FACULTAD DE DERECHO
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO
Título del Informe Académico
Tipos de Criminalidad en Nuestro Ordenamiento Jurídico:
Convencionales y No Convencionales
AUTOR(ES):
Aspajo Pilco, Ruth Liseth ([Link] (TRABAJO
100 PORCIENTO)
Bautista Pérez Ivan ([Link] (TRABAJO 40
PORCIENTO)
Gonzales Guevara, Maryuri Abigail ([Link]
(TRABAJO 90 PARCIENTO)
Linares Tello, Jakelin ([Link] (TRABAJO 100
PORCIENTO)
Muñoz Salazar Yoiver ([Link] (TRABAJO
100 PORCIENTO)
Palomino Verastegui, José Alex ([Link]
5163) (TRABAJO 90 PORCIENTO)
Ticliahuanca Cachique, Jhunior ([Link]
(TRABAAJO 100 PORCIENTO)
Pintado López Esmilda ([Link] (TRABAJO
80 PORCIENTO)
ASESOR:
LÍNEA DE INVESTIGACIÓN:
Derecho público y privado
LÍNEA DE RESPONSABILIDAD SOCIAL UNIVERSITARIA:
Fortalecimiento de la democracia, liderazgo y ciudadanía.
Moyobamba - Perú
2024
1
ÍNDICE
I. INTRODUCCIÓN……………………………………………………………....3
II. DESARROLLO………………………………………………………………...5
1. LA CRIMINALIDAD………………………………………………………...….5
2. CRIMINALIDAD CONVENCIONAL………………………………………….5
2.1. CARACTERISTICAS DE LA CRIMINALIDAD
CONVENCIONAL……………………………………………………………...….5
2.2. Cometida Ordinariamente por el Pueblo, Especialmente los Más
Pobres………………………………………………………………………5
2.3. Es la Criminalidad que Siempre
Denunciamos………………………………………………………………
7
2.4. Aparece Establecida en los Códigos Penales y en las Leyes
Penales……………………………………………………………………..7
Aparece Tipificada y Descrita en Especies Específicas……………………
2.5. Los Delitos se Perciben Claramente sin Esfuerzo, Día a
Día………………………………………………………………………..…8
3. CRIMINALIDAD NO CONVENCIONAL………………………………….…8
3.1. Clasificación de los delitos no
convencionales…………………………………………………………....9
III. CONCLUSIONES…………………………………………………………….12
2
I. INTRODUCCIÓN.
En los últimos años, las actividades delictivas realizadas por organizaciones
criminales han aumentado considerablemente, lo que ha afectado
significativamente la democracia y la seguridad tanto a nivel nacional e
internacional. Este fenómeno ha causado violencia, pérdida de vidas,
vulneración de derechos fundamentales, consecuencias económicas, deterioro
de la calidad de vida, desestabilización social y ha limitado la capacidad del
Estado para proporcionar servicios adecuados y mantener el control sobre su
territorio.
El crimen organizado ha crecido rápidamente en el país, especialmente en
ciudades con alto desarrollo económico, lo que ha obligado al Estado a
implementar políticas sociales, legales y policiales para combatirlo. Estas
medidas se han centrado en la investigación y la promulgación de leyes que
permitan abordar esta problemática social y jurídica.
En el contexto global, la "Convención de las Naciones Unidas contra el Crimen
Organizado Transnacional" define a un "grupo criminal organizado" en su
artículo 2 como un conjunto de tres o más personas que no surgen de forma
aleatoria, que conservan su estructura a través del tiempo, y que operan de
manera coordinada con el fin de perpetrar delitos que exijan al menos cuatro
años de prisión, con la finalidad de obtener beneficios económicos o
materiales.
En el ámbito nacional, la Ley N.º 30077, conocida como la "Ley Contra el
Crimen Organizado", fue promulgada para establecer normas y procedimientos
para la investigación, el juicio y la sanción de los delitos cometidos por
organizaciones criminales. Esta ley busca enfrentar la delincuencia organizada
fortaleciendo la política criminal en cuanto al enjuiciamiento y castigo de estos
delitos, tanto a nivel nacional como internacional.
