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Material Con Fines Didácticos

SERRANO URDANIBIA FERNANDO – TEL: 3876413477

UNIDAD 4

1
REPRESIÓN E INCONSCIENTE:
La represión: pilar fundamental del psicoanálisis- Primeros desarrollos freudianos: La
defensa como hipótesis auxiliar (hipótesis explicativa) de las “neuropsicosis”
Temporalidad de la represión: represión primaria, secundaria y retorno de la reprimido.
- El mecanismo psíquico de la represión secundaria - El retorno de lo reprimido como
fracaso de la defensa: Las neurosis de transferencia. La articulación síntoma - defensa en
los tipos clínicos - Metapsicología de la represión. El problema de la satisfacción: los
sentimientos inconscientes -El estatuto de lo inconsciente: multiplicidad del sentido de lo
inconsciente.
Bibliografía obligatoria
 Freud, S: (1915) “La Represión” V. XIV Amorrortu editores.
 ----------- (1894) “Las Neuropsicosis de defensa”.
 ------- -- (1915) “Lo Inconsciente” (apartados [Link], III, IV y V). [Link]. Buenos
Aires, Amorrortu editores, 1992
 ------------ (1922) “Observaciones sobre lo inconsciente”
 ------------ (1923) “El Yo y el Ello”. Consideraciones sobre lo inconsciente
apartado I1 Vol XIX. Amorrortu editores.
INTRODUCCIÓN

Hasta esta unidad, hemos hecho un recorrido por estas unidades, para conocer sobre el
inconsciente y sus formaciones, particularmente la catedra inicio con el sueño, ya que la
obra de 1900, la interpretación de los sueños, con la que inicia el psicoanálisis, marcando
el primer periodo metapsicológico (antes se conoce como la etapa pre-analítica), con la
primera tópica la cual se divide en tres instancias diferenciadas, todo esto es acorde a lo
que Freud nos muestra como el primer funcionamiento de la misma, la cual esta articulado
al deseo y que este puede ser interpretable atraves del método de la libre asociación libre.
Se puede resumir así:

INCC DESEO

A partir de la unidad 4, son textos que datan desde 1915, Freud comienza a hablarnos
de un inconsciente articulado al concepto de pulsión y represión:

PULSIÓN INCC REPESIÓN

La “TEORÍA TRAUMÁTICA” es abandonada por Freud, pero no abandona la noción


de trauma, reemplazándola por la “TEORÍA PULSIONAL”
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DATO: Freud ya nos había hablado de Es la teoría de la represión, la cual nos va a

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la represión, pero de una manera más permitir comprender la articulación del
simple, la encontramos en el capítulo inconsciente y pulsión.
VII, de la interpretación de los sueños También cabe mencionar, que si bien, la gran
y nos dice: “Es un proceso que parte de lo que se reprime es lo de carácter
consiste en excluir de la consciencia sexual, no es lo único (no todo es sexualidad
aquello que resulta penoso, en Freud), también se reprimen aquello que
displacentero”. (lo que tiene relación entra en contradicción con las aspiraciones
con la infancia y tiene un carácter éticas del Yo, hablamos de aquellos que se
sexual: recuerden que el sueño se opone a la sexualidad, hablamos de la
forma en base a un deseo reprimido defensa, pero no es algo que la catedra tome,
sexual de la infancia) por ahora.
Pensar en represión, nos conecta directamente con inconsciente y pensar en
inconsciente, nos lleva a pensar en pulsión, esto se debe a que son una serie de conceptos
que deben ser pensados articulados.
Para comprender esta relación, debemos hacer una pequeña introducción a pulsión, ya
que esta tiene su propia unidad, ahora bien, pulsión es un concepto que Freud utiliza
para “caracterizar la sexualidad humana” como algo totalmente distinto al instinto que
presentan los animales (de ahí su diferencia), M. Travesi nos define a la pulsión como:
“La pulsión para Freud, es estimulo que mueve a trabajar al aparato psíquico, es
una exigencia de trabajo para la dinámica inconsciente”.
(para rencontrarse alucinatoriamente con ese objeto que lo satisfacía alguna vez)

Características;
 No es un estímulo que tiene un inicio ni un fin.
 No es un instinto como en los animales.
 No tiene inicio ni final, nunca se satisface.
 No es comparable con una necesidad (como el hambre).
 Proviene de ese cuerpo fragmentado por zonas erógenas. (oral-anal-fálica-etc.)
La pulsión tiene dos componentes:
 Representante: Es como el abogado, quien nos representa, es el que está en el
icc. Hablamos de que los representantes de la pulsión están en lo psíquico.
 Montante energético: Libido.
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Freud, S: (1915)

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“LA REPRESIÓN”

La represión es el pilar fundamental sobre el cual descansa todo el edificio del


psicoanálisis. Es uno de los destinos de la pulsión (hablamos de las modalidades de la
defensa frente a la pulsión).
¿Qué consecuencias tiene la represión?
Como consecuencia de la represión, la pulsión
pierde eficacia para acceder a la conciencia, lo
que hace es perturbar este paso de este
representante pulsional (piénsela como el policía
que cuida la celda para que el preso no escape), lo
obliga a retroceder al sistema inconsciente. Es
decir, lo que no pueden salir la consciencia son
los REPRESENTANTES de la pulsión, esto se debe a que la pulsión no es ni consciente
ni inconsciente, esta tiene una conexión con el cuerpo y está representada en lo
psíquico, es decir, lo que puede ser consciente o inconsciente son representantes
pulsionales. (la pulsión no se reprime, los representantes pulsionales sí)
Continuando con el texto, Freud distingue la represión de condena y fuga:
La represión es una noción intermedia entre la condena y la fuga, porque no es ni una ni
la otra, no la fuga porque no es posible huir de sí mismo, ya que la represión es algo
inherente al sujeto, es parte del sujeto, tampoco es la condena, porque es una operación
consciente del yo, hablamos de la acción de rechazar algo de forma consciente, y la
represión es puramente inconsciente, nada sabe el yo (ya lo veremos más adelante).
Freud distingue tres tiempos de la represión:
1. Represión Primaria DOS ESTATUTO
2. Represión Secundaria
3. Retorno de lo Reprimido (Fracaso de la Represión). MOMENTO

No hablamos de cronológicos, se habla de tiempos desvinculados de tiempos


lógicos/evolutivos. (recuerden la primera parte, Freud menciona que el aparato psíquico
es atemporal).
REPRESIÓN PRIMARIA:

La represión primaria, debe ser entendida como la operación estructurante del sistema
inconsciente y la que le permite a Freud explicar la primera tópica. Freud nos dice que
la represión primaria es lo primero lugar del aparato psíquico que se constituye y a
partir de allí, ese aparto se ira diferenciando de los sistemas prcc y cc, es una operación
donde SE INSCRIBEN LOS REPRESENTANTES que representan a la pulsión (huellas
mnémicas).
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Por ejemplo: Cuando somos bebes, es el otro quien nos cuida y

