Tema V. La crisis del Antiguo Régimen (1788-1833): Liberalismo frente al Absolutismo.
Etapas:
Reinado de Carlos IV, (1788-1808).
La Guerra de la Independencia, (1808-1814).
La Constitución de 1812.
El Sexenio Absolutista, (1814-1820).
El Trienio Liberal, (1820-1823).
La Década Ominosa, (1823-1833).
Introducción.
Los sucesos de la Revolución Francesa de 1789 condicionaron la evolución política y social
del continente europeo. Los principios del Liberalismo, ya ensayado con anterioridad en los
Estados Unidos tras su independencia, (1776), terminarían imponiéndose en toda Europa.
Napoleón Bonaparte sería el encargado de extender por el continente los cambios que
liquidarían paulatinamente el Antiguo Régimen.
Lo acaecido en Francia en 1789 afectó profundamente a España pues muchos eran los
vínculos que la unían al país vecino. Durante casi un siglo ambos reinos habían estrechado
lazos, los monarcas reinantes pertenecían a la misma familia, los Borbones, y sus intereses
políticos y económicos eran comunes, en especial frente a Gran Bretaña.
La invasión francesa en 1808, orquestada por Napoleón, desató una revolución en España,
que quedó plasmada en la proclamación de la Constitución de 1812. La labor de las Cortes
de Cádiz durante la Guerra de Independencia sentó las bases de un sistema liberal que ponía
en tela de juicio a la monarquía absoluta de Fernando VII, que en teoría pretendía defender.
1. El impacto de la Revolución Francesa.
Los sucesos acaecidos en Francia durante la Revolución, (1789), influyeron en el ánimo del
monarca español Carlos IV. Durante el reinado de su padre, Carlos III, se había gobernado
bajo los principios de la Ilustración, con el fin de sacar al país del atraso en el que se
encontraba. El reinado de Carlos III fue un ejemplo de Despotismo Ilustrado, “todo para el
pueblo, pero sin el pueblo”. Gracias a esa doctrina muchas de las ideas que animaron
después a los revolucionarios franceses llegaron a España. Pero tras la ejecución de su primo
el rey Luis XVI de Francia, (1793), Carlos IV decidió suprimir toda influencia ilustrada entre
sus ministros y depositó su confianza en su secretario de Estado, Manuel Godoy.
Otra decisión que adoptó fue declarar la guerra a Francia, pero las tropas españolas fueron
derrotadas. La Paz de Basilea, (1795), entre ambas naciones significó la subordinación de
España a Francia. Por otra parte, se produjo un entendimiento frente al enemigo común:
Gran Bretaña.
El tratado de San Ildefonso en 1796 entre Francia y España tuvo como consecuencia los
enfrentamientos marítimos contra la flota inglesa y la destrucción de la española, (derrotas
del Cabo de San Vicente, 1797, y Trafalgar, 1805).
Con Napoleón convertido en emperador, (1804), que parecía representar un retornó al
orden y la estabilidad del país vecino, y el peligro que representaba Gran Bretaña, Carlos IV
mantuvo su alianza con Francia. En 1805, la flota franco-española sufrió la derrota de
Trafalgar frente al almirante inglés Nelson. Esto trajo como consecuencia la interrupción del
comercio atlántico y la ruina económica. Al primer ministro Manuel Godoy no le quedó más
remedio que recurrir al endeudamiento del reino, aumentar las contribuciones o impuestos
y desamortizar o poner a la venta parte de las tierras que pertenecían a la Iglesia católica
para recuperar la Hacienda. Esto generó un gran descontento entre la nobleza y la Iglesia
por lo que afectaba a sus privilegios y también entre las clases populares por los impuestos
y la subida del precio de los alimentos.
2. La ocupación napoleónica.
En 1807 se firmó el tratado de Fontainebleau. En éste se acordaba el paso de tropas
francesas por España para invadir Portugal, aliado de Gran Bretaña. Se fijaba un reparto del
país vecino, del que Godoy recibiría un principado, (Algarve).
Los franceses fueron ocupando ciudades españolas hasta llegar a Madrid y las autoridades
españolas permitieron su presencia.
En el mismo año se abortó la Conspiración del Escorial. El príncipe Fernando pretendía
hacerse con el poder, pero al ser descubierto pidió perdón a los reyes.
En marzo de 1808 se produjo el Motín de Aranjuez, protagonizado por el pueblo e
impulsado por nobles y eclesiásticos, que exigió la destitución de Godoy y la renuncia de
Carlos IV al trono. De este modo el príncipe Fernando fue proclamado rey.
