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Francisco Beristain Bravo*

Capulac-Concepción revisitado

Resumen: El presente trabajo trata sobre el juego de pelota de Capulac-Concepción (P-211),


excavado en 1975 por el grupo del profesor Ángel García Cook (PAPT-FAIC), construido entre
el 600-300 a.C., durante la fase Texoloc de Valle en pleno apogeo ocupacional del sitio. Hasta el
momento se trata del juego de pelota más antiguo detectado en el Altiplano central de México.
Enterados de la sorprendente noticia sobre su desaparición, intentamos reconstruir los hechos
que derivaron en un turbio proceso de “urbanización” por parte de una organización de colonos que
arrasaron los vestigios arqueológicos, ante la gestión displicente de las autoridades responsables
de su custodia.
Palabras clave: juego de pelota, perfil interior de planos, periodo Formativo, dinámica de la
práctica.

Abstract: This work is about the ballcourt in Capulac-Concepcion (P-211), excavated in 1975 by
the group studying with Professor Ángel García Cook (PAPT/FAIC) and built between 600–300
BC during the Texoloc Valley phase during the peak occupation of the site. It is the oldest ballcourt
found to date in the Central Highlands of Mexico. Given the startling news of its disappearance,
we tried to reconstruct the events that led to a murky process of “urbanization” by an organization
of residents that did away with the archaeological remains, given indifferent management on the
part of the authorities responsible for its safekeeping.
Key words: ballcourt, flat inner profile, Formative period, dynamic practice.

Ubicación

El sitio Capulac-Concepción (P-211), municipio de Amozoc de Mota, Puebla,


se localiza geográficamente en las Coordenadas UTM 601010 m E y 2108010 m
N (inegi, 1984: carta topográfica, Datum NAD27) (fig. 1), con una altitud de
entre 2340 y 2390 msnm. El sitio arqueológico se emplaza 2 km al N de la ca-
becera municipal, limita al NO con el Cerro Capulac, que resguarda el casco de
la Hacienda Las Vegas; el lugar se conoce localmente como San Miguel Cuau-
htenco, quizá el topónimo de la Barranca del Águila que bordea por el N el
asentamiento (fig. 2).
Conocido localmente como Las Vegas II (Nickel), aparece listado con el títu-
lo de Cerro Nogal (Catálogo arqueológico y etnohistórico, en Tschohl et al. 1977,
II: 554, 1.1, 4.2, croquis). El sitio Cerro de las Vegas (añadido Cerro Nogal), fue
recorrido por el grupo del papt/faic el 1 de octubre de 1974 (García Cook et al.,
Cédula P-211). Por su parte, Fowler et al. (1980: 21-26, fig. 3.4; 1975: fig. 1) emplea
ambas denominaciones enunciándolo como Las Vegas-Cerro Nogal, 34-4, o bien
N-Cerro Nogal at las Vegas, aunque considero que el binomio induce a error.

* Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos, inah.


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 Fig.1 Sitio Capulac-Concepción (P-211). Localización geográfica (inegi, 1984: carta topográfica).

Precourt (1983: 619-622, mapa 30) sigue la termi- del rpmza/inah (1977: vol. 21, t. I, libro 15, foja 1,
nología de Cerro Nogal 34-4, y es la clasificación no. de reg. 1, loc. 22). En el trascurso del Proyec-
de uso generalizado. En otras primeras publica- to Atlas Arqueológico Nacional (paan) quedó
ciones García Cook (1974: 87, fotos 1, 2; 1983: 4, registrado con la clave E14B43-21-071, aunque sin
fig. 3) lo denomina P-211, Capulac-Concepción, cédula (Solanes, 1988: Carta Maestra).
siendo más bien un apelativo regional. También
se le conoce como Grupo Amozoc o Grupo del
Sitio Las Vegas, para describir un conjunto que Los juegos de pelota más antiguos
integra al menos cuatro sitios de diversa jerarquía
y función (Fowler et al., 1975: 7, 8, fig. 3) (fig. 3). Enclavado en la región del Soconusco, costa del
El sitio Cerro de las Vegas quedó inscrito por Os- Pacífico en Chiapas, Paso de la Amada se devela
car Aguirre en la Cédula de la Sección Inmuebles como el juego de pelota más antiguo hasta ahora
 Fig.2 Vista general del sitio Capulac-Concepción desde la cima del Cerro Las Vegas. De la Iglesia aledaña al casco de la hacienda se desprende en
línea recta la calle que conduce hasta el juego de pelota, hacia la derecha el conjunto de monumentos sobre el Cerro Nogal, y al fondo el Serrijón de
Amozoc (Beristain et al., 1998: fotos 29-30).
Capulac-Concepción revisitado
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explorado. En efecto, en 1995, Warren Hill, Mi- En el salvamento arqueológico de Presa La