El propósito de promulgar esta ley fue disminuir el creciente problema de
inseguridad a nivel nacional y ciudadano, que ha experimentado un incremento
en los índices de delincuencia. La legislación se centra principalmente en
luchar contra el delito organizado, que se ha transformado en una seria
amenaza para la seguridad pública y nacional, y contempla agravantes, como
cuando el crimen es perpetrado por líderes o financieros de las organizaciones,
o cuando implica a funcionarios públicos, menores de edad, o cuando involucra
armas bélicas.
La justicia se establece como un elemento esencial en toda sociedad, siend el
fundamento en el que se construye la coexistencia pacífica y el crecimiento
3
equilibrado de los ciudadanos. En este contexto, el sistema legal se presenta
como una herramienta esencial para asegurar la implementación equitativa de
las leyes.
Para materializar este ideal, nuestro ordenamiento jurídico a través del derecho
penal, procesal penal y leyes afines abordan el delito desde diversas
perspectivas, reflejando la complejidad y variedad de conductas delictivas que
afectan a nuestra sociedad.
Es importante destacar que, a primera vista, criminalidad abarca todas las
infracciones, no solo los delitos graves como el robo y el asalto, que suelen
recibir mucha atención mediática, sino también la evasión de impuestos, el
tráfico y otras violaciones a nuestro ordenamiento jurídico.
La criminalidad convencional abarca conductas habituales en la sociedad,
vistas como cotidianas y a menudo reportadas. Estos actos están definidos en
las leyes penales y se clasifican en diversas categorías: la individual, impulsada
por intereses personales; la ordinaria, perpetrada por cualquier persona sin
importar su posición social; y la profesional, realizada por aquellos que hacen
del crimen su forma de vida.
La información disponible indica que la criminalidad tiene una variedad de
causas, algunas de las cuales son cruciales. Ya que este flagelo presenta
múltiples facetas que deben ser consideradas. Entre ellas, las condiciones de
vida específicas de los sujetos activos en el delito, a menudo motivados por las
condiciones de vulnerabilidad económica y falta de oportunidades.
Sin embargo, es fundamental aclarar que dentro de los motivos de la
criminalidad se encuentran inmersos aquellos individuos que por su modus
vivendi hacen de los hechos delictivos una forma de vida. Los delitos complejos
son aquellos como el sicariato organizacional, el tráfico ilícito de drogas, la trata
de personas y entre otros que por su complejidad son, necesariamente
consumados por un determinado grupo de personas, provocando una
pluralidad de agentes.
Hacemos referencia a un conjunto ordenado de tres o más personas, que
conserva una estabilidad a lo largo del tiempo y actúa de forma coordinada con
el propósito de perpetrar uno o más delitos serios, con el fin de conseguir, de
forma directa o indirecta, un beneficio económico u otro tipo de ventaja
material.
Dado que son actividades colectivas llevadas a cabo a través de estructuras
organizativas complejas, estas acciones se llevan a cabo mediante procesos
de planificación que les facilitan la creación de mercados y la oferta de bienes,
medios y servicios que están legalmente limitados, pero que poseen una gran
demanda social, ya sea activa o potencial.
La lucha contra estos delitos complejos requiere una respuesta integral y
coordinada entre diferentes agencias y niveles de gobierno, así como la
cooperación internacional. Es esencial fortalecer las capacidades de
investigación y judicialización, implementar políticas de prevención efectivas y
4
promover la colaboración entre el sector público y privado. Solo a través de un
enfoque multidimensional y colaborativo se podrá enfrentar de manera efectiva
la criminalidad organizada y reducir su impacto en la sociedad.
Además, es crucial reconocer que la criminalidad no solo afecta a las víctimas
directas de los delitos, sino que también tiene un impacto significativo en la
comunidad en general. La percepción de inseguridad puede erosionar la
confianza en las instituciones y en el tejido social, generando un ambiente de
miedo y desconfianza. Por ello, es fundamental que las políticas públicas no
solo se enfoquen en la represión del delito, sino también en la prevención y en
la rehabilitación de los infractores, promoviendo así una reintegración efectiva a
la sociedad.
