Semana de Gratitud
Gran Avenida No. 3647
Col. Las Cuartillas
Puebla, Pue.
C.P. 72050
Título: De gracia recibisteis...
Autor: José Luis Ramírez Valencia
Editor: Samuel Mancilla Juárez
Diagramación y diseño editorial: Adelaida Peña Silva
Departamento de Mayordomía
Año 2024
GRATITUD
Es imprescindible expresar gratitud por esta tarea inmerecida.
Agradezco a nuestro Dios bondadoso por su gracia derramada en
abundancia. No se puede hablar de la gracia de Dios si no se ha
experimentado.
Agradezco a Lu, esposa y compañera fiel en el viaje al reino. Gracias
por sus oraciones. Es aliento, motivo y razón para avanzar cada día.
Gracias a José y Benjamín, herederos de una fe inquebrantable. En
la lucha hoy, pero victoriosos mañana por la gracia de Dios.
Gracias a la Unión Mexicana Interoceánica por la oportunidad de
aportar estas expresiones de gratitud y compartirlas en todo el te-
rritorio de la misma.
Gracias al Pr. Samuel Mancilla Juárez por su orientación, ánimo y
presión al ser el medio para invitarme a esta tarea.
Gracias a la Lic. Itzel Abrajan por su dedicación en la revisión del
formato y estructura. Sus sugerencias y observaciones le han dado
forma a este manuscrito.
Gracias a la Hna. Enny Yisset Torres de la Cruz por su amable dis-
posición en leer el manuscrito y aportar su visión profundamente
espiritual le dio riqueza a este texto.
Gracias a la Lic. Zayra Lisbeth Abrajan quien generosamente me
compartió sus comentarios y me señaló mejoras al contenido.
Gracias a la Hna. Karla Estudillo por su desafío a mirar más allá de
lo habitual y buscar un manuscrito limpio.
Gracias a la C.P. Adelaida Peña por su excelente trabajo en la dia-
gramación y organización del manuscrito final.
Gracias a cada hermano y hermana en la fe, que son sostenidos
por la gracia de Dios.
3
Introducción
05
07
Indicaciones generales para el director de Mayordomía
1. Ya conocéis la gracia
15
25
2. Su gracia en mí
ÍNDICE
33
[Link] gracia en mi debilidad
41
4. Su gracia en los dones
49
5. Gracia y humildad
57
6. Gracia y confianza
7. Gracia y salvación
65
73
8. De gracia recibisteis, dad de gracia
INTRODUCCIÓN
P ablo hizo una lista de la condición natural de los seres hu-
manos en Efesios 2:1-5.
Según él, nuestra condición es:
– Muertos en vuestros delitos y pecados.
– Siguiendo la corriente de este mundo.
– Conforme al príncipe de la potestad del aire.
– Viviendo en los deseos de nuestra carne.
– Haciendo la voluntad de la carne.
– Haciendo la voluntad… de los pensamientos.
– Por naturaleza hijos de ira.
– Muertos en pecados.
La condición humana en realidad es deplorable, y desespe-
ranzadora. Faltan palabras para describir lo que somos, y el
estado en el que estamos.
A esa descripción de nuestra situación natural, el autor de
Efesios introduce el efecto de la misericordia y del amor de
Dios. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran
amor con que nos amó”.
El amor divino nos toma tal y como estamos, y opera cambios
en lo que somos, en lo que hacemos y en nuestra condición.
Vea la lista de lo que hace el amor de Dios:
– Nos dio vida juntamente con Cristo.
– Por gracia sois salvos.
– Con él nos resucitó.
– Nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo
Jesús.
5
Adicional a esos cambios, el amor de Dios nos garantiza la
salvación, y un lugar para sentarnos a su lado en los cielos.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se
gloríe” Efesios 2:8,9.
De este amor inmerecido se tratan los temas de esta semana
de gratitud. El Pr. José Luis Ramírez nos lo recordará.
Quienes los expongan y quienes los escuchen quedarán eter-
namente agradecidos por la gracia con la que Dios nos ha tra-
tado.
Samuel Mancilla J
Director de Mayordomía,
Unión Mexicana Interoceánica.
6
INDICACIONES GENERALES
PARA EL DIRECTOR DE MAYORDOMÍA
L a Semana de Gratitud, es una semana especial, en la que
cada persona tiene la oportunidad de dar testimonio pú-
blico de lo que Dios ha hecho por él o por ella. Por lo que
debe ser planeada con sumo cuidado y celebrada con todo
el corazón.
A continuación, encontrará algunas indicaciones para su
preparación y celebración.
ANTES:
1. Tenga en mente que el propósito es despertar en la
hermandad una actitud de adoración, alabanza y
gratitud gozosa por las bendiciones visibles e invisibles
recibidas durante el año, por lo que el culto debe ser
impresionante a los sentidos.
2. Durante el último trimestre, envíe cada sábado, a
todos los miembros, tarjetitas con gemas de gratitud,
o pensamientos alusivos a agradecer a Dios por sus
bendiciones. Esto preparará el corazón de los hermanos
para que a fin de año asuman una actitud de gratitud.
3. El sábado 2 de noviembre, convoque a la Junta Directiva
de Mayordomía para:
a. Planificar el programa de cada noche.
b. Planificar la visitación para entregar en los hogares
los sobres y las alcancías para los niños.
c. Nombrar a las comisiones necesarias, por ejemplo:
grupo de directores de canto quienes dirigirán
el programa, arreglo del templo, arreglo de la
plataforma, recepcionistas, etc.
7
Semana de Gratitud
d. Distribuir entre los miembros de la Junta Directiva
de Mayordomía todos los hogares de los hermanos,
tomando en cuenta aquellos que son únicos
adventistas en casa para visitarlos.
e. Otra opción para entregar los sobres es durante el
culto divino dedicado especialmente para ello, o
el sábado 7 de diciembre, durante el sermón del
primer sábado de la Semana de Gratitud.
4. Prepare los recipientes necesarios para recoger la ofren-
da de gratitud, que sean recipientes bonitos. Puede ser
un altar de gratitud, una canasta adornada, caja decora-
da, etc.
5. En cuanto tenga los materiales de promoción en sus
manos, empiecen a anunciar cada sábado la fecha de la
semana de gratitud que será del 7 al 14 de diciembre, y
que el sábado 14 se recogerá la ofrenda de gratitud.
6. Si las circunstancias lo permiten, organice una comida
de fraternidad para el sábado 14 de diciembre, donde
cada familia traiga sus alimentos y algo más para las vi-
sitas. Hable con los ancianos al respecto para su aproba-
ción por las juntas respectivas. Que se anuncie la comi-
da y hagan los preparativos.
7. Solicite la presencia de los ancianos, de los miembros de
la Junta Directiva y de los líderes de Grupos Pequeños
durante las noches a la semana de gratitud.
8. El sábado 23 de noviembre envíe una tarjeta de invita-
ción personalizada que contenga un texto bíblico que
llame a la gratitud a cada miembro.
• Y reúna a la Junta Directiva de Mayordomía para
elaborar los últimos detalles de la Semana de Grati-
tud. Envíe una carta a cada miembro para llamar a
la reflexión sobre lo que Dios hace por nosotros cada
día.
8
De gracia recibisteis...
9. Algunas iglesias inician o concluyen la semana de gra-
titud con Rito de Humildad y Santa Cena, hable con los
ancianos para ver si eso es posible en su iglesia.
10. Una práctica bonita de algunas iglesias es que cada no-
che al terminar el culto, algunas familias designadas con
anticipación comparten con todos los asistentes algún
bocadillo (como atole con pan u otros antojitos muy
económicos), esto da oportunidad para confraternizar
y para que las visitas entren en contacto con los herma-
nos.
• Un departamento de iglesia puede preparar el con-
vivio cada noche en lugar de las familias. Esta práctica
se puede realizar, siempe y cuando no sea una carga
económica para los hermanos.
11. El último sábado de noviembre, todo debe estar planea-
do y organizado.
IDEAS PARA ADORNAR EL TEMPLO
1. Para adornar el templo nombren una comisión con su
presidente o presidenta respectiva. Las mujeres tienen
buenas ideas para ornatos y un alto sentido de lo esté-
tico.
2. Usen frutas frescas y productos de la tierra como sím-
bolo de lo que recibimos de Dios, todo lo natural que
apele a los sentidos y que nos recuerde que todo es pro-
visión de Dios.
3. Colocar en la parte de enfrente del templo o de la plata-
forma, el título general de la semana, o pueden impri-
mir en lona el título y la imagen del póster promocional.
La imagen estará disponible, pídasela a su pastor, o al
Departamental de Mayordomía de su Campo, o envian-
do un correo a mayordomia@[Link]
9
Semana de Gratitud
DURANTE
1. Asegúrese que los ancianos o encargados, miembros de
junta directiva y líderes estén presentes cada noche. Há-
gales una invitación personalizada con anticipación.
2. Invite a que, si es posible, durante cada noche se sienten
por Grupo Pequeño.
3. Cite al predicador a tiempo, haga el programa, distri-
buya la participación a cada participante del grupo que
dirigirá los cantos, y comiencen a tiempo. Hay que co-
menzar cuando llega la hora, no cuando llega la gente.
El director debe estar preparado para presentar el ser-
món por si no llega el predicador.
4. Programa: Las personas llegan a la iglesia a pesar de los
programas; sin embargo, los programas deberían ser
una motivación para asistir al templo. El programa tra-
dicional que se adivina cual es la siguiente parte, llega a
cansar a los asistentes. El programan tradicional no es
recomendado para esta semana.
Un programa atractivo debe sorprender a los herma-
nos, debe ser cautivante, impactante e inolvidable. Cada
noche durante esta semana pueden introducir cambios
pertinentes.
Un programa alternativo consiste en que un grupo de
cantantes dirijan el programa cada noche. Iniciarían
con un ejercicio de cantos de júbilo y alabanzas. Harán
la oración y anuncios desde la plataforma. Se bajarán
de la plataforma cuando empiece el sermón. No habría
acompañantes a la plataforma porque el predicador su-
birá en el momento en que el grupo que ha estado diri-
giendo el programa y los cantos se baja. Este programa
tiene la ventaja de hacer cantar a la hermandad y prepa-
10
De gracia recibisteis...
rarlos para el estudio de la Palabra de Dios.
Queda a criterio de cada iglesia y sus dirigentes el in-
troducir los cambios para esta Semana de Gratitud.
Ѥ Bienvenida: Integrante del grupo
Ѥ Oración: Integrante del grupo
Ѥ Cantos congregacionales: Dirigidos por el grupo.
Buscar cantos jubilosos, alegres e inspiradores aunque
no sean del himnario.
Ѥ Bienvenida por cada líder de Grupo Pequeño: Cada
líder debe extender la bienvenida a los integrantes de
su grupo, deber ser emotiva y rápida. El líder debe
mencionar el nombre de cada asistente.
Ѥ Oraciones personales de gratitud: Serán oraciones
individuales silenciosas.
Ѥ Lectura bíblica: Cada noche el predicador lo hará
saber
Ѥ Sermón: Predicador
Ѥ Oración final: Predicador
El programa descrito no contempla cantos especiales de al-
gún cantante, porque se busca que la congregación cante y
se prepare para el estudio del tema.
5. Anuncie cada noche que el sábado 14 se entregará la
ofrenda de gratitud, así mismo anuncie la comida de la
fraternidad.
6. Seleccione para cada noche un testimonio de gratitud
que haga reflexionar en los cuidados de Dios y la forma
como Él provee y satisface nuestras necesidades.
7. Puede realizar una Santa Cena de acción de gracias el
viernes 13 de diciembre por la noche, las frutas que sir-
vieron de adorno se pueden comer en la cena ágape que
11
Semana de Gratitud
se celebre de manera conjunta. Los ancianos deberán
estar enterados, y la junta respectiva debe votarlo.
8. El sábado 14 de diciembre se entregará la ofrenda al ter-
minar el sermón. Pueden pasar por familias completas
o por grupos de edades (primero los niños, luego los
jóvenes y finalmente los adultos). La forma de recoger la
ofrenda puede variar como se crea conveniente.
9. Al terminar de recoger la ofrenda de gratitud, hable con
el tesorero para contarlo inmediatamente, pidan a los
ancianos que apoyen a contar. Informe al pastor inme-
diatamente la cantidad que se recogió. En algunos dis-
tritos se realiza un festival de gratitud el sábado por la
tarde y cada iglesia informa la cantidad recogida. Si se
ha planificado dicho festival, entonces pida a los miem-
bros de la junta directiva de la iglesia que asistan para
que el tesorero entregue la ofrenda. Envíe el total de la
ofrenda a la tesorería de su Asociación.
10. Algunas personas no podrán entregar su ofrenda el 14
de diciembre; haga los preparativos para volver a reco-
ger el siguiente sábado 21 y 28 de diciembre, y anúncielo
para que los hermanos sepan que tendrán la oportuni-
dad de ofrendar.