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este va produciéndonos, dejando huellas mnémicas (ver rostro de
la madre, oír el nombre de ella, su olor, las caricias, etc.) que se
inscriben en el inc. y nunca llegaran a ser cc, porque hay algo que
las intersecta y es la constrainvestidura. (uno no recuerda como nació y mucho menos
por la cantidad de manos por las que paso, todo permanece inc., no llega a la consciencia
por la represión primordial.)
Para explicar la RP, Freud nos habla de dos expresiones:
 FIJACIÓN: Mediante la operación de represión primaria se FIJAN los
representantes pulsionales y estructura el inconsciente. (es la que permite explicar
luego la escisión del aparato psíquico).
 CONTRAINVESTIDURA: Consiste en impedir que eso que constituye al
aparato psíquico, llegue a la consciencia, la protege, ya que, si el neonato fuera
consciencia de tantos rostros nuevos, de que llego al mundo, que paso de mano en
mano, sería muy horroroso y traumático.
Es preciso que se constituya el inc. para que algo de ese inc. intenta llegar a la cc sin esa
desfiguración, resultaría displacentero para el Yo.
REPRESION SECUNDARIA:

Freud nos dice que para que se constituya la represión secundaria, es preciso que antes se
haya constituido la división del aparato psíquico. (es responsabilidad de la represión
primaria).
Esta debe ser entendida como un ESFUERZO por DESALOJAR lo displacentero
(sexualidad infantil) para el Yo.
¿Cómo trabaja? Destruye el nexo lógico (unión) entre la
representación pulsional y la investidura o montante energético
que la acompaña (recuerden que la pulsión tiene una estructura
doble).
Así la represión secundaria le sustrae el montante energético a la
representación pulsional, así esta pierde la capacidad acceso a la
consciencia.
Acá sucede algo en relación al destino de estructura doble de
la pulsión:
 Representación Pulsional: Es obligada a retroceder al
sistema inc. y permanecer reprimida.
 Investidura o montante energético.

Freud dirá:
“Todo lo reprimido es inconsciente, pero no todo lo inconsciente es lo reprimido”
Es decir, por un lado, está el inconsciente constituido a partir de la represión primaria, el
cual no es inconsciente reprimido en sentido de represión secundaria, es un inconsciente
que se inscribe en el aparato psíquico (queda fijado). Freud dirá que el primer núcleo
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de representaciones que se inscriben en lo inconsciente producto de la represión

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primaria producen ramificaciones o retoños que intentan llegar a la CC, pero no lo
logran por la constrainvestidura.
Matilde Travesi nos dice que la represión secundaria es: “Una verdad de la cual el sujeto
nada quiere saber”.
RETORNO DE LO REPRIMIDO:

Freud nos dirá que algunos de esos retoños de acuerdo a los


grados de deformación que logran atraves del
desplazamiento y condensación pueden llegar a la CC
(retorno de lo reprimido) mientras que otras no porque no
lograron disfrazarse bien y pueden perturbar al sujeto, así la
represión secundaria recae sobre ellas.
Lo reprimido, por más que este reprimido, siempre busca la forma de retornar a la cc, así
nos dice que si hay retorno es porque la represión fracasa, y lo sabemos por qué nos
encontramos son retornos de lo reprimido: sueños, lapsus, actos fallidos, síntomas,
serian productos sustitutivos de lo reprimido, ya que están en un lugar de la verdad que
fue recluida de la realidad CC, pero también tenemos retornos que son exitosos porque
nada se sabe de ellos.
Freud va a tomar tres neurosis para trabajar la represión:

 HISTERIA DE ANGUSTIA/FOBIA:
 Se produce una transformación del montante energético en angustia.
 Se manifiesta atraves de un miedo a un objeto del exterior, como el caso
Juanito con el miedo a los caballos, etc.
Freud propone para explicar esta histeria el caso de ZOOFOBIA. Donde se reprime una
actitud libidinosa del sujeto con respecto a su padre, acoplada con miedo al mismo.
Se activa la represión y desaparece este sentimiento de la consciencia. El padre deja de
ser objeto de la libido, en calidad de sustitutivo surge un animal más o menos apropiado
para constituirse en objeto de angustia. El producto sustitutivo de la parte ideológica
se constituye por desplazamiento (padre- animal) y la parte cuantitativa no
desaparece, sino que se transforma en angustia, resultando de esto un miedo al lobo
como sustitución del sentimiento erótico dirigido al padre. Esto nos demuestra el
fracaso de la represión, que quedó limitada al alejamiento y sustitución de la idea,
no logrando el ahorro de displacer.
 HISTERIA DE CONVERSIÓN:
 Freud nos menciona que se produce una sofocación de los afectos (bella
indiferencia).
 Se manifiesta en el cuerpo: parálisis del cuerpo, mareos, tos nerviosa, afonía.
La representación es sustituida por completo de la consciencia como formación
sustitutiva y encontramos una inervación motora o sensorial de extraordinaria
energía. Inervación que aparece como excitación o inhibición (de algún miembro u
órgano).
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 NEUROSIS OBSESIVA:

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 Se transforma en lo contrario.
 Se manifiesta no a nivel del cuerpo, sino el síntoma se muerta a partir de
ciertos pensamientos que se le imponen. (matar a la madre, o que algo
malo puede pasarle a un ser querido) lo que se sintomátiza es el
pensamiento.
La representación reprimida puede ser libidinosa u hostil. Al principio logra la represión
un completo éxito, la idea es rechazada y el afecto es obligado a desaparecer. Pero como
producto sustitutivo surge una modificación del yo, que consiste en un incremento de la
consciencia moral, escrúpulos y reproches sin fin; esto no es un síntoma.
Estos modelos clínicos son también conocidos como neurosis de transferencia o
psiconeurosis, donde nos ilustrara los destinos que sufre el montante energético de la
representación pulsional.
Entonces se podría decir que lo que está en juego en la neurosis es un conflicto entre en
el deber y el deseo (Sexual), este conflicto se resuelve atraves del síntoma neurótico, es
decir que un síntoma para Freud es un resultado de un acuerdo entre instancias
psíquicas, es permitir el paso de lo inconsciente para que retorne, pero de manera
desfigurada para no despertar la angustia.

Freud, S. (1894).
LAS NEUROPSICOSIS DE DEFENSA.

Nota Introductoria: Freud terminó de redactar este artículo en enero de 1894, después
de un año de su último trabajo “Comunicación preliminar”, escrita en colaboración con
Breuer. En todo este período (1893/1895) según sus cartas a Fliess estuvo dedicado a
investigar dos grupos de problemas:
 Los concernientes a lo que más tarde llamó neurosis actuales (neurastenia y
estados de angustia), “La sexualidad en la etiología de las neurosis”.
 Los vinculados con las psiconeurosis.
Se puede ver un afloramiento en lo que más tarde sería esencial en sus propias
concepciones. Por ejemplo, la Teoría de la Defensa. El término defensa es en sí
inauguralmente utilizado aquí, lo mismo que conversión y refugio en la psicosis.
Comienza a esbozarse el significativo papel de la sexualidad; se roza con la cuestión de
la naturaleza de lo inconsciente y, lo más importante, se plantea toda la teoría fundamental
de las investiduras psíquicas y su desplazamiento, y se enuncia claramente la hipótesis
sobre la cual descansaba el esquema freudiano.
HISTERIA Y ESCISIÓN DE LA CONCIENCIA

En Neurosis de Defensa, Freud comienza hablando de histeria, cuáles eran las


concepciones existentes, y cómo se relacionaban con la escisión de la conciencia.
Encontramos a:
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 La histérica, la mujer venia innatamente proclive a una endeblez

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JANET psíquica (había un déficit psíquico), era algo primario.

en cambio, decía que:


 La histeria era adquirida. algo del orden secundario.
 A partir de un TRAUMA PSÍQUICO: cierto suceso que ocurría
en un estado de conciencia alterado, crepuscular, y que genera
terror (representación del peligro de muerte), pero que no que no
genera una pérdida de conciencia.
BREUER  Y se da una incapacidad de ABREACCIONAR, es decir, de
 descarga del afecto,
 Eso genera un grupo psíquico secundario.
 Y la representación, cuando se vuelve a la conciencia normal, se
olvida porque nunca estuvo en el proceso de “atención” normal.
 Y eso RETORNA, insiste.
 Eso, el llamado trauma psíquico, debe ser abreaccionado mediante
el método hipnótico catártico.