Carlos pidió ayuda a Napoleón. El emperador invitó a padre e hijo a Bayona, (Francia), para
mediar en la disputa. Allí les hizo abdicar de la corona y nombró rey de España a su hermano
José.
Napoleón propuso un texto constitucional de corte liberal para el gobierno del país,
(Estatuto de Bayona), que abolía privilegios y reconocía la igualdad ante la ley. Algunos
españoles, los afrancesados, se posicionaron a favor de José I.
3. Revuelta popular y creación de juntas.
La sospecha de que se estaba ante una invasión extranjera y de que Napoleón había
secuestrado a los reyes provocó motines en algunas ciudades.
El 2 de mayo de 1808 se produjo un levantamiento popular en Madrid, encabezado por los
capitanes Daoiz y Velarde, que fue duramente reprimido por el general francés Murat al día
siguiente. Constancia de tales sucesos quedó en las pinturas de Francisco de Goya.
Inmediatamente surgieron juntas de patriotas por toda la nación, dispuestos a defender la
monarquía del invasor francés. El clero llevó a cabo un importante papel movilizador en
defensa del absolutismo y la religión católica.
Se constituyó una Junta Suprema Central que reconoció como rey a Fernando VII y declaró
la guerra a Francia.
4. El desarrollo de la guerra.
El 4 de junio, una columna del ejército francés sufrió una emboscada en el desfiladero de El
Bruch, (Barcelona). A lo largo del mes se produjeron más enfrentamientos en Cataluña. El
19 de julio el general Castaños, encabezando unas tropas inexpertas, derrotó en Bailén al
ejército francés, invencible hasta ese instante, (1808). José I abandonó Madrid.
Esta circunstancia obligó a Napoleón a trasladarse a la Península y ocuparse personalmente
del reino. En pocas semanas ocupó Aragón, Cataluña y Madrid, encontrando una gran
resistencia en ciudades como Gerona y Zaragoza.
La Junta Suprema Central tuvo que retirarse de Aranjuez a Sevilla y después a Cádiz, única
ciudad no conquistada que resistió al asedio francés. En 1810 se inauguraron las Cortes en
esa ciudad.
El poder de Francia quedó afianzado, Napoleón cedió el gobierno de nuevo a su hermano y
regresó a Francia, pero entonces surgió una nueva forma de hacer la guerra: la guerrilla.
Grupos reducidos de españoles, dirigidos por militares, clérigos y campesinos, gente que
conocía el terreno y se confundía con el pueblo, empezó a hostigar al ejército enemigo sin
previo aviso y retirándose de inmediato, sembrando la confusión y el terror, convirtiéndose
en una auténtica pesadilla para los franceses. Algunos de ellos fueron El Empecinado, Espoz
y Mina o El Cura Merino.
Por otra parte, los patriotas recibieron una inesperada ayuda. Gran Bretaña se puso de su
lado y envió al general Wellington a España con un ejército para luchar contra los franceses.
Napoleón, que había iniciado la invasión de Rusia, se vio desbordado por los
acontecimientos. En julio de 1812 el general Wellington venció a los franceses en Arapiles
(Salamanca). Ante el avance y las victorias del ejército anglo-español, José I se vio obligado
a huir.
Napoleón tuvo que reconocer la derrota, retirar sus tropas de España y liberar a los reyes
tras firmar el tratado de Valençay en 1813.
5. La Constitución de 1812.
Cuando la Junta Central Suprema puso en marcha la reunión de Cortes en Cádiz la mayoría
de los diputados no pudieron presentarse y fueron reemplazados por personas presentes
en la ciudad, muchas de las cuales eran de ideología liberal. Por tal razón, las Cortes no se
reunieron por estamentos como era tradicional hacerlo. Desde el primer momento los
liberales tuvieron el protagonismo y aprobaron que las Cortes eran depositarias de la
soberanía nacional, es decir, que ejercían el poder en representación de los ciudadanos que
formaban la nación arrebatando este privilegio al rey.
Durante tres años las Cortes desarrollaron una intensa labor legislativa que estableció un
nuevo sistema liberal que acababa con el Antiguo Régimen. Ese esfuerzo quedó plasmado
en la proclamación de la Constitución de 1812, (La Pepa, 19 de marzo, día de San José).
En sus artículos se definían los derechos del ciudadano, las libertades, la igualdad jurídica y
fiscal, el reparto proporcional de los impuestos, el sufragio universal masculino para
mayores de 25 años, la inviolabilidad del domicilio, la prohibición de la tortura, etc. Se
estableció la división de poderes, dando el legislativo a las Cortes, el ejecutivo al monarca,
y el judicial a los tribunales. Se garantizaba un Estado de Derecho. Se abolió la Inquisición.
