TseTse 2
TseTse 2
ella dispensa.
Ligeramente os pulsan,
En- la apacible
Claridad inmortal.
Hacia abajo.
certidumbre
del cactus
en tiempo
flotante
reverberación
y un gallo lejano
caliente deriva
_-. t /. t...» .\
larga vigilia
desdobla su manto
un tal vez distintos seres
y aún la prudencia
como si no
cigarra
_ , . tren doble
insecto alqmm1co .
. . chispazo
espuma nodnza del Cielo .
animal
mañana es fuego
caballos herrumbre “.41
» - . :i i'\
bahia de51erto proa ., 3
v I. 7K/ 1' I,
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y el lobito muerto
H todavia atestiguar
¿(1111911 sabe? el viento
carnaval
no tiene que
no precisa de
árbol no tiene que precisar de
t!(í-)‘-’ti')i't3
sólo sombra
es nada
¡-
Las lluvias vienen del agua que el sol evapora. Los hom-
o
.,« , I i
cíiïeéíï‘aáaggm
tan colosales que acaso sólo podían ser percibidas por émulos de
Abul Quasim Abbas ben Firmas, o desde aparatos como los soña-
dos por Leonardo. La misma concepción, trazado y contemplación
posterior de estas líneas y figuras, están de suyo asociados a la al- _
tura y en consecuencia al vuelo, que es el acto de elevarse como las
aves hacia el aire (medio más sutil que el agua), y que simboliza a
su vez la fantasía y el pensamiento. Es la elevación ya como sinó-
nimo del saber cifrado en los dibujos, ya como movimiento en el
espacio para concebirlos y contemplarlos.
Poco antes de que los aviones comenzaran a sobrevolar Naz-
:ÉiÉesde la cabina de una frágil avioneta, he aquí repentinamen-
te, una tras otra, más de cuarenta figuras y líneas trazadas con pre- ca, en las páginas de una revista limeña, en 1922, en una concisa
cisión miliméuica hace mil quinientos años a ras del suelo a po- entrevista se lee la siguiente frase: “Siempre a lo desconocido”.
cos kilómetros de la bahía de Paracas, en el Pacífico, en uno de Es el lema de José María Eguren, quien pasó casi toda su vida en
el balneario de Barranco, a orillas del Pacífico, a unos quinientos
cuyos acantilados se observan también grabadas tres cruces o, si
kilómetros de las pampas. Nunca salió de Lima ni supo tal vez de
se quiere, un candelabro o un tridente. El contemplador, desde
arriba, tiene ante sí una vasta zona donde hay surcos cavados en la existencia de los dibujos, pero no cesó de cruzar el umbral de
lo desconocido, al rastrear diariamente las correspondencias entre
una profundidad de cinco a diez centímetros sobre una superficie
de arena entremezclada con pcdruscos, configurando trazos que lo visible y lo invisible. En el fondo, un presagio adivinatorio que
reproducen una monumental y nítida composición. Así, larguísi- fue puesto de manifiesto en vísperas de que los trazos pudieran
mas líneas paralelas, simétricos espirales, una solitaria imagen ser vistos cn toda su magnitud y complejidad.
No sólo la premonicion egureniana sino también la coinciden-
humana y diversas figuras zoológicas.
cia sorprendente. El azar es decisivo como una potencia del des-
La vista aérea de los dibujos de Nazca probablemente no ha-
bría sido posible si cierto día entre fines del siglo XV y albores tino, al escoltar los pasos de María Reiche hacia estas latitudes, en
del XVI, en Fiésole, alguien no hubiera a su vez reflexionado medio de la multiplicidad y heterogeneidad de los caminos del
mundo, algunos de los cuales ella bien pudo escoger. Desde su na-
acerca del vuelo de un milano, que remontaba los cielos sin batir
las alas. Por esta fortuita observación, Leonardo da Vinci había tal Alemania, se enrumba hasta acá guiada por la fuerza de la in-
comprendido el enigma del aleteo, y empezó entonces a imagi- tuición, tal vez a modo de los impulsos que reciben algunas mi-
graciones de peces y pájaros, cuyos repentinos desplazamientos
narse y dibujar aparatos destinados a elevarse por el firmamento,
como los propios pájaros. Más antes, en Córdoba, bajo el califa- se explican sólo por una oculta armonía cósmica. Frente al Pací-
to de Abderraman II, en los alrededores del año 852, el filósofo y fico, a la intemperie, bajo el sol incandescente, sumida en la más
matemático Abul Quasim Abbas ben Firmas, con unas alas artifi- tremenda de las soledades, María Reiche ha dedicado práctica-
ciales adheridas a los brazos y hombros (ala manera de los ánge- mente todo su tiempo a la conservación y estudio de los dibujos
les),
hacer un
intenta
Archivo
sobrevolar,
vuelo planeado,
Histórico
lanzándose
de Revistas
desde un promontorio,
se desploma y queda inválido
y, tras
para el
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trazos se han mantenido intangibles,
dc Nazca.
y por fortuna
alguna, los
sigue subsis-
En virtud de ella, y‘ de nadie más sin duda
resto de sus días. tiendo el colosal criptograma, que guarda en sí la llave codiciada.
IO
Nadie SOSpecha cómo han podido ser vistos los dibujos de
Nazca antes de la era del avión. Hasta hoy tampoco se sabe a
ciencia cierta respecto a su sentido y alcances, si en verdad cons-
tituyen un santuario, un mapa astronómico o inclusive una base
destinada a vuelos interplanetarios, como algunos lo conjeturan
sin reticencias. A] parecer tampoco se han descubierto los cálcu-
los matemáticos que hicieron posible la materialización de estas
líneas y figuras, ni nadie sabe cómo han logrado mantenerse in-
tactos los surcos que las representan, pese a la erosión de los vien-
tos en el curso de quince centurias.
La vista humana sí distingue desde las alturas claramente una
sola cosa: gigantescas incisiones en la superficie. Son tatuajes te-
rrenales que reproducen variados dibujos, realizados no sobre
lienzos, ni tablas, ni paredes, sino sobre la viva piel del mundo.
Sin duda, como imágenes visuales, recuerdan las obras del land
art (arte de la tierra), y una vez más lo ejecutado en Nazca siglos
atrás se da la mano con las manifestaciones de la estética moder-
na. En este caso es la fantasía desatada al infinito, que hace uso de
la naturaleza no sólo como fuente de inspiración sino aun como
componente del lenguaje plástico. Algo así como cuando Vicente
ll
EN ALABANZA DE LOS SERES ETÉREOS
pre. Lo es para caracterizar a ciertas personas que no tienen los El mea culpa resulta ahora inesquivable, aunque sea resumido
pies en la tierra y parecen volar sobre las nubes; y experimenta- en pocos renglones. Ese especialísimo‘ talante asimismo lo tuve al-
das además en el silencio, la discreción y la mesura, y también en guna vez, pero creo haberlo perdido en el laberinto de la vida coti-
todas las cosas de pequeña monta. Son los- seres etéreos, espiri- diana, que sin remedio maleó la porción de éter heredada por mí al
tualizados hijos de Adán y Eva, que bien pueden estar entre los igual que todos. Tarde supe de Eguren, tarde divisé a esa retrafda
muros
tro de la caótica vida
Archivo
de un convento
Histórico
o una casa parroquial;
cotidiana, víctimas
de Revistas
o bien en el epicen-
del desdén imperial del
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muchacha
presentes
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(que es mi propia hija), aunque nunca dejo de tenerlos
como claros maestros de bien vivir, a quienes doy aquí
resto de las gentes. gracias y alabanzas.