chael Blake y John Clark excavaron una cancha Angostura (1971), que afectó el Alto Grijalva,
muy sencilla de 80 m de largo entre dos platafor- Chiapas, se excavaron algunos de los juegos de
mas laterales y tan sólo 35 cm de alto (Hill et al., pelota más antiguos de que se tenga noticia:
1998: 878, fig. 1b). Las canchas más tempranas Finca Acapulco, San Mateo y El Vergel, los dos
del Preclásico se clasifican como tipo 0, el cual primeros construidos durante la fase Escalera
consta solamente de una cancha abierta entre dos (Chiapa III), a partir de 700 a.C. De acuerdo con
estructuras laterales con un ligero talud, hechas Gareth Lowe (1989: 364, Plano) estos asentamien-
de tierra, como el caso aquí descrito. Es probable tos fueron habitados por “olmecas tardíos” que
que esta cancha haya sido construida entre 1400 hablaban lenguas zoqueanas y se mezclaron con
y 1250 a.C., unos cinco siglos antes que las can- los mayas en su frontera oriental. En general, des-
chas ya conocidas de El Ujuxté y Abaj Takalik, conocemos las características formales de estas
en la costa del Pacífico de Guatemala (Taladoire, estructuras, aunque algunos datos sueltos han sido
2000: 22, 24-26). publicados; por ejemplo, el perfil interior de San
Hasta el momento, la evidencia arqueológica Mateo consiste en una banqueta horizontal y un
sobre la existencia de estructuras de juego de pe- paramento inclinado que presenta escalonamien-
lota en el área nuclear olmeca es altamente espe- to con la finalidad de brindar mayor resistencia al
culativa. La presunta cancha emplazada al SE del aplanado de barro aplicado sobre la superficie
Grupo Stirling en La Venta, Tabasco, fechada (Jesús Mora, comunicación personal, 1976), tam-
hacia 760 a.C. (Wyshak et al., 1971: 650), ha sido bién se descubrieron unas piedras circulares re-
cuestionada por González Lauck (2008, II: 402), cubiertas con una gruesa capa de barro, las cuales
quien considera un escenario de información frag- guardan relación con el marcador central de
mentaria y apunta que “[...] se excavó un par de piedra caliza (Gussinyer, 1972: 10-11), mientras
montículos paralelos, pero no se encontró algún el de Acapulco tiene su paramento vertical y la
rasgo que pudiera considerarse específicamente planta tipo parcialmente cerrado (Beristain, 1983:
como de un juego de pelota (Heizer, 1971: 51) y 212-213, notas 5-10).
un par de pequeños montículos paralelos encima De acuerdo con García Cook, tres son las can-
de la ‘Acrópolis’ Stirling no han sido sujetos a chas más antiguas conocidas para Cantona, Pue-
excavación”. bla, que todavía quedan en pie; corresponden a
Una situación similar atañe la supuesta estruc- la sola cancha aislada y se conocen con los núme­
tura de juego de pelota procedente de San Loren- ros 19, 10 y 11: la más temprana (400-350 a.C.)
zo, Veracruz, donde su función aún es materia de en propiedad particular; y las otras dos en terrenos
debate. En opinión de Coe y Diehl, las excavacio- pro­piedad del inah (2013: 129, nota 2, 133).
nes realizadas en 1967 en el recinto central y en Algunos especialistas comparten la idea de que
la Palangana (un complejo que semeja un juego los antiguos olmecas desconocían la práctica del
de pelota construido como una extensión de C3-2) juego de pelota, no así la presencia de canchas en
sugieren que la fase Palangana bien podría ser una sitios donde se manifiesta fuertemente su influen-
réplica del Complejo A de La Venta (1980, I: 28, cia, por ejemplo en San José Mogote, Oaxaca.
fig. 12), los autores también reportan otros mon- Durante la fase Monte Albán II, ése fue el centro
tículos que pudieron formar un complejo de juego administrativo secundario más importante en la
de pelota al interior del Grupo B (1980, I: 29, fig. región de Etla, la plaza principal de 300 x 150 m
13). Datos de campo inconexos indujeron entonces soportó una serie de templos, el juego de pelota y
la hipótesis de una cancha para la fase Palangana un palacio, traza que refleja en menor propor-
(600-400 a.C.) (Wyshak et al., 1971: 650), aunque ción la que se encuentra en la capital de Monte
el prototipo no es aceptado unánimemente (Leye- Albán (Flannery y Marcus, 1983: 111-113, fig. 4.19).
nar y Parsons, 1988: 26; ocupación del sitio en En este periodo (200 a.C.-250 d.C.) los centros
González Lauck, 1994, I: 293, nota 66). administrativos locales presentan una mayor
autonomía en el desempeño de sus funciones,
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Capulac-Concepción revisitado

ocupando rangos bien definidos dentro de la je- especial en el monumento 27 de El Baúl, Guate-
rarquía regional (Wieshew, 1994, I: 342; Fernán- mala (Leyenar y Parsons, 1988: 30).
dez y Hueda, 2008, II: 579, fig. 10). Son las figurillas de barro el testimonio más
Otra estructura temprana que debemos men- antiguo que permite inferir la presencia del juego
cionar es el estrato 1 del juego de pelota de Mon- de pelota en la cuenca de México, se remontan al
te Albán, Oaxaca, muy similar a la estructura periodo Formativo temprano y medio, y proce-
que lo cubrió (Jorge R. Acosta, comunicación per- den de Tlapacoya (ca. 1200-500 a.C.), Tlatilco
sonal). La cronología asignada a la construcción (ca. 1000-500 a.C.) (ibidem: 153, 154, figs. 2-4,
de la subestructura es la segunda mitad de la Catálogo), Ticomán, y la reportada por Matos en
fase Monte Albán II o primeros siglos de la era el Museo de Cuicuilco.
cristiana (Clune, 1963: 19; Flannery y Marcus,
1983: 113).
En este tenor, otra modalidad que da testimo- Patrón de asentamiento del sitio
nio de la práctica son las figurillas de jugadores P-211
reportadas por Arturo Oliveros (1992: 46, 47):
fueron depositadas en las tumbas de tiro de Una tendencia manifiesta es que los sitios más
El Opeño, Michoacán, ostentan un bastón o ma- grandes están compuestos de grupos de montícu-
zo usado para golpear la pelota y protectores los y plaza. Están próximos uno del otro y se dis-
de rodilla, las cuales se remontan a 1500 a.C. De tribuyen uniformemente a través del piso del valle
considerable antigüedad son los materiales recu- o sobre las colinas volcánicas; de hecho, el reco-
perados en el Cerro El Manatí, Veracruz, donde rrido del PPP apoya la idea de pequeñas “zonas
el equipo de Ponciano Ortiz halló una ofrenda vacantes” entre sitios preclásicos mayores, carac-
consistente en esculturas de madera y unas ma­ terísticas compartidas por San Mateo, Xocotzin-
dejas de hule o pelotas, que datan de 1200 a.C. go, Amozoc y Las Vegas (Fowler et al., 1975: 2;
(Ortiz et al., 1992: 62-65). Por su parte, Michael Precourt, 1983: Apéndice F, Catálogo de sitios
Coe identificó algunas figurillas de San Loren- 33-50, 34-1, 34-4 y 34-7). En general, los ras-
zo, Veracruz —como la representación de ju­ gos arquitectónicos que conforman un sitio son:
gadores—, cuya data estableció entre 1150 y montículos, plataformas, terrazas y colinas arti­-
900 a.C. fi­cialmente niveladas. Los montículos pueden ser
En Dainzú, Oaxaca, se descubrieron una serie clasificados —de acuerdo con su escala— en
de lápidas de piedra talladas en bajo relieve con habitacional, residencial o cívico-ceremonial
la representación de jugadores de pelota. Las lá- (Precourt, 1983: 122).
pidas estaban colocadas al pie del montículo prin- Dentro de la categoría plataformas se conside-
cipal (Conjunto A). Los materiales asociados ran residenciales o cívico-ceremoniales de acuer-
corresponden a la primera fase de ocupación do con las estructuras que sostienen. La nivelación
(Monte Albán Ib, alrededor de los siglos v y iii intencional de colinas y la construcción de terra-
a.C.) (Bernal y Oliveros, 1988: 51; Oliveros 1992: zas no-agrícolas fueron evaluadas regularmente
45). El análisis formal de los personajes repre­ como cívico-ceremoniales porque estuvieron in-
sentados muestra la presencia de un “guante” variablemente asociadas con arquitectura comple-
que sirve de protección al antebrazo, con el cual ja a gran escala; sin embargo, cabe la posibilidad
se tomaba, golpeaba o lanzaba la pelota. Se infiere de que hayan sido de elite-residenciales. La línea de
que la práctica se realizaba en un espacio abierto argumentación se apoya en la evidencia recupe-
formalmente delimitado. Con claridad se perciben rada por Gerald Cone en la tercera terraza bajo la
ciertos aspectos relativos a la práctica y al sacri- cima de Cerro Nogal, donde un tronco cónico
ficio. Los yelmos característicos al parecer perso- asociado a una casa contenía docenas de figurillas
nifican jaguares, quizá la deidad tutelar del ritual. pertenecientes a las fases Nogal y Amalucan
Hay reminiscencia de dichos protectores de mano (Fowler et al., 1975: 16-19; citado en Precourt,
distribuidos a lo largo de la costa del Pacífico, en 1983: 122-123, 299-300, 619, mapa 30).
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ARQUEOLOGÍA 49 • septiembre-diciembre 2014

