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Restos de Caldas y Mártires Exhumados

Boletín de Historia y Antigüedades
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Año lll—Núm 25 Enero: 1905

de jdiewvia, í7 jirdigüededee
ORGANO DE LA ACADEMIA DE HISTORIA NACIONAL
Director, PEDRO M. IBAÍÍEZ

Bogotá — República de Colombia

RESTOS DEL SABIO CALDAS


Y DE SUS COMPAÑEROS DE MARTIRIO

Publicamos en seguida todos los documentos que se han


creado por el hallazgo de los esqueletos del sabio Caldas,
Francisco Antonio Ulloa, José Miguel Montalvo y Miguel
Buch, fusilados en Bogotá el 29 de Octubre de 1816 por or­
den del Pacificador Pablo Morillo.
La Sra. Ana Vargas de Vargas dio noticia al Secretario
perpetuo de la Academia de Historia, el día 5 de Octubre
último de que se hacían trabajos de excavación cerca de la
puerta de la iglesia de La Veracruz, con el objeto de levantar
una torre, en vez de la espadaña de aldea que allí existe
desde los tiempos coloniales. Por este aviso se dirigió el Secre­
tario al Illmo. Sr. Arzobispo de Bogotá, y obtuvo el apoyo
del Jefe de la Iglesia colombiana, como se verá por las notas
que en seguida insertamos :

ACADEMIA DE HISTORIA

*• Bogotá, 6 de Ootubre de 1904.

“ Illmo. Sr. Arzobispo de Bogotá, Primado de Colombia, etc. etc. etc.


E. S. D.

“ Illmo. Sr.: por disposición de la Comisión de la mesa,


y en nombre de la Academia, me dirijo á V. S. I. con el
fin de exponerle un hecho y hacerle una súplica :
“ Ayer supimos que con el objeto de levantar torre en
la iglesia de La Veracruz, parroquia del barrio de San
Pablo y panteón de los mártires de la República, sacrificados
en el tiempo del terror, se hizo necesario hacer una excava­
ción en el ángulo sureste de la nave principal. En el foso
2 BOLETÍM DB HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

hecho se han encontrado cráneos y huesos humanos, y allí


deben hallarse los restos de Caldas y de Ulloa, según la si­
guiente noticia dada por nuestro respetable compatriota Dr. Ri­
cardo Becerra, quien la recogió en Caracas en 1870 de boca
del Coronel Cruz Ojeda, venezolano, quien fue hecho prisionero
en Cachiri y condenado á servir como soldado en las tropas del
Rey, que hacían la guarnición de esta capital en 1816. Ojeda
fue obligado á ayudar á conducir á la fosa el cadáver de
Caldas. La noticia que sigue se publicó en el volumen 1? del
Papel Periódico, Ilustrado pagina 391 :
“ .... Caldas murió á la primera descarga, cuyos ocho
tiros le entraron por la espalda y le abrieron una inmensa
tronera en el pecho. El taco de uno de ellos incendió el ves­
tido. Ojeda apagó el fuego con agua que tomó en la pila
vecina. Los cadáveres fueron colocados en sendas parihuelas;
el de Caldas quedó como á horcajadas, y lo taparon con un
paño de frisa de la que se estila usar en nuestro pueblo. Al
conducir el cadáver de Caldas á la iglesia de La Veracruz, y
ya en el vestíbulo de ésta, Ojeda, que estaba enfermo de di­
sentería y además muy conmovido, flaqueó y cayó en tierra,
arrastrando consigo el cadáver y manchándose con la sangre
que de éste salía en abundancia. Según el veterano, los dos
cadáveres fueron sepultados hacia la parte baja de la nave, al
doblar de la puerta principal.__ ’
u Ruego con encarecimiento á S. S. I., á nombre de la
Academia, que se sirva dar las órdenes que crea oportunas
para que los restos que se hallen en la parte en que se tra­
baja, sean exhumados con todo el cuidado y el respeto que
se merecen, con el fin de estudiarlos por médicos competen­
tes, con la mira de comprobar su autenticidad y estado actual
y con el patriótico objeto de darles honrosa sepultura.
“ Soy de S. S. I. muy atento servidor,

“ Pedro M. /bañes,
“ Secretario perpetuo.
41 Calle 10, número 265.”

“ Arquidiócesis de Bogotá—Ministerio parroquial de San Pa­


bla—Bogotá, Octubre 8 de 1904.
0 Sr. Secretario de la Academia Nacional de Historia.
"Con sumo placer he tenido conocimiento de que la
Academia Nacional de Historia, de que usted es digno Secre­
tario, se interesa en realidad por todo lo que se relaciona con
tos hechos patrios.
RESTOS DEL SABIO CALDAS
3

“ Como la iglesia de La Veracruz es el panteón de los


mártires de la República, habiendo tenido que hacer una
excavación en la parte baja de la nave principal, en el lugar
que ocupaba la escalera del coro, yo, como bogotano y ami­
go de todo lo que pertenece á los Padres de la Patria, ordené
que al hacer la dicha excavación se tuviera mucho cuidado
con los restos que hubiera allí ; efectivamente se han encon­
trado varias sepulturas que no he permitido tocar, pues he es­
tado personalmente inspeccionando los trabajos en compañía
del Sr. José María Cordobés M., que ha venido todos los
días. El lunes próximo, á las 12 del día, se va á hacer la
exhumación de los restos de dichas sepulturas, para lo cual
iuvito de una manera especial á usted, y por su conducto á
todos los miembros de esa respetable Academia, y además
excito á usted para que invite á las personas que crea con­
veniente, á fin de identificar, si posible fuere, los restos de
Caldas, Ulloa, Buch y Montalvo.

“ Dios guarde á usted,

“ El Cura de San Pablo,

“Ne po m u c e n o Fa n d iñ o C.”

“ EXTRACTO DEL ACTA HECHA EL IO DE OCTUBRE DE


I904 EN LA IGLESIA DE LA VERACRUZ

° Por invitación del Sr. Cura concurrieron á la iglesia de


La Veracruz, á la 1 p. m. del día 10 de Octubre, los siguien­
tes caballeros : D. Jorge Vélez, Gobernador del Departa­
mento; D. José María Cordobés Moure, Subsecretario del
Ministerio del Tesoro; D. Gerardo Arrubla, Secretario de
Instrucción Pública; D. Juan A. Gerlein, Prefecto de la Pro­
vincia; D. Julio D. Portocarrero, Alcalde de la ciudad;
D. Eduardo Posada, Presidente de la Academia de Historia;
D. Pedro María Ibáñez, Secretario de la misma Corporación;
los médicos Dres. Luis Fonnegra, Pablo García Medina y
Roberto Azuero ; D. Francisco Javier Vergara y Velasco,
D. Miguel Cuervo, D. Roberto Morales, D. José María Rubio
S. y D. Indalecio Landínez.

“ De este acto solemnísimo se extendió la correspon­


diente acta firmada por los que á él concurrieron ; y cónsul-
4 BOLETÍN Di HT8TORIA Y ANTIGÜEDADES

tada la opinión de las presentes, el Sr. Gobernador de Cun-


dinamarca dispuso que los restos encontrados el lunes último
en La Veracruz quedaran bajo el cuidado del Sr. Cura de
San Pablo y á disposición de los Profesores de medicina, cu­
yos nombres apuntamos, para que éstos hicieran en ellos un
examen más detenido.”
(De El Nuevo Tiempo),

“ EXTRACTOS DEL ACTA DE LA ACADEMIA DE HISTORIA EN


SESION DEL 15 DE OCTURRE DE 1904

“ . ... El Sr. Cuervo Márquez, actual Ministro de Ins­


trucción Pública, Vicepresidente de la Academia é indivi­
duo de número, hizo la siguiente proposición :
8 Excítese á los cuatro miembros de la Academia de
Historia, Dres. José Joaquín Casas, Diego Mendoza, Rafael
Uribe Uribe y Guillermo Valencia, que dignamente ocupan
puestos en la Cámara de Representantes, para que presenten
proyecto de ley con el fin de que se levante en la capital de
la República un monumento en honor de la memoria del
sabio Caldas y de sus compañeros de gloria y de martirio.9
“ Fue aprobada por unanimidad.
“ . ... En consecuencia dispuso la Presidencia que la
Secretaría pase la nota de atención á los cuatro miembros de
la Academia, que tienen puestos en la Cámara de Represen­
tantes ; designó al Dr. Luis Fonnegra para que, en su calidad
de médico cirujano, haga el estudio científico de los restos
hallados en la iglesia de La Veracruz, y á los Sres. Ibáñez y
Posada les dio comisión de suministrar al socio Dr. Fonnegra
los datos históricos que él pueda necesitar para rendir el in­
forme que se le ha encomendado, que debe publicarse en el
Boletín de Historia y Antigüedades........ ”

“INFORMES RENDIDOS POR LOS SOCIOS LUIS FONNEGRA,


PEDRO M. IBÁÑEZ Y EDUARDO POSADA

“ Bogotá, Octubre 29 de 1904.

“ Síes Miembros de la Academia de Historia.

“Cumplimos con la comisión que tuvisteis á bien enco­


mendarnos, en la última sesión, con el objeto de recoger da­
RESTOS DEL RABIO CALDAS
5

tos históricos sobre el martirio del sabio Francisco José de


Caldas, del literato General Francisco Antonio Ulloa, los dos
nacidos en Popayán; del Coronel poeta Miguel Montalvo,
hijo de Timaná, y del Gobernador del Chocó, Miguel Buch,
español, nacido en Cataluña, todos cuatro fusilados por orden
del Pacificador D. Pablo Morillo el 29 de Octubre de 1816,
en Bogotá, en la antigua plaza de San Francisco, hoy Parque
de Santander, y que fueron sepultados en la iglesia de La
Veracruz, actual parroquia del barrio de San Pablo, de esta
capital. Tiene este informe por objeto coadyuvar á la identi­
ficación de los restos de estos mártires de la revolución de
t 8io , exhumados el día 10 del mes en curso, del suelo del
templo dicho.
“En relación oficial, que corre impresa, suscrita por el Jefe
del Ejército expedicionario, Pablo Morillo, se afirma que el
29 de Octubre de 1816 fueron fusilados en Bogotá los cua­
tro insurgentes á cuyo martirio nos referimos, y el Goberna­
dor de Mariquita, nativo de esa villa y patriota distinguido,
José León Armero. En un diario inédito, que se conserva en
el archivo del historiador Restrepo, y que merece poca fe
por contener otras inexactitudes comprobadas y por haber
ocultado su nombre el autor, se hace la misma afirmación, es
decir, la de que Armero fue fusilado en Bogotá.
“ Los historiadores de la República aseveran lo contrario,
y los biógrafos de los cinco proceres mencionados afirman lo
dicho por los historiadores. Restrepo, actor é historiador del
gran drama, inserta en el volumen x de su Historia déla
Revolución (primera edición, página 163 vuelta) la lista de
los patriotas que sufrieron la pena capital durante la residen­
cia de Morillo en nuestro país. En ese documento, de incon­
trovertible evidencia, asegura que el 29 de Octubre del in­
fausto año de 1816 fueron fusilados en Bogotá Caldas, Ulloa,
Montalvo y Buch; en Honda, el Gobernador José Leóií Ar­
mero, y el Cacique Coronel Agustín Calambazo, en Popayán.
“Cuenta el historiador Groot (página342 del tomo III, 2?
edición de la Historia Eclesiástica y Civil, etc.) que Armero
era Gobernador de la Provincia independiente y soberana de
Mariquita, cuya capital era Honda; que allí hizo juzgar mili­
tarmente, en 1815, á nueve españoles, entre ellos al fraile
capuchino Pedro Corella, de los misioneros de Cumaná, y los
hizo fusilar; y es sabido que los pacificadores ultimaban á
los patriotas en los lugares en que habían ejercido mando
durante los tiempos de revuelta.
“ Quijano Otero (Compendio de Historia Patria, 2Í edi­
ción, páginas 254 y siguientes) dice que Caldas, Ulloa, Mon-
6 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

talvo y Buch fueron fusilados en Bogotá el 29 de Octubre de


1816, y que sufrieron idéntica pena, el mismo día, Armero,
en Honda, y Calambazo, en Popayán.
“También Leónidas Scarpetta y Saturnino Vergara traen
idénticas noticias en su Diccionario Biográfico, etc.
“Inútil nos parece aducir comprobantes sobre la edad
viril en que Caldas fue sacrificado. Todos sabemos que nació
en 1771, y que por consiguiente se cortó el hilo de su vida a
los 45 años. Ulloa, su paisano, su íntimo amigo y su colabo­
rador en trabajos periodísticos, era doce años menor que él:
murió antes de cumplir treinta y tres años. La partida de
bautismo que lo comprueba se guarda en el archivo del
Colegio del Rosario, donde pasó, como Caldas, los más flori­
dos años de juventud y las últimas horas de su vida ; partida
que no se ha publicado hasta el presente ; dice así:
* En esta santa iglesia Catedral de la ciudad de Popa­
yán, á catorce días del mes de Noviembre de mil setecientos
ochenta y tres, el D. D. Manuel Hernández de Madrid, con
la licencia mía, bautizó, puso óleo y chrisma á Francisco An
tonio, que nació en el mismo día. hijo legítimo de D. Juan
Francisco Ulloa y de D? María Ignacia Larruondo. Fue su
madrina D? María Camacho, adyertíle su obligación y pa­
rentesco, y para que conste lo firmo, yo el Cura Rector, Juan
Mariano Grijalba.'
“ Cuanto á Montalvo, el más respetable de sus biógrafos,
Vergara y Vergara dice lo siguiente en la página 3°9 dd
bello libro que llamó Historia de la Literatura, etc. :
4 D. José Miguel Montalvo era natural de Timaná ^Es­
tado del Tolima), y había nacido en 1783* Tenía relaciones de
familia con el célebre fabulista Iriarte. Educóse en el Colegio
del Rosario, y recibido su grado de Doctor en Jurisprudencia,
se entregó al ejercicio de su profesión en esta ciudad todo e
tiempo que medió entre su recibimiento de abogado y la
revolución de 1810, que le abrió carrera más gloriosa, coro­
nada con trágico fin/
“El Gobernador del Chocó, Miguel Buch, fue vencido en
Nóvita por el español Julián Bayer el 25 de Mayo de 181 .
Ignoramos la edad que tuviera este hijo de Cataluña cuando
fue fusilado en Octubre de aquel infausto año.
“Atendiendo á todos los datos y documentos que hemos
expuesto, opinamos y sometemos al ilustrado criterio e a
Academia de Historia las siguientes conclusiones:
“1? El 29 de Octubre de 1816 fueron fusilados en Bogotá
Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Ulloa, José
Miguel Montalvo y Miguel Buch;
KISTOS DEL SABIO CALDAS 7

“ 2? El Gobernador de Mariquita, José León Armero,


fue ajusticiado en la misma fecha en la ciudad de Honda ;
“3? Los mártires Caldas, Ulloa, Montalvo y Buch fueron
fusilados por la espalda como traidores al Rey, y sepultados
en el ángulo sureste de la iglesia de La Veracruz ;
“ 4? Caldas murió de cuarenta y cinco años de edad ;
Montalvo y Ulloa á los treinta y tres ; se ignora la edad á
que alcanzó Buch ; y
“5* Los restos exhumados el día io del presente mes, en
el ángulo sureste de la iglesia de La Veracruz, ó sea los cua­
tro esqueletos que allí reposaban en fosa común, son los de
Francisco José de Caldas, José Miguel Montalvo, Francisco
Antonio Ulloa y Miguel Buch.

“ Señores miembros.

“ Pe d r o M. Iiá ñ é z —Ed u a r d o Po s a d a .”

“ i XHUMACIÓN Y RECONOCIMIENTO DE ! O > RESTOS

“ En la excavación que se verifica para colocar cimientos


de una torre en la iglesia de La Veracruz, se exhumaron el
día io del presente mes restos de cuatro cadáveres, en el
preciso sitio señalado en la relación antes inserta, del Coronel
Cruz Ojeda. Se sabe que el 29 de Octubre de 1816 fueron
fusilados, por orden del Pacificador D. Pablo Morillo, en la
plaza de San Francisco (hoy de Santander), los proceres
Caldas, Ulloa, Montalvo y Buch.
“ La fosa común tenía ochenta centímetros de profundi­
dad, circunstancia que felizmente contribuyó á que se conser­
varan los preciosos restos á los ochenta y ocho años de in­
humados. Si el sepulturero, atendiendo á reglas de higiene,
hubiera cavado más hondo, no existiría hoy nada, pues el
terreno de ese nivel en adelante es sumamente húmedo, como
se ha visto en el foso que se prepara para los referidos ci­
mientos.
“ Los esqueletos estaban orientados de Sur á Norte, es
decir, como mirando hacia el altar mayor del templo. No se
hallaron vestigios de ataúdes.
“ Clasificados los restos se encontraron cuatro cráneos,
huesos largos y fragmentos indescriptibles. De los cráneos hay
8 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

uno regularmente conservado, dos en buen estado y otro sólo


compuesto de pedazos de la bóveda craneana.
“Para metodizar el análisis se han distinguido los cráneos
con los números 19, 2.°, 3.0 y 4.0, marca puesta con tinta
indeleble, en el frontal de cada uno.
“ Craneo número i.°—Regularmente conservado, tiene 19
centímetros de diámetro anteroposterior y 13 de transver­
sal. (Estos diámetros se han tomado en todos los cráneos así:
el anteroposterior, de la protuberancia occipital externa á la
parte media anterior del frontal, y el transversal, de una á
otra fosa temporal, sobre la porción escamosa del mismo hue
so). Los huesos de la cara faltan por completo. El occipital
presenta hacia el lado derecho de la línea media dos orificios
de forma irregular, uno superior, de cuatro centímetros de
largo por tres de ancho, y otro inferior, de cinco centímetros
de largo por cuatro de ancho; ambos tienen los bordes
carcomidos por la putrefacción.
“ Es de inferirse, por lo que se verá con respecto á los
otros cráneos, que esos orificios fueron producidos por pro­
yectiles que lesionaron y contribuyeron á la destrucción de
los huesos de la cara. El maxilar inferior correspondiente
existe, faltándole la rama ascendente derecha; este hueso
contiene los cuatro incisivos, muy largos, el canino y la pri­
mera molar derechos, y raíces del canino y primera molar
izquierdos. Los bordes alveolares correspondientes al resto de
las muelas, de ambos lados, están perfectamente osificados.
Las suturas del cráneo están casi completamente osificadas,
signo que demuestra que el individuo á quien pertenecía este
órgano era de edad más avanzada que la de sus compañeros.
“ Cráneo número 2?—Bien conservado ; 18% centímetros
de diámetro anteroposterior por 14 transversal. Presenta un
orificio elíptico de bordes netos de 2x/2 centímetros de lar­
go por 2 de ancho, situado hacia la mitad del parietal de­
recho y contiguo á la sutura sagital, que le sirve de tan­
gente ; orificio indudablemente producido por un cuerpo
vulnerante, como un proyectil. Los principales huesos de la
cara están completos; el maxilar superior tiene dentadura
perfecta, salvo la tercera molar izquierda y el incisivo medio
derecho, caídos al hacerse la exhumación, pues los corres­
pondientes alvéolos están limpios y recién desocupados por
las piezas compañeras. El maxilar inferior completo : sostiene
cuatro muelas derechas, de las cuales la tercera cariada ; cua­
tro muelas izquierdas, los caninos y el segundo incisivo iz­
quierdo ; faltan los otros tres, que cayeron en la exhumación.
RESTOS DEL SABIO CALDAS *