12
El. FELIZ CONOCIMIENTO
condenar allí la ignorancia de sus colegas en el empleo de los re- didas cosas mayores. Poseía el entendimiento pleno del mundo
cursos literarios, a quienes los veía remotamente lejos, “en el lim- que encarnaba línea a línea sobre la página o, si no era así, lo in-
bo de un completo desconocimiento”. El limbo a secas es el lugar tuía gracias a su capacidad de videncia, de la que hablaba también
adonde van los niños que mueren sin el agua del bautizo, porque en otro prólogo (en el de El canto errante). Extremadamente pre-
no teniendo así la gracia divina no se les concede de inmediato la coz, libre y señor de sus pasos, Darío pudo ir al grano: leyó y es-
gloria. Del Cielo bajemos de nuevo a la Tierra: acá no significa cribió a su arbitrio. Eligió para sí la cultura cribada por el tiempo,
otra cosa que estar en babia, distraído, alejado, al margen. El lim- y lo puso en evidencia a través del sonido y el sentido de sus ver-
bo rubendariano se conecta justamente con esto último, y es en sí sos. Lógicamente, el limbo del desconocimiento. que él achacaba
una metáfora —ojalá que no me equivoque- muy sugestiva, desde .a sus contemporáneos, no era ignorar sólo tal o cual recurso lite-
luego, ya que desencadena otras ideas, como las ondas concéntri- rario, sino también no observar las esferas más elevadas del saber.
cas que en el agua se forman cuando se lanza una pequeña piedra. La visión poética rubendariana radica, pues, en la retórica, la eró-
Esta vida terrenal es ridículamente breve, conforme lo advier- tica y la conciencia religiosa, en mayor o menor grado, y por cier-
to entrelazadas con otros intereses. En el fondo de su alma, lo que
te con precisión un perito en ocultismo. No es un problema para
quería descubrir era de dónde había venido, por qué estaba acá y
solucionarlo sino un misterio para vivirlo, según una frase que leí
hacia dónde partiría después.
grabada nada menos que en la superficie esférica de una taza de
cerámica. Pero, aunque entre las impenetrables tinieblas del mis- De mí confieso que casi no sé nada de estos asuntos. Pero ten-
terio, bien vale la pena hacer todas las conjeturas, escudriñar cu- go el pálpito de que los duelos son buenos con pan y, aun cuando
riosamente, darse a preguntar a diestra y siniestra. Por su fugaci- sea acaso en vano, se justifica el ansia de alcanzar una que otra
migajuela. Por ejemplo, llegar a distinguir sin vacilación las suti-
dad, la existencia resulta un instantáneo funeral en cada segundo
les diferencias entre la sinécdoque, la metonimia y la metáfora;
que pasa; sin embargo, los duelos son buenos con pan, afirma el
dicho popular. Entonces, no todo es negativo, porque la idea acer- leer día a día la Biblia y no desterrarse en medio de escrituras li-
ca de la vida como un funeral, puede complementarse positiva- vianas; y con la misma inteligencia de ángel, que todos hemos he-
mente ampliando la imagen anterior. En consecuencia, el duelo re- redado acá, penetrar en el tantrismo y el taoísmo, que'borran la lí-
sulta menos aflictivo si paladeamos el pan del conocimiento, aunv nea divisoria entre el amor sagrado y el profano. Probablemente,
que siquiera unas migajuelas. Porque satisface muchísimo cono- por la retórica y la erótica, ya no se es un mortal bruto ni se está
más en el borroso limbo del desconocimiento. En cambio, divisar
cer, del mejor modo posible, la ciencia del propio oficio; y, más
aún, resulta un don incomparable Archivo Histórico
poder de deRevistas
proveerse armas espi- Argentinas | www.ahira.com.ar lo desconocido mediante el verbo de Adán y la carne de Eva, tal
rituales y aproximarse a lo desconocido, de conformidad a las como realmente lo hizo por primera vez en español, no otro sino
creencias de cada cual. el propio Darío.
EL OCIO A TODA HORA
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SALVADOR ELIZONDO
mafioego 6.8 swisme
sa. Qué duda cabe de elh. Es así como tiene qm ser aquel
—Pero ¿por que olvidaste aquel florecimiento de la losa?
poema; ya sabes cuál...
-Porque vino la muerte a despex‘camie.
‘ïBabl, da La noche es larguísima; como un camino
—¿Fue entonces cuando hiciste aquel viaje al mar?
—En efecto; como un camim hacia tierra adeItro.
—Sí; fuimos juntos ¿no lo recuerdas?
—0 como el mar. Un camim qm lleva a las islas. —Tal vez ya había muerto.
-El smño de la rosa es como una isla en el mar de la no-
—No; tu corazón latía como un océano...
che de lll smño. Pero tu corazón —eso qm en el sacrificio en
—Pero no había más qm silencio.
la cúspide de la pirámide sería tu corazón- m está dispms-
—A]lí estaba la rosa.
to a la azamsa tmesía, ¿no es cierto? —¿Ah, sí‘.l la rosa que olvidaste.
—Anles si; eso que tú llamas “mi corazón", el mío de mí, —Cómo podía olvidar el sueño de la rosa.
estaba dispmsto. Después Im tocó la muerte. Ahora no sé nada.
—No lo sé; te habías extraviado entre los setas que forma-
—Esas palabras; con ellas podías agrietar hs espejos. En-
ban en un momento dado ,de aquel parque sombrío y solita-
tonces.
rio, un meandro geométrico. Todo, en aqmlla noche era co-
—Sí; pero ahora la lluvia ya m teme a mis palabras. mo un laberinto. El dolor...
—l'lay alguien qm está escuchando detrás de la pmrta. —El dolor es la rosa.
—Detrás de todas las pmrias está el mai:
‘Has roto el cristal de esa memoria. Cuando dije tu nom-
—El mar o el diabh. Da igual.
bre entonees. sobre el puerta, era como situ ausencia —esa
’No sabes eulivarh hábilmerte; el silencio fhrece como qm ahora se currqile— se anunciara.
la rosa...
—Yo lo sé. Las despedidas siempre son tristes.
—El silencio fhrece...
—Así es; pem tú sigues soñando en el río que corre.
—Eitonces yo qmría, por el puro deseo, apresular todas —Es una mamra de alejarme de ti.
las cosas qm sunndas hacían o configuraban la primavera.
—Pero se me queda el recmrdo de la rosa.
lbarms alp m. En invierm. Paseábamos eitre bs setos qm
-El pmnie es una barca en el río. Esos que hablan apo-
bordeaban las avenidas. Los diminutos silencios qm se forma-
yados en el pampeto del puente van hacia la quietud.
ban, congelados, Archivo
aveces, Histórico
eitre nosotros. de
como Revistas
qm eran pm- Argentinas
“Así es. Por | eso
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olvidé el florecimiento de la msa.
picios ¿verdad?... —Y el dolor de la rosa.
’Sí; paseábarms mundos de la mano y la niebla... —Sí; yo soy la rosa.
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Léïït ' Mi Rafi}. If: .232.
Carlos Riccardo
- En principio, la mirada. Algo que provisoriamente porque todavía hay palabras al alcance del ojo para tratar de
explicar, de decir; todavía hay pequeños saberes inconscientes,
se podría llamar la espera de la mirada. Una mirada que
abstractos —incluso físicos
espera ver, un ver en espera. Mirada
que por el momento sólo se fascina en el fuego o plásticos como el que surge del violeta inmanente detrás de
unas hojas amarillas). Sin embargo, esta mirada
del hogar recién encendido, que observa
detenidamente una colección de postales que hay sobre la si se quiere estética —o poética: ¡se querría escribir!— que abre
mesa, que se alegra al constatar los colores como más vivos. de lleno la intensidad de lo que es, que nos deja absortos en la
contemplación de las cosas, al borde
Mirada que empieza a soltar todas sus pequeñas miradas,
laterales, fugaces, e inadvertidas y que al realzar los detalles de las palabras, es la frontera'con la pura mirada.
en el entramado de los matices, las íntimas variaciones de los
bordes, por alguna arista de luz, se abre. - La contemplación vacía es la pura mirada.
