Cap 5 La brecha
1. El opio y el capitalismo global
a. India
2. LA INDUSTRIALIZACION EN OTROS LUGARES
a. Francia
b. Estados Unidos
c. Alemania
d. Rusia
e. Japón
3. LA NUEVA DINÁMICA DEL MUNDO INDUSTRIAL
Entre 1800 y 1900, la producción industrial mundial pasó a concentrarse en
Europa, Estados Unidos y Japón, desplazando a China e India, que
anteriormente lideraban la producción. En esta transformación, regiones
específicas (como Renania en Alemania o Nueva Inglaterra en Estados
Unidos) lideraron la industrialización, aunque incluso dentro de los países
industrializados seguían existiendo áreas empobrecidas. Esta brecha entre
las economías industrializadas y las no industrializadas se explica en parte
por la superación del “antiguo régimen biológico”, donde las cosechas
determinaban la salud económica. La industrialización cambió esta dinámica
y generó nuevas fluctuaciones económicas, como ciclos de expansión y
recesión.
En 1873, una recesión prolongada llevó a varios países (como Alemania e
Italia) a imponer aranceles para proteger su industria, rompiendo con la
tendencia de libre comercio liderada por Gran Bretaña. Sin embargo, el
comercio del opio con Asia permitió que Gran Bretaña mantuviera su balanza
de pagos equilibrada, evitando así un colapso económico global y
sosteniendo el desarrollo del capitalismo. La competencia por mercados y
recursos durante este periodo preparó el terreno para un nuevo imperialismo
y el fortalecimiento de los imperios coloniales.
a. Las consecuencias sociales de la industrialización
La revolución industrial transformó, y todavía transforma, las pautas de la
vida. Al igual que trece mil años antes la revolución agrícola había
transformado las relaciones entre los seres humanos y de éstos con su
ambiente, la revolución industrial transformó todo. El modo de producción
industrial cambió el trabajo, la familia, las ciudades, el tiempo, la cultura, los
valores y muchos otros aspectos. Aunque la manera concreta en que se
desarrollaron e: cambios varió de un lugar a otro, existían grandes
semejanzas: en lugar de campos y granjas, se levantaron fábricas; en lugar
de estaciones y festivales anuales que marcaban el paso del tiempo, llegó la
preocupación por la hora y se multiplicaron los cronómetros; en lugar de
familias muy numerosas, familias pequeñas de pocos miembros, y en lugar
de estabilidad, cambio.
i. Fábricas y trabajo
La industrialización creó una nueva clase trabajadora concentrada en las
ciudades. A medida que la maquinaria y los ritmos de trabajo de las fábricas
reemplazaron las rutinas agrícolas, los trabajadores se sometieron a
condiciones difíciles. La gestión y disciplina de los trabajadores se
convirtieron en tareas clave para asegurar la productividad, dando origen a
una nueva clase media encargada de la dirección industrial. Inicialmente,
mujeres y niños formaron la base de la mano de obra, especialmente en la
industria textil.
ii. Mujeres y familias
La vida familiar también cambió: en las sociedades industriales, el hogar
dejó de ser una unidad de producción. Con el tiempo, la legislación restringió
el trabajo infantil y femenino, lo que redefinió el rol de la mujer como ama de
casa y llevó a la escolarización de los niños. Esto contribuyó a la disminución
del tamaño de las familias.
iii. Resistencia y revolución
Las fábricas se convirtieron en escenarios de conflictos entre los
trabajadores y los dueños. Las formas de resistencia incluían ralentizar el
trabajo, sabotear la maquinaria y organizar huelgas. Con el tiempo, las
acciones colectivas permitieron a los trabajadores negociar mejores salarios
y condiciones laborales.
4. NACIONES Y NACIONALISMO
I. Evolución de los Estados Modernos
1. Construcción de Estados:
- Los estados europeos surgieron a partir de imperios agrarios,
monarquías y principados que consolidaron su poder debido a las
presiones de la guerra.
- Los procesos de centralización permitieron la creación de
gobiernos con suficiente riqueza y población para competir en la arena
internacional (Gran Bretaña y Francia como ejemplos exitosos).
2. Impacto de la Revolución Francesa:
- La Revolución Francesa (1789) alteró las formas tradicionales
de legitimación del poder (orden divino, sucesión dinástica).
- Introdujo conceptos clave como la ciudadanía activa y la
necesidad de códigos administrativos universales que conectaban
directamente al estado con los ciudadanos.