Las suturas del cráneo están en vía de osificación y revelan


una edad de treinta á cuarenta años.
“Cráneo numero 3.0—Bien conservado. Diámetros: 18 por
14 centímetros, respectivamente. Presenta en la fosa tempo­
ral izquierda un agujero circular de 2 centímetros de diá­
metro, con bordes regulares, y en el lado opuesto, en la
misma región, otra lesión más ó menos idéntica. Estos orifi­
cios han sido, con seguridad, uno la entrada y otro la salida
de un proyectil. En la parte posterior de este cráneo hay una
pérdida de sustancia de 10 centímetros de diámetro que
comprende el ángulo superior del occipital y la mitad poste­
rior de ambos parietales. Los huesos de la cara están en
buen estado; el maxilar superior tiene todos sus dientes,
menos un incisivo izquierdo, caído recientemente ; también
falta la cordal derecha. El maxilar inferior completo, salvo la
apófisis coronoide derecha, destruido por putrefacción ; den­
tadura pareja y muy sana; falta solamente un incisivo dere­
cho, perdido en la exhumación. Las suturas del cráneo, en
vía de osificación, manifiestan una edad más ó menos análoga
á la del cráneo número 2.°
“ Cráneo número 4?—¡-Sólo existen restos de la bóveda cra­
neana, compuestos de pedazos irregulares de frontal, parie­
tales y occipital. Las suturas, visibles en partes, están en me­
nor grado de osificación que las de los tres cráneos de que
se ha hecho mención, lo que demuestra una edad inferior
á treinta años.
“ Los cráneos 2.0 y 3.0 presentan, además, en la región
frontopariet l derecha, una especie de depresión ó abolla­
dura más profunda en uno que en otro, lesión que puede
atribuirse á golpes de pisón cuando cubrieron los cadáveres
con tierra, sepultados sin atúd.
“ No se tomó la capacidad interior de los cráneos por al­
guno de los métodos empleados por la ciencia, debido á las
pérdidas de sustancia que hacen, si no imposible, sí muy in­
exacto el resultado de la operación ; en cambio se tomaron,
en los tres que se prestan, diagramas en pequeña escala, con
el ingenioso aparato llamado conformador, que usan los fa­
bricantes de sombreros. Hé aquí los dibujos de los dia­
gramas :
IO BOLETIN DE HI8TORTA Y ANTIGÜEDADES

“Es de notar qae las tres cabezas eran de la misma forma,


y sus diámetros muy semejantes. Estudiados á la luz de la
antropología los cráneos, son dolicocéfalos, y pertenecen á la
raza blanca.
° Los traumatismos hallados en los órganos descritos
fueron producidos, como se ha insinuado, por proyectiles, no
existiendo otra circunstancia á que atribuirlos, y queda fuera
de duda que á los ajusticiados que eran fusilados por la es­
palda, se les ultimaba con uno ó varios disparos en la cabeza,
MEgTOR DKL SABIO OALDA8 II

cuando aún las víctimas se retorcían en las últimas convul­


siones de la agonía No otra cosa hacen hoy los toreros
españoles cuando caído el bicho con el corazón attavesado,
viene á rematarlo el llamado Cachetero, introduciéndole un es­
tilete en el nudo vital: caridad bien entendida tanto por los
verdugos de 18ló con nuestros proceres, como por los artis­
tas que exhiben aún el salvaje espectáculo más apetecido
por paladar el español.
“Fuera de los huesos descritos en primer término, debido
á su importancia, se hallaron confundidos en la fosa los si­
guientes que pudieron clasificarse: ocho húmeros: dos cótrf-
pletos, derecho é izquierdo, de 32 centímetros de longitud
cada uno; seis incompletos. Cuatro cúbitos, tres completos,
de 24, 25 y 26 centímetros de largo; uno incompleto. Dos
derechos y dos izquierdos. Cinco radios, de 22, 24, 24 y 25
centímetros, uno incompleto ; tres derechos y dos izquierdose
Seis fémures, de los cuales tres derechos, de 38, 40 y 44 cen­
tímetros, y tres izquierdos de las mismas dimensiones. Dos
tibias, derecha é izquierda, de 36 centímetros. Dos fragmentos
de omoplatos Seis de huesos pelvianos y tres de costillas. Lo
demás una porción de residuos, casi reducidos á polvo. Al
fijar la atención en la nomenclatura de los huesos, se advierte
que tres de los esqueletos se conservaron relativamente bien,
mientras que otro se destruyó casi por completo, debido tal
vez á haber quedado en la sepultura en peores condiciones,
con respecto á la humedad.
“ Dadas las dimensiones de los huesos largos, se ha tra­
tado de averiguar á qué estaturas corresponden, siguiendo los
métodos establecidos en Medicina Legal por Sue, Orfila, Briand
y Chaudé, etc. De manera aproximativa se calcula que las
personas que encarnaron los tres esqueletos mejor conserva­
dos, tenían, respectivamente, un metro ochenta centíme­
tros, un metro setenta y cinco y un metro sesenta, que co­
rresponden á las tallas alta, media y pequeña. Es de lamen<
tarse que no existan en los datos biográficos de estos proce­
res noticias sobre la talla que tuvieron ; únicamente se sabe
que Caldas era 'de estatura regular y complexión robusta/
como lo dice alguno de sus biógrafos.
“ Entre los huesos de que se ha hecho mérito se hallaron
dos de grande importancia: un radio y su correspondiente
cúbito del lado izquierdo, muy bien conservados. Articulados
en su posición normal, presentan hacia la parte media y en la
cara anterior un surco transversal de bordes netos y de
quince milímetros de ancho, lesión causada por un proyectil
que arrancó al radio la mitad de su calibre y al cúbito las dos
12 BOLETIN DE HIBTORTa Y ANTIGÜEDADES

terceras partes. Esta herida fue producida estando el ante­


brazo replegado sobre el pecho, en pronación, es decir, en la
posición de quien cruza los brazos en actitud de orar; la bala
pasó oblicuamente de atrás á adelante y de derecha á izquier­
da, teniendo en cuenta que el ajusticiado recibía la descarga
por la espalda. Se insiste sobre la excepcional importancia de
este par de huesos y su lesión, por si hubiere quien dude que
los restos que se exhumaron son de personas que murieron
fusiladas. También es una elocuente confirmación de lo que
relató el Coronel Ojeda.
Del estudio anterior se deduce, hasta donde la certeza es
posible en estas materias y atendiendo á la descripción de
los cráneos, que son los órganos que arrojan mayor luz, y
también teniendo en cuenta los datos históricos sobre las eda­
des de los mártires del 29 de Octubre de 1816, que el cráneo
número 1? es el de Francisco José de Caldas (muerto á los
cuarenta y cinco años), que los marcados 2.° y 3.0 son los de
Francisco Antonio Ulloa y José Miguel Montalvo (muertos
á los treinta y tres años), siendo imposible diferenciarlos por
presentar caracteres análogos. Por exclusión deben atribuirse
los restos del cráneo número 40 al catalán Miguel Buch, que
debió morir de menos edad que sus compañeros.
1 “ Bogotá, 29 de Octubre de 1904.
♦ “ Señores miembros.

“Luis Fo n n e g r a .”

“Tuvo la venia de la Corporación lo siguiente, propuesto


por el socio León Gómez :
* Apruébanse las conclusiones del informe sobre noticias
4iist ricas—referentes al fusilamiento de Caldas, Ulloa, Buch
y Montalvo—presentadas por los académicos Ibáñez y Posada.
“ Apruébanse igualmente las rendidas por el socio Dr.
*Luis Fonnegra, relativas al estudio médico de los esqueletos
de esos mártires de la República.
* Comisiónase á los miembros Cuervo Márquez y Res­
trepo Tirado para que soliciten del Excmo. Sr. Presidente de
la República la inmediata publicación de los trabajos dichos,
en forma oficial, por haberse retardado la salida del Boletín
de Historia y Antigüedades.
* Quede constancia en el acta del día de que la Presi­
dencia, interpretando el querer de la Academia, da voto de
LA VKRACRU»
r3

aplauso á los autores de los trabajos de que se trata, por la


solidez y acuciosidad de investigación con que están hechos,
y porque dejan comprobada la identidad de los restos de
estos cuatro ilustres proceres de la Revolución de Colombia.”

“ Dispuso la Academia que constase en esta acta la si­


guiente moción original del Dr. Restrepo Sáenz :
* La Academia de Historia deja constancia en sus actas,
de agradecimiento al Sr. Dr Nepomuceno Fandiño, Cura de
la parroquia de San Pablo, iglesia de La Veracruz, por el
patriótico interés que ha demostrado en la exhumación de los
restos de los cuatro mártires de la Independencia Caldas,
Montalvo, Ulloa y Buch, y por los funerales que en dicho
templo hizo el 29 del mes de Octubre último, aniversario
88° de su trágica muerte.”

LA VERAGRUZ
Esa modesta iglesia que aparece allí como arrinconada
detrás de San Francisco, y que cuelga sus campanas de una
humilde espadaña, cual si fuese el templo de una aldea, debe
ser la más venerada por todo colombiano, pues allí reposan,
confundidas y olvidadas, las cenizas de nuestros mártires.
Su fundación remonta á los primeros días de Santafé
(1546). Aún en la cuna estaba la ciudad de Quesada cuando
se edificó una humilde capilla con el nombre de Veracruz,
ahí en ese mismo sitio donde existe hoy, al occidente del
Parque de Santander. Entonces estaba á su frente otra capi­
lla, el Humilladero, acabado de edificar, y que estuvo duran­
te tres siglos haciéndole compañía. No existían aún ni San
Francisco, ni La Tercera, ni había otro^ edificios que pobres
cabañas. Tan sólo las dos ermitas se levantaban allá en aquel
arrabal de la naciente ciudad.
Casi un siglo duró esa iglesita consagrada á la verdadera
cruz, sin modificación alguna. En 1631 la Hermandad de la
Santa Veracruz, compuesta de comerciantes y que fue la
primera cofradía establecida en la ciudad, emprendió la edifi­
cación de un templo más amplio, y levantó el que hoy existe.
<4 BOLETÍN DB HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

La Hermandad tenía por principal misión la de asistir á


los reos condenados á muerte, así en la capilla como en el
cadalso, y darles cristiana sepultura.
Tuvo á su cargo también esa cofradía las procesiones de
Semana Santa, y desde aquellos tiempos lejanos se estableció
la costumbre de llevar allí el sepulcro de Jesús el Viernes
Santo, y traer luego, en el día de Pascua, la divina efigie re­
diviva y triunfante.
El 23 de Julio de 1597 salió de La Veracruz una solemne
procesión. Iban allí la Real Audiencia, los Cabildos, las Con­
gregaciones religiosas y unas Compañías militares. Llevaban
á La Catedral los restos del fundador de Bogotá, que habían
sido traídos de Mariquita por su albacea, D. Lope Clavijo, y
guardados provisionalmente en La Veracruz. Junto al cofre
de los huesos iba el glorioso estandarte de la Conquista (1).
La cofradía de la Veracruz tenía una casa en la 2.* calle
Real, que le había sido legada por un rico español (Enrique
de Copete) para que se auxiliara con su renta á los ajusticia­
dos. De ahí el nombre de Bazar Veracruz que aún con­
serva (2).
En los pavorosos días de Morillo y Sámano figura La
Veracruz. Caían entonces las cabezas de los más ilustres hijos
del país segadas por la cuchilla sanguinaria de los pacificado­
res, y la noble Hermandad velaba sus últimos momentos, reco­
gía su postrer estertor y llevaba á guardar bajo aquellas naves
los sangrientos despojos. Allí fueron sepultados todos ó la
mayor parte de los mártires de esos lúgubres días, y ahí
duermen hace casi un siglo, esperando que la gratitud nacio­
nal vaya un día á buscarlos, logre su identificación y les le­
vante soberbio mausoleo.
En los libros de cuentas que se guardan en el archivo de
esta iglesia hay varias partidas sobre los gastos del entierro
de los ajusticiados de aquel tiempo. He aquí una bastante
conmovedora:
Por tres pesos entregados al sacristán para que pagase
los peones que cargaron y enterraron á Pedro de la Lastra,
Antonio Baraya y un soldado llamado Simón Talero, los que
fueron arcabuceados el 20 de Julio de 1816.__ $ 3” (3).

(1) Ocáriz describe este entierro en sus Genealogías, p. 276. Caicedo


Rojas dice en El Repetíoslo Colombiano, t. 7?, p. 411, que los restos de Que-
sada estuvieron en el Humilladero, pero no da de ello comprobante.
(2) Este dato lo da el Sr. José S. Peña en un artículo publicado en el Pa­
pel Periódico Ilustrado, vol. 2 o, pág. 26.
(3) Ibáñez, Grónicas de Bogotá, p. 333.
LA VERACRÜE

Conocidos son los nombres de los dos primeros: ellos


pertenecen al martirologio de la independencia ; pero sobre
el último no teníamos datos. El diario de J. M. Caballero,
publicado hace poco tiempo, nos ha revelado que era un po­
bre soldado gallego, del Cuerpo de artillería volante, y que
se le fusiló por desertor (i).
El mismo Caballero nos da el dato de que el día 19
de Junio de 1816 fueron sepultados en La Veracruz los pro­
ceres G. Vargas, J. R. Leiva, José de la C. Contreras y J. M.
Carbonell, fusilados ese día; pero no precisa el lugar de su
sepultura.
Con respecto á D. Antonio Villavicencio, sí nos da éste
dato : “ Lo llevaron á La Veracruz y lo sepultaron en la capilla
de Nuestra Señora de los Dolores.”
El Dr. Ricardo Becerra publicó hace algún tiempo lo
siguiente, con respecto á una de las más preciosas víctimas
de aquellos días pavorosos, el sabio Caldas, el más grande de
los hombres que ha producido este suelo.
“ El 14 de Febrero de 1870, inhumábamos en el depar­
tamento Oeste del cementerio de los Hijos de Dios (Caracas)
los restos mortales del General Carlos Soublette. Entre los
conmilitones del viejo veterano, que asistían á tal ceremonia,
figuraba el entocces Teniente Coronel Cruz Ojeda, que du­
rante la enfermedad de su Jefe ayudó á asistirlo con piadoso
celo.
“Ya á punto de depositar el cadáver en la fosa, Ojeda,
como Guerra y otros proceres allí presentes, se apresuraron á
levantar el féretro para depositarlo en el respectivo lugar.
Había llovido, el piso estaba húmedo y mal seguro, y además
el féretro era muy pesado, ya por la notable estatura del
muerto, ya por la triple caja que encerraba el cadáver. Ojeda
resbaló y cayó bajo el féretro, que por poco no vino á tierra
también ; al incorporarse dijo, como herido vivamente por
un recuerdo: * lo mismo que con el difunto Caldas.9
“ Estas palabras, resumen del lance ocurrido, llamaron
vivamente mi atención, en términos que al volver á la ciudad
llamé á Ojeda y le pedí me las explicase. Hé aquí cuál fue
esa explicación:
“ Ojeda fue del número de los soldados venezolanos que
con Bolívar hicieron su entrada en Bogotá al servicio del
Congreso de la Unión, y desde entonces participó de nues­
tras faenas militares. Los españoles lo tomaron prisionero en
Cachiri, de donde vino á esta ciudad como forzado. Ocupá-

(1) La Patria Beba.


l6 BOLETÍN DE HISTORT \ £ ANTIGÜEDADES

banlo de preferencia en conducir á la fosa los cadáveres de


los patriotas fusilados. En consecuencia, presenció el fusila­
miento de Caldas y Ulloa, y fue testigo del horror con que
murió el primero, y de la arrogancia que en el patíbulo des­
plegó el último. Caldas murió á la primera descarga, cuyos
oeho tiros le entraron por la espalda y le abrieron una in­
mensa tronera en el pecho. El taco de uno de ellos incendió
el vestido, y Ojeda apagó el fuego con agua que tomó en la
pila vecina. Los cadáveres fueron colocados en sendas pari­
huelas ; el de Caldas quedó como á horcajadas y lo taparon
con un paño de frisa de la que aún se estila usar entre nues­
tro pueblo; al conducir el cadáver de Caldas á la iglesia de
La Veracruz, y ya en el vestíbulo de ésta, Ojeda, que estaba
enfermo de disentería y además muy conmovido, flaqueó y
cayó en tierra, arrastrando consigo el cadáver y manchán­
dose con la sangre que de éste salía en abundancia. Según el
veterano, los dos cadáveres fueron sepultados hacia la parte
baja de la nave, al doblar de la puerta principal. Detalle pro­
fundamente conmovedor y curioso: después del estampido
de la descarga homicida, oyeron distintamente un largo ala­
rido del ilustre sabio. Ulloa fue atravesado por dos tiros dis­
parados á boca de jarro ” (i).
En el mes de Noviembre de 1827 se estremeció la tierra
colombiana. ¿Fue que Atlas pasó el mundo de un hombro
al otro para aliviar su fatiga, como decían los antiguos expli­
cando los temblores, ó fue un volcán que quiso vomitar su
lava y escupir á las nubes con su fuego, como dice la cien­
cia, ó sería, dándole versión poética, que la Patria se retorció
de angustia al ver que tras tántas glorias asomaba la guerra
civil su cabeza fatídica, y amenazaba hacer naufragar tanta
ilusión lisonjera ?
El hecho fue que La Veracruz bamboleó como las demás
iglesias de Bogotá, y gran parte de ella se vino al suelo con
aquel terremoto.
¿ Por qué no se pensó á raíz de la independencia, prin­
cipalmente al reconstruir la iglesia después de ese cataclismo,
en exhumarlas reliquias de los proceres? ¡Ah! ¡Los colombia­
nos estaban ya entregados á la política y á las revoluciones, y
dejaban en olvido á los pobres mártires !
Guarda La Veracruz tres, cristos de gran valor histórico :
uno de efigie de márfil, cruz de ébano y guarniciones de pla­
ta, que fue de San Francisco de Borja. En sus manos lo tenía
el Santo cuando murió. Su nieto, D. Juan de Borja, que gO-

CO Papel Periódico Ilustrado, 2 de Agosto de 1882, pág. 391.