- Obertura a un doble realce, de las cosas y de la mirada, que va - Si antes, en el encantamiento de la mirada, se tenía
a dar paso al encantamiento de la mirada. A una sosegada indiferencia por el lenguaje porque éste
la mirada sorprendida de ver porque lo que mira es como visto no podía expresar la impresión no intelectualizada
por primera vez. Por supuesto, lo que empieza a ver es el mundo de estar dentro del paisaje (además, cómo se describirt’a
de todos los dias, sólo transformado el viento bajo el alero de la casa, la neutra transparencia del aire,
por la agres e belleza de una casa en las sierras la asfixiante imagen verde en la espesura i
de Córdoba: un arroyo que baja por la montaña, piedras, de unas cañas), la experiencia de la pura mirada va
el resplandor metálico del día nublado, plantas. a quedar defintivamente inexpresada porque las palabras son de
Sin embargo, este es un mirar que descubre. Muestra otro orden, incapaces de ver el lugar de esa mirada
la presencia cotidiana del mundo como renovada ya no mirada, parte del sonido de las cosas,
en el instante, de nuevo revelada. autoconciencia de la única mirada justo en el silencio
desbordado en el ruido transparente del agua.
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- Encantamiento, extremo, de lo real. Mirada en el límite de su
si desde ese no lugar de la no mirada se viera algo ¿cómo se c Después, el lento regreso a las miradas, como si
vería, cómo se representaría? Se andaría el declinar en modos fuera propio de la naturaleza
a tientas, se palparía el borde de la visión posible —desde el de toda mirada.'La mirada de la risa —la risa
interior sensible que se abre hacia- y se cambiaría en la mirada—, la mirada deslumbrada por la belleza
lo invisible por una trascendencia a lo imposible. Pero insaciable de los cuerpos desnudos, que hasta se diría
no hay trascendencia de la mirada sino una suspensión toca los ojos del otro, la piel y el alma de las cosas,
—detenimiento del mirar, del pensar, del ser- que sólo puede la mirada que dibuja, que exagera, que se come
ser vista en la sorpresa del retorno, en el preciso instante en que infinitamente un grano de arroz y toma e] vaso de agua. Pero
se vuelve a estar aquí, sentado esto ya forma parte de las expresiones,
en una piedra, siendo un arbusto más de la montaña, de las maneras, de los enfoques de cada mirada.
despegándose de la arboladura vacía de lo real
en una mirada que otra vez pone perspectiva, profundidad, dis- - Por último, la imagen de un fuego y la salamandra
tancia, y que en realidad sólo muestra que no hay nada que ver, de una idea: la luz, su mirada.
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13
. l.._
lo, I
.Iv“ it. . Il.i .200‘..1. *:-'.'. a' I .
dre, en el frío nocturno de la Villa imperial, cargadas de un senti-
‘do hoy día perdido y recobrado entre nosotros los poetas agitados
Entre el agua y el cielo el Perú despliega su figura rugosa al viento igualmente nocturno, frente al muro de seda, espejo don-
y bárbara. Bajo la luz más punzante, más cargada de inmanencia de la luna representa siempre adornada para el gran espectáculo
que conozco, siempre sobre el punto y la punta de la revelación, delante del auditorium de los siglos desordenados, resplandecen a
¡maravillosa comarca entre las manos ávidas y ciegas de los des- veces en las endrinas anteadas de la raza delos hijos del Sol.
cendientes de los paracaidistas de la conquista! Sobre el agua pro- Prescott, cuyo mérito es entregamos en un lenguaje simple to-
funda y rica donde los delfines y los lobos de mar juegan perdi- do el horror de la Conquista, cuenta que Atabalipa, el último In-
dos de vista, deslizándose sobre las fosforescencias; mar rica en ca, era hombre de gran belleza, “solamente sus ojos rojos duran-
medusas, con largas manchas de petróleo en el puerto del Callao; te la cólera, deslucían esta majestad”. Era de estatura más alta que
mar que arrastra guijarros demoníacos, fragmentos de estelas gra- sus súbditos. En el momento de la llegada de Pizarro lo vemos to-
badas en el tiempo inhallable en el que las culturas se verdccían, mando baños termales en su villa de Caxamalca. Los españoles le
en sentido propio y figurado, desde el más próximo borde del mar envían correos rogándole quiera dignarse recibirlos, en la misma
hasta el extremo límite de los fríos eternos. plaza, es decir que el Inca debe salir de su palacio para ir frente a
Mar inundado de la historia donde sobreviven vestigios ina- los aventureros. Asombrado de lo extraño de esta proposición y
preciables de todo un paSado deslumbrante que nos da todavía el fatigado de su insistencia, él consiente al fin y aparece rodeado de
gusto de vivir en esta continuidad peligrosa de la que la poesía es quinientos príncipes de sangre, las plumas del coraquenque y la
el eje diamantino e imantado. borla, insignias reales, a la cabeza, Los españoles le dirigen la pa-
Tan lejos como puedo recordar, el Perú es un país de luz: to- labra en varios intentos sin provecho alguno. Sólo él no ha levan-
tal antes de la llegada de los españoles; contenida y borrascosa tado los ojos sobre los caballeros acorazados de hierro. El espec-
desde el día que los conquistadores encontraron, cerca de las táculo inaudito no llega a arañar la espesa capa de divinidad que
aguas de la costa norte (Tumbes), una barca piloteada por un in- lo envuelve. No se inmuta incluso cuando el caballo de Pedro de
dio al que preguntaron por signos y vociferaciones el nombre del Candia, presa de pánico —las bestias son siempre más sensibles
país: Vzrú respondió, y desde entonces los grandes cataclismos que los hombres—, salpica con su baba el manto imperial. Algu-
comenzaron y la avidez se impone y rueda y, sedienta de oro y de nos momentos después el cura Valverde hacía su siniestra apari-
sangre, vino a alcanzar la piedra y el oro que eran la materia del ción presentándole los Evangelios. Atahualpa mira atentamente el
gran sueño de las civilizaciones pre-colombinas en el Perú desa- libro, lo lleva a su oreja arrojándolo en seguida por tierra. De in-
Pienso con fervor en el gran amor de los antiguos peruanos lo, en la gran plaza de Caxamalca, la carnicería en que perecen
por las piedras. Cerca de Machupicchu, y en toda la región veci- millares de hombres, de mujeres y de niños.
na se encuentran todavía inmensas piedras brutas trabajadas en un La prisión de Atahualpa produjo el estupor, la gran decaden-
ángulo minúsculo y casi invisible, rodeadas de, anfiteatros. Las cia que debía abatirse sobre el Perú era inaugurada y la sangre co-
fortalezas mismas no son sino la expresión del amor devorante y rre durante siglos obscureciendo la piedra angular de luna de es-
delirante de la piedra. Esas fortalezas elevadas sobre terrenos ya ta cultura cuya luz nos llega todavía como aquella de las estrellas
inexpugnables continúan fortaleza por fortaleza, superpuestas apagadas.