Recapitulando acerca de la jerarquía del sitio siguiendo con el modelo enunciado en Juan
34.4 (P-211) como un centro regional primario, Yadeun cuando refiere que estas plataformas tie-
encontramos que es el único ejemplo de este tipo nen por objeto restringir el acceso a un espacio
complejo de asentamiento en la meseta que con- sagrado.
tiene arquitectura muy elaborada. El inventario Con ánimo de no repetir lo ya publicado, sigo
de cultura material es el más variado de toda la textualmente la terminología empleada por Pre-
muestra, ya que presenta los artefactos más finos court (1983: 619, Apéndice F) (fig. 4):
y acabados, así como el mayor número de figuri-
llas. La variación en la densidad observada pro- El sitio se localiza en la cima, laderas y campos
bablemente refleja diferencias en la ocupación del alrededor del Cerro Nogal. Hay unos once elemen-
espacio, por ejemplo desde áreas residenciales tos arquitectónicos dentro del sitio (Mapa 30). El
hasta basureros. Los datos en conjunto parecen complejo sobre la cima de la colina se asienta en lo
indicar un esfuerzo coordinado de construcción, que parece ser una plataforma nivelada artificial-
orientado a las actividades cívicas o público-ce- mente. El complejo en sí se compone de un gran
remoniales mediante una institución que dirigió montículo (número 2) en la esquina sureste que da
la ejecución de las obras (Precourt, 1983: 262-264, a la plaza (número 11). La plaza está flanqueada en
mapas 19, 22, tabla 4). sus bordes norte y sur por los terraplenes muy bajos
Nuestro sitio Capulac-Concepción tiene un o encrestados (números 1 y 10). En estos terraplenes
patrón lineal con una extensión aproximada de existen varias zonas elevadas que podrían represen-
750 x 450 m (33 ha equivalentes a 337,500 m2) tar otros rasgos que ahora han sido nivelados (nú-
(García Cook, 1983: 4, fig. 3). Mientras Precourt meros 3 y 4). En los campos al pie norte del cerro
estima una superficie de 48.4 ha (1983: 262, 619, se encuentran cuatro montículos de varios tamaños
40 ha. en tabla 4), también se prevé una media de y formas y un juego de pelota abierto (números 5-9).
20 ha para estos sitios mayores (Fowler et al., Cuatro elementos adicionales probablemente repre-
1980: 85, 87). Como puede apreciarse en la car- sentan estructuras desmanteladas que fueron ma-
tografía disponible, los montículos arqueológicos peadas en estos mismos terrenos (números 12-15).
se extienden hasta el otro extremo de la Barranca Estas huellas eran fácilmente visibles en el suelo
del Águila. debido a su color distintivo, textura y forma, así
Para 1975, siguiendo las observaciones de Gar- como las concentraciones de artefactos… La dis-
cía Cook, el sitio no presentaba una apariencia tribución de éstos se presenta de moderada a muy
monumental: sólo se registraron siete estructuras densa. Los materiales se concentran en las partes
arquitectónicas con alturas que van de 1 a poco del norte y este de la colina porque todas las otras
más de 5 m, un conjunto de cimientos, dos am- áreas están altamente erosionadas.
plias plataformas —la que contiene el juego de
pelota y la localizada en la cima de una loma—,
Montículo principal (2)
además de tres amplias terrazas limitadas por
muros de contención. Es probable que durante la
El basamento mide 25 x 25 x 5 m, desplanta en la
ocupación del asentamiento hayan existido un
cima del Cerro Nogal, en asociación con otro
mayor número de estructuras elevadas, de las cua-
montículo alargado (3) delimita una gran plaza
les persisten los restos de por lo menos tres (Gar-
semi-abierta (11) en cuyo centro se hallaron dos
cía Cook, 1983: 4, fig. 3).
pequeños momoxtles, uno circular y otro rectan-
Existen alrededor de diez terrazas distribui-
gular (fig. 5).
das desde la cima de la loma hasta el borde de la
Barranca del Águila, y ocupan preferentemente
la ladera noreste del cerro siguiendo la pendien- Montículo alargado (3)
te natural del terreno (fig. 3). La sexta de arriba
hacia abajo es perimetral de la gran plaza y pue- Ubicado frente al montículo principal (2) sobre la
de ser considerada una barrera arquitectónica, cima de la loma, adopta en planta la forma de L,
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Capulac-Concepción revisitado

 Fig.3 Fotomapa. Grupo Amozoc o grupo del sitio Las Vegas (inegi, 1984: E14B43-F, curvas de nivel
a C/10 m; Fowler et al., 1975: fig. 3; 1980: figs. 2.1, 3.1).
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 Fig. 4 Cerro Nogal (Sitio 34-4). Croquis, clave: montículos (2-8); características del suelo (12-14); juego de
pelota (9); plaza (11); montículos de forma encrestada (1, 10); excavación Proyecto Puebla Preclásico
(pppe) (modificado de Precourt, 1983: mapa 30).
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Capulac-Concepción revisitado