LA VBBAORUZ 17

bernó en este suelo como Presidente del Nuevo Reino de


Granada, lo obsequió al Obispo Piedrahita, el historiador de
la Colonia, y éste á su vez lo regaló, en 1662, á la iglesia que
los jesuítas tenían en el camellón de Las Nieves (hoy Hospi­
cio). Después de la expulsión de éstos, el Cristo vino á parar
á La Veracruz, donde hoy se guarda en la misma caja de ma­
dera tallada y vidriera que tenía en el Noviciado de la Com­
pañía de Jesús (1).
El otro es una cruz de madera con la efigie de Jesús
pintada sobre ella. Este Cristo se ponía en la capilla de los
condenados á muerte, sobre el altar que se levantaba en tan
lúgubre sitio.
El último es una escultura, también de madera, que
acompañaba á los mismos reos en su marcha al patíbulo.
Cuando ellos se sentaban en el lóbrego banquillo, esa
cruz era elevada á poca distancia, á fin de que en ella pusie­
ran sus ojos al abandonar la vida (2).
Hace unos pocos años La Veracruz fue constituida en
iglesia parroquial del nuevo barrio que se formó de partes de
La Catedral y de Las Nieves, con el nombre de San Pablo (3).
El cerrojo de La Veracruz tiene relación con una antigua
leyenda. Los chibchas poseían un gran venado de oro, y en
su vientre guardaron todas las riquezas del Zipa, el día en
que llegó Quesada, y lo enterraron en los cerros que dominan
á Bogotá por el Oriente. La tradición dice que yace este
tesoro al frente La Veracruz. A buscarlo, pues, mis queridos
lectores.
Ed u a r d o P o s a d a -

(1) “El Colegio de la Compañía de Jesú< tiene casa de novicicdo aparte,


en la calle mayor de la parroquia de Las Nieves, á quien el autor de este libro,
el aflo de 1662, donó el milagroso crucifijo que tenía y con que murió San Fran­
cisco de Borja.” Piedrahita, Hislotia del Huevo Reino, cap. IV, libro vi.
(2) Véase una descripción de estos Cristos, por D. J. M. Marroqufn, y un
grabado que los representan en el Papel Periódico Ilustrado, tomo 4?, pág. 250.
(3) Indebidamente llaman algunos á La Veracruz San Pablo. El nuevo ba­
rrio tiene este nombre, pero la iglesia conserva el que siempre ha tenido. Muy
bien podría ser mañana iglesia parroquial cualquiera otra del barrio y no por
esc combiaría de nombre.

III—2
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

ORDENANZA ROMERO 21 DE W>*


(JULIO 1$)

por la cual se dispone la erección de un monumento.

La Asamblea del Departamento de Boyacá.

En uso dé sus facultados legales, y

CONSIDERANDO i

1. ° Que en la plazuela llamada de San Laureano fueron


fusilados en el año de 1816, por orden del Pacificador Morillo,
los patriotas Juan Nepomuceno Niño, José Cayetano Vás-
quez, José Ramón Lineros, José Manuel Otero, Alberto
Montero, Ignacio Plaza y Antonio Palacio;
2. ° Que es un deber de patriotismo y de gratitud repu­
blicana honrar la memoria de los fundadores de la Indepen­
dencia Nacional, y
3? Que dichos mártires con su lustre y valor contribu­
yeron á derrocar la tiranía española,

ORDENA:

Art. i.° En la plazuela de San Laureano de esta ciudad


se formará un parque .qué se denominará Parque de los
Mártires.
Art. 2.° En el centro del parque se erigirá un monu­
mento de piedra, el cual llevará en sus costados las siguien­
tes inscripciones: Dr. Juan Nepomuceno Niño. Dr. José Ca­
yetano Vásquez. José Ramón Lineros. José Manuel Otero.
Alberto Montero. Ignacio Plaza. Antonio Palacio. 181.6, 26 de
Septiembre y 29 de Noviembre. La Asamblea, de 1904. uEter­
namente vive quien muere por la Patria.
Art. 3.0 Destínase del Tesoro del Departamento, para
dar cumplimiento á lo dispuesto por la presente Ordenanza,
la suma de doscientos pesos oro 1 $ 200).
Considérese incluida esta partida en el Presupuesto de
gastos de la próxima vigencia.
Art. 4.0 El Consejo municipal de Tunja apropiará, en
NOTAS OFICIALES
<9

su Presupuesto, la partida que sea necesaria para contribuir


á llevar á feliz término, en el menor tiempo posible, la obra
proyectada.
Dada en Tunja, á trece de Julio de mil novecientos
cuatro.
El Presidente,
Pe d r o Ma r t ín Pá e z B.
El Secietario,
Joaquín Reyes.

Gobernación de Boyacá—Tunja, 19 de Julio de 1904.

Publíquese y ejecútese.

(L. S.) Fr a n c is c o Me n d o z a P.

El Subsecretario de Gobierno, encargado del Despacho,

Domingo A. Combariza.

NOTAS OFICIALES
Bogotá, Septiembre 16 de 1904.

Sr. Presidente de la Academia Nacional de Historia.

Señor : á honor inmerecido he tenido siempre el haber


sido nombrado y contado entre los miembros activos de la
Academia Nacional de Historia: puesto otorgado por tan
docta Corporación á persona de tan poca valía, es doble mo­
tivo para agradecerlo.
Siento sinceramente no haber podido colaborar en los
trabajos dé la Academia en la medida de mis pocas fuerzas,
por haber estado alejado de la capital casi permanentemen­
te, y en trabajos de campo incompatibles con el cultivo' de
las letras.
Ahora tengo el proyecto de ausentarme por largó tiem­
po, y me es penoso dejar un puesto vacante que puede ser'
20 B0LSTÍN DB HISTOttlA Y ANTIGÜEDADES

ocupado por persona competente, que de manera activa com­


parta los trabajos de la Corporación.
Los motivos apuntados me obligan á presentar renun­
cia de mi calidad de miembro de la Academia.
Confío en que mis honorables colegas no vean en este
paso otra cosa que mi buen deseo de no perjudicar los trabajos
de la asociación, ocupando puesto que no puedo desempeñar.
Soy del Sr. Presidente muy atento, seguro servidor
q. b. s. m.,
Luis Fo n n e g r a .

Bogotá, 20 de Octubre de 1904.

•r. Secretario de la Academia de Historia.

Los Sres. Dres. Adolfo León Gómez y Arturo Quijano


pusieron en mis manos la nota de usted, en la cual se sirve
comunicarme la proposición de condolencia aprobada por esa
Corporación en su sesión del 1? de Octubre. Vivamente agra­
decido estoy por la parte que la Academia ha tomado en mi
ingente desgracia. Mi esposa sabía lo intenso de mi cariño
por todos mis colegas, y ella era la musa que inspiraba mis
labores.
Si para estos dolores no hay anestésico, sí son bálsamo
las palabras de confraternidad. Es algún consuelo que tras el
naufragio lo reciban en la playa brazos amigos.
Presento á usted y á cada uno de los miembros de la
Academia mis sentimientos de gratitud y estimación.

Ed u a r d o Po s a d a .

República de Colombia—Ministerio de Instrucción Pública.


Sección 1/—Ramo de Negocios generales—Numere 934.
Bogotá, Octubre 26 de 1904.
Sr. Secretario de la Academia Nacional de Historial.

Vista la nota de usted de 20 del que cursa, este Minis­


terio ha dado orden al Director de la Escuella de Bellas Ar­
not as OFICÍALES 21

tes para que envíe á la Academia Nacional de Historia los


cuadros de historia del pintor colombiano Sr. Espinosa Prie
to, que están en el Museo de la expresada Escuela.
La Academia puede resolver el punto segundo de la
nota de usted como lo juzgue más conveniente, por ser asun­
to de su régimen interno.
El Guardaalmacén de útiles de enseñanza de este Minis­
terio pondrá á disposición de usted lo siguiente:
38 ejemplares de la Vida de Herrán.
1 ejemplar del Atlas histórico y goográfico de Colombia,
por Paz.
i ejemplar del Bosquejo estadístico de la región oriental de
Colombia.
1 ejemplar de Geografía general de Colombia, por P.
Pérez.
1 ejemplar de Compendio de la Historia de la Revolución
de Colombia, por Franco.
1 ejemplar de Estudios sobre las minas de oro y plata de
Colombia, por Restrepo.
1 ejemplar de Geografía de Colombia, por Díaz Lemos.
1 ejemplar de Historia Patria (2.0 tomo), por Quijano
Otero.
1 mapa de Colombia, por Giraldo Duque.
1 mapa del Magdalena, por Simonds.
1 mapa de Bolívar, por Simonds.
1 mapa de la Nueva Granada, por Acosta.
1 ejemplar de las Noticias Historiales (tomos 2.0, 3.0, 4®
y 5-°). por Fray Pedro Simón.
r ejemplar de la Cuestión Colombo-Venezolana.
1 ejemplar de las Crónicas de Bogotá, por Ibáñez.
1 ejemplar de los Recuerdos históricos de la guerra de la
Independencia, por López.
1 ejemplar del Estudio cronológico sobre los gobernantes
del Continente americano, por A. Flórez.
De la partida votada en el Presupuesto para la Acade­
mia de Historia queda una pequeña suma de que se dispon­
drá convenientemente.
Por este Despacho se darán las órdenes del caso al Di­
rector de la Imprenta Nacional para que de cada número del
Boletín de Historia y Antigüedades se entreguen cuatrocien­
tos ejemplares al Director del mismo periódico, y para que la
obra titulada la Patria Boba se dé al mismo precio que El
Precursor y la Vida de Herrán.
Dios guarde á usted.
C. Cu e r v o M.
22 BOLETIN Uh Ul^ToBIA Y ANTIGÜEDADES

República de Colombia—Ministerio de Instrucción Pública.


Sección 3?—Ramo de Contabilidad.—Número 1785—Bo­
gotá, Octubre 31 de 1904.

Sr. Secretario de la Academia Nacional de Historia.

En respuesta á su atenta comunicación del 7 del presente


mes tengo el gusto de comunicarle que el Despacho de mi
eargo ha dictado la Resolución número..del año en curso,
por la cual se determina adquirir para la Biblioteca Nacional
una copia de la Historia de la conquista de Santa Marta y
Nuevo Reino de Granada, por el P. Fray Pedro de Aguado,
inédita en la Biblioteca de la Real Academia de Historia de
España, y que para ello se ha pedido al Ministerio de Rela­
ciones Exteriores que el Cónsul de Colombia en el Havre
suministre al Sr. Santiago Pérez Triana hasta $ 180 oro. Tal
Hictoria se determina que se publique en la serie de tomos
de Historia Nacional que se editan en esta ciudad bajo la
dirección de los Dres. Eduardo Posada y Pedro M. Ibáñez.
Dios guarde á usted.

C. Cu e r v o M.

Bogotá, 3o de Noviembre de (904.

8r. D. Pedro María Ibáñez, Secretario perpetuo de la Academia Nacional de


Historia E. L. C.

Como un honor inmerecido ha llegado á mis manos la


nota de usted, fechada el 28 del mes que termina. En ella se
sirve usted comunicarme que la Academia, de la cual es usted
meritorio Secretario, me eligió por unanimidad de votos
miembro correspondiente por el Departamento de Cundi-
namarca.
Al manifestar á usted que acepto el honor que se me
hace, aprovecho la ocasión para expresar á los socios de la
Academia mis agradecimientos y para suscribirme de usted
atento servidor y colega,

Ma x im il ia n o Gr il l o .
ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER
23

RECIBO
Recibí el estante de propiedad particular del Sr. Jorge
W. Price, el cual figuraba en el recibo que el Sr. Ibáñez dio
al Sr. Price por los muebles de la Acadamia Nacional de
Música, que el Sr. Price dio en calidad de préstamo á la
Academia de Historia. Además nueve láminas de músicos
célebres, también de propiedad del Sr. Price.
En r iq u e Pr ic e .
Noviembre i.° de 1904.

ARCHIVO OEL GENERAL 8ANTAN0ER

CARTAS INÉDITAS DEL CORONEL JOSÉ CONCHA

Piedra de Moler, Mayo 7 de 1820.

Mi querido primo: no me ha sido posible llegar en me­


nos tiempo del que he gastado, porque este camino de Dios
és intransitable. Mañana á las diez llegaré á Cartago, daré
algunas órdenes y marcharé pasado mañana para Llanogran
de y más adelante. Con fecha 28 di orden á Murgueitio ó
Cancino que atacaran los restos de las fuerzas de Calzada,
con las fuerzas reunidas, y creo que este oficio se habrá ex­
traviado, según me dice el Comandante de Cartago, bajo
cuya cubierta lo remití; pero con esta fecha la repito mien­
tras yo llego. Hoy he recibido diario de Murgueitio, con fe­
cha 2, de Buga, y dice tener 1,600 hombres, inclusives los
200 infantes de la columna y los 200 de Camino; 800 del ba
tallón del Cauca y el resto de caballería. En estas circuns­
tancias se ha reunido Mendiburu en Anserma, con esos dia­
blos y ha hecho dos tentativas y le ha obligado á Murgueitio
á mandar 25 fusileros á Toro, y á dejar en Cartago 30, con
todos ellos y la Compañía 1? del Cauca, que organicé en
Ibagué, y que llegará dentro de tres días; voy á dejar orden
que se ataquen y se persigan tenazmente.
Incluyo á usted una carta que me hace un Capitán que
comisioné por el mucho partido que tiene y hombre de bien.
El Provisor Urrutia nos ha hecho algún daño ; seguramente
ha hecho poco la pastoral que mandé circular; pero mientras
24 BOLETIN DE HI8TOBIA Y ANTIGÜEDADES

llega la providencia que usted con el Provisor de esa deben


tomar, yo haré venir los clérigos que han quedado en Ibagué,
que no son preocupados, para que administren.
El inglés Runel está preso por Cancino, y me ha remi­
tido un sumario el más terrible de los excesos cometidos en
este Estado ; se mantendrá hasta la llegada del General. La
falta que me va á hacer el Dr. Aguilar es mucha y lo mismo
á la Provincia ; apúrelo usted para que no se detenga mu­
cho. Las rentas están en muy mal pie, según me informa el
comisionado Visitador; algunos pesos se le entregaron á
Calzada y esto no paso por ello, porque llueve sobre mojado,
pues otras veces ha hecho el tal Matute lo mismo. El Visita-
dor me dice, en carta particular, que el Dr. Gamba fue comi­
sionado por la Junta de Secuestros, por lo que respecta á
Anserma, y aunque la Junta le pidió cuenta no la quiso ren­
dir, y que según informes llevó algunas alhajas de plata y
otros intereses, y nada me dijo en Ibagué. Mañana me im­
pondré en Cartago y hablaré de oficio sobre esto y sobre no
sé qué cosas de la renta de tabaco. Yo trabajaré cuanto esté
á mi alcance, sin perder un momento, tanto en esto como en
todo lo que me corresponda.
Adiós le dice su primo,

Jo s é Co n c h a .

Cali, Junio 18.

Mi querido primo: por fin reventó el Ejército de Orien­


te por Caloto, y el mismo día que llegó el General me reun
con mi División, compuesta de lo que verá por el oficio que
incluyo, y según entiendo nada le agradó. Yo hubiera que­
rido haberle tenido mil fusiles, pero no me ha sido posible.
Todo cuanto me ha pedido hasta la fecha se lo he dado.
Mañana .. $ 6,000 y pronto otros tantos, á pesar de que
las tropas las encontró pagas. Yo no desmayaré y activaré
cuanto me es propio.
Temo la deserción de las tropas, porque inmediatamente
los Cuerpos de caballería y batallón del Cauca los repartió en
los batallones que traía, que en esto convine yo ; pero 1 os
cabos primeros y segundos los destinó á soldados rasos, tal
vez esto puede causar desagrado. Los oficiales del batallón
ARCHIVO DEL GENERAL HANTANOKIi
25

del Cauca, con los sargentos, los he destinado á levantar


nuevamente el batallón, y á Murgueitio lo he nombrado Co­
mandante délos Departamentos de Caloto y Popayán, aun­
que durará muy poco, porque el General quiere llevárselo,
para Jefe del Estado Mayor; yo no me he opuesto ni á esto
ni á nada. A la llegada del General lo recibí con muía de
silla, dos caballos muy buenos y á cada Jefe le regalé uno,
que no los da mejor Venezuela, y si no he hecho más en
prueba de gratitud, es porque no he tenido más propor­
ciones.
Recibí el paquete para Camino, en Caloto, y en el ins­
tante marchó en su alcance, que este día habrá marchado al
Chocó, y se le entregó. He apreciado como debo la estrella
y la luciré á su nombre.
Cuídeme los chatos y mande á su primo,

Jo s é Co n c h a .

Cali. Septiembre

Sr. D. Pacho: ahí le van pesadeces y también noticias


de pedidos y el estado de cosas; si son ciertas no son malas.
Mañana salen 123 negros del Chocó, pues aunque pensaba
esperar la venida de otros que se anuncian, su dilación me
hace disponer su salida, y que por partes es mejor, tanto por
la desnudez en que vienen como por los víveres en el Quindío.
Con las idas y venidas se me han perdido las listas de los
negros y prisioneros que he remitido y no sería malo le diera
orden á González me mandara una noticia para llevar la
cuenta general. ¡Qué tal! ¡como están los negros ! y sólo falta
que los de Izqe (sic) y el Raposo quieran hacer lo mismo, pero
es nada, todo se concluye; más dan que hacer los ingleses
que los negros todos de la Provincia. Todos los días hay ro­
bos, insultos y lo peor: que tienen un Comándente que todo
lo disimula.
Ahí le van esas tres propuestas. El Capitán fue en el
año de 16 Teniente Ayudante mayor; es el Alcalde ordinario
de primera elección, mozo muy activo, quien ha hecho entrar
por el aro y ha traído en compañía los que usted ve en el
estado que le acompaño. El Arboleda ha colgado los hábitos
y hoy está en el batallón del Cauca, en su clase, hasta su
26 BOLETIN DK HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

disposición. El Mosquera está bueno para Capitán de esta


Compañía de cívicos, que todo, siempre que marche el Ejér­
cito Popayán tiene una guarnición.
De su primo,
Jo s é Co n c h a .

Cali, Noviembre 17 de 1820

Mi querido primo: aunque su comisionado, sujeto activo


para la conducción de fusiles y vestuarios del puerto, de los
comprados al Sr. Benjamín Halton, no creo que vendrán
para pronto, como lo deseo, por el tiempo y las crecientes del
Dagua y según los informe no conseguiré que vengan hasta
fines de Diciembre y el resto del cargamento hasta Enero. Si
el cargamento de Muñoz se desembarca tardará bastante en
el puerto, porque los caballos quedarán muy inutilizados y,
según entiendo, es mucho. Algunos de los malvados he des­
tinado á aquel puerto, en clase de confinados, para que cons­
truyan casas, que son muy pocas ó ningunas las que han
quedado y, según me parece, allí debe hacerse una población
y aun mantener una guarnición que defienda los buques de
cualesquiera pirata que quiera oprovecharse de la soledad, ya
para los buques, ya para el puerto y los almacenes. Es de
mucha importancia para la Nueva Granada y para la Pro­
vincia la apertura del camino de este puerto ; todos se inte­
resan, y yo más que ninguno quisiera tener esta gloria y
quisiera que mis trabajos lucieran.
Le informaré lo que se di:e con respecto á Muñoz. Los
dueños del cargamento vienen echando tajos, porque éste les
ha ofrecido pagarles al contado en el puerto, el valor del
cargamento y buques que compró allí. Vienen varios oficia­
les. dicen con patente de Muñoz, á tomar servicio en el Ejér­
cito, suponiéndoles, cuando se las dio, que tenía comisión es­
pecial del Libertador. También trae un Vic? (sic) para el
Ejército. A bordo de los buques se habla muy mal de él
y de Camino, y sólo se brinda por el Presidente, por usted y
por mí; yo quisiera que no me conocieran para no perder el
concepto que han formado.
El Teniente Escobar me escribe, reservado, que el due­
ño no trata de desembarcar mientras no vaya el dinero, y en
este caso se marcha para Guayaquil, á donde trae miras el
General San Martín de obrar con el objeto de agregar aque-
BOCETOS BIOGRÁFICOS

lio á Lima ; esto es reservado, y lo mismo lo tendrá usted y


le servirá de algo para arreglar sus órdenes.
El Ejército se ha reunido en llano y el General ha mar­
chado para allí y hoy me dice que sólo aguarda que yo le
mande hacer mil cachuchas para marcharse; mientras tanto
vendrán 500 fusiles que he pedido al puerto y todos los ves­
tuarios, con preferencia. Me parece muy conveniente nom­
brar un Capitán del puerto con un Guardaalmacén y Guar-
daparque; el primero puede servirlo un paisano, D. Manuel
Scarpetta, hombre honrado, de regulares luces, político, que
es lo que se necesita, al mismo tiempo que tiene firmeza.
Usted me dirá si és bastante el Teniente Escobar, que debe
de hoy en adelante permanecer allí, según las órdenes que le
he dado. Para esto será muy bueno que mandara instruc­
ciones y reglamentos, porque aquí estamos al pelo de puerto,
tanto para las entradas, salidas de buques de guetra, comer­
ciantes, etc. etc., pues quiero en todo observar sus órdenes.
Soy suyo, primo querido,

Jo s é Co n c h a

----------- * ----------

BOCETOS BIOGRAFICOS
D. RAMÓN NONATO GUERRA, CORONEL DÉ LA INDEPENDENCIA

(Trabajo inédito;.

