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Creación y Propósito Divino

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Conferencia de Verano 2017 (Lectura I)

DIOS, EL CREADOR
Génesis 1:26-31; 2:4-17
V.C. 1:31

Introducción: Antes de comenzar, cabría preguntarnos lo siguiente: ¿Por qué Dios creó el universo y todas
las cosas que hay en él? Se dice que la necesidad es la madre de las invenciones. A lo largo de la historia se
hace claro que esto es así. Por necesidad el h' llevó a cabo incontables invenciones.

Cuando Dios creó todo, ¿lo hizo por necesidad también? Indudablemente Dios no tenía necesidad de su
creación. Pablo dijo a los ciudadanos de Atenas: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay,
siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por
manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas
(Hch. 17.24,25)”.

Jesús, al orar a su Padre poco antes de ser entregado para ser matado, había dicho “porque me has amado
desde antes de la fundación del mundo”. Este v. muestra que, antes de la creación del mundo, Dios no estaba
solo. Mas bien vivía en una perfecta relación de amor con su Hijo.

Entonces, ¿Por qué Dios creó el universo y todas las cosas que hay en él?

1. Para mostrar Su presencia a través de su creación (Ro. 1. 19,20)


2. Para mostrar su plenitud (Su infinidad, eternidad, inmutabilidad, omnisciencia,
omnipotencia, omnipresencia, justicia, amor, santidad, etc.) a través de su creación (Sal
19.1; 89:11; 1 Co. 10.26)

Ahora, las preguntas importantes a formularnos son: ¿Qué es lo que hizo Dios en su creación? ¿Qué es lo que
hizo Dios en el h'? ¿Cuál era el fin de todo lo creado?

1. ¿Cuál era el estado de la tierra antes de que Dios crease al hombre (2:4-6)?

Leamos los vs. 4 a 6: “Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que
Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba
del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había
hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la
tierra”

En ese entonces la tierra no produjo sus frutos por su propio poder: esto fue hecho por el poder del
Omnipotente. Dios era el sustentador de todo. Cuando dice: “…ni había hombre para que labrase la tierra…”
está diciendo que Dios estaba preparando la tierra para la llegada del h’; para colocarlo en el lugar que había
dispuesto para él.

2. ¿Qué plan especial tuvo Dios al crear al hombre (26)?

Luego de cinco días de inimaginable actividad creadora, y luego de hacerlo una vez más en el día 6to. al crear
a los animales terrestres, el Dios Todopoderoso comienza a pensar en la culminación de su obra: El h', la
corona de la creación.

El h' y las bestias terrestres fueron creados el mismo día; fueron hechos de la misma tierra; fueron hechos para
habitar en el mismo suelo… Sin embargo, el h' fue hecho para ser una criatura diferente. Dios dijo:
“...Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar,
en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre tierra (v.
26)”. El plan especial de Dios para con el h´ era darle dominio sobre los demás seres vivientes.

Si bien Dios hizo al hombre señor sobre la tierra, al mismo tiempo lo hizo mayordomo Suyo, pues fue una
orden divina que ineludiblemente debía ser cumplida. Si hay algo que se hace evidente en este plan especial
de Dios para con el h', es Su gran valor para con esta criatura. Y si no, sigamos leyendo este pasaje. Veremos
las bendiciones de Dios en el h'…

3. ¿A la imagen de quién creó Dios al hombre (27)? Piense en la imagen original del
hombre (Ef 4:24, 1Jn 4:7,8; 1P 1:15,16). ¿De qué formó Dios al hombre (2:7)? Aquí
piense sobre el origen de la vida del hombre y su virtud de poseer alma.

Primera bendición: Tener la imagen de Dios. Para que Dios haga del h' señor sobre todas las cosas, debía
hacerlo con una característica especial. Ya el v. 26 lo decía: “Hagamos al hombre a nuestra imagen,
conforme a nuestra semejanza; y señoree … (v. 26)”. Y así lo hizo: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a
imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (v. 27)”
¿Qué significa crear al h' con la imagen de Dios? La imagen de Dios en el h’ no tiene que ver con el aspecto
físico, pues Dios es espíritu (Jn 4.24), sino con su parte inmaterial; con su interior. ¿En qué cosas el h´es
semejante a Dios?

i) En santidad: El h' innatamente quiere vivir en santidad y justicia. Si peca, su consciencia -como
tribunal interior- le indica su culpa y vergüenza. Asimismo, al ver la injusticia, se indigna de ella. “...
Vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Ef. 4.24)”;

ii) En amor: El h' tiene capacidad de amar, como así también busca ser amado por otros. Cuando el h'
siente amor de otros, es feliz. Lo mismo sucede cuando ama a otros y quiere sacrificarse por ellas.
“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de
Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor (1 Jn 4:7, 8)”.

iii) En racionalidad: el hombre fue creado como un ser racional con voluntad propia – en otras
palabras, el hombre puede razonar y elegir. Este es el reflejo de la inteligencia y la libertad de Dios.
En cualquier momento alguien inventa una máquina, escribe un libro, pinta un paisaje, disfruta una
sinfonía, calcula una suma, o nombra a una mascota, él o ella están proclamando el hecho de que
fueron hechos a la imagen de Dios.