11. El sábado 14 de diciembre, al terminar el culto, se reali-
zará la comida de confraternidad, misma que debe pro-
gramar la junta directiva de mayordomía.
DESPUÉS
1. Envíe una carta de agradecimiento a todas las comisio-
nes.
2. Pida al tesorero que le informe la cantidad de ofrenda
que ingrese a la tesorería, y el nombre de los ofrendantes
con el propósito de hacerles llegar su nota de agradeci-
12
De gracia recibisteis...
miento por su participación.
3. Envíe una notita de agradecimiento a cada persona que
ofrendó.
4. Brinde la oportunidad a los que no pudieron entregar
su ofrenda el sábado 14, para que lo hagan en el trans-
curso de los otros sábados.
Un agradecimiento especial al director de Mayordomía y a
cada miembro de la Junta Directiva de Mayordomía por su
trabajo incansable durante este año y cumplir con las tareas
del departamento.
13
Semana de Gratitud
14
YA CONOCÉIS LA
GRACIA
Sábado 7 de diciembre
Pasaje bíblico: “Porque ya
conocéis la gracia de nues-
tro Señor Jesucristo, que por
amor a vosotros se hizo po-
bre, siendo rico, para que vo-
sotros con su pobreza fueseis
enriquecidos”
(2ª Corintios 8:9).
I. Introducción
1.
¡
Bienvenidos a la Semana de Gratitud 2024! Sin lu-
gar a dudas hay gozo en nuestro corazón por el
inmerecido privilegio de llegar a este momento. Es
la parte final de un año que ha estado lleno de desa-
fíos, pero también repleto de bendiciones.
2. Es muy probable que nuestro caminar a lo largo de
estos doce meses se haya vuelto muy difícil por las
15
Semana de Gratitud
diversas pruebas que como seres humanos enfren-
tamos.
A. Tal vez una complicación en nuestra salud o de
alguien cercano que nos ha hecho ver que so-
mos totalmente frágiles.
B. Quizá una urgencia económica que ha sacudi-
do nuestros recursos y ahora estamos financie-
ramente tambaleando.
C. Posiblemente una dificultad en las relaciones
familiares, que nos ha mostrado cuan imper-
fectos somos.
D. Todo ello representa un desafío. Sin embargo,
podemos decir con certeza que el Señor siem-
pre ha sido fiel y nos ha acompañado. Él nunca
nos abandona porque sus promesas siempre se
cumplen.
3. Es por ello que deseo invitarles para que a lo lar-
go de toda esta Semana de Gratitud concentremos
nuestros pensamientos en las innumerables razones
que existen para agradecer a Dios.
4. Leamos juntos un texto que encontramos en el Sal-
mo 65:1, 2, NVI: “A ti, oh Dios de Sion, te espera la
alabanza. A ti se te deben cumplir los votos. Porque
escuchas la oración. A ti acude todo mortal”.
II. La gracia
1. ¿Alguna vez ha recibido un obsequio sin haber he-
cho absolutamente nada que justifique merecerlo?
No es su cumpleaños, ni su aniversario, pero ¿le han
dado un regalo, una palabra de reconocimiento, un
abrazo o incluso el perdón? Es muy posible que sí.
A. De vez en vez somos sorprendidos por perso-
16
De gracia recibisteis...
nas que expresan su aprecio o reconocimiento
hacia nosotros otorgándonos algo que no me-
recemos.
B. Pueden ser palabras suaves de bondad y dulzu-
ra, como las de alguien a quien ofendimos, pero
que se acerca y nos dice: “no te preocupes, te
perdono, todo queda olvidado”.
C. También el aprecio puede mostrarse con un re-
galo físico que ha sido comprado, en ocasiones
con sacrificio, y se nos entrega sin haber razón
para ello.
D. Así mismo puede ser un generoso acto de ayu-
da en una necesidad apremiante y urgente o la
presencia física en un momento de dolor.
E. Todo esto sucede, en la mayoría de los casos,
debido al enorme corazón del dador, del que
concede el perdón o de quien extiende su mano
generosa.
2. Pero en el terreno espiritual, cuando hablamos de
todo lo que el ser humano recibe de Dios sin mere-
cerlo en lo más mínimo, sin haber razón para ello,
más aún con una actitud de rebeldía o alejamiento
de él, expresamos que fue por gracia.
A. ¿Qué merecemos? El Profeta Isaías (Isaías 64:6)
revela nuestra condición cuando expresa que
“todos somos como gente impura; todos nues-
tros actos de justicia son como trapo de inmun-
dicia”.
B. En el libro de Apocalipsis (Apocalipsis 3:17)
leemos: “pero no te das cuenta de cuan infeliz y
miserable, pobre, ciego y desnudo eres tú”.
C. Lo extraordinario es que aún con esa condición
de impureza y miseria, no tenemos que pagar
17
Semana de Gratitud
nada de todo lo que hemos recibido del nuestro
Dios. La razón es sencilla: ya Jesús lo pagó todo.
3. Hablar de la gracia es hablar de algo totalmente
asombroso, porque está lejos de toda lógica y razo-
namiento humano que todo lo materializa y le pone
precio. Sin embargo, está llena de amor incondicio-
nal divino.
4. La gracia se experimenta de manera íntima e indivi-
dual, cara a cara con Dios. Sin embargo, también es
cierto que aquí en la iglesia, en este ambiente espiri-
tual, en la adoración de todos junto puede percibir-
se también la gracia de Dios obrando.
A. E.G. de White escribe que la iglesia “Es el es-
cenario de su gracia, en el cual se deleita en re-
velar su poder para transformar los corazones”
(Hechos de los Apóstoles, p. 11).
Es extraordinario como el Señor persiste en
ofrecerle al hombre lo mejor que tiene. No su-
fre de agotamiento o cansancio para otorgar
esta dádiva que es constante, insistente y per-
severante.
B. Al pueblo de Israel, liberado de la esclavitud, el
Señor le dice a través de Moisés en Deuterono-
mio 7:7 “No por ser vosotros más que todos los
pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido,
pues vosotros erais el más insignificante de to-
dos los pueblos”.
C. Dios no escogió a los más sobresalientes. No
eligió a los más ricos. Decidió por los más insig-
nificantes, los que no tenían valor para el mun-
do. Eso es gracia. Pues sin haber hecho nada, se
nos ha otorgado todo.
18
De gracia recibisteis...
III. Jesús se hizo pobre
1. ¿Cómo se manifiesta la gracia divina para noso-
tros en nuestro tiempo? Leamos 2ª de Corintios 8:9
“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesu-
cristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, sien-
do rico, para que vosotros con su pobreza fueseis
enriquecidos”.
2. En un acto humanamente increíble, Jesús se hizo
pobre no por una obligación forzada o por circuns-
tancias ocasionales. Se hizo pobre por nosotros, sin
pedir nada a cambio. Lo hizo por amor. Renunció a
todos los privilegios celestiales, a las riquezas eter-
nas, a su lugar junto al padre, a la adoración de todos
los santos ángeles y lo hizo pensando en nosotros.
A. El apóstol Pablo describe claramente este acto
de gracia, este cambio voluntario de la riqueza
a la pobreza, de la exaltación a la humildad, del
trono al pesebre, de la siguiente manera en Fili-
penses 2:6-8: “El cual, siendo en forma de Dios,
no estimó el ser igual a Dios como cosa a que
aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, to-
mando forma de siervo, hecho semejante a los
hombres; y estando en la condición de hombre,
se humilló así mismo, haciéndose obediente
hasta la muerte, y muerte de cruz”. Lo hizo por
ti, por mí, por todos. Todo lo pagó Jesús. Fue
gracia pura.
B. En una declaración más intensa, también se ex-
presa en el libro de Hebreos 12:2 esta idea de
la siguiente manera: “Sufrió la cruz menospre-
ciando el oprobio”.
Fue una decisión con intención, voluntaria, na-
19
Semana de Gratitud
cida del amor a la raza humana. Un amor que
se expresa “en que cuando todavía éramos pe-
cadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos
5:8).
3. Para todo ser humano de manera individual, pero
también para el conjunto entero de sus hijos, Jesús
es el embajador de la gracia divina. En él, el cielo
descendió a los hombres.
A. Es extraordinario saber que “Tan pronto como
hubo pecado, se manifestó el Salvador. Cristo
sabía que tenía que sufrir, no obstante, lo cual
llegó a ser el sustituto del hombre. Tan pronto
como Adán pecó, el Hijo de Dios se presentó a
sí mismo como la garantía de la raza humana,
con tanto poder para desviar la condenación
pronunciada sobre el pecador como cuando
murió en la cruz del Calvario. ¡Que amor! ¡Que
asombrosa condescendencia! ¡El Rey de gloria
propone humillarse a sí mismo para ponerse al
nivel de la humanidad caída” (The S.D.A. Bible
Comentary 1:1084)
4. Jesús decidió voluntariamente y con amor celestial
hacerse pobre.
IV. Nosotros somos ricos
1. Terrenalmente mucha gente es atraída por la rique-
za material. Esa riqueza que deslumbra, pero no sa-
tisface. Que llena los sentidos, pero no el corazón.
2. Si bien los recursos financieros son importantes
para conseguir metas en la vida y para la existen-
cia misma, existe en el ser humano un continuo y
exagerado deseo de acumular bienes y recursos sin
20
De gracia recibisteis...
propósito. Normalmente esto conduce a la avaricia.
3. Sin que nos lo hubiéramos propuesto, pero sobre
todo sin merecerlo, usted y yo ahora somos inmen-
samente ricos. Una riqueza que nada tiene que ver
con aquello que se corrompe en la tierra. Y todo eso
es por gracia. Somos ricos por Cristo Jesús que se
hizo pobre.
4. ¿Alguna vez ha sentido que no tiene nada, que no
vale nada? ¿Qué es pobre moralmente porque está
totalmente atado a un vicio, a una idea, a un hábi-
to, a una costumbre? ¿Ha creído que la condenación
eterna es el único destino visible? Le invito a escu-
char lo siguiente:
A. “Todos los que sienten la absoluta pobreza del
alma, que saben que en sí mismos no hay nada
bueno, pueden hallar justicia y fuerza recu-
rriendo a Jesús... Os invita a cambiar vuestra
pobreza por las riquezas de su gracia” (EGW,
EDMJ 13-16). Es un intercambio terrenalmente
imposible: nada por todo.
5. Si acaso nuestro corazón duda de todo lo que el Se-
ñor desea colocar en nuestras manos y con ello fa-
vorecernos y darnos su riqueza y su gracia, le invito
a leer el texto de Colosenses [Link]
A. Así lo expresa la Versión Nueva Traducción
Viviente: “Pues él quería que su pueblo supiera
que las riquezas y la gloria de Cristo también
son para ustedes, los gentiles. Y el secreto es:
Cristo vive en ustedes. Eso les da la seguridad
de que participarán en su gloria”.
6. Somos ricos porque se nos han otorgado todos los
tesoros del universo.
A. “Al derramar todos los tesoros del cielo en este
21
Semana de Gratitud
mundo, al darnos en Cristo todo el cielo, Dios
ha comprado la voluntad, los afectos, la mente,
el alma de cada ser humano” (PVGM 261.4).
7. Ahora nosotros somos ricos porque Jesús se hizo
pobre.
V. Conclusión
1. ¿Cómo corresponder a esa riqueza que sin mere-
cerlo se nos ha concedido? ¿Hay algo que podamos
hacer, que está en nuestras manos? La respuesta es
no. No podemos pagar lo que se nos ha otorgado
por gracia. Pero también la respuesta es sí. Podemos
responder y hacer algo.
2. En un anticipo del momento glorioso de la reden-
ción de los seres humanos fieles, Elena G. de Whi-
te escribe: “Nunca podrá comprenderse el costo de
nuestra redención hasta que los redimidos estén con
el Redentor delante del trono de Dios. Entonces, al
percibir de repente nuestros sentidos arrobados las
glorias de la patria eterna, recordaremos que Jesús
dejó todo esto por nosotros, que no solo se desterró
de las cortes celestiales, sino que por nosotros co-
rrió el riesgo de fracasar y de perderse eternamente.
Entonces arrojaremos nuestras coronas a sus pies, y
elevaremos este canto: “¡Digno es el Cordero que ha
sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la
sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la
bendición!” (Apocalipsis 5:12) (DTG p. 105).
3. Es maravilloso que tengamos la libertad de respon-
der a la gracia celestial devolviendo a Dios lo que es
suyo. La corona que se dará a los hijos fieles es del
Padre celestial.
22
De gracia recibisteis...
4. En esta tierra, lo primero que él pide es el corazón:
“Dame hijo mío tu corazón” (Proverbios 23:26). Y la
razón es simple: quien da el corazón da todo. Quien
no da el corazón se queda con todo.
A. Podemos responder a la gracia divina entre-
gándonos nosotros mismos. Hacerlo con con-
fianza, con seguridad, con alegría. Haciendo
nuestro el pensamiento del apóstol Pablo quien
escribió: “Ya no vivo yo, ahora vive Cristo en
mi” (Gálatas 2:20).