Carta preliminar.

Bogotá, 12 de Agosto de 1879

Sr. D. Antonio de Narváez y Guerra—En su mano.

Mi querido sobrino y ahijado :


Te envío un escrito cansado é incorrecto, en el cual
he apuntado con afán febril todos los datos que la Provi
dencia Divina se dignó depararme en un sólo momento
sobre la vida de mi padre y abuelo tuyo, el Coronel Ra m ó n
Na n a t o GUERRA. A nadie mejor que a ti puedo dejar
este legado, porque tú sabes estimar en lo que vale un nom­
bre inmaculado, y podrás hacer uso de las honrosas tra­
diciones de nuestra familia, el día en que la sociedad vuelva
28 b o l e t ín de y a n t ig u e d a d k »

sobre sí, analice ya sin pasión hechos cumplidos en época


remota, y quiera dar sobre ellos el fallo que hace ya tanto
tiempo reclama la justicia. Algún día te preguntarás á ti mismo,
como nos preguntamos todos con natural curiosidad: quién
soy ? ¿ de dónde vengo?/9 y para hallar una satisfactoria res­
puesta, que en vez de entristecerte puede llenarte de legítimo
orgullo, quizá vengan á servirte de algo estos mal zurcidos
apuntes.
Yo sé bien que el hombre es hijo de sus propias obras, y
que el lustre de los mayores no se refleja en sus descendien­
tes sino con muy pálidos destellos; pero es un hecho evidente
que el hijo de buena cuna da en lo general más garantías de
honradez y caballerosidad que el que la tuvo obscura ó ver­
gonzosa, porque el lustre de los abuelos es un freno que nos
contiene desde los primeros años, obligándonos á reprimirnos
en el ardor de las pasiones juveniles y á procurar que siem­
pre sean buenas y dignas de nuestros antepasados las obras
que nos han de crear una posición en la sociedad. Un abo­
lengo ilustre, ó por lo menos limpio, una memoria venerable,
una progenie más noble de conducta que de sangre, son el
mejor ejemplo á la vez que el más eficaz correctivo que se
puede tener en la vida.
Ilustre abolengo es el tuyo: nombres inmortales figuran
en tu árbol genealógico, y una sombra veneranda, la de tu
inmaculado padre, te rodeará de continuo para protegerte y
ayudarte en esta triste peregrinación de lágrimas y amarguras
en que apenas empiézas á subir los primeros y menos duros
peldaños. Sí, que si no corriera por tus venas la sangre que
corre, en la guerra pasada habrías sido simplemente un sol­
dado valiente y audaz, pero no te habrías distinguido como
noble y generoso, ni te habrías hecho acreedor, como te hi­
ciste, á la estimación y respeto de tus mismos enemigos po­
líticos, porque los instintos se heredan con la raza, aunque la
República nos impida heredar los méritos y títulos de nues­
tros progenitores peninsulares.
Distinguidos fueron los tuyos por la rama paterna, y
ocupan muchos de ellos puesto honrosísimo en nuestra histo­
ria. Tu bisabuelo, el Mariscal D Antonio de Narváez y La-
torre, fue uno de los personajes más populares de su época.
Hombre sumamente ilustrado, hábil político, arrojado y va­
liente militar, supo captarse la simpatía de sus conciudada­
nos, y mereció la distinción de ser uno de los tres elegidos
para representar el antiguo Virreinato en las Cortes españo­
las, cuando la Metrópoli ofreció otorgar á sus colonias el
derecho de ser tratadas como las provincias de España, á
B00KT08 BIOGRÁFICOS 29

trueque de que no llevaran adelante sus nacientes ideas de


independencia.
Los otros dos elegidos para esa Diputación fueron, como
sabes, el Conde de Puñonrostro y uno de tus bisabuelos ma­
ternos, el Brigadier D. Luis Eduardo de Azuola.
Hijo de aquel eminente patriota, tu abuelo el General
Juan Salvador de Narváez, obtuvo brillantísimos triunfos, no
sólo en el campo militar, donde se distinguió por su valor y
heroísmo, sino también en el diplomático, desempeñando con
lucidez en Europa las misiones que se le confiaron por el
nuevo Gobierno colombiano. Sus campañas en Venezuela,
Cartagena, Riohacha y Santa Marta, le merecieron honrosos
parabienes de Bourdon y Lafayette.
Tu padre, mi querido hermano político, Antonio R. de
Narváez......... .. ¿ qué puedo decirte de él ? Tú lo conociste :
feliz el hombre que conoció á su padre! Tipo perfecto del
cumplido caballero, merecía haber vivido en otra época ó en
otro lugar, porque una nobleza de alma como la suya no
podía lucir en una atmósfera pestilente y corrompida como
fue la que infestó el país en su tiempo. Sus servicios á la
Patria quedaron sin recompensa, porque aquí todo se somete
al veleidoso criterio de la política callejera; pero la parte
sensata de la sociedad lo estimó siempre como á un hombre
que no tenía defectos.
De tu familia materna podría decir mucho más, no por­
que fuera más esclarecida y noble que la de Narváez, sino
porque siendo la mía propia la he estudiado mucho mejor. D.
Martín Guerra y Villafañe, tu bisabuelo, pasaba por ser uno
de los hombres más rectos y honrados de su época, y en pre­
sencia de este patricio vi descubrir con sincero respeto á
Baralt, Canabal, Márquez, Caycedo y otros hombres nota­
bles que alcancé á conocer ocupando los primeros puestos
en la República. La rama de Azuola fue siempre notable, y
más adelante diré algo de uno de sus más esclarecidos miem­
bros. Sólo mi padre, tu abuelo, el Coronel Ra m ó n N. GUERRA
aparecía cubierto de sombras, y su memoria venía tildada
por lo que hemos dado en llamar historia, no siendo más
que un conjunto de escritos apasionados de los políticos que
nos precedieron. Este contraste, que sin duda te habrá lla­
mado la atención, ha sido para mí el tormento constante de
mi vida, el torcedor inclemente que me ha impedido siempre
darle algún vuelo á mi imaginación, la causa principal de esa
postración moral, ese desaliento que se revela en todas mis
acciones. ¿Pero cómo podía salir de mis dudas y poner en
claro los hechos, cuan lo con nosotros se guardó un secreto
BOLETÍN DE HISTORIA ANTIGUIDADRc
30 y

sistemático y sostenido sobre todo lo concerniente á la muer­


te de mi padre, secreto que no tuvo más objeto, según he
venido á comprender ahora, que alejar de nuestros corazones
toda idea de odio ó de rencor contra los autores y cómplices
de esa muerte incalificable ? Mi madre nos hacía siempre
comulgar los días de San Simón y San Francisco de Paula
(onomásticos de Bolívar y Santander), con el mismo fervor
con que lo hacíamos todos en los aniversarios de la muerte de
mi padre.... y jamás salió de su boca una palabra que re­
velara la amargura que debía estar rebosando en su corazón.
Le habíaaofrecido á Dios el sacrificio de su silencio, y tuvo bas­
tante valor para callar hasta la muerte. Recuerdo con horror
la última vez que le hablé de ese asunto. Estaba yo muy
muchacho y había llorado mucho por unas palabras que me
dijeron en el colegio, y resueltamente le pregunté si mi padre
había ido á asesinar al Libertador. “ No, me contestó con
firmeza, ¡tu padre no se movió de casa esa noche! ”—“ ¿Cómo
es posible, le repliqué yo, que se me llame el hijo del ahor­
cado ? __ No puedes figurarte la transformación que su­
frieron las facciones de mi madre, tan serenas y apacibles en
todas circunstancias. Una palidez mortal cubrió su rostro;
sus ojos se abrieron desmesuradamente, y me pareció que
arrojaban rayos; desplegáronse sus labios, y tal vez iban á
pronunciar una palabra que me hubiera salvado ; pero con
sus trémulas manos sacó de su pecho una gran cruz de
Jerusalén que siempre llevaba consigo, la aplicó á sus labios,
y un torrente de lágrimas se escapó de sus ojos. Ni una pala­
bra de consuelo pudo dirigirme: lloramos juntos y silenciosos
largo rato, y jamás volví á hablarle de lo que tan horrible
impresión le había causado. Mi abuelo, D. Martín Guerra y
Villafañe, creyendo, sin duda, que mis preguntas eran recon­
venciones, gritaba como enagenado: “ ¡Nada se consiguió, yo
hice cuanto pude por salvarlo !”.... Mi tío Luis Azuola ca­
llaba como un muerto, y lo único que pude sacarle fue el
testamento de mi padre con unas notas sobre el resultado de
los encargos que le hizo en la capilla. El Dr. Cheyne, íntimo
amigo suyo, se desataba en denuestos contra Santander y
contra Carujo, y cuando intentaba hablar sobre lo que tanto
interés tenía para mí, le daba una convulsión en el labio in­
ferior, y callaba también cómo un muerto.
Te aseguro, mi querido Antonio, que llegué á tener
miedo de descubrir la verdad, y en esta terrible situación me
encontré un folleto que publicó cierto individuo, cuyo nom­
bre debes ignorar siempre, en que pinta á mi padre como á
urt monstruo de maldad. Mi espíritu desfalleció, y loco de
BOCETOS BIOGRAFICOS
3>

amargura y de pena, resolví hacerme matar.... Segura­


mente habrás oído relatar algo en tu casa de mi encuentro
con ese individuo en la plaza de Bolívar, que me puso á un
paso de la muerte__ ....
Oh! si alguien me hubiera dicho: “El Coronel Guerra mu­
rió asesinado,” como así fue, según lo verás más adelante,
¡cuántas desgracias me hubiera evitado, qué distinta habría sido
mi resolución ! Dos años estuve entre la vida y la muerte á
consecuencia de la herida de bala que recibí en el pecho el
9 de Febrero de 1857, cuando quise lavar con mi propia
sangre el baldón que aquel panfleto arrojaba sobre la memo­
ria de mi padre.
Apenas restablecido, tuve que marchar á la campaña
del Sur en 1860. El triunfo de Mosquera y la consiguiente
ruina de mi familia, me obligaron á asilarme en Ambalema
para ganar la subsistencia ; pero la clase de trabajo á que
tuve que sujetarme, y la muerte inesperada de mi hija mayor,
desarrollaron en mí la enfermedad del corazón de que ha
sido víctima toda nuestra familia ; y para conservar esta mi­
serable vida y buscar el pan para mis hijos en un lugar donde
no me llegaran las persecuciones políticas, hube de trasla­
darme á Fusagasugá, donde vi morir trágicamente al mayor
de mis hijos varones, y de donde, á pesar de esto, no hubiera
salido, si la necesidad no me hubiese obligado á buscar tra­
bajo lucrativo en otro clima. En Septiembre de 1874 volví,
pues, á Bogotá, y aquí vendí mi tiempo por horas para llevar
la contabilidad de varios comerciantes, dejándome sólo libres
unos cortos momentos para buscar papeles del año de 1828,
que me dieran alguna luz sobre la conducta del autor de
mis días, cuyo ensangrentado cadáver parecía perseguirme
de día y de noche.
Casi todos los relativos á sus hazañas militares había
logrado desenterrar Antonio, tu inolvidable padre, quien
durante mi ausencia de la capital, es decir, en más de catorce
años de constante trabajo, consiguió reunir los más impor
tantes y honrosos documentos. Pero, respecto a sus compro­
misos en la conjuración del 25 de Septiembre, es decir, sobre
10 que más me interesaba saber, sobre lo único que trataba
de descifrar ya con febril desesperación, nada había él con­
seguido, porque en la Administración del General Santander
se habían extraviado los documentos que hubierán podido
darme completa luz en el asunto. Antonio murió hace poco,
persuadido de que ni á él ni á mí nos sería posible aclarar el
misterio-que tanto nos torturaba
Una palabra que se le escapó á un comerciante en el
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

pasado año de 1878, y que pude alcanzar á percibir por estar


trabajando en su escritorio, me dio á conocer que en el ar­
chivo privado de cierto sujeto, muerto hace muchos años,
debía haber algo que sirviera á mis deseos indagatorios, y
sin pérdida de momento revisé y hallé cuanto deseaba. Allí
formé el derrotero que debía seguir en los archivos públicos,
y pronto pude reunir lo suficiente para borrajear las líneas
que te remito. Mucho he tenido que suprimirles, porque los
amigos de distintas opiniones políticas á quienes consulté las
que primitivamente había escrito, me obligaron á quitarles
todo lo que pudiera no ser grato á los adoradores de Bolívar
y de Santander, para no suscitar una discusión desagradable y
baldía, que volvería quizá á poner á mi desgraciado padre en
tela de juicio. Algo de lo escrito salió publicado en varios
periódicos de aquella época.
Desde entonces, gracias á la Providencia Divina, vivo
tranquilo y resignado, sin una gota de hiel en el coraz ón ni
nn solo pensamiento de rencor contra los desgraciados victi­
marios de mi padre. Fueron grandes y heroicos en su magna
obra de emancipación ; pero fueron hombres, sujetos, por
consecuencia de esta triste miseria humana, á veleidades y
errores. Como cristiano, víctima suyo, los perdono; como
patriota los admiro y venero. Mis hijos no me han oído pro­
nunciar jamás una palabra que pueda lastimar la memoria de
quienes con sobrada justicia ocupan los primeros puestos en
los anales patrios. Porque ellos saben bien que el nombre
limpio qiie Ies lego no va manchado ni envilecido con un
crimen, y cue la sangre derramada en el cadalso por uno de
sus primogenitores, no es la del castigo merecido, sino la del
holocausto que Dios exige á veces á una familia ó á una ge­
neración entera.
Lo único que lamento es que la muerte de Antonio y la
de? Monseñor Lorenzo Barili, que tantos esfuerzos hicieron
por ayudarme á defender la memoria de mi padre, hubieran
acaecido antes de que yo encontrara lo que tanto buscábamos.
Con respecto á Antonio, tú que llevas su mismo nombre
y que heredaste como tus hermanos las virtudes y bellas pren-
dasque siempre lo distinguieron, recibeen sunombrela ofrenda
de estas líneas, que en todo caso hubieran sido para tu pa­
dre, y que á ti te dedico como débil muestra del cariño que
tuvo por él y tiene por tí tu viejo tio y padrino,

Ra m ó n Gu e r r a Az u o l a ,
BOCETOS BIOGRAFIOOS
33

El Coronel Ra m ó n No n a t o Gu e r r a nació en la ciudad


de Cali (Departamento del Cauca) el 31 de Agosto de 1801.
Su padre, D. Martín Guerra y Villafañe, oriundo de México,
vino como familiar del Arzobispo-Virrey, Caballero y Gón-
gora, á principios de 1779. Por este tiempo D. Feliciano del
Casal, acaudalado comerciante español, notable por su hon­
radez y su pericia en los negocios mercantiles, estaba hacien­
do grandes esfuerzos para que su hija única, D* Juana de
Dios Casal y Huertas, no profesase de monja de Santa Inés,
como lo tenía resuelto desde su más tierna edad. En vano le
representaba el desconsolado padre que estando ya anciano
y enfermo, lo mismo que su esposa, D? Juana de las Huertas
y Baños, no era justo que los dejase solos ; en vano se había
valido de sus numerosos amigos para que la disuadieran de
su propósito, pues la voluntariosa niña se mostraba cada día
más resuelta á dedicarse definitivamente al claustro. El recién
llegado Arzobispo, compadecido de la aflicción del español,
fue á hablar con la novicia, y en tres ó cuatro visitas que le
hizo, acompañado siempre de su familiar Guerra, que estaba
para ordenarse de clérigo, resultó que entre los dos jóvenes
concertaron su matrimonio, dejando la niña su monjío y el
mancebo su sacerdocio para mejor ocasión. El matrimonio se
celebró poco después á contentamiento de todos en la misma
iglesia en que la novicia había pensado hacer su profesión
solemne, y algunos años más tarde la nueva familia se tras­
ladó al Cauca, para continuar allí el esposo los negocios de
comercio que su suegro tenía establecidos en Cali (1).
El acta del 20 de Julio de 1810 llegó secretamente á
los pueblos del Cauca y encontró eco en todos los corazones
patriotas. Formáronse allá juntas centrales con el fin de coad­
yuvar al movimiento iniciado, y la de la ciudad de Cali se
ostentó desde los primeros días tan popular, que el Gober­
nador español, D. Miguel Tacón, no se creyó seguro, á
pesar de la fuerte guarnición que comandaba, y se retiró con
ella á Popayán. A esta sazón llegó de Bogotá el Coronel
Antonio Baraya con una columna de infantería en auxilio
de los patriotas, y D. Martín Guerra Villafañe fue de los pri­
meros que se le presentaron á servir como soldados, llevando
en su compañía á sus tres hijos D. Manuel, D. Mariano y
D. Ra m ó n , que apenas contaba once años.
Baraya marchó resueltamente en busca de Tacón, el cual
se había atrincherado en el Puente del Cauca, y confió el

(i) Véase el número 23 de este Boletín.


