Efectos Psicobiológicos de la Farmacoterapia
Efectos Psicobiológicos de la Farmacoterapia
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Vindel et al., 2021; Cordero-Andrés et al., 2017; de Vicente et al., 2021). Se hace necesaria
también mayor inversión en salud mental, y más teniendo en cuenta el impacto de la pandemia.
4) Una aproximación basada en la tecnología debido al gran número de datos que se
generan actualmente (datos genéticos, basados en neuroimágenes, sensores…) (Insel, 2010, 2019;
Jameel et al., 2021; Williams, 2020). La pandemia por Covid-19 ha actuado como catalizador,
acelerando algunas de estas intervenciones basadas en tecnología (Figueroa y Aguilera, 2020). El
reciente auge de la Inteligencia artificial y aplicaciones como ChatPGT o aquellas basadas en el
Metaverso es esperable que pueden tener impacto en el campo de la salud mental, lo que presenta
muchos retos y oportunidades (Cerasa et al., 2022, Viduani et al., 2023).
En los últimos años numerosas investigaciones han contribuido a delimitar la base
neurobiológica implicada en los principales trastornos mentales (Cathoma et al., 2019). Sin
embargo, el progreso ha sido menor en el conocimiento acerca de cómo los factores ambientales
pueden modular la enfermedad mental. Por otra parte, la pandemia ha puesto de manifiesto la
necesidad de prestar más recursos a la investigación y prevención relacionadas con la salud mental
dado que la inversión en salud mental es menor que en otras áreas de salud (Wykes et al., 2021).
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diversas disciplinas y está inspirando nuevos modos de pensar acerca del cerebro, lo que puede
beneficiar a la sociedad en su conjunto (Quaglio et al., 2021). Actualmente desde la Brain
Initiative se están desarrollando proyectos dentro del ámbito denominado “Brain 2.0” en los que
se pretende: (1) construir un atlas exhaustivo de tipos celulares en el cerebro humano, (2)
desarrollar y ampliar las herramientas necesarias para completar un mapa de microconectividad
y (3) proporcionar herramientas de precisión a los tipos celulares identificados para permitir la
modulación de los circuitos neuronales (Ngai, 2022) (ver Figura 1).
Figura 1. Elementos clave del proyecto Brain 2.0 incluido dentro de la “Brain Initiativa (Ngai, 2022)
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datos y se identifiquen nuevos biomarcadores planteándose además la posibilidad de utilizar
modelos predictivos en salud mental basándose en neuroimágenes (Tejavibulya et al, 2023).
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- Cada vez está teniendo mayor relevancia la identificación de las diferencias individuales
y aplicación de la medicina de precisión a la salud mental (Fountoulakis y Stahl, 2021). Esta
aproximación se caracterizaría por las 5Ps: 1) personalizada, 2) Predicitva, 3) Preventiva, 4)
Poblacional, y 5) Participativa. Este enfoque se está empezando a aplicar también en el ámbito de
la salud mental aunque más lentamente que en otras áreas de la salud (Fusar-Poli et al., 2022)
- En los últimos años se han producido también grandes avances en la incorporación de
biomarcadores para predecir el curso de la enfermedad e individualizar el diagnóstico (Manchia
et al., 2020; Targum et al., 2022). Según Singh y Rose (2009): “los biomarcadores prometen ser
el avance más poderoso en psiquiatría desde el descubrimiento de los antipsicóticos”. Sin
embargo, como afirma Balon (2020): “Tenemos que aceptar el hecho de que en psiquiatría no
tenemos datos válidos, confiables, sensibles, específicos, y biomarcadores clínicamente útiles, y
que no vamos a tenerlos por mucho tiempo, si es que alguna vez los logramos”. En el ámbito de
la Enfermedad de Alzheimer los biomarcadores basados en sangre están ya cerca de poder ser
implementados en la clínica (Teunissen et al., 2022).
- Recientemente ha existido un gran desarrollo del denominado “fenotipo digital” o digital
phenotyping en al ámbito de la salud mental (Marchionatti et al., 2023). Se propone que el uso
de datos generados por instrumentos electrónicos personales, como los “smartphones”, podría
resultar útil para medir aspectos del funcionamiento humano, tanto en condiciones de salud como
enfermedad. En psiquiatría se sugiere que el uso de este tipo de instrumentos por parte de los
pacientes podría proporcionar “biomarcadores digitales” que contribuyan a refinar el
diagnóstico, personalizar estrategias de tratamiento o realizar seguimientos (Huckvale et al.,
2019). Una excelente revisión acerca de cómo la salud digital puede aplicarse a la comprensión
de la conducta humana puede encontrarse en Marsch y Wallace (2020). El fenotipo digital puede
proporcionar nuevas perspectivas de cómo otros datos (genéticos, moleculares o de circuitos
cerebrales) interaccionan con la psicopatología. Aunque, como afirma Insel (2019, 2023). el uso
de la tecnología digital “todavía está en su infancia”, representa una oportunidad desde la salud
pública para “aplanar la curva” de la salud mental, reconociendo los errores previos y dirigiendo
esfuerzos a que la tecnología pueda ayudar a los que viven con enfermedad mental.