Al crear Dios al h' a Su imagen, lo que quiso era hacerlo su representante en la tierra. Esto no lo vemos en
otra creación hecha por el Todopoderoso. Sólo lo vemos en el h'. Ahora sí podía dicha criatura cumplir su
función de forma idónea.

Segunda bendición: Aliento de vida: Para que Dios haga al h' a Su imagen, debía hacer algo en él:
“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el
hombre un ser viviente (2.7)”.

Si bien podría decirse que la palabra vida refiera a la que normalmente conocemos todos como tal, porque
Dios es su origen (Jn. 1.4), cabría preguntarnos si Dios sopló aliento de vida en los demás animales para que
vivieran. Según Génesis, los animales ya vivían. El soplo de aliento de vida de Dios únicamente fue hecho en
el h'. Esto sugiere que esta vida no es la que normalmente conocemos, sino la que permitiría una relación
intima con el Creador. Dios sopló en el h' un espíritu. Y lo hizo a fin de que pudiera sentir la presencia de
Dios, quien es espíritu (Jn. 4.24); a fin de que pudiera comunicarse con su Creador; a fin de que sea un ser
viviente espiritual. Por tanto, y a diferencia de los animales, el h' únicamente podrá sentirse completo al tener
intima relación con Dios.
Hasta ahora vimos las bendiciones interiores. Veremos ahora las bendiciones exteriores...

4. ¿Cómo bendijo Dios al hombre (1:28-30)? ¿Qué hizo Dios para el hombre (2:8-14)?
¿Qué mandamiento le dio Dios al hombre (2:16,17)? ¿Qué orden espiritual existe
entre Dios y el hombre? ¿Por qué Dios le dio esta orden?

Tercera bendición: Reproducción y multiplicación. El v. 28a dice “Y los bendijo Dios, y les dijo:
Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…” El h' puede reproducirse y multiplicarse con la ayuda y
protección de Dios. Nosotros los cristianos podríamos interpretarlo en el sentido de evangelizar a fin de
reproducir y multiplicar hijos espirituales en esta tierra (Lc. 5.10). Debemos expandir el reino de Dios en esta
tierra mediante la evangelización (Hch. 1.8; Mt 28.18,19)

Cuarta bendición. Dominio: El v. 28b dice: “…y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves
de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. El plan de Dios para con el h’ en el v. 26
se hizo realidad al darle dominio sobre todo lo creado.

Quinta bendición: Alimentación. Gn 1.29 dice: “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da
semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer” .
El h' gozaba de la bendición de tener alimentación abundante y variada. Esto no quita que el h' deba trabajar.
Veremos más adelante porqué.

Todas estas bendiciones aún subsisten el día de hoy, pero perdieron casi todo su esplendor. Ahora veremos
otras bendiciones...

Sexta bendición: Ambiente perfecto: Leamos Gn. 2. 8: “Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al
oriente; y puso allí al hombre que había formado”. Edén signfica 'deleite'. Como su nombre lo describe,
tenía todas las comodidades deseables que nunca en esta tierra podrá repetirse. Lo dice el v. 9 a “Y Jehová
Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en
medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Y salía de Edén un río para regar el huerto, y
de allí se repartía en cuatro brazos. El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de
Havila, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. El nombre del
segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus. Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste
es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates”.

Es innegable que haya belleza en el mundo. Hay lugares maravillosos, donde la exuberancia de la vegetación
crece con toda libertad en enorme variedad de frutos que se combinan con enormes cascadas de agua que al
descender forman ríos caudalosos, mientras aves y animales salvajes se pasean libremente. Sin embargo, y
aunque sea difícil imaginarlo, nada podría compararse con ese huerto deleitoso.

En este huerto no solo contenía abundante y variada vegetación. Allí se encontraba el árbol de la vida y el
árbol de la ciencia del bien y del mal -despúes desarrollaremos esto-. De allí se repartían cuatro ríos
majestuosos. Pero sigamos imaginando si podemos: Allí no había delincuencia. El h' vivía pacíficamente con
las bestias. Y lo mejor de todo, la presencia de Dios se encontraba allí a fin de relacionarse con su criatura.
Por tanto, no había tristeza. Realmente era un lugar de deleite. Podemos concluir que el huerto de Edén era
realmente hermoso, hecho por el mismo Creador, y para el h'.

