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Madinat Al Zahra y La Observacion Del Ti

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Madinat al-Zahra’ y la observación del tiempo:

el renacer de la Antigüedad Clásica en la


Córdoba del siglo X

Susana CAlvo CAPillA


Universidad Complutense de Madrid
[email protected]

El propósito fundamental de este artículo es mostrar la excepcionalidad del hallazgo


de piezas escultóricas romanas con temática pagana en los patios de la ciudad pala-
tina de Madinat al-Zahra’ y su importancia en el estudio del ediicio califal. En él se
plantean una serie de preguntas acerca del contexto cultural que permitió mostrar
tales piezas en el palacio y, en consecuencia, del grado de comprensión de su sig-
niicado en la Córdoba del siglo X. Los límites de esta publicación no nos permiten
abordar en profundidad ciertos aspectos del estudio como la función de los espacios
o el papel desempeñado por el adab y los espejos de príncipes, temas de los que aquí
sólo plantearé algunas hipótesis 1.

1. Spolia ROMAnOS

Los materiales romanos fueron usados con abundancia en las obras andalusíes de
época emiral. En la Mezquita de Córdoba, en la Alcazaba de Mérida, en las mezquitas
toledanas, y en muchas otras ciudades andalusíes se usaron piezas arquitectónicas
romanas. Se trataba fundamentalmente de fustes y de capiteles, pero hay casos de
materiales distintos, como un nicho rematado en forma de venera que fue colocado
en la pequeña mezquita de la Alcazaba de Mérida.
Por otra parte, son innumerables las noticias en las fuentes árabes que mencionan
la búsqueda, la compra o la ofrenda de materiales antiguos excepcionales, proceden-
tes de ruinas de todo el Mediterráneo, para decorar los monumentos urbanos más
importantes. Madinat al-Zahra’ no fue una excepción, pues según al-Maqqari se tra-
jeron para su construcción columnas de mármol verde y rosa de Cartago, de Ifriqiya
(de ruinas romanas y de la kanisa –iglesia– Isfaqus), de Roma y de Constantinopla,

1 Este trabajo se inscribe en el Proyecto de Investigación del Plan Nacional I+D+I con ref. HAR2009-
08901, dirigido por J.C. RUIZ SOUZA, “La Génesis del Estado Moderno y el palacio especializado”.
Agradezco a Alejandra Uscatescu y Juan Carlos Ruiz Souza su ayuda en esta investigación, y a Antonio
Vallejo, su disponibilidad a la hora de acceder al yacimiento y a las piezas aquí comentadas. Véanse los
aspectos referidos en S. CALVO CAPILLA, “Reuse of Classical Antiquity in the Palace of Madinat al-Zahra’
and Its Role in the Construction of Caliphal Legitimacy”, Muqarnas, 31, 2014, in press.

Anales de Historia del Arte 131 ISSN: 0214-6452


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ofrecidas estas últimas por el emperador bizantino 2. Al-Bakri (s. XI) informa asimis-
mo de la llegada de mármoles de Jerusalén a varias ciudades, entre ellas Sevilla y
Mérida 3.
Los textos cronísticos y geográicos andalusíes suelen incluir un breve repaso del
pasado romano y visigodo de la Península, momento que aprovechan para mencionar
el esplendor de sus monumentos y la belleza marchita de sus ruinas, un tópico lite-
rario que aparece asimismo en los textos árabes orientales 4. Ahmad b. Muhammad
b. Musa al-Razi (m. post 961) inicia la Ta’rij muluk al-Andalus con una descripción
de al-Andalus donde habla del origen antiguo de sus ciudades y muestra su admira-
ción por los restos de ese pasado. Mientras que en Sevilla y Mérida se exaltan los
monumentos romanos, de Toledo llaman la atención su herencia romana y visigoda.
Toledo, dice al-Razi, “fue siempre cámara de los reyes”. Ibn Hayyan (s. XI), por su
parte, explica que la ciudad es de antigua construcción y que fue la capital de los
reyes godos, “última nación que dominó al-Andalus antes de que llegaran los árabes
(…)”. De aquellos reyes godos, el cronista cordobés destaca a Wamba, “cuyo reinado
fue próspero y afortunado, fue él quien decoró las iglesias de Toledo, perfeccionó su
construcción y labró el mármol de sus puertas” 5.
Según al-Razi, la antigua Emerita Augusta fue una gran capital romana fundada
por César, “e todos los rreyes que della fueron señores icieron fazer muy buenas
obras e muy fermosas; e cada uno dellos metio grand femençia en la mandar labrar
en piedras marmoles e muy marauillosas...” 6. Ibn ‘Idari dice de ella: “Mérida, antigua
capital, tenía admirables monumentos antiguos, un puente, alcázares y magníicas
iglesias” 7.
Sevilla, según los Ajbar Maymu’a (s. X), “era la mayor y más importante de las
ciudades de España, notabilísima por sus ediicaciones y monumentos”. Antes de ser
conquistada por los godos había sido residencia del gobernador romano y más tarde
2 AL-MAQQARI (Tremecén, m. 1040H/1631), Analectes sur l’histoire et la littérature des arabes
d’Espagne par Almaccari, R. DOZY (ed. parcial), Leiden, 1855-1861 (reed. Amsterdam, 1967), v. I, p. 373.
En adelante se indicará primero la fecha de la Hégira separada con / de la fecha cristiana.
3 AL-BAKRI (al-Andalus, m. 487/1094), Kitab al-masalik wa-l-mamalik = El libro de los caminos y
los países, Geografía de España, E. VIDAL BELTRÁN (trad.), Zaragoza, 1982, p. 32. Según este autor,
en 84H/703, se hicieron transportar a la aljama de Qayrawan (Túnez), desde una vieja iglesia (quizá de las
ruinas de Sabra), dos columnas rojas con manchas amarillas de belleza incomparable; Ibídem, Description
de l’Afrique Septentrionale, M. G. DE SLANE (trad.), Alger, 1913, pp. 52-53; G. MARÇAIS, Manuel d’Art
musulman. L’Architecture musulmane d’Occident. Tunisie, Algérie, Maroc, Espagne et Sicile, Paris, 1926,
pp.13-14.
4 C. PICARD, “Description des sites antiques dans le cadre urbain d’al-Andalus par les écrivains arabes
du Moyen-Âge: l’example de Mérida”, Res Orientales, VIII (1996), pp. 105-116 y M. J. RUBIERA MATA,
La Arquitectura en la Literatura Árabe, Madrid, 1988, pp. 27-68.
5 Crónica del Moro Rasis (Ahmad b. Muhammad b. Musà al-Razi), D. CATALÁN y S. DE ANDRéS
(eds.), Madrid, 1975, pp. 63-64; IBN HAYYAN, Muqtabis V. Crónica del Califa ‘Abderrahman III an-Nasir
entre los años 912 y 942, P. CHALMETA, F. CORRIENTE y M. SUBH (eds.), Madrid, 1981, pp. 185 y 182;
M. J. VIGUERA y F. CORRIENTE (trads.), Zaragoza, 1981, pp. 211 y 208, respectivamente.
6 Crónica del Moro Rasis, op. cit; 1975, pp. 71-72.
7 IBN ‘IDARI (m. hacia 1325), Bayan al-Mugrib = Histoire de l’Afrique et de l’Espagne, intitulée Al-
Bayano’l-Mogrib, E. FAGNAN (trad.), vol. II, Alger, 1901-1904, pp. 21-22; y en Ajbar Maymu‘a = Colección
de tradiciones sobre la Conquista de al-Andalus, E. LAFUENTE Y ALCÁNTARA (trad. y ed.), Madrid, 1867,
p. 29 [ed. p. 16].

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residencia de “la nobleza romana y los jurisconsultos y sabios en letras sagradas y


profanas”, en referencia seguramente a los padres de la Iglesia y arzobispos de Sevi-
lla, San Isidoro (m. 636) y San Leandro (m. 596) 8.
La atracción por los materiales antiguos se pone igualmente de maniiesto en una
anécdota sobre Mérida recogida por varios autores 9. Al-Rusati ponía en el origen de
la noticia a un tal ‘Umar b. Hisam, que lo había escuchado de boca de al-‘Asi b. ‘Abd
Allah b. Ta‘laba en una reunión celebrada en casa de Hasim b. ‘Abd al-‘Aziz (m.
273/886), ministro y general de Muhammad I, y, a la sazón, gobernador de Mérida.
La versión de al-Razi dice:

“Yo aviendo gran sabor de piedras marmoles para afeytar con ellas mis obras que
fazia fazer nuevamente, acaesçio ansi que yo entre en Merida despues que ella fue
destruyda, e falle atan buenas obras de piedras marmoles e de otras naturas que me
marauille mucho. E iz tomar e llevar todas aquellas de que entendía que mi padre se
pagaría. E anduve un dia por la çibdad e vi en el muro una tabla de piedra mármol atan
llana e atan luziente que non semejava sinon aljofar, atanto era clara. E mandela arran-
car del muro. E después que la ovieron arrancado por muy gran fuerça, pusieronmela
delante. E avia en ella letras de christianos escriptas que eran y entretalladas” 10.

Antonio Peña Jurado revela en su estudio sobre los materiales romanos reutilizados
en la Mezquita de Córdoba que algunos capiteles son idénticos a otros conservados
en Mérida, de donde probablemente procedían 11. La escasez de materiales de calidad
que tenían a su disposición los constructores omeyas podría explicarse porque los
ediicios imperiales de la ciudad ya habían sido expoliados en época bajoimperial.
Así, para la construcción del palacio de Cercadilla se emplearon spolia de los grandes
ediicios públicos, razón por la que A. Peña sospecha que los musulmanes hubieron
de conformarse con materiales de ediicios secundarios y de carácter doméstico en
muchos casos 12.
Aunque de manera excepcional, los textos mencionan asimismo la reutilización de
otros materiales romanos como estatuas y relieves. Al-Maqqari (m. 1040/1631) reco-
ge en su antología literaria una descripción del alcázar de Córdoba de Ibn Baskuwal
(m. 578/1183):

“[el Alcázar de Córdoba] es el palacio real más importante que ha existido desde los
tiempos del profeta Moisés. En él hay construcciones antiguas y monumentos mara-
villosos de los griegos (al-yunaniyin), así como de los romanos (rum) y de los godos

8 Ajbar Maŷmu‘a, op. cit; 1867, pp. 28-29 [ed. p. 16]; también IBN ‘IDARI, op. cit; 1901-1904, p. 21.
9 AL-RUšAŢI (m. 542/1147), Kitab Iqtibas al-anwar = Libro de la adquisición de las luces, E. MOLINA
LÓPEZ y J. BOSCH VILA (ed. y notas), Madrid, 1990, pp. 54-55; AL-ḤIMYARI (s. XIV), Kitab al-Rawd al-
mi’tar i jabar al-aqţar = La Péninsule Ibérique au Moyen Âge, E. LÉVI-PROVENÇAL (trad. y ed.), Leiden,
1938, p. 212 [ed. p. 177].
10 Crónica del Moro Rasis, op. cit; 1975, pp. 71-72. La versión romanzada de Ahmad b. Muhammad b.
Musà al-Razi es más prolija que las de al-Rušaţi y al–Himyari, muy cercanas entre sí.
11 A. PEÑA JURADO, Estudio de la decoración arquitectónica romana y análisis del reaprovechamiento
del material en la Mezquita Aljama de Córdoba, Córdoba, 2010, pp. 152-53.
12 Ibídem, pp. 151-158.

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(qut) y de otras naciones antiguas (al-uman al-salafat) que son indescriptibles. Luego
los emires construyeron en su alcázar verdaderas maravillas, levantaron monumentos
extraordinarios y bellos jardines que regaron con aguas traídas de la serranía de Cór-
doba… luego las aguas corrían por cada patio a través de tuberías de plomo y salían al
exterior a través de fuentes que tenían diferentes formas y eran de oro, plata y cobre,
llenando los enormes estanques, las bellas albercas y los maravillosos zafareches con
pilones de mármol romano de bellísimos dibujos (al-sahariy al-gariba i ahwad al-
rajam al-rumiya al-manqusa al-‘ayiba)” 13.