hasta el estallido tangible del acto gratuito. Atahualpa perece a manos de los españoles el 29 de agosto de
Si el oro y la plata formaban el templo del Sol, en Cuzco, el 1533 acusado de haber dilapidado las rentas públicas; previamen-
jardín
tamaño
milagroso
natural
Archivo
reproducidas
Histórico de Revistas
por excelencia con
de la manera más delicada,
todas
la pana-
Argentinas
las plantas
cadáver era expuesto
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y las flores
en la iglesia de San Fernando,
te despojado
las
fue, en seguida, bautizado. En el momento en que el
hemianas
ca del maíz, la espiga de oro del trigo temblaban bajo la luna-ma- y las mujeres del Emperador hicieron irrupción en el templo y se
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abrieron las venas muriendo junto a él para seguirlo, según lo es- por tierra. El ídolo, como he dicho antes, fue inmediatamente des-
tablecía la tradición. ' truido y reemplazado por una cruz. Se conoce el hecho escanda-
Se cuenta que cuando Pizarro'llega a Pachacamac para sa- loso del disco de oro del Sol del templo de Cuzco jugado y per-
quear el santuario se produce un terremoto en el instante que él dido a los dados por un soldado al, día siguiente del saqueo al tem-
ponía la mano sobre la puerta. Desdichadamente una vez pasado plo. Un golpe de dados no abc/irá nunca el azan Los techos en
el peligro la codicia no encuentra más ningún obstáculo y el gran las regiones secas de la costa estaban tan finamente trenzados con
ídolo de Pachacamac fue reemplazado por una cruz de yeso. Pres- la paja que constituían un escudo contra el tiempo. Había vestidu-
cott afirma que Pachacamac era uno de los santuarios más ricos ras tejidas con lana, oro y plata, otras estaban hechas enteramen-
de la tierra En general, todos los templos y los palacios de los In- te de plumas. Las vestiduras del Inca particularmente preciosas
cas fulguraban de oro y de pedrerías.l El oro recogido para la li- no eran llevadas sino una vez y se las quemaba inmediatamente
beración de Atahualpa una vez fundido da, de manera aproxima- después de haber sido llevadas. Se habla de un manto de Atahual-
da, un millón trescientos veintiséis mil quinientos treinta y nueve pa, de alas de murciélago. Ese manto color de humo alos reflejos
piastras de oro de la época. de herrumbre y venado de sangre aérea yo lo veo sobre las terra-
Imagino sin esfuerzo la vida del antiguo imperio: Tahuantinsu- zas inmensas del palacio imperial absorbiendo bajo la luna todo
yu, dividido en cuatro grandes provincias (suyu), al Sur el Colla- el color incendiario de las piedras y del oro que flameaba bajo el
suyu; al Este el Anti-suya; al Norte el Chinchay-suyu; y al Oeste Imperio. Manto alado, pensante, manto de hechicero sublime, ais-
el Cunti-suyu. Cuatro grandes caminos partían del Cuzco: el pri- lado, manto para recibir el más próximo mensaje nocturno y so-
mero atravesaba los llanos y las tierras frías hasta Quito; el segun- lamente imaginableen el silencio absoluto que debía hacerse ape-
do iba hasta Arequipa; el tercero conducía a las ciudades situadas nas el Inca lo ponía sobre sus hombros.
al pie de los Andes'y a otras que se encontraban pasando la cordi- De toda esta gloria fulgurante el Perú no conserva sino ruinas y
llera; el último llevaba hasta Chile (Cieza de León). A lo largo de esta luz de la que he hablado y que no dirá nunca, sin duda eso que
estas rutas sombreadas por los árboles y bordeadas de jardines ella cubría. En 1937 hice un viaje de sueño sobre los Andes para ir
conservados con grandes esfuerzos el viajero encontraba casas es- a Huánuco, ciudad a 2.000 metros sobre el nivel del mar. Nosotros
calonadas a lo largo de su camino por los cuidados del Estado don- atravesamos el Valle de la Quinua.
de podía beber, comer y dormir gratuitamente. j ¿Quién podía cantar tan fuerte en la Naturaleza? ¿Dónde habría
Toda la costa, estéril actualmente, no era sino un jardín crea- visto yo una tal riqueza tan tierna en el vegetal, un encanto tan pro-
tes de cada país por sus peinados y vestidos. reyes ingas, chapadas de finisimo oro y entalladas muchas figuras.
lo cual estaba hecho todo lo más deste metal muy fino. La cobertu-
No sabría decir cómo el esplendor, la riqueza y el resplandor
ra destas casas era de paja, tan bien asentada y puesta, que si algún
de las piedras, de las pedrerías y de las cascadas de oro cegaban fuego no la gasta y consume durará muchos tiempos y edades sin
la luz del sol en la época pre-colombina. Las piedras, a creerle a gastarse. Por de dentro de los aposentos había algunos manojos de
Cieza de León, estaban ensambladas con una mezcla en la que en- paja de oro, y por las paredes esculpidas ovejas y corderos de lo
traba el oro en profusión, en algunas casas encontró la paja de mismo, y aves, y otras cosas muchas. Sin esto. cuentan que había
suma grandísima de tesoro en cántaros y ollas y en otras cosas. y
oro. Los palacios, canchas, tenían muros de jaspe incrustado de
muchas mantas riquísimas llenas de argentería y chaquira. En fin no
esmeraldas, cristal, turquesas, coral, etc. Prescott habla de la puedo decir tanto que no quedo corto en querer engrandecer la
puerta del santuario de Pachacamac como teniendo ornamentos riqueza que los ingas tenían en estos sus palacios reales, en los
en cristal, turquesas y coral. En el interior del santuario o Saint cuales había grandísima cuenta, y tenían cuidado muchos plateros de
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vituallas. Todavía se conservan ciertos monumentos culinarios en
fundo y hechizante y tan auténticos decorados para el amor único
en el ambiente ideal? El Valle de la Quinua nos conducía hacia el Lima, tales como la Causa y que no se debe comer jamás sino en
jardín de Huánuco rodeado de montañas de tierra azul, verde, púr- algunas casas particulares. Este plato se hace con papas3 amarillas,
pura y roja, sin paráfrasis. especialidad del país, aceite de oliva, ají, el jugo de naranjas áci-
Mar Pacífico. Me acuerdo de ti. playa de Conchán calcinada das y se adorna con pescado frito, trozos de maíz tierno, olvidas,
rectángulos de queso fresco de cabra, trozos de camote, corazones
bajo el sol, yo me paseo sobre tu arena blanca y ardiente resonan:
do a cada asalto de las olas terribles donde se veía de pie, por de lechuga y trozos de palta. Este plato frío es tan bello y bueno
transparencia, los pocos bañistas que estábamos allá ese día. Pla- como una piedra de luna bien fresca depositada sobre la lengua.
20
M
MLorenzo
aan-H.) M García Vega de Una bz’coca a pique
Confesión
Wen, recordemosl, pura filfa es la tierra. Cascarón de huevo en un comedor verde, desde niño empecé a envejecer.
Metafoncamente se me cayeron los clientes pero se trataba de lo relacronado con el roer del vac1o. O sea, odrida
madera como una castracron. Pero donde a ora confieso que sabia contar los huecos que la lluv1a engendra a en el
fango, como si con ello se tratara de lo que nunca podría ser medido.
¿Cómo?
Mi mano. Construir mi mano en una cailita. Pero esto sería des ués de una pericia enorme; pericia tan enorme como
or ejemplo, la que implicita esta en e manejo de ese VISO e Mercurio que, seguramente, deja trasluc1r la Ley de
Lotes de la Muerte
Enderezame, ¡s_í!, bajo esta apariencia del fin de una mañana. Un escándalo'estos lotes. Lugar donde los más dis-
paratados tropiezos logramos encontrar. Para mi cuello una venda, por ejemplo, cuando realmente —un dia-
comlence a ser la momia, o lo semejante a una upila que como esdmjulas pudiera llegar a ser. 18m embar o, ¡es
demasiado! No puedo proseguir con estos lotes e muerte. Ya que, al fin de cuentas, nunca acabare de enten er.