- Por otra parte, en los últimos 20 años se han realizado esfuerzos en disminuir el estigma
asociado a la enfermedad mental (Thornicroft et al., 2016), impulsados en parte por los avances
en neurociencia, neuroimagen cerebral y genética y por el desarrollo de tratamientos más
efectivos. En muchos informes se sugiere que una mejor comprensión científica de las posibles
causas neurobiológicas de los trastornos mentales puede ayudar a disminuir el estigma e
incrementar la aceptación de las personas con enfermedades mentales. Como afirman Insel y
Wang (2010) “Es el momento de repensar los trastornos mentales, reconocer que estos son
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alteraciones de los circuitos cerebrales, causadas probablemente por procesos evolutivos, y
modeladas por una compleja interacción entre la genética y la experiencia”. Actualmente se
considera que el estigma pude abordarse desde diferentes perspectivas (Thornicroftt et al.., 2022).
- En los dos últimos años la pandemia por Covid-19 está planteando muchos desafíos
respecto al tratamiento de la salud mental (Franchi et al., 2022). En Europa la OMS ha lanzado
una coalición para apoyar la reforma del sistema de salud mental entrada en 4 iniciativas (salud
mental, salud digital e innovación, perspectivas conductuales y culturales, e inmunización)
que representan prioridades para los próximos 5 años. Esta iniciativa puede ayudar a mejorar las
políticas y prácticas de salud mental en toda Europa, contribuyendo a minimizar los efectos de la
pandemia en poblaciones vulnerables. También son de gran interés el estudio de las posibles
secuelas neuropsiquátricas del Covid-19, incluyendo depresión, Enfermedad de Alzheimer,
trastorno de estrés post-traumático, psicosis, epilepsia… (Farhan y Llopis, 2020; Steardo y
Verkhratsky, 2020). La pandemia está obligando a replantear muchos aspectos relacionados
con el cuidado de la salud mental a corto y a largo plazo (Pennix et al., 2022).
La idea que debemos transmitir es que los trastornos mentales son una enfermedad como
cualquier otra, con posibilidades de tratamiento, control y recuperación (como afirma Pescosolido
(2010) en el título de su artículo “a disease like any other”). Pero para lograr cambiar la
concepción actual de enfermedad mental serían necesarias nuevas investigaciones e implementar
estrategias que ayuden a mejorar las competencias de estos sujetos y su integración en la sociedad.
Por ejemplo, el gran desarrollo de las técnicas de imagen cerebral en los últimos 30 años ha
contribuido a disminuir el estigma social asociado a las enfermedades psiquiátricas al documentar
de forma objetiva diferencias estructurales y funcionales en el cerebro de estos pacientes (Sui et
al., 2020). Holmes y colaboradores (2014) en su artículo titulado “A call for mental-health
science” indican que a pesar de los progresos realizados en el tratamiento de las enfermedades
mentales todavía no tenemos un conocimiento completo acerca de cómo funcionan las terapias.
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En algunos casos los psicofármacos han demostrado efectividad en estudios controlados,
pero siempre van acompañados de efectos secundarios indeseables. El objetivo último debe ser
desarrollar fármacos con mejores acciones terapéuticas y menores efectos secundarios. En las
últimas décadas, la psicofarmacología se ha beneficiado de avances en diferentes campos
científicos como genética, neuropsicología, neuroanatomía, neuroimagen, neuroquímica,
psiquiatría computacional, inteligencia artificial y acceso a “big data”, metabolómica, o
farmacología (Pedrini et al., 2019; Rubeis, 2022). Actualmente el desafío es seleccionar dianas
más adecuadas para los nuevos fármacos y desarrollar tratamientos más personalizados. En el
siglo XXI estamos asistiendo a una verdadera explosión de técnicas que permiten monitorizar y
manipular neuronas, circuitos y sinapsis. La neuroimagen ha contribuido a un mejor
conocimiento de la neurobiología de las enfermedades mentales y al desarrollo de fármacos que
mejoren la calidad de vida de los pacientes. Pero, además es necesario integrar resultados
procedentes de modelos animales, modelos celulares y mecanismos de riesgo molecular
basados en neurociencia comportamental (Meyer-Lindenberg, 2010). Esta integración puede
conducir a una mayor personalización de las terapias.
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concluía que los antidepresivos sí parecen tener mayor eficacia que en placebo en trastorno
depresivo mayor, siendo la Vortioxetina el antidepresivo más efectivo (Cipriani et al., 2018).
Aunque tradicionalmente los estudios sobre neurobiología de la depresión se han centrado
en alteraciones monoaminérgicas, investigaciones recientes sugieren la implicación de otros
factores (mecanismos de resiliencia al estrés, disminución de la plasticidad sináptica, deterioro
cognitivo, neuroinflamación, estilo de vida, deterioro de la neurogénesis hipocampal y fenómenos
neurodegenerativos en el hipocampo) (Pé[Link] et al., 2020; Troubat et al., 2021).