- Las ideas revolucionarias se extendieron por Europa mediante
las campañas expansionistas de Napoleón.
II. Surgimiento del Nacionalismo
1. Definición del Estado vs. Nación:
- Un estado moderno es un territorio unificado gobernado por
burócratas asalariados, sin intermediarios como la aristocracia.
- Una nación, en cambio, se define por un pueblo que comparte
una lengua, cultura y una identidad común, aunque su delimitación es
ambigua.
- El nacionalismo surgió como respuesta a las demandas de
legitimación en un contexto de industrialización y fragmentación
social.
2. Desafíos del Nacionalismo:
- Los gobernantes europeos debían resolver dos problemas:
- Fomentar la identidad nacional en sus poblaciones.
- Vincular esa identidad al estado para asegurar lealtad.
- La educación pública, los historiadores y los relatos sobre
historias nacionales jugaron un papel crucial en la consolidación del
nacionalismo.
III. Tensiones Internas y Externas de los Estados Multiétnicos
1. Estados con Diversas Identidades:
- Algunos estados, como Gran Bretaña y Rusia, incluyeron
múltiples naciones en su territorio, generando conflictos internos.
- En lugares como los Balcanes, las diferencias étnicas y
culturales complicaron el control imperial otomano.
2. Modelos de Nacionalismo Multiétnico:
- Francia y Estados Unidos adoptaron una forma de
nacionalismo basado en la ciudadanía y no en la etnicidad. La
nacionalidad se definía por la participación política, no por lengua o
religión.
- Sin embargo, este tipo de nacionalismo inclusivo disminuyó
hacia finales del siglo XIX, dando paso a nacionalismos étnicos más
excluyentes.
IV. Nacionalismo y Conflictos en el Siglo XIX
1. Unificación y Expansión Imperialista:
- El nacionalismo impulsó movimientos de unificación en Italia
y Alemania, generando conflictos que culminaron en la guerra franco-
prusiana (1870-1871).
- También fomentó un sentido de superioridad europea,
justificando la colonización en Asia y África en los últimos años del
siglo XIX.
2. Guerras y Transformaciones Sociales:
- Guerras como la de Crimea (1854-1856) y la Guerra Civil de
Estados Unidos (1860-1865) demostraron las tensiones que surgían del
nacionalismo y de la industrialización.
- Estas guerras impulsaron cambios sociales significativos,
como la abolición de la servidumbre en Rusia y la consolidación de
estados centralizados en Europa.
V. Consecuencias del Nacionalismo
1. Racismo y Xenofobia:
- El nacionalismo exclusivo fomentó ideas racistas que
justificaban la dominación sobre otros pueblos. La superioridad
europea y la inferioridad de africanos y asiáticos se convirtieron en
discursos comunes.
2. Preparación para la Guerra Mundial:
- Las tensiones nacionalistas y la competencia económica
contribuyeron a las presiones que eventualmente llevaron a la Primera
Guerra Mundial (1914-1918).
Conclusión; El texto muestra cómo el nacionalismo surgió como una
respuesta a las tensiones internas y externas de los estados modernos,
sirviendo tanto para unificar como para dividir. Si bien el nacionalismo fue un
motor poderoso para la construcción de estados, también generó conflictos
al fomentar rivalidades entre pueblos y justificar la colonización. Las
contradicciones entre la identidad nacional y los intereses del estado
marcaron las relaciones internacionales en Europa y sentaron las bases para
los conflictos globales del siglo XX.
5. LA LUCHA POR ÁFRICA Y CHINA
Después de la guerra franco-prusiana, los europeos casi dejaron de librar
guerras entre sí —al menos hasta que estalló la primera guerra mundial en
1914— y dirigieron su poder militar contra China, el sudeste asiático, Oriente
Medio y África. La competencia entre potencias europeas se desplazó, pues,
hacia lo que hoy llamamos Tercer Mundo, contribuyendo así a un declive que
lo condujo a su situación actual.
a. África
- Condiciones previas: Las enfermedades tropicales como la malaria
habían limitado durante siglos el acceso europeo al interior del
continente africano. Sin embargo, con la introducción de la quinina y
barcos de vapor, Europa pudo explorar y colonizar nuevas áreas.