En este sentido, la educación y la creación de oportunidades económicas
juegan un papel vital en la reducción de la criminalidad. Programas de
capacitación laboral, acceso a la educación y el fortalecimiento de las redes
comunitarias pueden ofrecer alternativas viables a aquellos que, de otro modo,
podrían verse tentados a participar en actividades delictivas. Solo a través de
un enfoque integral que aborde tanto las causas como las consecuencias de la
criminalidad, se podrá construir una sociedad más justa y segura para todos.
Este informe tiene como objetivo analizar los diferentes tipos de criminalidad
presentes en el país, proporcionando una visión integral de cómo abordan
legalmente, en especial aquellos catalogados como criminalidad organizada.
II. DESARROLLO.
1. LA CRIMINALIDAD.
El concepto de criminalidad en la doctrina peruana se amplía al incluir un
análisis multifacético de los factores y elementos que la constituyen. La
criminalidad, más que un simple recuento de delitos o acciones criminales, se
aborda desde una perspectiva que involucra el estudio del crimen, la
criminología, la delincuencia, el delito y las características del criminal.
Según Cesar San Martín Castro, la criminalidad no es solo un conjunto de
actos individuales que violan la ley penal, sino un fenómeno social que refleja
las condiciones económicas, culturales y políticas de una sociedad.
2. CRIMINALIDAD CONVENCIONAL.
En cuanto a los delitos convencionales nos referimos a los delitos comunes que
ocurren con frecuencia afectando la vida cotidiana de las personas. Estos delitos
incluyen, pero no se limitan a, robos, hurtos, asaltos, homicidios y extorsiones. En
nuestro país, la criminalidad convencional es un problema significativo que
impacta la seguridad ciudadana y la confianza en las instituciones.
Estos delitos suelen ser cometidos por individuos o pequeños grupos que buscan
beneficios económicos inmediatos y pueden variar en gravedad desde pequeños
hurtos hasta crímenes violentos. La criminalidad convencional es un indicador
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importante de la seguridad pública y requiere de políticas efectivas de prevención
y control para ser mitigada.
Como resultado de lo anterior, han surgido diversas teorías que buscan explicar
estas conductas, desafiando algunos paradigmas de la delincuencia convencional
que atribuían su origen a factores como la pobreza y la baja escolaridad. Estos
delitos no se explican por las mismas causas que la delincuencia común, sino que
están relacionados con el abuso de poder y la posición privilegiada de los
perpetradores. Este tipo de criminalidad requiere un enfoque diferente para su
comprensión y control, ya que involucra a personas con acceso a recursos y
conocimientos que les permiten evadir la justicia de manera más efectiva.
Sin embargo, a consideración de nuestro grupo afirmamos que si bien estos
factores pueden y, desde luego condicionan a las personas, lo cierto es que
depende de cada individuo decidir qué modo de vida elegir, por lo que bajo esta
presente óptica concluimos en este apartado de criminalidad convencional que los
factores externos siempre estarán presentes, que es deber del Estado y la
sociedad asegurar espacios con más oportunidades e igualdad y, la última
decisión siempre estará en nuestras manos.
Algunos de los delitos más incluyen el robo armado, donde los delincuentes
utilizan armas para intimidar a sus víctimas; el asalto, que a menudo implica
violencia física y ocurre frecuentemente en áreas urbanas; el hurto, que es el robo
de bienes sin el uso de la fuerza y es uno de los delitos más reportados
(LimaEasy, 2022).
La criminalidad convencional se refiere a los delitos que son fácilmente
perceptibles y reconocibles por la sociedad. Son aquellos crímenes de carácter
común, generalmente cometidos por individuos pertenecientes a sectores
populares, que tienden a ser denunciados con más frecuencia y están
claramente definidos en las leyes penales. La criminalidad convencional se
caracteriza por abarcar delitos como robos, hurtos, agresiones físicas, y otras
infracciones que afectan de manera directa a los ciudadanos y se encuentran
tipificadas en los códigos penales de cada país.
La criminalidad convencional es un concepto que abarca los delitos comunes
que afectan a la sociedad de manera directa y son tratados frecuentemente por
el sistema penal. Juristas peruanos, como Bramont-Arias, Hurtado Pozo y
César San Martín, han destacado la importancia de comprender esta forma de
criminalidad no solo como actos aislados, sino como el reflejo de condiciones
sociales, económicas y culturales que deben ser abordadas con un enfoque
integral que combine prevención, justicia y políticas de inclusión.
