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Historia y Evolución del Deporte

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Universidad Católica Argentina

Facultad de Ciencias Sociales

Periodismo Deportivo

APUNTE DE CÁTEDRA

150 AÑOS DE JUEGO

-Pablo de Biase-
1 Las Edades del Deporte

1 LA PELOTA, LA SOCIOLOGÍA Y LA HISTORIA


Como una pelota que viene rodando desde hace décadas, con efecto de bola de
nieve, la cultura del deporte y la cultura de la vivencia del deporte -de la pasión por
el deporte, si se prefiere- ha permeado todos los niveles expresivos de las culturales
populares en el mundo.

El grado de universalismo que cada deporte ha logrado reside, antes


que nada, en la síntesis perfecta que haya conseguido como juego-
deporte-espectáculo. Pero, también, es un proceso en marcha, ya que los
deportes -aunque el rasgo sociológico que permite englobarlos pueda unificarse en
la combinación de esos tres factores, a fines del siglo XIX-también tienen edades.
Las edades de los deportes colectivos están signadas por cómo se hayan combinado
los factores de la tríada mencionada en cada disciplina deportiva. Es decir:
1) por la historia del juego (la adhesión que despiertan por su propia “gramática”);
2) por la historia como disciplina deportiva (el grado de maduración de las reglas
hasta darles el formato óptimo) y
3) por la historia como atracción de masas (el deporte como industria cultural).
La historia, entonces, no puede anularse o desconocerse en función del mero
carácter sociológico. Para que éste tenga algún sentido substantivo, desde la
perspectiva de las narrativas deportivas, y no sea una mera etiqueta que engloba
rasgos muy generales, hay que buscar aquellas particularidades que
permitan generalizaciones comprensivas, pero también el momento
histórico de cada disciplina en particular dentro del deporte moderno
en general. Por lo tanto, vale destacar el “pecado original” de las grandes
disciplinas deportivas de conjunto.

2 EL COMÚN ORIGEN ESCOLAR


La característica principal que permite reconocer el deporte moderno remite a su
origen común: las instituciones educativas para adolescentes y
jóvenes. En la medida en que aquéllas modificaron sus pautas de tolerancia,
primero; y de promoción y estímulo, a lo largo de las décadas que se suceden de
1820 en adelante, después, respecto de los juegos corporales de sus alumnos, nos
hallamos ante las condiciones de posibilidad, pero también ante las condiciones
históricas concretas que permitieron el nacimiento y consolidación del deporte
moderno.
El deporte moderno de equipos nace en Gran Bretaña, en las Public-Schools (que
son privadas y elitistas aunque su nombre llame a confusión), y tiene su segundo
capítulo fundacional en las escuelas e institutos de la YMCA (Young Men Christian
Association), de Massachussets, en la costa Este de Estados Unidos.
La influencia del ámbito escolar para situar el nacimiento del deporte moderno, no
es distintivo ni por su origen más o menos elitista ni por el fundamento educativo
que impregnará en mayor o menor medida al deporte hasta el día de hoy. Lo es,
antes bien, por dos cuestiones básicas que el medio educativo permitió imprimirle:
1) el formato y 2) la competitividad pautada.
El medio escolar, además de por la obviedad de que adolescentes y jóvenes se
hallan en la edad ideal para la iniciación deportiva, permitió que los juegos
físicos tradicionales adquirieran reglas cada vez más comunes e
instancias de competencia inscriptas en el calendario por la propia
práctica de los juegos y no por festividades religiosas.
El reglamento y los campeonatos son, pues, el fruto de la relación entre las
instituciones educativas entre sí. La necesidad de los estados nacionales,
que se consolidan como tales en los siglos XVII, XVIII y XIX, de
unificar pautas mínimas de contenidos escolares, crearon las
instancias de comunicación más fluidas entre escuelas y universidades;
y éstas, con el desarrollo de los juegos físicos, alentaron de este modo la creación de
competencias interescolares e interuniversitarias. Así, nacen los reglamentos y los
torneos, que unifican las incipientes geografías, historias y cronologías deportivas.

3 DEPORTE, JUEGO Y ESPECTÁCULO


Los juegos físicos que los estudiantes practicaban primeramente en los
recreos y horas libres pasaron a conquistar una porción cada vez
mayor del tiempo de enseñanza, desdibujando la frontera entre
pasatiempo y enseñanza. Así, el deporte de equipos comienza a adquirir las
formas embrionarias de la tríada que se mencionaba al comienzo: juego-deporte-
espectáculo.
Como juego, es atrapante y relativamente sencillo de practicar. Y equilibra muy
bien: (1) un nivel altísimo de tensión competitiva, que lo vuelve tan atrapante para
cualquiera que lo practique, aun del modo más informal y (2) una marcada
capacidad de autorregulación de los desbordes violentos que cualquier juego de
intenso contacto genera.
Como deporte, en todo a lo que refiere a lo que va más allá de lo lúdico, permite
realzar los principios fundacionales del amateurismo:
(1) desarrolla las diversas capacidades físicas, mentales y de integración social,
(2) conjuga reglamentos que son, quizá, complejos en sus detalles pero cuyos
fundamentos básicos resultan fáciles de comprender y transmitir, y
(3) genera un espíritu de equipo que fomenta la solidaridad, el compañerismo y los
liderazgos positivos entre los miembros de un mismo equipo.
Como espectáculo resulta, sin duda, la más cautivante atracción para ocupar una
grada. Primero, fueron los compañeros, docentes, tutores y familiares. Luego,
sucedió todo lo que nos atrapa y nos reúne.
2 150 años de juego (1ª parte)

1 A PROPÓSITO DE LAS EDADES DEL DEPORTE


En la clase anterior se comenzó a trabajar con un concepto al que se puede entrar
desde varios lados: el de las edades del deporte. Implica, en primer lugar,
considerar la historia del deporte moderno como un todo, como una
construcción de la cultura de la modernidad que los historiadores de la
cultura fechan hacia los años 60 del siglo XIX. No es casualidad, pues, ni
tampoco, mera correlación estadística que en1863 se ubique el nacimiento oficial
del fútbol -el football association-, el de las instituciones que deciden adoptar los
principios reglamentarios de la universidad de Cambridge y constituyen la Football
Association (FA).
Ahora, en segundo lugar, las edades del deporte refieren a la especificidad de la
disciplina deportiva en particular a la que se quiera hacer referencia. Y refieren en
lo que hace a la madurez de ese juego como tal, pero también como deporte, como
lenguaje deportivo con cierto grado de universalización y -concepto vital en la
modernidad antes aludida- como espectáculo que convoca, real y virtualmente,
auditorios planetarios, cada vez más imprescindible para que los dos primeros
aspectos puedan seguir desarrollándose.
Los casos que se tomaron en la ejercitación de la clase anterior son dos buenos
ejemplos para mostrar las diferencias de madurez de las disciplinas de equipo: el
fútbol y el vóley.
Ya a fines del siglo XIX, el fútbol era un juego cuyos principios básicos y cuyo
reglamento eran muy similares a los actuales; pero, además, debido a su rápida
expansión en todo el mundo, en las primeras décadas del siglo XX, era un deporte
conocido y comprendido por distintas generaciones y sectores sociales aunque no
lo practicaran ni lo hubieran practicado nunca, y un espectáculo de masas -e
industria cultural- en expansión permanente.
El voley, en cambio, es una disciplina inmadura si se la compara con el fútbol. Está
en expansión y, por ejemplo, cambió drásticamente su formato al borde mismo del
fin del siglo XX, cuando modificó no sólo la duración de los partidos, sino la forma
de puntuación y la propia dinámica del juego. Hace menos de 20 años de esto, lo
que le reportó una fuerte profesionalización en muchos países en los que aún era
una disciplina amateur. Su inclusión olímpica fue tardía (Tokio 1964), como su
propia organización internacional, que se registró casi comenzada la segunda mitad
del siglo pasado (1947); a la fecha, la Federación Internacional de Volley Ball
(FIVB) ha tenido sólo tres presidentes.

2 LAS EDADES Y LAS TENSIONES EN 150 AÑOS DE JUEGO


Precisando un poco, respecto de los dos ejemplos que se han tocado, hay que decir
que, en tanto deportes de equipo, el fútbol y el voley se encuadran como fenómeno
cultural dentro de lo que llamamos el deporte moderno, que se fecha con la
fundación de la Football Association, en Inglaterra, hace poco más de 150
años. Vivimos, pues, en la Era del Deporte, pertenecemos a la séptima,
octava o novena generación mundial, educada y socializada en los
valores y los atractivos del deporte, ¡de juego, deporte y espectáculo!
Apenas 150 años tiene el deporte organizado, que nos parece tan natural como el
agua o el aire. Esos 150 años representan la edad del deporte genérico;
ahora, la “madurez” de cada disciplina estará signada por las
relaciones y las tensiones entre los tres aspectos (juego-deporte-
espectáculo). La madurez del fútbol –o del rugby- son, digamos, una función de
cómo se conjugan esos aspectos.
El fútbol y el rugby, por caso, tienen una prehistoria fehacientemente acreditada: el
tronco común de los juegos de pelota, del football de los patios y terrenos de
escuelas y universidades que comenzaron a desarrollarse desde los inicios del siglo
XIX, en Gran Bretaña. Juegos que, sin reglas precisas y, con un uso indiferenciado
de pies y manos, se remontaban a siglos de historias comunales europeas, en una
tradición que retomaron aquellos estudiantes inquietos. De aquí que la necesidad
de reducir los niveles de violencia, por un lado, y la de darle forma más precisa y
pautada a las competiciones, por el otro, redundaran en la creación de la FA, en
1864 y de la Rugby Union (RU), en 1871, cuando los juegos de football ya tenían
una cierta “madurez originaria”.
El fútbol (football association) y el rugby (football rugby) reconocen,
entonces, los 150 años “genéricos” de deporte institucionalizado como
fondo histórico. Que son 153 y 145, respectivamente, en sus historias como
deportes, como disciplinas deportivas específicas con sus reglas propias... Pero que
son casi 200, en tanto que juegos; y no más de 120, como espectáculo organizado.
La edad del deporte ha de hallarse en las tensiones en que se combinan estas
temporalidades: las edades genéricas del deporte como una totalidad, las de cada
juego, las de cada disciplina... pero también las del espectáculo deportivo, como tal
y de cada caso específico. En la combinación de estos factores y tensiones, se halla
la madurez de una disciplina deportiva.
Retomando la comparación original, el fútbol tiene 200 años como juego mientras
que el voley tiene 120. Y mientras que aquél tiene 150 como deporte, el
voley recién hace 70 años pudo unificar un reglamento, que además se
vio drásticamente modificado hace menos de 20. Esto se debió,
básicamente, a la necesidad de generar un formato atractivo para la TV; o sea que
el factor espectáculo fue determinante en la transformación deportiva y lúdica del
vóleibol.
Quienes alguna vez tuvieron la ocurrencia de segmentar los tiempos del fútbol para
permitir que las transmisiones de fútbol tuvieran más espacios de publicidad, se
toparon con la férrea determinación del International Board (IB), el organismo que
unificó y decidió sobre las reglas del fútbol dentro del Reino Unido, primero, y tras
la incorporación de la FIFA en 1913, de todo el mundo. La antigüedad del juego fue
un factor decisivo para consolidar la unicidad del deporte y para mantener el
espectáculo dentro de los tiempos y las reglas del deporte antes que a la inversa.
Por supuesto, a la larga, la tradición deportiva -asentada sobre la tradición lúdica-
generó más atractivo para la propia condición espectacular. De hecho, el fútbol
permanece casi idéntico mientras que la televisión de aire parece tener fecha de
vencimiento.