Existen claras limitaciones de los tratamientos utilizados actualmente para la depresión,
entre las que destaca el inicio demorado de su acción y posibles efectos secundarios (Kutzer et
al., 2020). Otros obstáculos para el desarrollo de tratamientos más efectivos son: 1) la
comprensión limitada de la patofisiología de la depresión y mecanismos que subyacen a la
eficacia de los tratamientos, 2) la compleja interacción entre múltiples genes y factores
ambientales, 3) la expresión de estos trastornos incluye no solo alteraciones del estado de ánimo
sino un amplio rango de alteraciones cognitivas, motoras, autonómicas, endocrinas o de
sueño/vigilia; 4) las limitaciones derivadas de las propias teorías monoaminérgicas, 5) la
complejidad de la enfermedad (unido a la dificultad de diagnóstico, sesgos en los ensayos clínicos,
ausencia de biomarcadores, costes de las tecnologías basadas en neuroimagen…) y los pocos
avances que se han realizado acerca de posibles hipótesis neurobiológicas (Blackburn, 2019); 6)
Los antidepresivos pueden causar embotamiento emocional, tal como muestra un reciente estudio
realizado con Escitalopram (Langley et al., 2023) y 7) Investigaciones recientes sugieren que no
existen pruebas definitivas de que la depresión esté causada por niveles bajos o reducida actividad
de la serotonina (Moncrieff et al., 2022).
La depresión es un síndrome heterogéneo con una patofisiología compleja y la investigación
está reconociendo el papel crítico que desempeñan los mecanismos celulares, neuroquímicos y
neuroendocrinos (Dubinina et al., 2021). El objetivo es conseguir antidepresivos que tengan
mayor eficacia, inicio más rápido de acción y mejor tolerabilidad. Pero está resultando difícil
la búsqueda de fármacos que cumplan estos criterios. A pesar de ello, se están desarrollando
diversas aproximaciones, algunas de las cuales se presentan a continuación:
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Krystal., 2020). Aunque deberían considerarse también las posibles limitaciones: la ketamina
puede causar síntomas que mimeticen la psicosis y deterioro cognitivo, limitando su potencial y
uso clínico, y además esta sustancia presenta potencial de abuso (Cryan y O´Leary, 2010; Song y
Zhu, 2021). Recientes investigaciones sugieren que la KETAMINA actuaría modulando los
circuitos fronto-estriatales en sujetos con trastorno depresivo mayor (Mkrtchian et al., 2020).
La principal limitación con este fármaco es que su efecto suele ser temporal, pero su estudio está
abriendo nuevas avenidas de investigación para el desarrollo de futuros antidepresivos. De hecho,
es destacable la aprobación por parte de la FDA y de la Agencia Europea del Medicamento del
fármaco ESKETAMINA (administrado mediante spray nasal) indicado para la depresión con
riesgo de suicidio (Hashimoto, 2019) o en situaciones de emergencia psiquiátrica. Este fármaco
ha sido comercializado con el nombre de Spravato y hay evidencia de que la Esketamina
administrada junto terapia oral antidepresiva actúa rápidamente y muestra eficacia en la
depresión resistente al tratamiento, manteniéndose estos beneficios a lo largo del tiempo
(Singh et al., 2020). El fármaco Esketamina debe administrarse bajo supervisión de un profesional
sanitario (Reus, 2021). Una revisión reciente sobre el futuro de la ketamina y los antidepresivos
de acción rápida en el tratamiento de la depresión puede encontrarse en Yavi (2022). Existen
también estudios con PSILOCIBINA (agonista de los receptores 5HT1A y 5HT2A/C). Los
resultados indican puede tener un efecto rápido tanto en la depresión primaria como secundaria,
aunque son necesarios más estudios (Li et al., 2022; Castro Santos y Gama Marques, 2021). Se
están realizando diferentes ensayos clínicos sobre los efectos de la psicoterapia asistida con
psilocibina en trastorno depresivo mayor, depresión resistente al tratamiento y pacientes con
cáncer (Davis et al., 2021). Ahora mismo hay en marcha más de 500 ensayos clínicos en marcha
con psilocibina en EEUU para comprobar su posible utilidad en diversas condiciones (depresión,
trastorno obsesivo compulsivo, anorexia nerviosa, migrañas, o abuso de alcohol (Nichols ; 2021)
y sería importante evaluar su efectividad en el mundo real (Alnefeesi et al., 2022).
2.- La CURCUMINA, ampliamente conocida por ser uno de los componentes del curry, es
una de las especias que presenta más posibilidades a nivel terapéutico y medicinal (Lopresti,
2022; Ramaholimihaso et al., 2020). Aunque su mecanismo de acción no es totalmente conocido,
se hipotetiza que actúa mediante la inhibición de la enzima MAO, modulando la liberación de
serotonina y dopamina, y reduciendo la neuroinflamación. Además, incrementa la neurogénesis,
especialmente en córtex frontal e hipocampo. Sin embargo, su uso en la clínica es limitado
debido a su baja absorción gastrointestinal. Un reciente meta-análisis concluye que la
administración de curcumina, unida a otro tipo de terapias (farmacológicas y no-farmacológicas),
puede reducir los síntomas de ansiedad y depresión (Fusar-Poli et al., 2020).
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3.- Tratamientos basados en CRONOTERAPIA (privación de sueño; retraso/avance de
la fase de sueño/uso de luz brillante) parecen ser efectivos para la depresión, actuando además en
un periodo de 5-7 días (Humpston et al., 2020; Mendoza, 2019; Mitter et al., 2022).
