Reforma y Modernización en el Porfiriato
Reforma y Modernización en el Porfiriato
Unidad de Competencia
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Profe. Marcelo Santiago Maldonado
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La Reforma Liberal
A mediados del siglo XIX, México no había logrado consolidar su Estado Nación. Eran
tareas pendientes la reactivación económica, la reorganización administrativa y
financiera, así como la estabilidad política. La última presidencia de Santa Anna,
centralista y autoritaria, agudizó la confrontación de los proyectos de Nación que
defendían dos grupos políticos antagónicos: los liberales y los conservadores. Tras el
triunfo de la Revolución de Ayutla, cuyo plan contenía ideas generales en torno al
liberalismo como la construcción de la Nación bajo la forma de República representativa
popular, se promulgaron leyes que conformaron lo que se conoce como la Reforma
Liberal. Esta se desarrolló en una situación de pugnas políticas y de enfrentamientos
armados entre liberales y conservadores debido a que estos grupos tenían ideas
diferentes sobre la construcción y el progreso del país. Los liberales se preocuparon
por impulsar cambios que permitieran la integración nacional en todos sus aspectos y
que sentaran las bases para la formación del capitalismo, tal era el propósito de la “Ley
Juárez”, la “Ley Lerdo”, la nueva Constitución de 1857 y las “Leyes de Reforma de
1859”. Los conservadores también se planteaban la modernización del país, aunque
poniendo énfasis en el fomento de la economía por parte del Estado sin afectar
significativamente los intereses económicos y sociales de las corporaciones
tradicionales como la Iglesia y los militares. Ambos grupos políticos, en su práctica
política, económica y social, aplicaron sus preceptos adecuándolos a las situaciones
coyunturales del país.
Con este objeto de aprendizaje podrás estudiar el proceso de Reforma a través de los
siguientes subtemas:
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La revolución de Ayutla
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Los liberales desterrados por Santa Anna, como Benito Juárez, Melchor Ocampo,
Guillermo Prieto y otros que residían en Nueva Orleáns y Brownsville, se adhirieron al
Plan; Ignacio Comonfort logró atraer a los liberales moderados, y Juan Álvarez fue
nombrando General en jefe del Ejército Restaurador de la Libertad.
Liberales y conservadores
Para que entiendas la importancia de la Revolución de Ayutla, toma en cuenta que surge
y se desarrolla en el contexto de la lucha por la hegemonía entre dos proyectos de nación
distintos representados por los liberales y los conservadores. A través del siguiente cuadro
podrás conocer dichos proyectos:
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Santa Anna envió diferentes divisiones militares con el propósito de tomar Acapulco, Costa
Chica y Tierra Caliente, pero no lo logró. Las ideas de la revolución de Ayutla se
expandieron a otras regiones del país. Comonfort partió de Acapulco y siguió el itinerario
de su campaña para dar el golpe final a la dictadura, pasó por Zihuatanejo, el Balsas,
Michoacán, Jalisco, Guanajuato, Querétaro y finalmente entró triunfante a la capital el 16
de septiembre de 1855; Santa Anna huyó de la ciudad de México el 17 de agosto.
La Reforma liberal
En octubre de 1855, una junta de representantes estatales eligió a Juan Álvarez como
presidente provisional, quien constituyó un gabinete de liberales puros.
Enseguida dio inicio la Reforma, con la promulgación de la ley que suprime los fueros militar
y eclesiástico conocida como “Ley Juárez”.
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El resultado fue una nueva Constitución, que fue firmada por los diputados del Congreso el
5 de febrero de 1857.
Poco después, Zuloaga, quien había promulgado el plan de Tacubaya, ocupó la capital y
fue nombrado presidente por una junta de representantes de los departamentos, mientras
que Juárez estableció su gobierno constitucional en Guanajuato. En el transcurso de la
Guerra de Reforma (1858-1860), Juárez dictó las llamadas “Leyes de Reforma”, en
Veracruz en 1859.
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En el fichero que aparece a continuación encontrarás una síntesis de las leyes reformistas.