La definición de criminalidad convencional no es completamente pacífica, ya
que diversos expertos tienen enfoques diferentes sobre el concepto. Algunos
destacan que, en la delincuencia convencional o tradicional, existe una
relación concreta entre el delincuente y la víctima, lo cual no ocurre en la
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delincuencia no convencional, donde la víctima aparece de forma difusa y, en
algunos casos, podría considerarse que la sociedad misma es la víctima. Esto
contrasta con delitos como los delitos contra la Hacienda Pública o el
contrabando, que pueden generar la falsa percepción de que no hay una
víctima directa.
Por otro lado, hay quienes consideran que la delincuencia convencional
engloba los delitos que se cometen en una sociedad y que son considerados
como males sociales, pero al mismo tiempo son aceptados como una realidad
relativamente normal. Otros, más específicamente, definen esta criminalidad
como aquella llevada a cabo por el "pobre diablo", refiriéndose especialmente a
personas comunes, especialmente los marginados o excluidos de la
sociedad.
El jurista César Herrero describe la criminalidad convencional como "la
delincuencia que se lleva a cabo en todo tiempo y lugar, dentro de las
relaciones y situaciones sociales ordinarias, por parte de individuos que
pertenecen a la población en general, sobre todo aquellos más marginados y
excluidos". Señala que esta forma de criminalidad ha sido tradicionalmente
incluida en las leyes penales de las sociedades civilizadas, y siempre ha
sido registrada oficialmente por las instituciones encargadas del sistema
penal.
Sin embargo, Herrero también destaca que, con el tiempo, este tipo de
delincuencia ha incorporado técnicas más sofisticadas y elementos de
violencia que atraen la atención mediática, adaptándose a las nuevas
tecnologías propias de las sociedades postindustriales. Aunque,
generalmente, los delincuentes siguen utilizando instrumentos de baja
tecnología.
Según Herrero, los delitos que mayormente forman parte de la criminalidad
convencional son aquellos contra la propiedad, seguidos por los delitos
contra las personas.
3. CARACTERISTICAS DE LA CRIMINALIDAD CONVENCIONAL.
La criminalidad convencional tiene una serie de características que la
distinguen dentro del ámbito del derecho penal. A continuación, se desarrollan
las características clave de este concepto, que hacen de esta forma de
criminalidad una de las más comunes y reconocibles en la sociedad:
3.1. Cometida Ordinariamente por el Pueblo, Especialmente los
Más Pobres.
La criminalidad convencional es aquella que se comete, en su mayoría, por
parte de personas comunes, especialmente aquellos que pertenecen a
sectores económicamente desfavorecidos o marginados de la sociedad.
Este tipo de criminalidad no está asociada a individuos con poder político o
económico, sino que la mayoría de los infractores son ciudadanos de "a pie",
quienes a menudo se ven empujados a cometer estos delitos por condiciones
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socioeconómicas adversas. La falta de recursos y de acceso a oportunidades
laborales o educativas aumenta la probabilidad de que ciertas personas
recurran a estos delitos como una forma de sobrevivencia o por impulso.
3.2. Es la Criminalidad que Siempre Denunciamos.
Una característica fundamental de la criminalidad convencional es que es
comúnmente denunciada por la sociedad. La sociedad civil tiene una
reacción inmediata y generalizada ante los delitos convencionales, como
homicidios, robos, lesiones y estafas menores. Estos delitos son fácilmente
identificables y generan una respuesta rápida, tanto de las víctimas como de
los testigos, que suelen acudir a las autoridades para informar sobre ellos. Es
decir, la denuncia de estos delitos es habitual, y las autoridades policiales y
judiciales reciben constantemente reportes sobre ellos.
3.3. Aparece Establecida en los Códigos Penales y en las Leyes
Penales.
La criminalidad convencional está formalmente tipificada en los códigos
penales y las leyes de cada país. Los delitos convencionales, como el
hurto, el robo, la agresión física y la estafa, tienen una descripción clara
dentro del marco legal, lo que hace que su identificación y sanción sean
posibles de manera sistemática. Estos delitos son parte de las normativas
penales de todos los sistemas jurídicos, y las penas para quienes los cometen
están claramente establecidas en los códigos penales.