3 LA ERA DEL DEPORTE


Precisando un poco, respecto de los dos ejemplos que se han tocado, hay que decir
que, en tanto deportes de equipo, el fútbol y el voley se encuadran como fenómeno
cultural dentro de lo que llamamos el deporte moderno, que se fecha con la
fundación de la Football Association, en Inglaterra, hace poco más de 150
años. Vivimos, pues, en la Era del Deporte, pertenecemos a la séptima,
octava o novena generación mundial, educada y socializada en los
valores y los atractivos del deporte, ¡de juego, deporte y espectáculo!
Apenas 150 años tiene el deporte organizado, que nos parece tan natural como el
agua o el aire. Esos 150 años representan la edad del deporte genérico;
ahora, la “madurez” de cada disciplina estará signada por las
relaciones y las tensiones entre los tres aspectos (juego-deporte-
espectáculo). La madurez del fútbol –o del rugby- son, digamos, una función de
cómo se conjugan esos aspectos.
El fútbol y el rugby, por caso, tienen una prehistoria fehacientemente acreditada: el
tronco común de los juegos de pelota, del football de los patios y terrenos de
escuelas y universidades que comenzaron a desarrollarse desde los inicios del siglo
XIX, en Gran Bretaña. Juegos que, sin reglas precisas y, con un uso indiferenciado
de pies y manos, se remontaban a siglos de historias comunales europeas, en una
tradición que retomaron aquellos estudiantes inquietos. De aquí que la necesidad
de reducir los niveles de violencia, por un lado, y la de darle forma más precisa y
pautada a las competiciones, por el otro, redundaran en la creación de la FA, en
1864 y de la Rugby Union (RU), en 1871, cuando los juegos de football ya tenían
una cierta “madurez originaria”.
El fútbol (football association) y el rugby (football rugby) reconocen,
entonces, los 150 años “genéricos” de deporte institucionalizado como
fondo histórico. Que son 153 y 145, respectivamente, en sus historias como
deportes, como disciplinas deportivas específicas con sus reglas propias... Pero que
son casi 200, en tanto que juegos; y no más de 120, como espectáculo organizado.
La edad del deporte ha de hallarse en las tensiones en que se combinan estas
temporalidades: las edades genéricas del deporte como una totalidad, las de cada
juego, las de cada disciplina... pero también las del espectáculo deportivo, como tal
y de cada caso específico. En la combinación de estos factores y tensiones, se halla
la madurez de una disciplina deportiva.
Retomando la comparación original, el fútbol tiene 200 años como juego mientras
que el voley tiene 120. Y mientras que aquél tiene 150 como deporte, el
voley recién hace 70 años pudo unificar un reglamento, que además se
vio drásticamente modificado hace menos de 20. Esto se debió,
básicamente, a la necesidad de generar un formato atractivo para la TV; o sea que
el factor espectáculo fue determinante en la transformación deportiva y lúdica del
vóleibol.
Quienes alguna vez tuvieron la ocurrencia de segmentar los tiempos del fútbol para
permitir que las transmisiones de fútbol tuvieran más espacios de publicidad, se
toparon con la férrea determinación del International Board (IB), el organismo que
unificó y decidió sobre las reglas del fútbol dentro del Reino Unido, primero, y tras
la incorporación de la FIFA en 1913, de todo el mundo. La antigüedad del juego fue
un factor decisivo para consolidar la unicidad del deporte y para mantener el
espectáculo dentro de los tiempos y las reglas del deporte antes que a la inversa.
Por supuesto, a la larga, la tradición deportiva -asentada sobre la tradición lúdica-
generó más atractivo para la propia condición espectacular. De hecho, el fútbol
permanece casi idéntico mientras que la televisión de aire parece tener fecha de
vencimiento.
3 El Cuerpo, el Alma y la Mente

1 LA ESPACIALIDAD Y LA CORPORALIDAD EN LA NUEVA SOCIEDAD


Los deportes de equipo, con su origen en juegos tradicionales readaptados para una
práctica permanente y pautada con regularidad, y afincados en instituciones
educativas, son sin duda el primer eslabón de la historia del deporte moderno.
La necesidad de reducir los niveles de violencia, por una parte, y de encontrar
formatos comunes para la organización de torneos, por la otra, son los rasgos
salientes y distintivos del deporte y de las disciplinas colectivas, desde el punto de
vista morfológico, de lo que hace a las formas concretas que van tomando esos
juegos estudiantiles en el fútbol y el rugby, primero, y en una serie de otros juegos,
entre los que destacan el básquetbol y el vóleibol, después.
Ahora, para la comprensión de que estos desarrollos hubieran sido posibles, debe
volverse la mirada sobre un aspecto que quedó apenas esbozado en la primera
clase: el clima de época, el nacimiento de nuevos tipos de liderazgo
social y cultural, que acompañaban un cambio económico, ideológico y
organizativo revolucionario, muy profundo en cuanto a las formas de
ver el mundo, de vivirlo, de habitarlo, y de pensarlo y de contarlo.
Un vital cambio de paradigma que sacudió los cimientos de la sociedad tradicional
y que no para de sacudirse hasta nuestros días, en los que el paradigma de la
sociedad tecnológica está revolucionando, a su vez, aquel paradigma revolucionario
de la sociedad burguesa e industrial. La consolidación de la vida en las urbes, y de
la matriz religiosa protestante en la educación -más acorde con el nuevo tipo de
sociedad que se estaba pariendo-, implicaron una reconsideración profunda del
cuerpo, de la higiene corporal, de los usos corporales en el contexto del
hacinamiento de las multitudes en las ciudades.

2 DEPORTE, IDEOLOGÍA E IDEOLOGÍA DEPORTIVA


La revolución industrial implicó la transformación más profunda, en
todos los aspectos que se puedan pensar, de la historia de la
humanidad. En 200 años, el mundo vio crecer geométricamente su población -
que pasó de menos de 1.000 millones en 1800, a más de 7.000 millones en 2000- y
a concentrarse en un 90 por ciento en las ciudades y las grandes ciudades, a
diferencia de siglos y milenios anteriores en los que el grueso de los habitantes
tenían su residencia en el ámbito rural, reunidos en pequeñas villas y pueblos.
La concentración de la población en superficies reducidas, el nuevo tipo de tareas y
el crecimiento de las actividades y tareas con poco desempeño físico (tanto por la
rutinización fabril, como por los trabajos de oficina, que cada vez fueron ocupando
a más gente) generaron la necesidad social de encontrar actividades que
implicaran la liberación de energías corporales. Esto se sumó a la falta de
cohesión social en las urbes, en las que las multitudes pasaron a ser la nota
distintiva. Multitudes de solitarios, por cierto, ya que los lazos comunitarios,
religiosos y hasta familiares habían desaparecido, o, al menos, diluido entre
poblaciones nuevas, en barrios nuevos… Cantidades y cantidades de solitaros que
se desplazaban hacinados sin sentirse parte de ningún grupo significativo.
La organización del ocio y del tiempo libre pasó a convertirse en una necesidad
vital de la dominación, del desarrollo, de la posibilidad misma de la vida en
sociedad. La descarga física de tensiones y la resocialización pasaron a
convertirse en una preocupación de los sectores dominantes, de la
educación religiosa y estatal... Una nueva conceptualización del cuerpo
precisaba ser puesta en juego para romper con el dualismo cristiano de la
Antigüedad y del Medioevo. El cuerpo necesitaba volver a ser tenido en cuenta. Un
cristianismo muscular, que resignificó la frase Mens Sana In Corpore Sano se
volvió cada vez más protagónico. También, una laicización de la educación y de la
difusión de nuevos valores pasó a ser parte del discurso de un Estado cada vez más
protagónico y cada vez más atento a las necesidades de la nueva sociedad. Nacía la
ideología deportiva.
El dualismo mente-cuerpo del pensamiento de Aristóteles había desplazando la
unicidad de los tiempos de los juegos deportivos, ya en la Antigüedad. El
cristianismo de la época medieval acogió estas ideas en su filosofía, y
devaluó el deporte y la competición deportiva, así como el sexo y el
resto de actividades físicas, por estar en contraposición con el ideal del
alma. Cualquier cuidado físico entró en esta categoría con el desarrollo del
catolicismo como ideología y sistema dominante de Occidente, lo cuál llevó a las
sociedades a elevadísimos y hoy inconcebibles niveles de insalubridad, falta de
higiene y cuidado corporal. Fue lo que algunos exponentes de la ideología
deportiva, como Pierre de Coubertin, mentor de los modernos Juegos Olímpicos,
denominaron “odio a la carne”.
Una posición extrema de aquel pensamiento del catolicismo con respecto a la
cuestión corporal puede encontrarse bien avanzado el siglo XX en agrupaciones
como el Opus Dei, que sostenía, por ejemplo, que “el maltrato del cuerpo conduce a
la salvación del alma”. Frente a este panorama, ya a fines del siglo XVIII,
comenzaron a surgir corrientes, dentro del cristianismo protestante, mayoritario en
los principales centros del capitalismo industrial, que apoyaban el cuidado de la
salud y el ejercicio físico. El naciente cristianismo muscular. Una corriente que se
puede situar emergiendo en 1762 con la obra Emile, de Jean Jacques Rousseau, que
introduce la idea de que la educación física es importante para la moralidad. Este
movimiento siguió creciendo gracias a clérigos como Charles Kingsley, o laicos
como Thomas Hughes, autor de la obra Tom Brown’s Schooldays, en la que relata
la importancia del deporte en el curriculum de este personaje durante su carrera
académica. Pierre de Coubertin fue un admirador de Hughes.
En este contexto, de un cristianismo protestante que revaloriza el cuerpo y la
práctica atlética, se encuentra la famosa cita del poeta latino Juvenal, del siglo I
cristiano, ya resignificada: “Mens Sana in Corpore Sano”. La primera vez que fue
utilizada en relación con el deporte fue en Liverpool, en 1861, en el gimnasio de
John Hulley. El lema se propagó por gran cantidad de sociedades deportivas y
gimnasios en Inglaterra. En septiembre de 1864 pudo leerse este suelto de prensa,
en el Shrewsbury Chronicle: “El logo que las Sociedades Olímpicas de Gran
Bretaña han adoptado, puntualiza la mayor concepción de la humanidad. Tener
una mens sana in corpore sano”.
Pierre de Coubertin, fundador del Comité Olímpico Internacional (COI), en 1890, y
protagonista en la aparición de los Juegos Olímpicos Modernos (Atenas 1896)
acogió con gusto el lema, finalizando muchos de sus discursos con él, hasta que
acabó convirtiéndose en oficial de los Juegos Olímpicos modernos.
En 1902, Coubertin reformuló la frase, cuando el deporte era una fuerza imparable
en todo el mundo. “Mens Fervida in Corpore Lacertoso” (una mente
ardiente en un cuerpo musculoso), propuso. El lema original se impondría, sin
embargo, por sobre los deseos del factótum del deporte y por cierto, con mayor
fuerza que cualquier máxima aristotélica.
4 150 años de juego (2da parte)