Ley Juárez
Supresión de los fueros militar y eclesiástico para los individuos de estas
corporaciones que sean juzgados por delitos del orden civil, lo que
permitiría la igualdad civil ante la ley.
Ley Lerdo
Desamortización de fincas rústicas y urbanas propiedad de las
corporaciones civiles y religiosas.
Ley Iglesias
Prohibición del cobro de bautismos, amonestaciones, casamientos y
entierros a los pobres (considerados así a los que no ganaban más de lo
indispensable para vivir).
Constitución de 1857
Libertad de educación y de trabajo; inviolabilidad de la propiedad; no se
prohíbe el ejercicio de culto alguno; abolición de la pena de muerte; libertad
de expresión; igualdad ante la ley; soberanía popular; república
representativa, democrática y federal, etc.
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La Guerra de Reforma
Los acontecimientos del Plan de Tacubaya tuvieron como consecuencia la salida del
presidente Juárez de la capital y la ocupación de ésta por el conservador Félix María
Zuloaga. El 19 de enero de 1858, en Guanajuato, Juárez publicó un manifiesto en el que
declaró restablecido el gobierno constitucional de la República, iniciándose así la Guerra
de Reforma,
también conocida como
Guerra de los Tres Años,
ya que duró hasta el 1º
de enero de 1861. Por lo
que el país tuvo dos
presidentes: uno por los
conservadores y otro por
los liberales. Poco
después el gobierno de
Juárez se trasladó a
Guadalajara;
posteriormente se fue a Colima y desde allí se dirigió a Veracruz, pasando por Manzanillo
y Panamá.
Tanto los liberales como los conservadores buscaron apoyo para su causa en el extranjero.
Los primeros consideraron que el gobierno republicano de los E.U. podía apoyar su
proyecto, mientras que los segundos buscaron apoyo de los gobiernos monárquicos de
Europa.
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Triunfo de los liberales. El fracaso del sitio de Veracruz inclinó la balanza a favor de
los liberales. Jesús González Ortega entró a Guadalajara a principios de noviembre
de 1860, después de haberla sitiado. Enseguida se dirigió al Valle de México, y el 22
de diciembre en las inmediaciones de San Miguel Calpulalpan, Estado de México, tuvo
lugar la batalla en la que las tropas conservadoras dirigidas por Miramón fueron
totalmente derrotadas, lo que tuvo como consecuencia el fin de la Guerra de Reforma,
también conocida como Guerra de los Tres Años. El 1º de enero de 1861 el ejército
liberal entró triunfante a la ciudad de México; Juárez lo hizo junto con sus ministros el
11 de enero.
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Una vez que los liberales triunfaron en la Guerra de Reforma, se comenzó por la formación
del gobierno y la asamblea legislativa declaró presidente constitucional a Juárez en junio de
1861. En este contexto la reconstrucción económica fue prioritaria en dos aspectos:
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El erario carecía de recursos por tener que solventar los gastos del crecido ejército (25 mil
soldados), y a esto se aunaban la falta de un sistema hacendario y el pago de la deuda
externa. La venta de los bienes de la Iglesia nacionalizados y la reducción de los salarios
de los burócratas (2 mil empleados) tampoco contribuyeron suficientemente a la
reconstrucción. Ante la necesidad de disponer de recursos financieros, el Congreso decretó
el 17 de junio de 1861 la suspensión del pago de la deuda pública por dos años. Esta
medida provocó la fehaciente protesta de los representantes en México de los acreedores
internacionales y en consecuencia el Estado decidió reanudar el pago del mismo en
noviembre de 1861. La deuda más grande era con Inglaterra. Por ello, Inglaterra, Francia y
España -“la Alianza Tripartita”- se reunieron en la Convención de Londres el 31 de octubre
de 1861 para definir las medidas a tomar en México. En este lugar acordaron que actuarían
juntos para cobrar los adeudos (Inglaterra reclamaba 70 millones de pesos, Francia 27 y
España 10) sin invadir o intervenir directamente en México, además de controlar las
aduanas de Veracruz y Tampico para asegurar el cobro de las cantidades que se les
adeudaban. En diciembre de 1861 y en los primeros días de 1862 los tres aliados
desembarcaron en Veracruz, y enseguida sus representantes acordaron los Tratados