Recientemente se ha publicado el primer meta-análisis sobre el tema en los últimos 30 años. Se
revisaron más de 2000 estudios y se concluyó que la privación de sueño puede ser efectiva para
diferentes grupos de pacientes, aunque se necesitan más estudios para identificar las causas por
las cuales la privación de sueño mejora la depresión. Los antidepresivos también parecen
contribuir a la re-sincronización de los ritmos circadianos (Silva et al., 2021).
ESQUIZOFRENIA
Según Gründer y colaboradores (2009), los resultados de dos décadas de búsqueda de una
“molécula milagrosa con eficacia frente a todos los síntomas de la esquizofrenia” han resultado
decepcionantes por diversas razones: 1) los antipsicóticos de segunda generación (generalmente
denominados “atípicos”) presentan menos efectos extrapiramidales pero inducen otros efectos
colaterales (complicaciones metabólicas como aumento de peso, hiperglicemia,
hiperlipidemia…), 2) algunos estudios plantean dudas respecto a las ventajas que presentan los
antipsicóticos atípicos en la mejoría de los síntomas positivos y negativos y 3) no se ha
demostrado de forma concluyente que los compuestos de segunda generación sean superiores
respecto a los de primera generación en la mejora de los síntomas cognitivos. Se siguen
investigando aspectos como: no adherencia al tratamiento, prevención de la esquizofrenia, o
tratamiento de primeros episodios psicóticos (Kaar et al., 2020). Con el advenimiento de nuevas
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técnicas de neuroimagen y estudios genéticos se ha avanzado en el conocimiento de los cambios
neurobiológicos que acompañan a la esquizofrenia (Luvsannyam et al., 2022; Zarogianni et al.,
2019). Por ejemplo, recientemente se ha publicado un trabajo desarrollado por investigadores del
Hospital Universitario Instituto Pere Mata de Reus (Tarragona) en el que se informa que la
esquizofrenia, el trastorno bipolar y la longevidad comparten algunas variantes genéticas.
En este trabajo se sugiere que alrededor de una tercera parte de las señales genéticas compartidas
con la longevidad protegen de la enfermedad, pero a la vez acortan la vida (Muntané et al., 2020).
Algunos autores han sugerido la necesidad de separar la esquizofrenia en diferentes
componentes, cada uno de los cuales debería atacarse de forma independiente o con moléculas
multi-diana. Además, se propone evitar utilizar el término “atípico” ya que un antipsicótico no es
atípico en sentido general ya que cumple su fin principal que es mejorar la psicosis. Se propone
que en un futuro los pacientes deberían ser tratados con un conjunto de fármacos (polifarmacia
racional) que refleje su psicopatología específica. Actualmente se están evaluando diferentes
fármacos que podrían actuar como activadores cognitivos que potencien los efectos de los
antipsicóticos. También están en ensayo clínico sustancias que actúan sobre receptores del
neurotransmisor glutamato. Existe una colaboración entre diversos investigadores denominada
“Novel Methods leading to New Medication in Depression and Schizophrenia” (NEW MEDS)
que está intentando una fusión entre la iniciativa pública y privada (integrando compañías
farmacéuticas, empresas de biotecnología e instituciones académicas). Uno de los objetivos de
este consorcio es el desarrollo de protocolos estandarizados que permitan evaluar fármacos
candidatos para el tratamiento de la esquizofrenia (Artigas, 2017). Se pretende desarrollar
fármacos que mejoren no solo la psicosis sino también los síntomas negativos y cognitivos que
acompañan a esta enfermedad y que frecuentemente explican las dificultades de adaptación de
los pacientes a la vida laboral y familiar. Otra iniciativa reciente “Accelerating Medicines
Partnership (AMP) Schizophrenia (SCZ)” pretende identificar biomarcadores que permitan
detectar de forma temprana los síntomas y buscar nuevas estrategias de tratamiento, y cuenta con
una dotación inicial de 52 millones de dólares. También la identificación de subtipos de
esquizofrenia puede ayudar a personalizar el tratamiento (Chand et al., 2020; Wang et al., 2021).
Hay que tener en cuenta, además, que generalmente los medicamentos no son la solución,
sino que deben administrarse contexto de otros apoyos de tipo social y psicológico. La
rehabilitación cognitiva podría tener efectos neuroprotectores, ya que ayuda a frenar la pérdida
de materia gris e incluso a estimular su crecimiento en áreas del lóbulo temporal medial,
favoreciendo la potenciación cognitiva en pacientes con inicio temprano de la esquizofrenia. En
este sentido, Van Os y Kapur (2009) afirman “Durante los pasados 50 años, los avances han
ayudado a tratar la expresión sintomática del síndrome. En las próximas décadas, los
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tratamientos deben dirigirse a tratar la vulnerabilidad subyacente y proteger frente a los riesgos
ambientales que pueden hacer que se desarrolle. Hasta entonces esperemos que la sociedad trate
a aquellos que sufren de psicosis con respeto, esperanza y dignidad”. Recientemente la
Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) ha publicado una nueva guía práctica basada
en la evidencia para mejorar el tratamiento de pacientes con esquizofrenia. Entre sus objetivos
destaca reducir la mortalidad, morbilidad y consecuencias psicosociales relacionadas con este
trastorno. Un resumen de la guía puede consultarse en Keepers et al., (2020) y la guía completa
en [Link] En la guía se
enfatiza la necesidad de identificar distintas aproximaciones (farmacogenómica, biomarcadores,
clusters de síntomas y otras variables predictoras) con el fin de optimizar el tratamiento.