5. Una segunda forma de responder a la gracia celes-
tial es entregando una generosa ofrenda de gratitud
por sus bendiciones, por su gracia, por la riqueza
que se nos otorgó a través de Cristo Jesús.
6. El próximo sábado habremos de traer esta generosa
ofrenda de gratitud que irá envuelta con el corazón.
No dude en ser generoso, en responder a la gracia
que el Señor nos otorgó.
7. Sí, seamos generosos, porque “De gracia recibisteis,
dad de gracia” (Mateo 10:8).
23
Semana de Gratitud
24
SU GRACIA EN MÍ
domingo 8 de diciembre
Pasaje bíblico: “Pero por la
gracia de Dios soy lo que
soy; y su gracia no ha sido
en vano para conmigo, antes
he trabajado más que todos
ellos; pero no yo, sino la gra-
cia de Dios conmigo”
(1ª Corintios 15:10).
I. Introducción
1.
G racias por estar aquí esta noche. Es el segundo
día en el que celebramos las bendiciones del
cielo a nuestro favor. Todos anhelamos que llegue
el momento cuando nuestra adoración a Dios se
vuelva eterna y gozosa en el momento en que nos
encontremos con él en su reino.
2. Mientras se nos conceda vida, mientras podamos
respirar el aire fresco y nuestros ojos puedan abrir-
25
Semana de Gratitud
se cada mañana para ver las maravillosas obras de
nuestro Creador, siempre existirá alegría y alabanza
en el corazón de aquellos que reconocen la gracia
divina en su beneficio, pero sobre todo existirá gra-
titud en el corazón.
3. El día de ayer recordábamos la razón por la cual
ahora somos ricos sin merecerlo. No con esa ambi-
ción de riqueza material que endurece el corazón y
lo vuelve insensible. Ese tipo de riqueza conduce a
la muerte.
4. Somos ricos por “la gracia de nuestro Señor Jesu-
cristo”, por la riqueza que Cristo nos otorgó a través
de su sacrificio en la cruz y la decisión de hacerse
pobre por nosotros. Y hay una verdad muy clara
que debemos de recordar: el que tiene a Cristo lo
tiene todo.
5. Es un pensamiento sublime saber que somos recep-
tores del favor divino, porque mirándonos a noso-
tros mismos, buscando con detenimiento en nues-
tro corazón podemos percibir que no merecemos
nada, pero Cristo colocó sus ojos de amor y miseri-
cordia en nosotros y nos concedió todos los dones
del universo.
6. La gracia de Dios no se nos ha otorgado poque so-
mos buenas personas, más bien es para resaltar la
bondad de Dios. De esta manera el Señor nos ga-
rantiza que obtendremos precisamente lo que no
merecemos.
II. ¿Quiénes somos?
1. Vivimos en un tiempo en el que la vida de todos los
días nos exige saber quiénes somos y a dónde per-
26
De gracia recibisteis...
tenecemos. La realidad es que hay muchísimos que
desconocen su verdadera identidad. Esto no tiene
nada que ver con tener una credencial o identifica-
ción con nuestro nombre y fotografía o con portar
un uniforme. No tiene que ver con el trabajo y la
posición que tenemos.
La identidad tiene que ver con lo interior, con lo que
está en el corazón, con lo que el ojo humano no pue-
de percibir, pero Dios sí. Tiene que ver con lo que
verdaderamente nos define.
2. Más aún, además de no saber quiénes son, una can-
tidad más grande de personas no saben de dónde
vienen o a dónde van. Por eso hay preguntas que
a lo largo de los siglos los seres humanos repiten:
¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?
A. Estas preguntas se plantean cuando hay dudas,
cuando no hay un futuro ni camino que seguir.
Cuando se vive día a día sin pensar en el por-
venir.
B. Encontrar la respuesta es vital para tener una
vida agradecida.
3. Para los cristianos la respuesta a la pregunta ¿Quié-
nes somos? es contundente y clara en la Palabra de
Dios. El salmista David expresaba la pregunta y afir-
maba la respuesta:
A. Salmo 8:4 y 5: “¿Qué es el hombre, para que ten-
gas de él memoria, y el hijo del hombre para que
lo visites? Le has hecho poco menor que los án-
geles, y lo coronaste de gloria y honra”.
B. Cuan agradecidos debemos estar por la manera
en que nuestro Dios nos mira.
4. Pero además de esta visión divina que define al
hombre, hay otras características que reafirman la
27
Semana de Gratitud
declaración anterior. Veamos algunas respuestas:
A. Somos hijos de Dios, del Rey del universo. So-
mos sus príncipes.
a. Salmo 2:7 “Yo publicaré el decreto; Jehová
me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré
hoy”.
b. 1ª Juan 3:1 “Mirad cuál amor nos ha dado
el Padre, que seamos llamados hijos de
Dios...”.
c. Efesios 1:5 “Nos predestinó para ser adop-
tados como hijos suyos por medio de Jesu-
cristo según el buen propósito de su volun-
tad”.
B. Somos su tesoro especial.
a. Éxodo 19:5 “Ahora, pues, si diereis oído a
mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros se-
réis mi especial tesoro sobre todos los pue-
blos; porque mía es toda la tierra”.
C. Somos sus siervos.
a. Isaías 41:9 “Te tomé de los confines de la
tierra, te llamé de los rincones más remo-
tos, y te dije: ‘Tu eres mi siervo’ Yo te escogí,
no te rechacé”.
D. Somos herederos de los tesoros celestiales.
a. Romanos 8:17 “Y si hijos, también herede-
ros; herederos de Dios y coherederos con
Cristo, si es que padecemos juntamente con
él, para que juntamente con él seamos glo-
rificados”.
E. Somos nuevas creaturas.
a. 2ª Corintios 5:17 “De modo que, si alguno
está en Cristo, nueva criatura es; las cosas
viejas pasaron; he aquí todas son hechas
nuevas”.
28
De gracia recibisteis...
5. El apóstol Pablo expresó con claridad la razón y ori-
gen de su condición de hijo de Dios, de heredero, de
siervo y de nueva creatura cuando expresó: “Pero
por la gracia de Dios, soy lo que soy...” (1ª Corintios
15:10).
6. Es momento de preguntarnos ¿Qué seríamos en
este momento si la gracia de Cristo no nos hubie-
ra alcanzado? ¿En dónde estaríamos si sus ojos no
hubieran mirado nuestra gran necesidad? ¿Tendría-
mos vida?
7. Lo que el Señor ha hecho en nosotros, y en lo cual
sigue trabajando, es extraordinario.
III. Gratitud por el cambio que la gracia produce
1. Lo que ahora somos, en diferencia a lo que antes
éramos tiene una razón: “Pues Dios nos salvó y nos
llamó a una vida santa, no por nuestras propias
obras, sino por su propia determinación y gracia.
Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del co-
mienzo del tiempo” (2ª Timoteo 1:9)
2. Cuando el Señor nos toma “de los confines de la
tierra” o en donde su gracia nos haya encontrado,
comienza una transformación que nos lleva de ser
hijos del mundo a ser hijos de Dios.
3. Este cambio es “como la levadura, cuando se mez-
cla con la harina, obra desde adentro hacia afuera”
(EGW, PVGM 80).
4. He aquí algunos cambios que la gracia divina pro-
duce en nosotros, o que están en proceso de serlo:
A. “La gracia de Cristo ha de dominar el genio y la
voz” (EGW PVGM 80-85). Cuando el interior
cambia, en lo exterior se refleja claramente.
29
Semana de Gratitud
B. “Antes de que el hombre pueda pertenecer al
reino de Cristo, su carácter debe ser purificado
del pecado y santificado por la gracia de Cristo”
(EGW The Review and Herald, 18 de agosto de
1896).
5. Se cuenta que un hombre blanco le pidió a un indio,
cuya vida había sido transformada por la gracia de
Dios, que le explicara cómo había sucedido eso.
Al no encontrar palabras adecuadas para describir
el cambio que había experimentado, el indio trató,
en su sencillez, de ilustrarlo de la manera que en-
contró más apropiada. Le pidió al hombre blanco
que fuera con él al bosque, juntó algunas ramitas
secas y las colocó en forma de círculo.
Después, tomó un gusano, lo colocó en medio del
círculo y, finalmente, prendió fuego a las ramitas,
dejando al pobre animal cercado por el fuego por
todos lados. Al sentir el calor, el infeliz gusano co-
menzó a hacer todo lo posible para escapar, yendo
de un lado al otro sin encontrar alguna brecha por
donde huir.
Finalmente, la pobre criatura, pareciendo compren-
der que todos sus esfuerzos eran vanos, se dirigió al
centro del círculo y se estiró para morir. En aquel
momento el indio alargó su brazo, tomó al gusano
y lo sacó de allí.
Luego, volviéndose hacia el hombre blanco le dijo:
“Eso acontecer con indio. Todo a mi alrededor era
fuego, e indio esforzarse mucho para salvarse. No
poder encontrar paz. Entonces, Jesús extender su
brazo y salvar indio con mano poderosa”.
6. La gracia de Dios hace por nosotros solamente
aquello que no podemos hacer por nosotros mis-
mos.
30
De gracia recibisteis...
7. EGW escribe que: “Debe haber un poder que obre
desde el interior, una vida nueva de lo alto, antes
que el hombre pueda convertirse del pecado a la
santidad. Ese poder es Cristo. Únicamente su gra-
cia puede vivificar las facultades muertas del alma y
atraer ésta a Dios, a la santidad”. (El camino a Cristo
p.16.2).
8. Como a Abraham el Señor nos ha concedido una
promesa que no merecemos ni pedimos, que no
estaba en nuestros sueños ni en nuestra visión del
futuro.
A. Génesis 12:2-3 “Y haré de ti una nación gran-
de, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre,
y serás bendición. Bendeciré a los que te ben-
dijeren, y a los que te maldijeren, maldeciré;
y serán benditas en ti todas las familias de la
tierra”.
IV. Conclusión
1. ¿Conocer a Cristo le ha cambiado? ¿Es usted una
nueva creatura o está en proceso de serlo? Cierta-
mente cuando se acepta a Jesús como el Salvador, la
vida comienza un proceso de transformación. Y si
bien es cierto que el trabajo aún continúa, que nues-
tra búsqueda de la perfección aún no ha concluido,
también es primordial reconocer que no estamos
donde comenzamos.
A. Debemos tener la certeza de que “el que comen-
zó en vosotros la buena obra la perfeccionará
hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).
B. No debemos olvidar que la meta final es “hasta
que todos lleguemos a la unidad de la fe y del
31
Semana de Gratitud
conocimiento del Hijo de Dios, a un varón per-
fecto, a la medida de la estatura de la plenitud
de Cristo” (Efesios 4:13).
2. Si usted ha experimentado una transformación a
causa de la gracia de Cristo que sigue obrando en
usted, sin duda se vuelve inevitable responder con
gratitud.
3. Agradezcamos al Señor que: “Nos llamó de las ti-
nieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Ahora
tenemos una razón para nuestras vidas, un rumbo
que seguir y un reino al cual llegar. Tenemos una
esperanza bienaventurada que nos alienta. La pers-
pectiva de nuestra vida ha cambiado a causa de la
gracia de Dios.
4. Respondamos al Señor entregándole lo más valioso:
el corazón, que él ha prometido transformar de su
condición actual: de piedra, a uno vivo: de carne.
5. Agradezcamos entregando una generosa ofrenda de
gratitud envuelta en el corazón.
6. Seamos generosos, porque “de gracia recibisteis,
dad de gracia” (Mateo 10:8).
32
SU GRACIA EN MI
DEBILIDAD
lunes 9 de diciembre
Pasaje bíblico: “Y me ha di-
cho: Bástate mi gracia; por-
que mi poder se perfeccio-
na en la debilidad”
(2ª Corintios 12:9).
I. Introducción
1.
B uenas noches apreciados hermanos y herma-
nas. Hoy podemos decir con gozo y alegría que
el Señor sigue siendo bueno con nosotros al conce-
dernos el privilegio de presentarnos como adorado-
res delante de él.
2. Estamos en el 3er día de nuestra Semana de Grati-
tud 2024 y esa es una bendición más del cielo. No
olvide que cada día de vida es una oportunidad para
33
Semana de Gratitud
manifestar alegre gratitud a nuestro Hacedor, por-
que “Nuevas son cada mañana, grande es tu fideli-
dad” (Lamentaciones 3:23).
3. Sin duda venimos cada día aceptando la invitación
de Jesús para convertirnos en verdaderos adora-
dores en “espíritu y en verdad” (Juan 4:23, 24). Él
busca esa clase de adoradores y se complace en ver
que nosotros nos acercamos a su presencia con un
anhelo ferviente de encontrarnos con él.
4. Si bien la presencia física es necesaria y buena, la
condición del corazón se vuelve indispensable. Por-
que el Señor dice: “la gente se fija en las apariencias,
pero yo me fijo en el corazón” (1ª Samuel 16:7 NVI).