Preliminares de La Soledad (19 de febrero de 1862) en los que se comprometían, entre
otras cosas, a no atentar contra la independencia, soberanía e integridad del territorio
mexicano. Sin embargo, ante la reiteración del gobierno mexicano a su decisión de
reanudar el pago de la deuda, las fuerzas españolas liderados por el general juan Prim e
inglesas se reembarcaron a sus respectivos países, mientras que las fuerzas francesas al
mando del general Lorencez, siguiendo órdenes del emperador Napoleón III, avanzaron de
Córdoba a Orizaba en abril de 1862 iniciándose así el conflicto armado entre México y
Francia. Los franceses marcharon desde abril sobre el centro del país, pese a que el 5 de
mayo de 1862 en Puebla de los Ángeles se derrotó a uno de los ejércitos más equipados y
prestigiados de la época. Los franceses, reforzados con tropas al final del mismo año,
lograron tomar Puebla el 17 de mayo de 1863 y la capital mexicana el 10 de junio de 1863.
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Ante el conflicto entre México y los países acreedores europeos, los conservadores vieron
la oportunidad de reactivar su viejo proyecto de instaurar una monarquía en México con un
noble europeo, que ahora les permitiera recuperar el poder y eliminar las leyes reformistas
liberales.
Benito Juárez salió de la capital a fines de mayo de 1863 (un poco antes de que las fuerzas
francesas ocuparan esta ciudad), se estableció consecutivamente en las ciudades de San
Luis Potosí, Saltillo, Monterrey, Chihuahua y Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez). La
resistencia ante la invasión francesa era por la defensa del sistema republicano, la
Constitución de 1857 y las leyes de Reforma, así como la soberanía nacional. Las fuerzas
republicanas estaban conformadas por los ejércitos regionales; además las guerrillas
jugaron un papel importante al hostilizar constantemente a las fuerzas enemigas.
En 1863 el mando invasor francés trató de organizar un nuevo Congreso, pero debido a la
posición pública formaron nuevos órganos gobierno: la asamblea de notables y la Regencia
integrado por los conservadores Juan Nepomuceno Almonte, José Mariana de Salas y el
arzobispo de Puebla, Pelagio Antonio de Labastida. La Regencia preparó el camino para
establecer un imperio. Napoleón III y los comisionados mexicanos propusieron como
candidato para ocupar la monarquía mexicana al archiduque Fernando Maximiliano de
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Habsburgo. Así Francia veía la posibilidad de entablar mejores relaciones con Austria y
Francisco José, hermano mayor de Maximiliano y emperador de Austria, aprobó la oferta
con tal que su hermano menor renunciara a los derechos de sucesión al trono austriaco.
Maximiliano declaró que solamente aceptaría el trono por invitación del pueblo mexicano,
asimismo la Regencia organizó elecciones con el resultado definido de antemano. En
octubre de 1863 envió una diputación a Miramar y el archiduque de Habsburgo aceptó el
“Trono de Moctezuma” el 10 de abril de 1864. En el Tratado de Miramar, firmado ese mismo
año por los representantes de Maximiliano y Napoleón III, se estableció el apoyo militar y la
inversión de capital francés en México. Maximiliano y su esposa Amalia Carlota de Bélgica
llegaron a la Ciudad de México en junio de 1864. El emperador pronto desilusionó a los
conservadores pues puso en práctica ideas progresistas liberales, por ejemplo, incorporó
en su gabinete a varios liberales moderados, se negó a anular las leyes de Reforma y rompió
relaciones con el representante del Papa. Desde su proclamación como emperador intentó
dotar al país de un Congreso y una nueva Constitución, pero solamente se elaboró el
Estatuto provisional del Imperio Mexicano en abril de 1865, que ratificaba en lo esencial los
principios de la Reforma, la separación entre Estado y la Iglesia, la nacionalización de los
bienes de ésta y la libertad de opinión y de cultos, en el marco de una monarquía católica
(Juan Brom: 1998). El imperio se basó únicamente en dos fuerzas: los ocupantes franceses
y los liberales moderados. Estos fundamentos indelebles, la resistencia del gobierno
juarista, las circunstancias desfavorables en Estados Unidos y Francia hicieron colapsar el
Segundo Imperio Mexicano entre los años 1865- 1867.