3.4. Aparece Tipificada y Descrita en Especies Específicas.
En el ámbito jurídico, la criminalidad convencional no es un concepto abstracto,
sino que se desglosa en especies específicas de delitos que son tipificados
dentro de la ley. Esto significa que el derecho penal ha clasificado diversos
delitos dentro de este tipo de criminalidad y los ha dotado de un marco
normativo que describe las conductas delictivas. Por ejemplo, el homicidio, el
robo con violencia, la estafa, la agresión física y otros delitos menores son
ejemplos típicos de la criminalidad convencional, y todos tienen un tipo penal
específico con una descripción detallada de la conducta delictiva, los elementos
y las penas asociadas.
3.5. Los Delitos se Perciben Claramente sin Esfuerzo, Día a Día.
Una característica que distingue a la criminalidad convencional es que los
delitos que la componen son fáciles de identificar por cualquier persona sin
necesidad de un gran esfuerzo. La sociedad está acostumbrada a estos
delitos y los percibe diariamente. Por ejemplo, los robos menores en la
calle, las agresiones físicas en el hogar o en la vía pública o las estafas
simples son incidentes que, debido a su frecuencia y visibilidad, se convierten
en parte del paisaje cotidiano. La percepción clara de estos crímenes hace
que la sociedad esté constantemente alerta a ellos y los reconozca como parte
de los riesgos comunes.
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4. CRIMINALIDAD NO CONVENCIONAL:
La criminalidad no convencional se refiere a los delitos cometidos por
grupos organizados o individuos que, generalmente, tienen un poder
económico, político y social considerable. Estos grupos suelen estar
involucrados en actividades criminales que van más allá de los delitos
comunes, y a menudo tienen ramificaciones nacionales e internacionales. A
diferencia de la criminalidad convencional, que es cometida principalmente
por individuos aislados o de bajos recursos, la criminalidad no convencional
está relacionada con organizaciones estructuradas, como los carteles de
drogas, mafias, corporaciones corruptas y grupos terroristas. Estos
actores criminales se benefician de redes que trascienden las fronteras
nacionales, lo que complica su persecución y control.
4.1. Clasificación de los delitos no convencionales .
La delincuencia no convencional incluye aquellos crímenes que, a pesar de
no conllevar violencia directa, generan un efecto considerable en diferentes
sectores de la sociedad. Estos crímenes suelen ocurrir en áreas particulares, tales
como el sector financiero, el medioambiental, el tecnológico y el administrativo. A
pesar de que frecuentemente pasan inadvertidos, sus impactos afectan de
manera negativa la economía, la salud pública y la confianza en las instituciones.
A continuación, se detallan los tipos de delitos no convencionales más relevantes
y sus particularidades.
Los crímenes económicos y financieros abarcan actividades ilícitas que
impactan en la estabilidad financiera de una nación. Algunos de estos
comportamientos son la estafa, la evasión de impuestos, la alteración de
documentos financieros y el blanqueo de capitales. Estos crímenes
generalmente son perpetrados por individuos con acceso privilegiado a
información o cargos de autoridad, lo que facilita que a menudo pasan
inadvertidos, aunque sus efectos pueden ser severos para la economía. Por
otro lado, los crímenes ambientales infringen las regulaciones de salvaguarda
del medio ambiente y el balance ecológico. Incorporan acciones como la
polución de cuerpos acuáticos, la caza ilícita, la tala ilegal de árboles y otras
acciones que amenazan la biodiversidad. Este tipo de crímenes no solo
provoca consecuencias inmediatas, sino que también provoca perjuicios a largo
plazo en los ecosistemas y perjudica la calidad de vida de las comunidades.
Los delitos cibernéticos o informáticos son cada vez más comunes en el
entorno digital. Aprovechan la tecnología y el anonimato en línea para realizar
actividades ilícitas, como el robo de datos personales, el fraude en internet y el
acceso no autorizado a sistemas. Una de las características de estos delitos es
que pueden llevarse a cabo desde cualquier lugar, lo que complica la
identificación y captura de los autores.