Caluroso' el día
21
Lo que oculta un Motel
La maraña o la rama de lo que desenreda en un paisaje. Una luz como el desorden pero apenas. He visto en el
Trompe-l’oeil,
definitivamente, entre apagado
el Tiempo medallón
desfiguro. de
Pero hojas
esto de
es patano el
solo lo ¡absurdo un de
telonde mas¡unaopaco,
escurndrza
aunque conversacion
ultimo mun ue
o. yïa,n
mundo donde, extrañamente, las alegorías tienen toda la brusca 1nmediatez de unas Viandas acabadas de tragar.
Un artificio (aun ue también naturaleza) muy raro, Sin/embargo: pausas (arboles) y puntos (quemadas luces) que
en esta tarde de toño se extienden con la compulsmn de lo que, al aparecer, desaparece. ¡Muy rarol, pues, lo
que oculta este Motel.
Trata de establecer
Que lo más ocre que se detuvo cuando hervía la tarde. Cayendo también lo violeta. Yulgarmente cayendo de
aquella palangana en la terraza. abia, en fin, hasta para mascullar lo negro en los labios de la cotorra plastica
colocada en la esquma dela pared. 'Pues todo dispuesto, asimetricamente, planchado, alisado. Pues se estiraban
los pensarnientos como quien se mira sm saber mirarse. —x
Paso
Pasas con el bus, color que nunca habría buscado..Manos como a lazo, pero esto que sería Como un decir, de
ninguna maqera pueda interpretarse como un decir vallejeano. So ouna cascara, manoseada, de la luz. Y como
Siempre, manana el mismo ocre que sustituya al cristal que nunca exrstio.
Fotosensación
elArchivo Histórico
lo inintehgible de seRevistas Argentinas | www.ahira.com.ar
En fotosensación la cal. ¿Cal aburrida? Apremiante, lo suficiente herida por este ahuecado sol. Por eso co ian mis-
OJOS, como latido que en derrumba, un paisaje arrugadamente absurdo. PaisajeI por onde en
una de sus esquinas se levantan, en copia de lo más blanco, las lamparas encendidas en pleno dia.
22
O serenatear la indiferencia
Por la inquina —máquina de colores- con esa nostalgia de no haber podido cultivar los pavos reales de Rubén
Darío; Me anego de vez en cuando, en la indiferenCIa (bastante cruel es la indiferencia, por cierto —Esto es una
pregunta que e ha o a mi cuarto- pero en el Discurso o carta, tan largo como el Trom e-l’oeil. des legado por
una Cinta que... I aqui, marca o por estos puntos sqspenswos, el uaczo) poblada e edifiCios antasmas. ..
(Falta aqui tambien, en el lugar de los puntos suspenswos, una parte del discurso), me achicharra el elo ala
muy manera, futurista, de cuando gu1ado por mi karma supe. caer, desde un crepusculo de papel dora o, sobre
Paracelso: “ enas un niño es concebido, recibe su propio cielo”. Asi que recibió algo, como en un patio: lo refe-
rente a una estartalada Alquimia; la lamentable fuente de un Hotel de pueblo de campo. Era tal como un secre-
to bien dificil de descifrar í un, con los años pasados, no encuentra ni la mas minima pizca de respuesta). Lo reci-
bieron/extremas fronteras osforescentes, pero sol/o estaba, en aquella fuente del Hotel .la tan lamentable jicotea
que mas tarde, con los anos, el olv1do se encargaria de congelar. A31 ue despues, ara figurar dentro de una g]:
ta todo esto, solo el supo —q pudo- disfrazar una hueste perniciosa e palabras re erentes ala Muerte, esto con
El exabrupto de esa. fotografia tomada de un film sobre la nieve que, por su fealdad, tampoco se ha po ido saber
a qu1en, su proyeCCion, pudiera interesar.
Ia Realidad
Pues enfrente enfrente mismo del Hospital donde me acababan de chequear. Por lo que, mucho no tuve que"
caminar para llegar hasta alli. Encontrar restos, lo que me constituye: puntos (quizá demasiado literarios) como
de una mano llena de ladrillos, el Crepusculo bien podrido por la costumbre; las lamadas telefónicas que no hice,
por lo que a veces las repito como una estereotipia; y sobre todo ese hueco negro que, sin acabar de una vez,
l
ágpïiígqgntijnte . me traga y me devuelve. Todo esto es la R-E-A-L-I-Ü-A-D. Enfrente, como ya dije. Enfrente mismo
hoy
mirar
mirar
mirar las hojas virgen maría. entre la sombra del verde
mirar suspendidas. formas otorga el aire. aire.
mirar
el ojo del corazón es más o menos así: los pájaros están cantando.
en el campo de espinas primavera manda. en el jardín una luz de la tarde
en el camino blanco me esperaba.
en el centro
de un mirar blanco pasto húmedo pierdo el nombre.
la dorada espina
del que mora estoy en la tarde de la gárgola que es luz
en la mirada y sombra.
inspiración
lo que el aire trae
del cielo —alimento del dia-
24
hacia lo abierto —inspiración pero la inspiración lleva todavía un poco más
una serie de ventanit’as a la sombra lejos.
del mundo hay a través de palabras (preciosas piedras) el vislumbre
de lo innombrado.
oh
la vida quema
la inspiración renueva los pulmones y- eleva. estrella.
la exhalación detiene. la inspiración avanza.
movimiento: avanzo me detengo avanzo me detengo
el día la noche
se abrazan. giran.
inspiración en la práctica de la vida cotidiana.
toda la vida es cotidiana —resplandece de eso. —Todo lo viviente —dice un Sioux mayor- está unido por un cordón
umbilical. Las altas montañas y los arroyos. el maíz y el búfalo que pace,
la inspiración lleva a observar las relaciones entre los seres
el héroe más valiente y el tramposo coyote.
celestes y terrestres, en el tiempo y en esa región '
donde
la vida
algo
avanza Archivo
detenida o Histórico
se ha detenido—nunca
la detención es de
empezó
Revistas Argentinas
ni va a durar.
un avance? | www.ahira.com.ar
de American
RICHARD
Indian Myth: and Legends,
ERDOES Y ALFONSO ORTIZ
Sopla el nordeste,
el más amado entre los vientos
Yo quisiera la gracia
El álamo el muelle los juncales Sólo digo un corazón soberbio nada puede
me sumerjo y vuelvo
instrumento de música tan grave Las sombras crecen. La noche cada cosa gesta
Misterio ser doméstica del bosque que navego como antiguo marinero
'26
Nordeste suave suave nordeste
fugando J}
El pez en vértigo azul un ave
con su canto la belleza feroz hiere mi flanco Otra vez singulares maneras del instante.
hambre perfecta
muda veloz la noche lila nace . El cielo se desliza. No sabe que es invierno
el gran teatro está por comenzar Y la que escribe es otra, la que observa del árbol
lengua que por sí canta la espera y en la tierra en suspenso, un'tiempo que genera.
