Arte Textil
En la cultura Paracas destacan de modo especial los mantos
tejidos con lana de alpaca y algodón bellamente adornados
con plumas y pelos.
Los mantos y tapices hallados en Paracas Necrópolis (y
magníficamente conservados) demuestran la extraordinaria
habilidad de los tejedores Paracas a través de las tramas, tintes
y tonalidades y también demuestran su concepción del mundo
y la realidad representadas mediante figuras naturalistas de
animales y figuras geométricas, mientras que la mítica se
representa con figuras estilizadas de animales y vegetales con
rasgos humanos, salvo la del dios felino.
Una gran cantidad de tipos de tejidos eran ya conocidos en las
fases "cavernas", entre ellos la estameña, y también los
bordados de punto llano con hilos de lana sobre tejido de
algodón. Junto a los colores naturales de la lana y el algodón,
blanco y pardo, existían dos matices de rojo y un azul verdoso. La simple pintura sobre tejido de
algodón acostumbraba a usarse en una especie de velo que servía de máscara para las momias;
la pintura es muy sencilla, en distintos tonos de amarillo o marrón, un poco de rojo y menos
azul. Se representaban figuras de dioses o serpientes. El proceso de preparación más importante
para tejer era el hilado de los copos. Prueba de ello es que con simples husos de mano se
lograban producir estambres extraordinariamente delgados. Además del algodón se utilizaba ya
un poco de lana de llama; su uso aumentó gradualmente, lo cual era señal de crecientes
relaciones comerciales con las regiones montañosas, ya que únicamente en ellas viven las
diferentes especies de camélidos productores de lana. Las llamas y las alpacas, los únicos
grandes animales domésticos de América, debieron criarse en la Sierra en época relativamente
temprana, mientras que la vicuña, más esbelta y elegante, y con mejor lana sólo vivía en estado
salvaje. En la época de los incas se organizaban de uno en otro año cacerías de vicuñas para los
emperadores incaicos. Los animales, encerrados en rediles, eran trasquilados y puestos
nuevamente en libertad. Su finísima lana se reservaba para el atuendo de los personajes más
importantes.
La belleza y complejidad de los textiles Paracas han significado una de las causas de la
fascinación por esta cultura a lo largo de todo el mundo. Estas mismas características hacen que
un textil Paracas sea prácticamente indescriptible y su poco valor comparado a piezas de oro o
plata los ha favorecido, pues se han logrado encontrar piezas intactas de gran tamaño que fueron
despreciadas por los profanadores de tumbas.
Materias primas y técnicas
Los tejidos Paracas, para sus dos etapas, están hechos con lana de camélido y algodón. En
cuanto a sus técnicas, éstas difieren poco entre una y otra etapa. En Paracas Cavernas se usaron
técnicas de un solo elemento como las redes, el tejido de aguja, el torcido y el trenzado, además
de otras más complejas como el brocado, bordado, telas simples y pintadas y telas dobles, entre
otras. Para Paracas Necrópolis habría que añadir los encajes y el tejido de aguja de tres
dimensiones.
Por la pericia del tratamiento del hilado, del teñido y del tejido, se considera que estos
ejemplares se encuentran entre los mejores del mundo. A base de siete colores se han logrado
hasta 190 matices.
Los Mantos Paracas
Los "mantos", los grandes sudarios
adornados con bordados simbólicos o
recamados, son auténticas obras de arte. Su
contenido religioso, aparte de otros
méritos, los sitúa entre las grandes obras
del arte universal. Se representan seres
mitológicos, monstruos, guerreros y
danzarines con pequeñas cabezas de
enemigos como trofeo de guerra, aves
representadas con mayor o menor
naturalismo, peces y anfibios junto a
extraños engendros propios de la fantasía
de un pueblo místico. Existen demonios
que vuelan por el aire, arrojan serpientes
por la boca y llevan a menudo coronas en
su cabeza, sostienen abanicos de plumas,
mazas, carcajes y cuchillos para sacrificios
en sus garras de animal. Por todas partes
encontramos cabezas cortadas mostrando
los dientes; a menudo se simplifican Los mantos miden en promedio dos metros y
mucho y parecen trofeos mágicos de medio de largo por un poco más de un metro de
terribles divinidades. ancho y su manufactura es aún un misterio, pues
los telares de mano no pueden ser tan anchos.
Demonio flotando en el aire. Bordado
multicolor sobre el fondo griz oscuro de una gran mortaja ("manto"). Estilo necrópolis de
Paracas. Según Bird y Bellinger.
Hay algo en estos tejidos que posiblemente atrae mucho más a nuestros ojos humanos que a los
de los dioses a los que se destinaban; es la riqueza y la armonía de los colores. Tras un
minucioso estudio comparativo han podido contarse 190 gradaciones de color y 22 colores
diferentes en un sólo manto. Los colores minerales y vegetales se han conservado casi
inalterados. El ritmo de los colores en una sucesión de figuras iguales dentro de un solo tejido,
ha sido interpretado por Tello como el simbolismo de un calendario lunar, obedeciendo
seguramente a reglas de carácter religioso. Lo que nosotros suponemos efecto de una intención
puramente decorativa, obedecía sin lugar a dudas a un sentimiento religioso. El sentido de la
armonía en el color y la composición de las figuras dentro de una tónica es verdaderamente
única. Se ha calculado que la confección de estos grandes sudarios debió costar varios años de
trabajo. Los pintores modernos, cuyas obras no se destinan a los muertos ni a los dioses, sino
que son producto de un juego
individual de sentimientos puramente
personales, terminan sus obras en
mucho menos tiempo.