Los delitos contra la salud pública se relacionan con la producción y
distribución de productos peligrosos para la sociedad. Dentro de estos delitos
se encuentra la venta de medicamentos falsificados, alimentos en mal estado y
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otros productos que ponen en peligro la salud de los usuarios. Este tipo de
acciones no solo son perjudiciales para las personas, sino que también pueden
desencadenar problemas de salud de gran magnitud."
Los crímenes contra la salud pública están vinculados con la fabricación y
distribución de productos que representan un peligro para la comunidad. Entre
estos crímenes se incluyen la comercialización de fármacos falsificados,
alimentos deteriorados y otros productos que suponen un peligro para la salud
de los consumidores. Este tipo de comportamientos no solo resultan dañinos
para las personas, sino que también pueden provocar serios problemas de
salud.
Finalmente, los delitos contra la propiedad intelectual se refieren a la
apropiación o uso sin permiso de obras, invenciones o marcas registradas.
Entre ellos se encuentran el plagio, la piratería y la falsificación de productos.
Estos delitos afectan a los creadores y a la economía, ya que desmotivan la
inversión en innovación y creatividad, además de limitar el desarrollo cultural y
tecnológico de la sociedad.
4.2. Legislación Aplicable A Delito No Convencionales.
Los delitos no convencionales incluyen una variedad de conductas ilegales
que, a pesar de no caer dentro de las definiciones tradicionales de delitos,
tienen un impacto significativo en muchas facetas de la sociedad. Estos delitos
incluyen violaciones ambientales, económicas, de información, de salud pública
y de derechos humanos. Las leyes que se aplican a estos delitos son
esenciales para su prevención, detección y sanción; también reflejan el avance
de las dinámicas sociales y tecnológicas contemporáneas.
4.3. Delitos ambientales.
Se denominan delitos ambientales a las acciones que dañan el medio ambiente
natural, como la contaminación, la deforestación y el tráfico ilegal de vida
silvestre. Estas conductas no solo dañan la biodiversidad, sino que también
ponen en peligro la salud de la comunidad.
4.4. Ley aplicable.
Todos los países cumplen con las leyes nacionales de protección del medio
ambiente.
El Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París son dos instrumentos
internacionales que definen acuerdos globales para disminuir las emisiones de
gases de efecto invernadero.
La Convención Internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de
Fauna y Flora Silvestres (CITES): regula y penaliza el tráfico de plantas y
animales.
La eficacia de estas leyes es esencial para hacer frente a los delitos
ambientales, que a menudo son difíciles de identificar y requieren de la
cooperación internacional.
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Delitos económicos y financieros
Los crímenes económicos abarcan acciones como el blanqueo de capitales, la
corrupción y el fraude tributario. Estas acciones debilitan la fe en las
instituciones y podrían causar consecuencias desoladoras en la economía.
4.5. Ley aplicable
Las leyes de corrupción y lavado de dinero proporcionan un marco para
prevenir y castigar los delitos económicos, incluida la cooperación
estatal para la investigación y el enjuiciamiento.
Convención de la ONU contra Conductas Corruptas: Proporciona
acciones orientadas a la transparencia y la responsabilidad.
Recomendaciones del GAFI: Ofrecen directrices para poner en marcha
políticas que detengan el lavado de dinero y la financiación del
terrorismo.
La lucha contra los delitos económicos es esencial para preservar la integridad
del sistema financiero y promover un entorno empresarial justo.
4.6. Servicios de información y ciberseguridad
El auge de la tecnología ha provocado un aumento de los delitos relacionados
con la información, como el robo de datos, los ciberataques y los ataques a la
infraestructura crítica.
4.7. Ley aplicable
El Convenio de Budapest es un acuerdo internacional que establece un
marco jurídico para hacer frente a los delitos informáticos y fomenta la
cooperación internacional.
El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD): resguarda la
privacidad y los datos personales de los habitantes, a la vez que
establece penalizaciones por su mal uso.
La regulación de la ciberseguridad es esencial para proteger a las
personas y las organizaciones de las ciber amenazas y garantizar la
confianza en el uso de la tecnología.
4.8. Delitos Contra la Salud Pública
Los delitos que afectan la salud pública incluyen la comercialización de
productos farmacéuticos falsificados y la violación de normas sanitarias.