¿Dónde se encuentra hoy? El río de Gihón sería el actual Río Nilo. El río Hidekel sería el actual río Tigris. Sin
embargo no se sabe la ubicación del huerto de Edén.

Séptima bendición: Libertad sin límites: La libertad fue una gran bendición para el h’. Y la podemos
empezar a notar en Gn. 2.16a cuando dice: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del
huerto podrás comer…” En este v. podemos ver que Dios no le exigió al h’ comer un menú preestablecido,
sino que le dio libertad de poder comer de todo lo que éste quisiese. Sin embargo, con solo esto, la libertad del
h’ no podría considerarse ilimitada. Para ello debía suceder lo siguiente: “mas del árbol de la ciencia del bien
y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás (v. 17)”. Este v. enseña muchas
cosas:
i) El árbol de la ciencia del bien y del mal no tenía nada especial. La razón por la cual el h’ no debía
comer de él era porque Dios lo había prohibido: “…no comeras”. Como dice M. H., “¿Qué es bueno?
Bueno es no comer de este árbol. ¿Qué es malo? Malo es comer de este árbol”

ii) La frase “el día que de él comieres…” indica la libertad que dio Dios al h’ para obedecerle. A Dios
le agradó siempre que la obediencia a sus preceptos, voluntariamente lo sea.

iii) La violación del precepto divino llevaría al h’ a la muerte: “…ciertamente morirás”.

iv) Aunque parezca paradójico, la libertad del h’ para realmente ser ilimitada, debía tener un límite. El
h’, aunque fue creado a imagen de Dios, no tuvo nunca todos sus atributos. Siempre fue un ser débil.
Tal vez una vida de tanta abundancia y sin responsabilidades llevaría a la criatura a olvidarse de su
Creador. El h’, al ver el árbol de la ciencia del bien y del mal, se acordaría de su Dios. En este sentido,
el límite divino, más que buscar la muerte del h’, buscaba mantener la relación intima con su Hacedor.

Dios le dio esta orden, no como un consejo o exhortación que se puede cumplir o no, de una manera pasiva,
sino que si lo comiera, ciertamente morirás. Una manera absoluta. Si no tiene el hombre esta orden, el hombre
pierde la brújula de su vida y se hace como un barco naufrago. Si el hombre viola esta orden, pierde la
felicidad y pierde hasta todas sus bendiciones que ha recibido.

A diferencia de las demás, éstas últimas dos bendiciones dejaron de ser disfrutables para el h' natural. En la
Lectura 2 se verá su porqué.
Cabe preguntarnos, ¿Por qué hizo Dios esto en el h’? ¿Y para qué lo hizo?

5. ¿Cómo se sintió Dios después de haber creado todas las cosas, especialmente al
hombre (1:31)? Aquí piense en la escala de valores del hombre.

Pensemos en la totalidad de nuestras obras y veremos que en gran parte han sido muy malas. No fue así con
Dios. Si vemos los vs. anteriores (vs. 4, 10, 12, 18, 21, 25), nada había sido malo; todo lo creado por Dios era
“bueno” a sus ojos. Todo esto se intensifica en el v. 31, del cap. 1: "Y vio Dios todo lo que había hecho, y he
aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto”.

¿Qué lo motivó a Dios a considerar a su creación de esta manera? La creación de la h’ le llevó a considerar
que todo lo creado ya no era “bueno”, sino “bueno en gran manera”. En este pasaje vemos implícitamente el
motivo de la creación h’: Agradar a Dios.

En Is. 43.7, Dios dijo: “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los
hice”. Como dijimos al principio, Dios no necesita nuestra adoración para sentirse realizado. Él de por sí es
perfecto y autosuficiente. Sin embargo, él ha determinado que nosotros podamos adorarle; él ha determinado
que nuestra adoración pueda ser de su agrado.

La adoración a Dios es el sentido de la vida del h’. ¿Acaso Dios no dio señorío al h’? ¿No le concedió
hermosas bendiciones? Así es. Es innegable que tales bendiciones provocaban agrado en el h’, pero éste no
era su fin. El fin era que el h’ glorifique a su Creador por los incontables favores que inmerecidamente ha
recibido. ¿Quién de nosotros podría decir que todo lo que tiene es producto de su esfuerzo o talento? Aunque
muchos lo hagan, todo le pertenece a Él (Job 1.21). No hay razón para que el h’ no glorifique a Dios.

Y no solo el h’, sino toda la creación hecha por la voz del Todopoderoso. Salmos 148.3-5, dice: “Alabadle,
sol y luna; Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas. Alabadle, cielos de los cielos,Y las aguas que están
sobre los cielos. Alaben el nombre de Jehová; Porque él mandó, y fueron creados”.
Es más que evidente que el protagonista del mundo, no es el h’, sino Dios.

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