DE LA CIVILIzACIóN estados de
percepción en
NI SE I-IACE VIEJO Y TRISTE
COMO EL PODER. los que la
LA CABEZA Inocencia es
Y NOS DEVUELVA ENTEROS. atención
Al principio sabíamos que no teníamos nada. Ahora tenemos que volvera ese saber que no tenemos nada. Pero Ia diferenciaentre unacto
de Inocencia y un acto de maestría es que la maestría es la asunción de Ia ¡nocencla dentro de un campo de expenencla. Renan tiene
29.
ig S p e S É} (fragmento) Carlos Germán
Vii
e infernal el desquite,
en disonante mezcla,
30
En esta vil contienda el hado bueno
el ansiado permiso
y es soñarse a sí mismo
31
como un trocito de titan antiguo
y el pavor vergonzoso
Archivo Histórico
Que
deen Revistas
verdad en
Argentinas
el fondo muy
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recóndito
Javier Sologuren
37's! Obviamente sus poemas —sean can- H'ólderlin, como todo poeta, pero en
É», a obra de Friedrich Hólderlin nos ciones, odas, himnos, elegías—, por lo grado máximo, concertó las palabras
muestra, de modo inequívoco, su con- general de notable brevedad, realizan de sus versos y su prosa, es decir, las
do que le son propios a la expresión la más pura poesía de la esencia de la de la música y la plástica del poema,
poesía”. sino, en un nivel más adentrado, indu-
lírica. Toda su obra es, pues, poema.
Aunque por hábitos preceptivos y for- cir las corrientes anímicas que le sub-
Si la constante de la creación holder- yacen. Por algo se ha dicho que las
malista, al Hiprrión se le Clasifique
liniana es, tal como venimos señalan- leyes del espíritu son las mismas de la
como novela y pese a que este género
ha sufrido en nuestros días cambios do, de naturaleza fundamentalmente prosodia. Esta operación de poner en
tan acusados (abriéndose en afán lírica, confiriéndole con ello una firme canto la experiencia, de trasuntar en
totalizador a todas las técnicas posi- unidad; desde el punto de vista de la canto la vida interna del poeta, es por
bles y absorbiendo elementos genéri- inspiración que la mueve, también se ello un encantamiento. Todo poema es
cos ajenos), en Hiperión, sus éxtasis, reclama de una fuente igualmente se- en este sentido un mundo encantado y
sus visiones, sus impetuosos arrebatos ñalada por su reiteración e importan- capaz de encantar. Pero el poeta que
cia: la Grecia antigua, la Hélade, la pa- acuerda sus sonidos, concilia sus sen-
son tan frecuentes que llegan a des-
dibujar el plano argumental, mínimo tria profunda de los mitos, los dioses y tidos, consuena con su propia crea-
por lo demás, al punto de resolverlo, los héroes. Hólderlin emprendió, por- ción, siente y sabe que ha engendrado
tentoso peregrino, la asunción sim- un pequeño mundo, el cual, no obs-
en sus mejores páginas que son mu-
chas, en el más intenso lirismo. Y no bólica y efectiva de todo ese mundo tante salido del tumulto de su cora-
podía ser de otra manera, pues el per- cultural, al que se sintió pertenecer y zón, goza desde ese momento de una
sonaje principal, que da nombre a la al cual buscó, afanoso y heroico, reli- Claridad y una armonía irreversibles.
obra, es consustancialmente el mismo gar a los hombres de su tiempo. Su El oscuro sollozo existencial se transfi-
Otro tanto acontece con otra obra imagen helénica a las alturas radiosas porque fue fatal y trágicamente poeta,
suya, fragmentaria, La muerte de Empé- de un reino agóniCamente apetecido, es decir creador, es decir igualmente _
.34
modo que este hacer en condición de Cuando surgiendo de la hondum Tanto en la prosa como el verso de
dios, debería conducirlo a poseer la la primavera entra en la vida, Hólderlin nos hallamos con verdade-
inteligencia del mensaje mítico y de la se maravilla el hombre y de su espíritu ras constelaciones léxicas que se pro-
nuevas palabras tienden a lo al to,
divina animación. h ducen a modo de diseño, en filigrana,
reto-ma la alegría y festivales
de su personalidad y" pueden permitir-
_ hácense el canto y las canciones.
"Prendado de la belleza en la cual se nos franquear umbrales insospecha-
vela esa "vasta y profunda unidad" en ses, el Espíritu, hablan por boca de la concordancia, concordia, conformi-
cuyo seno todo se corresponde. De ahí Naturaleza. "Y toda perfección siem- dad, conciliación; deslizándose su sen-
que su realización artística, de ahí que tido hasta el del grupo afín expresado
pre es lo Uno / en el Espíritu". Porque
el poema, el canto, sea la más alta ins- lo perfecto es un mundo en sí mismo, por la palabra paz. Por ésta, entran a
tancia del acceso humano a la plenitud participar del sentido de armonía, o-
una unidad única cuya sustancia se
divina. Tal puede considerarse el senti- tras como sosiego, reposo, calma,
cierra indeclinable. En otro poema
do último de la creación hólderliniana. quietud, serenidad, apaciguamiento,
Hólderlin ha dicho que "en la perfec-
ción no hay sitio para ninguna queja”. apacibilidad, todas las cuales en gran
esta perspectiva etimológica- no es quedaría, además, resuelta la aparen- de todas tus aladas melodías, y escuché
de carácter exclusivamente raciónal, te, y para algunos problemática, ambi- tu antigua consonancia, oh gran
36
ca, el conocimiento de la obra de Klop- y, entre los hombres, el amigo de los dioses 1779-1780, se encontraría su himno a
stock, el autor de “La Mesíada" y las no fuese objeto de juego, de burlas ni de "Rousseau", pues en el pensador gine-
"Odas" de tan noble y elevada inspi- /inquinas. brino halló confirmación a sus ideales
en nuestro ánimo. Tal como en Hipe- una imagen engañosa e imposible por
El coloquio entre dioses y hombres se
r rión está Hólderlin, también lo está en lo demás, de un desasimiento radical
presenta no solo como deseable, sino
Empédocles a quien le hace decir: de toda circunstancia histórica y so-
como real. En la estrofa siguiente del
cial) estuvo, sin embargo de todo ello,
mismo poema Hólderlin lo recuerda:
inmerso en las corrientes ideológicas
He vivido; igual que, de las copas de los de su época a las que, sin duda alguna,
/árboles, fue sumamente sensible. En Holderljn Tú has oído la lengua de esa estirpe
/extranjera
llueve la floración y el fruto áureo, se dio un pensamiento político, cierto,
y has comprendido su alma también. Pero
y como brotan del oscuro suelo la flor y el aunque éste solo diera sus frutos en
/grano, /al ansioso
las revelaciones del sueño poético.
así, de la miseria y la fatiga me vino el gozo le fue bastante un signo; y en realidad, por
/signos
y amables descendieron las potencias Hubo, pues, en su corazón, pensa-
desde todos los tiempos los dioses han
/celestes; miento y poesía, lugar no solo para los
fliablado.
se agruparon en la hondura, oh naturaleza, dioses, sino también para hombres,
las fuentes de tus cumbres, y tus alegrías hechos y postulados que, en grados y
vinieron todas a reposar en mi pecho, perspectivas diversos encarnaron, en Una vez más, el poeta, el vates, dice de
fueron una única delicia, cuando entonces, la historia contemporánea al poeta y al su innato fervor por‘la reorientación
consideraba la hermosura de la vida, y con menos por un tiempo, los ideales que de su pueblo y de la humanidad hacia
/frecuencia éste cálidamente abrazó. La Revolu-
una suerte de arquetípico porvenir,
solo una cosa pedía con fervor a los dioses: ción Francesa, que imantó a Goethe y tropismo indeclinable dentro de los
que, si en algún momento no soportase ya Schiller, hizo brotarven Hólderlin un términos de su experiencia presente y
mi sagrada dicha. sin vértigo y con mis apasionado entusiasmo descubriendo- concreta.