Como afirma Meyer-Lindenberg (2010), más de 100 años después de que Eugen Bleuler
utilizase por vez primera el término “esquizofrenia” este trastorno mental permanece como uno
de los más devastadores. Se espera que los avances neurocientíficos puedan contribuir a
desarrollar mejores tratamientos y disminuir el estigma que acompaña a los enfermos. De todos
modos, existen limitaciones para aplicar métodos más modernos de descubrimiento de
fármacos a una enfermedad mental cuya patofisiología no se ha descrito totalmente (De
Bartolomei et al., 2019; Luvsannyam et al., 2022). La investigación se ha centrado más en los
fármacos que en la patología en sí misma y ello ha supuesto que el avance en el conocimiento de
esta enfermedad haya sido más lento. Actualmente tiende a considerarse la esquizofrenia como
un conjunto de trastornos neuroevolutivos que implican alteración de circuitos cerebrales (De
Bartolomei et al., 2019). Además, en los últimos 15 años se ha puesto énfasis en la idea de que
la enfermedad tiene otros rasgos clave al menos tan importantes como la psicosis (alteraciones
en la memoria de trabajo, déficits en la atención y otras funciones cognitivas). Por ello, la
búsqueda de fármacos se está moviendo en esta misma dirección. La prioridad a nivel de
investigación se establece en la necesidad de encontrar tratamientos efectivos para los déficits
cognitivos, incluyendo la falta de “insight” que generalmente dificulta la adherencia tanto a la
medicación como a los tratamientos psicosociales. En un artículo publicado en el número especial
de la revista “Nature” dedicado a la esquizofrenia (noviembre, 2010), T. Insel (director del
Instituto Nacional de Salud Mental de EEUU) planteó algunas predicciones sobre el escenario
en que podría encontrarse el estudio de la esquizofrenia hacia el año 2030, y que siguen
estando vigentes:
[Link]ón: La detección e intervención temprana en la esquizofrenia podrían ayudar a
mejorar la calidad de vida de los pacientes en las dos próximas décadas. Pero para ello se
necesitan instrumentos de diagnóstico más precisos (que podrían incluir: medidas de riesgo
genético, imágenes de circuitos neurales, biomarcadores digitales, cambios cognitivos
tempranos) e intervenciones más amplias (que además de los fármacos contemplen el
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entrenamiento cognitivo o el apoyo familiar). El fenotipado digital se está ya aplicando con el
fin de lograr una mejor comprensión de los síntomas en la psicosis (Benoit et al., 2020).
[Link]ón de déficits cognitivos: Es esperable que se produzcan avances en las
intervenciones que puedan ayudar a revertir o mitigar los déficits cognitivos que acompañan a
la esquizofrenia. Estos avances probablemente se verán en gran parte impulsados por la
búsqueda de tratamientos para la Enfermedad de Alzheimer.
[Link]ón de los diferentes aspectos del tratamiento: Intervención psiquiátrica, educación
familiar, empleo y otras medidas terapéuticas deberían implementarse de forma conjunta, de
modo similar a lo que ya se hace en otro tipo de enfermedades crónicas como la diabetes,
aunque el tratamiento de la esquizofrenia supone un mayor desafío.
[Link]ón del estigma: al llegar al año 2030 deberíamos ser capaces de considerar a las
personas con esquizofrenia como capaces de lograr educación y empleo, así como de vivir en
íntima relación con los que le rodean. Incluso el mismo término “esquizofrenia” podría
cambiar o desaparecer ya que se puede estar refiriendo a muchos trastornos diferentes. Esta
perspectiva la han detallado recientemente Guloksuz y Jim Van Os (2020) en un Editorial con
el título “Renaming schizophrenia: 5x5” al sugerir que cambiar la denominación y concepto
de esquizofrenia por una denominación más amplia como “trastornos del espectro psicótico”
podría ser el primer paso en un nuevo acercamiento a esta enfermedad.
[Link] de estudios mejor controlados en condiciones de la vida real, incluyendo
pacientes que podrían tener comorbilidades y que evalúan resultados que estén más de acuerdo
con las expectativas de los pacientes y sus familiares sobre lo que “un fármaco debe hacer”.
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psicosis (Stahl y Segal, 2021). Una revisión completa de las aproximaciones actuales a la
neurobiología de la esquizfrenia puede encontrarse en Konopaske y Koyle, (2023).