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Al mismo tiempo Francia se enfrentaba a Prusia, el Estado que buscaba lograr la unificación
alemana y en consecuencia retiró su ejército de tierras mexicanas.
Pugnan en este momento por el poder: los lerdistas, porfiristas y juaristas (todos ellos
liberales y los últimos en el gobierno) cada grupo trataba de imponer su programa.
Lerdistas. En la convocatoria para las elecciones emitida en agosto de 1867, Juárez incluyó
un plebiscito para reformar la Constitución con el fin de ampliar el poder del presidente, y
aunque su propuesta no prosperó le ocasionó fuertes críticas de porfiristas y lerdistas.
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La reelección de Juárez en 1871 provocó una división en el Partido Liberal, aunque las
verdaderas diferencias se ubican en el proyecto de desarrollo capitalista que defiende cada
corriente. Si bien Juárez y Lerdo representan un esquema que pretendía el crecimiento
capitalista del país sin una importante intervención extranjera, respetando las formas
federales del gobierno.
A diferencia, los adeptos a Díaz buscaban consolidar la paz social mediante la represión al
pueblo y la consolidación con los conservadores, en particular el clero, impulsando el
desarrollo con la apertura de México al capital extranjero y constituyendo un gobierno fuerte
y centralizado. (Ma. Eugenia Martínez Lira, 2008).
Durante los gobiernos de Juárez y Lerdo se inició con la instalación de líneas telegráficas y
se restauraron y abrieron caminos: en 1873 se inauguró el primer ferrocarril con trayecto
México-Veracruz. Sin embargo, la inversión extranjera para la construcción de ferrocarriles
y para el comercio fue muy reducida.
Fue durante el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1911) que se consolidó un Estado liberal-
2 Forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas que
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Los propósitos de ir en pos del progreso se combinaron con la situación del contexto
mundial que desde las últimas décadas del siglo XIX presentó una nueva configuración del
desarrollo del capitalismo -“el imperialismo capitalista” con base en procesos como la
Segunda Revolución Industrial, el predominio de los monopolios y el surgimiento de nuevas
potencias (como Estados Unidos y Alemania).
El imperialismo, y por lo tanto los países imperialistas como Inglaterra, Francia, Alemania y
Estados Unidos, presentó las siguientes características:
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Los países imperialistas implantaron una dominación política y económica hacia diversas
regiones del mundo; dan cuenta de este proceso: la ocupación francesa de Indochina en
1878 y la Conferencia de Berlín celebrada en 1885 para la repartición de África entre las
potencias europeas.
Estados Unidos impuso en América Latina una dominación sobre todo económica, por
ejemplo, en México; lo mismo sucedió en el Caribe, como fue el caso de Cuba en la que a
partir de 1898 ejerció la protección tutelar después de derrotar a España.
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Sin embargo, el crecimiento basado en el sector externo trajo consigo una creciente
vulnerabilidad de la economía en su conjunto en relación con las fluctuaciones externas,
sobre todo las de la economía de Estados Unidos del que se tuvo una dependencia cada
vez mayor.
Las continuas guerras, los conflictos políticos y las intervenciones extranjeras tuvieron una
decisiva repercusión en la economía del siglo XIX; el país estaba en quiebra y era inestable.
En estos tiempos, los conservadores y liberales coincidían en que la economía tradicional
estaba en ruinas y que la solución era modernizarla. La tarea era inmensa y los grupos de
intereses proponían diferentes proyectos económicos para lograr el cambio.