La Constitución reconoció además la confesionalidad del Estado, (católico), la enseñanza
obligatoria, la libertad de imprenta y la creación de un ejército nacional y un servicio militar
obligatorio. Y se creó una Milicia Nacional de ciudadanos armados para defender los
preceptos liberales.
El estado se organizó territorialmente en provincias y municipios gobernados por
diputaciones y ayuntamientos elegidos democráticamente.
Del mismo modo se abolió el régimen señorial y, aunque se permitió a los nobles conservar
sus tierras, se inició una tímida reforma agraria expropiando bienes a la Iglesia o repartiendo
tierras comunales.
También se introdujeron medidas para liberalizar el comercio como suprimir los gremios y
las aduanas. Se suprimió la Mesta.
Por todo ello, puede considerarse revolucionaria la labor de las Cortes de Cádiz.
Naturalmente, todas estas reformas contaron con la oposición de los sectores absolutistas
partidarios del Antiguo Régimen, (realistas o apostólicos).
La Constitución de 1812 tuvo una gran influencia en la América Hispana y algunos países
europeos.
6. La restauración del absolutismo. El Sexenio Absolutista (1814-1820).
En 1814 Fernando VII regresó a España. Declaró nula la Constitución, inició la persecución
de liberales y afrancesados, y restableció el Antiguo Régimen. Recibió el apoyo de los
absolutistas que defendieron sus intereses en el documento llamado Manifiesto de los
Persas.
El país se hallaba arruinado, (destrucción de la agricultura, la ganadería, las manufacturas y
el comercio; aumento de la mortalidad y descenso de la natalidad, etc.). Sin embargo, el rey
rehusó emprender reformas y no se tomaron las medidas necesarias para reconstruirlo,
para sanear la Hacienda o para hacer frente a la deuda.
Además, la emancipación de las colonias interrumpió el flujo monetario que llegaba de
América y exigió recursos extraordinarios para la guerra colonial, (1816-1824).
Algunos ministros plantearon la necesidad de que los privilegiados contribuyesen al fisco,
pero el rey no lo aceptó.
El descontento entre la población fue aumentando. Los campesinos se negaban a pagar las
rentas señoriales y el diezmo, (impuesto a la Iglesia), que habían sido abolidos durante la
guerra. Quienes habían comprado tierras de las desamortizaciones temían perderlas. Los
que habían creado negocios al margen de los gremios no se resignaban a perder los
derechos conseguidos y clamaban por el libre mercado.
Todo ello favorecía la reivindicación liberal, que se manifestó en la aparición de sociedades
secretas, (masonería), y pronunciamientos militares. Algunos miembros del ejército
comenzaron a alzarse en armas contra el absolutismo en defensa de la Constitución. Como
respuesta la monarquía respondió con una fuerte represión.
7. La emancipación de las colonias americanas.
El ejemplo de EEUU y las ideas de la Revolución Francesa influyó en el ánimo de los criollos,
(descendientes de españoles). El vacío de poder producido durante la guerra contra
Napoleón motivó la aparición de juntas de patriotas que no reconocieron la autoridad de
José I. El descontentó creció cuando advirtieron que las reformas de la Constitución de 1812
no llegaban a América. Durante la guerra surgió el movimiento emancipador en México,
(cura Hidalgo). Tras la derrota de Napoleón, el retorno del absolutismo no fue bien recibido
en las colonias. Los americanos se enfrentaron con las autoridades españolas y la guerra
colonial se extendió por todo el continente (1816). José de San Martín en Argentina, Simón
Bolívar en Colombia y Venezuela, José de Sucre en Perú lucharon por la independencia y la
constitución de nuevas repúblicas. En 1825 España había perdido todas sus colonias
excepto Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
8. El Trienio Liberal (1820-1823).
En 1820 triunfó un pronunciamiento protagonizado por el coronel Riego, con un regimiento
acantonado en Cabezas de San Juan, (Sevilla), que iba a combatir en las colonias
americanas. La rápida acción de los liberales en las ciudades a favor del alzamiento militar
obligó a Fernando VII a jurar la Constitución de 1812. Se formó un nuevo gobierno y se
decretó una amnistía que permitió el regreso de liberales y afrancesados.
Las nuevas cortes iniciaron una importante obra reformista. Se abolió el Antiguo Régimen.