Ahora bien, Freud no piensa de la misma forma:


Ya que él tenía la idea de que, no era nada innato, dice que ese segundo grupo psíquico
(estado de conciencia alterado) es producto de una DEFENSA del paciente de NO
QUERER SABER NADA respecto de una representación por esto la separa.
¿Cuándo sobreviene la neurosis de defensa?
La neurosis de defensa sobreviene ante:
 La aparición de una representación inconcebible para el yo, una representación de
la cual no se quiere saber, se quiere olvidar, dar por “no acontecida”
 Que se encuentra plena de afecto
 Que las fuerzas defensoras del yo (represivas) pugnan por esforzar fuera de la
conciencia.
Así, los mecanismos defensivos logran divorciar tal representación, que es aparentemente
olvidada, de su afecto, que se transmuta en síntoma corporal o rituales obsesivos.
En este texto, Freud agrupo una serie de cuadros clínicos de las Neuropsicosis de
defensa como la histeria adquirida, fobias, representaciones obsesivas y ciertas
psicosis alucinatorias. Estas tienen en común todos estos cuadros la operación de la
defensa, es decir que según como haya trabajado la defensa se va a producir cualquiera
de estas variaciones de la psicosis.
A. Neurosis Histérica: Dora, Catalina, Ana
1er Momento:
1- Un momento sexual
2- Activo
3- placentero
2do Momento:
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1- Un momento azaroso

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2- No necesariamente sexual
3- Un suceso contemporáneo a la aparición de los síntomas.
Con estos Dos momentos se forman los síntomas conversivos. En la histeria de
conversión, el síntoma también opera de este modo, mudándose a una parte del cuerpo
que se relacione con esa representación. (Defensa).
B. Neurosis Obsesiva
1er Momento:
a) Un momento sexual
b) Activo
c) placentero.
2do Momento:
1. Es un momento azaroso
2. No necesariamente sexual
3. Suceso contemporáneo a la aparición de los síntomas.
3er Momento:
“Síntomas por Falso enlace”, es una representación psíquica la
cual tiene idea y tiene afecto, de la idea nada sabemos, es de
segundo plano, lo que tiene más relevancia es que camino toma
el “Afecto”, es decir el afecto sale de la representación y
comienza a unirse a otras representaciones nimias. (Ejemplo del
plan de Pol para hacer llegar el dinero a su oftalmólogo). (Enlaza
muchas representaciones (casa, tren, teniente “A” y Teniente
“B”) (Si esa persona no hace tal cosa puede suceder algo trágico).
C. Locura Alucinatoria de Deseo: Schreber
Mecanismo de la Defensa en la Locura Alucinatoria de Deseo:
“La defensa separa la idea del afecto, provocando que el afecto se va a expulsar al
exterior y a partir de ahí se van a materializar las alucinaciones”

Hay una energía que busca satisfacción en la realidad, pero


esto se muestra de manera hostil, ya que se impide la
satisfacción, entonces ese sujeto expulsa esa energía al
exterior y así se naturaliza las alucinaciones, Así podemos dar
cuenta cómo actúa la defensa, la cual separa la IDEA del
AFECTO.

Paciente de Freud: (ejemplo) Una madre a la que se le muere su hijo, la señora veía un
tronco y decía que era su bebe, La alucinación viene a naturalizar el deseo.
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Freud, S (1915)

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“LO INCONSCIENTE” (APARTADOS [Link], III, IV Y V)

El psicoanálisis nos ha enseñado que la esencia del proceso de la represión no


consiste en cancelar, en aniquilar una representación representante de la pulsión, sino
en impedirle que devenga consciente. (Freud. 1915. P. 161).
Todo lo reprimido tiene que permanecer inconsciente, pero queremos dejar sentado
desde el comienzo que lo reprimido no recubre todo lo inconsciente. Lo inconsciente
abarca el radio más vasto; lo reprimido es una parte de lo inconsciente. (Freud. 1915.
P. 161), lo conocemos sólo como consciente, después que ha experimentado una
trasposición o traducción a lo consciente. Para ello se requiere que el analizado venza
ciertas resistencias. (Freud. 1915. P. 161).
I: JUSTIFICACIÓN DEL CONCEPTO DE LO INCONSCIENTE

“. . .el supuesto de lo inconsciente es necesario y legítimo, poseemos numerosas pruebas


a favor de la existencia de lo inconsciente” (Pág. 163).
Considera que es necesario porque aporta una ganancia de sentido y coherencia. Los datos
de la conciencia son lagunosos. Dedicará una especial atención al olvido, como una de
las formaciones del inconsciente. Trata este tema con detenimiento en la Psicopatología
de la Vida Cotidiana (1901) y en La Interpretación de los sueños (1899). La memoria,
para Freud es inconsciente. La conciencia no es testigo de la mayoría de los actos
inconscientes: sueños, fallidos, síntomas, etc.
Freud es el primero en otorgarle a estas formaciones el pleno derecho de un acto psíquico
y a tratarlas como tal. Si nos atenemos solamente a los actos de conciencia todas las
manifestaciones anteriores quedarían inconexas e incomprensibles.
Lo inconsciente implica ir más allá de la experiencia inmediata. Con el uso de este
supuesto, afirmará, construye, simultáneamente un procedimiento (asociaciones libres,
interpretaciones, etc.) y logra influir con éxito sobre el decurso de los procesos
conscientes. Con ambos recorre el camino del trabajo terapéutico centrado en el síntoma
(sintomático) al tratamiento causal. Veremos claramente este recorrido en el Caso Isabel,
cuan-do, por ejemplo, toma al dolor (síntoma) como brújula y se deja guiar por él.
Esto implica una prueba incontrastable de lo supuesto: lo inconsciente, su necesariedad,
eficacia y su legitimidad.
Freud pone de manifiesto que lo psíquico, hasta ese momento se ha considerado
como sinónimo de consciente y que lo latente ha sido atribuido a lo orgánico. Lo
latente se refiere a un estado de inconsciencia, que puede ser momentánea, como en el
caso de lo que corresponderá en sus posteriores desarrollos a lo Preconsciente o formar
parte de lo Inconsciente propiamente dicho y ver imposibilitado su acceso a la conciencia
por la Represión.
Freud retoma la importancia de los experimentos hipnóticos, en particular la sugestión
posthipnótica.
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Fundamentará que además de necesario es legítimo. Esa legitimidad se la aporta al