1 EL DEVENIR DEPORTIVO Y LAS CONDICIONES HISTÓRICAS


Los conceptos de las edades del deporte, por un lado, y de la evolución de la tríada
juego-deporte-espectáculo, por el otro, nos permiten, como miembros de las ocho o
nueve generaciones que han sido educadas en el deporte, en una primera
recapitulación, precisar en números redondos: 200 años de juego, 150 años de
deporte y 120 de espectáculo. Y se puede agregar: alrededor de 100 de
industria del deporte consagrada, y más de 10 de industria digital.
El contexto de la revolución industrial, de la urbanización, de la aceleración de las
comunicaciones y de la educación generaron las condiciones y entornos precisos
para el crecimiento y desarrollo del deporte y, luego, de las disciplinas deportivas,
lo que es condición necesaria pero no obligatoria. No se puede explicar
acabadamente el origen y el desarrollo de un fenómeno social sin su contexto.
Pero tampoco, sólo por éste. Porque, en términos contrafácticos, la
necesidad de actividad fìsica podría haber derivado en, por ejemplo, la
militarización de los juegos corporales; prácticas que existieron como
tendencias en muchos países, por ejemplo, en la Argentina finisecular,
cuando la pedagogía deportiva pudo «derrotar» a la de tendencia
«castrense».
El deporte aparece así como un triunfo de lo lúdico por sobre lo disciplinario, en
tanto que tendencia, y este sello de origen será fundamental para poder explicar su
posterior carácter de industria cultural. Difícilmente podría haberse consagrado el
deporte como la industria cultural más importante y masiva del siglo XX y de lo
que va del XXI de haberse impuesto la matriz militarista por sobre la deportivista
en el derrotero de las actividades físicas reguladas que los cambios
socioeconómicos «exigían».
Vemos, de este modo, como el carácter ciego de los procesos sociales queda
evidenciado a propósito del deporte. Nunca un curso de acción posible y
relativamente necesario ocurre en condiciones de imposibilidad, pero sólo ocurre
efectivamente más allá de éstas en su singularidad histórica. Esto es, hubiera sido
imposible que el deporte tal como lo conocemos floreciera en la sociedad medieval
europea pero cómo floreció en la sociedad moderna responde a las particularidades
y circunstancias históricas concretas que tuvieron lugar gracias a infinidad de
interacciones concretas, específicas e irrepetibles, tales como se dieron.
Así, las particularidades históricas del desarrollo de los juegos de
equipo, únicas e irrepetibles, son las que posibilitaron el surgimiento
de las distintas variedades de los deportes que se dieron a partir del
football de las primeras décadas del siglo XIX, en Inglaterra, que
tuvieron muchas versiones que persisten hasta nuestros días. El football
Association y el rugby Union, como los principales y más universales; pero
también, el rugby League, el fútbol irlandés, el fútbol australiano y decenas de
variedades que no se impusieron por sobre los primeros y que han desaparecido o
son apenas notas curiosas, ya entrados en el siglo XXI. Esto, en lo que hemos
ubicado como los deportes originarios que modificaron al resto.
Pero para ser más precisos, vale hacer una gran distinción: todos los juegos de
football son lo que podemos llamar deportes de desarrollo, ya que obedecen a una
evolución histórica que llegó a la forma organizada a partir de los acuerdos entre
deportistas e instituciones, a diferencia de los juegos de pelota de gimnasio que
fueron creados en un gabinete, como el basketball, el handball y el volleyball, y que
obedecen, por lo tanto, a la característica de deportes de diseño. Sin los deporte de
desarrollo no habría deportes de diseño, por lo menos como concepto distintivo. Y
sin las características que les imprimió la sociedad de masas a todos, no existirían
una historia, una sociología y un periodismo del deporte tan precisos, ricos y llenos
de enfoques, narrativas y épicas.

2 DEPORTES DE DESARROLLO
Cuando el 26 de octubre de 1863 once representantes de universidades y
sociedades deportivas que practicaban el football se reunieron en un
pub de Covent Garden, Londres, para unificar las reglas de juego, no
sabían que estaban protagonizando un hecho histórico sin precedentes:
¡Estaban nada menos que fundando el deporte moderno! Como toda
conceptualización social (en la historia, las ciencias sociales o el periodismo) sólo es
posible después de que muchas otras circunstancias y características hayan
ocurrido y conformen una trama densa... Sólo es posible después de muchos otros
sucesos y conceptualizaciones.
Por caso, si el juego cuyo reglamento intentaron modelar aquella tarde, en
la Freemasons Tavern, los representantes de Kilburn, Barnes, War Office,
Forest, Crusaders, Perceval House, Blackheath, Kensington School,
Crystal Palace, Blackheath School y Surbiton no hubiera trascendido a sus
instituciones y no se hubiera popularizado como se popularizó -ni se hubiera
desarrollado el deporte como se desarrolló-, y otro tipo de actividad física escolar
hubiera prevalecido en el devenir histórico, apenas si serían recordados en algún
boletín o periódico de sus clubes, como son recordados -digamos, para establecer
una analogía- algunos de los tantos clubes de voluntarios de buenas causas no
demasiado difundidas en nuestros días.
La trascendencia posterior del fútbol y del deporte convirtió a aquel encuentro en
un pub londinense en un hecho histórico. La historia es un proceso ciego, para el
que los condicionamientos estructurales y los vientos ideológicos son necesarios
pero no suficientes. Quién puede establecer en su presente que lo que es una moda
se convertirá luego en tendencia y años después, en acontecimiento
histórico. Quizá dentro de 50 años, los cazadores de pokémones, que en
agosto de 2016 trajinaban el suelo real de algún edificio o solar en la
República Argentina en el que se hallaban los gimnasios virtuales, sean
el día de mañana evocados como los predecesores de una nueva
civilización lúdica y deportiva.
Que un tal William Webb Ellis hubiera tomado la pelota con la mano y
protagonizado a continuación una veloz carrera sosteniéndola, en uno de los
rústicos y poco delineados juegos de football en el patio de juegos de la Rugby
School, en 1823, no sería tema -ni anécdota siquiera- si la modalidad, embrionaria
por entonces, de los juegos de pelota que desarrollaban en esa institución no
hubiera seguido el curso que siguió. Como sí lo siguió hoy Webb Ellis es el
prócer oficial del deporte, quien le da nombre a la copa del mundo que
cada cuatro años se disputa en los mundiales de rugby, y cuya
organización a partir de 1987 terminó de consolidar al rugby como el
deporte de equipo más popular en el mundo, luego del fútbol.
El football rústico y con normas poco claras -y distintas según las instituciones-
que, en 1820, era poco más que una moda en las Public Schools inglesas, pasó a ser
una tendencia a mediados de los años 40, cuando en 1845 se estableció el código
Rubgy y en 1847, el código Cambridge. Cuando en 1863 se fundó la Football
Association, siguiendo la orientación de Cambridge y en 1871, la Rugby Union, tras
la de la universidad homónima, la tendencia se consolidaba en dos disciplinas, al
echar sus primeras raíces sólidas el deporte organizado.
Los deportes de desarrollo, gestionados por sus practicantes de, al menos, dos
generaciones, se iban delineando con claridad. Los paralelismos son asombrosos.
Tanto como las singularidades que portarían los dos juegos de equipo surgidos del
tronco común. En 1870 tiene lugar el primer partido internacional de
fútbol entre Inglaterra y Escocia; al año siguiente, el primero de rugby,
entre los mismos países.En el fútbol, en 1871 surgirá la figura del arquero, y en
el 81, los penales. En el rugby, en 1881, los jugadores de campo serán 15, y desde
1883, los touch-downs comenzarán a puntuar adquieriendo el status de los actuales
tries, que se llaman así porque antes sólo daban lo posibilidad de un intento de
patear para puntuar. En la década del 80 del siglo XIX, también, ambos deportes
establecerían los International Boards, destinados a unificar el reglamento en suelo
británico, primero, y pocos años después, en todo el mundo.
Así, en desarrollo, en evolución, durante más de 60 años, la práctica, la experiencia
y el debate a partir de éstas, modelaron los dos juegos de equipo que juntos
expresaron y expresan paradigmáticamente la estética y la ética de los juegos de
equipo. Cada cual conservó determinados aspectos del tronco común y desarrolló y
potenció otros. En el fútbol, se redujeron la violencia y el roce físico y se
perfeccionó la posibilidad estética del juego al decidirse jugar sólo con los pies. El
rugby, a su vez, al mantener niveles de brusquedad y de roce físico
mucho mayores, logró conservar y consolidar los valores estrictamente
deportivos como ninguna otra disciplina: la conciencia de equipo -de
los colores que se defienden-, el respeto por los liderazgos, por jueces y
rivales y -quizás antes que nada- por el juego mismo.
La creación de los Boards, con el concepto que implican respecto de la soberanía
fundante de los jugadores -las generaciones precedentes velando por las reglas y
normas-, es el mejor ejemplo de la característica de deporte en desarrollo. El juego,
y el deporte, son vistos como creaciones colectivas, basadas en la experiencia que, a
partir de cierta madurez, pasa a convertirse en tradición. Esto explica, quizá como
ningún otro factor, que tanto en el rugby como en el fútbol, el factor espectáculo
esté condicionado mucho más por el factor juego que al revés. Y a pesar de la
preponderancia que aquél ha adquirido con la hipertrofia del deporte como
industria cultural.