En el texto se alude a las tradiciones artísticas que precedieron la llegada de los


musulmanes a la Península y muestran su admiración por los monumentos del pasa-
do. Al inal del párrafo se mencionan las “pilas romanas” con dibujos, tal vez en refe-
rencia a sarcófagos historiados. Este testimonio quedó corroborado con la aparición
de un excepcional conjunto de estatuas y sarcófagos romanos usados como pilas de
fuente en la ciudad fundada por ‘Abd al-Rahman III en el siglo X, Madinat al-Zahra’,
conjunto que constituye el eje de este artículo.
Del mismo modo, con seguridad eran estatuas clásicas las imágenes que coronaban
las puertas meridionales de Córdoba y de Madinat al-Zahra’, llamadas en ambos ca-
sos Bab al-Sura (de la Imagen). De la puerta cordobesa, también llamada del Puente
(al-Qantara), se tiene noticia al menos desde el siglo IX, pero se desconoce la fecha
en que fue instalada allí la escultura. El uso de estatuas como imágenes protectoras de
las ciudades, al igual que la colocación de talismanes (en forma de animales a menu-
do) en sus puertas, era una práctica generalizada en la Antigüedad y en los primeros
tiempos del Medievo 14. Los casos cordobeses no eran, ciertamente, los únicos de la
Península; sabemos que varias estatuas romanas protegían la muralla de Écija cuando
fue conquistada por las tropas de Tariq en el siglo VIII 15. Las estatuas femeninas que
coronaban la Bab al-Sura de Córdoba y la de Madinat al-Zahra’ debían ser diosas
convertidas en la personiicación de la constelación zodiacal Virgo (al-‘Adra’) o del
planeta Venus (al-Zuhara), astros protectores de Córdoba y al-Andalus según varios
autores árabes. “En ese año [397H/1006-7] -dice Ibn ‘Idari- tuvo lugar la reunión de
las siete estrellas y se produjo la conjunción [astral] con al-Sunbula, o sea, al-‘Adra’,
protectora de Córdoba, cuya imagen fue colocada por los sabios antiguos sobre la
puerta meridional ocupando un lugar preminente en ella” 16. La estatua mencionada
13 AL-MAQQARI, Nafh al-tib, I. ‘ABBAS (ed.), vol. I, Beirut, 1968, p. 464.
14 M. MARÍN, “Legends of Alexander the Great in Moslem Spain”, Graeco-Arabica, IV (1991), pp. 71-
89; G. CALASSO, “Les remparts et la loi, les talismans et les saints: la protection de la ville dans les sources
musulmanes médiévale”, Bulletin d’Études Orientales, XLIV (1992), pp. 83-104; M. GREENHALGH, “Spolia
in Fortiications: Turkey, Syria and North Africa”, Ideologie e pratiche del reimpiego nell’alto medioevo, XLVI
Settimane di Studi del Centro Italiano di Studi sull’Alto Medioevo, Spoleto, 1999, pp. 785-935; F. B. FLOOD,
“Image against Nature: Spolia as Apotropaia in Byzantium and the Dar al-Islam”, The Medieval History
Journal, 9-1 (2006), pp. 143-166. Aunque no sabemos si eran clásicas, había estatuas en las puertas de varios
palacios omeyas (Qasr el-Hayr al-Garbi y Jirbat al-Mafyar) y abbasíes como Ujaydir, según indica G. BELL,
Palace and Mosque at Ukhaidir: A Study in Early Muhammadan Architecture, Oxford, 1914, apud K. A. C.
CRESWELL, Early Muslim Architecture, vol. II, Oxford, 1940, p. 51.
15 IBN HAYYAN, Muqtabis V, op. cit; 1981, trad. p. 53.
16 IBN ‘IDARI, Bayan III = La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, F. MAÍLLO
SALGADO (trad.), Salamanca, 1993, p. 21. Hemos usado la traducción más literal de E. de SANTIAGO

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en las fuentes estuvo en lo alto de la Puerta del Puente hasta la ruina de la dinastía
omeya y la itna, acontecimientos que, según los astrólogos del momento, estuvieron
provocados por la conjunción astral de Virgo con Saturno 17. El planeta Venus, al-
Zuhara, era el protector de al-Andalus si creemos a al-Biruni (973-1048) 18. Todo ello
viene a apoyar la idea, ya sugerida por varios autores, de que el nombre de la medina
fundada por ‘Abd al-Rahman III cerca de Córdoba, al-Zahra’, pudo estar relacionado
con Venus (Zuhara), lo que explicaría la colocación de su estatua en su puerta meri-
dional, la más importante 19.
La pervivencia de las divinidades paganas durante la Edad Media se produjo en
gran medida gracias a esta asociación con los planetas y las estrellas 20. Los astróno-
mos musulmanes conservaron, con escasos cambios, las imágenes asignadas por los
astrónomos griegos a los planetas y a las constelaciones del zodiaco, extraídas en su
mayoría de la mitología 21. El gran desarrollo de la astronomía y de la astrología en
todo el Dar al-Islam contribuyó de manera decisiva a la conservación en los círculos
eruditos musulmanes de sus nombres y sus atributos, así como de sus imágenes, si
bien la asociación de paganismo con astrología también provocó el recelo y los ata-
ques de los religiosos más ortodoxos y tradicionales 22.
Junto a los dioses también sobrevivieron héroes como Hércules, que, tanto en
Oriente como en al-Andalus, adquirió carácter histórico al ser equiparado con Ale-
jandro Magno y con los “reyes griegos” 23. La Historia de al-Razi identiica a Hirqilis
como el primer soberano heleno que gobernó la Península, tras derrotar al rey Gerión;
después Hércules fundó Cádiz y levantó su estatua en la ciudad (el “ídolo”), además
de marcar los tres ángulos de la Península 24. Fue ésta, apunta Jean Seznec, otra de las
formas en que pervivió la mitología grecolatina durante la Edad Media: los soberanos
míticos se divinizaban y los dioses se humanizaban convertidos en los fundadores de

SIMÓN, “Unas notas en torno a la ‘Bab al-Sura’ de Córdoba”, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos,
18-19 (1969-1970), pp. 129-136 (131-132); J. SAMSÓ, Las Ciencias de los Antiguos en al-Andalus, Almería,
2011, p. 80.
17 Según IBN ‘IDARI, op. cit; 1969-1970, pp. 131-132.
18 L. LÓPEZ BARALT, Islam in Spanish Literatura: from the Middle Ages to the Present, Leiden, 1992,
pp. 60-62.
19 F. RUGGLES, Gardens, Landscape, and Vision in the Palaces of Islamic Spain, Philadelphia, 2003,
p. 64; M. ACIÉN, “Materiales e hipótesis para una interpretación del Salón de ‘Abd al-Rahman al-Nasir”, El
Salón de ‘Abd al-Rahman III, Córdoba, 1995, pp. 177-195 (p. 190). Zuhra fue usado como nombre propio
femenino entre los moriscos, véase A. LABARTA, La onomástica de los moriscos valencianos, Madrid, 1987.
20 M. G. MORONY, Iraq after the Muslim Conquest, Piscataway, 2005, p. 387. Cita precisamente el caso
de Venus, al-Zuhra o al-‘uzza, la fuerte, la poderosa, venerada en Oriente por los lajmíes en el siglo VI.
21 Uno de ellos fue Virgo: los astrólogos musulmanes preirieron el nombre de origen mesopotámico, al-
Sumbula, mazorca de maíz. S. CARBONI, Following the Stars: Images of the Zodiac in Islamic Art, Nueva
York, 1997, pp. 3-6, 15 y 35.
22 Sobre la actitud anti-astrológica de alfaquíes y soberanos en al-Andalus véase J. SAMSÓ, op.cit; 2011,
pp.75-80; S. CARBONI, op. cit; 1997, pp. 3-6.
23 R. BASSET, “Hercule et Mahomet”, Journal des Savants, 1 (1903), pp. 391-402. Hércules fue una
igura asimilada a deidades o héroes locales en las culturas preislámicas orientales: los partos, los sasánidas
y en el panteón árabe preislámico. G. W. BOWERSOCK, Hellenism in Late Antiquity, Ann Arbor, 1996, pp.
71-82.
24 Crónica del Moro Rasis, op. cit; 1975, p. LXXV, pp. 18-19, 126-27.

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las grandes dinastías, en los precursores de una civilización 25. Lo mismo sucedió con
Alejandro Magno, cuya igura heroica y sobrehumana adquirió gran protagonismo
en la tradición islámica como impulsor del monoteísmo y modelo de reyes, según
analizaremos después.
Otro caso es el de los sabios de la Antigüedad, entre los que sobresale Aristóteles,
el maestro del rey macedonio, considerado por los autores árabes como el padre de
la ilosofía y la encarnación de la sabiduría de los Antiguos. Otros grandes sabios
griegos y romanos, como Ptolomeo, Hipócrates, Galeno o Pitágoras se convirtieron
en los representantes supremos de las Ciencias, situados en lo más alto de la jerarquía
del conocimiento 26.
No obstante, aunque las estatuas de las puertas de Córdoba y de Madinat al- Za-
hra’ constituyen un caso muy interesante y no del todo aclarado de pervivencia de
la estatuaria clásica y de la mitología grecolatina en al-Andalus, no fue la función
apotropaica o protectora la única que se asignó a las iguras de los dioses y los héroes
paganos en al-Andalus. Al-Bakri cuenta un ejemplo interesante de la admiración que
despertaban las estatuas clásicas entre los andalusíes. Cuenta que en Itálica se encon-
tró la estatua de mármol de una muchacha (sura yariya min marmar) que llevaba un
niño con una serpiente, y añade: “no se ha oído entre las narraciones ni se ha visto
entre las ruinas arqueológicas (i al-azar) una escultura más singular que esta. Se la
puso en unos baños y toda la gente quedó prendada de ella” 27.
Las razones de carácter ideológico y simbólico que llevaban a reutilizar estos ma-
teriales eran de diversa índole, como han puesto de relieve numerosos trabajos re-
cientes. Los signiicados y las funciones atribuidos a los spolia pudieron ser múltiples
y no excluyentes, al menos durante los primeros siglos del Islam, e iban desde la
conveniencia y la economía de medios, hasta la legitimación política, la evocación de
la Antigüedad clásica y la emulación del pasado, pasando por el coleccionismo y la
admiración estética, como ilustraba el texto de al-Bakri. Aunque todas estas razones
podrían explicar la reutilización de relieves y de esculturas romanas en los primeros
monumentos islámicos, y en Madinat al- Zahra’ en particular, ninguna abarca y com-
prende toda su trascendencia.
En Oriente, los califas omeyas y abbasíes hicieron acopio de materiales constructi-
vos en las ruinas de las grandes capitales griegas y romanas del Mediterráneo: Antio-
quía, Alejandría, Cartago, ciudades de Asia Menor. Fueron usados en la construcción
de las llamadas mezquitas imperiales de Damasco, Jerusalén y Medina, así como
25 K. WEITZMANN, “The Survival of Mythological Representations in Early Christian and Byzantine
Art and their Impact on Christian Iconography”, Dumbarton Oaks Papers, 14 (1960), pp. 45-68; J. SEZNEC,
La survivance des dieux antiques, Paris, 1980.
26 A ellos se sumará otro personaje legendario, Hermes Trimegisto, padre de la astrología. Todos ellos
aparecen citados en la obra de SA‘ID AL-ANDALUSI, en el capítulo dedicado a la “ciencia de los griegos”
del Kitab tabaqat al-umam= Libro de las categorías de las naciones, E. LLAVERO RUIZ (trad.), Madrid,
2000, pp. 79-97.
27 AL-BAKRI, op. cit; 1982, p. 905 (nº 1517), trad. p. 34; H. PÉRÈS, Esplendor de al-Andalus. La poesía
andaluza en árabe clásico en el siglo XI, Madrid, 1990, pp. 331-336.