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supuesto de lo inconsciente, al hecho de que para “. . . establecerlo no nos apartamos un
solo paso de nuestro modo habitual de pensamiento que se tiene por correcto” (Pág. 165).
Una problemática que es abordada cuidadosa-mente es la que se refiere a que lo que nos
exige el Psicoanálisis es un esfuerzo de poder volvernos hacia nuestra propia conciencia,
para lo cual no existe ninguna inclinación constitucional. Dicho de otro modo Freud nos
explica que es más fácil reconocer estos fenómenos inconscientes en otros que en nosotros
mismos. Lo que llamamos ver la paja en el ojo ajeno. Esta renuencia tiene que ver con
que lo inconsciente reprimido ha sufrido un rechazo y desalojo por parte de la conciencia.
Recordemos el asco, la moral y la vergüenza, como fuerzas represoras. La angustia como
motor de la represión.
La conclusión de Freud, en este primer capítulo consiste en declarar que los procesos
anímicos son en sí inconscientes y compara su percepción por la conciencia con la
percepción del mundo exterior por los órganos sensoriales.
II LA MULTIVOCIDAD DE LO INCONSCIENTE, Y EL PUNTO DE VISTA TÓPICO

El inconsciente abarca, por un lado, actos que son apenas latentes, inconscientes por algún
tiempo, pero en lo demás en nada se diferencian de los conscientes; y, por otro
lado, procesos como los reprimidos, que, si devinieran consientes, contrastarían de la
manera más llamativa con los otros procesos conscientes. Pondríamos fin a todos
los malentendidos si en lo sucesivo, para la descripción de los diversos tipos de
actos psíquicos, prescindiésemos por completo de que sean conscientes o inconscientes y
los clasificáramos y entramáramos tan sólo según su modo de relación con las pulsiones
y metas, según su composición y su pertenencia a los sistemas psíquicos supraordinados
unos respecto de los otros. (Freud. 1915. P. 168)
. …un acto psíquico en general atraviesa por dos fases de estado, entre las cuales opera
como selector una suerte de examen (censura). En la primera fase él es inconsciente y
pertenece al sistema Inconsciente; si a raíz del examen es rechazado por la censura, se le
deniega el paso a la segunda fase; entonces se llama «reprimido» y tiene que permanecer
inconsciente. Pero si sale airoso de este examen entra en la segunda fase y pasa a
pertenecer al segundo sistema, que llamaremos el sistema Consciente. Empero, su
relación con la conciencia no es determinada todavía unívocamente por esta pertenencia.
No es aún consciente, sino susceptible de conciencia (según la expresión de J. Breuer),"
vale decir, ahora puede ser objeto de ella sin una particular resistencia toda vez que se
reúnan ciertas condiciones. (Freud. 1915. P. 169)
En atención a esta susceptibilidad de conciencia llamamos al sistema Consciente también
el «preconsciente». Si se llegara a averiguar que a su vez el devenir consciente
de lo preconsciente es codeterminado por una cierta censura, deberíamos aislar entre
sí con rigor los sistemas Preconsciente y Consciente [Cf. pág. 188.]. Provisionalmente
baste con establecer que el sistema Preconsciente participa de las propiedades del
sistema Consciente, y que la censura rigurosa está en funciones en el paso del
Inconsciente al Preconsciente (o Consciente). (Freud. 1915. P. 169)
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Nuestra tópica psíquica provisionalmente, nada tiene que ver con la anatomía; se refiere

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a regiones del aparato psíquico, dondequiera que estén situadas dentro del cuerpo, y no a
localidades anatómicas. (Freud. 1915. P. 170)
La primera de las dos posibilidades consideradas, a saber, que la fase Consciente de la
representación significa una trascripción nueva de ella, situada en otro lugar, es sin duda
la más grosera, aunque también la más cómoda. El segundo supuesto, el de en cambio de
estado meramente funcional, es el más verosímil de antemano, pero es menos plástico, de

Tópica del aparato psíquico (Interpretación personal):


 1° Fase: El acto psíquico es inconsciente y pertenece al sistema Inconsciente. Si
es rechazado por la censura, se le deniega el pase a la segunda fase. (Proceso
Primario). Es reprimido y permanece icc
 2° Fase: Si entra en esta fase, pasa a pertenecer al segundo sistema, que
sería el Sistema Consciente (también preconsciente). Pero todavía no es
consciente, sino susceptible de consciencia. (Proceso Secundario)
En el caso de censura entre el consciente y preconsciente. Se debería separar al
sistema consciente en: preconsciente y Consciente.

manejo más difícil. Con el primer supuesto, el supuesto tópico, se enlaza un divorcio
tópico entre los sistemas inconsciente y Consciente y la posibilidad de que una
representación esté presente al mismo tiempo en dos lugares del aparato psíquico, y aun
de que se traslade regularmente de un lugar a otro si no está inhibida por la censura (Freud.
1915. P. 171)
Si comunicamos a un paciente una representación que él reprimió en su tiempo y hemos
logrado colegir, ello al principio en nada modifica su estado psíquico. Sobre todo, no
cancela la represión.
Primero no se conseguirá más que una nueva desautorización " de la representación
reprimida. Pero de hecho el paciente tiene ahora la misma representación bajo una doble
forma en lugares diferentes de su aparato anímico; primero, posee el recuerdo
consciente de la huella auditiva de la representación que le hemos comunicado, y en
segundo término, como con certeza sabemos, lleva en su interior (y en la forma que antes
tuvo) el recuerdo inconsciente de lo vivenciado.'' En realidad, la cancelación de la
represión no sobreviene hasta que la representación consciente, tras vencer las
resistencias, entra en conexión con la huella mnémica inconsciente. Sólo cuando
esta última es hecha consciente se consigue el éxito. (Freud. 1915. P. 171).
Nota al pié: {«Ablehnung»; vale decir, el paciente no se convence de lo comunicado por
el analista, desautoriza lo que este le dice.} (Freud. 1915. P. 171).
III SENTIMIENTOS INCONSCIENTES

Una pulsión nunca puede pasar a ser objeto de la conciencia; sólo puede serlo la
representación que es su representante. Ahora bien, tampoco en el interior de lo
inconsciente puede estar representada si no es por la representación.
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Si la pulsión no se adhiriera a una representación ni saliera a la luz como un estado