pie del Cerro Nogal (cotejar topografía en Fowler


et al., 1980: fig. 3.4). Soporta cuatro montículos
de diferente forma y tamaño, incluido el juego de
pelota (5-7, 9), zona exterior de la plataforma S
cuyo patio central está hundido varios metros en
relación con el nivel de plaza. Como puede obser-
varse en los estereopares, hacia el costado ponien-
te de esta plataforma existe una serie de manchas
blancas y una compleja retícula de cimientos, que
evidencian ser depósitos ricos en vestigios arqueo-
lógicos (cotejar fig. 13).
 Fig. 5 Capulac-Concepción. Montículo principal, Desde la explanada en dirección NO se dis­
fachada N sobre la cima del cerro, hacia el frente tinguen siete viviendas modernas, más otras diez
está asociado con un basamento alargado donde ca­sas distribuidas sobre cuatro terraplenes en
desplantan cimientos o alineamiento de cuartos,
que cierran parcialmente una pequeña plaza de
la falda del Cerro Nogal, indicador del paulatino
acceso restringido, destacando dos pequeños pro­ce­so de expansión de la población al interior
momoxtles que presiden el centro del conjunto del área nuclear de monumentos arqueológicos
(Beristain et al., 1998: foto 20). (Beristain et al., 1998: fotos 6, 15, 9-10, mosaico)
(fig. 6).
con una dimensión aproximada de 100 x 40 x 4 m,
ocupa el borde N de la plataforma artificialmente
nivelada, la cual se encuentra abierta hacia sus Montículo (5)
costados S y O. Es significativo constatar la pre-
sencia de cimientos de cuartos distribuidos sobre Este montículo arqueológico se localiza en el ex-
la parte superior de este basamento, y que las hi- tremo SE de la gran plaza, justo frente a la cuarta
ladas de piedra estén aun perfectamente alineadas terraza al pie de monte. También se conoce como
(Beristain et al., 1998: fotos 21, 25). P-1 (en Tschohl et al., 1977, II: lám. 2, foto 18, que
data de 1965, croquis 4.2). La figura 7 muestra en
detalle la fachada poniente del edificio, ilustrado
Gran plaza en el mosaico de la figura 6. Por detrás de la estruc-
tura se percibe un fuerte desnivel donde corren las
Plataforma nivelada artificialmente (con cierto terrazas quinta y sexta que confluyen hacia el ca-
grado de inclinación) que se extiende por el N al bezal oriental del juego de pelota (fig. 13).

 Fig. 6 Vista general de la gran plaza. A la izquierda montículo arqueológico (P1), y del otro lado la cima del
cerro con el edificio principal enmontado. Entre la ladera fuertemente terraceada y la parte baja del sitio se
distribuyen al menos 10 casas modernas (Beristain et al., 1998: fotos 9-10; Tschohl et al., 1977, II: lám. 2,
foto 18, que data de 1965).
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ARQUEOLOGÍA 49 • septiembre-diciembre 2014

 Fig. 7 Montículo arqueológico, localizado hacia


el extremo SE de la gran plaza (cotejar fig. 6). Por  Fig. 9 Vista general del juego de pelota, desde la
detrás en fuerte desnivel corren las terrazas 5ª y zona superior de la plataforma N. A la izquierda
6ª que confluyen hacia el cabezal oriental del el patio central, ahora convertido en calle que
juego de pelota (Beristain, 1998: foto 5; Registro conduce a las ruinas de la Iglesia junto al casco
Fotográfico de 1975, en 1998: fig. 43, foto 1). de la Hacienda Las Vegas (Beristain et al., 1998:
foto 11, compárese con fig. 8, que data de 1975).

edificio 6. Divide el centro de la gran plaza del ex­


tremo poniente de la plataforma, sector que quizá
corresponda a otra unidad, a juzgar por los indi-
cadores observados en los estereopares, geome-
trías (cimientos) y manchas blancas en el suelo.

Montículo (8)

Enclavado hacia el extremo NO del sitio por de-


bajo de la gran plaza. A partir de esta estructu-
ra corre una barda perimetral que bordea la zona
 Fig. 8 Capulac-Concepción, juego de pelota,
exterior de la plataforma N del juego de pelo-
zona interior, patio central y plataforma N, al ta, delimitando una especie de plaza abierta hacia
fondo Hacienda Las Vegas (registro fotográfico La Barranquilla (o Barranca del Águila).
de 1975 en Beristain, 1998: 38, fig. 43, foto 3).

Montículo (6) El juego de pelota (9)

Situado al poniente de la gran plaza, justo al pie Hacia 1975 el terreno que nos ocupa era una pe-
del Cerro Nogal sobre la curva de nivel de 2 370 queña propiedad de la Hacienda Las Vegas, a nom­
msnm; está alineado con P-1 y ambos unidos por bre de Luis Orozco u Oropeza. Creo que la zona
el muro de contención de la cuarta terraza, que conservaba todavía su carácter rural y las plata-
sirve para delimitar la plaza a lo largo de su cos- formas presentaban una cubierta parcialmente
tado meridional. arbolada (García Cook, 1974: 85-91, fotos 1 y 2).
No obstante, es necesario mencionar que en el ínte­
rin del permiso para excavar la estructura hubo
Plataforma alargada (7) balazos, en tanto el grupo a cargo de García Cook
tuvo que refugiarse en los muros de contención
Pequeño montículo emplazado diagonalmente que bordean la zona exterior del cabezal oriental
entre el cabezal poniente del juego de pelota y el (compárense las figuras 8 y 13, estado de 1984).
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Capulac-Concepción revisitado