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en los palacios de Samarra 28. Respondían a un propósito de legitimación del poder


imperial muy similar al que, en Occidente, llevó a Teodorico y Carlomagno a buscar
materiales en Roma para los ediicios de Rávena y de Aquisgrán respectivamente,
explicado como una translatio o renovatio Romae, o siguiendo la fórmula acuñada
por Teodorico, de nova gloria vetustatis 29.
Más excepcional, sin embargo, resulta el caso de reutilización que se dio en la ciu-
dad palatina de Madinat al-Zahra’ donde, además de los habituales fustes de columna
y mármoles, se reutilizaron piezas escultóricas con temas igurativos paganos 30. La
presencia de iguras humanas de tradición clásica y oriental fue habitual en los pa-
lacios del área sirio-jordana-palestina en época omeya y abbasí: pinturas de Qusayr
‘Amra, esculturas de Qasr el-Hayr al-Garbi, Msatta o Jirbat al-Mafyar. Sin embargo,
en esos casos se trataba de pinturas y esculturas realizadas ex profeso para dichos
ambientes palatinos y no de piezas de acarreo 31. Las estatuas y los sarcófagos roma-
nos reutilizados en Madinat al-Zahra’, ejemplares de gran calidad, ¿se escogieron
simplemente por sus posibilidades ornamentales, vaciadas previamente de su con-
tenido pagano?, o por el contrario, ¿comprendía la corte cordobesa todo o parte del
signiicado de las iguras representadas?
Plantea Salvatore Settis que el uso de spolia se convierte en una “cita” o referencia
a la Antigüedad Clásica, de la misma manera que en los textos se recogen citas litera-
rias y topoi de la ciencia y la ilosofía antiguas. Para este autor, el auténtico leit motiv
de la Edad Media son los spolia. Los objetos o elementos arquitectónicos reutilizados
sufren el mismo proceso que las “citas” literarias entresacadas de un texto antiguo:
se extraen de su contexto original (en el caso de los mármoles, de la ruina) y asumen
la autoridad (auctoritas) de un todo que, como tal, no es asumible; de esa manera se
neutraliza en parte su sentido original, su paganismo, y se adapta al nuevo contexto,
cristiano o islámico. Se trata, dice Settis, de “spolia ideológico de la cultura” 32. Y
precisamente en este sentido podríamos interpretar la reutilización de los sarcófagos
y las estatuas romanas en Madinat al-Zahra’, que estaría relacionada con el fenómeno
28 El califa al-Walid hizo llevar a Damasco para la construcción de la mezquita aljama (87/706) unas
columnas de mármol blanco de la kanisat Maryam de Antioquía (la que fue capital de la Siria romana);
Al-Mu’tasim (segunda mitad del IX) hizo buscar mármoles de colores para Samarra en ciudades recién
conquistadas como Amorium (en Asia Menor), en las iglesias de Alejandría y de San Menas, en Egipto, así
como de la más cercana ciudad sasánida de Hatra. K.A.C. CRESWELL, A Short Account of Early Muslim
Architecture, Revised and Supplemented by J. W. ALLAN, El Cairo, 1989 (1ª ed. 1958), pp. 63 y 331-332,
respectivamente.
29 B. BRENK, “Spolia from Constantine to Charlemagne: Aesthetics versus Ideology”, Dumbarton Oaks
Papers, 41 (1987), pp. 103-109.
30 Se conocen otras actitudes “anticuarias” siglos más tarde, por ejemplo de los selyuquíes, quienes
reutilizaron en sus fortiicaciones esculturas clásicas de carácter igurativo, incluidos los sarcófagos. M.
GREENHALGH, op. cit; 1999, y S. REDFORD, “The Seljuqs of Rum and the Antique”, Muqarnas, 10
(1993), pp. 148-156.
31 O. GRABAR, “Umayyad Palaces reconsidered”, O. GRABAR, Early Islamic Art, 650-1100, vol. I:
Constructing the Study of Islamic Art, Hampshire, 2005, pp. 187-211.
32 D. KINNEY, “The concept of Spolia”, C. RUDOLPH (ed.), A Companion to Medieval Art: Romanesque
and Gothic in Northern Europe, Oxford, 2006, pp. 233-252 (pp. 244-245); S. SETTIS, “Continuità, distanza,
conoscenza. Tre usi dell’antico,”, S. SETTIS (ed.), Memoria dell’antico nell’arte italiana, vol. 3, Dalla
tradizione all’archeologia, Turin, 1986, pp. 373-486.

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de recuperación de la Antigüedad impulsado por la corte califal, una recuperación


que no se limitó a los libros y al saber cientíico sino que también tuvo su relejo en el
arte. Esta interpretación daría sentido al renacer que las formas clásicas tuvieron en
la arquitectura califal y cuyo mejor ejemplo sea, quizá, la cornisa clásica que corona
el zócalo del mihrab de Córdoba (igs. 1 y 2).

Fig. 1. Arriba: Cornisa romana (s. I d. C.) hallada en C/ Ramírez de Arellano, Córdoba. Mu-
seo Arqueológico de Córdoba (nº inv. CE028345). Abajo: remate del zócalo de mármol
del interior del mihrab de la Mezquita de Córdoba.

Fig. 2. Detalle de la basa de una de las columnas del sarcófago decorado con imágenes de
carros (Depósitos del Conjunto Arqueológico de Madīnat al-Zahrā’). Basa de mármol de las
habitaciones anejas al salón de ‘Abd al-Raḥmān III, Madīnat al-Zahrā’ (nº inv. 151.57).

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2. LOS SARCóFAgOS y LAS EStAtUAS DE MADInAt AL-ZAHRA’

Los sarcófagos y estatuas romanas que estudiamos aparecieron en diversos lugares


de Madinat al-Zahra’ desde las primeras campañas de excavaciones emprendidas por
Ricardo Velázquez Bosco. En las campañas siguientes, ya dirigidas por Félix Her-
nández, se multiplicaron los hallazgos, sobre todo en el área del Patio de los Pilares,
el Patio de los Relojes y el llamado “Camino de Ronda Bajo”. El estudio pormenori-
zado de dichas piezas, así como su catalogación fueron tareas realizadas por D. José
Beltrán Fortes. En los últimos años han aparecido algunos fragmentos más que de
momento siguen inéditos 33.

Fig. 3. Planta del área excavada de Madīnat al-Zahrā’. (A. VALLEJO TRIANO, La ciudad
califal de Madīnat al-Zahrā’: arqueología de su excavación, Córdoba, 2010).

Hasta ahora, las piezas habían sido casi irrelevantes en el estudio arquitectónico
e histórico de la ciudad-palacio califal, si bien su aparición y su ubicación en deter-
minados patios del conjunto constituyen un hecho absolutamente excepcional dentro
de la arquitectura islámica contemporánea. A nuestro entender, las estatuas y los sar-
33 Algunos han sido recogidos por J. BELTRÁN et alii, Los sarcófagos romanos de Andalucía. Corpus de
esculturas del Imperio Romano, vol. I, fasc. 3, Murcia, 2006, pp. 126-144.

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cófagos son un elemento esencial para comprender y explicar la función de dichos


patios e interpretar su signiicado dentro del conjunto de la ciudad palatina (ig. 3).
De todos los fragmentos de sarcófagos recogidos, puede hacerse una reconstruc-
ción total o parcial de los relieves de los frentes de algunos de ellos 34.

Fig. 4. Sarcófago de la Puerta del Hades y dibujo de reconstrucción publicado por J. Beltrán,
1999, ig. 41; dibujo de E. Candon.

Los fragmentos del Sarcófago de la Puerta del Hades fueron encontrados en el área
del Patio de los Relojes, sobre las bóvedas del baño y de las habitaciones anexas al
Salón Rico o de ‘Abd al-Rahman III, situado en una terraza inferior 35 (ig. 4). El sar-
cófago, datado hacia inales del siglo III d.C., es de mármol de Paros y pudo tener un
34 Para los detalles de conservación y para el análisis y la catalogación de las piezas hemos seguido las
obras de J. BELTRÁN, Los sarcófagos romanos de la Bética con decoración de tema pagano, Sevilla, 1999,
pp. 112-166; Ibídem, “El uso del sarcófago en la Bética durante los siglos II-III D.C.”, J. M. NOGUERA y E.
CONDE (eds.), El sarcófago romano, Murcia, 2001, pp. 93-106; Ibídem, “Sarcófagos romanos de Córdoba”,
Madrider Mitteilungen, 34 (1993), pp. 228-253.
35 F. HERNÁNDEZ GIMéNEZ, Madinat al-Zahra’: arquitectura y decoración, nota preliminar, P.
Marinetto Sánchez y prólogo, A. Fernández-Puertas, Granada, 1985, pp. 54-55.

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Fig. 5. Sarcófago de la caza de Meleagro en el Patio de los Pilares. Hipótesis de


reconstrucción publicada por J. Beltrán, 1999, ig. 63; dibujo de E. Candon.

metro de altura por 2,20-2,30 m. de anchura. Las escenas representadas corresponden


a un modelo bien conocido y del que se conservan muchos ejemplares, uno de ellos
magníico en la propia Córdoba 36. Así, en el frente, a ambos lados de la Puerta del
Hades o Tabernáculo, se sitúan probablemente los difuntos, un matrimonio, repre-
sentados como ilósofos y acompañados de dos musas cada uno. En cada uno de los
lados menores aparecen dos ilósofos, uno sentado y otro de pie, portando volumina o
rollos cerrados y abiertos en las manos. Junto a ellos se ven otros volumina en atriles
y en hatillos. En la parte superior de ambos lados se practicaron unos oriicios, dos en
el derecho y uno en el izquierdo, para su reutilización como fuente.
El sarcófago de Meleagro fue encontrado en las primeras campañas de excavación
de la ciudad palatina, en los años 1920 37 (ig. 5). Los fragmentos se hallaron en la
36 Sarcófago de la Puerta del Hades hallado en 1958 en la necrópolis del Brillante, al norte de Córdoba.
Fue estudiado por A. GARCÍA Y BELLIDO, “El sarcófago romano de Córdoba”, Archivo Español de
Arqueología, 32, n.º 99-100 (1959), pp. 3-37. Véase asimismo J. BELTRÁN, op. cit; 1999, pp. 93-111.
37 R. VELÁZQUEZ BOSCO, Excavaciones en Medina Azahara: Memoria sobre lo descubierto en
dichas excavaciones, Madrid, 1923; R. JIMéNEZ et alii, Excavaciones en Medina Azzahra: Memoria de

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Fig. 6. Fragmentos del sarcófago de Filósofos y Musas. Depósitos del


Conjunto Arqueológico de Madīnat al-Zahrā’.

alcantarilla que corre bajo el Patio de los Pilares, en un estado que denota su destruc-
ción deliberada. El sarcófago, fabricado en talleres romanos en el segundo cuarto del
siglo III d.C., es de mármol de Tasos y mide 0,85 m. de altura por 2,05-2,10 m. de
anchura, aproximadamente. El tema representado en su frente es la caza del jabalí de
Calidón por Meleagro. De izquierda a derecha los personajes representados son los
siguientes, según J. Beltrán: Oineus, el padre de Meleagro; Ancaeus o Hércules, ca-
minando hacia la derecha; probablemente Diana Venatrix; los Dióscuros y Meleagro,
del que quedan fragmentos de la cabeza y del brazo izquierdo; tres cazadores detrás
el jabalí, de los cuales la primera es Atalanta; dos perros por debajo de las patas del
jabalí; y por último, un cazador herido. Los laterales están muy fragmentados pero
parecen escenas relacionadas con la caza, con fondos de árboles 38. El frente decorado
estaba orientado hacia el pórtico oeste del patio.
Los fragmentos de un sarcófago de Filósofos y Musas y de otro de tema báquico
fueron hallados, según el informe de las excavaciones publicado en 1924, en un mon-
tículo situado en el llamado “Camino de Ronda Bajo”, al norte del Jardín Bajo (ig.
6). El conjunto de materiales allí acumulado fue arrastrado probablemente desde las

los trabajos realizados, Madrid, 1924; R. JIMéNEZ AMIGO et alii, Excavaciones en Medina Az-zahra
(Córdoba): Memoria de los trabajos realizados por la comisión delegado-directora de los mismos, Madrid,
1926 (Memorias de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, nº 67 y nº 85, respectivamente).
38 J. BELTRÁN, op. cit; 1999, pp. 128-141.