5. Por ello tengo la seguridad de que venimos con un
corazón totalmente agradecido y dispuesto para
alabar a su Creador. Es cierto que la vida cotidiana
nos presenta pruebas que a veces parecen ser insu-
perables, pero siempre habrá una promesa y una
realidad divina que nos cubrirán.
II. ¿Somos fuertes?
1. ¿Se considera usted una persona fuerte? No en el
sentido físico. No hablamos de músculos, peso o
vitalidad. Cargar mucho peso o volumen, correr
largas distancias, aguantar desafíos físicos extremos
puede parecer una señal de fortaleza. Pero hay algo
más que eso.
2. Muy a menudo cuando salimos victoriosos de una
prueba sofocante de cualquier naturaleza, cuando
logramos una meta que parecía insuperable, cuando
resistimos la presión agobiante de la vida, cuando
superamos airosos la adversidad que parecía devo-
34
De gracia recibisteis...
rarnos, consideramos que somos fuertes, valientes y
capaces. Al menos eso creemos.
3. Es en esas situaciones difíciles en donde sacamos
fortaleza para sobrellevar esos momentos de ten-
sión que nos angustian. Muchas veces no sabemos
de dónde viene esa determinación, ese valor o esa
perseverancia. Nos sorprendemos a nosotros mis-
mos descubriendo cualidades que parecían que nos
eran ajenas. Y finalmente superamos esa adversidad.
4. Sin embargo, todo tiene un punto de quiebre, la re-
sistencia del ser humano tiene sus límites. Descubri-
mos puntos débiles que aunque pequeños abren el
camino para ser vencidos. No somos superhombres
o mujeres eternos porque en su momento la muerte
puede alcanzarnos también.
5. Y es de esta manera que llega el momento cuando
finalmente reconocemos que por nosotros mismos,
aun con nuestras habilidades y destrezas, será im-
posible salir victoriosos en esta batalla por la vida.
Es entonces cuando en un acto de suprema necesi-
dad hacemos lo que debimos considerar primero:
volver nuestros ojos al cielo.
III. Nuestra debilidad
1. Estoy seguro que en algún momento de su vida us-
ted se ha sentido débil, frágil, vulnerable, incapaz
de valerse por sí mismo. Esto sucede cuando los
seres humanos no tenemos a la mano aquello que
suponemos nos otorga seguridad, certeza, poder,
confianza.
A. Cuando carecemos del dinero suficiente para
cubrir nuestras necesidades básicas, cumplir
35
Semana de Gratitud
nuestras obligaciones o para satisfacer nuestros
gustos. Es ahí cuando percibimos que somos
totalmente vulnerables.
B. Cuando hemos perdido la salud que es la vi-
talidad, fuerza, energía y esto nos impide mo-
vernos y realizar las actividades básicas de cada
día. Nos volvemos dependientes y eso puede
causar frustración.
C. Cuando nos hace falta compañía familiar o de
amigos que nos dan soporte y nos hacen sentir
parte de un grupo. La soledad puede tornarnos
en débiles y coloca nuestra existencia en riesgo.
2. Pero también nos sentimos débiles cuando el mal y
el pecado, nos han arruinado y nos han arrastrado
hacia sus remolinos de temor, incredulidad, duda y
desconfianza. Tenemos la disposición y el deseo de
seguir a Dios, pero nos parece imposible. Por ello
Jesús expresó: “el espíritu está dispuesto, pero la
carne es débil” (Mateo 26:41). Eso nos hace temer
presentarnos delante de Dios porque consideramos
que no somos dignos. Y no lo somos.
3. Al igual que muchos personajes bíblicos la debili-
dad se convierte en nuestra oportunidad de volver
nuestros ojos al cielo como lo hicieron muchos hijos
e hijas de Dios a lo largo de la historia. Lo hicieron
en momentos en que se sentían débiles y necesita-
ban ayuda. Consideremos algunos ejemplos:
A. El rey Josafat en un momento de riesgo y peli-
gro nacional clamó a Dios: “Porque en nosotros
no hay fuerza contra tan grande multitud que
viene contra nosotros, no sabemos qué hacer, y
a ti volvemos nuestros ojos” (2ª Crónicas 20:12).
Muy a menudo en nuestra propia experiencia
36
De gracia recibisteis...
nosotros tampoco sabemos qué hacer. Es el mo-
mento para volver nuestros ojos a Dios. Es en
nuestra debilidad que el poder de Dios se per-
fecciona.
B. El rey Ezequías se encontró en medio de una
crisis de salud, y la Sagrada Escritura expresa
que “Entonces volvió su rostro a la pared, y oró
a Jehová y dijo: Te ruego, oh Jehová, te ruego
que hagas memoria que he andado delante de
ti en verdad y con íntegro corazón, y que he he-
cho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías
con grande lloro” (2ª Reyes 20:2 y 3).
No dudo que todos en algún momento de nues-
tra vida por más fuertes que parezcamos hemos
llorado por situaciones diversas que no pode-
mos resolver. Es la oportunidad para volver
nuestro rostro a Dios y ver su gracia obrando
en nosotros.
C. Cuando el profeta Azarías salió al encuentro
de Asa, rey de Judá, le entregó un mensaje muy
importante de Dios, y dijo: “Por mucho tiem-
po Israel estuvo sin el Dios verdadero y sin ley,
pues no había sacerdote que le enseñara. Pero
cuando en su tribulación se volvieron al Señor,
Dios de Israel, y lo buscaron, él les permitió que
lo hallaran” (2ª Crónicas 15:3 y 4).
No importa en qué condición de debilidad nos
encontremos, si decidimos volvernos a Dios lo
encontraremos. “Y me buscaréis y me hallaréis,
porque me buscaréis de todo vuestro corazón”
(Jeremías 29:13). Su gracia nos permite encon-
trarlo.
D. El rey Nabucodonosor después de su episodio
37
Semana de Gratitud
de orgullo y exaltación expresó: “Mas al final
del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al
cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al
Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para
siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su rei-
no por todas las edades” (Daniel 4:34).
No importa si estamos en la cima del egoísmo o
hemos caído a lo más vil de la avaricia, recono-
cer a Dios como el Omnipotente es el camino
necesario. Su gracia nos ayuda a volver a él.
E. En todas las circunstancias adversas y de debili-
dad, como las que vimos anteriormente, y otras,
debemos de recordar que la Palabra de Dios ex-
presa: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; por-
que mi poder se perfecciona en la debilidad” (2ª
Corintios 12:9).
IV. Gracia y debilidad
1. Pero debemos estar profundamente agradecidos de
que en nuestra debilidad no somos dejados solos.
El apóstol Pablo en el libro de Hebreos describe esa
pasión divina no solo por entender la situación de
cada persona, de cada familia, de cada joven y seño-
rita, de cada niño, sino también por darle al hom-
bre, a sus hijos, todo lo que necesitan, y lo hace de la
siguiente manera:
A. “Porque no tenemos un sumo sacerdote inca-
paz de compadecerse de nuestras debilidades,
sino uno que ha sido tentado en todo de la mis-
ma manera que nosotros, aunque sin pecado”
(Hebreos 4:15 NVI).
2. Debemos agradecer a Dios porque en nuestra debi-
38
De gracia recibisteis...
lidad él se manifiesta. Porque es tal condición la que
nos permite volver nuestros ojos a nuestro Creador
y clamar por su ayuda. Y él nos entiende, pues expe-
rimentó las luchas que nosotros hoy enfrentamos.
Pero además de tener una comprensión clara de
nuestras circunstancias, siempre oye, siempre res-
ponde, siempre se goza con el bien de sus hijos.
3. En la escasez podemos tomar la siguiente prome-
sa divina y hacerla nuestra: “Mi Dios, pues, suplirá
todo lo que os falta conforme a sus riquezas en glo-
ria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). No lo olvide,
Dios provee aquello que a su juicio divino nos es
indispensable preparándonos en esta tierra para la
vida eterna.
4. Es así que en los momentos de adversidad e incer-
tidumbre podemos hacer nuestra esta verdad que
el apóstol Pablo escribió “Por lo cual, por amor a
Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en
necesidades, en persecuciones, en angustias; porque
cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2º Corintios
12:10).
A. Es el cumplimiento de la promesa divina: “Y me
ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se
perfecciona en la debilidad” (2ª Corintios 12:9).
V. Conclusión
1. Si usted es fuerte en todos los sentidos, física, emo-
cional, espiritualmente, agradezca al cielo por esta
bendición, pero no se confíe. No deje de poner sus
ojos en Jesús. Manténgase alerta y dependa total-
mente de Dios.
2. Si usted es fuerte, tenga consideración de los más
39
Semana de Gratitud
frágiles, de los débiles. Actuar con bondad y mise-
ricordia hacia los menos favorecidos, hacia los más
vulnerables, es una respuesta de gratitud a Dios por
lo que él ha hecho en nuestro favor, una respuesta a
su gracia.
A. Recuerde esta invitación divina que dice: “Así
que, nosotros los que somos fuertes, debemos
sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agra-
darnos a nosotros mismos” (Romanos 15:1).
B. Comparta con los débiles su fortaleza. Compar-
ta sus bendiciones. Comparta su corazón.
3. Agradezca profundamente a Dios porque cuando
pensamos que no es posible resistir más, cuando
creemos que seremos vencidos, cuando nuestro
horizonte se ve negro, cuando percibimos que esta-
mos “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios
2:12), él nos dice: “Bástate mi gracia; porque mi po-
der se perfecciona en la debilidad”.
4. No olvide, por lo tanto, en respuesta de gratitud,
entregar todo el corazón a Dios. Hágalo de mane-
ra diaria con una actitud de gozo. Y nosotros que
somos débiles seremos fortalecidos por la presencia
divina.
5. También hagamos provisión para que este próximo
sábado traigamos una generosa Ofrenda de Gra-
titud, en cumplimiento del mandato divino que
expresa: “Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu
mano te damos” (1ª Crónicas 29.14).
6. Seamos generosos, y conservemos en el corazón la
invitación divina que expresa: “De gracia recibisteis,
dad de gracia” (Mateo 10:8).
40
SU GRACIA EN
LOS DONES
martes 10 de diciembre
Pasaje bíblico: “De manera
que, teniendo diferentes do-
nes, según la gracia que nos
es dada, si el de profecía,
úsese conforme a la medida
de la fe” (Romanos 12:6).
I. Introducción
1.
Sean bienvenidos a nuestro cuarto día de la Sema-
na de Gratitud 2024. Hemos llegado a la mitad
de la semana, y hemos recordado apenas un poco de
lo maravillosa que es la gracia de Dios.
2. Nunca dejaremos de asombrarnos y estar agrade-
cidos por lo abundante e increíble que es la gracia
divina que siempre se manifiesta acompañada de
bendiciones.
41
Semana de Gratitud
3. Todo lo que el Señor nos ha otorgado tiene un pro-
pósito, una razón, un motivo y un fin: servir a otros.
El servicio a los demás nos libera del egoísmo, nos
hace colocar nuestros tesoros en el cielo y prepara
nuestro corazón para ir al reino,
4. Si descuidamos este propósito, de servir, nos aleja-
remos de nuestro deber ante nuestro Creador. Por
lo tanto, servir usando las habilidades y talentos
que tenemos es también una respuesta de gratitud
a Dios.
5. Elena G. de White escribe que “Fuera del egoísta co-
razón humano, no hay nada que viva para sí. No hay
ningún pájaro que surca el aire, ningún animal que
se mueve en el suelo, que no sirva a alguna otra vida.
No hay siquiera una hoja del bosque, ni una humil-
de brizna de hierba que no tenga su utilidad. Cada
árbol, arbusto y hoja emite ese elemento de vida, sin
el cual no podrían sostenerse ni el hombre ni los
animales; y el hombre y el animal, a su vez, sirven
a la vida del árbol y del arbusto y de la hoja. Las
flores exhalan fragancia y ostentan su belleza para
beneficio del mundo. El sol derrama su luz para ale-
grar mil mundos. El océano, origen de todos nues-
tros manantiales y fuentes, recibe las corrientes de
todas las tierras, pero recibe para dar. Las neblinas
que ascienden de su seno, riegan la tierra, para que
produzca y florezca” (DTG, p. 12.1).
6. No debemos vivir para nosotros mismos. Somos
parte de la Creación divina y al reconocerle como
nuestro Señor, también nos comprometemos a ser
dignos representantes de él en esta tierra para mani-
festar el amor de Dios a nuestros semejantes.
42
De gracia recibisteis...
II. La gracia que nos es dada
1. Muchos de nosotros llegamos a la iglesia con la ne-
cesidad de encontrar esperanza, de darle significado
y propósito a nuestra vida.
A. Antes de conocer las buenas nuevas de salva-
ción, nos dice la Palabra de Dios que: “...estabais
sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y
ajenos a los pactos de la promesa, sin esperan-
za y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12). Más
aún, “muertos en vuestros delitos y pecados”
(Efesios 2:1).