/fuerzas juveniles, le los signos promisores de una nueva
y si en mí, como en los antiguos preferidos época de justicia y libertad. En la gran Pero, ¿qué son los dioses para Hólder-
/del cielo,
Revolución sintió que se proyectaba, lin? En primer término, no son ni sím-
la plenitud de espíritu se volviese locura, de algún modo, el espíritu democráti- bolos ni personificaciones retóricas ni
me lo advirtiesen, y luego enviasen co de la Grecia de Pericles, y que en lo vagas idealizaciones. Su vida, 'su expe-
/presurosos más íntimo de él se hacía, a su vez,
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más deseable | www.ahira.com.ar
riencia, su poesía no aceptan ser tan
al corazón un destino inesperado, proyecto para el destino ligeramente identificadas. En cambio,
como signo de que era llegado el tiempo de Alemania. De ello dan fe los "Him- nos llevan a sentir y a asumir el hecho
de la purificación, para que, en buena hora, nos a los ideales de la Humanidad”.
de que los dioses se le manifestaron
hallase salvación en una nueva juventud Años más tarde, en los poemas de con vida propia, concreta. Encamacio-
37
nes vivas de las fuerzas elementales Atenea son otras divinidades que los príncipes. Baco es el alma unánime.
de la naturaleza, con ellas mantuvo prendieron en la religiosidad incon- /Mas Cristo
una intensa relación existencial. Fue trastable de Holderlin. Pero no per- es el término. Sin duda es de otra
una tentativa, única, de fe en este ad- manece solamente entre estos límites /naturaleza.
venimiento que él sentía de modo tan helénicos. Vuelve a Cristo a quien con- Mas cumple aquello que faltaba a otros
voca a la fiesta divina en su elegía Pan en presencia divina.
vivo y hondo, tanto más cuanto que
para él esas latencias, esa sustancia y Vino y en sus himnos Patmos y El.
Único. (Trad. de José Miguel Minguez)
numinosa de la- existencia, se habían
ido borrando de la conciencia del
te, apaciguó las olas, mandó la calma viejos dioses, será celebrado. El Hijo
del Altísimo, el dios sirio, Cristo el
delante de sí y salvó aOdiseo en la de-
sembocadura”. Único, es elevado por sobre esas En tanto, llega quien porta la antorcha
Apolo es el dios más frecuentemente divinidades, llegando a concebirlo el sirio, hijo del altísimo,
invocado. Dios
Archivo
de
Histórico
la luminosidad, de
de elRevistas
como dios supremo,
Argentinas
el dios final:
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a las tinieblas bajando.
36
Cristo es la luz. Y habiendo llegando En uno de sus célebres Fragmentos, Víctima de sus propias disonancias in-
al mundo "el fruto de tormentas, el di- Novalis di'ce que "todo objeto amado ternas, de inadaptaciones y rupturas
vino Baco”: es el centro de un paraíso". Aserción en el contexto humano, extraño y
que en Hólderlin adquiere una máxi- extrañado de ese mundo, Hólderlin
[Y] así pueden los hijos de la tierra ma ejemplaridad, pues en el amor de buscaba apasionadamente la paz en la
Susette Gontard halló una fuente ina-
desde entonces sin peligro beber conciliación que lo es en el amor y la
el fuego del cielo. gotable de la más alta y pura inspira- belleza. Esta aguda sensibilidad que lo
ción. Esta mujer, de resplandeciente hizo sufrir despiadadarnente, lo con-
Baco es el fuego. Pero Cristo asume belleza física y espiritual, fue la Dióti- dujo a la Vez a una fe. En la última
ambas especies; el pan y el vino. ma de algunos de sus poemas y en página de su Hiperión escribe:
especial de su Hiperión. Hólderlin amó
los dioses y creyó en ellos pero Las disonancias del universo son como las
Luz y fuego son, finalmente, dos mo-
dos de ser de la original llama sagrada. Diótirna fue su deidad terrenal. Ella, querellas entre amantes. La reconciliación
tal como Beatriz a Dante, lo llevó a los está latente en cada una de sus querellas, y
La asunción sincrética de estas religio- más puros éxtasis y a las contempla- lo que un instante estuvo separado no
nes tuvo en otro gran poeta alemán, ciones más gozosas. Ella hizo nacer en tarda en unirse de nuevo.
Friedrich von Hardenberg, Novalis, él acentos de mística ardentía. Descu- En el corazón las arterias se separan y
briéndole la sagrada hermosura, fue el vuelven a juntarse para formar una vida
contemporáneo de Hólderlin, gemela
manifestación. En sus Himnos a la No- centro de su paraíso. Así lo proclama unida, eterna y ardiente...
gen y madre
abrazo.
Archivo
— fruto infinito Histórico
de un arcano de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ar
de la paz celeste,
En el enguaje poetico rilkiano, en es-
hasta que en pecho mortal se concilien pecial, se reiteran las metáforas de la
los furiosos contrarios vida vegetal en términos de floreci-
miento y'maduración; se exalta la ges-
(Trad. de José Miguel Mínguez)
39
Quizás, por otra parte, no sea del todo /cielo,
tadora ley de la naturaleza; se invoca
esa hora de gozosa plenitud que de- impertinente referirse a la similitud —¡Que se encime en la vida, y entienda
entre las existencias atonnentadas de /sin esfuerzo
para el poema creado: esa hora... que
se enfrenta en silencio ante lo eterno, Hólderlin y Baudelaire: ciertos hechos el habla de las flores y de las cosas mudas.l
Se aspira a lo eterno y se testifica, co- Y tú, inmortal, aunque ya no te festeje (Trad. de I. S.)
poder de los ángeles. Así inicia Rilke resuena a menudo ¡oh dios del mar!, Holderlin mismo dio, con su vida y su
dicho poema: con tus olas en mi alma, para que anhelo heroico, una resplandeciente
/prevalezca sin miedo, version de la sublime empresa icárica,
¿Quién me oiría entre la jerarquía de los el espíritu sobre las aguas, como el pues el mito de Ícaro tuvo en él su
/ángeles, fnadador, rediviva encarnación. Alguien lo vio
si yo gritara? y supuesto que alguno se ejercite en la fresca así en vida del poeta: "Un águila bate
dicha de los fuertes, y comprenda el convulsivamente sus alas heridas; [. . .]
me tomase de pronto sobre su corazón:
perecería yo flenguaje de los dioses, pero quien conozca su tiempo y tenga
por su existencia más fuerte. Pero lo bello el cambio y el acontecer. un alma en el pecho, la seguirá dolori-
/no es más damente con los ojos cuando pasa ale-
(Trad. de José Miguel Mínguez)
que el primer eslabón de lo terrible, que teando, siempre ansiosa de llegar al
/aún soportamos. sol".
Y en uno de los primeros poemas de
Las Flores del Mal, el‘titulado Elevación,
YHólderlin ya había escrito que “el De su anhelo, nostalgia, vocación y
Baudelaire hace una invocación en la
hombre no soporta sino por instantes pasión de armonía y plenitud; de su
que nos parece oír vibrar palabras y
la plenitud divina”. ‘ amor entrañable y entrañado por la
acentos del pasaje hólderliniano que
belleza, contemplada en el rostro Vivo
acabamos de citar:
Las dimensiones personales de la de la naturaleza; de su hondo senti-
40
sentir insuficiente la mera mención lo-
Excursus
cal de posición: La segunda y última estrofa me sugi-
rió, salvo una sola alteración léxica
ano de los más conmovedores poe-
mas de Hólderlin, Mitad de la vida, tie- "La tierra cuelga (pende, se curva, (”yérguense”, en lugar'de "se alzan" o
ne no menos de doce versiones en cas- asoma) sobre el lago”. "se levantan", por la asociación in-
tellano, ¿cuáles serán los motivos de quietante que puede provocar, tal
este indiïdable interés? Podrían ser su El adjetivo "suspenso, —a”, me pare- como sucede en ase: "erguirse una
' sencillez de léxico y fraseo, su conden- ce, lograba connotar un matiz esencial amenaza"), otros cambios en la cons-
sada brevedad, su íntimo aliento liri- de esa localización, un matiz que en- trucción y ritmo de los versos:
hondura de su sentido vivencial. Lo tierra se halla suspensa sobre el lago, es Las flores, ¿dónde hallarlas,
cierto es que esta pequeña obra maes- decir, extasiada, trasportada (un salir ay de mi, cuando el invierno llegue,
tra (cuenta tan solo dos estrofas de sie- —ir hacia afuera- sin salir, sin dejar y dónde el fulgor del sol
te versos cada una) ya lleva, desde el simultáneamente de permanecer fir- y las sombras terrenales?
to de tres versiones al francés, me lle- Además, "suspensa” queda aislada, Volviendo a este ensayo de exégesis de
varon a intentar una traslación por destacada, encimada; en condición, Mitad de la vida, vernos que la segunda
cuenta propia y diccionario eri mano. solo esa palabra, de tercer verso. estrofa representa un giro completo.