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afectivo, nada podríamos saber de ella. No podemos aludir sino a una moción pulsional
cuya agencia representante representación es inconsciente, (Freud. 1915. P. 173)
En realidad, las cosas se presentan en este caso dispuestas de otra manera. Ante todo
puede ocurrir que una moción de afecto o de sentimiento sea percibida, pero erradamente.
Por la represión de su representante genuino fue compelida a enlazarse con otra
representación, y así la conciencia la tiene por exteriorización de esta última.
Cuando restauramos la concatenación correcta, llamamos «inconsciente» a la moción
afectiva originaria, aunque su afecto nunca lo fue, pues sólo su representación debió pagar
tributo a la represión. El uso de las expresiones «afecto inconsciente» y «sentimiento
inconsciente» remite en general a los destinos del factor cuantitativo de la moción
pulsional, que son consecuencia de la represión. Sabemos que esos destinos pueden ser
tres:'' el afecto persiste —en un todo o en parte— como tal, o es mudado en un monto de
afecto cualitativamente diverso (en particular, en angustia), o es sofocado, es decir, se
estorba por completo su desarrollo. (Estas posibilidades son quizá más fáciles de estudiar
en el trabajo del sueño que en las neurosis. )". (Freud. 1915. P. 174)
Sabemos también que la sofocación del desarrollo del afecto es la meta genuina de
la represión, y que su trabajo queda inconcluso cuando no la alcanza. (Freud. 1915.
P. 174)
En todos los casos en que la represión consigue inhibir el desarrollo del afecto,
llamamos «inconscientes» a los afectos que volvemos a poner en su sitio tras
enderezar [Redressement] lo que el trabajo represivo había torcido. Por tanto,
no puede negarse consecuencia al uso lingüístico huellas mnémicas—, mientras
que los afectos y sentimientos corresponden a procesos de descarga cuyas
exteriorizaciones últimas se perciben como sensaciones. (Freud. 1915. P. 174)
...las representaciones son investiduras —en el fondo, de huellas mnémicas—, mientras
que los afectos y sentimientos corresponden a procesos de descarga cuyas
exteriorizaciones últimas se perciben como sensaciones. (Freud. 1915. P. 174)
…la represión puede llegar a inhibir la trasposición de la moción pulsional en una
exteriorización de afecto. Esa comprobación nos muestra que el sistema Consciente
normalmente gobierna la afectividad así como el acceso a la motilidad, y realza el valor
de la represión. Con una formulación invertida podríamos decir: Mientras el sistema
Consciente gobierna la afectividad y la motilidad, llamamos normal al estado psíquico
del individuo. (Freud. 1915. P. 175).
La importancia del sistema Consciente (Preconsciente) para el 'acceso al desprendimiento
de afecto y a la acción, nos permite también comprender el papel que toca a la
representación sustitutiva en la conformación de la enfermedad. Es posible que el
des- prendimiento de afecto parta directamente del sistema Inconsciente, en cuyo caso
tiene siempre el carácter de la angustia, por la cual son trocados todos los afectos
«reprimidos». Pero con frecuencia la moción pulsional tiene que aguardar hasta
encontrar una representación sustitutiva en el interior del sistema Consciente. (Freud.
1915. P. 175).
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Nota al pié: 6 La afectividad se exterioriza esencialmente en una descarga motriz

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(secretoria, vasomotriz) que provoca una alteración (interna) del cuerpo propio sin
relación con el mundo exterior; la motilidad, en acciones destinadas a la alteración
del mundo exterior. (Freud. 1915. P. 175)
IV. TÓPICA Y DINÁMICA DE LA REPRESIÓN

La represión es en lo esencial un proceso que se cumple sobre representaciones


en la frontera de los sistemas Ice y Prcc {Ce). Ahora podemos hacer un renovado
intento por describir más a fondo ese proceso. Ha de tratarse de una sustracción de
investidura. (Freud. 1915. P. 177).
La representación reprimida sigue teniendo capacidad de acción dentro del Icc; por
tanto, debe de haber conservado su investidura. Lo sustraído ha de ser algo diverso. [Cf.
pág. 198.] Consideremos el caso de la represión propiamente dicha (del «esfuerzo
de dar caza»), tal como se ejerce sobre la representación preconsciente o aun sobre
la ya consciente; entonces la represión sólo puede consistir en que a la re- presentación
se le sustraiga la investidura (pre)consciente que pertenece al sistema Prcc. La
representación queda entonces desinvestida, o recibe investidura del inconsciente, o
conserva la investidura inconsciente que ya tenía. Por tanto, hay sustracción de la
investidura preconsciente, conservación de la investidura inconsciente o sustitución de la
investidura preconsciente por una inconsciente. Notemos, además, que hemos puesto en
la base de esta observación, como al descuido, este supuesto: el paso desde el sistema
inconsciente a uno contiguo no acontece mediante una trascripción nueva, sino mediante
un cambio de estado, una mudanza en la investidura. El supuesto funcional ha arrojado
aquí del campo, con poco esfuerzo, al supuesto tópico. [Cf. supra, pág. 170.]. (Freud.
1915. P. 177).
Empero, este proceso de sustracción de libido" no basta para hacer inteligible otro carácter
de la represión. No se advierte la razón por la cual la representación que sigue investida
o que es provista de investidura desde el inconsciente no haría intentos renovados
por penetrar en el sistema Preconsciente, valida de su investidura. En tal caso la
sustracción de libido tendría que repetirse en ella y ese juego idéntico se proseguiría
interminablemente, pero el resultado no sería la represión. De igual modo, el aludido
mecanismo de sustracción de una investidura preconsciente no funcionaría cuando
estuviera en juego la figuración de la represión primordial; es que en ese caso está
presente una representación inconsciente que aún no ha recibido investidura alguna del
Preconsciente y, por tanto, ella no puede serle sustraída. (Freud. 1915. P. 177-178).
Aquí necesitamos entonces de otro proceso, que en el primer caso [el del esfuerzo de dar
caza] mantenga la represión, y en el segundo [el de la represión primordial] cuide de su
producción y de su permanencia, y sólo podemos hallarlo en el supuesto de una contra
investidura mediante la cual el sistema Preconsciente se protege contra el asedio de la
representación inconsciente. (Freud. 1915. P. 178).
Una contrainvestidura representa {reprecentiert] el gasto permanente [de energía] de una
represión primordial, pero es también lo que garantiza su permanencia. La
contrainvestidura es el único mecanismo de la represión primordial; en la represión
propiamente dicha (el esfuerzo de dar caza) se suma la sustracción de la investidura
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preconsciente. Y es muy posible que precisamente la investidura sustraída de la

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representación se aplique a la contrainvestidura. (Freud. 1915. P. 178)
. ..un tercer punto de vista además del dinámico y del tópico, a saber, el económico, que
aspira a perseguir los destinos de las magnitudes de excitación y a obtener una estimación
por lo menos relativa de ellos. (Freud. 1915. P. 178).
Propongo que cuando consigamos describir un proceso psíquico en sus aspectos
dinámicos, tópicos y económicos eso se llame una exposición metapsicológica:'' (Freud.
1915. P. 178).
Hagamos un tímido intento de dar una descripción metapsicológica del proceso de
la represión en las tres neurosis de transferencias conocidas. Nos está permitido sustituir
«investidura» por «libido»,' pues, como sabemos, se trata de los destinos de las
pulsiones sexuales. (Freud. 1915. P. 178 - 179)
V. LAS PROPIEDADES PARTICULARES DEL SISTEMA ICC