El proyecto económico liberal se impuso y a partir de 1857 hasta finales del siglo XIX se
implementaron una serie de cambios constitucionales que promovieron la liberalización y la
implementación del capitalismo.
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A mediados del siglo XIX la economía mexicana era predominantemente rural y prevalecían
condiciones que se identifican con el “Antiguo Régimen”: la población crecía poco, las
principales actividades eran agrícolas, desligadas de una economía monetaria y la
producción estaba condicionada por los factores y ritmos naturales -las estaciones, las
lluvias, la fuerza animal y humana-*
Ante este panorama los distintos gobiernos mexicanos intentaron cambiar la situación
económica de la nación. Después de la Revolución de Ayutla (1855) el proyecto liberal fue
ganando terreno en México y sus representantes empezaron a aplicar una serie de
reformas constitucionales para transformar las estructuras jurídicas, económicas y sociales
que hasta ese momento bloqueaban la implementación del capitalismo industrial de libre
competencia en México.
Los liberales se basaron en los principios del liberalismo económico. Esta doctrina o
ideología propone limitar la intervención del Estado en la vida económica y traza las bases
para el desarrollo del capitalismo.
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Estado:
Proyecto liberal Proyecto conservador
Propone que el papel del Estado se reduzca al impulso de proyectos Propone que el papel del Estado sea
gubernamentales con una interventor o participativo, no
mínima intervención en la economía. Se considera solamente para desarrollar y organizar
que el Estado no debe ser propietario de industrias, comercios o tierras a los distintos sectores económicos, sino también para
para facilitar la protegerlos
acumulación del capital en manos privadas. frente a la competencia internacional.
Campo:
Proyecto liberal Proyecto conservador
Propone la implementación de la propiedad privada de tierras, Propone que se introduzca en el campo maquinaria
inversión extranjera y producción para el mercado. Se propone lamoderna para activar la producción de cultivos ancestrales (maíz,
abolición de monopolios. Se propone estimular la inmigraciónfrijol, calabaza, etc.) así como nuevos cultivos como la vid, cañar
extranjera, tanto estadounidense como europea, para “civilizar” o de azúcar, arroz, morera y árboles útiles (olivos, duraznos,
“modernizar” el campo. chabacanos,
chirimoyos, granados, higueras y membrillos).
Industria:
Proyecto liberal Proyecto conservador
Propone inyectar capital nacional y especialmente
Propone el desarrollo de una industria nacional atrayendo a los
extranjero mediante
“hombres más distinguidos” con el objeto de fortalecer la fabricación de
concesiones. Así se aseguraría la innovación tecnológica, así
textiles, así como el desarrollo de los cultivos coloniales para el
como el aumento de la
mercado interno y la exportación.
productividad.
Comercio:
Proyecto liberal Proyecto conservador
Propone que, con el fomento de la industria nacional, México se
Propone desarrollar el libre mercado aboliendo barreras
colocará en la competencia en mercados internacionales. Los
proteccionistas como los impuestos aduanales, fomentar la
conservadores están a favor de prácticas proteccionistas como los
inversión de capital extranjero para aumentar la competencia con
aranceles o impuestos aduanales. Los conservadores
la industria nacional que estaría, por ende, obligada a fabricar
consideran que el Estado tiene que detener el contrabando en los
productos baratos y bien elaborados.
puertos para
resguardar áreas económicas y empleos.
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Transporte y Comunicaciones:
Proyecto liberal Proyecto conservador
Propone que las carreteras, el ferrocarril y la telegrafía se construyan Propone el desarrollo de los transportes y los medios de
idóneamente por concesiones a comunicación controlados por el Estado y con
empresas nacionales e internacionales. concesiones limitadas a empresas extranjeras.
Sistema Fiscal:
Proyecto liberal Proyecto conservador
Propone la reducción del sistema de impuestos para incentivar el Propone reducir los impuestos en ciertos sectores como la
crecimiento económico y la inversión nacional e internacional. industria y el campo para incentivar su desarrollo.
Reorganización del sistema hacendario. Reorganización del sistema hacendario.