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Fig. 7. Detalle de un fragmento del sarcófago de Filósofos y Musas con una capa de estuco
correspondiente a una posible restauración. Depósitos del Conjunto Arqueológico de
Madīnat al-Zahrā’.

terrazas superiores. El sarcófago de Filósofos y Musas es una pieza de excepcionales


dimensiones, pues medía ca. 1,30 m. de altura, con iguras casi de tamaño natural
y de estilo marcadamente clasicista. Fue realizado en mármol del Proconeso hacia
270-280 d. C. en talleres romanos 39. En el frente se disponen las iguras ante un pa-
rapetasma que les sirve de fondo. En los extremos aparece un ilósofo de pie; en el
centro dos iguras sedentes que portan sandalias, por lo que podrían ser otro ilósofo
y el difunto o dos difuntos; junto a ellos se disponían al menos tres musas, iguras
femeninas de pie. Algunos de los personajes portaban un volumen o rollo y el manto
en forma de palliatus, ambos elementos típicos de las iguras de ilósofos y maestros.
En algunos fragmentos de este sarcófago pueden verse restos de una capa de estuco
que se usó para su restauración (ig. 7). En los laterales, de nuevo un parapetasma
ante el que se representa a dos iguras: en el lateral derecho, un ilósofo de pie y la
musa Polimnia; del izquierdo sólo se identiica un fragmento de túnica y manto de
una igura femenina, una musa que debió acompañar a otro ilósofo 40.
39 Ibídem, pp. 142-150.
40 Un estudio del signiicado de este tipo de imágenes en J. M. NOGUERA CELDRÁN, “Algunas
consideraciones sobre el sarcófago con musas y pensadores del Museo de la Catedral de Murcia”, Imafronte,
8-9 (1992-1993), pp. 293-311; P. RODRIGUEZ OLIVA, “El sarcófago con escenas de enseñanza de la antigua
colección Casa-Loring en la Finca de ‘La Concepción’ de Malaga”, Baetica, 25 (2003), pp. 409-432.

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Fig. 8. Fragmento de un sarcófago de tema báquico. Depósitos del Conjunto Arqueológico


de Madīnat al-Zahrā’.

Del segundo sarcófago mencionado, hallado en el mismo “Camino de Ronda


Bajo”, sólo conocemos un fragmento con una cabeza femenina de peril, ataviada con
un chitón y tocando un aulós. Debía formar parte de una escena de thiasos báquico.
Es de mármol de Paros, seguramente de un taller romano de época tardoseveriana 41
(ig. 8).
Junto a los anteriores, se hallaron más fragmentos pertenecientes a otros dos sar-
cófagos más pequeños. El primero sería de inales del siglo III d.C., en tanto que el
segundo dataría del siglo IV. La identiicación del tema en ambos casos no es sencilla,
según J. Beltrán, quien considera que puede tratarse de una escena de tipo bucólico o
pastoril, en un caso, y una representación del viaje de los difuntos o escena de adven-
tus, en el segundo. En este último, las escenas del frente se disponían entre columnas,
de las cuales sólo restan las basas 42. Se identiican dos carros de cuatro ruedas, uno de
ellos tirado por un animal y el otro por hombres ataviados con peculiares vestiduras:
aliculae cortas sobre los hombros y sujetas con una fíbula, una lorica hamata o cota
de mallas, una paenula o capa larga de lana y embades o botas atadas hasta la rodilla.
En todos los ejemplares reseñados se aprecian oriicios en la base y en los late-
rales, así como retalles en los bordes superiores, todo ello para adaptarlos a su uso
como pilas de fuente. La localización de dichos oriicios ha servido igualmente para
41 Ibídem, pp. 112-115.
42 J. Beltrán et al., op. cit. 2006, pp. 145-152. Llama la atención el parecido de estas basas con las que
poseen las columnas labradas por los talleres califales para Madinat al-Zahra’.

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Fig. 9. Herma de Heracles niño. Depósitos del Conjunto Arqueológico


de Madīnat al-Zahrā’.

conocer la orientación exacta de los sarcófagos dentro del patio donde se hallaron 43.
Igualmente interesante nos parece el hecho de que los sarcófagos parecen haber sido
restaurados antes de su colocación en los patios del palacio. Así parece indicarlo una
capa de estuco que cubre ciertas partes, sobre todo bordes, del sarcófago de Filósofos
y Musas 44.
En cuanto a las esculturas de bulto redondo, sobresale un precioso herma de Hera-
cles niño 45, encontrado también en el Patio de los Relojes, sobre las bóvedas del baño
y estancias anejas al Salón Rico (ig. 9). Es de mármol numídico o giallo antico. Se
han perdido la cabeza y la parte inferior del estípite, de manera que sólo se conser-
van 45 cm de su altura total. Este tipo de hermae, de tradición helenística, es escaso,
como también lo es la representación de Heracles infante. Además, se han encontrado
pequeños fragmentos de al menos tres retratos romanos de mármol. De uno de ellos
sólo se conoce la peana, otro sería femenino del siglo III d.C., y el tercero parece
masculino 46.
43 A. VALLEJO TRIANO, La ciudad califal de Madinat al-Zahra’: arqueología de su excavación,
Córdoba, 2010, pp. 237-241, igs. 191-192.
44 Agradezco este dato a la profesora A. Uscatescu.
45 J. BELTRÁN, “Hermeraclae hispanos”, Estudios dedicados a Alberto Balil in memoriam, Málaga,
1993, pp. 163-174.
46 J. BELTRÁN, “La colección arqueológica de época romana aparecida en Madinat al-Zahra’ (Córdoba)”,
Cuadernos de Madinat al-Zahra’, 2 (1988-1990), pp. 109-126 (pp. 112-113).

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Una de las primeras cuestiones que surge al contemplar este conjunto de esculturas
romanas es la de su procedencia: ¿eran de origen cordobés o se trajeron de otras ciu-
dades?, ¿las piezas habían sido ya removidas o reutilizadas previamente? El enorme
crecimiento urbano que Córdoba experimentó en el siglo X, a la vez que se construía
la nueva ciudad palatina, hace sospechar que pudieron descubrirse durante la instala-
ción de los nuevos arrabales occidentales y septentrionales, levantados con frecuen-
cia sobre el solar de antiguas necrópolis romanas, como veremos a continuación. A
pesar de ello, la insólita concentración de hallazgos en Córdoba (muchos en Madinat
al-Zahra’) y su extraordinaria calidad hacen que no podamos descartar la posibilidad
de que los musulmanes hicieran acopio de materiales también fuera de Córdoba, en
otras capitales de la Hispania romana como Sevilla o Mérida, lo que no sería sorpren-
dente si tenemos en cuenta los datos aportados al principio de este artículo 47.
En favor de la procedencia cordobesa hablan los relevantes descubrimientos que
se han producido en Córdoba en las últimas décadas, gracias a los cuales se conoce
mejor el trazado de la Colonia Patricia, así como la monumentalidad de sus edii-
cios públicos y de sus necrópolis 48. El hallazgo de mausoleos imperiales, algunos
decorados con estatuas y sarcófagos 49, la aparición fortuita en 1958 de un espléndido
ejemplar de sarcófago labrado con el tema de la Puerta del Hades, localizado en el
que fuera su emplazamiento original (probablemente un mausoleo de una necrópolis
septentrional) 50, o el conjunto de sarcófagos de tema cristiano conservado, son prue-
bas inequívocas de la riqueza escultórica de las necrópolis de Corduba 51.
Esos estudios arqueológicos ponen asimismo de maniiesto el deterioro y el aban-
dono sufrido por los ediicios públicos, como los templos, el aniteatro o el circo,
desde época bajoimperial. El saqueo de sus materiales sirvió, por ejemplo, para la
construcción del Palatium de Cercadilla. Más tarde, en época visigoda, muchas áreas
de la ciudad romana, ya abandonadas, comenzaban a amortizarse, mientras que las
47 Véase el catálogo de sarcófagos de tema pagano en Andalucía recogido por J. BELTRAN, op. cit; 1999.
48 D. VAQUERIZO y J. F. MURILLO (eds.), El Aniteatro Romano de Córdoba y su entorno urbano.
Análisis arqueológico (ss. I-XIII d.C.), Córdoba, 2010; D. VAQUERIZO, “Espacio y usos funerarios en
Corduba”, D. VAQUERIZO, (ed.), Espacio y usos funerarios en el Occidente romano: actas del Congreso
Internacional, Córdoba, 2002, vol. II, pp. 141-201; D. VAQUERIZO y J.A. GARRIGUET (eds.), Funus
Cordubensium. Costumbres funerarias en la Córdoba romana, Córdoba, 2001, pp. 230-239; J. A. MORENA
LÓPEZ, “Nuevas aportaciones sobre el Aqua Vetus y la necrópolis occidental de Colonia Patricia Corduba”,
Anales Arqueológicos de Andalucía, 5 (1994), pp. 158, 161, 163.
49 A. RUIZ OSUNA, “Viae Sepulchrales y paisaje funerario”, D. VAQUERIZO y J. F. MURILLO (eds.),
El Aniteatro Romano de Córdoba y su entorno urbano. Análisis arqueológico (ss. I-XIII d.C.), Córdoba, 2010,
vol. II, pp. 380- 404; J. L. LIÉBANA y A. RUIZ, “Los monumentos funerarios de la Plaza de la Magdalena:
un sector de la necrópolis oriental de Corduba”, Anales de Arqueología Cordobesa, 17 (2006), pp. 297-324;
J. F. MURILLO et alii, “Los monumentos funerarios de Puerta de Gallegos. Colonia Patricia Corduba”, D.
VAQUERIZO (ed.), Espacio y usos funerarios en el Occidente romano: actas del Congreso Internacional,
Córdoba, 2002, vol. II, pp. 141-201.
50 A. GARCÍA Y BELLIDO, op. cit; 1959, pp. 3-37.
51 M. SOTOMAYOR, Sarcófagos romano-cristianos de España. Estudio iconográico, Granada 1975;
Ibídem, “Dos nuevos fragmentos de sarcófagos paleocristianos en Córdoba”, Anales de Arqueología
Cordobesa, 11 (2000), pp. 275-288.

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necrópolis eran abandonadas por otras ad sanctos situadas cerca de sus santuarios 52.
Los sarcófagos paganos se reutilizaron a lo largo de toda la Antigüedad Tardía, en
algún caso con ines funerarios, pero sobre todo como material de acarreo y como
piezas decorativas a menudo retalladas para adaptarlas a un nuevo uso. Excepcional-
mente también se convirtieron en antigüedades en manos de coleccionistas eruditos 53.
A su llegada a Córdoba, los musulmanes establecieron sus propios cementerios y
aprovecharon los materiales de acarreo disponibles para la construcción, entre otros
ediicios, de la mezquita aljama de la ciudad (785) 54. Es probable, en consecuencia,
que ciertas estructuras de la ciudad romana, incluidas las necrópolis y sus mausoleos,
como decíamos antes, fueran todavía visibles y susceptibles de saqueo 55. Las escultu-
ras y relieves con escenas paganas y cristianas también pudieron convertirse en algún
momento de la historia de al-Andalus en blanco de los ataques de los religiosos más
rigoristas e iconoclastas, aunque este punto es de difícil conirmación y en todo caso
no fue nunca un fenómeno generalizado, como lo demuestra el caso de reutilización
en Madinat al-Zahra’ 56.