Una de las razones que más ha
contribuido para dar a conocer a la
cultura Paracas es la riqueza de sus
textiles, resaltando los que pertenecen
al periodo de Paracas Necrópolis, que
tiene una antigüedad de 500 años ac y
constituye una expresión cultural de
máxima belleza.
Desde la época de la conquista se documenta la presencia de estos textiles, conociendo que se
ofrecían textiles como parte integral de negociaciones diplomáticas y militares, como bienes de
sacrificio en las ceremonias religiosas y como vestimenta para la muerte.
Es importante observar que los textiles tienen una constante asociación con círculos de alto
poder. Los gobernantes de más alto nivel tenían más textiles, tanto en vida como en el descanso
final, lo que podría considerarse como símbolo de riqueza; incluso existen ritos que consideran
el sacrificio de un textil, por lo que podemos entender su importancia en la sociedad de la
Cultura Paracas.
Un aspecto interesante de la religión, en la Cultura Paracas y en todas las culturas prehispánicas,
de las que se tiene conocimiento, es el culto a los muertos, demostrando un profundo interés en
mantener un sincretismo que incluya todas las tradiciones y ritos, trasmitidos a través de
generaciones, así como un infinito cuidado al hacer sus cementerios, fardos funerarios, mantos
que cubrían a los difuntos y cada ofrenda y artículo que acompañaban al difunto hacia su viaje
final.
Los mantos miden en promedio dos metros y medio de largo por un poco más de un metro de
ancho y su manufactura es aún un misterio, pues los telares de mano no pueden ser tan anchos.
El fondo es una tela de lana o algodón sobre la que se ha bordado, con lana, motivos
polícromos. Estos son pequeños y se repiten con diferentes combinaciones, y representan seres
mitológicos y muy eventualmente motivos geométricos. Justamente son estas figuras
mitológicas las que nos hacen ver la alta complejidad de la cosmovisión Paracas, pues no sólo
incluye a seres humanos y animales, sino a seres sobrenaturales profusamente ataviados.
Arquitectura
Es de alargados edificios de plantas rectangulares que adoptan por lo general una orientación de
este a oeste y se componen de una serie de recintos, cercados por altas murallas y plataformas
cuya altura aumenta gradualmente. Tienen ambientes alineados y cuartos subterráneos se
distribuyen en la parte superior de las terrazas. Los constructores usaron adobes hechos a mano.
Ceramica
Los Paracas fabricaron muchos objetos de cerámica. Durante Paracas Cavernas, los ceramios
eran policromos, pues combinaban el verde, ocre, azul, blanco y amarillo, en esa época los
alfareros coloreaban el ceramios después de meterlo al horno (no sabían como hacer para que el
calor no cambie los colores).
La caracterizo por una policromía y el estilo de pintura post-cocción (los colores eran puestos
después de cocida la arcilla) los colores se perdían con el tiempo ya que no estaban fijados por
el calor del horno (pintura fujitiva). Se han distinguido diez clases diferente de cerámica las
cuales son llamadas Fases Ocucajes (por el lugar donde se encontraron ). en Paracas Necropolis
la cerámica fue monócroma (un solo color: crema, marrón rojizo, blanco), pintados en pre-
cocción; modelaron cántaros en forma de calabaza, y algunos animales. Los alfareros de
Necrópolis, descubrieron la manera de cocer ceramios ya pintados, pero la cerámica se volvió
monocroma y paso a usarse únicamente un blanco verdoso.
La cerámica de la fase de las necrópolis posee una mayor perfección técnica que la de las
cavernas; las paredes de las vasijas son más delgadas y mejor cocidas. Un experto (Kroeber)
afirma que la producción cerámica de esta época, de color marfileño y sin decoración, "posee
una elegancia refinada y muy especial; es el punto final, muerto, de una evolució:n artística".
No compartimos este criterio relativista, porque Kroeber no sabía aún que después de las vasijas
marfileñas se encontrarían otras policromadas. Las excavaciones por capas, realizadas por W.
D. Strong dieron como resultado el descubrimiento de la prioridad de la cerámica de las
cavernas, designada por este investigador con el nombre de "estilo primitivo de Paracas". Esta
cerámica inaugura la tradición de la policromía, característica de la cerámica peruana
meridional. Existen botellas de cuello delgado, con o sin asa, bandejas profundas, recipientes
con dos caños unidos entre sí por un puente que constituye el asa, y también otras del mismo
tipo con una cabeza humana o zoomorfa en lugar de una de las bocas. Entre las manifestaciones
más curiosas de este estilo encontramos toscas figuras de barro llanas y achatadas, decoradas
con incisiones, una pintura fría, con los contornos acentuados por gruesas líneas incisas, una
especie de "cloisonné", caracteriza y relaciona todas estas formas. Los colores pastosos, poco
brillantes, se aplicaron seguramente en polvo, con un medio de fijación insuficiente, después de
la cocción; ello explica su poca estabilidad. El brillo velado de esta decoración posee, sin
embargo, un especial encanto. Un rojo profundo, un amarillo oscuro que predomina y un verde
oliváceo o azulado constituyen toda la gama. Aparecen también vasijas de color negro, sin
decoración.