III—3
34 BOLETIN DE HISTORIA T ANTIGÜEDADES

mando de su vanguardia al valeroso joven Atanasio Girardot,


que funcionaba entonces como Teniente de infantería. El 28
de Marzo de 1811 pasó Girardot el Puente de Palacé, y con
los cien hombres que mandaba atacó las fuerzas españolas en
sus atrincheramientos; pero viéndose rechazado y perse­
guido por éstas, tuvo que repasar el puente y emprender la
retirada. Él sabía bien que con gente colecticia y sin disci­
plina, una retirada al frente del enemigo podría convertirse en
derrota, por lo cual dejó en el mencionado puente diez sol­
dados con orden de resistir hasta el último trance, á fin de
ganar tiempo y poder seguir su marcha en buen orden hasta
el punto que ocupaba Baraya con el grueso de su Ejército.
Enire estos diez hombres estaban D. Martín Guerra y
sus hijos. Ellos detuvieron por algunos instantes á los mil
quinientos soldados aguerridos que perseguían á Girardot;
pero pronto sucumbieron. D. Martín y D. Ra m ó n se arroja­
ron al río, se salvaron á nado, y se reunieron á Girardot al­
gunas horas después. D. Manuel quedó gravemente herido
de un sablazo que le partió la cara de arriba á abajo; y D.
Mariano cayó prisionero, pero fue rescatado esa misma tarde
por Girardot cuando, renovada la lucha con desesperado
arrojo por parte de los republicanos, se decidió á su favor la
victoria en el mismo campo de Palacé.
Esta fue la primera batalla que se dio en el antiguo Vi­
rreinato á favor de la libertad ; el bautismo de sangre de la
República, cuyo feliz éxito abrió esa éra inmortal de triunfos
que dio vida á la gran Colombia. Si este hecho de armas
hubiera sido favorable á las de España, seguramente la em­
presa colosal de libertar las colonias habría fracasado triste­
mente, y el poder de la Metrópoli se habría afianzado por un
siglo más. La gloria de Baraya y sus dignos compañeros de­
bía haber resaltado con caracteres de oro en la historia: ya que
en ella apenas se hace ligera mención de tan importante jorna­
da, la posteridad está en el deber de no olvidarla jamás, para
tributar digno homenaje de gratitud á quienes en Palacé die­
ron alto ejemplo de valor y patriotismo.
Así principió la carrera militar del Coronel RAMÓN NO­
NATO Gu e r r a , y el honroso certificado que le expidió Baraya
sobre su conducta en aquel combate, fue uno de los muchos
documentos que D. Martín presentó al Libertador diez y siete
años después, pidiéndole con anhelado ahinco la vida de su
hijo, cuando iba á ser sacrificado á consecuencia de la mal­
decida conspiración del 25 de Septiembre, como adelante
veremos.
Si hubiéramos de seguir paso á paso Ja vida del Coronel
BOCETOS BIOGRÁFICOS

Gu e r r a , tendríamos que copiar una gran parte de la historia


de Colombia, pues su brillante hoja de servicios comprueba
que se halló en las batallas de Calibio, Juanambú, Tacines,
Ceriogordo, Las Cañas, Pasto y El Palo, obteniendo en todas
ellas buenas recomendaciones de sus Jefes, y ascensos milita­
res que lo hicieron llegar hasta Capitán, grado con el cual se
le mandó como Gobernador de !a Provincia de Antioquia, al
frente de doscientos soldados.
No hemos podido averiguar qué hizo este joven de
quince años, con tan reducido ejército, en un extenso terri­
torio, ocupado á la sazón por Tolrá, que era uno de los Jefes
más experimentados de las huestes españolas. Lo que se sabe
de cierto es que en Cañasgordas fueron sus tropas comple­
tamente destrozadas, y GUERRA quedó en el campo como
muerto con dos heridas de bayoneta, y su ejército despedazado
por los cascos de los caballos de un escuadrón enemigo, que
pasó por sobre él en persecución de los fugitivos. Un sir­
viente fiel, antiguo esclavo de su padre, lo sacó del campo, y
en una casita de leñadores, no distante del lugar del combate,
lo ocultó y lo curó, hasta que pudo ponerse en marcha para
Cali, con uno ó dos compañeros Los cuidados de su madre
y hermanas le hicieron recuperar allí las perdidas fuerzas, y
á pocos meses pudo reunirse en Popayán á los restos del
ejército republicano, en vísperas de darse la desastrosa batalla
de La Cuchilla del Tambo, en la que cayó prisionero y fue
quintado con París, López, Cuervo, Espinosa y tantos valien­
tes más que en ese aciago día quedaron en poder de los es­
pañoles.
La suerte del quinto se efectuaba haciendo formar un
círculo á los que entraban en ella, y principiando por cual­
quiera de los prisioneros, contaban de uno á cinco. Los infe­
lices á quienes tocaba este número eran fusilados; los demás
eran condenados á otras penas al arbitrio del Jefe. GUERRA
lo fue á servir como soldado en las filas españolas por seis
años.
Sus compañeros de prisión en Popayán, después de aque­
lla derrota, recordaban siempre con placer la manera como
trataban todos de sobrellevar la mísera existencia á que se
les había reducido y de apartar de su mente la aterradora
imagen del cadalso que á pocos pasos de ellos se alzaba
amenazante. Eran todos jóvenes, casi niños, fogosos y entu­
siastas, al mismo tiempo que despreocupados por la suerte
que les estuviera reservada; muchos de ellos bogotanos, y
ya se sabe de cuánto es capaz el carácter bogotano para vol­
verlo todo jarana y diversión.
36 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

D. José María Espinosa, uno de los prisioneros de la


Cuchilla del Tambo, nos habla de los bruscos retozos estu­
diantiles que tenían en la prisión, y con un sólo rasgo nos
pinta la chunga permanente en que vivían aquellos impávi­
dos candidatos para la horca:
• ____ “ Esta herida le dañó de tal modo la quijada al
pobre Correa, que quedó muy desfigurado. Aunque sea tal
vez impropio de este lugar, y aun poco caritativo, permíta­
seme, por la oportunidad, referir un incidente relacionado
con la desgracia de este amigo y compañero:
“ Cuando él y yo estábamos presos en el calabozo de
Popayán con otros varios, como el inteligente Ra m ó n GUE­
RRA, Pedro A. Herrán, Rafael Cuervo, etc., según se verá
más adelante, nos divertíamos en escribir letreros ó inscrip­
ciones en las paredes, y como algunos eran aficionanos á la
poesía, componían versos. Gu e r r a , que era uno de los más
talentosos y que más facilidad tenía para hacerlos, escribió un
día la siguiente cuarteta :

En esta triste asamblea


La cosa más primorosa
Es la nariz de Espinosa
Y la boca de Correa.

“ No me quedé sin tomar la revancha de esta burla que


hacía á mis narices aguileñas. Como aficionado á la pintura.
Ilavaba siempre conmigo un lápiz y una barrita de tinta china,
que había sacado de Santafé; tomé un esparto, lo masqué, y
sirviéndome esto de pincel, hice su caricatura en un pedacillo
de papel, mientras Gu e r r a estaba distraído traduciendo un
libro en francés con otro compañero ” (i).
¡ Benditos tiempos aquéllos en que los jóvenes aguzaban
su esclarecido ingenio para distraerse, sin sacar el lenitivo á
sus tormentos del fondo de una botella, como hoy se estila
en tales circunstancias !
Después de la suerte del quinto, casi todos aquellos jo­
viales prisioneros fueron traídos á la capital y puestos á las
órdenes del feroz Morillo. A algunos se les condenó á traba­
jos forzados, á otros á destierro. GUERRA, como queda dicho,
fue condenado á servir en las filas españolas por seis años. Su
agilidad y viveza hicieron acortar en mucho este largo tér­
mino de suplicio.

(i) Memorias de un Abanderado de Marino


BOCETOS BIOGRÁFICOS 37

Conducido á Casanare, fue enrolado en las fuerzas del


Comandante Báyer, hombre feroz y sanguinario que tenía
extremado placer en hacerle sufrir toda clase de tormentos,
recordándole á cada paso que era insurgente y que merecía
la muerte por “ tan horrible delito.” Esto duró hasta el día
en que la guerrilla de Galán y Rodríguez derrotó á Báyer,
pues apenas había empezado el combate, logró fugarse con
otros dos compañeros y ocultarse en un bosque, donde per­
manecieron muchos días, temiendo caer en poder de los
vencedores y ser sacrificados, como lo fueron todos los pri­
sioneros que cogieron, pues no podían comprobar su calidad
de patriotas hallándose en las filas españolas, y ya para en­
tonces se hacía la guerra á muerte, sin tregua ni cuartel. Exá­
nimes y muriéndose de hambre tomaron al fin el camino de
Venezuela confiados sólo en el amparo de Dios y en su amor
á la libertad.
El 15 de Abril de 1817 se reunió Gu e r r a en Apure á
las fuerzas republicanas del General Páez, y se halló con él
en las batallas de Barinas, Cojedesy Nutrias. Bolívar tuvo noti­
cia de estos hechos en el Pase del Panjasal, y en el momento
dirigió á Gu e r r a una comunicación muy honrosa, incluyén­
dole el despacho de Sargento Mayor, con la antigüedad de 15
de Abril de 1816, día en que se había enrolado en las tropas
de Páez, y ordenándole pasar á su cuartel general y ponerse
á la cabeza del batallón Cazadores como segundo Jefe. El
General Santander le dirigió también una manifestación de
aplauso, desde el cuartel general de El Palmar, el 22 de
Abril de 1819, con ocasión de haber refrendado en ese día el
expresado despacho, que había sido expedido por Bolívar
como Presidente de Venezuela.
Dichas batallas le merecieron igualmente la condecora­
ción de los Libertadores de Venezuela.
Hallóse también en las batallas de Gámeza, Pantano de
Vargas y Boyacá. Veamos lo que dicen los partes de ellas:
“El enemigo se presentó el 11 de Julio sobre Corrales
y Gámeza............ El batallón Cazadores y tres Compañías de
los batallones Rifles, Bravos de Páez y Barcelona atraviesan
el río, bajo los fuegos cruzados del enemigo, y rompen los
suyos. Viéndose éste atacado con tan terrible impetuosidad,
se retiró á los molinos de Topaga ... etc.”
“ El 7 de Agosto, á las dos de la tarde, la primera colum­
na enemiga llegaba al Puente de Boyacá... El batallón Caza­
dores rompió el fuego, atacando á los Cazadores de Barreiro,
y obligándolos á retirarse hacia la cerca que rodea la casa, de
donde fueron también desalojados.... La vanguardia ene-
3* BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

miga fue la que opuso mayor resistencia al General Santan­


der, que con sólo los Cazadores había combatido contra
ella.__ etc. ”
En esta batalla ganó GUERRA la condecoración de Ven*
cedor en Boyacá.
Del campo mismo de Boyacá tuvo que contramarchar á
órdenes del General Soublette, á hacer la campaña de Cúcu-
ta, concluida la cual recibió orden de marchar con el Gene­
ral Narváez á la del Magdalena; y no podemos en justicia
dejar de copiar un párrafo de la nota en que este ilustre Jefe
comunica al Gobierno la feliz terminación de su campaña,
porque pinta á un mismo tiempo la modestia del superior y
las cualidades del subalterno:
“Sin el Comandante Gu e r r a , dice la nota, nada ó muy
poco habríamos hecho ; la actividad sin ejemplo de este Jefe y
su serenidad en el peligro, nos han salvado siempre.” (22 de
Noviembre de 1823).
Por último, en 1824 fue ascendido á Coronel efectivo, y
se le nombró Jefe del Estado Mayor, destino que desempeñó
hasta su muerte.
Ya para entonces comenzaba la decadencia de la Gran
Colombia: el veneno de la discordia principiaba á causar sus
terribles estragos ; no tardó en hacerse sentir la desavenencia
entre los altos mandatarios civiles ; la gloria de los héroes
más culminantes presentaba ya algunos tintes sombríos, y no
faltaba quien quisiera oscurecerla del todo ; el espíritu sepa­
ratista germinaba á la sombra en las regiones del Norte ; la
República comenzaba á presentarse á los pueblos con un
aspecto tanto más aterrador cuanto mayores habían sido las
ilusiones que la anhelada libertad les había hecho concebir ;
la República agonizaba, y quienes le habían dado vida no
acertaban ya á aunar sus esfuerzos para mantenerla indivisi­
ble y potente como en sus primeros días de gloria y es­
plendor.
Allí están las páginas negras de su historia ; allí los ras­
tros de la estulticia, las consecuencias de la ambición, el ger­
men de esta lucha interminable en que hemos agonizado más
que vivido. La generación actual no puede formarse idea
completa del desconsuelo que debieron experimentar nues­
tros padres al ver casi perdidos los sacrificios sinnúmero, los
titánicos esfuerzos que se había n hecho en diez y seis años
de incesante lidia para implantar en esta pobre tierra el árbol
de la libertad, á cuya benéfica sombra debían verse todos feli­
ces, según las promesas de los que habían tomado á su cargo
la obra de la independencia.
BOUBTOS BIOGBÁJHC08
39

Al terminar la guerra que dejó asolado el país, yermos


los campos, empobrecidas y huérfanas las familias, latentes
los odios y fresca aún la sangre de las víctimas, se esperaba
naturalmente que empezara á lucir esa nueva aurora de liber­
tad, de paz y de progreso que tantas veces se había anuncia­
do á los colombianos ; que principiaran pronto á cogerse los
frutos de aquella heroicidad y aquella abnegación que se habían
prodigado por todas partes sin tasa ni reserva; pero lejos de
eso, vieron con espanto los caudillos serenos de la magna epo­
peya que en definitiva no habían hecho otra cosa que cambiar
de amo, sustituir la tiranía española por la arbitrariedad y el
absolutismo republicanos.
Se dudó entonces del desprendimiento de los Jefes mili­
tares; sus mismas palabras de desapego al mando supremo fue­
ron interpretadas en inverso sentido ; una masa numerosa le­
vantaba sobre sus hombros y proclamaba como único mandata­
rio al Jefe más esclarecido, mientras otra no menos numerosa
miraba con recelo aquel ruidoso aplauso que parecía tradu­
cirse en loco frenesí; se exaltaron los ánimos; y la palabra
monarquía, tan temida y tan odiada, se dejó oír en varios
puntos de la naciente República, causando indecibles estra­
gos: la ley de los extremos ampezaba á cumplirse.
El Libertador, penoso es decirlo, embargado con sus triun­
fos; envanecido con los honores que se le tributaban, poseído
tal vez del vértigo de la gloria, sobre todo después de la
campaña del Perú, tan gloriosa como funesta para él, tuvo un
momento de verdadera ofuscación. Y cuenta que la ofusca
ción en mandatarios, y en mandatarios de esa talla, puede
causar la ruina de un pueblo entero. Confió demasiado en
los hombres, depositó el caudal de su prestigio y de sus glo­
rias en quienes juzgó más idóneos para el mando, y no vio
que las facultades omnímodas que el pueblo le había confe­
rido, ejercidas por sus tenientes á su nombre y bajo su res­
ponsabilidad moral, eran una espada de dos filos que oprimía
á lospueblos y hería y menoscababa la reputación y fama del
mismo Bolívar.
Páez en Venezuela, Montilla en Cartagena, Córdoba en
el Sur, y otros más, armados con las delegaciones secretas
que el Supremo Gobierno había hecho á favor de ellos, de las
facultades omnímodas con que el Congreso había investido al
Libertador, eran otros tantos verdugos, permítase la expresión,
que oprimían á los pueblos indefensos, haciendo que estos ol­
vidaran lo que debían al héroe de Colombia. El látigo de sus
propios conciudadanos era para ellos más oprobioso y humi­
llante que el que esgrimían los representantes del Rey de Es­
40 b o l e t ín de iik s t <»k ia y a n t ig ü e d a d e s

paña, porque éstos siquiera no invocaban la libertad para


ejercer el despotismo El poder del Ejecutivo era omnímodo;
la acción particular, casi nula; las contribuciones que se
exigían no habían variado ni aun de nombre ; la administra­
ción de justicia seguía entrabada con las mismas fórmulas
antirrepublicanas; ningún derecho, en fin, se hacía efectivo,
salvo el de llamarse los hombres ciudadanos y las mujeres
ciudadanas, en vez de señor y señora, como antes se decía ;
¡ pero esto no obstaba para que se vieran todos despotizados
por tiranuelos que obraban á nombre del Libertador !
Y no se diga que exageramos: ahí están los documen­
tos de aquella época, que pintan la situación con vivos colo­
res ; y vamos á referir un hecho aislado para que se pueda
juzgar de ella. En el archivo nacional existe un expediente
que sobre él se formó, en el cual aparecen diez y seis decla­
raciones contestes de testigos presenciales. Ese hecho tuvo
lugar en Popayán el 28 de Diciembre de 1823.
Un sirviente del General José María Córdoba se presentó
á éste quejándose de haber sido ultrajado por el Sargento i*
del batallón Cuaca, llamado Carmen Valdés. El General salió
á las cinco y media de la tarde de su casa armado con un
palo, y habiendo encontrado al Sargente Valdés en la calle,
lo atacó y le dio unos cuantos garrotazos. Valdés huyó su­
plicando misericordia, y se refugió en la casa del Sr. C. A.
Arboleda; de allí lo saca Córdoba ayudado de unos solda­
dos que pidió en un cuartel vecino, y en la calle sigue apa­
leando al indefenso Sargento, que de rodillas y con las
manos puestas vuelve á implorar misericordia; pero viendo
que nada consigue, se pone otra vez en fuga, ya bastante
herido, y entrándose á la tienda de Ignacia Tobar, se esconde
debajo de una cama. Córdoba, ciego de furia, entra en pos
de él y manda á los soldados que hagan fuego ; pero no te­
niendo paciencia para aguardar á ser obedecido, le quita á un
soldado la bayoneta, se la clava en el pecho al infeliz Sar­
gento, y descarga sus iras sobre un pobre soldado á quien da
de gaznatones por haber vacilado un momento en acabar de
matarlo.
Córdoba no negó el hecho ; antes bien agregó algunos
pormenores que no tuvo necesidad de probar, porque opuso
al cargo la nota secreta en que el Gobierno Supremo dele­
gaba en él las facultades omnímodas de que se hallaba enton­
ces investido por el Decreto de 9 de Octubre de 1821, cuyo
artículo 9.0 lo autorizaba para castigar á los criminales sin
sujeción á las fórmulas ordinarias, y el n.° para obrar discre­
cionalmente en todo lo de su resorte. Hizo ver que el que pue­
B0CKTO6 BIOGRÁFICOS 4*

de obrar discrecionalmente está por encima de toda ley y de


todo privilegio, y manifestó que después de este hecho el
Gobierno lo había elevado al más alto grado de la milicia, lo
había colmado de honores, y lo había llamado á desempeñar
una Secretaría de Estado, lo cual probaba hasta la evidencia
que no había incurrido en pena alguna.
El Tribunal que inició el juicio tuvo que agachar la
cabeza, como vulgarmente se dice, lo mismo que lo hacía el
pobre pueblo, y reconocer que en plena República había
hombres superiores á las leyes.
Los historiadores de Colombia no hablan de este hecho,
ni de ninguno otro de los muchos que empañan el brillo de
los inmortales héroes de esa época, porque temen que el des­
doro alcance al héroe de los héroes, al Libertador y padre de
cinco Repúblicas, al ídolo de su corazón, y tratan por eso
de ocultar todas las sombras para que resplandezca más y más
la gloria de Bolívar.
Aquellas omisiones fueron inspiradas seguramente por
un sentimiento cristiano y patriótico, que ¡pudiera enaltecer á
tales escritores, si no hubieran dado margen á inexactas apre­
ciaciones, á dudas y reticencias por demás perjudiciales. De­
jaron ellos así de ser historiadores para convertirse en pane­
giristas, sin cuidarse de lo que resultara después en un exa­
men imparcial de los hechos. No se atrevieron á reconocer
que los héroes son también hombres, sujetos siempre á idén­
ticas pasiones y veleidades, y que al lado del valor, de la pe­
ricia y de la audacia, puede revelarse la debilidad humana
exhibiéndose con todas sus miserias.
El vil asesinato á que acabamos de referirnos, es una
prueba palpable de ello, como también una muestra inequí­
voca del peligro que encierra para una sociedad el absolu­
tismo despótico y la inmunidad ilimitada de quienes deben
velar por su custodia y conservación. Pero el peligro se
aumenta mucho más, y el temor y desagrado de los súbditos
alcanza proporciones aterradoras, cuando á la inmunidad y ai
absolutismo se agrega el premio al delito. Llega entonces la
hora fatídica de la disolución; el pueblo sacude el yugo omi­
noso, ó sucumbe: son dos cuerpos refractarios cuya cohesión
se hace imposible en el mecanismo republicano. La organiza­
ción política se entraba, el desequilibrio aparece, toca á su
término la tolerancia popular, y no tarda en aparecer la lucha
fratricida, la eterna lucha entre opresores y oprimidos, la
misma que con derroche de sangre y de heroísmo acababa
entonces de sellar la independencia de todo un Continente.
En la vida de las naciones, el dilema político es á veces cues­
42 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

tión de vida ó muerte. Ese dilema, acaso no repetido después,


fue el que se presentó para los colombianos, y muy especial­
mente para los granadinos, en los albores de la República.
Hoy no se miran las cosas por el mismo aspecto que en
sí tuvieron, ni se analiza aquella época con verdadera sereni­
dad. Pero es ya tiempo de que la historia se despoje un
poco de ese panegirismo exagerado y á las veces inconsulto.
Desvanecer el alcance de hechos graves y trascendentales,
generadores de otros no menos importantes, es lo mismo que
falsearlos, es algo perjudicial á la verdad pura y completa,
tan esencial á la crónica.
El Sr. José Manuel Groot, que parece el más imparcial
y acucioso de nuestros escritores, menciona el crimen que aca­
bamos de referir, en el tomo 3? de su Historia Eclesiástica y
Civil de Nueva Granada, página 413 (1), hablando del General
Páez, con estas palabras: “ Es de creer que el General Páez,
sin el influjo de un hombre tal como el Dr. Peña, se habría
sometido al juicio del Senado, como se sometió Córdoba,
General de tanto mérito, al juicio que se le abrió en la capital
por atribuirle la muerte de un hombre. Córdoba, cargado de
laureles y de honores en el Cuzco, apenas supo, por un papel
público de Bogotá, que se le atribuía aquel delito, escribió
desde Cochabamba á un amigo suyo de esta capital: 4 Hoy
mismo pido al Libertador, que está en Lima, me permita pa­
sar á Colombia á sujetarme al juicio de un Consejo de Guerra.
Esto me será tal vez la más grande satisfacción de mi vida,
por lo que respecta á mi delicadeza, á mi honor y á mi franca
conducta militar; además, recibo inmensa satisfacción al ver
que en mi país hay libertad, que los trabajos del ejército no
han sido inútiles, que se juzga por la ley sin consideración á
servicios, destinos, etc/ ”
Ni una palabra más dice este historiador, lo cual revela
que no tuvo noticia circunstanciada del hecho que se le im­
putaba á Córdoba, ni de la defensa que éste se hizo, alegando
esos honores, esos destinos, esos servicios, y desentendiéndose
de la delicadeza, honor y demás prendas de que había hecho
gala en su carta. Si de todo eso se hubiera impuesto el Sr.
Groot, no habría publicado ese trozo como la expresión del
inocente calumniado, pues más parece el sarcasmo del pode­
roso ofendido que el acto de humildad de un delincuente
confeso.
El Coronel Gu e r r a , en su calidad de Jefe de Estado

(1) Se refiere á la primera edición (N. E).