El núcleo del Incc consiste en agencias representantes de pulsión que quieren descargar
su investidura, por tanto, en mociones de deseo. Estas mociones pulsionales estas
coordinadas entre si, subsisten unas junto a las otras sin influirse y no se contradicen entre
ellas. Cuando son activadas al mismo tiempo dos mociones de deseo cuyas metas no
podrían menos que parecernos inconciliables, ellas no se quitan nada ni se cancelan
recíprocamente, sino que concluyen en la formación de una meta intermedia, de un
compromiso.
Dentro de este sistema no existe negación, no existe duda, ni grado alguno de certeza.
Todo esto es introducido solo por el trabajo de la censura entre Incc y Prcc.
Por el proceso de desplazamiento, una representación puede entregar a otra todo el monto
de su investidura y por el de condensación, puede tomar sobre si, la investidura integra
de muchas otras. Estos son dos procesos del proceso primario. Dentro del sistema Prcc
rige el secundario.
Los procesos del sistema Incc son atemporales, no están ordenados con arreglo al tiempo.
Tampoco conocen los procesos Icc un miramiento por la realidad. Están sometidos al
principio de placer, su destino no solo depende de la fuerza que poseen y de que se
cumplan los requisitos de la regulación de placer – displacer.
Los procesos icc solo se vuelven cognoscibles para nosotros bajo las condiciones del
soñar y de las neurosis, o sea, cuando procesos del sist Precc son trasladados hacia
atrás, a un estadio anterior (regresión). Por si solos, son insusceptible de existencia, ya
que el Precc está superpuesto al Icc, quien posee el acceso a la Cc y a la motilidad.
Los procesos del sist Precc exhiben una inhibición de la proclividad a la
descarga, característica de las representaciones investidas. Cuando el proceso traspasa de
una representación a otra, la primera retiene una parte de su investidura y solo una
pequeña proporción experimenta el desplazamiento. Esto movio a Breuer a suponer
dentro de la vida anímica dos estados diversos de a energía de investidura: uno ligado,
tónico, y otro móvil, libre y proclive a la descarga.
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Al sistema Pcc competen el establecimiento de una capacidad de comercio

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entre los contenidos de las representaciones, de suerte q puedan influirse unas a otras, el
ordenamiento temporal de ellas, la introducción de una censura o de varias. También la
memoria Cc parece depender por completo del Precc (hay q separarla de las huellas
mnémicas en q se fijan las vivencias del Icc).

Sigmund Freud (1922)


OBSERVACIONES SOBRE EL CONCEPTO DE LO INCONSCIENTE EN
EL PSICOANÁLISIS

Quisiera exponer en pocas palabras y lo más claramente posible qué sentido entraña en el
psicoanálisis -y sólo en el psicoanálisis- la expresión «inconsciente».
Una representación -o cualquier otro elemento psíquico- puede hallarse ahora
presente en mi conciencia, desaparecer de ella en el momento inmediato y emerger
de nuevo, sin modificación alguna, después de un intervalo; mas no como consecuencia
de una nueva percepción sensorial, sino del recuerdo, según la expresión corriente.
Para explicarnos este hecho nos vemos obligados a suponer que también durante el
intervalo hubo de hallarse tal representación presente en nuestro espíritu, aunque
permanecía latente en la conciencia. Lo que no podemos representarnos es la forma en la
que existía mientras se hallaba presente en la vida psíquica y latente en la conciencia. Sale
aquí a nuestro encuentro la hipótesis filosófica de que la representación latente no existió
como objeto de la psicología, sino tan sólo como disposición física a la repetición del
mismo fenómeno psíquico, esto es, de la representación de que se trate.
Pero tal teoría, a más de traspasar los límites de la Psicología propiamente dicha, no hace
sino eludir el problema, sosteniendo que «consciente» y «psíquico» son conceptos
idénticos, e incurre evidentemente en error al negar a la Psicología el derecho a explicar
con sus propios medios auxiliares uno de sus hechos más corrientes.
Llamaremos, pues, «consciente» a la representación que se halla presente en nuestra
conciencia y es objeto de nuestra percepción, y este será por ahora el único y estricto
sentido que atribuiremos a la expresión discutida.
En cambio, denominaremos «inconsciente» a aquellas representaciones latentes de las
que tenemos algún fundamento para sospechar que se hallan contenidas en la vida
anímica, como sucedía en la memoria. Una representación inconsciente será entonces una
representación que no percibimos, pero cuya existencia estamos, sin embargo,
prontos a afirmar, basándose en indicios y pruebas de otro orden.
Esta labor podría ser considerada como puramente descriptiva o clasificadora, si para
formar nuestro juicio no dispusiéramos de otros datos que los hechos de la memoria o los
de la asociación a través de elementos intermedios inconscientes. Pero el conocido
experimento de la «sugestión posthipnótica» nos demuestra la extraordinaria importancia
de la distinción entre consciente e inconsciente.
Este experimento, tal y como lo realizaba Bernheim, consiste en sumir a una persona en
estado hipnótico, y hallándose así bajo influencia del médico, ordenarle la ejecución de
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cierto acto en determinado momento ulterior (por ejemplo, media hora después),

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despertándola luego de transmitirle la orden.

Al despertar, parece el sujeto haber vuelto totalmente a la conciencia y a su sentido


habitual, sin que conserve recuerdo alguno del estado hipnótico, no obstante, lo cual, en
el momento fijado surge en él el impulso a ejecutar el acto prescrito, que es realizado con
plena conciencia, aunque sin saber por qué.
Para describir este fenómeno habremos de decir que el propósito existe en forma
latente o inconsciente en el ánimo del sujeto hasta el instante prefijado, llegado el cual
pasa a hacerse consciente. Pero lo que en tal momento surge en la conciencia no es el
propósito en su totalidad, sino tan sólo la representación del acto que de ejecutar se trata.
Las demás ideas asociadas con esta representación -la orden, la influencia del médico y
el recuerdo del estado hipnótico permanecen todavía inconscientes.
Pero aún nos ofrece este experimento otras enseñanzas. Nos lleva, de una concepción
puramente descriptiva del fenómeno, a una concepción dinámica. La idea del acto
prescrito durante la hipnosis no se limita a devenir en un momento dado objeto de la
conciencia, sino que se hace eficaz, circunstancia esta la más singular de los hechos. Pasa
a convertirse en acto en cuanto la conciencia advierte su presencia. Dado que el verdadero
impulso a la acción es la orden del médico, no podemos por menos de suponer que
también la idea de esta prescripción ha llegado a hacerse eficaz.
Sin embargo, esta última idea no es acogida en la conciencia, como sucede con la idea
del acto de ella derivada, sino que permanece inconsciente, siendo así, a un mismo
tiempo, eficaz e inconsciente. La sugestión posthipnótica es un producto de laboratorio,
un hecho artificialmente provocado.
Pero si aceptamos la teoría de los fenómenos histéricos, iniciada por P. Janet y
desarrollada por Breuer y por mí, se nos ofrece una multitud de hechos naturales
que muestran todavía más clara y precisamente el carácter psicológico de la
sugestión posthipnótica.
La vida anímica de los pacientes histéricos se nos muestra llena de ideas eficaces, pero
inconscientes. De ellas proceden todos los síntomas.
El carácter más singular del estado anímico histérico es, en efecto, el dominio de las
representaciones inconscientes. Los vómitos de una paciente histérica pueden ser
una consecuencia de su idea de que se halla encinta. Sin embargo, la sujeto no tiene
conocimiento alguno de tal idea, aunque no sea difícil descubrirla en su vida
anímica y hacerla emerger en su conciencia por uno de los procedimientos técnicos
del psicoanálisis.
Cuando se entrega a las convulsiones y gesticulaciones que constituyen su «ataque», no
se representa siquiera conscientemente los actos que se propone, y observa quizá
tales manifestaciones con los sentimientos de un espectador indiferente, no obstante,
lo cual puede el análisis demostrar que desempeña su papel en la reproducción dramática
de una escena de su vida cuyo recuerdo es inconscientemente eficaz durante el ataque.
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El análisis descubre este mismo predominio de ideas inconscientes eficaces como el

