el bienestar de los participantes. Este apoyo a largo plazo es vital para el
proceso de cambio, permitiendo que los adolescentes evalúen su progreso y ajusten
sus estrategias según sea necesario. Al fomentar la autoeficacia y la
responsabilidad personal, el PIBA no solo busca reducir el consumo de sustancias,
sino que también promueve un desarrollo personal integral que puede transformar la
vida de los jóvenes. Por tanto, el PIBA logra abordar de manera efectiva las
consecuencias de la drogadicción y ofrece un camino hacia un futuro más positivo y
saludable.

En conclusión, la drogadicción trae consecuencias negativas profundas en los


adolescentes, que afectan tanto su salud física como mental. Este hábito puede
llevar a una pérdida de interés en actividades importantes y, a su vez, limita su
desarrollo y bienestar general. Además, interfiere en sus relaciones con sus seres
queridos. Es fundamental reconocer la profundidad de esta problemática y su
influencia en el camino de una generación en formación. Este panorama nos llama a
reflexionar sobre el papel que desempeñamos en la construcción de un futuro donde
los adolescentes tomen decisiones saludables y encuentren las herramientas para
crecer con plenitud y equilibrio.

Referencias bibliográficas:

Agüero, W. (2020). Consumo de marihuana y sintomatología depresiva en


estudiantes universitarios de Lima Metropolitana (tesis de licenciatura, Pontificia
Universidad Católica del Perú, Perú).
[Link]
%9CERO_GARC%C3%8DA_WILLIAM_DANIEL%20%281%[Link]?sequence=1&is
Allowed=y

Alvarado, I., & Domínguez, L. (2019). Factores de riesgo y consumo de drogas en


adolescentes y jóvenes del asentamiento humano Aparicio Pomares Huánuco 2019
(Tesis de licenciatura, Universidad Nacional Hermilio Valdizán)
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