Ese mismo año, el equipo coordinado por Fe-


lipe Rodríguez Betancourt, el firmante y el cabo
Elías Nava Cruz (PAPT/FAIC), excavaron el jue-
go de pelota. En principio se hizo un levantamien-
to topográfico con plancheta, posteriormente se
abrió una cala de aproximación para definir el
perfil interior de la plataforma N, y un pozo de
sondeo de 2 x 2 m en el patio central, con la fina-
lidad de obtener una muestra de materiales para
su fechamiento. La cerámica y figurillas proce-
dentes del relleno fueron analizadas por Ma. Te-
resa Castillo Mangas, del entonces Departamento
de Salvamento Arqueológico del inah (1979). Los
resultados de este trabajo, de la seriación del ma-  Fig. 10 Programa arquitectónico seis planos (o
perfil compuesto): banqueta, talud y paramento
terial en superficie, así como de algunas figurillas remetido (véase fig. 11).
diagnósticas, fueron publicados originalmente en
Alemania y tuvieron, digámoslo así, poca difusión
(García Cook, 1983: 7-9, figs. 1, 5, 7), en tanto que todo incluir las 27 canchas reportadas para Can-
el análisis arquitectónico y su evolución en el Al- tona, Cuenca de Oriental, Puebla (fig. 11).
tiplano central quedaron a mi cargo (Beristain, Considero que la única toma que permite apre-
1983: lám. II, IV, cuadro 1; 1992). ciar la planta tipo cerrado proviene del cabezal
Las plataformas paralelas del juego de pelota oriente (con forma de T), donde aún queda testi-
miden 88 m de largo por 3.40 m de alto, y delimi- monio del cerramiento de los muros, particular-
tan un patio central o cancha de 11 m de ancho, mente en el sector colindante con la gran plaza
con una orientación general de 284° azimutales (Registro fotográfico de 1975 en Beristain, 1998:
(compárense las figuras 8 y 9, estado de 1975). fig. 43, foto 1, el ángulo de toma permite distin-
El perfil interior presenta un diseño atípico, con guir por detrás el emplazamiento del Montículo 5
un programa arquitectónico de seis planos, inte- o P1). Un error metodológico en la exploración
grado por una amplia banqueta, talud y paramento impidió reconocer plenamente el cabezal ponien-
remetido (García Cook, 2013: fig. 9; Beristain, te, donde la deposición es más fuerte (fig. 12); no
1983: cuadro II) (figura 10). obstante, por analogía se infiere la planta tipo ce-
En su magnífico catálogo de juegos de pelota, rrado (con forma de doble T), sobre todo si repa-
Eric Taladoire menciona incidentalmente Capu- ramos en la presencia de un muro que en forma
lac-Concepción. Quizá la falta de datos explica compuesta –diagonal al eje de la cancha y per-
por qué lo considera un Preclásico no clasificado pendicular a la misma– cierra también por el O
(1981: 280, entrada 59, 624, núm. 370 del Índice, dicha estructura. Entonces, si consideramos el
tablas 14 y 15, tipos). ancho de ambas zonas terminales la longitud total
A la distancia de haber sido enunciada la no- es de 112 m (García Cook, 1983: 6; 2013: 123;
ción de programas arquitectónicos, es vigente la Beristain, 1983, foto 4).
existencia de diversas tradiciones que pueden ser Durante una visita de inspección realizada
rastreadas históricamente y definen el desarrollo el 16 de marzo de 1998, observamos el deterioro
de la práctica (Beristain, 1983: lám. IV). Los pro- patente de los planos que configuran el perfil in-
totipos identificados son, en orden de aparición: terior de las plataformas paralelas. Es notorio que
el de seis planos; cuatro; dos; tres (en sus dos mo- en la plataforma S la deposición ha conservado en
dalidades), y uno, que en conjunto manifiestan la buen estado los vestigios arqueológicos, incluso
eclosión de estructuras por todo el Altiplano. Creo en la parte superior central parece haber existido
necesario ajustar la cronología del periodo Epi- otra plataforma baja sobre la cual se levantaba un
clásico (Xochicalco núm. 3, por ejemplo), y sobre templo u otra estructura de material perecedero,
82
ARQUEOLOGÍA 49 • septiembre-diciembre 2014

 Fig. 12 Juego de pelota, zona interior. Vista


general de la plataforma S y el patio central
convertido en calle, desde el extremo NO
(Beristain et al., 1998: foto 13).

práctica, el perfil interior compuesto, la planta tipo


cerrado, el posible marcador central, el empleo de
piedra bola y careada como material de construc-
ción, el recubrimiento de lodo y tepetate quema-
do, los apisonados sobre la banqueta y el patio
central, las construcciones en la zona superior y
el patio central, así como las construcciones en la
zona superior y exterior de las plataformas para-
lelas (Beristain, 1992: 105; Krickeberg, 1966). A
la lista, García Cook añade que se colocaron sen-
dos postes de madera en la parte central y pegados
al paramento de la banqueta en ambos lados de la
cancha, desconociéndose otros detalles formales
(García Cook, 2013: 123, 125).
 Fig. 11 Perfil interior de los planos. Juegos de En Cerro Nogal se muestrearon 145 coleccio-
pelota en el Altiplano central de México,
Formativo medio-Posclásico tardío (modificado nes de cerámica en superficie, que cubren 13% del
de Beristain, 1983: lám. IV, descripción formal de sitio, con concentraciones que van de moderadas
las estructuras en cuadro II). a muy densas (Precourt, 1983: 619). Siguiendo con
esta fuente, las cerámicas diagnósticas de la fase
en contraste con la plataforma N, donde a pesar Nogal son Nopal inciso; Las Vegas Blanco inciso;
de la diferencia de alturas, sólo se observa la pre- Las Vegas Negro inciso; Las Vegas Rojo/Café
sencia de una serie de cimientos (García Cook, inciso; Las Vegas Rojo/Blanco inciso; Las Vegas
1983: 6). También notamos trabajo de nivelación Rojo/Blanco; Las Vegas Rojo inciso (figs. 4, a, c-e,
reciente, acarreo de piedra para construcción, y f, g; 5, a-c, d, e, f). Para la fase Amalucan: Las
un fuerte saqueo que ha expuesto el núcleo del Vegas Café inciso (figura 6, a, b) (véase Apéndice
edificio en algunas secciones. C, pp: 474-555, tipología, tablas 11, 12; otras ilus-
En el transcurso de la excavación se hizo evi- traciones en Fowler et al., 1980: figs. 7.1-7.6; Gar-
dente que desde fechas tempranas habían apare- cía Cook, 2013: fig. 10).
cido algunos elementos formales típicos de las En nuestro sitio se cuenta con la presencia de
estructuras posteriores para el juego de pelota. figurillas de los tipos C10, CI, E, F, I, EH y G, y
Entre ello podemos citar la delimitación median- con un hallazgo relevante: la representación de un
te edificios del espacio en que se desarrolla la jugador de pelota recuperado en la parte central
83
Capulac-Concepción revisitado