Conclusión: Los trastornos mentales pueden llegar a ser altamente incapacitantes. Como afirma
Hyman (2014) deterioran la cognición, la emoción, la motivación y el funcionamiento ejecutivo,
aspectos fundamentales para alcanzar el éxito a nivel laboral y académico. A pesar de todo ello,
se transmite actualmente un mensaje de esperanza: los trastornos mentales pueden tratarse,
aunque es importante buscar tratamientos cada vez más efectivos (Leichsenring et al., 2022). El
objetivo sería poder integrar tratamientos cognitivos, somáticos y psicosociales con el objetivo
de curar estas patologías en un amplio número de pacientes. Además, a pesar de estas necesidades
urgentes, estamos experimentando una crisis en el desarrollo de nuevos tratamientos,
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especialmente farmacológicos. En los últimos 40 años, muy pocos fármacos basados en
mecanismos novedosos se han desarrollado para progresar hasta la fase II de ensayos clínicos o
aprobación regulatoria. Es necesario un cambio de paradigma en la forma en que
diagnosticamos y tratamos los trastornos mentales, impulsando la colaboración entre la
universidad y las compañías farmacéuticas. En general, los fármacos desarrollados en los últimos
60 años han tenido gran impacto en la mejora de la salud pública y el incremento en la esperanza
de vida, pero los avances en el tratamiento de los trastornos mentales no han sido espectaculares.
La “serendipia” (descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando
se está buscando otra cosa distinta) que acompañó al desarrollo de muchos de los primeros
psicofármacos no ha ido acompañada de nuevos planteamientos basados en los avances de la
neurofarmacología o neurobiología. Los recientes hallazgos aquí expuestos podrían impulsar un
cambio en esta dirección.
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4. Neurobiología del miedo y modelos animales.
5. Intervenciones farmacológicas en la consolidación y extinción de la memoria del miedo.
5.1. Efectos del propanolol sobre la consolidación de la memoria del miedo.
5.2. Efectos de la D-cicloserina en la facilitación de la extinción del miedo.
23
vías neurales por los cuales los estímulos sensoriales entran y fluyen a través del cerebro en el
proceso del aprendizaje del miedo. Este trabajo implica a circuitos específicos dentro de la
amígdala y es esencial para la formación de los recuerdos de la experiencia de condicionamiento
del miedo. Ahora está claro que el mismo sistema cerebral subyace en el aprendizaje del
miedo en los seres humanos. Los mecanismos detallados del miedo, que sólo pueden ser
descubiertos a través de estudios en animales, son por lo tanto aplicables a la comprensión
del procesamiento del miedo en el cerebro humano.”
Links:
LeDoux Lab Home Page
En nuestra especie las emociones, entre ellas el miedo, cumplen toda una serie de funciones
adaptativas, sin embargo, también pueden volverse patológicas: el miedo desadaptativo (el que
no se ajusta al estímulo o situación que lo provoca), que aparece como un síntoma central en
numerosos trastornos mentales, destacando los trastornos de ansiedad (fobias, trastorno por estrés
postraumático…). Recientemente se han revisado los conocimientos actuales sobre el aprendizaje
y la extinción del miedo, tanto en animales como en humanos con el fin de mejorar los beneficios
clínicos (Namkung y cols., 2022). Los estudios con animales pueden proporcionar una visión
mecánica/causal de las regiones del cerebro humano y su conectividad funcional implicadas en el
aprendizaje y la extinción del miedo. Mientras que los hallazgos en humanos, pueden enriquecer
aún más nuestra comprensión de los circuitos neuronales en los animales al proporcionar
conocimientos macroscópicos a nivel de redes cerebrales. Estos hallazgos en humanos y en
modelos animales se complementan entre sí. Sin embargo, todavía hay mucho margen de
mejora entre la investigación básica y la clínica sobre el aprendizaje y la extinción del miedo.
Namkung y cols., 2022
24
aprende se puede intervenir farmacológicamente sobre esos procesos de aprendizaje/memoria del
miedo, inhibiéndolos como en el caso de la consolidación o favoreciéndolos como en el caso de
la extinción. Teniendo en cuenta la literatura existente se revisan los principales hallazgos que se
han obtenido hasta el momento.
“El condicionamiento del miedo en animales se produce cuando un estímulo condicionado neutro
(tal como un tono) está emparejado con un estímulo aversivo, o incondicionado (tal como una
descarga en las patas), después en ausencia del estímulo incondicionado, la presentación del
estímulo condicionado provoca una respuesta de miedo condicionada. Los estudios preclínicos
han demostrado que la amígdala juega un papel clave en el circuito del miedo y que las
25
anormalidades en las vías de la amígdala pueden afectar la adquisición y expresión del
condicionamiento del miedo. Las drogas tales como los antagonistas del glutamato N-metil-D-
aspartato (NMDA) y los bloqueadores de los canales de calcio dependientes de voltaje, en la
amígdala, pueden bloquear estos efectos. También hay evidencia preliminar para el uso de
antagonistas beta-adrenérgicos, como el propanolol, para inhibir la consolidación de los
recuerdos traumáticos en el trastorno por estrés postraumático. Finalmente, la extinción
del miedo implica un nuevo aprendizaje de la inhibición de la respuesta de miedo. En esta
dirección, tratamientos farmacológicos tales como la D-cicloserina, un agonista parcial de
los receptores NMDA, se ha demostrado que facilitan la extinción. La combinación de estos
enfoques de medicación con psicoterapia que promueva la extinción, como la terapia
cognitivo-conductual (TCC), puede ofrecer a los pacientes con trastornos de ansiedad un
tratamiento rápido y robusto con una buena durabilidad del efecto.”