3. EL PALACIO DE MADInAt AL-ZAHRA’ y LOS ESPACIOS DOnDE


APARECIEROn LAS ESCULtURAS y RELIEVES ROMAnOS

Los autores andalusíes de los siglos X y XI hablan a menudo de la corte califal cor-
dobesa; de hecho, es éste uno de los períodos mejor documentado de la historia de al-
Andalus. El historiador cordobés Ahmad b. al-Razi (m. 344/955 ó 350/961), a través
de la copia que hace de su Historia el también cordobés Ibn Hayyan (m. 469/1076),
ofrece un panorama riquísimo de datos para el estudio de la ciudad palatina. No se
trata en ningún caso de una descripción detallada de los espacios y sólo se mencionan
de forma reiterada los lugares más expuestos a los ojos de los visitantes, dejando en
silencio muchos otros. Pero, sí proporcionan un relato pormenorizado de las activi-
dades desarrolladas en esos escenarios. En consecuencia, es difícil, a menudo prác-
ticamente imposible, identiicar los ediicios y estancias mencionados en los textos 57
con los hoy visibles en las ruinas.
52 A. LEÓN MUÑOZ y S. JURADO, “La cristianización de la topografía funeraria en el suburbium
occidental”, D. VAQUERIZO y J. F. MURILLO (eds.), El Aniteatro Romano de Córdoba y su entorno
urbano. Análisis arqueológico (ss. I-XIII d.C.), vol. II, Córdoba, 2010, pp. 547-561.
53 M. Á. GARCÍA GARCÍA, “La reutilización y destrucción de los sarcófagos romanos de Baetica durante
la Edad Media”, Romula, 3 (2004), pp. 239-256; L.M. STIRLING, The Learned Collector: Mythological
Statuettes and Classical Taste in Late Antique Gaul, Ann Arbor, 2005.
54 A. PEÑA JURADO, op. cit; 2010, pp. 151-158.
55 Lo que explicaría que el sarcófago de la Puerta del Hades llegase hasta el siglo XX en su ubicación
original y que sólo se hubiese saqueado su contenido. A. GARCÍA Y BELLIDO, op. cit; 1959, pp. 3-37.
56 En el arrabal surgido en el palatium de Cercadilla se encontró un fragmento de sarcófago paleocristiano
reutilizado como umbral de la puerta de una casa musulmana. Se colocó con la decoración visible, de manera
que al entrar se pisaban las iguras. Se trataría de un uso con clara intencionalidad ideológica, muy diferente a
la que tuvieron en la ciudad palatina.
57 El Salón oriental, Salón occidental, Salón meridional, Casa militar, Casa de los Visires. El salón
oriental o maylis al-šarqi, es generalmente identiicado con el Salón Rico o de ‘Abd al-Rahman III. A.

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Por otra parte, las características arquitectónicas y los abundantes materiales ha-
llados en cada uno de los conjuntos excavados en Madinat al-Zahra’ han permitido
identiicar el uso de algunos de esos espacios. Así, se reconocen las áreas residencia-
les (con baños, letrinas, patios con albercas, salones con alcobas y pórticos), el área
religiosa (la mezquita aljama y sus anexos), uno de los pórticos de acceso, las calles
abovedadas y dos salones del área oicial que probablemente sirvieron de marco pro-
tocolario. Desconocemos, sin embargo, la función de otros muchos restos excavados
y, a la inversa, ignoramos dónde se desarrollaban muchas de las actividades men-
cionadas por las fuentes (la enseñanza de los príncipes, las actividades cientíicas, la
copia y el almacenamiento de los libros, los archivos, la farmacia, etc.).
En la zona intermedia de la ciudad palatina hay dos patios que tuvieron una es-
tructura arquitectónica distinta a la del resto y donde los hallazgos materiales y la
decoración sugieren que no recibieron un uso doméstico ni de representación. Es pre-
cisamente en ellos donde aparecieron los fragmentos de sendos sarcófagos romanos
con frentes labrados con historias mitológicas y con musas y ilósofos. Conocemos
la planta de ambos a pesar de que el Patio de los Relojes está hoy muy arrasado 58.
Un tercer patio con estructura singular es el situado en la misma terraza que el de los
Relojes, al oeste del Salón de ‘Abd al-Rahman III; todavía no se ha excavado pero en
el alcantarillado se han encontrado fragmentos de un nuevo sarcófago aún inéditos 59
(igs. 10 y 11).
En los patios de los Pilares y de los Relojes se hallaron escasos fragmentos de cerá-
mica en la red de saneamiento, lo que tradicionalmente ha servido para considerarlos
ámbitos administrativos, una identiicación lo suicientemente vaga como para dar
cabida a cualquier uso. La estructura de ambos patios es también una novedad en el
conjunto palatino, pues, a diferencia del resto, éstos se hallan rodeados de pórticos
(dos en el de los Relojes y cuatro en el de los Pilares) sustentados por pilares que
alcanzaban en torno a los 5 m de altura en el Patio de los Pilares, según cálculos de F.
Hernández 60. En este mismo patio, tras los pórticos, en los lados este, norte y oeste,
había amplias salas rectangulares (entre 4 m y 5,41 m de profundidad) con tres va-
nos de acceso desde la galería. Esta tipología se asemeja a la que presentan ediicios
surgidos más tarde para asumir funciones tan diversas como las alhóndigas, los bi-
maristanes o las madrasas, como han señalado alguna vez A. Vallejo y A. Almagro 61.
En lo que se reiere a la decoración, estos patios carecen de paneles labrados como
los que decoran las paredes de los conjuntos oiciales y domésticos más importantes

VALLEJO TRIANO, op. cit; 2010, p. 496.


58 A. VALLEJO TRIANO, A. MONTEJO CÓRDOBA y A. GARCÍA CORTéS, “Resultados preliminares
de la intervención arqueológica en la ‘Casa de Ya’far’ y en el ediicio de ‘Patio de los Pilares’ de Madinat
al-Zahra’”, Cuadernos de Madinat al-Zahra’, 5 (2004), pp. 199-239. Sobre el Patio de los Relojes, nº 40 en
la denominación del Conjunto Arqueológico, A. VALLEJO TRIANO, op. cit; 2010, pp. 236-237, 494-495.
59 La primera referencia a dicho hallazgo es proporcionada por A. VALLEJO TRIANO, Ibídem, pp. 236-
237 y 465-504. Este patio nº 23 está sin excavar pero no tiene la tipología propia de los ediicios residenciales,
según este autor. Ibídem, pp. 492 y 496.
60 F. HERNÁNDEZ GIMéNEZ, op. cit; 1985, pp. 71-73 (y en consecuencia, eran seguramente pórticos
adintelados).
61 A. VALLEJO TRIANO, op. cit; 2010, p. 491; A. ALMAGRO GORBEA, “Análisis tipológico de la
arquitectura residencial de Madinat al-Zahra’”, Al-Andalus und Europa, Petersberg, 2004, p. 117.

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Fig. 10. Planta del conjunto arquitectónico conocido como Patio de los Pilares de Madīnat
al-Zahrā’. (Planta de A. VALLEJO TRIANO, La ciudad califal de Madīnat al-Zahrā’:
arqueología de su excavación, Córdoba, 2010).

Fig. 11. Planta del conjunto arquitectónico conocido como Patio de los Relojes de Madīnat
al-Zahrā’. (Planta de A. VALLEJO TRIANO, La ciudad califal de Madīnat al-Zahrā’:
arqueología de su excavación, Córdoba, 2010).

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del palacio. En el Patio de los Pilares las salas tenían sus zócalos pintados a la al-
magra 62; sus pavimentos son, en cambio, de notable riqueza: caliza violácea para el
patio y mármol y alabastro para los salones, con ausencia de otros dos materiales muy
frecuentes en los ámbitos residenciales y administrativos, la calcarenita y el ladrillo.
Otro elemento singular es el emplazamiento estratégico de ambos conjuntos: el Pa-
tio de los Pilares se encuentra a los pies de la residencia califal o Dar al-Mulk y estaba
comunicado con la terraza superior. En el ángulo noroeste del patio se ha conservado
el arranque de una escalera desarrollada en torno a un machón central rectangular,
similar a las dos del alminar de la Mezquita de Córdoba. 63. Inmediatamente al oeste
del conjunto se halla el llamado Salón de las Dobles Columnas, que, a pesar de estar
apenas explorado, sobresale también por su singular decoración y por ser hasta ahora
el único lugar, aparte de la mezquita aljama, donde se han encontrado inscripciones
coránicas 64. El Patio de los Pilares es, además, fruto de una remodelación del área
que anteriormente estuvo ocupada por unas viviendas, reforma que pudo seguir a la
construcción del Salón Rico o de ‘Abd al-Rahman III 65.
El Patio de los Relojes está situado al sur de la terraza superior, donde se levanta el
llamado Salón Grande, y en su límite oriental, en una posición desde la que domina
tanto el Jardín Alto, situado frente al Salón de ‘Abd al-Rahman III, como el área de
la mezquita aljama. Pero lo más llamativo de éste es que se hallaron en él fragmentos
de tres cuadrantes solares, lo que hace sospechar una función vinculada a los estudios
astronómicos o, al menos, a la fabricación de estos relojes (ig. 12). Con su habitual
perspicacia, D. Félix Hernández sospecha que la función del patio pudo relacionarse
con ambos aspectos:

“por su situación en lugar de amplísimo horizonte sobre la vaguada del Guadalqui-


vir y sobre la mezquita de la propia al-Zahra, el conjunto del que dicho patio actuara
de nexo, hallase aprovechamiento, en algunos de sus sectores, para la determinación
de las entradas de luna, así como para notiicación de aquellas a los almuédanos para
quienes resultase algo más difícil semejante apreciación, desde el alminar de la mez-
quita, dado el emplazamiento de la misma en una hondonada” 66.

Es decir, sospecha D. Félix Hernández que pudo tratarse del lugar donde los astró-
nomos establecían las horas de oración (miqat) para el servicio religioso diario de la
mezquita aljama 67.
62 F. HERNÁNDEZ GIMéNEZ, op. cit; 1985, p. 74.
63 A. VALLEJO TRIANO, op. cit; 2010, ig. 30.
64 M. A. MARTÍNEZ NÚÑEZ, “El Corán en los textos epigráicos andalusíes”, M. HERNANDO DE
LARRAMENDI y S. PEÑA (coords.) El Corán ayer y hoy, perspectivas actuales sobre el Islam: estudios en
honor del profesor Julio Cortés, Córdoba, 2008, pp. 125-144 (pp. 136-137).
65 A. VALLEJO TRIANO et alii., op. cit; 2004, pp. 206-211.
66 F. HERNÁNDEZ GIMéNEZ, op. cit; 1985, p. 54.
67 A. Vallejo identiica el ediicio n° 40, denominado “Patio de los Relojes”, con la Casa de los Visires
o Dar al-Wuzara basándose en la morfología y la disposición de estas salas (que “parecen apropiadas para
un uso de reuniones”) y en su ubicación, cerca de las habitaciones anejas al Salón Rico, situadas en el nivel
inferior. En su opinión, los tres relojes de sol aparecidos en este conjunto deben “relacionarse con la necesidad
de regular los tiempos de la organización administrativa del palacio” (A. VALLEJO, op. cit; 2010, pp. 494-

150 Anales de Historia del Arte


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Fig. 12. Cuadrante solar hallado en el Patio de los Relojes (piedra caliza). Museo de
Madīnat al-Zahrā’ (Nº Inv. 30135).