B. Pero el Señor nos dice, en una verdad que no
debemos olvidar, que nuestro encuentro con
él fue iniciativa divina y no humana. “No me
elegisteis vosotros a mí, sino que yo los elegí a
vosotros, y os he puesto para que vayáis y lle-
véis fruto, y vuestro fruto permanezca...” (Juan
15:16).
2. Conocer a Cristo, llegar a la iglesia, fue encontrar la
esperanza que el pecado había destruido. Nos de-
volvió la fe que por la duda habíamos perdido. Y
nos llenó del amor que nos habían arrebatado.
A. Pero también fue como llegar a una escuela.
Porque la gracia obra. Comenzamos el aprendi-
zaje de tantas cosas que ignorábamos y nuestra
vida se vio enriquecida con el conocimiento de
Dios. Y en ese recorrido espiritual llega el mo-
mento en el que nos hacemos la pregunta ¿Qué
puedo yo hacer para Dios?
3. Es ahí donde el versículo de Romanos 12:6 se hace
presente: “De manera que, teniendo diferentes do-
nes, según la gracia que nos es dada, si el de profe-
43
Semana de Gratitud
cía, úsese conforme a la medida de la fe”.
4. Algo que aprendimos fue que el Señor nos otorgó
dones, habilidades y talentos que debíamos usar sa-
biamente, ponerlos al servicio de él a través de las
actividades personales de testificación y también de
la iglesia como institución.
A. Dice Santiago 1:7 que “Toda buena dádiva y
todo don perfecto desciende de lo alto, del Pa-
dre de las luces, en el cual no hay mudanza ni
sombra de variación”.
B. Y en 1ª Corintios 12:11 leemos: “Pero todas
estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu,
repartiendo a cada uno en particular como él
quiere”.
5. Es extraordinario reconocer como el Señor nos ha
otorgado habilidades para su servicio. Es muy po-
sible que al decidir hacerse miembro de la iglesia
usted tenía pocas habilidades o ninguna. Pero la
conversión, el cambio de vida, la renovación del en-
tendimiento trae consigo la adquisición de nuevas
habilidades que no sabíamos que podíamos desa-
rrollar.
6. La Biblia nos invita a tomar lo que tenemos y nos
dice: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer,
hazlo según tus fuerzas” (Eclesiastés 9:10).
7. Y en 1 Corintios 14:12 leemos que “Así también
vosotros, puesto que anheláis dones espirituales,
procurad abundar en ellos para la edificación de la
iglesia”.
III. Lo que tienes en tu mano
1. Cuando el Señor le encomendó a Moisés la tarea de
44
De gracia recibisteis...
sacar de Egipto a su pueblo, Moisés hizo una pre-
gunta: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y sa-
que de Egipto a los hijos de Israel?” (Génesis 3:10,
11).
A. Moisés se creía incapaz. Y lo era. Se dice que “el
mandato divino lo encontró desconfiado de sí
mismo, torpe de palabra y tímido” (EGW CE
103.2). Pero era Dios quien lo enviaba y lo ca-
pacitaría.
B. El Señor le respondió a Moisés con otra pregun-
ta: “¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él res-
pondió: una vara” (Génesis 4:2).
C. Era la vara de mando, de autoridad que solo se-
ría útil en la medida en que dependiera de Dios.
La gracia de Dios y la escuela de la Providen-
cia produjo en él una transformación. De esta
manera fue capacitado para “la mayor obra que
fuera encomendada jamás a hombre alguno”
(CE 193.2).
D. El Señor elige para su servicio a los que se entre-
gan a él, “aunque tal vez no tengan educación,
hombres y mujeres humildes”. Más aún, a todo
aquel a quien Él llama, lo capacita.
2. ¿Y a ti y a mí qué dones nos ha dado el Señor?
A. ¿Sientes que cuando te piden participar en la
iglesia no puedes hablar? Recuerda lo que Dios
le dijo a Moisés: “¿Quién dio la boca al hombre?
¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al
ciego? ¿No soy yo Jehová?” (Éxodo 4:11).
B. Agradezcamos a Dios porque hoy podemos
usar nuestra voz para unirnos en cantos de gra-
titud, gozo y alabanza al Dios eterno.
C. También debemos de agradecer a Dios porque
45
Semana de Gratitud
las manos que él nos dio, tal vez cansadas y car-
gadas de dolencia pueden ser usadas para ser-
vir al Señor doblando manteles, tomando una
escoba o un machete y limpiar la iglesia, con-
duciendo un vehículo para propósitos misione-
ros o preparando alimentos para sustentar a los
hambrientos. ¡Gracias a Dios!
D. Demos gracias a Dios porque podemos distin-
guir una gran variedad de colores, hacer arre-
glos que engalanan a la iglesia para sus diferen-
tes actividades. Combinar matices y diseños
para los programas en la iglesia.
E. Gracias a Dios por los jóvenes que con su fuerza
y entusiasmo le dan vida a esta iglesia. Porque
pueden usar la tecnología para enriquecer los
cultos al manejar la proyección, el sonido y de-
más equipo.
F. El apóstol Pedro nos recuerda que “Cada uno
según el don que ha recibido, minístrelo a los
otros, como buenos administradores de la mul-
tiforme gracia de Dios” (1ª Pedro 4:10).
G. Cada día demos gracias a Dios porque las habi-
lidades que nos otorgó podemos usarlas sabia-
mente, con un propósito totalmente misionero.
IV. No solo habilidades, sino recursos
1. El libro de Efesios nos recuerda que “Subiendo a lo
alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los
hombres”.
2. Quienes creemos en Cristo no debemos de despre-
ciar la riqueza, las debemos considerar “como un ta-
lento que el Señor nos ha confiado”. El dinero, tam-
46
De gracia recibisteis...
bién es un don de Dios que le fue dado al hombre
para que lo utilice con fidelidad en su servicio. La
Biblia nos recuerda a Abraham que fue enriquecido
con oro y plata, con ganado también.
3. Eclesiastés 5:19 describe que “Asimismo, a todo
hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da
también facultad para que coma de ellas, y tome su
parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios”.
4. La habilidad para conseguir riquezas es un talento
valioso “si se lo consagra a Dios y se lo emplea para
promover su causa”.
5. Por lo tanto, si nuestro Dios le ha concedido el don
de generar riqueza, ruegue también a él que le dé la
sabiduría para emplearla adecuadamente.
A. Para solventar las necesidades básicas de usted
y de su familia.
B. Para ayudar a los menesterosos, a los pobres, a
la multitud de necesitados que cada día encon-
tramos en nuestro paso por este mundo.
C. Para apoyar los esfuerzos y programas misione-
ros que su iglesia tiene.
D. Para reconocer la soberanía de Dios y en gra-
titud entregar una ofrenda especial el sábado
próximo.
V. Conclusión
1. Hoy podemos agradecer a Dios porque cada uno
tiene un lugar en el plan del cielo. Ocuparlo depen-
de de nuestra fidelidad en colaborar con Dios. En el
reino de Dios todos somos bienvenidos.
2. Todos los favores y las bendiciones que disfrutamos
proceden solamente de él; somos mayordomos de
47
Semana de Gratitud
su gracia y de sus dones temporales.
3. No importa si nuestro talento es pequeño o grande,
podemos ofrecerlo a Jesús como un don consagrado
que él llevará al trono de la gracia para presentarlos
delante de su Padre con la fragancia de sus propios
méritos.
4. Si le ofrecemos a Dios lo mejor que tenemos con
toda sinceridad y con amor, con el anhelo ferviente
de servir a Jesús, el don será aceptado plenamente.
5. Agradezcamos a Dios por sus dones rogando que
nos ayude a ser “ricos en buenas obras, dadivosos,
generosos; atesorando para sí buen fundamento
para lo por venir, que echen mano de la vida eterna”
(1ª Timoteo 6:18, 19).
6. También necesitamos agradecer a Dios porque a pe-
sar de que a veces nuestro trabajo, nuestros talentos,
destrezas y habilidades no son reconocidos en esta
tierra, sabemos que “...ni de oriente ni de occidente,
ni del desierto viene el enaltecimiento. Más Dios es
el juez; a este humilla y a aquel enaltece” (Salmo
75:6, 7).
7. Seamos generosos y nunca olvidemos que Dios nos
dice: “De gracia recibisteis, dad de gracia”.
48
GRACIA Y
HUMILDAD
miércoles 11 de diciembre
Pasaje bíblico: “Pero él da
mayor gracia. Por esto dice:
Dios resiste a los soberbios,
y da gracia a los humildes”
(Santiago 4:6).
I. Introducción
1.
B uenas noches. ¡Bienvenidos otra vez! Estoy se-
guro que el corazón se regocija al venir y encon-
trarnos con nuestro Dios en esta Semana de Grati-
tud 2024.
2. Al reunirnos recordemos lo que el Salmo 84 expre-
sa: “Mejor es un día en tus atrios que mil fuera de
ellos, escogería antes estar a la puerta de la casa de
mi Dios que habitar en las moradas de maldad”. Esa
49
Semana de Gratitud
necesidad de estar frente a nuestro Dios Todopo-
deroso en actitud de adoración debe ser satisfecha
cada día.
3. Recordemos que la existencia humana es definiti-
vamente un acto de gracia divina, saberlo y enten-
derlo, debe provocar humildad y gratitud en nues-
tros corazones. Humildad porque nada merecemos,
gratitud porque la Palabra de Dios expresa que “de
gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).
4. Incluso, en los momentos en que enfrentamos la di-
ficultad o somos sacudidos por la noche, podemos
decir que “somos más que vencedores por medio de
aquel que nos amó y se entregó así mismo por no-
sotros” (Romanos 8:37).
5. Los días anteriores hemos considerado diversas ex-
presiones de la gracia divina.
A. Ahora comprendemos claramente que somos
ricos porque Jesús, en un acto de gracia, de
amor celestial voluntario, se hizo pobre. Fue un
intercambio de compasión y gracia.
B. Hemos aprendido que por gracia de Dios so-
mos hijos del Rey del universo. Por la tanto, so-
mos herederos de las glorias celestiales.
C. También sabemos que, la gracia del Señor, nos
muestra que en nuestra debilidad su poder se
perfecciona para resaltarlo en toda circunstan-
cia.
D. Además, tenemos el conocimiento de que, para
agradecer la gracia divina, se nos han concedi-
do dones, talentos, habilidades que debemos
usar para la honra y gloria de Dios.
6. No podemos sino sentirnos maravillados y agrade-
cidos por recibir del cielo bendición tras bendición
50
De gracia recibisteis...
y gracia sobre gracia.
7. Esta noche agradeceremos y comprenderemos
cómo la gracia divina cambia nuestra vida y aquello
que será lo único que llevaremos al cielo: nuestro
carácter.
II. Lucha y egoísmo
1. ¿Ha tenido usted un episodio de ira, de enojo o des-
control? Seguro que sí. Son reacciones propias de
los seres humanos que luchamos por llegar al reino
de los cielos. A veces reaccionamos de una forma
tan extraña que hasta nos desconocemos a nosotros
mismos.
A. Por supuesto que se manifiestan estas emocio-
nes negativas de manera más marcada en aque-
llos que no conocen a Dios o que conociéndolo
no tienen la intención ni buscan llegar a la pa-
tria celestial. Pero nadie es inmune.
B. Si ha tenido momentos de descontrol, podemos
decir que es usted humano, pues estas reaccio-
nes son parte de la naturaleza humana pecami-
nosa. La Biblia nos llama a los seres humanos
como “hijos de ira” (Efesios 2:3). Es una mani-
festación de nuestro carácter.
C. Pero estoy seguro de que hoy usted ya no es
el mismo que era antes de conocer a Cristo y
aceptarlo como su Salvador. Usted ha cambia-
do, y sigue en el proceso. Esa es una razón para
agradecer. Ahora el Señor le ha introducido en
un camino de crecimiento y mejora, de santifi-
cación, que terminará cuando se encuentre con
Jesús cara a cara.
51
Semana de Gratitud
D. Si usted ya no es el mismo, si sus tendencias
han cambiado o al menos mejorado, si el viejo
hombre ha muerto, es porque la gracia de Dios
ha obrado en usted, y lo seguirá haciendo en la
medida en que manifieste una actitud de obe-
diencia y gratitud.
2. A esta condición de “hijos de ira” contribuye que
vivimos en un entorno terrenal de egoísmo y auto-
suficiencia. La gran mayoría lucha por ser el prime-
ro, por ir adelante sin importar a quien perjudica
o sobre quien pisa. Para muchos “el fin justifica los
medios”.
A. Y para resaltar su autosuficiencia el ser humano
se llena de posesiones, de conocimiento, de po-
der, de todo aquello que pudiera darle valor o
colocarlo encima de otros.
B. Es muy común que nos exaltemos a nosotros
mismos. Que enfaticemos nuestros logros y mi-
nimicemos nuestros errores. El apóstol Pablo
escribía que “el dios de este mundo los ha hecho
ciegos de entendimiento” (2ª Corintios 4:4).