interna durante la exploración (García Cook, to del Bloque Tlaxcala como del valle poblano,
1983: 9-10; 2013: fig, 11). Frecuentemente se asu- remito al lector a su consulta (Cultura y Sociedad,
me que las figurillas están ligadas a actividades 1974: 85-91, fotos 1-2).
domésticas o familiares “de culto”; sin embargo, en Por todo lo anterior, la erección del juego de
la meseta presentan alto grado de aleatoriedad, pelota tuvo que ser efectuada durante el apogeo
en este contexto el sitio 34-4 contiene 17 veces ocupacional del sitio: 600-300 a.C. y no más tar-
más el número de figurillas que las encontradas de. En un plan más conservador, la construcción
en la siguiente comunidad mayor, esta distribu- se llevaría a cabo al final del apogeo del asenta-
ción parece reflejar deposición de figurillas pro- miento, hacia 300 a.C., momento correspondien-
ducto de almacenamiento o desecho, y no de uso te al auge de la frecuencia cerámica obtenida en
(Precourt, 1983: 273, cuadro 10, lista de tipos en la excavación de la estructura. Por tanto, la cons-
pp. 248-249; Tschohl et al., 1977: II: 557, lám. 1, trucción tuvo que haberse llevado a cabo durante
dibujos 1-20). la primera parte de la fase Tezoquipan de Valle,
Queda pendiente describir la manufactura in alrededor del 300 a.C. o antes, pero no después,
situ de artefactos de pedernal y la red hidráulica y su utilización correspondería a partir de ese mo-
de la región, por no disponer de espacio suficiente. mento hasta el inicio de nuestra era (García Cook,
1983: 9, figs. 1, 7). Como veremos adelante, los
especialistas que han investigado la región llega-
Cronología del juego de pelota ron a una apreciación similar.
La periodización establecida por Precourt
La cronología del sitio es incierta. Las muestras (1983: 111, 359, tabla 3) es la columna vertebral
de radiocarbono procedentes del pozo de sondeo del desarrollo cultural para el área base de sus
y del cabezal E no reflejan la temporalidad de la estudios, en la meseta poblana. Para la fase Nogal
estructura. Sabemos que la ocupación del sitio se (Preclásico temprano-medio, 1150-300 a.C.) se
inició desde la parte temprana de la fase cultural cuenta con 27 ocupaciones, mientras para la fase
Tlatempa de Valle (1200 a.n.e.) y se va incremen- Amalucan (Preclásico tardío, 300 a.C.-150 d.C.)
tando a través del tiempo, hasta observarse un la cifra se incrementa a 38 ocupaciones.
máximo ocupacional durante la mitad de Texoloc Debido a la larga historia ocupacional del sitio
de Valle (600 a.n.e.). Se mantiene este apogeo, 34-4, resulta difícil datar los once edificios en pie,
aunque declinando ligeramente, hasta principios aun cuando es posible que la mayoría de ellos pro-
de la cultura Tezoquipan de Valle (300 a.n.e.), cedan de la etapa intermedia y final de la fase
cuando se da una desocupación más acentuada Nogal (Precourt, 1983: 263, tabla 3). Es conve-
que concluye hacia 100 a.n.e., correspondiente a niente cotejar la secuencia cronológica propuesta
la transición de Tezoquipan de Valle y el inicio por el ppp, observamos que las fases Amalucan I
de la cultura Cholula (García Cook, 1983: 9, y II (Altiplano IV y V, Congreso de Americanis-
fig. 7). tas), fechadas hacia 500-100 a.C., son contempo-
Seguimos la periodización propuesta por Gar- ráneas a la parte final de la fase Texoloc y a la
cía Cook para el valle poblano, que por derecho inicial de Tezoquipan, respectivamente. El patrón
propio se constituye como un área cultural defi- general de grandes centros regionales y sus villas
nida; de tal manera nos interesa rastrear el desa- y aldeas dependientes parecen indicar la conti-
rrollo respectivo de las fases Texoloc de Valle nuación del sistema de unidades socio-políticas
(800-300 a.C.), y Tezoquipan de Valle (300 a.C.- auto-suficientes. Sin embargo, el número original
100 d.C.) (García Cook, 1976: figs. 19, 28; también de tres de semejantes agrupamientos registrado
pp. 26-35, t. III, 36-49, t. IV, 45-46, Tezoquipan previamente se ha incrementado a seis (Fowler
de Valle, 40, 41, lista de “Pueblos-Estados” o Pe- et al., 1980: 87, fig. 8.2, la simbología señala la
queños Estados Teocráticos, incluido P-211, fig. categoría Pueblo).
25). En la revista Cultura y Sociedad aparece una Siguiendo a Precourt (1983: 272, mapa 19), du-
síntesis muy completa de la fase Tezoquipan, tan- rante la fase Nogal tardío (Preclásico medio, 650-
84
ARQUEOLOGÍA 49 • septiembre-diciembre 2014

300 a.C.), el sitio fue por antonomasia un centro trabajo se habían localizado 657 sitios arqueoló-
regional primario: gicos correspondientes a 1 528 asentamientos dife­
rentes, en un área cercana a 4 500 km2. Siete meses
[…] la presencia de un juego de pelota en 34-4 au- después con los recorridos de área del pant, la
nado a sus múltiples terrazas, estructuras y colinas cifra se incrementó a 717 sitios y 1 677 ocupaciones
reacondicionadas, sugiere la importancia de este distintas (García Cook, 1976a, 1: 69, nota). Tam-
asentamiento sobre todos los demás. El lideraz- bién, para 1974 las investigaciones condu­cidas por
go asentado aquí probablemente controló o admi- el papt habían afinado los elementos culturales
nistró la operación del sistema de distribución de que caracteriza a cada una de las fases estableci-
agua. La cerámica del 34-4 también indica la pre- das para la región, fijando además sus lí­­mites geo-
sencia de una clase de residentes de “elite”, aunque gráficos, donde se distinguen cuatro tra­diciones
también hay abundante evidencia de vasijas utilita- culturales diferentes: Bloque Tlaxcala, Valle Po-
rias. La excavación de una de las terrazas del 34-4, blano, Oeste de Tlaxcala y Norte de Tlaxcala
ya descrita, demostró su naturaleza residencial […] (García Cook, 1976: fig. 2; 1983: 1, 2, nota 3).
debido a su asociación con arquitectura compleja, Durante el recorrido de área del Proyecto Pue-
tales terrazas fueron posiblemente asiento para bla Preclásico (ppp), a cargo de Melvin L. Fowler,
construcciones de la “elite”. auspiciado por la Universidad de Wisconsin en
1975 y 1977, se localizaron 170 sitios arqueológi-
Para la fase Amalucan (300 a.C.-150 d.C.) la cos, contribuyendo además con la excavación de
presencia del juego de pelota sugiere que el sitio cuatro asentamientos mayores: Manzanilla, Cerro
continuó administrando y ejerciendo su poder en Nogal, Cerro Amalucan y el sitio Amalucan, los
la microrregión como un centro regional primario, tres primeros explorados en 1975 y el último en
sin embargo, segmentos de esta jerarquía directriz 1963 (Fowler et al. 1975; 1980: 13-14, 76, figs. 2.1
fueron ocupados por los centros regionales secun- A, H, B, B, 3.1). Cabe destacar que el mapa foto-
darios (33-50, San Mateo, y 34-1, Xocotzingo) los gramétrico de Cerro Nogal fue levantado escala
cuales —junto con el sitio 34-4— formaron el 1: 2000 con curvas de nivel a cada metro, y es sin
núcleo del sistema sociocultural que rigió el des- duda el más detallado en su género (Fowler et al.,
tino de la meseta (Precourt, 1983: 300-301, 306- 1975: 7, 8; 1980: fig. 3.4).
307, mapa 22). El Proyecto de la Meseta Poblana conducido
En efecto, durante el Preclásico tardío o fase por Prudence S. Precourt (1977) en un área adya-
Amalucan “las actividades religiosas parecen ha- cente al ppp y cercana al municipio de Amozoc,
berse centrado sobre el sitio 34-4 como es suge- registró cerca de 50 sitios correspondientes a 118
rido por la presencia de un juego de pelota y un ocupaciones (1983: 359, Conclusiones, mapas 1,
gran complejo cívico-ceremonial arquitectóni­ 2, 48 sitios en p. 111).
camente planeado. Sin duda, el juego de pelota
atrajo participantes y espectadores de fuera pro-
piamente de la Meseta, dado que parece haber El principio del fin
sido el único del área durante ese tiempo” (Pre-
court, 1983: 307, 299). Ante el avance incontrolable de la lotificación,
y al hecho que se habían ya edificado 25 viviendas
al interior de la zona nuclear de monumentos, sur-
Antecedentes de investigación gió la necesidad de presentar ante la Dirección de
Registro del inah una poligonal más bien ajusta-
El Proyecto Arqueológico Puebla Tlaxcala, patro- da para librar las estructuras principales. Deri­
cinado por la Fundación Alemana para la Inves- vado del trabajo de foto interpretación y de los
tigación Científica (papt/faic), fue dirigido por Informes consultados, propuse en febrero de 1998
Ángel García Cook entre 1972-1975. Desde fina- levantar un plano de delimitación con el siguien-
les de 1974, transcurridos treinta meses de intenso te trazo (fig. 13): la poligonal envolvente comien-
85
Capulac-Concepción revisitado