En efecto, la inalidad principal de los cuadrantes era la determinación de los tiem-


pos de oración. Las oraciones diurnas del zuhr y del ‘asr se determinaban mediante
la longitud de la sombra proyectada por el gnomon sobre las líneas trazadas en el
cuadrante 68. La determinación de la dirección de la qibla y la ijación de las cinco
horas de oración diarias sirvieron de impulso a los estudios de astronomía en gene-
ral y de astronomía religiosa en particular, llamada ‘ilm al-miqat 69. El ‘ilm al-miqat
y la etno-astronomía o anwa’, recogida en libros de anwa’ como el Calendario de
Córdoba, facilitaron la aceptación por parte de los alfaquíes del resto de las ciencias
astronómicas (teóricas y matemáticas, astrometereología) e incluso de la astrología
(‘ilm al-nuyum), rechazada por los religiosos por su asociación al paganismo. No

495). Nuestras dudas respecto a esta atribución se basan en la presencia de los relojes, del sarcófago y el herma
de Heracles, como hemos dicho, así como en problemas de identiicación de ciertos espacios de esta Casa de
los Visires citados por las fuentes escritas, como su “salón meridional” (IBN HAYYAN, Anales Palatinos, op.
cit; trad. p. 69 [ed. 18r]). La crujía sur de este patio es de escasa profundidad y más bien de paso.
68 La construcción de los cuadrantes solares constituye un capítulo importante de los tratados de astronomía
y de miqat. Los muwaqqits eran los astrónomos profesionales al servicio de una mezquita, encargados de ijar
el horario de oraciones y el calendario de festividades. Surgen como institución algo más tarde, pero existieron
desde muy temprano. D. A. KING, “On the Role of the Muezzin and the Muwaqqit in Medieval Islamic
Society”, F. J. RAGEP, S. P. RAGEP y S. J. LIVESEY, Tradition, Transmission, Transformation: Proceedings
of Two Conferences on Pre-modern Science Held at the University of Oklahoma, Leiden-Boston, 1996, pp.
285-346.
69 J. SAMSÓ, op. cit; 2011, pp. 77-80; M. FORCADA (estudio, trad. y ed.), Kitab al-Anwa’ wa-l-azmina:
(al-qawl i l-suhur) = Tratado sobre los anwa’ y los tiempos : (capítulo sobre los meses) de Ibn ‘Ạim,
Barcelona, 1993; M. MARIN, “‘Ilm al-nugum e ‘Ilm al-hidtan en al-Andalus”, Actas del XII Congreso de la
UEAI (Malaga, 1984), Madrid, 1986, pp. 509-535. Es muy abundante la bibliografía sobre este tema por lo
que sólo citamos los trabajos utilizados aquí.

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obstante, la astrología fue muy practicada en los medios cortesanos de todo el Dar
al-Islam, e incluso en épocas poco propicias y de condena pública, como durante el
gobierno de Almanzor, se siguieron haciendo horóscopos. J. Samsó señala que fue
probablemente el príncipe al-Hakam, antes de llegar al trono, quien “volvió a poner
de moda la astrología en la corte” 70. En todo caso, a pesar de la constante presencia en
la corte de astrólogos o “estrelleros”, la astrología sólo fue un capítulo más en el am-
plio desarrollo alcanzado por los saberes y la ciencia andalusí a lo largo del siglo X 71.
Durante el siglo IX, en el califato abbasí, se produjeron grandes avances en los
estudios astronómicos gracias a las observaciones directas de los astros y a la traduc-
ción y estudio de las fuentes griegas y persas. Recordemos también que los observa-
torios astronómicos (marsad) son una invención islámica: el califa abbasí al-Ma’mun
es el fundador de los dos primeros observatorios astronómicos: uno en Bagdad y
otro en Damasco, ambos con la pretensión de calcular los movimientos de astros y
estrellas durante un año entero 72. Fueron efímeros, pero sentaron las bases de los que,
con carácter ijo, fueron fundados siglos después. Muchas de aquellas obras griegas,
traducidas y ampliadas en Oriente, comenzaron a llegar en el siglo X a al-Andalus,
donde se completaban también con nuevas observaciones astronómicas. El descubri-
miento de los cuadrantes de Madinat al-Zahra’ ha permitido comprobar el alto grado
de madurez alcanzado por las ciencias matemáticas y astronómicas andalusíes en esa
época 73.
El califa al-Hakam II tuvo a su servicio a un cuerpo de astrónomos y astrólogos
del que formaba parte el egipcio Ahmad ibn Faris, que se incorporó hacia 968 y es-
tuvo activo hasta 981. El califa envió a Ibn Faris a hacer observaciones a Fuengirola
(Suhayl en árabe) para comprobar la visibilidad de la estrella Suhayl o Canopo 74. No
resulta demasiado arriesgado suponer que el resto de sus actividades se llevaba a cabo
en la ciudad palatina.
70 J. SAMSÓ, op. cit; 2011, p. 465, nota 99. Precisamente, para hacer los horóscopos era necesario
tener una tabla con la posición de los astros en cada latitud, para lo que era necesario hacer observaciones
astronómicas.
71 Sobre una hipotética trascendencia artística de la astrología en Madinat al-Zahra’, véase M. ACIéN,
op. cit; 1995, pp. 188-191 y M. FIERRO, “Plants, Mary the Copt, Abraham, Donkeys and Knowledge: Again
on Batinism during the Umayyad Caliphate in al-Andalus”, Differenz und Dynamik im Islam. Festschrift für
Heinz Halm zum 70.Geburtstag, Würzburg, 2012, pp. 125-144 (127-128).
72 Los árabes corrigieron por primera vez los dogmas ptolemaicos a través de observaciones y de nuevos
cálculos matemáticos, a lo que sumaron los conocimientos de la astronomía persa. D. PINGREE, “The
Greek Inluence on Early Islamic Mathematical Astronomy”, Journal of the American Oriental Society, 93, 1
(1973), pp. 32-43; M. DIZER, “Observatories and Astronomical Instruments”, A. Y. AL-HASSAN, (ed.), The
Different aspects of Islamic Culture, vol. IV, Science and Technology in Islam, Paris, 2001, pp. 235-265 (en
especial, pp. 236-239, 246-247).
73 J. CARANDELL, “Dos cuadrantes solares andalusíes de Medina Azara”, Al-Qantara, 10, 2 (1989),
pp. 329-342. La construcción de un cuadrante solar requiere un profundo conocimiento de los fenómenos
astronómicos (movimientos relativos Sol-Tierra) y competencias de geometría (cónicas, geometría esférica…).
74 M. FORCADA, “Ahmad b. Faris”, Enciclopedia de la Cultura Andalusí. Biblioteca de al-Andalus,
vol. III, Almería, 2004, pp. 149-150; Ibídem, “Astrology and Folk Astronomy: the Mukhtasar min al-Anwa of
Ahmad b. Faris”, Suhayl, 1, (2000), pp. 107-206; IBN HAYYAN, Anales Palatinos, op. cit; trad. p. 187 (ed.
fol. 89r.); S. BRENTJES, “Courtly Patronage of the Ancient Science in Post-Classical Islamic Society”, Al-
Qantara, 29, 2 (2008), pp. 403-440.

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Otro hecho que apoya esta idea es la correcta orientación de la qibla de la aljama de
Madinat al-Zahra’, como han señalado J. Samsó y M. Rius 75. Cuenta al-Maqqari que
cuando al-Hakam II decidió ampliar la aljama de Córdoba, acudió a ella acompañado
de sus astrónomos (ahl al-ta‘dil) quienes le indicaron que era necesario reorientar
correctamente la qibla, tal y como habían hecho en la mezquita de Madinat al-Zahra’
con su padre, a lo que se opuso irmemente el consejo de los ulemas y alfaquíes
cordobeses 76. En la mezquita palatina, por tanto, se habían utilizado las mediciones
astronómicas sin entrar en conlicto con la tradición.

4. AL-HAkAM II: LA ERUDICIón DE LA CORtE CORDOBESA y EL


REnACER DE LA AntIgüEDAD

Los estudios de astronomía mencionados son tan sólo una pequeña muestra del riquí-
simo ambiente cultural y cientíico de Córdoba en el siglo X, un lorecimiento que
se encargan de transmitir las fuentes de la época. “El príncipe heredero al-Hakam
(...) competía por adquirir ciencia y hacerse con los sabios”, en tanto que su padre
“rivalizaba con su hijo y heredero al-Hakam, por su aición al saber e inclinación a
los sabios”. Son las palabras empleadas por al-Razi, transmitidas por Ibn Hayyan, al
relatar la noticia de la llegada a Córdoba de un ilólogo bagdadí llamado al-Qali, el
año 942 77.
El primer califa, ‘Abd al-Rahman III (m. 350/961), es presentado por los autores
andalusíes como el gran artíice del Estado Omeya califal; gracias a sus logros milita-
res y políticos se logró la paciicación del territorio y el establecimiento de un poder
fuerte y férreamente centralizado. Por su parte, la personalidad de su hijo al-Hakam
(m. 366/976), alejado de las grandes hazañas militares, queda retratada en los mis-
mos textos por su inclinación hacia el conocimiento, su dedicación cientíica y su
mecenazgo de las artes y las ciencias. No obstante, la noticia anterior, extraída del
Muqtabis V, viene a conirmar el papel de ‘Abd al-Rahman III en el desarrollo de una
actividad cultural que contribuyó decisivamente a la legitimación del Califato omeya
cordobés. En efecto, se menciona en las fuentes la llegada de sabios y de libros de
Oriente, tanto desde el Imperio Bizantino como del Califato abbasí, durante los años
de gobierno de ‘Abd al-Rahman III, aunque el impulso deinitivo de la cultura vino
de la mano del príncipe al-Hakam cuando éste accede al Califato con el título de al-
Mustansir bi-llah.
Multitud de autores y de textos, decíamos, hablan de al-Hakam II como “califa
ilustrado”, protector del conocimiento y empeñado en recuperar el saber de los anti-
75 M. RIUS, La alquibla en al-Andalus y al-Magrib al-Aq̣à, Barcelona, 2000, p. 106; J. SAMSÓ, “La
ciencia árabe-islámica y su papel”, Revista de Libros, 75 (marzo 2003), http://www.revistadelibros.com/
articulos/la-ciencia-ara be-islamica-y-su-papel [consultado 25/03/2012]. Lo mismo sucede con los oratorios
palatinos de la Alhambra.
76 AL-MAQQARI, op. cit; 1968, vol. I, p. 369.
77 IBN HAYYAN, op. cit; 1981, trad. p. 360 (ed. p. 323). Recoge asimismo la noticia al-Maqqari,
insertándola en el capítulo dedicado a la inclinación de al-Hakam II por la ciencia y los libros. AL-MAQQARI,
op.cit;1968, vol. I, p. 386.