3 DEPORTES DE DISEÑO
El fútbol y el rugby eran LAS disciplinas de los deportes de equipo en el
contexto de una cultura deportiva que empezaba a extenderse entre las
clases burguesas de casi todo el mundo, comenzados los años 90 del
siglo XIX. Eran, por lo menos, aquellos juegos de pelota que, vistos desde hoy,
pretendían un grado elevado de universalidad. Toda la universalidad que podía
representar el imperio británico en aquellos años, al menos.
En Massachussetts, en el noreste de Estados Unidos, donde los inviernos son muy
rigurosos, donde el imperio británico ya no regía, donde el cristianismo muscular
se extendió en el sistema pedagógico con marcado vigor y donde, además, la
educación media y superior logró una penetración social inigualada en el mundo
hasta bien entrado, al menos, el siglo XX, las instituciones educativas vinculadas a
la YMCA hicieron punta en la educación deportiva. Al punto que alumbraron los
dos juegos de equipo que se ubicarían por detrás de fútbol y rugby en la
consideración mundial, en tanto que deportes organizados.
El basketball, expresión inglesa cuya adaptación al castellano es baloncesto y que
en Sudamérica se denomina básquetbol, es, a diferencia, de los juegos de football,
un deporte con unos orígenes históricos perfectamente claros y documentados.
Tiene un padre, un lugar de nacimiento y hasta una fecha de creación: el
padre, JAMES NAISMITH, el lugar de nacimiento, SPRINGFIELD,
MASSACHUSSETS y la fecha, el 17 de diciembre de 1891.
Naismith nació en 1861, en Ramsay, cerca de Toronto (Ontario, Canadá). Al
graduarse, en la universidad de Springfield, en Massachusetts (Estados Unidos), a
los 26 años, era un destacado deportista que practicaba rugby, atletismo, fútbol,
gimnasia y lacrosse (un juego de pelota con palos, sobre césped, con cierto parecido
al hockey, que sigue siendo un deporte universitario importante en Estados Unidos
y Canadá). En 1882, a los 31 años, Naismith era capitán del equipo de fútbol del
Springfield College e instructor de remo, lucha, natación, cricket y boxeo.
El Springfield College es una institución de la Asociación Cristiana de
Jóvenes (YMCA, en su sigla inglesa). Como docente de actividades físicas y un
pasado deportivo en el que los juegos de equipo originarios (fútbol y rugby)
tuvieron un papel fundamental, Naismith recibió la sugerencia y pedido de que
estudiara la creación de una actividad con características de deporte de conjunto y
que se pudiera jugar en el gimnasio del colegio, en época invernal.
Inspirado en el pot-ta-pok de los mayas, redactó las reglas del básquet. Esas
reglas variaron mucho desde entonces, pero sus fundamentos siguen
vigentes en el juego moderno. En vísperas de la navidad de 1891, pues,
los estudiantes de Springfield jugaron los primeros partidos utilizando
unas cajas de duraznos, y una escalera para sacar la pelota (que fue
una de fútbol) cuando se producía un gol. En 1893 se aceptó que podían
jugar en canchas pequeñas cinco contra cinco y en las canchas grandes, nueve
contra nueve. Y en 1897, el número de jugadores en los equipos se fijó en cinco
personas. Paulatinamente, las reglas fueron adaptándose a las necesidades de los
gimnasios cerrados y al número de jugadores, hasta llegar al terreno con las
dimensiones 26 metros de largo por 14 metros de ancho que rigieron hasta
diciembre de 1984, y las actuales 28 por 15.
El vóleibol, apenas cuatro años después que el básquetbol ya fue un deporte de
diseño de segunda generación. Esto implica que en su concepción, tuvo al básquet y
su carácter de juego deportivo de diseño como inspiración directa, en tanto que
posibilidad testeada de diseñar juegos como iniciativa pedagógico-formativa para el
desarrollo deportivo.
Creado en 1895 por William G. Morgan, en el ámbito de otra institución de la
YMCA de Massachussetts, el vóleibol nace ya de un gimnasio o club tal cual los
conocemos hoy (al menos, en su forma embrionaria). En el YMCA, de Holihoke, a
pocos kilómetros al sur de Springfield, Morgan -entonces director de Educación
Física de la institución que había establecido, desarrollado y dirigido un vasto
programa de ejercicios y de clases deportivas masculinas para adultos-, se dio
cuenta de que precisaba de algún juego de entretenimiento y competición a la vez
para variar su programa, y no disponiendo más que del básquetbol en las
instalaciones cerradas -y del presupuesto- con que contaba, echó mano de sus
propios métodos y experiencias prácticas para crear un nuevo juego.
Morgan describe así sus primeras investigaciones para elaborar el juego que en un
comienzo se llamó Mintonette: El tenis se presentó en primer lugar ante mi, pero
precisaba raquetas, pelotas, una red y el resto del equipamiento, además de que no
podían jugarlo más de cuatro por partido. De esta manera, fue descartado. Sin
embargo, la idea de una red parecía buena. La elevamos alrededor de dos metros
del suelo, es decir, justo por encima de la cabeza de un hombre medio. Debíamos
tener un balón y entre aquéllos que habíamos probado, teníamos la vejiga (cámara)
del balón de baloncesto. Pero se reveló demasiado ligero y demasiado lento;
entonces probamos con el balón de baloncesto, mismo, pero era demasiado grande
y demasiado pesado. De esta manera nos vimos obligados a hacer construir un
balón de cuero con la cámara de caucho que pesara entre 280 y 350 gramos.
A 10 kilómetros, cuatro años después que el básquet, el voley sería el primer
deporte de diseño adaptado (de segunda generación de diseño y elaborado para un
espacio deportivo específico) que se impondría en el mundo. Tardó mucho más que
el básquet... pero llegó. El diseño, como veremos luego, permite ahorrar
(quemar) etapas históricas pero no garantiza el éxito. Como tantas
cosas en las sociedades relativamente democráticas, dependerá en
última instancia de la capacidad de entusiasmar a un núcleo
numeroso... y a más de una promoción o generación. A menos que
creamos que el Pokémon Go ya es un deporte consagrado con un futuro venturoso.
5 Discursividad del deporte y narrativas
deportivas (1ª parte)

1 LA EDUCACIÓN Y EL DEPORTE COMO DISCURSO


Tanto los deportes de desarrollo como los de diseño reconocen un origen educativo
muy claro. Porque, como en el caso del football originario, fue en el espacio de las
Public Schools, en Gran Bretaña, donde comenzó la práctica de los juegos y se
socializó entre los alumnos, para ir transformándose, con el correr de las décadas,
de práctica tolerada en práctica auspiciada, primero y, finalmente, en práctica cada
vez más central de la propia propuesta pedagógica.
El desarrollo de los juegos físicos como juegos deportivos, con una discursividad
cada vez más original, basada en la combinación particular entre actividad física y
diversión, no sólo fue un resultado del cambio de paradigma en la
educación de la modernidad: fue paradigmático, a su vez, en lo que
resultó la educación moderna y sus instituciones. El formato deportivo de
la educación es, pues, una de las consecuencias no deseadas pero inspiracionales
del contexto educativo que permitió que surgieran y tomaran forma los deportes de
desarrollo.
Así, el modelo educativo inglés de fines de siglo XIX y comienzos del XX –que
llevaba implícito el modelo deportivo de los deportes de desarrollo- fue el primer
vehículo con se produjo el proceso de internacionalización del fútbol y del
rugby. Las elites de diversos países apostaron al modelo inglés para sus
descendientes; así nacieron los primeros equipos escolares y con éstos,
los primeros clubes de fútbol y rugby. En un tiempo histórico bastante breve:
las dos décadas que median entre los años 90 del siglo XIX y los 10 del siglo XX.
En esos 20 años interseculares, los dos principales deportes de desarrollo se
extendieron entre las elites de buena parte del planeta, a través de los maestros
británicos que enseñaron el deporte a través de los colegios; algunos de ellos
perduraron por haber sembrado la semilla de lo que serían muchas décadas
después algunas de las grandes escuderías, principalmente del fútbol, en casi todos
los continentes. (Nota: el profesionalismo del fútbol fue un proceso que terminó
confluyendo con el amateurismo no demasiado traumáticamente en un mismo
movimiento, mientras que en el rugby la escisión fue casi fundacional desde el
Rugby League, que adquirió un formato propio, mientras que el Rugby Union se
profesionalizó bien entrado el siglo XX, y sigue existiendo un muy fuerte rugby
amateur competitivo).
Los deportes de diseño, como se ha visto, también nacieron en el
ámbito educativo. La diferencia, elemental y constitutiva, pasa por dónde, cómo
y por qué. A diferencia del fútbol y del rugby, el básquet y el vóley -y la inmensa
mayoría de los juegos de interiores- responden a un diseño premeditado, en tanto
que expresión de una voluntad de generar ex profeso una serie de disciplinas
deportivas en el contexto de un movimiento pedagógico, cultural, religioso e
ideológico bastante preciso y con fines que expresaran en su cometido, el espíritu
que los animaba: el cristianismo muscular protestante, que tenía en mente un
proyecto de sociedad muy claro, que se manifestaba por las maneras de
comportarse en el mundo y que narraba el sueño del progreso individual como
parte del progreso social que pretendía sintetizar el avance del mundo como
expresión del plan divino. El deporte era, en este proyecto, una parte importante y
muy explícita de una educación con valores y pautas conductuales bien
determinados.