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Al igual que los liberales, los conservadores consideraban que la modernización capitalista
era necesaria para asegurar la estabilidad y desarrollo de la nación, no obstante, diferían
en la manera de implementarla. Los conservadores estaban especialmente preocupados
por la necesidad de pacificar y estabilizar a México, y en materia económica consideraban
que el proyecto liberal arriesgaba la soberanía ante los Estados Unidos.
Con el objetivo de forjar una sociedad de mercado formada por individuos productores y
consumidores, así como para aumentar la productividad y romper el monopolio de la Iglesia
sobre la tierra, el ministro de Hacienda, Miguel Lerdo de Tejada expidió una ley –la Ley
Lerdo- que prohibía a las corporaciones civiles y eclesiásticas poseer o administrar bienes
raíces para su beneficio particular. El rompimiento del poder de la Iglesia sobre las tierras
se justificaba en términos del proceso de secularización; la separación del Estado y la
Iglesia y el monopolio económico que ejercitaba desde tiempos coloniales.
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Por otro lado, se consideraba que las comunidades indígenas eran un obstáculo para
construir una sociedad progresista, moderna y capitalista. La mayoría de los liberales
estaban convencidos de que el indígena era un ser inferior y que necesitaba orientación y
educación para que se apropiara de los principios capitalistas y valores burgueses
“superiores”. Desde esta perspectiva, la conversión de la tierra comunal en tierra privada
aseguraría que el propietario indígena se responsabilizara más de la producción y que
compitiera con los otros en el mercado; asimismo era necesario destruir la comunidad y
fraccionarla en propiedades.
La Ley Lerdo rompió el monopolio de la Iglesia mexicana, pero más que nada atacó la
propiedad comunal de los indígenas, prevaleciente en la zona centro y sur del territorio
nacional. No obstante, por falta de compradores, la venta de las nuevas propiedades
favoreció un proceso de concentración de riquezas: ricos comerciantes, terratenientes y
hacendados lograron despojar a miles de indígenas de sus tierras y concentrar grandes
extensiones de propiedades (tierras, aguas, etc.), generando así nuevos monopolios. En el
contexto de la Guerra de Reforma, se promulgó en 1859 la nacionalización de los bienes
de la Iglesia sin retribución. Fue una radicalización del proyecto liberal-capitalista; la
expropiación sin pago en realidad fue una violación directa del derecho de propiedad. Este
mismo hecho promovió nuevamente la concentración de las riquezas y poco reforzó la
formación de pequeños propietarios o clase media. Ley de nacionalización de los bienes
del clero regular y secular 1859 (fragmento)
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Art. 1. Entran en dominio de toda la nación todos los bienes que el clero secular y regular
ha estado administrando con diversos títulos, sea cual fuere la clase de predios, derechos
y acciones en que consistan, el nombre y la aplicación que haya tenido.
Art. 2. Una ley especial determinará la manera y forma de hacer ingresar al tesoro de la
nación todos los bienes de que trate el artículo anterior.
Art. 5. Se suprimen en toda la República las órdenes de los religiosos regulares que existen,
cualquiera que sea la denominación o advocación con que se hayan erigido, así como
también todas las archicofradías, congregaciones o hermandades anexas a las
comunidades religiosas, a las catedrales, parroquias o cualesquiera otras iglesias.
Una de las primeras acciones para la liberalización fue la “Ley de Deslinde y Colonización de
Terrenos Baldíos”, promulgada el 15 de diciembre de 1883. Esta ley fue una extensión de
la Ley Lerdo y afectó a 49 millones de hectáreas entre los años 1884-1907, beneficiando a
los terratenientes. Con ella, “numerosas tierras declaradas “baldías” eran propiedad de
comunidades indígenas, y fueron incorporadas a las zonas deslindadas sin que sus
auténticos dueños pudieran hacer valer sus derechos, pues muchos carecían de títulos de
propiedad, y en los casos en que tal documento existiera, no correspondía a las normas
vigentes, desconocidas por la mayoría de los indígenas, cuya ignorancia al respecto era
aprovechada por los especuladores para invalidar los títulos de propiedad”.