4.9. Ley aplicable
Normativas de Seguridad en los Alimentos: Regulan la calidad y
seguridad de los alimentos y productos de medicina, impidiendo
acciones que atenten contra la salud pública.
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Requisitos normativos de la OMS: Establecen directrices para la
seguridad sanitaria global, promoviendo los derechos de la salud
pública.
El respeto de estas normas es esencial para prevenir emergencias de la
salud y garantizar el derecho de la seguridad de los productos que
utilizan las personas.
4.10. Conceptos erróneos sobre los derechos humanos.
La tortura, la explotación laboral y el maltrato humano se encuentran entre los
delitos que violan los derechos fundamentales. Estas crisis son especialmente
preocupantes a escala mundial.
4.11. Derecho aplicable.
El Estado romaní establece los fundamentos para la judicialización de
crímenes internacionales, tales como el genocidio y los delitos
contra la humanidad.
El propósito del Protocolo de las Naciones Unidas en materia de tratamiento de
personas es evitar los maltratos y salvaguardar a las víctimas.
Conclusión
La criminalidad, en sus formas convencionales y no convencionales, representa
un desafío significativo para las sociedades contemporáneas. Su impacto
trasciende las fronteras de la seguridad pública, afectando la economía, la
salud, el medio ambiente, y la confianza en las instituciones, así como el tejido
social en general. Combatir este fenómeno exige un enfoque integral que
considere tanto las causas subyacentes como sus manifestaciones específicas.
En este sentido, es crucial fortalecer las capacidades legales, judiciales y de
investigación, promoviendo la cooperación internacional y el uso de tecnología
avanzada para la identificación y persecución de los delitos complejos. Sin
embargo, la represión por sí sola no es suficiente. La prevención, a través de la
educación, el acceso a oportunidades económicas, y la creación de entornos
más equitativos, es esencial para reducir las tasas de criminalidad y ofrecer
alternativas a quienes puedan verse atraídos por actividades delictivas.
El compromiso del Estado y de la sociedad civil es vital. El primero debe
garantizar un marco normativo y operativo que permita una justicia efectiva y
equitativa; el segundo debe ser un actor activo en la construcción de un
entorno social cohesionado y seguro. Solo mediante un esfuerzo colectivo y
coordinado, que aborde las dimensiones estructurales y personales del
fenómeno, será posible mitigar los efectos de la criminalidad y avanzar hacia
una sociedad más justa y segura.
III. CONCLUSIONES.
La delincuencia no convencional abarca una amplia gama de actividades
criminales que, a pesar de no implicar violencia directa, tienen un impacto
12
significativo en diversos aspectos de la sociedad. Estos delitos pueden ocurrir
en sectores específicos como el financiero, ambiental, tecnológico y
administrativo, y a menudo pasan desapercibidos, pero sus efectos negativos
se extienden a la economía, la salud pública y la confianza en las instituciones.
Los crímenes económicos y financieros incluyen actividades ilícitas como la
estafa, la evasión de impuestos y el blanqueo de capitales, cometidos por
individuos con acceso privilegiado a información. Estos delitos pueden tener
consecuencias graves para la estabilidad financiera de una nación. Por otro
lado, los crímenes ambientales implican violaciones a las regulaciones de
protección del medio ambiente, como la contaminación y la deforestación, con
impactos a largo plazo en los ecosistemas y la calidad de vida de las
comunidades.
Los delitos cibernéticos, cada vez más comunes, se aprovechan de la
tecnología para llevar a cabo actividades ilícitas como el robo de datos y el
fraude en línea, dificultando la identificación de los perpetradores. Los delitos
contra la salud pública involucran la comercialización de productos peligrosos,
poniendo en riesgo la salud de los consumidores y pudiendo desencadenar
problemas de salud a gran escala.
Los delitos contra la propiedad intelectual abarcan la apropiación indebida de
obras, invenciones o marcas registradas, afectando a los creadores y
desincentivando la innovación. La legislación aplicable a estos delitos es
fundamental para prevenir, detectar y sancionar estas conductas, reflejando los
avances en las dinámicas sociales y tecnológicas actuales.