B'>U«.TO? BIOGRÁFICOS
43

Mayor, tuvo que sostener la acusación como Fiscal en pri­


mera instancia, y, con razón ó sin ella, murió en la persuación
de que el General Córdoba era el autor de su desgracia, pues
jamás le perdonó el que hubiera cumplido su deber en aquel
célebre proceso.
A pesar de la lenidad de los historiadores con los indi­
viduos connotados, véase ahora cómo pintan la situación del
país en esa época.
El General Posada en sus Memorias históricopolíticas,
tomo i?, página 237, dice : “ Desde que en el aciago año de
1826 se rompió la Constitución nacional, quedando el país
acéfalo por los actos subsecuentes que conocemos, en el caos
en que cayó la República, ocurrió el Libertador al peor de to­
dos los arbitrios.' Yo no puedo recordar aquellos tiempos sin
sentir flaquear mis fuerzas, porque tengo que confesar que ellos
fueron el eclipse de Bolívar. Imposible es justificar tantos
errores entonces cometidos. Fue el mayor, después del más
grave todavía de haber venido del Perú como vino, el de sus­
tituir al régimen constitucional una especie de régimen militar
arbitrario, que bien pronto invadió todos los ramos de la ad­
ministración pública.
“ Un jefe superior en los departamentos de Venezuela,
otro en los del Sur, otro en los de las costas del Atlántico,
extendiendo éste su jurisdicción al departamento del Zulia y
á las Provincias del Istmo, cada uno de ellos con facultades
exorbitantes, de que abusaban expidiendo decretos y regla­
mentos que anulaban las leyes haciéndoles saborear el mando
absoluto, era un orden de cosas que tenía á la larga que pro­
ducir en los pueblos un justo de-contento.”
El Sr. Groot en su Historia que antes citamos, tomo 3.0,
página 412, dice: “ Venía el Libertador de Lima sabiendo el
estado de anarquía en que estaba la República, pero mal
informado de sus pormenores é ignorando muchos. No veía
más que la República incendiada por el Congreso con la tea
de la acusación de Páez. Desde que puso el pie en Colombia,
el 12 de Septiembre en que arribó á Guayaquil, no oyó más
que quejas contra el Gobierno y contra las leyes que se ha­
bían estado expidiendo por los Congresos ; se le hablaba con­
tra el empréstito. ... el clero le manifestaba el estado de
alarma en que se hallaba por las leyes anticatólicas ; los pa­
dres de familia se quejaban de las disposiciones sobre estudios
corruptores de las ideas y de la moral de sus hijos ; los mili­
tares, del desafuero, cuestión que le aseguraba la adhesión
del ejército contra las instituciones actuales ; los agricultores,
lo* comerciantes, todos se quejaban contra las nuevas leyes,
44 BOLETIN DIC HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

y con razón, dice el mismo que en ese tiempo era Secretario


de lo Interior. Por otra parte, oía murmuraciones acerca de la
Constitución boliviana y del poder vitalicio, que se miraba
con horror por muchos republicanos de buena fe, aun amigos
suyos..
Agruéguese á este cuadro el descabellado proyecto del
Consejo de Ministros de fundar una monarquía, y la des­
acertada insistencia del Libertador en que se adoptara la Cons­
titución boliviana antes del plazo preciso fijado por la de
Cúcuta para su derogación ó reforma, y dígase con la mano
en el corazón, si no se habían aglomerado combustibles á la
hoguera; si no había suficientes motivos para desear un cam­
bio cualquiera en el régimen político que á lo menos detuvie­
ra la anarquía que amenazaba ya acabar con todo. La Cons­
titución boliviana, engendro de doctrinas monárquicas y
principios incompatibles con el espíritu de libertades reinan­
tes, que se trataba de imponer casi á la fuerza, vino á ser el
botafuego lanzado al latente combustible desde el Perú. Un
Presidente vitalicio é irresponsable ; un Vicepresidente nom­
brado por aquél, con derecho á sucederle ; un Cuerpo legis­
lativo elegido anualmente y dividido en tres Cámaras, cada
una de las cuales ejercía determinadas atribuciones, y otros
absurdos por el estilo, eran los principales cánones del Código
boliviano que ahincadamente se pretendía sustituir á la
Constitución de Cúcuta. Era esta Constitución la expresión
de la voluntad nacional, la voluntad de un extensísimo pueblo
que á costa de indecibles sacrificios acababa de conseguir su
independencia; era la síntesis de los principios republicanos
cuya implantación y defensa habían necesitado once años de
lucha; era la realización del programa de libertad por tanto
tiempo anhelado; era, en fin, la garantía de los derechos indi­
viduales y el dogma político que los colombianos querían
conservar y respetar á toda costa.
Si hasta entonces la diferencia de opiniones no se había
hecho sentir de manera muy patente, con la rivalidad, digá­
moslo así, de esas dos Cartas fundamentales—la de Bolivia y
la de Colombia y el necio empeño de implantar la una
donde todavía no podía terminar la vigencia de la otra,
aquella diferencia de opiniones traspasó los límites de la teo­
ría, exaltó los ánimos, sembró la discordia y fue el primer
eslabón de esta interminable cadena de desgracias en que ha
estado y estará sumida la República por la insensatez de sus
propios hijos.
Un acontecimiento insignificante ahondó más la divi­
sión, por no decir el odio, entre los venezolanos y los grana-
BOCETOS BIOGRAFIOOS
45

«linos: empezábase á palpar la imposibilidad de mantener


«mida la Gran Colombia con elementos antagónicos que, lejos
de propender por esa unión, tendían á disolverla, dando
pábulo á mezquinas rivalidades. Quien llevó á Caracas falsos
informes y excitó allá el exagerado sentimiento de paisanaje,
abultando los alcances de aquel hecho, puede contarse entre
los principales autores de la discordia generadora de esa dis­
gregación. Hablamos del Dr. Peña.
En nuestros tiempos la revolución habría estallado con
más imprevisión y menos motivos. La supresión de unos
conventos fue e! origen de la guerra de 1840. La extempo­
ránea resurrección de una ley española que de suyo estaba
derogada y que sirvió al Gobierno de apoyo para dictar un de­
creto arbitrario, dio motivo á la revolución del año de 1851. La
muerte del cabo Quirós fue la causa eficiente de la revolu­
ción de 1854. La inteligencia de un artículo constitución a
fue el pretexto para la del año de 1860. Y citamos estos he­
chos para que se vea la enorme distancia á que nos encon­
tramos hoy de los hombres que figuraron en la antigua Co­
lombia. Ellos veían la necesidad imperiosa de un cambio ;
comprendían que el origen del mal era esa investidura de
facultades ilimitadas dada al Libertador; pero no podían, es
decir, no debían obligar al Congreso á suprimirlas, ni era
decoroso que éste lo hiciera en agravio de aquél.
¿Qué remedio había entonces ?.... Inclinar al Liberta­
dor, á fuerza de instancias respetuosas, á que renunciara esas
facultades, y esto fue lo que se pretendió por medio de una
Junta secreta, de la cual hizo parte el Coronel GUERRA.
El hecho mismo de haberse reunido esta Junta, contra
la cual tanto se ha hablado, prueba el acatamiento y respeto
que tenían sus miembros por el Libertador, pues que confia­
ban en que separándolo de sus Secretarios oiría el clamor de
la Patria, y se sujetaría á la Constitución y á las leyes como
hombre honrado, como verdadero patriota, ó, quitándose la
careta, si acaso la tenía, haría ver cuáles eran al fin sus pro­
pósitos, y en ambos casos, el remedio habría venido de ma­
nera natural y lógica.
Necesario era separarlo de sus Ministros y palaciegos,
porque ellos lo tenían supeditado, y no dejarían naturalmen­
te que renunciara esas facultades, pues de ellas era de
-donde emanaba el poder absoluto que sus lugartenientes
ejercían. Con la renuncia de Bolívar caerían ellos, y por esto
era por lo que el Congreso, sometido como estaba al poder
de esos tiranuelos, no había aceptado la dimisión que Bolívar
había hecho de la Presidencia. Pero tratar de hablar al Li­
46 BOLETIN DR HISTORIA Y ANTIGUADA DF>

bertador á solas, hacerle patente la situación de la Patria sin


testigos importunos y parciales, era pretender un imposible.
Querían, pues, los conjurados que éste siguiera gober­
nando el país como Presidente constitucional, pero no como
amo absoluto, sin freno ni ley.
No podía exigirse menos: Bolívar mismo había sanciona­
do esa Constitución y esas leyes; en sus proclamas, en sus
notas oficiales, en sus cartas particulares manifestaba que no
quería el poder ilimitado, que el título de ciudadano era para
él mil veces más honroso que el de Rey ; luego al persuadir­
lo de que el pueblo estaba agonizando, de que el desagrado
era ya muy hondo, de que el mal radicaba en sus facultades
omnímodas, de que al renunciarlas podía contar con el apoyo
de muchos honrados ciudadanos para sobreponerse á los po­
cos ambiciosos que estaban sacando buen provecho de la
situación, era natural y lógico esperar que el Libertador vol­
viera sobre sus pasos, y dando prueba práctica de su desinte­
rés, se mostrara magnánimo Padre de la Patria, como en
sus mejores días.
¿ Y no estaba fresco el ejemplo de Chile ? Sólo porque
el Director Supremo del Estado, General O9Higgins se per­
petuaba indefinidamente en el poder, los habitantes de San­
tiago se congregaron en la plaza pública, obrando en combi­
nación con algunas provincias, y sin vejámenes ni atropellos,
obligaron al Director á deponer el mando supremo. O9Higgins
dio ejemplo de acatamiento á la voluntad popular, y el pue­
blo sensato dio una saludable lección á quienes pretenden
desconocer el principio de la alternabilidad en los puestos
públicos.
Algo semejante era lo que se trataba de hacer en Bo­
gotá con el General Bolívar: las primeras reuniones de la
Junta de vigilancia no tuvieron más objeto que buscar los
medios pacíficos y decorosos de poner coto á los desmanes
de la tiranía. Hasta entonces, los partidarios de esta idea eran
numerosísimos y no de los menos encumbrados en el foro y
en la milicia.
Por desgracia hubo entre los conjurados un hombre am­
bicioso, y esto sólo bastó para que las cosas tomaran otro
giro. Llegó á hablarse de la muerte del Libertador como
medida indispensable, y desde entonces el Coronel GUERRA
se separó de la Junta, y no volvió más á ella. Así nos lo ha
dicho privadamente el Sr. D. Mariano Ospina, y así consta
de las declaraciones que rindieron los que fueron aprehendi­
dos. El Capitán Emigdio Briceño (después General) dijo:
“ que vio al Coronel Gu e r r a en la Junta una vea, pero que
BCOtTOB BieGRÁFTCOB
47

después no volvió á verlo.” El Capitán Rafael Mendoza


(después General) dijo: “ que había oído decir que el Coro­
nel Gu e r r a estaba en la conspiración, pero que nunca lo
vio en la Junta.” Gu e r r a se expres as1 en su declaración
indagatoria : 44 que había tomado parte en la conspiración
cuando se trató de derribar la dictadura, pero que se había
separado de ella cuando se resolvió asesinar al dictador, porque
el declarante no ha aceptado nunca la doctrina del tiranicidio.”
Y estando en capilla elevó una representación á Bolívar, en
que le decía: 44 recuerde V. E. que dos veces le he salvado la
vida exponiendo la mía, y sepa ahora que en estos dos últi­
mos meses se la he salvado cuatro ocasiones. Con haber en­
tregado el santo y seña, V. E. habría muerto sin ruido y sin
alarma.”
Existe todavía una prueba más deque Gu e r r a no pensó
jamás en quitarle la vida al Libertador, y es ésta: el Coman­
dante Pedro Carujo, que obtuvo la garantía de la vida á cam­
bio de descubrir todo lo concerniente a la conspiración, rindió
su primera indagatoria ventiún días después de fusilado el
Coronel Gu e r r a . Podía haber dicho contra éste todo lo:
malo que hubiera querido, y sin embargo se expresó así :
. . .. “ 4? Preguntado: ¿ quién ó quiénes le hablaron al expo­
nente para que entrara en la conspirad n, y cuáles eran los
fines que en ella se proponían? Contestó : que el primero que
le habló fue el Coronel Gu e r r a ; pero en términos muy dife­
rentes de aquéllos en que se efectuó el proyecto, pzics lo que se
pretendió entonces fue formar una Junta llamada de observa
clon.. y el plan era aprehender al Libertador y rogarle y
obligarle en términos suaves, respetuosos y compatibles con
su dignidad, que se desnudase de la autoridad omnímoda,
ilimitada é indefinida con que se hallaba investido” (i). Esto
explica suficientemente la no concurrencia de Gu e r r a al
asalto dado a Palacio en la maldecida noche del 25 de Sep­
tiembre de 1828.
El General Posada en sus Memorias Históricopolíticas
dice á la página 120 : “ ,... no es temeridad pensar que el
General Santander le indicara á Gu e r r a la conducta que si­
guió, quizá persuadiéndose que sin su cooperación se deten­
drían los conjurados. No puede explicarse de otro modo el
hecho de haberse ido Gu e r r a tranquilamente á su casa des­
de temprano, siendo el más comprometido de los conspira­
dores, si el temerario intento fracasaba.” Nosotros creemos
que la conducta de Gu e r r a en aquella ocasión no fue inspi­

(1) Biblioteca Pineda, Causa dt P. Carujo, folio 11.


48 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

rada por Santander. A haberlo sido, éste habría conservado


algún recuerdo grato de aquél, y habría hecho lo posible para
que la suerte de su pobre viuda fuera menos cruel de lo que
fue. Pero sucedió lo contrario: Santander, como Presidente
de la República, objetó muchos años después una ley que
concedía una pensióu alimenticia á la viuda del Coronel Gu e ­
r r a . Por eso creemos que éste no tuvo otro móvil que su
propio juicio.
Más adelante agrega el mismo General Posada, página 123:
“ Los conjurados que se aprehendieron fueron juzgados breve
y sumariamente en juicio militar, conforme al decreto expe
dido por el Libertador siete meses antes en uso de las facul­
tades extraordinarias de que se hallaba investido constitu­
cionalmente ; y los que fueron condenados á muerte lo fueron
con el dictamen del Auditor de Guerra, con arreglo á las le­
yes vigentes.” Veamos si respecto al Coronel Gu e r r a pasa­
ron así las cosas.
El historiador Groot dice en su obra antos citada (tomo
3?, página 507) (1), que el Consejo de Guerra lo compusieron
los Generales José M. Córdoba, Joaquín París, Francisco de
P. Vélez y José M. Ortega, y los Dres. Francisco Pereira,
Joaquín Pareja, Manuel Alvarez y José Joaquín Gori. En
este punto hay también equivocación, pues el General Vélez
no hizo parte del Consejo, sino el Dr. José Alfonso. Sá~
bese eso sí que el Dr. Francisco Pereira hizo una brillante
defensa del Coronel Gu e r r a , y votó por su absolución;
pero que el General Córdoba votó por la pena de muerte ;
y que el Dr. Pareja, tomando un término medio, propuso que
se le condenara á presidio por ocho años, lo cual fue acep­
tado por todos menos por Córdoba. Esto pasó el 30 de
Septiembre, cuando acababan de oírse las descargas de fusil
que dieron muerte á Horment, Zuláibar, Silva, Galindo y
López, comprometidos en la misma conjuración.
El Dr. Pereira trató todavía de mover á compasión á
los Jueces, con la consideración de la suerte que les tocaba á
la viuda é hijos de los que acababan de ser fusilados; pero el
Consejo se sostuvo en su sentencia.
El Coronel Gu e r r a estaba ya, pues, juzgado y senten­
ciado por un Cuerpo de militares y juristas cuya respetable
imparcialidad debe reconocerse, si se exceptúa el General
Córdoba, legalmente impedido. Su causa no podía anularse
sino en una segunda instancia, que no tenía lugar en los pro­

(I) Se refiere á la primera edición—(N. E).