3. Nada de lo anterior, posesiones, conocimiento, po-
der, sería malo si se dedicara al servicio del Señor,
al crecimiento de su causa y en apoyo de aquellos
menos favorecidos. Pero todo se centra invariable-
mente en uno mismo, en la auto satisfacción. Egoís-
mo puro.
Desafortunadamente no son muchos los que saben
que nada saciará el corazón humano sino Cristo
solo.
4. La Biblia es clara cuando establece que “nada hemos
traído a este mundo, y sin duda nada podremos sa-
car” (1 Timoteo 6:7).
52
De gracia recibisteis...
5. Leamos esta cita de Elena G. de White: “Un solo Ser
puede satisfacer esta necesidad y dar al mundo lo
que necesita: “el Deseado de todas las gentes”, Cris-
to. La gracia divina, que él solo puede impartir, es
como agua viva que purifica, refrigera y vigoriza al
alma” (DTG p. 157).
III. Gracia y humildad
1. Escribía Thomas Merton que “El orgullo nos vuelve
artificiales y la humildad nos hace reales”.
2. En contraste con esa actitud engañosa que es el
egoísmo, la humildad, elemento esencial del carác-
ter transformado, es un atributo que no debe des-
cartarse. Hemos leído en Santiago 4:6 “Pero él da
mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los sober-
bios, y da gracia a los humildes”.
3. Y en un acto de gratitud es fundamental tener un
carácter humilde en semejanza a Cristo. Elena G. de
White escribe que “Un carácter formado a la seme-
janza divina es el único tesoro que podemos llevar
de este mundo al venidero” (Conducción del niño
p.147.1).
4. Para agradecer a Dios porque él “da gracia a los hu-
mildes” es necesario reconocer nuestra condición.
Recordar de dónde hemos salido y hacia dónde nos
dirigimos. Entender la naturaleza de nuestro carác-
ter y como él ha obrado en nosotros produciendo
un cambio que parecía imposible.
5. ¿Cuántas veces no hemos luchado con nuestras
reacciones ante situaciones que son sencillas pero
que magnificamos? Literalmente “explotamos” ante
situaciones que a la luz de la eternidad no tienen
valor.
53
Semana de Gratitud
6. Y es posible que en un esfuerzo totalmente humano
queramos revertir esa condición. Pero no olvide-
mos que “El que está procurando llegar a ser san-
to mediante sus esfuerzos por observar la ley, está
procurando una imposibilidad” (EGW El camino a
Cristo p.60.1)
7. ¿Y entonces qué hacemos?
IV. Intervención divina
1. Con ese deseo inagotable y persistente, de condu-
cirnos a la patria celestial, el Señor interviene. No
somos abandonados. Su gracia se manifiesta. Y lo
hace de muchas maneras. Desea provocar una con-
versión que nos libre del orgullo y nos revista de su
carácter.
2. Cuando contemplamos a Jesús, cuando estamos en
comunión con él, su gracia obra en nosotros, nos
da la habilidad de “subyugar el orgullo y la pasión”,
entonces se produce una transformación de nuestro
carácter.
A. Por ello “Sería bueno que cada día dedicásemos
una hora de reflexión a la contemplación de la
vida de Cristo. Deberíamos tomarla punto por
punto, y dejar que la imaginación se posesio-
ne de cada escena, especialmente de las finales”
(EGW DTG p.63.2).
B. Es ahí, en esos momentos de íntima comunión,
en la “cámara secreta” que se va gestando una
nueva creatura a la semejanza divina. Es la gra-
cia de Dios la que produce este cambio, y que
además es una transformación que nos prepara
para las moradas eternas.
54
De gracia recibisteis...
3. Un ejemplo claro y de todos conocidos de cómo el
carácter es transformado por la gracia divina es el
del apóstol Juan. Junto con su hermano Jacobo eran
llamados “Boanerges” que significa “hijos del true-
no” (Marcos 3.17).
A. Antes de relacionarse con Cristo el apóstol Juan
tenía serios defectos de carácter, se dice que “era
orgulloso y ambicioso”, “no solo hacía valer sus
derechos y ambicionaba honores, sino que era
impetuoso y se resentía bajo las injurias” (EGW
ECFP p. 52.1).
B. Pero cuando se encontró con Cristo, “vio su
propia deficiencia y este conocimiento le humi-
lló”. Llegó a ser “manso y humilde de corazón” y
más aún, se dice que “llegó a ser participante de
la naturaleza divina” (EGW ECFP 52.2).
C. Es muy probable que todos los que aquí esta-
mos hemos tenido o tendremos un encuentro
con Cristo. Debemos aprender las lecciones de
“mansedumbre, la humildad y el amor como
esenciales para crecer en gracia e idoneidad
para su obra”.
D. La unión con Jesús con toda certeza está trans-
formando nuestro carácter y nuestra naturale-
za. Nos da su gracia que significa recibir toda la
ayuda que necesitamos. Es el poder para cam-
biar.
E. Los soberbios no reciben gracia. Cuando nos
vaciemos del orgullo podremos recibir la ben-
dición, la promesa que dice “Dios da gracias a
los humildes”.
55
Semana de Gratitud
V. Conclusión
1. Estoy seguro que usted no es el mismo después de
conocer a Cristo y aceptarlo como su Salvador. Muy
probablemente usted era un “Boanerges” de tiem-
po completo. Sin duda, dar el paso de seguir a Jesús
provocó una lucha interior. Pero por la gracia de
Dios usted se convirtió en un vencedor.
2. Es cierto que no hemos llegado a “la medida de la
estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4.13),
pero cuan agradecidos debemos de estar con Dios
porque “el que comenzó en vosotros la buena obra
la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipen-
ses 1.6).
3. Por lo tanto, hoy podemos alabar a Dios porque
su gracia ha obrado en nosotros y nos ha colocado
en la senda correcta, la senda de los justos que es
“como la luz de la aurora que va en aumento hasta
que el día es perfecto”. (Proverbios 4:18).
4. Cada día debemos agradecer a Dios porque nuestra
vida ha sido transformada. Porque ha extendido sus
manos y nos ha sacado del “pozo de la desespera-
ción, del lodo cenagoso”. Hemos sido redimidos a
través de la preciosa sangre de Cristo.
5. Lo que el Señor nos ha concedido nos impone una
obligación: ser generosos y compartir nuestras ben-
diciones entregando una generosa ofrenda, porque
su palabra es clara cuando dice: “De gracias recibis-
teis, dad de gracia”.
56
GRACIA Y
CONFIANZA
jueves 12 de diciembre
Pasaje bíblico: “Acerquémo-
nos, pues, confiadamente al
trono de la gracia, para al-
canzar misericordia y hallar
gracia para el oportuno so-
corro” Hebreos 4:16.
I. Introducción
1.
A preciados hermanos y hermanas, cada día que
tenemos la oportunidad y el privilegio de acer-
carnos al Señor para adorarle, es un motivo de pro-
funda gratitud a nuestro Creador. Él es bondadoso
porque “su misericordia es para siempre”. Hoy esta-
mos ya en el sexto día de nuestra Semana de Grati-
tud 2024.
2. Es inevitable reconocer que existen muchas razones
57
Semana de Gratitud
para agradecer a Dios y que, a pesar de las adversi-
dades, jamás desaparecerá en nosotros la convicción
de su benevolencia y la gratitud generosa porque el
Señor hace provisión para cada día.
3. Hemos hecho un recorrido y observado como el Se-
ñor en todo tiempo y lugar, a través de su gracia, nos
ha brindado todo lo que justamente el corazón hu-
mano anhela, para que no solo podamos vivir “so-
bria, justa y piadosamente” en esta tierra sino para
que también aspiremos a vivir eternamente.
4. Y ante las innumerables bendiciones recibidas, nos
hemos preguntado vez tras vez ¿Qué merecemos? Y
con la misma frecuencia con que nos preguntamos
encontramos la respuesta: nada merecemos. La gra-
cia del Señor nos garantiza que recibiremos lo que
no merecemos.
5. Es por ello que debemos tomar las palabras del Sal-
mo 115:1 y expresar: “No a nosotros, oh Jehová, no
a nosotros, sino a tu nombre gloria”. Es imprescin-
dible responder a él siempre colocando por delante
lo que siempre ha pedido: el corazón.
6. Por ello le invito a que nunca deje de elevar sus ojos
al cielo para clamar y agradecer por la presencia di-
vina. Nunca deje de reconocer que gracias a Dios
“porque en él vivimos, y nos movemos, y somos”
(Hechos 17:28).
II. Desconfianza
1. Todos los seres humanos queremos vivir en un en-
torno seguro de cordialidad y armonía, pero tam-
bién de confianza. Esas condiciones hacen que la
gratitud, el gozo y la alegría que llenan el corazón se
logren más rápidamente.
58
De gracia recibisteis...
2. El ambiente de peligros y riesgos que nos ha tocado
vivir, nos hace desconfiar casi de toda persona. Muy
a menudo dudamos de las palabras, de las acciones,
de los gestos, de las ofertas, de los regalos. Ponemos
en duda las intenciones. Es natural dudar y estar a
la defensiva en un mundo donde el pecado parece
reinar.
3. Desafortunadamente muy a menudo somos asalta-
dos por el temor y la desconfianza. No nos sentimos
seguros al caminar solos por una calle oscura y so-
litaria. Miramos a todos lados listos para correr en
busca de seguridad.
4. Dudamos de las personas que nos rodean y no co-
nocemos. Y también a veces dudamos de otras per-
sonas precisamente porque las conocemos y sabe-
mos de lo que son capaces.
5. Pero en el ambiente cristiano, donde Jesús reina,
debe ser diferente. Por eso el salmista expresa: “¡Mi-
rad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los her-
manos juntos en armonía!” (Salmo 33:1).
6. Pero más allá del entorno físico que nos rodea y que
muchas veces procura devorarnos con su incesan-
te temor, también existe la angustia, la duda, la in-
quietud de saber si podemos acercarnos a Dios, así
como estamos, así como somos.
7. Es posible que alguien nos diga que no tenemos es-
peranza, que perdemos nuestro tiempo solo al in-
tentar buscar a Dios. Tal vez alguien le susurre al
oído y le diga: sigue tu camino de tinieblas, aquí no
hay luz.
8. Pero siempre la providencia divina extenderá su
mano para sacarnos “del pozo de la desesperación,
del lodo cenagoso” (Salmo 40:2).
59
Semana de Gratitud
III. Acerquémonos
1. La invitación a acercarnos confiadamente al trono
de la gracia (Hebreos 4:16) únicamente es posible
porque Jesús se acercó al hombre primero. La inicia-
tiva vino del cielo, la gracia divina se hizo presente.
A. El apóstol Pablo escribe de Cristo Jesús lo si-
guiente: “sino que se despojó a sí mismo, to-
mando forma de siervo, hecho semejante a los
hombres” (Filipenses 2:7).
B. La siguiente cita describe la razón de esta acción
y su propósito: “Este fue un sacrificio volunta-
rio. Jesús podría haber permanecido al lado de
su Padre. Podría haber conservado la gloria del
cielo, y el homenaje de los ángeles. Pero prefirió
devolver el cetro a las manos del Padre, y bajar
del trono del universo, a fin de traer luz a los
que estaban en tinieblas, y vida a los que pere-
cían” (EGW, DTG, 14.2).
C. Esta es una razón más para alabar y agradecer
a Dios.
2. Así que podemos acercarnos confiadamente al tro-
no de la gracia porque Cristo se acercó a nosotros.
A. Acerquémonos a su Palabra. Que a través de
ella el Señor y sus profetas, sus mensajeros, tes-
tifiquen. Da confianza saber que el testimonio
de ellos es verdadero.
Agradezcamos porque “Tenemos la palabra
profética más segura” a la cual se nos invita a
“estar atentos como una antorcha que alumbra
en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el
lucero de la mañana salga en vuestros corazo-
nes” (2ª Pedro 1:19).
60
De gracia recibisteis...
B. Acerquémonos para suplicar perdón. Para re-
conocer nuestras fallas, admitir nuestros peca-
dos, para presentar nuestra necesidad. Si así lo
hacemos, entonces Cristo aceptará nuestro caso
y lo hará suyo suplicando al Padre como si fue-
ra su propia súplica. Y nuestra gratitud será tan
extensa como la eternidad.
Agradezcamos porque su palabra nos afirma
“Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos
para con el Padre a Jesucristo el justo” (1ª Juan
2:1).
C. Acerquémonos con una fe viva para echar mano
de sus promesas. Él dice con toda claridad y
contundencia: “El que a mi viene no le hecho
fuera”. No solo tenemos la garantía de que él nos
oye, sino también de que nos responde.
Agradezcamos porque podemos hacer nuestra
la promesa: “Y todo lo que pidiereis al Padre en
mi nombre, lo haré” (Juan 14:13).
3. Y podemos acercarnos confiadamente a través de
la oración. A través de ella podemos estar seguros
de que Satanás no tendrá la victoria sobre nosotros
pues nuestro corazón está siempre apoyado en Dios.