Carraro y Elisa Pérez Alemán (Cen-


tro inah-Puebla), documentando
con fotografías el estado material
en que se encontraban los monu-
mentos. En el juego de pelota se
habían asentado varias viviendas
sobre las plataformas paralelas, y
el patio central funcionaba ya
como una calle de intenso tráfico.
Era notorio el grado de deterioro
y saqueo en que se encontraba in-
merso el asentamiento prehispáni-
co, preludio del caos que le aguar-
daba una década después.
Una vista general desde la cima
del Cerro Nogal en dirección al Ce­
rro Las Vegas 1 (o Cerro Capulac,
en Tschol y Nickel 1972, I: 356-
359), permite apreciar la avan­zada
de casas-habi­tación en dirección
 Fig. 13 Capulac-Concepción. Propuesta de delimitación (Beristain,
1998, drpmza /inah; jpfe 1982: fotografía aérea). NO, que se extiende hasta alcanzar
el casco de la Hacienda Las Vegas
(fig. 14). Al respecto, resulta per­
za en el jagüey (depósito de agua prehispánico), tinente cotejar el fotomapa del inegi (1984:
sigue en línea recta sobre el borde occidental de E14B43-F) cuando esta área colindante estaba
la gran plaza —límite marcado por un desnivel desprovista de viviendas (fig. 3). También es
de la plataforma— hasta topar con el montículo 8; necesario mencionar que la cima del Cerro Las
la línea rodea esta estructura y forma un ángulo Vegas es el asiento de un montículo circular, sec-
recto en relación con sus esquinas, corre paralela cionado por maquinaria pesada durante el trazo
al muro que se une al exterior de la plataforma N de una calle lo que dañó al monumento, sancio­
del juego de pelota, quiebra su dirección para li- na­do en la Ley Federal y su Reglamento (Beristain
brar el cabezal oriente y continúa siguiendo el et al., 1998: fotos 2, 14, 26; papt/faic, 1974: Cé-
contorno de la sexta terraza —considerada una dula de Reconocimiento, Sitio Cerro de Capulac,
barrera arquitectónica que restringe el acceso al P-212; Precourt 1983: 623, 625, mapa 31, sitio 34-7).
espacio sagrado—; hacia la esquina SE la línea En atención a la urgencia que demandaba el
perimetral llega al camino que conduce hasta la asunto, elaboré el expediente técnico del sitio Ce-
barranca, donde cambia su curso para cortar rro Nogal y lo entregué a las instancias correspon-
la ladera meridional del Cerro Nogal, dejando por dientes (Beristain, 1998: Oficio de entrega). En
detrás una franja suficiente de terreno para librar respuesta a un requerimiento de Héctor Álvarez
el montículo principal y su plaza, conjunto encla- Santiago, director del Centro inah-Puebla (1998
vado en la prominencia del área nuclear. Final- [Sept.]: Oficio N° 401-A-311-[724-7]-01-5302),
mente, bordea el costado SO y sigue el contorno Pedro Francisco Sánchez Nava, titular de la dr-
de algunas terrazas y de un camino moderno has- pmza/inah, aclaró que faltaba levantar el plano
ta alcanzar el punto de partida (Beristain, 1998: de delimitación y su interpretación, como un pro-
50-52, fig. 42). cedimiento indispensable para dar seguimiento a
El 16 de marzo de 1998 realicé una Visita de la declaratoria (1998 [Oct.]: Oficio núm. 401-27-
Inspección a los sitios Cerro Nogal y Cerro Las 740). Dicha omisión fue determinante para sellar
Vegas, en compañía de María del Carmen Solanes el destino de la zona. Actualmente toda la docu-
86
ARQUEOLOGÍA 49 • septiembre-diciembre 2014

 Fig. 14 Vista general del sitio Cerro de las Vegas 1 (Cerro Capulac, en Tschohl y Nickel, 1972, I: 356-359)
desde la cima del Cerro Nogal. Obsérvese la colonización desordenada de viviendas que se extienden
hasta el casco de la hacienda Las Vegas (Beristain et al., 1998: fotos 22, 23).

mentación académica y administrativa fue agru-


pada en un legajo bajo signatura 401.F (20)25.1998/
PUE14, Cerro Nogal 14).

El fraccionamiento

Los terrenos aledaños al sitio Capulac-Concep-


ción son zona federal, ya que el gobierno los ad-
quirió con el fin de lotificar el asentamiento de un
grupo de colonos organizados. De la cédula de
catálogo se desprende que el área fraccionada por
aquel entonces estaba lotificada para viviendas de
la colonia 28 de Octubre (fig. 15), en terrenos don-
de antiguamente se sembraba cebada, frijol y
maíz, con algo de pastoreo (Beristain 1998, [Feb.]:
Sitio E14B43-21-071; 1998 [Sept.]: 53). Aquí se
inscribe la gestión de María del Carmen Solanes
Carraro, investigadora del Centro inah-Pue-
bla, cuando tuvo a su cargo el Proyecto para la
Protección de Sitios Emblemáticos del Valle Po-
blano, en colaboración con Arturo Romano Ver-
gara, de Tenencia de la Tierra del Gobierno del
Estado. Tengo entendido que existe un plano
de regularización que obra en su poder, aunque
desconozco el curso que siguió el trámite.  Fig. 15 Juego de pelota, zona exterior, alinea-
En oficio dirigido a Jorge Castañeda Nava, pre- miento de piedras. Se trata de los restos de la
sidente municipal de Amozoc, el director del Cen- antigua escalinata que comunicaba la gran plaza
tro inah-Puebla solicita su colaboración para la con la zona superior de la plataforma S. La
vivienda moderna desplanta directamente sobre
protección y conservación del sitio arqueológico la estructura prehispánica (Beristain et al., 1998:
Cerro Nogal, localizado en el Ejido de Santa Cruz foto 17).
87
Capulac-Concepción revisitado