2 LOS BENEFICIOS COLATERALES EN LA CONSTRUCCIÓN DEL DISCURSO


DEPORTIVO
Simultáneamente a los grandes docentes del deporte, los directivos, empleados y
trabajadores de empresas británicas que se asentaron en toda la geografía
planetaria, difundieron entre sus colegas nativos los deportes “originarios” (fútbol y
básquet), junto con el cricket y el hockey sobre césped, creándose así también gran
cantidad de clubes por esta vía. El imperialismo británico, en su faceta de
emporio más que de conquistador militar, fue así no sólo el generador
sino el gran difusor de los primeros juegos de equipo, de los deportes
de desarrollo, y de los equipos y clubes en los que se jugó. Las visitas más
o menos regulares de equipos de fútbol (tanto profesionales como amateurs) y de
rugby (básicamente, amateur) a todos los confines del mundo “actualizaban” y
“modernizaban” la gramática del discurso deportivo, a la par que eran la gran
atracción mediática -cuando el gran medio era la organización de encuentros
deportivos en grandes parques y estadios- de aquellos tiempos pioneros para
entusiasmar a nuevos aficionados.
Por supuesto, el proyecto del cristianismo puritano no pudo lograr su cometido de
transformación de los valores y los modos de vida de la sociedad
norteamericana. Otros valores y disvalores y, probablemente, la propia
dinámica de una sociedad tan abierta -que encontró en el capitalismo
expansivo y agresivo otra manera de entender el éxito económico; no
como muestra de salvación, sino como un fin en sí mismo- llevaron al
triunfo rotundo del consumismo por sobre cualquier otra pauta de vida
que haya pretendido imponerse. Desde la YMCA se compartieron el básquet y
el vóley en la geografía norteamericana, pero también en la cruzada cristiana
evangélica que se extendió por toda la zona de influencia de los Estados Unidos en
el mundo; un movimiento mucho más vasto que la propia YMCA, aunque ésta y los
juegos de equipo que nacieron en su seno fueron los inspiradores de la cruzada en
su capítulo deportivo.
Éste –el fracaso relativo del cristianismo puritano como proyecto de nueva
sociedad- es uno de los aspectos más contundentes a la hora de pensar los factores
que llevaron a la industrialización agresiva del deporte, a intentar convertirlo sólo
en un producto de consumo instantáneo. Algo que, como el proyecto puritano,
tampoco, se dio de este modo. Hoy, el deporte es la industria cultural más grande
que se pueda concebir a escala planetaria pero, a diferencia de cualquier otra
industria cultural, en última instancia su narración no se ciñe a un guión pautado,
por más prediseño y discurso estandarizado que existan.
En el caso de los juegos de equipo, los diseños de los grandes pedagogos de la
YMCA y la cruzada evangélica, fueron complementados, seguramente como no lo
pensaron sus inspiradores, por la expansión militar de Estados Unidos. El
militarismo y el expansionismo norteamericanos fueron quizá, junto
con el consumismo desenfrenado, los grandes factores que ayudan a
explicar el fracaso del modelo de sociedad puritano, en el cual el
deporte formativo ocupaba un lugar importante.
Así como el consumismo llevó a la industrialización y profesionalización extremas
del deporte, modificando los sentidos originarios pero no la propia potencia
discursiva de los juegos deportivos de equipo que es lo que, entre otras cuestiones,
permitió que el deporte llegara a los sectores más marginados de las sociedades, el
expansionismo militar norteamericano fue agente de algo similar: llevó los
deportes de diseño donde no había llegado la YMCA en su cruzada mundial.
En la Primera Guerra Mundial, el básquet desembarcó en Europa de la mano del
ejército de Estados Unidos, en las pelotas que viajaron en barco junto con las
destrezas de los soldados, que les pasaron el mensaje a sus colegas europeos,
improvisando aros. Como ya lo venían haciendo esos británicos que
correteaban pateando pelotas de fútbol, o se revolcaban en el barro
atrás de una guinda, en casi toda la geografía del mundo conocido. En la
Segunda Guerra Mundial, les tocó el turno a las playas del Pacífico, a la red y a la
pelota de vóley. La popularización del deporte le debió mucho a las vías no
escolares ni elitistas. (Nota: por supuesto, antes de las guerras, la YMCA y otras
instituciones norteamericanas en las que el básquet se desarrolló, cruzaron mares
y llegaron tempranamente, por ejemplo, a Rusia. Sin embargo, el contagio de
trabajadores, empleados o soldados británicos o norteamericanos hizo mucho en
la expansión de la frontera social de los juegos de equipo.)
El “contagio”, más allá de los muros de los colegios elitistas y de los gimnasios, fue
la forma más clara de cómo la discursividad del deporte logró expresarse. La
narratividad de cada juego de equipo se expresaba en la propia práctica, más allá
del discurso educativo. La pasión lúdica, el juego en sí, contaba cosas y transmitía
experiencias que excedían el discurso pedagógico o los ritos de camaradería. Los
juegos deportivos de equipo hablaban por sí mismos mucho antes de que se
organizara el periodismo que sistematizaría su relato.

3 DISCURSIVIDAD, NARRATIVIDAD Y NARRATIVAS DEPORTIVAS


Mientras que los deportes de desarrollo fueron una creación colectiva a la que la
práctica y la experiencia iban dando forma, los deportes de diseño fueron parte de
un proyecto mucho más premeditado, si se quiere. Por supuesto, ambos
surgieron de las clases acomodadas de una nueva sociedad en
formación, la de un capitalismo industrial anglosajón, decidido a
correr hasta el infinito la modernidad. Junto con el movimiento olímpico,
del cual son tributarios y autores en distintos grados, los deportes de desarrollo
británicos y los deportes de diseño norteamericanos confluirían en el movimiento
cultural más importante y más ecuménico de la historia de la humanidad, al que no
hay religión, ideología, formación nacional, tribal, étnica… que no lo haya adoptado
y comprendido en su significación universal: el deporte.
El deporte como práctica, como creencia, como fuente de valores y liderazgos,
como espacio de identificación individual y grupal, como espectáculo y también
como celebración. Nada ha habido en la historia de la humanidad que haya sido tan
universal y tan capaz de generar entendimiento, diálogo y comprensión. Por eso, y
no al revés, la presencia de las violencias, los sectarismos y las pasiones que se
generan en torno de él, precisamente por su capacidad de ser portador de valores y
códigos universales, que lo vuelven importante y ecuménico, antes que a la inversa.
He aquí, además, el dilema de las patologías deportivas: si quienes se proponen
utilizarlo para los fines que fueran, pero a la vez se sienten legítimos portadores de
su visión radicalizada, lograran llevar a cabo sus objetivos hasta el máximo de sus
posibilidades, terminarían fracasando porque un deporte ultra manipulado deja de
ser deporte.
Los hooligans, los terroristas, los ultranacionalistas, los miembros más conspicuos
de regímenes totalitarios, o los empresarios más explotadores e inescrupulosos
sucumben a la tentación de la manipulación deportiva porque encuentran en la
legitimidad social y cultural del deporte una forma para intentar legitimar otras
cuestiones. Porque más temprano que tarde, el fenómeno deportivo -aun en las
condiciones de explotación políticas, económicas y sociales en que se encuentra
actualmente- logra un grado de autonomía que es llamativo para el nivel
de presión, tensión y de intereses en que se halla inmerso.
El básquet infantil o los clubes de rugby son ejemplo paradigmáticos de cómo los
valores deportivos son más fuertes que muchos otros, y de cómo representan la
autonomía del deporte por sobre otros códigos o apariencias. Que los niños que
juegan al básquet –y sus familias- sigan siendo educados en una cultura deportiva
de confraternización e intercambio en las fiestas anuales que se realizan en muchos
países, convocando a decenas de miles de pequeños deportistas a reunirse en una
ciudad determinada una vez al año para celebrar su deporte, no es mérito ni
expresión de la lucidez de las dirigencias deportivas ni obra de alcaldes o
intendentes que apoyen traslados y colaboren a la organización de los festejos…
Tanto como el tercer tiempo o el respeto por rivales y árbitros en el rugby no son
expresión privilegiada de los valores de la caballerosidad burguesa. Cruzado por
ésas y otras cuestiones, el valor intrínseco del deporte sigue siendo el
núcleo de un discurso y de una discursividad increíblemente
universales.

4 ¿QUÉ ES EL DEPORTE?
Hay una escena de la película El testaferro (Martin Ritt, 1976), en la que el
protagonista, Woody Allen, le dice a su pareja: “¿Natación, alpinismo…? Eso no es
deporte, eso es superviencia. El deporte es aquello que se juega con una pelota…”.
Más allá del humor –o, precisamente, a partir de éste-, hay una verdad popular en
la frase que es interesantísima. Y lo es también porque tiende un puente
comprensivo entre contexto histórico-social y lingüística: los juegos de equipo
tienen. si se quiere, su razón expresiva en el hecho mismo de jugarse con un balón.
La pelota es lo que permite construir la discursividad y la narratividad del deporte.
Un juego de equipo se vuelve discurso porque se comunica desde el terreno con
una pelota, que es el vehículo narrativo por excelencia de la suma de dibujos únicos
e irrepetibles que se trazó en una competencia particular.
La discursividad de un deporte de equipo es, entonces, la articulación mediante las
reglas de la disciplina de los movimientos y de los dibujos físicos en el terreno o
pista de juego de esa disciplina.Y la pelota es nada más y nada menos, que la
“palabra” que permite que discursividad y narrativa se conviertan en
literatura. Narrativas que cuentan y contaron los protagonistas, los
pedagogos, los ideólogos, los dirigentes… ¡y los periodistas y literatos!
El deporte cuenta de sí mismo –de la disciplina en particular- al ser jugado un
encuentro. Pero también cuenta del deporte genérico. Y cuenta también lo que va
siendo contado en el desarrollo único e irrepetible del partido en singular. Esta
combinación superpuesta de discurso, discursividad, narrativa y narración es una
construcción histórica que va poniendo capas sobre capas de sentidos e
interpretaciones ,que narraron los primeros jugadores, los primeros dirigentes, los
primeros entrenadores... los primeros periodistas. Y como un idioma va edificando
sus sentidos no sólo por su estructura sino por la práctica misma. Porque cada
partido encierra la posibilidad de un quiebre, de una revolución…del nacimiento de
nuevas posibilidades lingüísticas, ¡y también de nuevos relatos!
Así como todos los juegos de equipo cuentan las posibilidades del deporte en sí -
que es lo que interpela a sus practicantes para jugar cada partido, para entrenarse,
para soñar nuevos partidos-, al protagonizar un partido, los practicantes cuentan a
su vez la historia única e irrepetible de ese partido y al hacerlo cuentan también la
historia universal del deporte. Esta narrativa se volcará en un par de frases en el
muro de Facebook del equipo de la oficina… o en infinidad de titulares que surquen
el ciberespacio en “tiempo real”.
Esta capacidad de los protagonistas de protagonizar el momento único de cada
partido o performance es lo que hace del deporte algo tan único. Así, la
discursividad, el discurso, la narratividad… sucumben en buena
medida a la narración de lo irrepetible, que es lo que hace que las
narrativas deportivas sigan vigentes 150 años después.
6 La narrativa deportiva y la narración
periodística