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elemento esencial de la psicología de todas las demás formas de neurosis.
Nos enseña, pues, el análisis de los fenómenos neuróticos que una idea latente o
inconsciente no es necesariamente débil y que la presencia de tal idea en la vida anímica
es susceptible de pruebas indirectas indiscutibles, de un valor casi idéntico a la prueba
directa suministrada por la conciencia. Nos sentimos así autorizados a acordar nuestra
clasificación con este aumento de nuestros conocimientos, introduciendo una
diferenciación fundamental de las ideas latentes e inconscientes. Estábamos
acostumbrados a pensar que toda idea latente lo era a consecuencia de su debilidad y se
hacía consciente en cuanto adquiría fuerza. Mas ahora hemos llegado a la convicción de
que existen ciertas ideas latentes que no penetran en la conciencia por fuertes que sean.
Así, pues, denominaremos preconscientes a las ideas latentes del primer grupo y
reservaremos el calificativo de inconscientes (en su sentido propio) para las del segundo,
que son las que hemos observado en las neurosis. La expresión inconsciente, que hasta
aquí no hemos utilizado sino en sentido descriptivo, recibe ahora una significación
más amplia. No designa ya tan sólo ideas latentes en general, sino especialmente las que
presentan un determinado carácter dinámico, esto es, aquellas que, a pesar de su
intensidad y eficacia, se mantienen lejos de la conciencia. Antes de continuar nuestra
exposición queremos salir al paso de dos objeciones que prevemos han de sernos
opuestas en este punto. La primera sería la de que, en lugar de agregarnos a la
hipótesis de las ideas inconscientes, de las que nada sabemos, haríamos mejor en aceptar
que la conciencia puede fragmentarse, de manera que algunas ideas u otros procesos
psíquicos lleguen a formar una conciencia aparte, disociada del núcleo principal de la
actividad psíquica y sustraída a ella. Conocidos casos patológicos, como el del doctor
Azam, parecen muy apropiados para demostrar que la disociación de la conciencia no es
ninguna imaginación fantástica. Pero tal teoría se basa únicamente, a nuestro juicio,
en el empleo equivocado de la palabra consciente. No tenemos derecho a extender
el sentido de esta palabra hasta el punto de utilizarla para designar una conciencia de
la que nada sabe su poseedor. Si para los filósofos resulta difícil creer en la existencia
de un pensamiento inconsciente, más inaceptable ha de parecerles la existencia de una
conciencia inconsciente. Los casos descritos como de disociación de la conciencia, así el
del doctor Azam, pueden ser más bien considerados como casos de traslación de la
conciencia, en los cuales esta función -o lo que sea- oscila entre dos distintos complejos
psíquicos que devienen alternativamente conscientes e inconscientes. La segunda
objeción que preveíamos era la de que aplicamos a la psicología de las normales
consecuencias deducidas principalmente del estudio de estados patológicos y
podemos destruirla con la simple exposición de un hecho cuyo conocimiento
debemos al psicoanálisis. Ciertas perturbaciones funcionales que aparecen con extrema
frecuencia en los individuos sanos, por ejemplo, los lapsus linguae, los errores de
memoria, el olvido de nombres, etc., pueden ser referidos sin dificultad a la actuación
de intensas ideas inconscientes, lo mismo que los síntomas neuróticos.
En el curso de esta especulación hallaremos otro argumento aún más convincente. La
distinción de ideas preconscientes e inconscientes nos conduce a abandonar los dominios
de la clasificación y a formarnos un juicio sobre las relaciones funcionales y
dinámicas en la actividad psíquica.
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Hasta aquí hemos hallado un preconsciente eficaz, que se hace fácilmente conciencia, y

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un inconsciente eficaz, que permanece inconsciente y parece estar disociado de la
conciencia. No sabemos si estas dos clases de actividad psíquica son desde un
principio idénticas o contrarias por esencia, pero podemos preguntarnos por qué pueden
haberse diferenciado en el curso de los procesos psíquicos.
El psicoanálisis nos da, sin vacilar, clara respuesta a esta interrogación. Para el
producto de lo inconsciente eficaz no es imposible penetrar en la conciencia, mas
este resultado requiere un cierto esfuerzo.
Si intentamos conseguirlo en nosotros mismos, experimentamos la clara sensación de una
defensa que ha de ser vencida, y cuando nos lo proponemos con un paciente, advertimos
signos inequívocos de aquello que denominamos resistencia.
Averiguamos así que la idea inconsciente es excluida de la conciencia por fuerzas vivas
que se oponen a su recepción, no oponiendo, en cambio, obstáculo ninguno a las
ideas preconscientes.
El psicoanálisis demuestra que la repulsa de las ideas inconscientes es provocada
exclusivamente por las tendencias encarnadas en su contenido.
La teoría más inmediata y verosímil que podemos edificar en este estadio de
nuestro conocimiento es la que sigue: lo inconsciente es una fase regular e inevitable de
los procesos que cimentan nuestra actividad psíquica; todo acto psíquico comienza por
ser inconsciente, y puede continuar siéndolo o progresar hasta la conciencia,
desarrollándose según tropiece o no con una resistencia. La diferenciación de actividad
preconsciente y actividad consciente no es primaria, sino que se establece después de
haber entrado en juego la defensa.
Sólo entonces adquiere un valor teórico y práctico la diferencia entre ideas
preconscientes, que surgen en la conciencia y pueden volver a ella en todo momento, e
ideas inconscientes, a las que ello está vedado.
El arte fotográfico nos ofrece una analogía de esta hipotética relación entre la
actividad consciente y la inconsciente.
El primer estadio de la fotografía es la negativa. Toda imagen fotográfica tiene que pasar
por el proceso negativo, y algunas de estas negativas, que han resistido bien la prueba,
son admitidas al proceso positivo, que acaba en la imagen perfecta.
Pero la diferenciación de actividad preconsciente e inconsciente y el conocimiento de la
barrera que las separa no constituyen el último ni el más importante resultado de
la investigación psicoanalítica de la vida anímica.
Existe un producto psíquico que encontramos en las personas más normales y que, sin
embargo, ofrece una singularísima analogía con los más extraños e intensos de la locura
y que no ha sido para los filósofos más comprensible que la locura misma.
Me refiero a los sueños. El psicoanálisis se basa en el análisis de los sueños; la
interpretación onírica es la labor más completa que nuestra joven ciencia ha llevado a
cabo hasta hoy. Un caso típico de formación onírica puede ser descrito del modo
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siguiente: la actividad anímica diurna ha despertado una serie de ideas que ha