BOCETOS BIOGRÁFICOS
49

cedimientos militares. La pena impuesta no podía agravarse


ni sustituirse por otra mayor, según los más triviales princi­
pios de Derecho Penal; sólo para ejercer la gracia del indulto
ó para disminuir la gravedad del castigo, hubiera podido
revisarse el proceso: en ningún caso para anularlo, para
aumentar la pena, para violar el axioma non bis jn ídem,
única garantía de un procesado. La sentencia estaba escrita,
la vindicta pública quedaba satisfecha, la misión de los hom­
bres había terminado, y sólo el juicio de Dios, la justicia infi­
nita y verdadera, podía ya tomar al reo estrecha cuenta de
sus actos.
Pero no fue así: momentos después el Libertador dio
orden al Comandante general, General Rafael Urdaneta, de
rever la causa y dictar nueva sentencia. La comunicación
está firmada : “ por el Libertador, José María Córdoba."
Bueno es recordar aquí que el primer impulso de Bolí­
var al volver á palacio, después de salvarse del ataque de los
conjurados, fue él olvido y perdón para éstos, proyectando
expedir un decreto de amplio indulto, y retirarse en seguida
á la vida privada. Los Ministros á quienes comunicó su acer­
tado propósito, lo acogieron con beneplácito: sólo el de
Guerra, General Urdaneta, se opuso á él abiertamente, pin­
tando la situación con exageradísimos colores y haciendo
gala de sentimientos muy ajenos á los de la caridad cristiana
y de política amplia y conciliadora que abrigaba en el primer
momento el Libertador. Cedió éste á los inhumanos consejos
de Urdaneta, permitió que, so capa de corrección indispen­
sable, se ejercieran atroces venganzas personales, y tomó so­
bre sus hombros la responsabilidad que se Je ha atribuido en
la manera precipitada y arbitraria con que se ejerció justicia
sobre muchos no comprendidos en el asalto al Palacio de
San Carlos.
El General Córdoba, moral y legalmente, estaba impe­
dido para conocer de la causa del Coronel Gu e r r a , s u Fis­
cal, su acusador en la que á él se le había seguido por el ase­
sinato del Sargento Valdés... Pero nada de eso se tuvo en
cuenta : Córdoba hallaba la ocasión propicia de tomar la re­
vancha de aquella justa acusación, y no quería desperdiciar­
la : rivalidades insignificantes, cuestiones de puntillo militar
en el campo de batalla, que para unos son pasajeras, para
otros inolvidables, ó tal vez una inexplicable antipatía nacida
mutuamente desde época remota, hacían ver que en aquella
ocasión, más que en ninguna otra, faltaba en los jueces la
absoluta imparcialidad que debe informar un fallo de esa
naturaleza. Cuando el juzgador levanta los ojos del sumario
III—4
5° BOLETIN DR HlBToHlA Y A NTt(i (J k 1» A D Kh

escrito para fijarlos en la persona del reo ; cuando antes de


consultar la ley consulta sus propias impresiones, y falla baja
la influencia de pasiones bastardas, la causa está perdida, la
justicia sucumbe.
Urdaneta practicó dos careos insignificantes, y pronun­
ció su sentencia, que puede verse original en la Biblioteca
Nacional, serie 2?, tomo 3.0, folios 10 á 12, en la cual dice
que procede por orden del Gobierno, y concluye así: “admi­
nistrando justicia en nombre de la República y con arreglo á
la autorización que me ha conferido el Gobierno para rever
esta causa y pronunciar sentencia, he venido en condenar y
condeno al expresado Coronel Ra m ó n N. Gu e r r a á que
sufra la pena de muerte, y como no se detalla la clase de
muerte que deba sufrir, con arreglo al artículo de la Orde­
nanza, como traidor, debe sufrir la de horca, previa la de­
gradación de su empleo y confiscación de sus bienes, según
lo dispone el decreto expresado. La ejecución de esta sen­
tencia se hará pasadas seis horas de estar el reo en capilla, y
hágase saber, consultándose previamente para su aprobación
ó reforma, con S. E. el Libertador Presidente.” Y, dejando un
pequeño espacio después de su firma, puso este decreto:
“ Bogotá, 30 de Septiembre de 1828. Estando aprobada esta
sentencia, ejecútese. Rafael Urdaneta." El espacio dicho lo
ocupó este otro, que está de letra del General Córdoba;
“ Palacio de Gobierno en Bogotá, i.° de Octubre de 1828
Ministerio de Estado en el Departamento de la Guerra. E*
Libertador Presidente aprueba esta sentencia.” José María
Córdoba."
Causaría hilaridad este anacronismo, si no se tratara de
la vida de un hombre, de un procer de la independencia lleno
de méritos. La sentencia se dictó, basada en falsos concep­
tos, el 1? de Octubre. El Libertador Presidente, es decir, el
General Córdoba, la aprueba el mismo día i? de Octubre, y
un día antes, esto es, el 30 de Septiembre, se manda ejecutar
por estar ya aprobada. ¿Y quién la manda ejecutar ? El
mismo sentenciador; ¿ y en qué se basa para ello? Se basa en
un auto de aprobación que todavía no se había dictado, ó
que se escribió después de surtir sus efectos Todo esto revela
que entre Córdoba y Urdaneta se fraguó algo como una con-
jtiración para poner fin á la vida del Coronel GUERRA. La
precipitación con que obraron les hizo incurrir en un error
de fechas, de esos que anulan cualquier causa criminal y que
denotan aquella falta absoluta de imparcialidad de que ha­
blamos arriba. Por eso no es aventurada la frase que al prin­
BOCETOS BIOGRÁFICOS

cipio se lanzó por lo bajo, y hoy se repite en alta voz: el


Coronel Guerra murió asesinado.
Porque el Consejo militar que conoció primero de su cau­
sa y le impuso una pena determinada, no encontró en él otra
falta que la de no haber denunciado la conjuración ; y en el
seno del mismo Consejo se le hizo brillante defensa, y hubo
quien pidiera la absolución por no hallar delito alguno en su
silencio. Bien se comprendía por algunos de los miembros
imparciales de aquel tribunal que el Coronel Gu e r r a prefirió
sacrificarse á sí mismo antes que delatar á sus amigos. Del
estudio detenido del proceso se desprende claramente que fue
víctima de su caballerosidad. Una palabra suya habría per­
dido á otros más complicados en el movimiento Pero entonces
la amistad se entendía tal como debe ser: sincera hasta la muer
te, abnegada hasta el sacrificio.
Se retiró de la Junta de vigilancia tan luego como en
ella se insinuó algo respecto á planes homicidas. Tomó desde
entonces grande empeño en evitar el golpe, y juzgando que
sus amigos habían desistido de semejantes propósitos, no vol­
vió á ocuparse en el asunto, ni los conjurados volvieron á ha­
blarle una palabra sobie el particular.
Comoquiera que sea, si el Consejo halló alguna respon­
sabilidad en aquel rasgo de abnegación, si encontró culpable
el silencio de un amigo caballeroso, nada queremos objetar á
su dictamen. Tuvimos ocasión de tratar íntimamente después
á varios de sus miembros, los personajes más honorables y
conspicuos de la Nueva Granada, y ni aun el hijo del senten­
ciado por ellos pudo jamás atribuirles ligereza, prevención ó
exceso de rigor en su fallo.
Pero la iniquidad que se cometió después con el Coronel
Gu e r r a , sometiéndolo á nuevo juicio, si es que juicio puede
llamarse el papasal de Urdaneta condenándolo al último su­
plicio, despojándolo en público de sus vestiduras militares,
violando su cadáver, confiscando sus bienes y extendiendo
esta pena hasta su viuda y sus hijos, es un exceso de sevicia
que no tendría perdón de los hombres, si la caridad cristiana,
reflejo de la misericordia divina, no obligara á la conmisera­
ción y al olvido de las humanas miserias.
Aquella duplicidad de juicios y sentencias; aquel juez
pilatesco, adorador del César; aquella rapidez en el proceso ;
aquel despojo de las vestiduras; aquel patíbulo ; aquel vili­
pendio á un cadáver, hacen recordar los redentores martirios
del Calvario, trayendo al alma un caudal inagotable de con­
suelo y un santo ejemplo de perdón paia los ciegos de espí­
ritu, para “los que no saben lo que hacen.”
52 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Condenado á muerte de manera tan irregular y ar­


bitraría, y apareciendo tan sólo en la sentencia y su confir­
mación las firmas de Córdoba y Urdaneta, se creyó por un
momento que todo era obra de los agentes del Libertador,
prevalidos del estado de alarma y consternación en que la
ciudad bullía, pero que al imponerse éste de los hechos, cam­
biaría las determinaciones de sus delegados y haría cumplir
la sentencia del Consejo de guerra que tenía más visos de
legalidad. Con tal motivo resolvió la esposa de Gu e r r a
presentarse personalmente á Bolívar, llevando á sus tres hijos
pequeñitos y acompañada de su madre, la Sra. Dolores Olano
de Azuola, y de su suegro D. Martín Guerra y Villafañe.
La Sra. Olano de Azuola era hija del respetable espa­
ñol D. Manuel García Olano, de quien había heredado una
pensión que pagaba el Rey de España por servicios de
sus antepasados. Su esposo, D. Luis Eduardo de Azuola,
había heredado el destino de Tesorero de Cruzada en el
Virreinato, concedido á perpetuidad á su bisabuelo D. Luis
de Azuola y Egúrbide, por su comportamiento en la toma
de Cartagena de España el año de 1697. Cuando se dio el
grito de independencia en Bogotá, D. Luis Eduardo renun­
ció sus títulos y honores, su destino y la pensión de su espo­
sa, y abrazó desde el primer momento la causa de la libertad:
su firma aparece entre las primeras en el acta del 20 de Julio
de 1810. Tomó servicio en el ejército como simple soldado,
y llegó al grado de General de Brigada. Hallóse en varios
hechos de armas. Fue uno de los tres elegidos para represen­
tar la colonia en las Cortes españolas, y murió en la Conven­
ción de Cúcuta el año de 1821, encargado del Poder Ejecu­
tivo nacional, como Vicepresidente de la República, durante
la ausencia de Bolívar. Éste había conservado relaciones ínti­
mas de amistad con Azuola y visitaba su casa con frecuencia.
Trataba siempre con el mayor respeto y acatamiento á su
viuda D? Dolores Olano, á quien él mismo llamaba “ la ma­
trona más respetable de Bogotá.”
Creyóse, pues, que á ese cúmulo de servicios y mereci­
mientos se debería el que Gu e r r a conservara su vida, ó que
á la vista de su desolada esposa, que estaba para tener su
cuarto hijo, y de las tres criaturas que iban á quedar huérfa­
nas y en la miseria, se ablandaría el corazón del Magistrado,
y por lástima, por compasión, ya que no por justicia, otorga­
ría la gracia que le pedían. Pero todo fue en vano.
Entrando las seis personas referidas á la pieza en que
estaba el Libertador, se pusieron de rodillas ante él, y ahoga­
das por los sollozos, imploraron el indulto para el Coronel
BOCETOS BIOGRAFICOS
53

GUERRA. D. Martín le presentó un expediente completo en


que constaban las campañas de su hijo y sus grandes servi­
cios á la Patria ; Bolívar se le acercó y lo ultrajó de la ma­
nera más humillante, y volviendo á sus guardias, gritó enco­
lerizado : “ saquen de aquí á estas mujeres,” y volvió las
espaldas. Este hecho lo presenciaron más de diez personas,
dos de las cuales nos lo han referido de una manera acorde...
Con otros muchos no comprometidos en la conspiración
se había hecho uso de idéntica aspereza. Por eso decía el Dr.
Francisco Soto, uno de los injustamente perseguidos : “ ¡ Qué
deplorable desgracia la que se descargó entonces sobre Co­
lombia, y especialmente sobre el Libertador! El General
Bolívar naturalmente grande y generoso, desoyó los senti­
mientos de su corazón, que le inclinaban á la magnanimidad,
y se atuvo á los mezquinos cálculos de otros que, escudri­
ñando su propia miseria, le instigaban á medidas de diferente
naturaleza. El Libertador olvidó lo que había leído varias
veces en la Biblia: que Dios es infinitamente misericordioso,
porque es inmenso en su poder, así como la crueldad es el
carácter distintivo de los débiles y pusilánimes.”
De juzgarse es que el Libertador, antes de tratar como
trató á aquella respetable familia, había sido influenciado por
esos oíros que escudriñando su propia -miseria le instigaban á
medidas ajenas al carácter humanitario y bondadoso que
siempre había revelado.
Gu e r r a murió en esa persuasión, y por esto, exclamó
al marchar para el patíbulo : “ ¡ No es el Libertador quien me
fusila : es Córdoba el que me asesina! ”
Puesto en capilla, recibió todos los auxilios espirituales
que ofrece la religión católica al verdadero cristiano, adminis­
trados por el Dr. Francisco Margallo, de gloriosa memoria, y
por el P. Francisco Mogollón, fraile candelario que vive to­
davía (i). Otorgó testamento militar ante el Jefe de la plaza,
Comandante José Arce, el cual concluye así: “ No dejo, por
consiguiente, á mi desgraciada familia más que indigencia y
pesares; y pido que, ya que á mí no me han valido diez y
ocho años de servicios á mi patria, que mi esposa y mis hijos
saquen de ellos algún fruto. Ruego al Gobierno que no los
deje morir en la indigencia. Recomiendo mi familia á todas
las personas caritativas, y encarezco al público que la memo­
ria del Coronel Gu e r r a sea respetada como lo merece un
buen patriota, un desgraciado y honrado padre de familia.”

(i) Téngase presente que esto fue escrito el año de 1878.


BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
54

El General Urdaneta le hizo en la capilla las más firmes


protestas de que respecto á su familia se cumplirían religio­
samente sus deseos. Pero esto no obstó para que la confisca­
ción de bienes se llevara á efecto con todo su rigor. La viuda
del Coronel Gu e r r a fue amparada por su madre, la Sra.
Olano de Azuola; pero sólo con el trabajo diario de sus ma­
nos pudo atender á la educación de sus hijos. También en la
casa paterna se sentían escaseces por consecuencia de la larga
guerra de independencia en que habían tomado parte todos
los varones, abandonando sus negocios.
El 2 de Octubre, á las once del día salió de la capilla el
Coronel GUERRA, junto con el General Padilla, otro de los
injustamente sentenciados por Urdaneta, como autor de un
golpe que se verificó hallándose preso. Ambos fueron fusila­
dos en la plaza mayor, que hoy se llama de Bolívar, y sus
cadáveres colgados de la horca hasta muy entrada la noche.
¡ Ahorcar un cadáver !.... Si el lector se estremece al
leer estas líneas, ¿qué sentirá el hijo que las escribe ?__ Aquí
también se necesita todo el poder de la religión crisliana para
olvidar y perdonar. La familia del Coronel Gu e r r a , s u viu­
da, su padre, sus hijos, sus hermanas, no sólo perdonaron y
olvidaron, sino que guardaron absoluto silencio sobre estos
hechos durante su vida.
Existía en ese tiempo una sociedad católica llamada de
La Veracruz, que tenía por objeto auxiliar á los agonizantes
y enterrar á los muertos pobres. Existen todavía la iglesia en
donde tenía sus reuniones, y el Santo Cristo que se sacaba por
las calles cuando iba la congregación á cumplir una de esas
obras de misericordia.... A esta piadosa asociación ocurrió
la familia de Gu e r r a para retirar los cadáveres del patíbulo,
porque no se sabía qué más querría hacer el Gobierno con
ellos, y nadie se atrevía á tocarlos.
La noche estaba oscura y tenebrosa, y sin gran dificul­
tad pudieron bajarlos de la horca los hermanos de La Vera-
cruz, y extraviando algunas calles, los condujeron á la iglesia
de San Agustín, donde al dia siguiente muy temprano se les
aplicaron algunas misas y las oraciones de difuntos, y se les
dio sepultura en la bóveda de Santa Rita, que había en la
nave izquierda del templo. Así concluyó la vida de este hé­
roe de Colombia, sin que nadie haya vuelto á acordarse de
él, sino para denigrarlo, salvo su familia, que todavía lo llora
con la misma amargura con que lo hicieron al oír las des­
cargas de fusil que le dieron muerte, y cuyo fatídico estruen­
do llegó hasta el oratorio en que sus deudos estaban congre­
BOOBTOS BIOGBÁFICOS
ss

gados pidiendo al cielo misericordia para la víctima y para


los verdugos.

Muchos años después publicó el Sr. Florentino González


en un periódico de la capital un artículo en que hizo al Coro­
nel Gu e r r a los cargos de cobardía y defección, por no haber
acompañado á los conjurados al palacio de San Carlos á dar
muerte al Libertador. Dicho escrito ha sido reproducido
después por el Sr. José Joaquín Borda como artículo de cos­
tumbres, entre los qua de esta clase estaba publicando, y
antes de esto sirvió de base á un libelo infamatorio que salió
áluz en el mes de Febrero de 1857. Estas producciones de­
jan conocer el estado de desmoralización en que ha caído el
país y la marcada parcialidad de los que se titulan historia­
dores de Colombia.
¡Llamar cobarde al que á los veinticuatro años llegó desde
simple soldado hasta Coronel, mereciendo que Bolívar, San­
tander, Páez, Narváez y Briceño Méndez calificaran de heroi­
cos sus hechos militares !.... ¡ Llamar cobarde al que se lanzó
á un río correntoso desde el puente de Palacé para reunirse á
sus compañeros y alcanzar la victoria, y desde ese momento
no tener uno sólo de descanso en catorce años de incesante
batallar para dar vida á la gran Colombia. ¡ Llamar cobarde al
“Libertador de Venezuela ” y “Vencedor en Boyacá,” al
que cruzó la República de un extremo á otro al lado de los
más aguerridos jefes de la independencia!.... ¡ Llamarlo co­
barde porque no quiso ir á asesinar á un hombre dormido y
enfermo !____ Y esto lo repiten los que se titulan historia­
dores imparciales y verídicos. ¡ Al Coronel Gu e r r a no se le
pudo tildar de cobarde sino después de su muerte !
Traidor se le llamó también, porque “ abandonó á los
conjurados.” Ya hemos visto cuándo y por qué se separó de
ellos; ya hemos visto lo que dijo en su indagatoria, bajo la fe
del juramento: que había tomado parte en la conspiración, cuan­
do se trató de derribar la dictadura, pero que se había separado
de ella cuando se resolvió asesinar al Dictador, porque el de­
clarante no ha aceptado nunca la doctrina del tiranicidio. Esta
separación es para sus descendientes el timbre más honroso
de que pueden hacer gala, porque revela un grado de mora­
lidad é hidalguía muy distante del sentimiento que abriga­
ron los verdaderos conspiradores. Quería la libertad, pero no
la deshonra de su patria; mientras se habló de la primera,
prestó oídos á sus amigos; cuando se trató de la segunda, les
volvió la espalda.
Achacar á su separación el frustramiento del golpe, es
56 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

incurrir en flagrante contradicción, indigna de la historia,


pues no se comprende cómo un cobarde podía hacer tanto
peso en la balanza política, que su separación fuera bastante
á hacerla inclinar de cierto lado. El Coronel Gu e r r a no era el
promotor de la revolución ; no era tampoco el jefe de ella.
Hombres más caracterizados y conspicuos la dirigían, y en
mala hora contaron con que el Jefe de Estado Mayor sería
un instrumento ciego de que podrían disponer, pues carecie­
ron de la poca ó mucha ayuda que él pudo haberles dado.
Atribuir á su ausencia la pérdida de la revolución, es también
ridículo en demasía, porque ella contaba con elementos po­
derosos en toda la República, con el apoyo moral de los
miembros del Congreso, en fin, con cuanto podía necesitar
para salvar el país si se hubiera seguido la senda que la mo­
ral y el honor indicaban. Si se perdió, no fue porque un hom­
bre se separó de ella, sino porque ella se separó del buen ca­
mino. El Coronel Gu e r r a expió en un patíbulo su hidalguía, y
otros se salvaron, y al atacarlo después de muerto, ultrajando
con rabia sus cenizas, se ponen más de relieve las altas vir­
tudes, el carácter caballeroso y el honrado proceder que
guiaron sus pasos.
También D* Manuela Sáenz, la concubina de Bolívar, le
dijo en una carta al General O9Leary, hablándole del suceso:
“ Dicen que el Coronel Gu e r r a dio para esa noche santo,
seña y contraseña, y mas al otro día andaba prendiendo á
todos, hasta que no sé quién denunció á dicho Jefe ”.........
Ya sabemos lo que vale la palabra dicen, se dice, se ruge, tan
manoseada para ocultar las más grandes mentiras y calum­
nias. No figura una sola declaración en el proceso de que
pueda deducirse que el Jefe de Estado Mayor hubiera ofre­
cido siquiera entregar la señal de campo para la noche en que
se diera el golpe. En sus manos estaba, puede decirse, la
llave de Palacio, y jamás las manchó vendiéndola para un
asesinato.
Y aquí tenemos una nueva contradicción entre los que
refieren las cosas á su modo. Unos dicen que el Coronel
Gu e r r a abandonó á los conjurados mucho antes de lanzarse
éstos en su aventura, y otros que mancilló su honor prestán­
doles la mayor ayuda que puede dar un Jefe, entregando el
santo. Pero basta... Por encima de todo, por sobre los errores
y falsedades de los hombres, está la justicia de Dios, siempre
grande, siempre infinita, juzgando con excesiva grandeza los
actos de la humanidad, que ante la eterna existencia pueden
ser insignificantes y fugaces los que aquí se admiran como
más importantes y sublimes. Allí está el premio y allí está el
INVENTARIO 57

castigo : el criterio de los hombres de nada vale cuando todo


un Dios es el que juzga, el que condena ó recompensa.