Calera, apercibiéndolo de evitar la cons-


trucción y la introducción de servicios
públicos (agua potable, drenaje, energía
eléctrica, teléfonos) dentro del área com-
prendida en la delimitación de la zona;
asimismo, en caso de algún trabajo de
excavación, construcción o introducción
de servicios realizados sin contar con la
autorización expresa del inah, lo previe-
ne para que, en su auxilio, proceda a la
suspensión provisional de las obras, con
el fin de implementar las acciones lega-
les o administrativas pertinentes (1988
[Sept.]: Oficio N° 401-A-311-(724-7)-01-
5410).
Recientemente García Cook docu-
mentó la destrucción del sitio. Aclara
que no fue en 2010 cuando urbanizaron
el lugar (fig. 16), sino una década antes.
La cancha del juego de pelota ha sido
transformada totalmente, ahora es la
calle 16 de Septiembre, las platafor-
mas paralelas han sufrido desmonte y
mutilaciones, varias casas-habitación
desplantan en la zona superior, hacia el
cabezal oriente desemboca otra calle,
mientras los restos del cabezal ponien-
 Fig. 16 Capulac-Concepción. Plano que muestra el avance
te han desaparecido. La destrucción de la mancha urbana sobre el sitio prehispánico (inegi, 2010:
sigue avanzando y amenaza con afectar Carta Topográfica; compárese con las figs. 1 y 3, que se
lo que aún perdura del conjunto (2013 remontan a 1984].
[Jul.]: 132,133, figs. 14-20).
en el contexto regional, o bien una antigüedad
considerable, y a pesar de esa condición están ex-
Conclusiones puestos a la depredación y al saqueo como con-
secuencia de una gestión negligente por parte de
Es un hecho generalizado que el patrimonio ar- las autoridades que mandatan su custodia, inves-
queológico está en riesgo permanente de afecta- tigación y difusión, incumpliendo los ordenamien-
ción frente al crecimiento urbano desordenado. tos legales aplicables en la materia, que al parecer
Ante la falta de una política institucional de in- son letra muerta.
vestigación, y la carencia de un programa de aten- De acuerdo con la Ley General de Bienes Na-
ción y prevención oportunas, no contamos con cionales (lgbn) y la Ley Federal vigente, los
acciones que permitan establecer prioridades, monumentos arqueológicos son bienes naciona-
identificando aquellos que son vulnerables o están les de dominio público y uso común, por lo tanto
en peligro de desaparecer. Es lamentable corro- inalienables, imprescriptibles e inembargables,
borar que existen sitios relevantes que han sido es decir, quedan fuera del negocio entre particu-
arrasados a lo largo del Valle Poblano, y Amalu- lares y de la especulación inmobiliaria. Además,
can y Capulac-Concepción ilustran el caso: son su carácter simbólico es vínculo generador de
sitios que poseen una jerarquía de primer orden identidad, fuente de conocimiento y herencia
88
ARQUEOLOGÍA 49 • septiembre-diciembre 2014

irreempla­zable, que tenemos la obligación de pre- • Beristain Bravo, Francisco


servar con objeto de transmitirlo y educar a las 1983. “Análisis arquitectónico del juego de pelota en
nuevas generaciones. Tampoco existe la voluntad el área central de México”, Revista Mexicana de
política que faculte al inah para inscribirse den- Estudios Antropológicos, t. XXIX, núm. 1, pp.
tro de los Planes de Desarrollo Estatal y Munici- 211-242.
pal, y ejercer, en el ámbito de la concurrencia
1992. “El juego de pelota en el área central de
de facultades, la potestad que le fue conferida
México: origen y desarrollo”, en María Teresa
por ley. Uriarte (coord.), El juego de pelota en Mesoamérica,
La figura de área verde de protección (o parque raíces y supervivencia, México, Siglo XXI/Difocur-
recreativo) ha sido eventualmente empleada en Sinaloa (América Nuestra, 39), pp. 97-111.
otras localidades, donde se ha instrumentado con
éxito al amparo del patrimonio cultural. Se reve- 1998 (Feb.). “Catálogo e inventario de zonas
la entonces como una opción viable mientras arqueológicas, Sitio Cerro Nogal (E14B43-21-071)”,
no contemos con un plano de delimitación debi- México, Archivo de la rpmza, inah.
damente consensuado entre las autoridades
federa­les y la comunidad, o en su defecto, que se 1998 (Sept.). “Expediente técnico Sitio Cerro Nogal,
inicie formalmente el proceso para alcanzar la municipio de Amozoc, Puebla (E14B43-21-071)”,
México, Archivo de la rpmza, inah (53 pp., 37
declaratoria de zona arqueológica, en el entendido
referencias, 58 figs., 45 fotos color (4x), 3 cartas, 2
que la sola expedición del decreto no garantiza su
estereopares, 1 foto mapa, 6 catálogo de sitios;
integridad física. material fotográfico de 1975, en fig. 43, fotos 1-8).
En un escenario hipotético, si fuera el caso,
hubiéramos asistido al acotamiento (o blindaje • Beristain Bravo, Francisco, María del Carmen
virtual) de una superficie sin uso de suelo desti- Solanes Carraro y Elisa Pérez Alemán
nada como reserva de investigación, pero estran- 1998 (Mar.). “Visita de inspección, Sitios Cerro
gulada por la mancha urbana extendida alrededor Nogal y Cerro Las Vegas, municipio de Amozoc,
del área nuclear de monumentos, lo cual permiti- Puebla”, México, Archivo de la drpmza/Centro
ría crear a futuro proyectos académicos con obje- inah-Puebla (Registro fotográfico, color, rollo 01,
tivos bien definidos. Parafraseando a Wiliam T. fotos 02-E, 36 impresiones formato 4x montadas con
Sanders, quien documentó la forma vandálica en pie de foto, anexo del Expediente Técnico).
que fueron arrasadas las zonas que registró en el
• Castillo Mangas, María Teresa
Proyecto Cuenca de México, podría decirse que
1979. “Análisis de la cerámica de excavación del
hay sitios que vale la pena proteger, porque con- juego de pelota del Sitio P-211”, México, Archivo,
tienen respuestas a cuestionamientos concretos, y dsa, inah (15 pp., 10 ilustraciones).
son únicos en su clase. Capulac-Concepción es
uno de ellos. • Clune Jr., Francis J.
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Capulac-Concepción revisitado

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