1 ASPECTO LÚDICO, TRADICIONALISMO E INNOVACIÓN TÁCTICA


Los deportes de desarrollo, en tanto que los modernos juegos de equipo que
cobraron forma a partir de la improvisación y de la experiencia de muchas
promociones de estudiantes en patios, terrenos y campos escolares, le dieron su
sello distintivo al deporte moderno: le dieron, antes que nada, su tono,
su espíritu lúdico.
Así, la necesidad histórica –en tanto que requerimiento estructural de la nueva
sociedad en formación- de actividades físicas para los hombres jóvenes en un
contexto de industrialización y urbanización, fue adquiriendo su particularidad
histórica –en tanto que el modo único e irrepetible en que los sucesos y formas se
produjeron-, en el deporte y los modernos juegos deportivos de equipo, con una
expresividad y discursividad fuertemente lúdicas. Las actividades fueron, además,
juegos.
El fútbol y el rugby, junto con las otras variedades de juegos de football, fueron los
formatos del deporte como juego (con un alto contenido de diversión y por esto, de
narrativa y no sólo de discursividad). Fueron el producto de un desarrollo no
planificado. Por esto, resultaron revolucionarios. “Inventaron” el deporte de
equipo. Este movimiento colectivo antes que individual, que resultó
tremendamente creativo, al adquirir forma -al cobrar sus reglas un carácter
constitutivo, una vez plasmadas-, por esto mismo –la formalidad como una
conquista del movimiento colectivo- convirtió al impulso creador en
conservador.
Lo que se había logrado con el esfuerzo y aporte de dos o tres generaciones, al
momento de volverse regla “constitucional”, asociación o unión, clubes y ligas, y
traducirse en competencias periódicas, representaba un valor a conservar antes que
una eterna probeta. Por eso, el carácter creador y fundador de los juegos de football
terminó representando, para bien y para mal (y para mejor, coincidirá la mayoría),
un espíritu conservador, menos permeable a los cambios reglamentarios
permanentes y a los roles de innovación dentro y fuera de los campos de juego.
Los deportes de diseño, que fueron juegos de equipo como consecuencia histórica
de los deportes de desarrollo, gracias a su carácter experimental como condición
constitutiva, han llevado a presentar la modificación permanente como parte del
espíritu del juego. El cambiar reglas, modalidades y el probar variantes
constantemente se han convertido en un sello distintivo de los juegos de gimnasio.
Así, las tácticas permanentes, el diseño de entrenamientos, los cambios constantes
en la constitución de las formaciones en campo, la pizarra y el rol decisivo de los
entrenadores y coachs. No es casualidad que el “concepto ajedrez” de estos
deportes de equipo se haya impuesto. Cada vez más, los equipos técnicos juegan un
rol decisivo en el básquet y el vóley. El análisis de estadísticas y tendencias, los
tiempos muertos o los cambios de jugadores hasta para jugadas preparadas de
segundos, previas a un minuto táctico –tiempo muerto-, han vuelto al vóley y al
básquet en partidas de pizarra, de tableta digital con programas y jugadas
preparadas en el sueño de un simulacro perfecto a ser interpretado por avatares de
músculo y sangre.
Así, vemos desplegarse la paradoja. Los deportes de desarrollo a cielo abierto, con
una expresividad lúdica indómita, inspiraron la creación de los deportes de diseño
bajo techo. Los primeros hicieron de su innovación, tradición. Los segundos, de su
falta de tradición, el desarrollo de la táctica total. Y desde hace décadas, el rugby y
el fútbol intentan desde los límites de su tradicionalismo (para la mayoría,
afortunados) reducir cada vez más la incertidumbre, transformando a los viejos
entrenadores en estrategas y líderes de equipos de conducción cada vez más
sofisticados, incorporando más y más elementos surgidos de los laboratorios del
básquet y del voley.
La hibridación de los sentidos dispuestos en las narrativas de los juegos de equipo
nos muestra el presente de las competencias. Cada vez más y más hacen los
entrenadores, técnicos, coachs, psicólogos, preparadores físicos, nutricionistas y
analistas de tendencias y de imágenes reales y de simulacros virtuales para reducir
la indeterminación de los partidos de los juegos de equipo de la alta competencia,
tanto en los deportes de desarrollo y como en los de diseño. Y cada es más la
intensidad, la adrenalina y la tensión. El secreto sigue estando en el
fundamento básico del deporte, que no ha de cambiar si pretendemos que el
deporte siga siendo deporte: que cada equipo juegue a ganar.

2 DE LA ARBITRARIEDAD DEL NÚMERO A LA SOCIOLOGÍA DEL NÚMERO


La popularización y la adquisición de nuevos sentidos en la historia de los deportes,
y en la historicidad específica de cada disciplina deportiva, implicaron el despliegue
de nuevos sentidos, al ser incorporados por nuevos actores. Como todo discurso, en
consecuencia, cambia, se enriquece y se vuelve polisémico.
Esta polisemia, tras más de 150 años de juego y más de 100 del deporte como el
lenguaje-dispositivo cultural más universal que se haya conocido en la historia de
la humanidad, nos cuenta y da cuenta de ciertas paradojas. Porque polisemia
implica múltiples discursos, pero también múltiples lecturas.
Así, podemos apreciar que los números han jugado y juegan roles y significaciones
importantes en el devenir y desarrollo de los deportes como juegos y dispositivos
discursivos, empujados por una poderosísima industria cultural, pero también por
una avidísimo público-mercado deportivo. Esto es, no sólo se intenta vender y
vender, cada vez más, mayor cantidad de productos y experiencias deportivas, sino
que cada vez crece la demanda por más y más productos y experiencias deportivas.
Podemos comprobar, entonces, que así como los deportes de diseño con el
uso exhaustivo de las estadísticas generaron una “numerología”
deportiva que se filtró a todos los juegos de equipo, la industria del fútbol,
globalizadora por excelencia, implicó un culto por los números que globalizó a los
demás deportes. En todos, las estadísticas del juego propiamente dicho, pero
también de las cifras de pases, derechos, productos y shares y porcentajes de rating
se volvieron los artículos de fe de jugadores, entrenadores, dirigentes y
empresarios.
Este fetichismo numerológico arroja diversos significantes, algunos aún vinculados
a cierta cuestión histórica. Que Messi, Neymar o Pogba hagan –o intenten hacer,
según los casos- uso del número 10 implica una suerte de pacto con la historia, con
el número de Pelé, Maradona o Platini, y con el número que fijaba una posición en
la cancha, con una atribución de rol muy clara: ser generador de juego, portador de
talento y, también, goleador. Ahora, hay asimismo significantes
desenraizados del significado que trascienda al nombre de un crack,
como la 23 que supo usar Jordan. En básquet, ese número equivale al
máximo crack de la historia del básquet mundial, pero sólo eso.Luego,
llegó el azar o el capricho en la elección, y el número solo representa la
arbitrariedad misma de algún crack al escoger el numeral.
El número de la cantidad de jugadores en la cancha de cada deporte, con el correr
de los tiempos también se ha llenado de mística y ha pasado a designar a la
formación misma de un deporte. El 11, el 5 ó el 15... de un lugar, de una victoria, de
una hazaña, reemplazan así a equipo. Y también son una referencia codificada. Un
jugador piensa el juego, y a la vez se piensa en el juego en función de la cantidad de
puestos-roles que existen en su propio equipo, pero también en el contrario. Ni
hablar de los técnicos. Vemos así que la cantidad de players que en un comienzo
tuvo bastante de azar permiten la existencia clara de sociologías, tácticas y
dispositvos del número.
Por último, las cifras aunque sean vagas, hablan de la popularidad de un juego de
equipo. El fútbol, los Mundiales de fútbol, suman audiencias mil millonarias en
todo el planeta. Luego, muy por detrás pero en permanente crecimiento
se ubican los mucho más recientes Mundiales de rugby. Por más que en lo
que hace a popularidad, en tanto que penetración en los sectores más humildes y
desprotegidos, el segundo lugar detrás del fútbol -y en algunos países y ciudades,
luchando codo a codo- lo ocupa el básquet. Un campito con un par de postes a cada
lado, o cualquier superficie imaginariamente rectangular con prendas
improvisando los palos, rivalizan con patios y playgrounds en los que al menos
haya un aro, para que las pelotas reboten en derredor.

3 SURGIMIENTO, CONSOLIDACIÓN Y DESAFÍOS DE LA LECTURA Y

NARRATIVA DEPORTIVAS
Situados ya en el terreno de las narrativas deportivas, las contadas desde las
performances, hay que destacar que tempranamente esas narrativas generaron
lecturas. Y éstas, metanarrativas. He aquí, el origen lógico de la literatura
periodística deportiva.
Las primeras narrativas periodísticas eran eminentemente pedagógicas, porque el
periodismo deportivo, desde sus orígenes, fue un introductor y explicador de la
discursividad y la narratividad deportivas. Se instruía, se difundía, se explicaba y se
contaba.
El segundo momento lógico del periodismo deportivo fue el de la lectura
relacional. La narrativa de una performance no sólo leída en sí misma,
sino puesta en relación con la historicidad de un equipo, de la
disciplina deportiva en cuestión, pero también con su entorno (el
público, el barrio, la ciudad, el país). De este modo, nacen los relatos épicos,
las narraciones de las hazañas deportivas y su inscripción histórica, en la historia
del deporte mismo pero también de la narrativa literaria y periodística sobre el
deporte.
Durante décadas se estandarizó la narrativa periodística que se limitaba a la
enumeración descriptiva de las acciones de un match, con alguna carga de
exageración. Esto fue típico del dominio de la radio, el periodismo escrito y aún los
largos primeros tiempos de la televisión. La visión en tiempo real fue patrimonio de
los espectadores de los partidos y de los periodistas que lo llevaban a los grandes
públicos. Este contrato de lecto-escritura del suceder deportivo era suscripto aún
por los propios espectadores de los partidos, que gustaban tanto de escuchar la
transmisión radial del partido que estaban viendo, como de la transcipción e
interpretación de la prensa escrita.
El saber interpretador del periodismo deportivo no era puesto en discusión. La
narración hiperbólica de las acciones se acompañaba de la pieza genérica del
periodismo deportivo que aún hoy resiste al paso del tiempo y a los desafíos de la
innovación tecnológica: el comentario de análisis. Esta pieza es desarrollada tanto
en radio y televisión como en gráfica y multimedia. Ejemplos notorios, en la
Argentina actual, pueden hallarse en periodistas como Diego Latorre, Juan Pablo
Varsky u Horacio Pagani.
Las nuevas condiciones tecnológicas, a la par que acentuar la experiencia –el HD y
su despliegue de colores acentuados y sensaciones de híper realidad-, recuperan
paradójicamente el estilo de narración deportiva por parte de los protagonistas
directos de los viejos tiempos, anteriores al desarrollo del periodismo deportivo. Se
registra, así, una tendencia a la desaparición de la enumeración descriptiva, con lo
que la narración tiende a homologarse el acontecer: el partido se cuenta por sí
mismo en su contenido formal ante la multitud que lo sigue, real o virtual. La
mediación se reduce significativamente en lo cualitativo, aunque los tweets o
punteos se multipliquen, al igual que los mediadores.
7 La narración y la narratividad deportivas en
la era del simulacro y la realidad virtual