Diremos, para terminar, que lo que más se admira en el


Coronel Gu e r r a es que, en medio de tantos azares y peli­
gros, hubiera tenido tiempo para instruirse. Hemos visto una
correspondencia suya en inglés seguida con el Dr. Cheyne y
el Sr. Hamilton sobre varios ramos de ciencias naturales, la
cual, aun en este tiempo en que ha alcanzado progresos tan
notables el saber humano, lo habría hecho aparecer como ilus­
trado y competente en esas arduas materias.
Cuando el Libertador pagó los servicios militares de sus
compañeros de armas con los bienes confiscados á los espa­
ñoles, Gu e r r a prefirió que se le diese su haber en la laguna
de Fontibón, que pretendía desaguar. Los planos de esa la­
guna y las instrucciones para las obras de desagüe formados
por él mismo, no dejan nada que desear desde el punto de
vista científico. En este y otros estudios semejantes revela
toda la erudición de un ingeniero aventajado.
Sus poesías, casi todas del género festivo, son de algún
mérito ; y sus notas oficiales demuestran mucha imaginación y
un entusiasmo patriótico inextinguible. En los periódicos que
se publicaron en 1827 y 1828 escribió varios artículos inte­
resantes sobre instrucción pública, especialmente sobre la del
soldado.

Ra m ó n Gu e r r a Az u o l a .

Bogotá, 25 de Septiembre de 1878.

INVENTARIO
DE LOS CUADROS QUE PERTENECIERON Á LA ESGUELA DE BELLAS AR­
TES, QUE HAN SIDO ENTREGADOS A LA ACADEMIA NACIONAL DE HIS­
TORIA POR ORDEN DE S. E. EL MINISTRO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA

Nueve cuadros al óleo, pintados por el Sr. Jóse María


Espinosa Prieto, que representan :
5» BOLETIN DB HISTORIA T ANTIGÜEDADES

Acción de la cuchilla del Tambo.


Id. id. de Calibío.
Id. id. de Tacines.
Id. id. de Santa Lucía.
Id. id. de Juanambú.
Id. id. de Pasto.
Id. id. de Alto de Palacé.
Id. id. de Palo.
Jd. id. del Castillo de Maracaibo.
Estos tuadros tienen un metro veintitrés centímetros
de largo por ochenta y tres centímetros de ancho, con
excepción del que representa la acción del Castillo de Mara­
caibo, que tiene un metro veintiséis centímetros por noventa.

Bogotá, Noviembre 2 de 1904.

El Rector de la Escuela,
An d r é s Sa n t a m a r ía *
El Director del Museo,
Ric a r d o Mo r o s .

El Secretario de la Academia Nacional de Historia,

Pedro M. Ibáñez.

EXTRACTO DE LAS ACTAS DE LAS SESIONES


Sesión del i* de Septiembte de 1904—Avisó el Secretaro que el
Dr. Pedro Carlos Manrique, individuo de número, había represen­
tado á la Academia en el acto que tuvo lugar el 7 de Agosto de
1904, para colocar una losa en los muros de la casa en donde falle­
ció el General Santander.
El Dr. León Gómez propuso lo siguiente, que fue aprobado
por unanimidad :
EXTRACTO DK LAS ACTAS 59

“ La Academia Nacional de Historia


“ CONSIDERANDO :

“ Que el centenario de la proclamación de la Independencia


se cumplirá dentro de seis años, el 20 de Julio de 1910;
“ Que tan glorioso aniversario debe celebrarse en todo el país
de una manera digna de un pueblo civilizado y de los ilustres pró-
ceres que le dieron libertad; esto es, haciendo una fiesta en la cual
aparezcan obras de aliento y de utilidad positiva para el país, antes
que discursos baladíes y pompas pasajeras; y
“ Que para elaborar las obras de historia, de literatura, de
artes y ciencias con que haya de conmemorarse eficazmente el na­
talicio de la República y estimularse á la posteridad en el amor á
la Patria y á su gloria, se necesitan mucho tiempo, mucho estudio y
mucho esfuerzo,

“ RESUELVE :

“ Nómbrase una Comisión que, de acuerdo con el Sr. Ministro


de Instrucción Pública y las demás Academias, inicie desde ahora
la formación de concursos artísticos, científicos y literarios; fomente
exposiciones de pintura, escultura, máquinas é industrias; promue­
va la fundación de una biblioteca de cuanto se haya escrito en
Colombia desde la Independencia hasta ahora; estudie los medios
de enaltecer y premiar los méritos de los colombianos ilustres muer­
tos ; solicite la expedición de una ley sobre festejos del centenario ;
y haga, en fin, todo lo que crea oportuno para celebrar ai cabo del
siglo, con gloria y con provecho para la Nación, el 20 de Julio
de 1810.
“ Comuniqúese al Gobierno, publíquese en el Boletín de Histo­
ria y Antigüedades, y suplíquese su reproducción en los demás pe­
riódicos de la República.”
La Presidencia designó á los Sres. Cordobés, León Gómez y
Posada para que continúen el estudio de este asunto.
Sesión del de Octubre de 1904—Donó el General Restrepo
Tirado ¿ la biblioteca de la Academia varias cartas geográficas del
litoral atlántico, levantadas por Juan de la Cosa.
Presentó el Secretario un volumen manuscrito, que es la pri­
mera parte de la obra Recopilación Historial, de que fue autor Fray
Pedro de Aguado, que ha hecho copiar en Madrid el Sr. San­
tiago Pérez Triana. El manuscrito tiene 505 folios útiles, y se
resolvió pedir al Sr. Ministro de Instrucción Pública que de
acuerdo con el presupuesto enviado por el Sr. Pérez Triana se sirva
girar la suma de $ 180 para cubrir el valor del completo de la co­
pia de este libro.
Sesión del 15 de Octubre de 1904—El Secretario leyó los docu­
mentos creados por razón de haberse encontrado en la iglesia de La
Veracruz, el 10 de Octubre de 1904 los restos del sabio Caldas y de
6o BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

sus compañeros de martirio, Ulloa, Montalvo y Buch. El Generaf


Cuervo Márquez propuso y se aprobó lo siguiente :
“ Excítese á los cuatro miembros de la Academia de Historia
Dres. José Joaquín Casas, Diego Mendoza, Rafael Uribe Uribe y
Guillermo Valencia, que dignamente ocupan puesto en la Cámara
de Representantes, para que presenten proyecto de ley con el fia
de que se levante en la capital de la República un mausoleo en
honor de la memoria del sabio Caldas y de sus compañeros de
gloria y martirio.”
La Presidencia comisionó á los Sres. Ibáñez y Posada para*
recoger los datos históricos que crean necesarios para comprobar la*
autenticidad de las cenizas de que se trata, y al socio Dr. Luis Fon-
negra para que en su calidad de médico cirujano haga estudio cien­
tífico de los restos encontrados en Li Veracruz.
Se nombraron los siguientes dignatarios y empleados de la
Academia, para el período anual que termina el 12 de Octubre de
1905 :
Presidente, Dr. Eduardo Posada;
Vicepresidente, General Carlos Cuervo Márquez;
Director del Boletín, Dr. Pedro M. Ibáñez; y
Bibliotecario, D. Andrés Vargas Muñoz.
Sesión del dia i.° de Noviembre de 1904—Se entregaron al Sn
Enrique Price un anaquel y nueve retratos de músicos notables,,
objetos que D. Jorge Price había dejado, en calidad de préstamo,,
en poder del Secretario de la Academia, como consta en acta
anterior.
El Secretario dio cuenta de que el Sr. Ministro de Instrucción
Pública da á la Academia, con el fin de que se conserven por ella,,
nueve cuadros al óleo pintados por el artista Espinosa Prieto (las
campañas de Nariño) y cede á la biblioteca sendos ejemplares de
los libros de historia, mapas, etc., que existen en los almacenes del
Ministerio.
Se leyó Ordenanza de la Asamblea de Boyacá en la que se
dispone la erección de un monumento en la ciudad de Tunja. en
honor de los mártires de la República fusilados allí en 1816, monu­
mento que pidió la Academia á la Asamblea de Boyacá.
Se leyeron los informes de los socios Fonnegra, Ibáñez y Po­
sada sobre la autenticidad de los restos del sabio Caldas y de sus
compañeros de martirio, que se hallaron el 10 de Octubre última
en la iglesia de La Veracruz; al terminarlos propuso el Dr. León
Gómez lo siguiente, que se adoptó :
“ Apruébanse las conclusiones del informe sobre noticias his­
tóricas, referente al fusilamiento de Caldas, Ulloa, Buch y Montal­
vo, presentadas por los académicos Ibáñez y Posada. Apruébanse
igualmente las rendidas por el socio Dr. Luis Fonnegra, relativas al
estudio médico de los esqueletos de esos mártires de la República,
Comisiónase á los miembros Cuervo Márquez y Restrepo Tirado
para que soliciten del Excmo. Sr. Presidente de la República la
inmediata publicación de los trabajos dichos, en forma oficial, por
haberse retardado la salida del Boletín de Historia y Antigüedades.
EXTRAOTO DE LAS ACTAS 6l

Quede constancia en el acta del día de que la Presidencia, inter­


pretando el deseo de la Academia, da voto de aplauso á los autores
de los trabajos de que se trata, por la solidez y acuciosidad de in­
vestigación con que están hechos y porque dejan comprobada la
identidad de los restos de estos cuatro ilustres próceres de la revo-
ución de Clolombia.”
También dispuso la Corporación dar gracias al Sr. Dr. Nepo­
muceno Fandiño, Cura de la parroquia de San Pablo (iglesia de
La Veracruz) por el patriótico interés que ha demostrado en la ex­
humación de los restos de los mártires nombrados y por los funera­
les que en dicho templo hizo el 29 de Octubre pasado, aniversario
38° de su trágica muerte.
En seguida se aprobó la moción que sigue, también original
del Dr. León Gómez :
“ La Academia Nacional de Historia, deseando estimulará
todos los intelectuales y escritores del país, en los estudios de his­
toria patria,

“ RESUELVE:

“ Abrir concursos anuales para premiar en la sesión solemne


«leí 12 de Octubre los trabajos, estudios y libros históricos de mé­
rito que se le presenten, manuscritos ó impresos, hechos ó conclui­
dos dentro de los doce meses anteriores.
“ Si el autor de un trabajo que merezca premio no fuere aca­
démico, tal premio consistirá bien en el nombramiento de miembro
de número ó correspondiente de la Academia, bien la publicación
del trabajo en el Boletín do Historia, ó bien en una mención honorí­
fica en dicho periódico. Si el autor fuere un académico, el premio
consistirá en la publicación ó la mención ó en lo que la Academia
juzgue más oportuno. De todos los estudios históricos que en con­
secuencia de esta proposición se presenten á la Academia, se hará
u q juicio crítico razonado por el académico á quien al efecto desig­
ne en comisión la Presidencia.”
El socio Pombo expuso la idea de que entre los trabajos que
figuren en el concurso sería útil colocar, en primera línea, un texto
de historia nacional, apropiado para la enseñanza en los colegios.
Sesión del 15 de Noviembre de 1904—Leyó el Secretario la reso­
lución del Sr. Ministro de Instrucción Pública, “ por la cual se de­
termina adquirir para la Biblioteca Nacional una copia de la His­
toria d¿ la conquista de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada,
por Fray Pedio de Aguado, que debe publicarse en la Biblioteca de
Historia Nacional que se edita en esta ciudad bajo la dirección del
Presidente y del Secretario perpetuo de la Academia.
Fueron nombrados miembros correspondientes por Boyacá los
Sres. Oscar Rubio y Aquilino Niño (Canónigo) residentes en Tunja;
y por Cundinamarca el Dr. Maximiliano Grillo.
Sesión del día 1° de Diciembre de 1904—Avisó la Secretaría
«que el Gobierno dispuso que el Consulado del Havre gire á favor
de D. Santiago Pérez Triana la suma de ciento ochenta pesos en
62 BOLETÍN DE HISTORIA ¥ ANTIGÜEDADES

oro para completar el pago de la copia de la Historia del Nuevo


Reino, por Fray Pedro de Aguado.
Se aprobó lo siguiente que propuso el socio Pombo :
“ Como consecuencia del Acuerdo sobre concursos, original
del Dr. León Gómez, la Academia
r esu el v e :
“Artículo único Abrese, por ahora, concurso especial en el
cual podrán tomar parte todos los individuos de la Academia y las
personas extrañas á ella, el cual versará sobre el siguiente tema :
Compendio de Historia de Colombia para los colegios y escuelas de la
República. Condiciones:
ia El concurso se abre el i* de Enero de 1905 y se cierra el
31 de Diciembre del mismo año.
“ 2a Todo trabajo debe ser inédito y en castellano.
“ 3.a Las composiciones deben remitirse al Secretario de la
Academia de Historia, calle 10, número 265.
“ 4.a Los trabajos se enviarán sin firma de autor, con pseudó­
nimo, que vendrá también en la parte exterior de otra cubierta, que
contenga el nombre del autor.
u 5.a Los trabajos serán calificados por un jurado.
“ 6.a En la fecha, que se fijará oportunamente, serán leídos en
sesión solemne, á lo menos en parte, los trabajos que hayan mereci­
do la más alta calificación.
u 7.a Si el individuo laureado no fuese miembro de la Acade­
mia, atendido el mérito intrínseco del trabajo, será nombrado aca­
démico de número ó correspondiente.
“ 8.a Serán premiadas las tres mejores composiciones con
medalla, libro ó distinción especial.
“ 9a La Academia nombrará oportunamente los miembros del
jurado.”
Fue promovido á miembro correspondiente, por el Departa­
mento de Santander, el honorario Antonio Prada Calderón,
Sesión del 15 de Diciembre de 1904—Acordó la Academia no
tener sesiones en el próximo mes de Enero, por estar ausentes de la
ciudad en ese tiempo muchos de sus miembros. También acordó
consignar en esta acta, como muestra de condolencia, el nombre
del primer Arzobispo de Medellín, Illmo. Dr. Joaquín Pardo Ver-
gara, natural de esta ciudad, muerto el 14 de Noviembre último.
El benemérito Prelado, entre muchos méritos, tuvo el de historiar
con larga investigación y notable exactitud, la vida de todos los
individuos que han ocupado puesto en el coro Catedral de Bogotá,
título suficiente para que la Academia de Historia dé manifestación
de pena por su fallecimiento.

AVISOS OFICIALES
En atención á la demora con que han aparecido los úl­
timos números del Boletínf por recargo de trabajo en la
Imprenta Nacional, y habiendo terminado el volumen II en
el número 24, correspondiente al mes de Agosto último, la
AVISOS OFICIALE# 63

Dirección del periódico ha creído conveniente principiar el


tomo III en el presente mes de Enero, con el fin de dar
oportuna publicidad á los trabajos de la Academia.

De acuerdo con lo dispuesto por la Academia Nacional de


Historia y por el Ministerio de Instrucción Pública, se vende el
Bo l e t ín d e His t o r ia y An t ig ü e d a d e s en la Imprenta Nacional
á los siguientes precios:
Él número suelto....................................................$ 5 ..
El volumen de doce números (un año).................. 50 ..
Cada mes aparece un número, algunos con ilustraciones.

La Secretaría de la Academia de Historia Nacional está


al servicio del público desde las 12 m. hasta las 3 p. m. en el
local número 265 de la calle 10.

Los días i9 y 15 de todos los meses se reúne la Acade­


mia de Historia, á las siete p. m., en el local situado en la cua­
dra 13 de la carrera 89 (antigua Academia Nacional de Mú­
sica), contiguo al Palacio de Santo Domingo, hoy de las Aca­
demias Colombianas.

EXCITACION
La Academia de Historia Nacional designó Director del
Boletín que le sirve de órgano y que aparecerá mensualmen­
te, al Dr. Pedro M. Ibáñez, y dispuso que por medio de la
prensa se suplique á los amantes de estudios históricos nacio­
nales que la apoyen con sus labores, las que verán la luz pú­
blica en este Boletín ; y que se ruegue á los Sres. periodistas
hagan conocer en todo el país la patriótica tarea que se ha
impuesto.
Se publicarán documentos y monografías relativos al
pasado de nuestro país, desde los tiempos prehistóricos hasta
los presentes, que estén fundados en hechos comprobodos,
suprimiendo leyendas mentirosas; y se reproducirán traba­
jos, memorias y fragmentos de libros que, por ser ediciones
agotadas, no pueden ser conocidas del público ni servir de
€4 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

órgano de estudio y enseñanza, porque es imposible obte­


nerlos. La complicación de estos estudios y reproducciones
en un elegante volumen, la hará, sin duda alguna, valiosa
é interesante.
“ ¡ Cuántas familias guardan bajo llave preciosas confi­
dencias de sus antepasados, que dejarán de estar escondidas
si encuentran medios fáciles de hacerlas publicar! ” Llenar
estos vacíos ; abrir campo á trabajos desconocidos ó no em­
prendidos por falta de estímulo, según la corriente científica
moderna de enseñar la verdad comprobada ; hacer penetrar
en el público el hábito de estudiar el pasado y el deseo de
investigar las causas de sucesos recientes: tales son los fines
con que se ha fundado el Boletín de Historia y Antigüedades,
A trabajar en tan amplio y fecundo campo están llamados, no
sólo los miembros de número de la Academia, sino todos los
colombianos que amen la Patria y que aspiren á no vivir vida
de egoísmo sino á fundar algo para la posteridad.
El Director del Boletín se permite rogar á todos los
amantes de las glorias nacionales que la remitan sus estudios
y trabajos originales, á los que conserven sobre historia na­
cional, geografía, etnología, etnografía, biografía, etc. etc.,
con el fin de darles publicidad en el tercer volumen de este
periódico.
Los trabajos que se envíen deben dirigirse al Dr. Pedro
M. Ibáñez, Secretario perpetuo de la Academia de Historia
Nacional.

Bogotá, apartado número 42.

FIIST DEL II VOLUMEN

IMPRENTA NACIONAL

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