Garakani et al., 2006
1) “Teniendo en cuenta el papel fundamental que tienen las experiencias emocionales negativas
en el desarrollo y la persistencia de los trastornos mentales, se ha realizado un meta-análisis acerca
de la evidencia experimental en cuanto a la capacidad del propranolol (ß-bloqueador) para
bloquear la consolidación / reconsolidación de los recuerdos emocionales en los adultos sanos.
Los estudios seleccionados consisten en experimentos aleatorizados, doble ciego que evalúan la
memoria a largo plazo para el material emocional en adultos sanos (n = 308). RESULTADOS:
En comparación con el placebo, el propanolol que se administra antes de la consolidación de la
memoria reduce la posterior recuperación de historias con valencia negativa, fotos y listas de
palabras. La administración de propanolol antes de la reconsolidación también redujo la
recuperación de palabras emocionales con valencia negativa y la expresión de las respuestas de
miedo. Las limitaciones de este estudio incluyen el número moderado de los estudios que
examinan la influencia del propanolol en la consolidación de la memoria emocional y la
reconsolidación en adultos sanos y el hecho de que la mayoría de las muestras consistían
enteramente en adultos jóvenes, que pueden limitar la validez ecológica de los resultados.
CONCLUSIÓN: El propanolol reduce la memoria posterior para material emocional nuevo
26
o recordado en adultos sanos. Sin embargo, se necesitan más estudios para investigar si los
recuerdos emocionales se pueden debilitar y si este debilitamiento puede provocar a largo plazo
un alivio duradero sintomático en poblaciones clínicas, tales como pacientes con estrés
postraumático u otros trastornos relacionados con el evento.”
Lonergan et al., 2013
3) “En los individuos que ya han padecido el trastorno de estrés postraumático por un período
significativo de tiempo, el propanolol puede ser menos eficaz en la interrupción de la
reconsolidación de los recuerdos del miedo. Además, cuando el TEPT ya se ha desarrollado, el
tratamiento crónico con propanolol puede ser más eficaz que la intervención aguda, ya que los
individuos con trastorno de estrés postraumático tienden a experimentar a largo plazo una
hiperactivación noradrenérgica elevada.”
Giustino et al., 2016
5) "Las investigaciones que se remontan a la década de 1980 han postulado que la epinefrina y la
norepinefrina pueden desempeñar un papel en la formación de recuerdos traumáticos y por tanto
en el desarrollo del TEPT. Aunque el mecanismo no se conoce del todo, la literatura sugiere que
la epinefrina y la norepinefrina liberadas por el sistema beta-adrenérgico como resultado de un
trauma pueden potenciar la formación de recuerdos asociados a experiencias emocionales y
reforzar el condicionamiento del miedo. Estos hallazgos han impulsado investigaciones
posteriores sobre el uso del propranolol, un betabloqueante que inhibe los efectos de estas
catecolaminas al actuar como antagonista competitivo en los receptores beta-adrenérgicos, para
el tratamiento y la prevención del TEPT. La investigación en este campo se ha centrado
27
principalmente en dos indicaciones principales 1) el propranolol administrado a individuos antes
de la reactivación de la memoria del trauma en pacientes diagnosticados con TEPT, y 2) el
propranolol administrado después del trauma como medida preventiva para el TEPT posterior o
el trastorno de estrés agudo.
En general, la literatura identificada sugirió que el propranolol administrado antes de la
reactivación de la memoria del trauma disminuyó la gravedad de los síntomas del TEPT,
redujo la respuesta fisiológica (por ejemplo, la frecuencia cardíaca, la conductancia de la
piel, la presión arterial) durante el recuerdo del trauma y se obtuvo un mejor rendimiento
cognitivo en comparación con el placebo en individuos diagnosticados con TEPT.
En cuanto a la eficacia del propranolol como medida preventiva para el TEPT, administrado
después del trauma, los estudios incluidos sugirieron que no se observaron beneficios.”
Young & Butcher, 2020
Por último, con respecto al propanolol y a los resultados brindados por la literatura como
bloqueador de la consolidación/reconsolidación de la memoria del miedo en el TEPT, son
necesarios más estudios en población clínica para recomendar su uso clínico rutinario
(heterogeneidad, variación en la dosis de propranolol, tamaños de muestra inadecuados). También
debemos tener en consideración otras indicaciones sobre la utilización actual de esta sustancia
(con una finalidad diferente a la mencionada aquí) y aspectos tales como su comercialización en
España, sus indicaciones, posología, efectos, diferencias de género…
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exponen las principales ideas derivadas de diferentes estudios hasta el momento, debido a la
escasez de trabajos realizados en niños dos de los estudios experimentales que se exponen son
realizados en niños con diferentes tipos de fobias.