Se suprimieron los señoríos, los mayorazgos y el feudalismo en el campo. Se suprimieron
conventos, se secularizó a los frailes y se desamortizaron las tierras del clero para ser
vendidas. El propósito era conseguir recursos para la hacienda pública y potenciar la
producción agraria. Se reformó el sistema fiscal y se disminuyó el diezmo que cobraba la
Iglesia. Se eliminaron los gremios y se aprobó la libertad en la industria y la circulación de
las mercancías.
Para mantener el orden público y defender el régimen se instauró la Milicia Nacional.
También se dividió el reino en provincias y se organizaron los ayuntamientos y diputaciones
de forma democrática.
Fernando VII aceptó, obligado, la Constitución. Pero, como rey constitucional con derecho
al veto, paralizó las leyes que pudo y entorpeció la labor del Gobierno. Además, conspiró
contra éste.
Surgieron otros problemas. Al cambiar el sistema económico, se produjeron nuevas
situaciones. Los señores perdieron sus derechos y privilegios, pero se convirtieron en
propietarios y de este modo pudieron cambiar los tratos o acuerdos que mantenían con los
campesinos. Éstos se convirtieron en arrendatarios y jornaleros que podían ser expulsados
de las tierras si no pagaban las rentas, pago que debía hacerse en metálico. Las nuevas
contribuciones estatales agravaron la situación. Los trabajadores se encontraban
indefensos ante las nuevas relaciones capitalistas.
Ese descontento entre las clases populares fue aprovechado por la nobleza y clero para
responsabilizar al sistema liberal de los problemas existentes y vincular su solución al
retorno del orden tradicional. En ese contexto se produjeron revueltas realistas,
(absolutistas).
Los liberales se dividieron en moderados, (doceañistas), y exaltados, (veinteañistas). Los
primeros buscaban un entendimiento con el rey y los privilegiados para evitar conflictos.
Los segundos eran partidarios de hacer más reformas.
Fernando VII pidió ayuda a las monarquías absolutas de Europa para acabar con el sistema
liberal. En 1823, la Santa Alianza envió a los Cien Mil Hijos de San Luis, un ejército francés
al mando del duque de Angulema, que rescató al rey de su prisión en Cádiz y le ayudó a
instaurar de nuevo el absolutismo. La resistencia liberal fue escasa y el pueblo no se opuso
a la intervención militar. Riego fue condenado a muerte.
9. La Década Ominosa, (1823-1833).
Fernando anuló toda la labor legislativa del Trienio y regresó al absolutismo. Inició
inmediatamente la persecución de los liberales e implantó un régimen de terror. Muchos
liberales huyeron al exilio y se refugiaron en Francia o Gran Bretaña. Otros conspiraron para
acabar con el régimen. En 1831 el general Torrijos intentó desembarcar en Fuengirola,
Málaga, para organizar una insurrección, pero fue detenido y fusilado junto a sus
seguidores. Previamente, el mismo año, había sido ejecutada Mariana Pineda en Granada
por bordar una bandera liberal.
Los problemas económicos condujeron al país a la crisis definitiva. Acuciado por la situación
el rey buscó el apoyo del sector más moderado de la burguesía y también el modo de
recaudar más impuesto para sanear la Hacienda, haciendo pagar a los privilegiados. Esto
despertó el recelo de los sectores más absolutistas, que llegaron a sospechar que el rey se
entendía con los liberales, y empezaron a valorar la posibilidad de que su hermano Carlos
María Isidro, ferviente defensor del Antiguo Régimen, se convirtiese en rey.
El nacimiento de Isabel, hija de Fernando VII, provocó un conflicto dinástico. Una
interpretación sesgada de la ley Sálica impedía acceder al trono a las mujeres. Para que su
hija se convirtiese en reina el rey firmó la Pragmática Sanción.
Los sectores más reaccionarios se opusieron a la decisión y reclamaron la corona para Carlos
María Isidro. Una vez que murió Fernando VII, los carlistas se alzaron en armas contra la
reina María Cristina, que ejercía la regencia por la minoría de edad de Isabel. A la regente
no le quedó más remedio que buscar la alianza con los liberales, que serían llamados
cristinos o isabelinos, para defender el derecho de su hija a reinar.
Conclusión.
La invasión napoleónica y la Guerra de Independencia propiciaron la ocasión para que se
iniciara en España un proceso de transformación de las viejas estructuras feudales y, de este
modo, la modernización del país.
El reinado de Fernando VII fue una pugna entre aquellos que querían mantener el antiguo
orden absolutista y los que aspiraban a un nuevo orden liberal.