1 DEPORTE, PERIODISMO DEPORTIVO Y ESTÉTICA DEL SIMULACRO


La aceleración registrada en la segunda década del siglo respecto de la
industrialización de las tecnologías de la Realidad Virtual aplicadas a la industria
del espectáculo, y cada vez más presentes en los arrabales del espectáculo
deportivo, configura un contexto de reflexión interesante, necesario e
imprescindible en la reflexión deportiva. Esto es, la reflexión sobre el deporte y sus
condiciones de producción y, por esto mismo, sobre la narratividad misma del
deporte como discurso y del periodismo deportivo y sus narraciones.
La estética del simulacro no es sólo un concepto de la teoría estética, útil para
críticos de arte y teóricos de cuestiones ajenas al deporte. Por el contrario, si bien
es parte de la teoría estética, es fundamentalmente un asunto de la comunicación y
del periodismo de los últimos 30 años. La industria del deporte, como la mayor
industria cultural de los últimos 50 años es aquélla que más conmocionada se verá
cuando lo que está sucediendo desde hace años termine de dar por tierra con un
montón de sentidos asentados durante décadas en los 100 años de industria
deportiva y 150 de juego.
Probablemente la cotidianidad del suceso deportivo nos impida tomar conciencia
completa de la velocidad, intensidad y sentido del cambio que se viene operando.
Hoy, el espectáculo deportivo, la discursividad deportiva, el discurso
deportivo y sus narraciones periodísticas están atravesando un cambio
conceptual mucho más profundo que la banalización de pensar que
todo se resume en la parodia de calzarse un casco sensorial, blandir un
pulsador y entregarse a la drogadicción de los impulsos escópicos de la
virtualidad.
Jean Baudrillard sostenía hace cerca de 30 años que “el simulacro no es lo que
oculta la verdad; es la verdad la que oculta que no hay verdad: el simulacro es
verdadero”. La frase de Baudrillard puede resultar confusa, pero al mismo tiempo
provoca y, lo más importante, invita a pensar en lo que nos atañe más allá de las
especulaciones sobre el autor y su pensamiento.
Seguramente lo primero que nos viene a la mente cuando escuchamos el término
“simular” es “fingir” o “disimular”, sin embargo para Baudrillard “disimular es
fingir no tener lo que se tiene, mientras que simular es fingir tener lo que no se
tiene.” Y, lo importante al respecto: “todo lo que creemos saber, lo que
consideramos como verdadero es un simulacro y por lo tanto ya ha aprendido a
engañar a nuestros sentidos y pensamientos”.
La abolición de la realidad, en tanto aquello que coincide plenamente con lo
“verdadero” ha quedado abolido en la época de las modernas comunicaciones, en la
época en que los medios han sobrepasado y suplantado a la comunicación.
Baudrillard lo entendió muy bien, más allá de ciertas exageraciones, cuando
estudió la cuestión de la Guerra del Golfo en 1991 y cómo la CNN con sus
transmisiones construyó una noción de verdad, de realidad y de guerra que no
mentía estrictamente sino que exageraba y construía el propio espectáculo de una
guerra; una guerra espectacularizada para ser mediatizada y llevada a las pantallas
como espectáculo híper real.
Este concepto de híper real, asociado al rol preponderante de los medios y a la
construcción de la híper realidad no sólo como exageración sino como
necesidad de un orden sensorial que necesita más efecto de realidad
que la propia realidad puede verse claramente asociado con lo sexual y
su estética. La pornografía, por caso, más allá de sus excesos obvios remite a una
cuestión muy clara en el orden de la híper realidad: necesita mostrar más que lo
que el ojo puede ver en la práctica real del sexo porque el deseo y la selectividad
más obvia del deseo construyen un orden de híper realidad. Así se mostró la Guerra
del Golfo. Así se pretende construir la híper realidad deportiva, asociada a la
estética del simulacro, patentizada en la sensación de experiencia con que se
muestran, ¡y se ven!, los juegos de consola. Así se está televisando, hacia eso
estamos yendo… porque ya comenzamos a ir.

[El football americano es quizá la cruza híbrida por excelencia –o más temprana, al
menos- de deportes de desarrollo y de diseño. Surgido como variante del rugby y
del fútbol, conserva los 11 players del fútbol pero adopta el juego de manos del
rugby. Y, quizá entre otras cosas por su desarrollo competitivo como deporte
escolar (durante varias décadas del siglo XX fue más popular la competencia
universitaria que la profesional, y aún hoy sigue siendo un gran negocio de la
industria deportiva estadounidense), el football americano incorporó reglas propias
de los juegos de diseño, que permitieron una planificación mucho más precisa que
en el rugby y el fútbol, con tiempos muertos y varias decenas de suplentes para
múltiples cambios, entre otros factores.]

2 HÍPER REALIDAD, PODER, MEDIOS Y CONGLOMERADOS


Esta construcción de la híper realidad se ha logrado mediante el proceso de asignar
estímulos y signos reales a un concepto, es decir que somos nosotros mismos
los que hemos decidido que elementos debe contener un objeto (cada
vez más asociado a experiencias de percepción de realidad) para ser
considerado como verdadero. Como real.
Y si nos preguntamos cómo es que hemos perdido entonces la noción de realidad y
cómo es que estamos sumergidos en simulacros sin habernos percatado de ello, es
porque éstos tienen un poderoso aliado, que son los medios de comunicación. Los
medios de comunicación también han influido en la híper realidad en
la que ahora creemos, ya que muchas veces se hacen construcciones de
un concepto basados en los intereses políticos o de algunas industrias y
es en este punto en el que se manipula nuestra percepción.
Un claro ejemplo de cómo los medios de comunicación reafirman la híper realidad,
son los estereotipos de belleza de la mujer que éstos establecen. Una mujer para ser
bella debe tener los signos que los medios de comunicación le asignan, como un
cuerpo delgado, pero con glúteos y senos grandes, un cabello sedoso y brillante,
una piel perfecta, nariz pequeña y pómulos marcados. Pero ¿quién dijo que estas
características son las que construyen o las que equivalen a la belleza en una
mujer? Fácil, este estereotipo de belleza lo promueven las industrias que se
benefician al hacer que todas las mujeres quieran encajar en este prototipo. Desde
la industria de las cirugía estética, la industria del maquillaje o cualquiera que se
encargue del cuidado personal de la mujer, todas estas promueven una imagen de
belleza para crear consumismo y de esta forma volverse industrias multimillonarias
a base de vender un concepto de belleza creado por las industrias y reproducido por
los medios de comunicación.
El poder de los medios de comunicación, como parte de un entramado corporativo
cada vez más concentrado, centralizado y poderoso, va más allá de
presentarnos conceptos de nuestra híper realidad, sino que su
verdadero poder reside en el establecimiento de los simulacros como la
verdad, como lo único real. Y como si no fuera poco ya ser manipulados y estar
a la merced de los deseos de quién controla los medios de comunicación, este grupo
cada vez es más reducido debido a la aparición de los grandes conglomerados
mediáticos que cada vez cobran más y más fuerza.
En 1978, cuando en la Argentina se disputaba el primer Mundial de la moderna Era
FIFA -el mundial en el que el poder corporativo comenzaba a urdir la trama
institucional, empresaria y espectacular en torno del deporte-fútbol-, Baudrillard
intuía muy bien que “Disneylandia es un modelo perfecto de todos los órdenes de
simulacros entremezclados, ya que no solamente muestra el ideal del „american
way of life‟ y los „valores americanos‟, sino que ese tipo de simulacros existen para
hacer olvidar que lo que creemos que es la vida real, es ya un simulacro”.

3 LA INTERDEPENDENCIA DESIGUAL, LOS GUSTOS Y LA DESNUDEZ DEL


USUARIO
Por supuesto que la visión apocalíptica de Baudrillard y muchos otros teóricos de la
comunicación de finales del siglo XX puede ser relativizada. Pero tanto como puede
ser relativizado el concepto de “democracia del usuario a través de internet”. En el
caso del espectáculo deportivo, particularmente, vemos que las grandes
corporaciones son cada vez más monstruosamente grandes y que la libertad de
elección es sólo formal.
Por supuesto que sin deseo y decisión de consumir no hay consumo. Pero el
pensamiento crítico sigue apuntando a la “falta de conciencia”, de la
capacidad de tenerla y ejercerla, ya que vivimos, sin dudas, en una
suerte de simulacro y la híper realidad tiende a homologarse
crecientemente con nuestra realidad. El optimismo pesimista nos puede
llegar a decir como una bloguera desencantada que “tal vez nunca seamos capaces
de explicar el mundo tan complejo en el que nos hemos sumergido y en el cual
estamos condenados a vivir, pero si aprendemos y estudiamos más las formas de
manipulación y la construcción de los simulacros, podemos llegar a librarnos de
los discursos a los cuales estamos sometidos”.
El filósofo francés Paul Virilio planteaba con descarnada lucidez, en el año 93: “El
cuarto poder no se comparte. En el origen la MEDIATIZACIÓN era lo contrario
de la COMUNICACIÓN, una supervivencia de la barbarie feudal. Hasta el siglo
XX, ser MEDIATIZADO significaba literalmente ser privado de los DERECHOS
INMEDIATOS”.
Por supuesto que el consumo de deporte, ¡como el de pornografía! obedecen a
cierto deseo/gusto inmediato del consumidor. Desde la perspectiva psicológica,
podemos decir esto y no pensar más, o lamentarnos por el estado de la
cultura. Ahora, desde una perspectiva sociológica, cuando nueve de cada
diez búsquedas en internet son de pornografía, sexo fácil, fútbol y
escándalos vemos que hay una tendencia marcada que no puede
explicarse sólo por los deseos individuales sumados. Hay, al menos,
una interdependencia desigual entre industria y usuarios…
… Y lo que une la cuestión con las consideraciones iniciales: se dedica muchísimo
más tiempo a ver/consumir sexo desmesurado y deporte desmesurado que a
practicarlos. La híper realidad nos muestra, mediatizados en pantallas, ángulos,
posiciones, tamaños y perspectivas del sexo y del deporte que nuestros elementos
de percepción nunca podrán ver. Se consume la experiencia del sexo mediático y
del deporte mediático como la experiencia que cada vez es más deseable.
La fantasía sexual, la imaginación deportiva han quedado anuladas, suprimidas
prácticamente del orden de lo real. Se sueña con imágenes ya vistas y se ve
palidecer la realidad frente a la híper realidad. De un sexo que remite a la
experiencia híper real de la moderna pornografía… De un deporte que remite a la
imaginación concebida por Oculus o Frostbite para Xbox y PS.