Es esencial fortalecer las capacidades legales, judiciales e investigativas,
promoviendo la cooperación internacional y el uso de tecnología avanzada para
combatir la delincuencia en todas sus formas. La prevención, a través de la
educación y la creación de entornos equitativos, es clave para reducir las tasas
de criminalidad y ofrecer alternativas a quienes puedan verse tentados por
actividades ilícitas.
El compromiso tanto del Estado como de la sociedad civil es vital para construir
una justicia efectiva, un entorno social cohesionado y seguro. Solo mediante un
esfuerzo colectivo y coordinado, abordando las causas estructurales y
personales de la criminalidad, será posible mitigar sus efectos y avanzar hacia
una sociedad más justa y segura.
La delincuencia no convencional abarca una amplia gama de actividades
criminales que, a pesar de no implicar violencia directa, tienen un impacto
significativo en diversos aspectos de la sociedad. Estos delitos pueden ocurrir
en sectores específicos como el financiero, ambiental, tecnológico y
administrativo, y a menudo pasan desapercibidos, pero sus efectos negativos
se extienden a la economía, la salud pública y la confianza en las instituciones.
Los crímenes económicos y financieros incluyen actividades ilícitas como la
estafa, la evasión de impuestos y el blanqueo de capitales, cometidos por
individuos con acceso privilegiado a información. Estos delitos pueden tener
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consecuencias graves para la estabilidad financiera de una nación. Por otro
lado, los crímenes ambientales implican violaciones a las regulaciones de
protección del medio ambiente, como la contaminación y la deforestación, con
impactos a largo plazo en los ecosistemas y la calidad de vida de las
comunidades.
Los delitos cibernéticos, cada vez más comunes, se aprovechan de la
tecnología para llevar a cabo actividades ilícitas como el robo de datos y el
fraude en línea, dificultando la identificación de los perpetradores. Los delitos
contra la salud pública involucran la comercialización de productos peligrosos,
poniendo en riesgo la salud de los consumidores y pudiendo desencadenar
problemas de salud a gran escala.
Los delitos contra la propiedad intelectual abarcan la apropiación indebida de
obras, invenciones o marcas registradas, afectando a los creadores y
desincentivando la innovación. La legislación aplicable a estos delitos es
fundamental para prevenir, detectar y sancionar estas conductas, reflejando los
avances en las dinámicas sociales y tecnológicas actuales.
Es esencial fortalecer las capacidades legales, judiciales e investigativas,
promoviendo la cooperación internacional y el uso de tecnología avanzada para
combatir la delincuencia en todas sus formas. La prevención, a través de la
educación y la creación de entornos equitativos, es clave para reducir las tasas
de criminalidad y ofrecer alternativas a quienes puedan verse tentados por
actividades ilícitas.
El compromiso tanto del Estado como de la sociedad civil es vital para construir
una justicia efectiva, un entorno social cohesionado y seguro. Solo mediante un
esfuerzo colectivo y coordinado, abordando las causas estructurales y
personales de la criminalidad, será posible mitigar sus efectos y avanzar hacia
una sociedad más justa y segura.
La lucha contra la delincuencia no convencional exige un enfoque
multidimensional que involucre a múltiples actores. Las autoridades
gubernamentales deben fortalecer las leyes y políticas para combatir estos
delitos, así como invertir en investigación y tecnología para mejorar la
detección y persecución. Las instituciones financieras deben implementar
medidas para prevenir el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo.
La sociedad civil, incluyendo organizaciones no gubernamentales y empresas,
tiene un papel crucial en la promoción de la ética, la transparencia y la
responsabilidad social. La educación pública es fundamental para concienciar
sobre los riesgos y consecuencias de los delitos no convencionales, así como
para fomentar la denuncia de estas actividades.
La prevención es un elemento esencial en la lucha contra la delincuencia no
convencional. Esto implica abordar las causas subyacentes de estos delitos,
como la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades. La creación de
programas de desarrollo económico, la promoción de la educación y la
formación profesional, y la inversión en infraestructura social son medidas
cruciales para prevenir la delincuencia.
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La cooperación internacional es fundamental para combatir la delincuencia no
convencional, ya que muchos de estos delitos trascienden las fronteras
nacionales. Los países deben trabajar juntos para compartir información,
coordinar esfuerzos de investigación y persecución, y fortalecer los
mecanismos de cooperación judicial
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