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Como refiere Ma. Eugenia Martínez Lira, además de desarrollar relaciones inhumanas de
trabajo, los latifundistas se caracterizaron por despojar de su tierra a los pueblos indígenas
que estaban bajo un sistema de represión por la presencia de las fuerzas rurales en
vigilancia constante: “El resultado de este despojo, además de la concentración latifundista
de la tierra, fue el crecimiento gigantesco del número de peones agrícolas que para 1910
eran más de 3 millones a cambio de tan sólo 840 grandes hacendados”. Hacia 1889, 29
personas representaban las compañías deslindadoras (las que obtuvieron las tierras
baldías), entre ellos estaban altos funcionarios como Manuel Romero Rubio, Secretario de
Gobernación y suegro del presidente, así como el futuro Secretario de Hacienda José Yves
Limantour y el gobernador del Estado de Chihuahua Luis Terrazas (del linaje Terrazas-
Creel).
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En términos de producción los bienes más requeridos en el mercado nacional eran el maíz y
el trigo, no obstante, México no logró la autosuficiencia e importaba estos bienes de
consumo básico de los Estados Unidos.
A mediados del siglo XIX la industria nacional estaba relativamente subdesarrollada por la
falta de capitales y un mercado para la venta de los bienes. El impulso a la industria nacional
provenía principalmente de familias que habían hecho fortuna en el sector agrícola, el
comercio o las manufacturas desde la Colonia.
En el último cuarto del siglo XIX la producción industrial se duplicó y fueron especialmente
las industrias de bienes de consumo las que tuvieron un mayor crecimiento: textiles,
algodón, azúcar, henequén, café, ron, zapatos, jabón y tabaco. En la región de Veracruz,
Puebla, Tlaxcala y el sur de la Ciudad de México aumentó considerablemente el número de
fábricas textiles. El número de fábricas pasó de 86 en 1877 a 145 en 1910.
Enrique Florescano menciona que: “En 1843 había 57 fábricas textiles con 125 mil husos
en actividad, que producían siete millones de piezas de manta con valor de cinco millones
de pesos. (…) En 1856 había 46 grandes empresas de hilados y tejidos establecidas en el
Distrito Federal, Durango, Jalisco, Colima, Michoacán, Estado de México, Puebla,
Querétaro y Veracruz. En esos establecimientos se fabricaban mantas, hilazas, rebozos,
cotón, alemanisco y otros productos”. *
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También se fortalecen las fábricas productoras de cemento, vidrio y hierro, así como las
cerveceras en Monterrey, Mérida, la ciudad de México y Orizaba, así como las vidrieras que
suministran las botellas. En los inicios del siglo XX surge la industria siderúrgica (1902) que
a su vez hace consolidar las nuevas fábricas de papel, cemento, vidrio y explosivos.
La expansión industrial fue en gran medida posible gracias a la estabilidad política, las
mejoras en los transportes y comunicaciones y el otorgamiento de privilegios por parte del
gobierno a los empresarios como el bajo costo de la fuerza de trabajo y la exención de
impuestos.
Los industriales gozaron de un nivel de competencia muy bajo y aunado a los elementos
anteriores acumularon capitales. Las inversiones eran principalmente extranjeras
provenientes de los Estados Unidos, Francia, Alemania, España y Holanda. Para citar un
ejemplo, la importante fábrica de Río Blanco, Veracruz donde estalla una de las huelgas
obreras más importantes del siglo XX, estaba en manos de capital francés.
En el centro del país la Mexican Light and Power Co. construyó la presa de Necaxa, la más
grande en su momento para proveer a la capital de energía eléctrica.
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La minería fue, desde tiempos coloniales, la rama industrial más importante de México.