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conservado algo de su eficacia, escapando así a la general anulación del interés que
trae consigo el reposo y constituye la preparación espiritual del dormir.
Esta serie de ideas consigue durante la noche ponerse en conexión con uno de los deseos
inconscientes que desde la infancia del sujeto se hallan siempre presentes en su vida
anímica, aunque por lo regular reprimidos y excluidos de la existencia consciente. Por
medio de la energía que les presta este apoyo inconsciente recobran su eficacia las ideas
residuales de la actividad diurna y quedan capacitadas para surgir en la conciencia bajo
la forma de un sueño.
Así, pues, han sucedido tres cosas:
1.ª Las ideas han experimentado una modificación, un disfraz y una deformación,
que representan la participación de su aliado inconsciente.
2.ª Han conseguido ocupar la conciencia en una ocasión en la que la misma no debía
haberles sido accesible.
3.ª Un fragmento de inconsciente ha logrado emerger en la conciencia, resultado
que le hubiera sido imposible conseguir en toda otra circunstancia.
l psicoanálisis nos ha instruido en el arte de descubrir los «restos diurnos» y las ideas
latentes del sueño.
Por su comparación con el contenido manifiesto del sueño hemos podido formarnos un
juicio sobre las transformaciones por las que dichos restos e ideas han pasado y la forma
en que las mismas han llegado a efecto. Las ideas latentes del sueño no se diferencian en
nada de los productos de nuestra ordinaria actividad psíquica consciente. Puede
aplicárseles el nombre de ideas preconscientes y, en efecto, pueden haber sido
conscientes en un momento de la vida despierta.
Mas por un enlace con las tendencias inconscientes, establecido durante la noche,
quedaron asimiladas a ellas, rebajadas hasta cierto punto al estado de ideas inconscientes
y sometidas a las leyes que rigen la actividad inconsciente.
Se nos ofrece aquí la posibilidad de averiguar algo que ni la especulación ni ninguna otra
fuente del conocimiento empírico nos hubieran permitido adivinar jamás; esto es, que las
leyes de la actividad anímica inconsciente se diferencian en alto grado de aquellas que
rigen la actividad anímica consciente. Una detallada labor nos lleva al conocimiento de
las peculiaridades de lo inconsciente, y podemos esperar que mediante una más
penetrante investigación de los procesos de la formación de los sueños alcanzaremos
nuevos conocimientos.
Esta investigación no está aún llevada a término, y una exposición de los resultados
obtenidos hasta ahora nos obligaría a entrar en los más complejos problemas de
la interpretación onírica.
Pero no quisiera terminar estas explicaciones sin indicar la transformación y el
progreso de nuestra comprensión de lo inconsciente, que debemos al estudio
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psicoanalítico de los sueños. Lo inconsciente nos pareció al principio tan sólo un

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enigmático carácter de un determinado proceso psíquico.
Ahora significa ya algo más para nosotros, pues constituye un signo de que tal proceso
participa de la naturaleza de una determinada categoría psíquica que nos es conocida por
otros rasgos característicos de mayor importancia, y de que pertenece a un sistema
de actividad psíquica digno de toda nuestra atención.
El valor de lo inconsciente como elemento indicador sobrepasa extraordinariamente su
importancia como cualidad.
Al sistema que se nos muestra caracterizado por el hecho de ser inconscientes todos y
cada uno de los procesos que lo constituyen, lo designamos con el nombre de «lo
inconsciente», a falta de otro término mejor y menos equívoco. Como fórmula de
este sistema emplearemos la abreviatura Inc. Este es el tercero y más importante sentido
que ha adquirido en el psicoanálisis la expresión «inconsciente»

Freud, S. (1923)
“EL YO Y EL ELLO”.
CONSIDERACIONES SOBRE LO INCONSCIENTE Y APARTADO 1

LO CONSCIENTE Y LO INCONSCIENTE I

Freud hace una distinción entre los conceptos de inconsciente en el sentido descriptivo
e inconsciente en el sentido dinámico.
 SENTIDO DESCRIPTIVO: En el sentido descriptivo tiene que ver con información
dentro de nuestro psiquismo que es consciente o no en ese momento, información que
es susceptible de conciencia.
 SENTIDO DINAMICO: En el sentido dinámico es información inconsciente que no
es susceptible de conciencia, que no tiene posibilidad de llegar a la conciencia, a lo
cual llama reprimido.
El YO es la organización coherente de los procesos anímicos en una persona. Tiene
como función controlar la conciencia, la motilidad y todos los procesos parciales. Ejerce
la censura onírica. De él parten las represiones.
Lo que esta reprimido se contrapone al yo, y cuando en el análisis uno intenta acercarse
a eso que esta reprimido, de repente el yo exterioriza ciertas resistencias que se oponen.
Esas resistencias no son conscientes. Hay una parte del yo que se resiste, que tiene que
ver con la represión que es inconsciente y no puede llegar a la conciencia, pero no es lo
reprimido, es lo represor. Ahí empieza a ampliar su concepto de inconsciente.
Hay un yo que no es equiparable con la conciencia, parte del yo es inconsciente. El
conflicto no es entre consciente e inconsciente, sino entre el yo coherente y la parte
escindida de el que está reprimido. Todo lo que esta reprimido es inconsciente, pero no
todo lo inconsciente esta reprimido.

 Es una cualidad de lo psíquico que puede sumarse a otras o


faltar en absoluto.
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Es un término descriptivo que se basa en la percepción más

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inmediata y segura, un estado eminentemente transitorio.
LA  Puramente descriptivo que invoca la percepción inmediata y
CONSCIENCIA segura.
 Aquella representación que es consciente no puede volver a
serlo solo bajo ciertas condiciones, estuvo latente y que en todo
momento es susceptible de consciencia, es decir inconsciente.
 Una representación cc en un momento dado no lo es ya en el
momento inmediato posterior, aunque pueda volver a serlo,
bajo condiciones dadas.
 Podemos decir que esta representación es latente.
 Procesos anímicos o representaciones muy intensas que
pueden tener consecuencias en la vida anímica, solo que no se
devienen conscientes.
 No pueden hacerlo debido a ciertas fuerzas que se resisten. En
el proceso psicoanalítico podemos evidenciar esto gracias a
EL ciertos auxilios que sirven para contrarrestar esa fuerza
INCONSCIENTE resistente y logar hacerlo consciente.
 Podemos considerar a la represión como el estado en el que se
encontraba antes de que deviniera consciente y que a través del
trabajo psicoanalítico se percibía como resistencia a la fuerza
que produjo y mantuvo la represión.
Inconsciente latente: susceptible de conciencia, inconsciente de
manera descriptiva pero no en el sentido anímico, llamamos
PRECONSCIENTE.
Inconsciente reprimido: insusceptible de conciencia, reprimido
inconsciente dinámicamente, llamamos INCONSCIENTE
 Es una organización coherente de los procesos anímicos de una
persona. del yo depende la consciencia gobierna los accesos a
la motilidad, es decir permite la descarga de las excitaciones
del mundo exterior, y que por las noches se va a dormir.
YO  De este yo también parten las represiones de las cuales ciertas
aspiraciones anímicas no solo de la conciencia sino también de
otras modalidades.
 Podemos discernir que lo inconsciente no coincide con lo
reprimido, todo lo reprimido es inconsciente, pero no todo lo
inconsciente es reprimido.

COMO ALGO CC SE HACE INCC

La diferencia entre representaciones icc - prec consiste en que en la primera se consuma


como algo que permanece como no conocido y la segunda se añade la conexión con
representaciones verbales.
Estas representaciones son restos mnémicos que proceden principalmente de
percepciones acústicas, en algún momento fueron percepciones y pueden volver a la cc.
Aquí está la condición necesaria para que este proceso se lleve a cabo solo puede hacerse
cc lo que ya fue alguna vez una percepción cc. Algo icc se vuelve cc por su enlace con
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representaciones verbales (palabras). Estas representaciones son restos mnémicos que

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fueron alguna vez percepciones cc.

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