A. Leemos en 1ª Juan 5:14 que “Y ésta es la con-
fianza que tenemos delante de él; que, si pedi-
mos algo conforme a su voluntad, él nos oye”.
B. En la oración, cuando pedimos bendiciones te-
rrenales “tal vez la respuesta a nuestra oración
sea dilatada, o Dios nos de algo diferente de lo
que pedimos, pero no sucede así cuando pedi-
mos liberación del pecado. Él quiere limpiarnos
del pecado, hacernos hijos suyos y habilitarnos
para vivir una vida santa” (EGW, DTG, 231,
232).
61
Semana de Gratitud
C. “Debemos tener en él la misma confianza im-
plícita que él tenía con su Padre. Jesús dijo:
“Porque separados de mi nada podéis hacer”
(EGW, CNS, 90.4).
IV. Confianza
1. Es claramente comprensible que el pecado creó una
separación entre el hombre y Dios, y la única mane-
ra de cerrar esa separación no es por algún mérito
humano, sino solamente por la gracia de Dios.
2. El Señor nos brinda la oportunidad de establecer
una relación con él, una relación de confianza, de
cercanía, de compromiso mutuo.
3. Y teniendo la gran necesidad y la certeza de perdón,
en una extraordinaria e inconcebible muestra de
gracia divina, y sabiendo que una relación comienza
y termina con confianza, a través del apóstol Pablo
se nos dice:
A. Hebreos 4:16 “Acerquémonos pues, confiada-
mente al trono de la gracia, para alcanzar mi-
sericordia y hallar gracia para el oportuno so-
corro”.
4. Es una invitación inconcebible en los tiempos que
vivimos. Porque a menudo estamos atemorizados.
Pero por la gracia de Dios:
A. Te puedes acercar sin temor. Sin dudas. Sin acu-
saciones. Nadie puede señalarte.
B. Te puedes acercar con gratitud. Porque él pro-
vee para cada necesidad. Sabemos que, de lo re-
cibido de su mano, eso le damos.
C. Te puedes acercar en actitud de adoración. Por-
que le reconoces como tu Rey y Señor y con hu-
62
De gracia recibisteis...
mildad nos postramos delante de él.
D. Te puedes acercar para entregar tu corazón.
Porque es lo que él anhela cambiar para efectuar
una transformación total.
E. Te puedes acercar para entregar tus dones, por-
que todo es suyo. Solo administramos en esta
tierra lo que él ha colocado en nuestras manos.
F. Te puedes acercar confiadamente, y cada vez
que te acerques encontrarás misericordia, gra-
cia y oportuno socorro.
V. Conclusión
1. Gracias podemos dar a Dios porque no hay quien
nos acuse, quien no señale, quien nos lleve en un
viaje de eterna culpa. La Biblia dice que “¿Quién
acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que jus-
tifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que
murió; más aun, el que también resucitó, el que ade-
más está a la diestra de Dios, el que también interce-
de por nosotros” (Romanos 8:33, 34).
2. Gratitud debemos mostrar al Creador de este mun-
do porque en nuestras debilidades, flaquezas y caí-
das, él nos mira, nos extiende la mano, nos levanta y
nos dice “Vete y no peques más” (Juan 8:11).
3. Gratitud al Soberano del universo porque hoy sa-
bemos que Jesús es “el que también resucitó, el que
además está a la diestra de Dios, el que también in-
tercede por nosotros” (Romanos 8:34).
4. Gratitud a nuestro Salvador porque podemos acer-
carnos confiadamente al trono de la gracia con un
propósito: recibir su misericordia.
5. Que nuestra gratitud se manifieste dando nuestro
63
Semana de Gratitud
corazón como la primera ofrenda.
6. Que nuestra gratitud se haga visible entregando una
ofrenda generosa para su causa.
7. Seamos generosos, porque “de gracia recibisteis,
dad de gracia”.
64
GRACIA Y
SALVACIÓN
viernes 13 de diciembre
Pasaje bíblico: “Porque la
gracia de Dios se ha mani-
festado para salvación a to-
dos los hombres”
(Tito 2:11).
I. Introducción
1.
B uenas noches apreciados hermanos y visitas.
Les agradecemos por estar aquí esta noche. Es
una bendición del cielo que podamos reunirnos
en cumplimiento de las palabras del salmista que
expresó: “¡Mirad cuan bueno y cuan hermoso es
habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo
133:1).
2. Es también un privilegio encontrarnos reunidos
65
Semana de Gratitud
en unidad y gozo para expresar nuestra alabanza y
adoración al único Dios verdadero. Llegará el mo-
mento cuando todos los seres de la tierra habrán de
postrarse delante de Dios para reconocerle como
Rey de reyes y Señor de señores.
A. Y hoy, ante la llegada del sábado, día del Señor,
podemos anticipar la promesa que nos dice: “Y
de mes en mes, y de día de reposo en día de
reposo, vendrán todos a adorar delante de mí,
dijo Jehová” (Isaías 66:23).
3. Pero además de ser hoy una reunión de alegría y re-
gocijo, también es una reunión de gratitud al Crea-
dor. No es la gratitud que se genera por la necesidad
o la obligación forzada.
A. Es la gratitud que nace del corazón sincero en
reconocimiento a cada acto bondadoso del Se-
ñor en nuestro favor.
B. Es la gratitud que se convierte en una respuesta
natural a la gracia divina.
C. Por eso el salmista expresa: “Dad gracias al Se-
ñor de señores, porque para siempre es su mise-
ricordia” (Salmo 136.3).
4. Sin duda, venir a esta Semana de Gratitud ha signifi-
cado un esfuerzo fuera de lo ordinario para algunos.
Implica dejar algunos deberes o compromisos, y es
posible que hasta haya una porción de sacrificio. Sin
embargo, cuando se coloca en primer lugar a Dios,
cuando la prioridad y el corazón se elevan al cielo,
este acto es una manera de cumplir la invitación di-
vina para “hacer tesoros en el cielo”.
5. Esperamos que esta comunión fraterna se manten-
ga mientras vivamos en este mundo, pero más aún,
que se extienda por la eternidad cuando por la gra-
66
De gracia recibisteis...
cia de Dios se nos den las moradas celestiales que el
Señor ha ido a preparar.
II. Desesperación humana
1. Sin duda, en algún momento de su vida, usted ha
experimentado la desesperación. Es una condición
donde no existe la esperanza. Donde el presente y
el futuro se ven totalmente oscuros, sin una luz que
nos guíe. Pareciera que no hay una salida visible
pues creemos que todas las puertas están cerradas.
Es una condición que en algunos casos puede llevar
a actos extremos.
2. En el libro de los Salmos se le da expresión a esta
condición cuando se refiere a ella como estar en “el
pozo de la desesperación” y en el “lodo cenagoso”
(Salmo 40).
A. Tratemos de imaginar la desesperación de José,
hijo de Jacob, cuando sus hermanos lo aventa-
ron a un pozo con intenciones no muy claras.
Indudablemente existió desesperación.
3. La desesperación puede ser causada por varias ra-
zones:
A. Una condición de salud inesperada que nos co-
loca en ocasiones entre la vida y la muerte.
B. Una necesidad financiera para la cual no tene-
mos ni el recurso económico ni una fuente para
conseguirlo.
C. Un problema familiar que sacude a los más cer-
canos al corazón y nos muestra cuan frágiles
somos.
D. La ausencia de un futuro prometedor.
4. Pero sobre todo lo anterior, el ser humano experi-
67
Semana de Gratitud
mentó la desesperación cuando a causa de la des-
obediencia cayó en pecado colocándose él mismo
en una condición de total vulnerabilidad e indefen-
sión. Voluntariamente se entregó a quien debía ser
su enemigo.
5. La Palabra de Dios expresa con total claridad y con-
tundencia lo siguiente: “por cuanto todos pecaron,
y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos
3:23). ¡Qué panorama de total desaliento! Pareciera
que no existe la esperanza.
6. Como Adán y Eva, muchos de nosotros, ante la des-
esperación y el temor emprendemos la huida, nos
alejamos, nos exiliamos. Y entonces nos encontra-
mos aparentemente “sin esperanza y sin Dios en el
mundo” (Efesios 2:12).
III. Intervención divina
1. El temor y la desesperación provocan la agonía del
ser humano; sin embargo, el acercamiento de Dios,
su gracia, produce esperanza.
2. Elena G. de White escribe que “Lo que más necesi-
tamos es fe en Dios. Cuando miramos el lado obs-
curo de las cosas, perdemos nuestro punto de apoyo
en el Señor Dios de Israel. Cuando abrimos nues-
tros corazones al temor, la senda del progreso que-
da obstruida por la incredulidad. No abriguemos
nunca el sentimiento de que Dios ha abandonado
su obra” (3JT 191.3).
3. Nuestro Dios y Padre es un Dios de amor. Él expre-
sa: “Con amor eterno de he amado” (Jeremías 31:3).
Jamás quedará estático al ver la condición caída del
hombre, al mirar la necesidad de sus hijos.
68
De gracia recibisteis...
Él actúa en nuestro favor, no porque lo merezcamos,
sino porque observa con misericordia nuestra con-
dición desesperada y entonces extiende sus manos
para sacarnos del pozo de la desesperación.
4. Por eso la Palabra de Dios, que nunca falla y que
es fuente aliento y esperanza expresa: “Dios, que es
rico en misericordia, por su mucho amor con que
nos amó, aun estando nosotros muertos en pecado,
nos dio vida juntamente con Cristo; por gracia sois
salvos; y juntamente nos resucitó, y asimismo nos
hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús, para mos-
trar en los siglos venideros las abundantes riquezas
de su gracia en su bondad para con nosotros en
Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por la fe;
y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios
2:4-8).
5. Desde el mismo comienzo de la historia bíblica se
puede observar la gracia de Dios obrando para que
el ser humano fuera salvo.
A. Las túnicas de pieles que Dios hizo para Adán y
Eva fue un acto de gracia. En su desnudez Dios
los cubrió. Merecían morir, pero les preservó la
vida, los vistió. Hizo provisión para su necesi-
dad. Extendió la mano, les ofreció una oportu-
nidad. Les proveyó de su gracia.
B. Escribió el apóstol Pedro: “Acerca de esta salva-
ción, los profetas que profetizaron de la gracia
que vendría a vosotros, diligentemente inqui-
rieron e indagaron” (1 Pedro 1:10).
6. Nosotros también merecemos morir, no tenemos
cómo ni con qué presentarnos delante de Dios. Pero
les comparto esta nota de esperanza, aliento, futuro
y gracia:
69
Semana de Gratitud
A. “Puesto que somos pecadores y malos, no po-
demos obedecer perfectamente una ley santa.
No tenemos justicia propia con que cumplir lo
que la ley de Dios exige. Pero Cristo nos prepa-
ró una vía de escape. Vivió en esta tierra en me-
dio de pruebas y tentaciones como las que no-
sotros tenemos que arrostrar. Sin embargo, su
vida fue impecable. Murió por nosotros, y aho-
ra ofrece quitar nuestros pecados y vestirnos
de su justicia. Si os entregáis a Él y le aceptáis
como vuestro Salvador, por pecaminosa que
haya sido vuestra vida, seréis contados entre los
justos, por consideración hacia Él. El carácter
de Cristo reemplaza el vuestro, y sois aceptados
por Dios como si no hubierais pecado.” (EGW,
El camino a Cristo p. 62).
IV. Gratitud por la salvación
1. Encontramos en las Sagradas Escrituras innumera-
bles referencias a los esfuerzos divinos para salvar-
nos.
2. En el libro del profeta Isaías podemos ver con clari-
dad la gracia de Dios que se manifiesta en nuestro
favor considerando lo siguiente:
A. Dios ha echado todos nuestros pecados sobre
sus espaldas (Isaías 38:17).
B. Nos tiene grabados en las palmas de sus manos
(49:16).
C. Nos ha vestido con vestiduras de salvación
(Isaías 61:10).
D. Nuestro pecado ha sido limpiado (Isaías 6:7).
E. Somos rescatados (Isaías 35:10).
70
De gracia recibisteis...
F. Curados (Isaías 53:5).
G. Escogidos (Isaías 49:17).
H. Redimidos (Isaías 63:9).
I. Perdonados (Isaías 33:24).
3. El Salmo 116 coloca delante de nosotros una pre-
gunta fundamental que no podemos evadir: “¿Qué
pagaré a Jehová por todos sus beneficios para con-
migo?” La respuesta a esta pregunta revelará si he-
mos comprendido la gracia de Dios que obra en
nuestro favor para otorgarnos salvación.
4. Sin duda, podemos responder con humildad a la
gracia divina de la salvación de diversas maneras:
A. Reconociendo que “toda buena dádiva y todo
don perfecto desciende de lo alto, del Padre de
las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra
de variación” (Santiago 1:17). Nada de lo que
podemos lograr en esta tierra es por la capaci-
dad humana. Todo se debe a la gracia divina.
B. Viviendo una vida que agrade a Dios. Somos
hijos del Creador de los cielos y de la tierra, y
agradarle a él con nuestros actos, con nuestros
pensamientos, con nuestras intenciones en una
respuesta de gratitud.