Claro está que tal tarea venía, como es Otro, opuesto, es el cuadro que se abre
fácil advertirlo, muy facilitada. De la Algo más, el epíteto holden (traducido con la expresión de la aflicción (¡Ay de
por dulces, benignos, amables, gracio- mí!) personalizada, pues en este ins-
comparación de unas con otras, y del
conjunto con el poema original, 'se me sos, nobles, encantados) referido a tante ha irrumpido la intuición de la
"cisnes". Esta última equivalencia (en- pérdida inevitable de esos bienes, a la
impuso la necesidad de rescatar un
sentido más rico y original al verbo cantados) les atribuye una condición par simbólicos y concretos, propios de
ciertamente mágica y legendaria, aun- una estación y de una época de la
(hángt) del. primer verso: "La üerra
que pasiva. Y si los cisnes son amables Vida:
cuelga sobre el lago”, se dice en una
versión; en las demás, esta palabra al- y dulces, benignos y graciosos y no-
bles, por qué no, pues, "encantadores": Las flores, ¿dónde hallarlas
terna con “pende”, dándose también
“se curva”, “asoma”, y en los textos cuando el invierno llegue,
oh encantadores cisnes.
franceses: "est suspendue”, "se sus- y dónde el fulgor del sol
41
flores: lo más delicado y gracioso, lo con las exactas palabras de la soledad Por otra parte, este poema a la luz de
más vulnerable también. Luego re- del corazón. la experiencia de quien lo escribió
cuerda la ausencia de la luz (que lo es asume dimensiones de trágico vatici-
Esos muros se levantan tan silenciosos nio. ¿Dónde el fulgor del sol, dónde la
del calor y de la vida) y la concomi-
tante ausencia de las sombras de la y helados como las paredes de un sar-
luz del entendimiento que a Hólderlin
tierra, en verso adniigable, por sutil- cófa go barrido únicamente por el habría de escapársele precisamente en
mente turbador, que suscita una viento. la mitad de su vida?
imaginativamente se adelantan a la
Con las sombras de la tierra?
muerte, que expresan el presentimien-
to en y por los signos (flores, luz, som-
Los muros. se elevan mudos y fríOs
bras) cancelados inexorablemente por
el invierno, en estos se presenta una Y en el viento rechinan las banderas.
La comarca,
Y ebrios de besos
Hunden el rostro
En el agua tierna.
La música es una cualidad Lo mas simple es lo más dificil Aquello que escuchamos es la calidad
organizada en sonido. de ejecutar. de nuestra audición.
La música es silencio que canta. El intérprete no puede ocultar nada.
La música es la arquitectura ni siquiera el intento de esconderse. Cuando uno está cansado
del silencio. El músico es un intérprete desde ya se tenido suficiente y ya
el momento en que pisa la escena. no se puede hacer nada. No
Es tal el deseo de la música hagas nada.
de ser oída Escuchar es más que aquello Y mientras no haces nada. practica.
que en algunos resuena para que que encuentra el oido.
presten su voz y en otros para que Cuando no tenemos nada que decir
presten oídos. La calidad de atención mas alta es muy dificil decir algo.
que podemos brindar es amor. Cuando no tenemos nada que hacer
La música es espejo de quiénes somos. Todos los auditorios no tienen es muy dificil no hacer nada.
más que un par de orejas.
La necesidad es la medida La mente guía a las manos. Sólo tenemos lo que damos.
de nuestra aspiración. Lo necesario es posible, lo opcional Allí donde vamos es cómo llegamos.
es caro; lo innecesario. improbable. Podemos ser iguales en aspiración:
Nunca reacciones. podemos ser iguales en el compromiso.
El principio es invisible.
Nada es obligatorio pero algunas La calidad de la pregunta determina Percibimos nuestras percepciones.
cosas son necesarias. la calidad de la respuesta. Aquello’que escuchamos es el modo
La pregunta es su respuesta. en que escuchamos.
No existen los errores salvo uno: a
Nada que valga 1a pena
se consigue de inmediato. la imposibilidad de aprender Conocemos a otros en 1a medida en
. de un error. que nos conocemos a nosotros mismos.
No ofrezcas violencia.
Una nota es todas las notas. El músico y el auditorio son padres Se empieza por donde se está.
para la música.
Actuar es inherentemente improbable. Confía en la música. Tenemos tres derechos: derecho
¿Qué debemos atender? Atendemos a trabajar. derecho a pagar
Tocar rápido es más fácil lo que debemos. para trabajar y el derecho de sufrir
que tocar lento. La confianza es el reconocimiento las consecuencias de nuestro trabajo.
Sólo por riguroso trabajo uno y la aceptación del cometido.
llega a convertirse en artista, Hay tres clases de repercusiones: Tenemos tres obligaciones: obligación
las necesarias, las innecesarias de trabajar, obligación de pagar
Lo callado es ausencia de sonido, y las inevitables. para trabajar y obligación de sufrir
el silencio es la presencia del silencio. las consecuencias de nuestro trabajo.
El final puede ser una terminación
Relajación es tensión necesaria. o bien una consumación. Bienvenido lo inesperado.
El problema de saber lo que queremos no lo arbitrario.
Tensión es tensión innecesaria.
es que quizá lleguemos a conseguirlo.
La relajación nunca es accidental. Con oficio el músico puede copiar
El músico tiene tres disciplinas: algo antiguo. Con disciplina
La rectitud tiene su propia necesidad. las disciplinas de la mano. el músico puede copiar algo nuevo.
la cabeza y la del corazón.
El silencio es un pegamento invisible. Sólo existe un músico en el mundo Según el propósito, las reglas cambian.
en muchos cuerpos.
Sufre con alegria. Nunca nos haremos ricos trabajando
El sufrimiento de calidad no es El trabajo de uno sostiene duro. pero nunca nos haremos ricos
Archivo
evidente
El sufrimiento
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a otros.
es necesario.
el trabajo de todos. si no lo hacemos.
ducido apareció por primera vez en Introducción a la literatura Carlos Riccardo publicó Cuaderno del peyote, 1988, y Méxigo
alemana. De Goethe a Thomas Mann (David Sobrevilla Editor, City, 1990; nació en Bs As en 1956 y es activo colaborador-de Ul-
timo Reino. Claudia Schvartz, nacida en esta ciudad en 1952,
Universidad Peruana Cayetano Heredia, Lima, 1976). La versión
de Alejandra Pizarnik de dos poemas de H'ólderlin había apare- publicó últimamente la nouvelle Nimia; acaba de entregar a la im-
cido en el número 2 prenta una anto-
de El cielo, 1969, logía de la poesía
con direcCión de Cé- universal y pre-
Este ejemplar del'número 2 de tsé-tsé fue hecho por Gabriela Giusti y Reynaldo Jiménez-
46
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