- Nuevas armas: La evolución tecnológica fue clave, destacando rifles
estriados, cartuchos de cobre, y finalmente la invención de la
ametralladora Maxim. Estas armas otorgaron una ventaja abrumadora
en batallas como Omdurmén (1898), donde los británicos mataron
10,000 soldados sudaneses perdiendo apenas 20.
- Distribución del continente: La combinación de esta ventaja militar y
motivaciones estratégicas (como la seguridad británica en la India o
las ambiciones del rey Leopoldo II de Bélgica) impulsó la partición de
África entre potencias como Gran Bretaña, Francia, Alemania y Bélgica
hacia 1900, con Etiopía siendo la única nación que preservó su
independencia tras derrotar a Italia.
b. China
- Ambiciones económicas: Europa buscaba abrir China al comercio,
especialmente para productos industriales como el algodón británico,
bajo la premisa del vasto mercado chino.
- Crisis interna y debilitamiento: La Rebelión Taiping (1850-1865), con su
trasfondo de desigualdad social y demanda de reformas agrarias, casi
derroca a la dinastía Qing, pero fue sofocada con la ayuda de los
terratenientes. Esta guerra debilitó severamente al país, dejando a
China vulnerable a las presiones extranjeras.
- Intervención extranjera y conflictos: La derrota china en la guerra con
Japón (1894-1895) marcó un punto crítico. Japón obtuvo importantes
concesiones, pero su expansión fue bloqueada por Rusia, Francia y
Alemania, quienes se repartieron esferas de influencia en China
mediante acuerdos y presión diplomática.
- Impacto del imperialismo japonés: Japón utilizó su reciente
industrialización para expandirse hacia Corea y Taiwán, consolidando
su influencia en Asia Oriental.
6. LAS HAMBRUNAS PROVOCADAS POR EL NIÑO Y LA FORMACIÓN DEL
TERCER MUNDO
Este apartado sostiene que, además de factores económicos y militares, la
brecha entre las regiones industrializadas y no industrializadas también tuvo
una dimensión ecológica. La deforestación, en lugares como India y América
Latina, exacerbó los daños ambientales y afectó las sociedades agrícolas,
haciéndolas vulnerables a fenómenos climáticos como El Niño.
Impacto de la deforestación
- India: Los bosques fueron talados durante la colonización británica,
tanto por razones estratégicas de guerra como para expandir la
agricultura y el comercio de madera.
- América Latina: Las potencias coloniales talaron grandes áreas de
bosque para extraer materias primas y establecer plantaciones de
azúcar y café. Esta actividad degradó los suelos, forzando la expansión
agrícola hacia nuevas áreas y dejando un paisaje desolado.
Fenómeno de El Niño y hambrunas globales
Durante las últimas décadas del siglo XIX, El Niño se intensificó, provocando
sequías en vastas regiones de Asia, África y América Latina, mientras que en
Estados Unidos y Europa tuvo efectos climáticos positivos. Entre 30 y 50
millones de personas murieron a causa de estas hambrunas, no solo por la
sequía, sino por la indiferencia de los gobiernos coloniales y la orientación de
la economía hacia el beneficio de las potencias europeas y norteamericanas.
- India: Las autoridades coloniales británicas priorizaron la exportación
de trigo a Gran Bretaña sobre las necesidades locales, rechazando
ayudas humanitarias.
- China: El gobierno manchú, debilitado por presiones externas, no pudo
asistir a las provincias afectadas por el hambre.
- África y América Latina: En lugares como Angola, Egipto y Brasil, las
sequías favorecieron el debilitamiento de las sociedades, facilitando la
expansión imperialista.
7. EL DARWINISMO SOCIAL Y EL EUROCENTRISMO PAGADO DE SÍ MISMO
Hacia 1900, los europeos y sus descendientes norteamericanos controlaban,
de forma directa o indirecta, la mayor parte del mundo y no sólo eran
conscientes de ello sino que concretamente los británicos lo celebraron en
todo su imperio con ocasión del quincuagésimo y sexagésimo aniversario del
reinado de la reina Victoria en 1887 y 1897, justo cuando asolaban las
hambrunas de finales del siglo XIX que acabamos de comentar. Con los
avances de la ciencia desde mediados del siglo XIX, la facilidad con que las
ametralladoras Maxim mataban sudaneses y las muertes por hambrunas de
millones de asiáticos, algunos europeos creían tener una explicación
científica para el ascenso de Occidente y el «retraso» de asiáticos, africanos
y latinoamericanos: el determinismo social y la eugenesia o racismo
científico.