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guos. Sa‘id al-Andalusi, en su Kitab tabaqat al-umam (Libro de las categorías de las
Naciones), dice de él que se sentía “inclinado hacia el estudio de la ciencia y hacia
los que la cultivaban”, por lo que “hizo traer de Bagdad, Egipto y otras provincias de
Oriente las más brillantes y prestigiosas obras y las composiciones más raras relacio-
nadas con las ciencias antiguas y modernas”. Por su amor a la ciencia y su preocu-
pación por adquirir todas las virtudes y elevar su espíritu, Sa‘id le compara con los
califas abbasíes y los grandes monarcas ilustrados 78.
En efecto, todo indica que al-Hakam II se sirvió de la ciencia y del saber para
aianzar su poder y para legitimar su derecho al Califato frente a los rivales egipcios
y a los propios abbasíes. En Bagdad, al-Ma’mun (813-833) fue el impulsor del mo-
vimiento cultural más importante del Islam medieval y que mayores repercusiones
tuvo en la cultura islámica y occidental. El pilar de dicho lorecimiento cultural fue la
recuperación de los saberes de la Antigua Grecia mediante el acopio de manuscritos
y su traducción al árabe. Dichas traducciones sirvieron a su vez para estimular el
estudio e impulsar los avances cientíicos necesarios para superar las ciencias de la
Antigüedad y de los antiguos persas. El ilohelenismo adoptado por al-Ma’mun vino
a sustituir la postura ilopersa impulsada por al-Mansur (754-775) y fue, en opinión
de D. Gutas, un elemento más de la política anti-bizantina del califato abbasí, al
poner en evidencia el oscurantismo y la ignorancia de los rum o griegos modernos
que, desde su conversión al cristianismo, habían rechazado la ciencia y la razón de
los antiguos. Los musulmanes se sentían los herederos legítimos de aquella tradición
ilosóica y cientíica de la Antigua Grecia y, por ende, del imperio de Alejandro
Magno. Así se recoge en la obra del ilósofo al-Kindi (m. después de 256/870) que
trazó una genealogía en la cual Yunan, el ancestro epónimo de los antiguos griegos
(jonios), era hermano de Qahtan, el ancestro de los árabes 79.
Al-Maqqari, en el Nafh al-tib, citando a varios autores precedentes, explica que
al-Hakam II “era un amante de las ciencias y reunió más libros que cualquier otro
soberano” y ofrece detalles sobre su biblioilia. Según Abu Muhammad b. Hazm, “el
Tesoro de los saberes y los libros (jizana al-‘ulum wa-l-kutub 80) estaba en la casa de
los Banu Marwan y el catálogo de los libros ocupaba 44 índices de 20 páginas cada
uno, sólo con el título y la descripción”. Mandaba buscar copias de libros a sus emi-
sarios hasta Iraq, copias (e incluso originales) que pagaba generosamente con dinares
de oro. “Nadie antes tuvo en otro lugar una biblioteca tan rica como la suya, excepto
quizá al-Nasir al-‘Abbasi b. al-Mustadda. En ella reunió a expertos en la transcrip-
ción o copia de libros, diestros en la conservación y en la encuadernación de libros” 81.
78 SA‘ID AL-ANDALUSI, op. cit; 2000, p. 142. Para el texto árabe véase Livre des catégories des nations
= Kitab Tabaqat al-umam, R. BLACHèRE (trad.) y L. CHEIKHO (ed.), Paris, 1935, ed. p.164.
79 D. GUTAS, Greek thought Arabic Culture: the Graeco-Arabic Translation Movement in Baghdad and
Early Abbasid Society (2nd-4th/8th-10th Centuries), London, 1998, pp. 83-95.
80 Jizanat al-mal era el nombre que recibía en al-Andalus el Tesoro público, administrado por un tesorero
llamado jazin. También se usaba el término para armería o jizanat al-silaḥ o para el encargado del dinero y de
las vestiduras, jazin ‘alà al-mal wa-l-kisa’. M. J. VIGUERA y P. CHALMETA notas de IBN HAYYAN, op.
cit; 1981, p. 451.
81 AL-MAQQARI, op. cit; 1968, vol. I, pp. 385-386 y 394. Añade que los libros guardados en el alcázar
de Córdoba fueron saqueados por los bárbaros.

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Múltiples biografías de sabios del siglo X, andalusíes y foráneos, certiican que


estas palabras no eran meras exageraciones ni un intento de equiparar a la corte cor-
dobesa con la de Bagdad, presentando a al-Hakam II como el ilustre sucesor de al-
Ma’mun en el impulso de las ciencias. A menudo se dice en los diccionarios bio-
bibliográicos que el califa puso a Fulano a su servicio o que instaló a Mengano en el
alcázar de Madinat al-Zahra’ o de Córdoba; todos ellos pasaban a ampliar el círculo
cientíico, literario o ilosóico de la corte. Los sabios, prestigiosos en muy diversas
materias, podían dedicarse a enseñar sus conocimientos, a practicar su ciencia y a
ponerla por escrito, componiendo libros que después pasaban a engrosar la biblioteca
de al-Hakam II 82. Al-Jusani, nacido en Qayrawan (m. 361/971), compuso al menos
dos diccionarios bio-bibliográicos que hoy conservamos 83; el polígrafo ‘Arib ibn
Sa‘id y un cristiano escribieron el Calendario de Córdoba, una obra que contiene co-
nocimientos de astronomía, de agricultura y un calendario litúrgico cristiano. También
se desarrolló una importante labor de traducción de textos latinos y griegos al árabe,
aunque el alcance de ésta todavía no se conoce en profundidad. Así, Qasim b. Aşbag,
maestro del califa en su juventud, alfaquí y tradicionista, participó en la traducción
al árabe y comentario de la Historia de Orosio, en tanto que el médico Ibn Yulyul,
autor de un diccionario de médicos, intervino en la traducción del original griego de
la obra de Dioscórides De Materia Médica. Ambos libros, ilustrados con miniaturas,
habían llegado desde Constantinopla en una embajada bizantina durante el califato
de ‘Abd al-Rahman III 84.
Desconocemos los lugares exactos donde se hallaban los libros de la famosa bi-
blioteca califal, una de las más grandes de la época, pero a buen seguro estaban re-
partidos por las residencias califales de Córdoba. Sí sabemos el nombre de algunos
de sus directores, como Talid, un fatá de al-Hakam II, quien se encargó de dirigir la
biblioteca (sahib ‘ala al-jizana al-‘ulum wa l-kutub bi-dar Bani Marwan) y de hacer
los registros y catálogos, en total 44 listas de 50 hojas cada una 85. Un tal Ibn al-
Makwi’ (324/935-401/1010), por su parte, recibió de Almanzor el encargo de ordenar
los libros por materias en la biblioteca de al-Hakam II. Ibn al-Makwi’ aceptó porque
vio en ello la oportunidad de consultar libros raros que sólo se encontraban allí 86.
Otra actividad fundamental desarrollada en el palacio era la educación de los prín-
cipes. Tanto al-Hakam como su hijo, el príncipe Hisam, recibieron una educación
exquisita, con los mejores maestros en cada materia y siguiendo un programa que, al
82 Se conocen los títulos de al menos 897 libros de la biblioteca califal, según M. FIERRO, “Manuscritos
en al-Andalus. El proyecto H.A.T.A”, Al-Qantara, 19, 2 (1998), pp. 490-492. También D. WASSERSTEIN,
“The Library of al-Hakam II al-Mustansir and the Culture of Islamic Spain”, Manuscripts of the Middle East,
5 (1990–1991), pp. 99–105.
83 Kitab al-qudat bi-Qurţuba o Historia de los Jueces de Córdoba, J. RIBERA (ed. y trad.), Madrid,
1914 y Ajbar al-fuqaha’ wa l-muhadditin o Historia de los alfaquíes y tradicionalistas de al-Andalus, Mª L.
ÁVILA, y L. MOLINA (estudio y ed. crítica), Madrid, 1992.
84 IBN ŶULŶUL, op. cit; edición F. Sa’id, p. 11.
85 M. MEOUAK, “Les marges de l’administration”, M. MARÍN (ed.), Homenaje a José María Fornéas,
Volumen 6 de Estudios Onomástico-Biográicos de Al-Andalus, Madrid, 1994, p. 321.
86 S. PEÑA JIMéNEZ, “Ibn al-Makwi”, M. MARÍN (ed.), Homenaje a José María Fornéas, Volumen 6
de Estudios Onomástico-Biográicos de Al-Andalus, Madrid, 1994, pp. 353-383 (359 y 366). Véase la versión
del expurgo de la biblioteca ordenada por Almanzor de SA‘ID AL-ANDALUSI, op. cit; 2000, pp. 142-143.

Anales de Historia del Arte 155


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igual que en la corte abbasí, debía incluir tanto las ciencias religiosas o ‘ulum (plural
de ‘ilm), como los saberes enciclopédicos compendiados en los tratados de adab 87.
Dos prolijos pasajes de al-Razi recogidos por Ibn Hayyan dan idea de la importan-
cia que se concedía en la corte cordobesa a la enseñanza de los príncipes. El primero
data del año 361/972 y relata la primera clase impartida por el alfaquí Ahmad ibn Mu-
hammad ibn Yusuf, apodado al-Qastalli, al príncipe Hisam cuando éste tenía tan sólo
7 años. El califa mandó llamar al nuevo preceptor (mu‘allim) para darle detalladas
instrucciones, al tiempo que ordenaba disponer una serie de estancias para las clases:

“ (…) había dispuesto renovar y alhajar el departamento llamado Casa del Reino,
en el Alcázar de al-Zahra’, y arreglar y preparar todo lo que era necesario, así como
abrir, al occidente del Fasil al-ityan, una puerta por la que el príncipe pudiera salir con
mayor comodidad al citado departamento. Dispuso, además, que las lecciones del prín-
cipe se celebrasen, para más favorable agüero, en el Salón oriental del departamento”.

Para terminar, el cronista aporta un detalle sumamente interesante: el príncipe no


estaba sólo, sino acompañado de otros niños “que se educaban con él”, seguramente
los hijos de los grandes dignatarios de la corte 88.
Tres años más tarde, en el mes de abril de 364/975, el califa mandó llamar a otro
maestro, Ibn Yahyà al-Layti, un alfaquí y tradicionista de prestigio, para que enseñara
al príncipe todo lo relativo a la ciencia jurídica y a las tradiciones dos días por sema-
na. Esta vez las clases se celebraron en el Alcázar de Córdoba, donde se había insta-
lado el califa días antes. Estudiaba el príncipe la Muwatta’ de Malik con el ejemplar
que había pertenecido a su abuelo y con el que había estudiado su padre 89.
Estas noticias, que pueden parecer anecdóticas, aportan una información muy va-
liosa sobre el funcionamiento de la “biblioteca” de al-Hakam II, cuyas funciones iban
más allá de un mero almacén de libros, y dan idea del alcance de la empresa intelec-
tual que emprendió este califa, iniciada cuando aún era príncipe. Todas ellas sugieren
de manera clara la existencia de una corte erudita que acogió a una cohorte de sabios
de todas las especialidades, reunió millares de libros, copiados en Oriente o escritos
para el soberano, y fomentó los estudios cientíicos para su ejercicio y difusión. No
hay duda de que estas actividades tuvieron un marco espacial especíico dentro de las
residencias califales cordobesas; en el viejo alcázar omeya y, sobre todo, en el nuevo
palacio de Madinat al-Zahra’. En suma, la ciudad palatina no fue sólo una residencia
oicial, el escenario de representación del poder califal y el lugar donde quedaba cen-
87 A. DIETRICH, “Quelques aspects de l’éducation princière à la cour abbaside”, G. MAKDISI, D.
SOURDEL, y J. SOURDEL-THOMINE, (eds.), L’enseignement en Islam et en Occident au Moyen Age,
Revue des Etudes Islamiques, 44 (1976), pp. 87- 104.
88 IBN HAYYAN, Anales Palatinos.., op. cit; pp. 98-99, cap. 60. Ed. fol. 42v-43r.
89 Ibídem, p. 257, cap. 217. Ed. fol. 122v-123r. Otro maestro cortesano fue Maslama b. al-Qasim al-
Qurṭubi al-Zayyat (m. 353/964), formado en Oriente y autor del libro titulado Ghayat al-ḥakim (traducido
al castellano en el siglo XIII con el título de Picatrix). Fue maestro del príncipe ‘Abd Allah, hijo de ‘Abd
al-Rahman III que fue condenado a muerte en 950-951 acusado de conspiración. M. FIERRO, op. cit; 2012,
pp. 127-131.