1) “La investigación sugiere que la D-cicloserina (DCS), un agonista parcial del receptor N-metil-
D-aspartato (NMDA), podría facilitar la extinción del miedo y la terapia de exposición por la
mejora de la función del receptor de NMDA durante la extinción de la memoria del miedo. Este
artículo ofrece una revisión. La D-cicloserina mejora la terapia de extinción / exposición en
animales y seres humanos con ansiedad desordenada. Las ganancias generalmente se mantuvieron
en el seguimiento, la D-cicloserina, es más eficaz cuando se administra un número limitado
de veces y cuando se administra inmediatamente antes o después de la terapia de extinción
de formación / exposición. Conclusiones: este metanálisis sugiere que la DCS es un objetivo útil
para la investigación traslacional y para mejorar el tratamiento basado en la exposición a través
de compuestos que actúen sobre la neuroplasticidad. La mayor contribución de la D-cicloserina
a la terapia basada en la exposición podría ser la de aumentar su velocidad o eficiencia,
porque los efectos de DCS parecen disminuir con sesiones repetidas. Esta información podría
guiar a los investigadores traslacionales en el descubrimiento de agentes más selectivos y / o
eficaces que mejoran efectivamente (o reducir) la función de los receptores NMDA.”
Norberg et al., 2008
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DCS emerge como un nuevo enfoque terapéutico para los pacientes con trastornos de
ansiedad refractarios que no responden a los tratamientos convencionales disponibles.
Cuando se administra correctamente, DCS es una estrategia prometedora para el aumento
de la TCC y podría reducir los costos de atención de salud, la tasa de deserción y traer un
alivio más rápido de los pacientes.”
Rodrigues et al., 2014
4) “Los fármacos que actúan sobre los receptores de N-metil-d-aspartato (NMDA) y sobre
la capacidad de aprender nuevas asociaciones se han propuesto como tratamientos
complementarios para potenciar el éxito de la terapia de exposición para los trastornos de
ansiedad. Sin embargo, los efectos del agonista parcial del NMDA d-cicloserina en el tratamiento
psicológico han sido dispares. Se investigaron los posibles mecanismos neurocognitivos que
subyacen a los efectos clínicos de la exposición aumentada con d-cicloserina, para informar sobre
la combinación óptima de este agente y otros similares con el tratamiento psicológico. Los
pacientes con trastorno de pánico fueron asignados al azar a una dosis única de d-cicloserina
(250 mg; N = 17) o a un placebo equivalente (N = 16) 2 horas antes de una sesión de terapia de
exposición. Aunque este estudio experimental es de carácter preliminar debido al limitado tamaño
de la muestra, estos resultados ponen de relieve un posible mecanismo neurocognitivo por el que
la d-cicloserina puede ejercer sus efectos aumentativos en el tratamiento psicológico y aportan un
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marcador que puede ayudar a comprender y facilitar el desarrollo de tratamientos combinados
para la ansiedad.
Reinecke et al. 2020
5) “Para que la terapia de exposición (sesión única) tenga éxito, es esencial que el aprendizaje de
la extinción del miedo se extienda más allá del entorno del tratamiento. Objetivo: examinar si la
D-cicloserina (DCS) mejora la generalización del aprendizaje de extinción del miedo a través de
diferentes estímulos y contextos en niños con fobias específicas (perros/arañas). -Sujetos: niños
(6-14 años) con fobia específica a las arañas o perros. Método: Terapia de exposición de
sesión única. Tratamiento: ingieren 50 mg of DCS (n = 18) o placebo (n = 17) 1 h antes
de la sesión de exposición única (duración aprox. 1 hora) a los estímulos temidos.
Registro de conductas de acercamiento: antes y después de la sesión y 1 semana más tarde
a diferentes estímulos (perros/arañas), presentados en el mismo o diferente contexto. Test:
Behavior Approach Tests (BATs). Resultados: La DCS en niños potencia el
aprendizaje de la extinción del miedo. Este nuevo aprendizaje puede generalizarse
a diferentes estímulos y contextos.”
Byrne et al., 2015
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con un mejor funcionamiento al mes de seguimiento para los niños que recibieron DCS en
comparación con placebo
Limitaciones: La muestra del estudio fue pequeña y, por lo tanto, las conclusiones son
provisionales y requieren replicación.
Conclusiones: La edad y la reducción del miedo durante la sesión pueden ser moderadores
importantes de la terapia de exposición única aumentada con DCS.”
Farrell et al., 2018
Los resultados brindados por la literatura de la D-cicloserina presentados aquí como potenciador
de la extinción de la memoria del miedo en trastornos de ansiedad (fóbicos principalmente),
deben también tener en consideración su utilización actual, pues se trata de un antibiótico
antituberculoso no comercializado en España y no utilizado con la finalidad aquí indicada. Así
dependiendo de la finalidad de uso: como tratamiento para la tuberculosis, como potenciador de
la extinción de miedos aprendidos o incluso con otros fines (ver otros enfoques) existen grandes
diferencias en la posología y duración del tratamiento.
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acción sobre los receptores serotoninérgicos y GABAérgicos se considerará como una nueva
diana farmacológica, con una posible eficacia de la vabicaserina sobre los síntomas de la
psicosis. La Minociclina ha demostrado inducir mejoras en los síntomas cognitivos en la
esquizofrenia, así como la Eritropoyetina. Se ha informado de que la oxitocina tiene un efecto
similar al de los antipsicóticos; además, los inhibidores de la COX-2 conducen a una reducción
de los síntomas positivos de la psicosis, específicamente en el primer episodio de la enfermedad.
Este informe narrativo sugiere un papel prometedor de los nuevos agentes en el tratamiento de la
esquizofrenia; sin embargo, se necesita más investigación para aprobar su empleo clínico.”
Ventriglio et al., 2021
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