En su famosa obra de 1859, El origen de las especies, Charles Darwin había
argumentado que por selección natural unas especies evolucionan, aparecen
otras nuevas y sólo sobreviven las más aptas. Darwin extendió sus
argumentos a los seres humanos, cuyos orígenes buscó en las familias de los
simios. Más tarde, a finales del siglo XIX, las ideas de Darwin sobre la
evolución vegetal y animal se aplicaron a las sociedades. El darwinismo
«social» pretendía explicar por qué algunos pueblos eran ricos y otros pobres
(virtud contra desidia) y por qué algunas sociedades eran «avanzadas» y
otras «retrasadas».?? Ante la evidencia de africanos que parecían caerse
muertos a la vista de los europeos, de indios (de India y de América del
Norte) y chinos que morían a millones de enfermedades durante las
hambrunas de El Niño, la idea de que la evolución podía aplicarse a la
sociedad y a las relaciones entre distintas razas ganó crédito entre muchos
europeos y estadounidenses. Según Herbert Spencer, el más destacado
defensor del darwinismo social, la selección natural podía explicar igual a los
millonarios que a los europeos, sobre todo los blancos del norte:
“La pobreza de los incapaces, las aflicciones que embargan a los imprudentes, la
inanición de los holgazanes y esos empujones con que los fuertes desplazan a los
débiles que dejan a tantos en la penuria y la miseria, se ajustan a los decretos de
una benevolencia más alta y clarividente.”
Para los darwinistas sociales, los pobres, los asiáticos, los africanos y los
indígenas americanos merecían sus tristes destinos: «lo natural». En un
mundo en el que se hacían dolorosamente evidentes las brechas que se
abrían entre ricos y pobres en las sociedades europeas y norteamericanas y
entre las regiones más ricas y las más pobres del mundo, el darwinismo
social era una ideología reconfortante para quienes disfrutaban de estar en
la cima del mundo.
En América Latina, sobre todo en México y en Brasil, países gobernados por
descendientes europeos de raza blanca, resultó atractivo extender la idea
del darwinismo social de una determinada manera: la eugenesia, que en su
origen era la propagación selectiva de plantas y animales para producir las
mejores razas, se aplicó a la creencia de que las condiciones de los seres
humanos podían mejorarse únicamente por medio de la manipulación
genética, incrementando los rasgos valiosos asociados con los europeos del
norte y eliminando los rasgos asociados con los pobres y los de raza no
blanca. Así, para «mejorar» sus poblaciones, los gobiernos de México y Brasil
se embarcaron en programas que incentivaban la migración de europeos de
raza blanca a sus países, con la intención de «aclarar» el color de sus
poblaciones como quien añade un poco de leche al café. En Europa y en
Estados Unidos, la eugenesia contribuyó a fijar ideas racistas sobre la
superioridad natural de los blancos y la inferioridad de los europeos del sur y
del este y, naturalmente, de los asiáticos, los africanos y los indígenas
americanos. Y, por supuesto, en el siglo XX este tipo de seudociencia se
convirtió en genocidio en las manos del dirigente nazi Adolf Hitler.
8. CONCLUSION
Y así cerramos el círculo, con la elaboración a principios del siglo XX de
explicaciones del ascenso de Occidente que hoy nos parecen estúpidas y
peligrosas pero que entonces muchos habitantes de las zonas más ricas y
poderosas del mundo aceptaban como «la verdad». Por supuesto, hoy
podemos ver que esas ideas (discutidas con mayor detalle en la
introducción) son más ideología que verdad histórica. Y es que el ascenso de
Occidente es más el relato de cómo algunos estados y pueblos se
beneficiaron de eventos históricos contingentes y de la geografía para, en
momentos clave de la historia (las coyunturas históricas), dominar a otros y
acumular riqueza y poder. Ésa es toda su miseria y, si asumimos la
naturaleza contingente de la riqueza, el poder y el privilegio de Occidente,
quienes se han beneficiado de ello deberían aceptar con humildad las
verdaderas fuentes de su fortuna y quienes no se han beneficiado deberían
hallar consuelo en la idea de que otras contingencias podrán favorecerlos en
el futuro. Europa no ha sido siempre dominante, ni siquiera está destinada a
serlo, por mucho que las ideologías eurocéntricas del último siglo hayan
propugnado ese mito.