4 ¿PUEDE HABER UN PERIODISMO DE LA HÍPER REALIDAD?


Los Juegos Olímpicos de Río 2016 permitieron a los periodistas acreditados y a
algunos usuarios VIP en el mundo, disfrutar, por ejemplo, de la ceremonia
inaugural, combinando imágenes de múltiples perspectivas, procesadas con el
efecto Oculus. Muchos periodistas celebraron alborozados la cuestión sin hacer, al
menos, algunas salvedades.
Queda claro que oponer el pesimismo tecnológico al optimismo tecnológico no es
una solución ni es un camino. Tampoco se trata de hacer moralismo
pseudorreligioso desde el periodismo. Ahora, ¿significa esto que debemos
resignarnos sin más a la desaparición de los relatos y narraciones, interpretaciones
y análisis del acontecer deportivo?
Si la tecnología trajera aparejada la posibilidad de una democracia directa de los
usuarios. Si a través de los usos tecnológicos los usuarios pudieran suprimir la
mediación periodística para producir sus propios saberes críticos sobre la
performance deportiva y sus relaciones con contextos variados, probablemente uno
podría convenir en que el periodismo ha cumplido su misión histórica.
Ahora, bien, lejos estamos de que suceda algo similar. Así como las
experiencias de realidad virtual pueden ser muy excitantes y
enriquecedoras, y el periodismo debe dialogar con ellas, si terminan
por ocupar toda la necesidad de experiencia y, como una droga,
generan más necesidad de ese modo de experimentar anulando y
suprimiendo cualquier otro, el periodismo debe contar esto y debe
generar debate. Porque la tecnología no resolverá lo que la sociedad no resuelve.
La libertad del heroinómano frente a la heroína no puede ser consagrada sin más
como un ejercicio de libertad y deseo. Pero tampoco tiene sentido la mera condena
moral, el lamento frente a la realidad… y la híper realidad. El diálogo crítico entre
realidad e híper realidad, la reflexión y la búsqueda de continuar remitiendo a la
experiencia humana directa siguen siendo el único camino posible y deseable.
A quienes no hayan visto la película The Matrix, se recomienda vivamente hacerlo.
Es una obra filosófica en formato cinematográfico. Es, además, la muestra de un
camino narrativo que debería inspirar al periodismo, y al periodismo deportivo en
particular. No sólo por el tema que trata, sino porque encuentra una manera muy
creativa de contarlo.
Nos estamos volviendo demasiado codificables y numerables para industrias de la
experiencia cada vez más concentradas y poderosas sin que terminemos de tomar
conciencia de esto. El híper culo, el híper pito, el híper pelotazo, el híper cabezazo
generan demanda de más y más híper sexo, de más híper deporte… Y en breve
veremos cómo los sensores olfativos permitirán experimentar el olor del sudor, del
sexo, del pasto recién cortado y del linimento… Y serán increíbles por lo híper
creíbles. Los modos de narrar esto, la entrada y la salida de la Realidad Virtual y la
híper realidad están encontrando senderos en las narrativas multimedia y
transmedia. También, los espectros tan temidos por Franz Kafka, quien un año
antes de morir, en 1922, reflexionaba, intuyendo la fantasmagoría de la híper
realidad: “Es ponerse desnudo frente a unos fantasmas que gracias a esta copiosa
alimentación se multiplican fabulosamente… Esos espectros que no morirán de
hambre, mientras que nosotros sí pereceremos”.
8 Tecnología global y decadencia local en la
narración futbolística

1 RELATO FUTBOLÍSTICO Y AGENDA MEDIÁTICA


La narración del juego del fútbol está estrechamente vinculada a la
agenda periodística, y a cómo se fue estructurando ésta en el desarrollo de la
industria mediática. Por supuesto, en relación con el propio desarrollo táctico del
juego y con las narrativas que éste viene generando.
Si bien la globalización permite el consumo de las grandes ligas y de las súper
competencias en tiempo real en todo el planeta -y así se puede detectar la
existencia de una tribuna global, que alienta al unísono en diferentes idiomas y
latitudes a Messi, Neymar o Cristiano Ronaldo-, no deja de ser llamativa la
persistencia y hasta la agudización de lo local en el contexto de la globalización que
han traído las nuevas tecnologías. Este fenómeno, que va mucho más allá del
deporte, es muy marcado en la esfera deportiva.

2 LO GLOBAL COMO ACENTUACIÓN DE LO LOCAL


El relato, la narración deportiva del fútbol, considerada como lo que resalta del
temario de debate del fútbol como show, como índice de la agenda de un fin de
semana, pongámosle, pasa a desplazarse a un acentuamiento de lo local,
aunque se parta de una perspectiva comparativa global.
Y la centralidad del temario la ocupan cuestiones extradeportivas y
extrafutbolísticas vinculadas tanto a la pasión irracional negativa (la
bronca, la frustración, la impotencia), como a cuestiones propias del
showbiz tematizadas por periodistas cuya gran diferencia con los hinchas de a pie,
termina siendo su posición privilegiada de enunciación antes que su conocimiento.
Un buen ejemplo en la Argentina de los últimos años es el tema de la selección
nacional, que desde las eliminatorias de Brasil 2014 hasta los Juegos de Río 2016
realizó, a los ojos de un observador extranjero, muy buenas performances. Al punto
de ser subcampeón del Mundial 14, de la Copa América 15 y de la Copa América del
Centenario 16, y de encabezar el ranking mundial FIFA durante dos años
consecutivos.
Esto, traducido a la vivencia local y a la forma de “comunicarlo” del periodismo
deportivo pasó a ser para los periodistas estrellas -de medios audiovisuales,
principalmente-, una eterna mesa de café en la que el relato se convirtió
en que el mejor jugador de fútbol de este siglo y uno de los Top5 de
todos los tiempos, según un consenso internacional casi unánime, es apenas un
cobarde caprichoso que presiona a los técnicos de la albiceleste para que alineen a
sus amigos en la formación titular; conformando, todos, una pandilla de
millonarias estrellas desganadas, carentes de emoción y pasión.
De este modo, se utilizan los acontecimientos globales de un fin de semana de las
mayores ligas del mundo, apenas como excusas para destacar que Agüero e
Higuain, por ejemplo, erren penales… y si tienen una actuación resaltable, para
lanzar a los cuatro vientos una pregunta retórica redundante: por qué no realizan
performances equivalentes en el conjunto nacional.
Veamos un ejemplo de un programa de este tipo y comparémoslo con la ironía de
un programa humorístico. La parodia humorística de los shows periodísticos hasta
puede quedarse corta:
3 LA NARRACIÓN PERIODÍSTICA, LA AGENDA Y LA EXACERBACIÓN DEL
FANATISMO
Como hemos visto repetidamente, el cambio tecnológico ha generado, sigue
generando y generará cambios en la narración deportiva y en el relato
periodístico de ésta. Sin embargo, a la hora de entender la exacerbación del
fanatismo y la pérdida de valoración crítica de los aspectos más deportivos del
juego, se percibe que las modificaciones en la agenda mediática ha sido lo más
determinante a la hora de relacionar el cambio tecnológico, la acentuación del
fanatismo irracional y la pérdida de sentido crítico de la valoración deportiva en el
relato periodístico.
El periodismo escrito, en la Argentina, al menos, siempre ha sido una suerte de faro
en su relación con los medios audiovisuales y, concomitantemente, con el relato
periodístico de la narración deportiva del fútbol.
La revista El Gráfico y la construcción de la épica nacional del fútbol fue
determinante en la narración deportiva del fútbol hasta bien entrada la década del
60 del siglo XX, que en su correlato audiovisual destacaba en las performances
radiofónicas.
En los 60 comienzan a tallar las secciones deportivas de los diarios nacionales;
especialmente, Clarín. Así, hasta bien entrada la década del 80, se percibe una
continuidad en la presentación de agenda: el fútbol se cuenta desde la totalidad de
una fecha. Se destacan los valores y logros deportivos, especialmente de
los equipos grandes, pero siempre anteponiendo el mérito deportivo al
fanatismo. La radio sigue siendo el medio audiovisual de referencia.
En los 90, la TV toma la posta en el planteo de agenda, pero sigue siendo la visión
holística la que manda. Aunque los relatos pasan a privilegiar el fanatismo, a
anteponer el triunfo y la buena suerte a la calidad, los comentarios equilibran.
Clarín, por un lado, y Víctor Hugo Morales, Fernando Niembro y Marcelo Araujo,
por el otro, entablan desde los 80 una suerte de guerra santa ideológica que se
expresa en Menottismo vs Bilardismo. La agenda, sin embargo, sigue acentuando la
visión deportiva totalizadora antes que el sectarismo fanático. El fanatismo, en
todo caso, se traduce en la estilización de estilos de juego y en la más
peligrosa exaltación de la suerte como árbitro. Sólo importa ganar y el
arbitrio de la suerte pasa a ser el determinante de la supervivencia deportiva; algo
que Niembro, Araujo y sus discípulos llevan hasta el paroxismo.
La irrupción del diario deportivo Olé, del grupo Clarín, terminará de definir el
cambio y la tendencia dominante a la irracionalidad. La música del azar pregonada
por los “resultadistas” se exacerba a partir de la segmentación tribunera que
propone el matutino futbolero. Se ofrece una mirada partidaria acerca del fútbol
como lógica excluyente. Boca para los de Boca, Racing para los de Racing… y los
periodistas convertidos en tribunales de inquisición, orientados por la suerte y el
sectarismo.
La irrupción de la lógica de segmentación de los mercados de la TV paga por cable y
satélite confluye con la fanatización y el sectarismo, que llega al paroxismo con el
concepto, por TV abierta, de Fútbol para Todos, hoy codificado y pago, pero con la
misma lògica. Los de Boca ven sólo a Boca, y los de Aldosivi sólo a Aldosivi.

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