C. Compartiendo la gracia de Dios con otros. He-
mos recibido de nuestro Señor muchas ben-
diciones. No son para acumularlas sino para
compartirlas, especialmente con los menos fa-
vorecidos.
D. Entregando una generosa ofrenda de gratitud.
Esta es una expresión de nuestro deseo de habi-
tar en la ciudad celestial, la nueva Jerusalén. Es
colocar nuestros tesoros en el cielo donde nada
se corrompe.
71
Semana de Gratitud
V. Conclusión
1. Hoy podemos estar plenamente agradecidos por la
gracia de Dios que obra para que podamos ser sal-
vos.
A. “Porque la gracia de Dios se ha manifestado,
trayendo salvación a todos los hombres” (Tito
2:11).
2. Recordemos que el acto de la salvación del ser hu-
mano no fue realizado de manera improvisada.
3. Elena G. de White escribe que: “La salvación de la
raza humana siempre ha sido el objeto de los con-
cilios celestiales. El pacto de misericordia fue hecho
antes de la fundación del mundo. Ha existido desde
toda la eternidad y se lo llama el pacto eterno. Tan
cierto como que nunca hubo un momento en que
Dios no existiese, así de seguro nunca hubo un mo-
mento en que manifestar su gracia a la humanidad
no fuese la delicia de la mente eterna” (Dios nos cui-
da 74.5).
4. El apóstol Pablo nos recuerda que Jesús “es el que
también resucitó, el que además está a la diestra de
Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro-
manos 8:34).
5. Por eso nuevamente deseo invitarle a entregarse al
Señor con profunda devoción y total convicción.
Haga de esto un asunto de todos los días. Porque
solo en él serán satisfechas todas y cada una de
nuestras necesidades.
6. Y como una expresión tangible de esa entrega, le in-
vito también a traer el sábado próximo una genero-
sa ofrenda de gratitud.
7. Sigamos siendo generosos, porque “de gracia reci-
bisteis, dad de gracia”
72
DE GRACIA RECIBISTEIS,
DAD DE GRACIA
sábado 14 de diciembre
Pasaje bíblico: “Sanad en-
fermos, limpiad leprosos,
resucitad muertos, echad
fuera demonios; de gracia
recibisteis, dad de gracia”
(Mateo 10:8).
I. Introducción
1.
E stimados hermanos, hemos llegado al final de
nuestra Semana de Gratitud 2024. Con todas
nuestras fuerzas y el gozo de nuestro corazón, hoy
podemos hacer nuestras las palabras que expresó
Jacob en su encuentro de reconciliación con su her-
mano Esaú: “Dios ha sido muy bueno conmigo y
tengo más de lo que necesito” (Génesis 33:11 NVI).
2. Hemos podido recordar a lo largo de esta semana y
73
Semana de Gratitud
también conocer a lo largo de nuestra vida expresio-
nes de la gracia divina, y cada bendición recibida a
lo largo de este año que casi concluye. Bendiciones
que no merecíamos, pero que nos fueron otorgadas
por “la gracia de nuestro Señor Jesucristo, quien era
rico y por causa de ustedes se hizo pobre, para que
mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos” (2ª
Corintios 8:9 NVI).
3. En todo momento y circunstancia, incluso en aque-
llos en los que atravesamos el “valle de sombra o de
muerte” o en los que “de día nos consumía el calor y
de noche la helada, y el sueño huía de nuestros ojos”
(Génesis 31.40), sin lugar a dudas pudimos ver el
cumplimiento fiel de las promesas divinas.
4. Sin lugar a dudas el viaje de los fieles hijos de Dios
a la patria celestial en su tránsito por esta tierra,
es un viaje de gracia divina y gratitud humana. Es
un recorrido que anticipa las glorias celestiales y
la adoración eterna a nuestro Salvador. Y al igual
que Jesús en su andar por la tierra en busca de los
perdidos, nosotros también podemos ser llenos “de
gracia y de verdad” (Juan 1:14).
5. Y al reconocer con claridad que no merecemos
nada y que, sin embargo, hemos recibido todo, es
momento de preguntarnos ¿Qué debemos hacer?
¿Es posible corresponder a tan extraordinario acto
de bondad y misericordia celestial? Y la respuesta
es: sí, es posible responder. ¿Pero cómo?
II. Abundancia
1. El apóstol Pablo le escribía a los Corintios lo si-
guiente: “Poderoso es Dios para hacer que abunde
74
De gracia recibisteis...
en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siem-
pre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis
para toda buena obra” (2ª Corintios 9:8).
2. Nuestro Dios es de abundancia, jamás de escasez.
A. Él promete: “os abriré las ventanas de los cielos,
y derramaré sobre vosotros bendición hasta que
sobre abunde” (Malaquías 3:10).
B. Su palabra también nos habla de nuestro Dios
“que nos provee todo en abundancia para que
lo disfrutemos” (1ª Timoteo 6:17).
C. Además, nos dice: “Yo he venido para tengan
vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10).
D. Y ante la necesidad cotidiana de sustentarnos,
él da “semilla al que siembra, y pan al que come”
(2ª Corintios 9:10).
3. Sabemos ahora que la gracia tiene su origen en Dios
y se extiende a través de sus hijos, nosotros, a los
demás. Él nos da, como hemos leído en Malaquías:
“hasta que sobreabunde” y en la Biblia encontramos
ejemplos de ello:
A. La gracia divina hizo posible que el hijo pródi-
go, después de su extravío, regresara a casa y en-
contrara un banquete preparado especialmente
para él que no merecía nada. No importaron sus
andrajos, su olor, o su cabello largo. Fue bien
recibido, con amor paternal. De haber malgas-
tado toda su herencia, ahora lo tenía todo. La
gracia divina nos trae perdón.
B. Fue la gracia y la bondad de Dios lo que hizo
que las tinajas de vino que se encontraban va-
cías en aquella boda en Caná, volvieran a estar
llenas para regocijo de los novios, de la madre
de Jesús y de los invitados también. La celebra-
75
Semana de Gratitud
ción podía continuar, los invitados serían bien
atendidos. Porque en la presencia de Jesús no
puede existir carencia de gozo. La gracia divina
provee para nuestras necesidades.
C. Por la gracia de Dios la barca de Pedro, vacía
después de una noche de esfuerzo, pero tam-
bién estéril de pesca, sobrepasó su capacidad
con tal cantidad de peces que corría el riesgo
de hundirse. Cuando el Señor da, lo hace más
allá de lo que humanamente creemos. La gracia
celestial compensa nuestros esfuerzos.
D. La esperanza de la mujer que llevaba 18 años
con un espíritu de enfermedad y encorvada se
vio recompensada cuando escuchó a Jesús de-
cirle: “¡Mujer, quedas libre de tu enfermedad!”.
Es la gracia de Dios la que nos otorga salud
cuando es para nuestro bien.
E. La gracia de Dios secó las lágrimas de aquella
viuda, en Naín, que se lamentaba por su hijo
único que era llevado al sepulcro. “No llores”, le
dijo el dador de la vida y fue testigo del poder
de Dios sobre la muerte. La gracia de Dios pro-
vee esperanza en medio del dolor y la angustia.
4. Hoy también podríamos decir como el apóstol Pa-
blo “¿Y que más digo? Porque el tiempo me faltaría
contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté,
de David...” (Hebreos 11:32).
5. Somos parte de los planes divinos. La gracia de Dios
tiene una historia infinita de la cual tú y yo somos
parte. Se extiende a hombres y mujeres, jóvenes y
adultos. Abarca a todo ser humano pues está dispo-
nible para todos.
76
De gracia recibisteis...
III. Respuesta
1. Si hemos sido receptores de la gracia de Dios enton-
ces ha germinado en nosotros la semilla de la gene-
rosidad. Esa semilla debe de producir frutos porque
la gracia cambia el corazón. Cambió el corazón de
muchos hombres y mujeres. Un ejemplo notable es
Zaqueo.
2. Zaqueo era rico porque había ejercido una profe-
sión que sus compatriotas desechaban. Su fortuna
era fruto de la injusticia y de la extorsión. Pero su
corazón era sensible a la influencia divina.
A. Sabía que su estilo de vida era incorrecto, pero
además “sintió que era pecador a la vista de
Dios”. Sabía que el arrepentimiento y la reforma
de la vida aún eran posible para él. Fue entonces
que Jesús le dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende,
porque hoy es necesario que pose en tu casa”.
B. ¿Cómo era posible que el amor y la condescen-
dencia de Cristo se rebajara hasta él que era tan
indigno? ¿Era posible que la gracia lo hubiera
alcanzado? Fue ahí, en ese momento en que
tomó una decisión.
C. Zaqueo dijo: “He aquí Señor, la mitad de mis
bienes doy a los pobres; y si en algo he defrau-
dado a alguno, lo devuelvo con cuatro tantos”. Y
Jesús reconoció ese cambio de corazón, produc-
to de la gracia, cuando expresó: “Hoy ha venido
la salvación a esta casa”.
D. Si nuestras acciones, de cualquier naturaleza,
están motivadas correctamente y son producto
de la respuesta a la gracia divina, entonces tam-
bién se podrá decir que a nuestro hogar tam-
bién ha llegado la salvación.
77
Semana de Gratitud
3. Es momento de responder a las invitaciones divinas
que se nos han presentado:
A. Entregando el corazón. Esa siempre ha sido la
petición de nuestro Padre celestial. Al entre-
garlo, él nos promete: “Os daré corazón nuevo,
y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y
quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y
os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36.26).
B. Los hermanos de Macedonia son ejemplo de
ello, pues se dice que “os hacemos saber la gra-
cia de Dios que se ha dado a las iglesias de Ma-
cedonia... a sí mismos se dieron primeramente
al Señor” (2ª Corintios 8:1, 5).
IV. ¿Qué pues tendremos?
1. ¿Le inquieta saber qué espera a aquellos que fueron
receptores de la gracia divina y fueron canales de
bendición para otros?
2. Una pregunta legítima en nuestra relación con Dios
la hizo Pedro: “He aquí, nosotros lo hemos dejado
todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?”
(Mateo 19:27).
3. Si hablamos de una respuesta con efectos terrenales,
recordemos que la Biblia habla de hombres y muje-
res que “conforme a la fe murieron todos estos sin
haber recibido lo prometido, sino mirándolo de le-
jos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que
eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (He-
breos 11:13) .
4. Y aunque parezca descorazonador leer que “murie-
ron sin haber recibido lo prometido” el mismo pa-
saje establece que proveyó “Dios alguna cosa mejor
78
De gracia recibisteis...
para nosotros” (v. 40).
5. Y sin embargo, ante la pregunta de Pedro “¿Qué
pues tendremos?”, Jesús responde con contun-
dencia: “De cierto os digo que, en la regeneración,
cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de
su gloria, vosotros que me habéis seguido también,
os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce
tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas,
o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer,
o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces
más, y heredará la vida eterna” (Mateo 19:28, 29).
6. En Romanos 8:32 (NVI) leemos como complemen-
to de esta promesa lo siguiente: “El que no escatimó
ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos
nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamen-
te, junto con él, todas las cosas?”
7. ¡Qué maravillosa es la gracia divina! En esta tierra
el Señor nos da vida, salud, fuerzas, sabiduría, ta-
lentos, habilidades, y la lista sería muy larga. Pero
además de lo que terrenalmente recibimos y pode-
mos disfrutar, el Señor nos promete heredar la vida
eterna.
8. E. G. White señala que “En aquel día, los redimi-
dos brillarán con la gloria del Padre y del Hijo. Los
ángeles, pulsando sus áureas arpas, darán la bienve-
nida al Rey y a sus trofeos de victoria, los que haya
sido lavados y emblanquecidos en la sangre del Cor-
dero. Resonará un canto de triunfo que llene todo el
cielo. Cristo ha vencido. Entra en la corte celestial
acompañado de sus redimidos, que atestiguan que
no fue vana su misión de sufrimiento y sacrificio”
(1 TS 231.1).
79
Semana de Gratitud
V. Conclusión
1. Al llegar al final de esta Semana de Gratitud 2024
traigamos a la memoria la misión que Jesús les en-
comendó a sus discípulos. Ellos habían sido objeto
de la gracia divina. Habían tenido el privilegio de
compartir el ministerio terrenal de su Maestro.
2. Ahora él les recomienda ir a “las ovejas pedidas de
la casa de Israel” para predicarles que el reino de los
cielos se había acercado.
3. Y entonces les indica: “Sanad enfermos, limpiad le-
prosos, resucitad muertos, echad fuera demonios;
de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).
4. Es nuestra oportunidad la de responder a la gracia
que hemos recibido entregando nuestro corazón
junto con nuestra ofrenda de gratitud.
5. Concluyendo con las palabras finales de la Biblia
“La gracia del Señor sea con todos ustedes. Amén”
(Apocalipsis 22:21).
6. Es momento de entregar nuestra ofrenda de grati-
tud.
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