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tralizada la administración y las instituciones del Estado. En ella hubo, además, es-
pacios consagrados al saber, a los libros, al estudio y a la enseñanza de los príncipes.
Carecemos, no obstante, de paralelos formales o tipológicos para identiicar esos
espacios puesto que las instituciones orientales más tempranas, como la Bayt al-Hik-
ma y el resto de los centros abbasíes consagrados a la recuperación y conservación
de los saberes de los Antiguos no han dejado rastro material. Al igual que en Bagdad,
también existió una “Casa del Saber” en El Cairo, fundada por los califas fatimíes, de
cuya biblioteca sí se ha conservado una descripción literaria 90.
Un posible indicio de la existencia de esos lugares destinados al conocimiento en
el palacio cordobés pudiera ser la reutilización de relieves y esculturas antiguas con
temática pagana. Dado que se trata de un fenómeno poco documentado en el resto
del mundo islámico en esas mismas fechas, su presencia en el conjunto de Madinat
al-Zahra’ no hace sino subrayar la originalidad y la vitalidad creativa de la sociedad
y la cultura andalusíes. 91
Al menos dos de las piezas seleccionadas para el palacio califal son sarcófagos con
escenas de musas y ilósofos, de maestros leyendo o enseñando a los pupilos, rodea-
dos de libros y ataviados a la manera inequívoca de los antiguos. El signiicado de
este tipo de representaciones se vincula a un deseo de exaltar al difunto como hombre
cultivado y sabio, en la medida en que la Sabiduría y el camino para llegar a ella, a
través del Conocimiento, elevan al hombre sobre sí mismo y lo acercan a la divinidad
y a la inmortalidad. El difunto o difunta aparece rodeado de musas y de ilósofos
(Homero, Pitágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles), asistiendo como discípulo a una
de sus clases o bien ejerciendo él mismo de maestro o paedagogus. Las nueve musas,
por su parte, hijas de Zeus y Mnemosine, “son personiicaciones de todos los cono-
cimientos capaces de ennoblecer el alma, de puriicarla en una especie de katharsis
espiritual para acceder al cosmos y la sabiduría única”, resume A. García y Bellido 92.
Los difuntos sostienen asimismo un volumen, una alusión al Saber y a la Ciencia pero
también a su estatus social elevado, pues sólo la burguesía y la aristocracia romanas
habían recibido una educación tan reinada. Se produce una heroización de los difun-
tos a través del Saber.
Según Paul Zanker, esa imagen de musas y ilósofos se mantuvo en la Antigüedad
Tardía, tras la llegada del Cristianismo 93. Para los últimos paganos, en los siglos IV
y V, los ilósofos antiguos, al igual que las propias musas, eran modelos de sabiduría
y fuentes de inspiración, de ahí la presencia de sus retratos en las escuelas ilosóicas
90 Descripción transmitida por al-Maqrizi: M. J. RUBIERA, La arquitectura en la literatura árabe,
Madrid, 1988, p. 75; H. HALM, The Fatimids and their traditions of learning, London-Nueva York, 1997,
pp. 72-73.
91 B. FINSTER, “Die Verwendung von Spolien in umayyadiseher Zeit”, en T. G. Schattner, y F. Valdés
(eds.), Spolien im Umkreis der Macht / Spolia en el entorno del poder, Actas del Coloquio en Toledo (2006),
Madrid-Toledo, 2009, 273- 286.
92 A. GARCÍA Y BELLIDO, op. cit; 1959, pp. 26-30; J. M. NOGUERA CELDRÁN, op. cit; 1992-1993,
p. 307.
93 P. ZANKER, The Mask of Socrates: The Image of the Intellectual in Antiquity, Berkeley, 1995, pp.
307-330; G. FOWDEN, “The Pagan Holy Man in Late Antique Society”, The Journal of Hellenic Studies,
102 (1982), pp. 33-59.

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y en otros espacios dedicados al estudio y la enseñanza. Los sabios comenzaban a


suplantar a los dioses, eran objeto de una devoción casi religiosa, transformándose en
“hombres santos”. En la escuela ilosóica de Asclepiodotos en Afrodisias (Turquía),
activa en los siglos IV y V, la exedra del peristilo se decoró con una galería de retratos
de ilósofos antiguos, a los cuales se sumó Alejandro Magno y alguna de las musas 94.
En deinitiva, la sabiduría es fruto de la inspiración divina y se convierte en un medio
para alcanzar a Dios, razón por la que los primeros cristianos también representan a
Cristo como ilósofo y maestro 95.
La reutilización de sarcófagos romanos por parte de la corte cordobesa pudo res-
ponder al deseo mismo de introducir una referencia visual a la Antigüedad Clásica
en un ambiente donde una fuente principal de conocimientos eran precisamente los
textos grecolatinos traducidos al árabe. Los sarcófagos pierden su valor como imá-
genes funerarias para convertirse en alegorías del Saber de los Antiguos. En ambos
casos, se trata de “citas”, visuales y textuales, de un pasado que ya en el siglo IX los
musulmanes habían reclamado como propio y que ahora también servía a los Omeyas
andalusíes para legitimar su ascensión al Califato 96. En ese ambiente, las iguras de
musas y ilósofos de la Antigüedad podían servir de inspiración y de modelo, incluso
de protección, si se colocaban en espacios dedicados a la docencia, al cultivo de las
artes, al ejercicio de las ciencias o a la conservación de los saberes (ig. 13).
Son numerosos los textos que demuestran que las iguras de los ilósofos y de los
héroes clásicos no sólo eran sobradamente conocidas en al-Andalus sino que consti-
tuían un referente entre las élites más instruidas de época de al-Hakam II. Son para-
digmáticos los casos de Alejandro Magno y de su instructor y consejero, el ilósofo
Aristóteles.
En Oriente, el califa Hisam b. ‘Abd al-Malik (724-743) había impulsado la traduc-
ción al árabe de una novela epistolar griega atribuida a Aristóteles, pero escrita en
el siglo VI seguramente en una de las últimas escuelas ilosóicas del Helenismo 97.
La obra, cuya traducción se atribuye al secretario del califa Salim Abu-l-‘Ala’, se
titulaba Cartas de Aristóteles a Alejandro y contenía la supuesta correspondencia
entre ambos, con consejos morales y políticos del ilósofo. En esa primera traduc-
ción árabe de las epístolas se introdujeron consejos derivados de la tradición política
persa-sasánida, asumida en parte por el Estado omeya. Más tarde, se amplió el texto
con enseñanzas enciclopédicas tipo adab (en el Sirr al-asrar) y con conocimientos
de carácter esotérico (Ijwan al-Safa’) que más tarde habrían de darles la fama en su
traducción al latín 98. Las distintas versiones de aquellas cartas, al igual que la obra
original, sirvieron como “espejo de príncipes” en Oriente y más tarde en Occidente.
94 R. R. R. SMITH, “Late Roman Philosopher Portraits from Aphrodisias”, The Journal of Roman Studies,
80 (1990), pp. 127-155; P. ZANKER, op. cit; 1995, pp. 311-314; L. M. STIRLING, op. cit, 2005, pp. 205-227.
95 P. ZANKER, op. cit; 1995, pp. 289-307.
96 D. GUTAS, op. cit; 1998, pp. 88-95.
97 M. GRIGNASCHI, “Les ‘Rasa’il’Aristatalisa ila-l-iskandar’ de Salim Abu-l-‘Ala et l’activité culturelle
à l’époque omeyyade”, Bulletin d’Études Orientales, 19 (1965-1966), pp. 7-83.
98 Ibídem, “Remarques sur la formation et l´interprétation du ‘Sirr al-asrar’”, W. F. RYAN y C. B.
SCHMITT (eds.), Pseudo-Aristotle. The Secret of Secrets. Sources and Inluences, London, 1982, pp. 3-7.

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Fig. 13. Laterales (derecho e izquierdo) del sarcófago de la Puerta del Hades
con imágenes de ilósofos y libros (uolummina).

La importancia de las enseñanzas aristotélicas para ejercer un buen gobierno queda


evidenciada en el sueño que tuvo el califa al-Ma’mun, quien vio en sueños a Aristóte-
les sentado en una asamblea de ilósofos. Esta historia es transmitida por varias fuen-
tes árabes, entre ellas el Fihrist de Ibn al-Nadim (s. X) 99. Al relato del sueño sigue una
anécdota reveladora: un cortesano elogia la sabiduría del califa comparándole con los
sabios griegos, entre ellos Galeno y Hermes Trimegisto.
También la igura de Alejandro Magno, conocido como Du l-Qarnayn, está muy
presente en la tradición cultural árabe y en el Islam. En el Corán (18, 83-98) se le
asigna un papel central en el impulso del conocimiento del Dios único y, por tanto,
en la difusión del Monoteísmo 100. Para los primeros califas, Alejandro constituía un

99 IBN AL-NADIM (m. 995/998), The Fihrist of al-Nadim. A Tenth-Century Survey of Muslim Culture,
B. DODGE, (ed. y trad.), W. T. H. JACKSON (introducción), Nueva York y Londres, 1970, pp. 594-606; D.
GUTAS, op.cit; 1998, pp. 95-104.
100 M. GRIGNASCHI, “La igure d’Alexandre chez les Arabes et sa genèse”, Arabic Sciences and
Philosophy, 3 (1993), pp. 205-234; D. de SMET, “Dhu l-Qarnayn”, Dictionnaire du Coran, Paris, 2007, pp.

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modelo de equidad y de justicia, era considerado el soberano universal, un ejemplo


a seguir.
Existen numerosos indicios que documentan la llegada de los escritos pseudo-aris-
totélicos mencionados a al-Andalus. Estos textos ilosóicos iguraban sin duda entre
las incontables obras antiguas, en griego, latín o traducidas al árabe, que se recibie-
ron a lo largo del siglo X. Autores vinculados a la corte como Ibn ‘Abd Rabbihi (m.
328/940) e Ibn Yulyul (m. después de 384/994) hacen referencia en sus escritos a las
enseñanzas contenidas en las diferentes versiones de las epístolas ejemplarizantes, lo
que hace sospechar su uso en la educación de los príncipes 101. Las menciona, asimis-
mo, Sa‘id al-Andalusi (m. 462/1070) en su Historia de las Ciencias, donde expone de
forma pormenorizada la introducción y el desarrollo de los conocimientos cientíicos
y ilosóicos en al-Andalus en el siglo X. Para Sa‘id, Aristóteles “fue el príncipe de
los ilósofos y el compendio de las virtudes de los hombres de ciencia”, y añade que
fue preceptor de los siete hijos de Filipo de Macedonia, incluido Alejandro, a quien
“enseñaba la ilosofía y las disciplinas del ‘quadrivium’” y después “le dirigió a nu-
merosas y magníicas epístolas” 102.
En deinitiva, creemos que la presencia de sarcófagos y estatuas romanas en el
palacio de Madinat al-Zahra’ debe vincularse a este ambiente ilustrado de la corte de
‘Abd al-Rahman III (300/912- 350/961) y al-Hakam II (350/961-366/ 976) y a una
serie de espacios consagrados al conocimiento donde dichas imágenes eran perfec-
tamente asumibles como referencias a la Antigüedad Clásica y donde su signiicado
debía ser comprendido en gran medida.

218-221.“Gracias a este monarca se desterró el politeísmo de Grecia”, según dice Sa‘id al-Andalusi en sus
Tabaqat, trad. E. LLAVERO, op. cit; pp. 79 y 87.
101 IBN ‘ABD RABBIHI, Kitab al-‘Iqd al-Farid. The Unique Necklace, I. J. BOULLATA (trad.), Reading,
vol, I, 2007; vol. II, 2009; IBN ŶULŶUL, Tabaqat al-Atibba’ wa-l-hukama’, FU’AD SAYYID (ed. y estudio),
El Cairo, 1955;. J. VERNET, “Los médicos andaluces en el ‘Libro de las Generaciones de Médicos’ de Ibn
Ŷulŷul”, Anuario de Estudios Medievales, 5 (1968), pp. 455-463.
102 ŞA‘ID AL-ANDALUSI, op. cit; trad. E. Llavero, pp. 80-81, 97; ŞA‘ID AL-ANDALUSI, trad. R.
Blachère, op.cit., pp. 67-68 (fragmento conservado en la Ihata de Ibn al-Jatib). trad. E. Llavero, pp. 87-88.

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