Durante la primera mitad del siglo XIX este sector quedó dominado por las empresas
inglesas, pero durante el Porfiriato, en la década de 1880, fueron gradualmente desplazados
por los estadounidenses para explotar yacimientos de plata, oro, cobre y zinc en la región
norteña del territorio nacional. Incentivados por la expansión de la red ferroviaria, el libre
mercado y los estímulos fiscales, grandes compañías como las de familia Guggenheim
(ASARCA) y las familias de banqueros Rothschild y Mirabaud (El Boleo) se hicieron
presentes en el negocio extractivo; para 1900 había 800 empresas estadounidenses en el
territorio mexicano, mientras que 40 eran de origen británico y unas cuantas, francesas.
Frente al empresariado extranjero había 150 empresas en manos de propietarios
mexicanos.
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Las empresas mineras recibían amplios beneficios del gobierno mexicano, como quedar
exentos de pagos tributarios por la importación de materias primas y herramientas y recibir
títulos de propiedad sobre suelo y subsuelo. En 1884 una modificación constitucional otorgó
a los propietarios de la tierra derechos sobre el subsuelo que hasta ese momento pertenecía
a la Nación. Esta resolución favoreció a los grandes terratenientes, rancheros y empresarios,
quienes impulsaron la explotación de minas de oro y de plata. Mientras que en 1877 se
extraían 607 toneladas de plata, en 1910 alcanzó las 2.330 toneladas.
En 1863 se extrajo por primera vez petróleo y en 1883 se fundó la primera compañía
petrolera en Tabasco; se instalaron en la década de 1880 en los estados de Veracruz y
Tamaulipas la maquinaria para su extracción. Esta empresa fue principalmente realizada
con resultados variables tanto por estadounidenses como ingleses como el famosísimo
Cecil Rhodes, el colonizador del continente africano. Eduardo Doheny organizó alrededor
de 1900 la “Mexican Petroleum Company” que súbitamente se convirtió en la empresa más
poderosa por ser la proveedora de los ferrocarriles. Se extrajo en la región de El Ébano,
cerca de Tampico, que al mismo tiempo se convirtió en el principal puerto de embarque. En
el cambio de siglo, el petróleo era el bien más preciado a nivel mundial y su uso se amplió
en la industria, los transportes y la agricultura. Las potencias luchaban por el dominio del
mercado del petróleo. En este contexto, en la primera década del siglo XX algunos
científicos y políticos mexicanos intentaron promover la nacionalización del petróleo para
así estimular el desarrollo económico, no obstante, un comité gubernamental decretó en
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En 1856, a tres meses de que habían conquistado el poder los liberales, se abrió el mercado
mexicano y se implementó una reforma que dio fin al proteccionismo de las tres décadas
anteriores.
Comercio externo
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Con la reorientación del comercio, el valor real de las exportaciones aumentó de 5 millones
de dólares en 1870 a 158 millones de dólares en 1911, siendo uno de los sectores más
dinámicos de la economía nacional. Se estima que el comercio fue cada vez más importante
en el Producto Interno Bruto (PIB), pasó de 14% en 1856 a 24% en 1900.
Con las exportaciones, el país acumuló riquezas y esto tuvo efectos favorables en otras
actividades productivas (industrias, transportes y comunicaciones) y por otro lado hizo su
economía más dependiente frente a las fluctuaciones internacionales de la demanda y de
los precios. Las crisis capitalistas mundiales del siglo XIX afectaban en este sentido de
manera directa la economía en todas sus dimensiones: comercio, finanzas e industrias.
Caminos
Algunas de las necesidades más apremiantes para modernizar la economía del país
tenían que ver con los medios de transporte y con las vías de comunicación que a
mediados del XIX eran escasos.
Hasta el siglo XIX el medio de transporte más común había sido la carreta y el carruaje,
pero en los tiempos de la Revolución Industrial se habían convertido en un obstáculo para
los fines comerciales y productivos; eran lentos, ineficientes y era caro utilizarlos. Por si
fuera poco, las haciendas eran las entidades que acaparaban los servicios de transporte
tanto de carga como de personas, generalmente las haciendas poseían las flotas de
carretas que salían a otros lugares para llevar todo lo producido a los mercados de los
pueblos aledaños.
México contaba además con un territorio difícil de explorar, las carreteras y caminos
existentes eran muy viejos y peligrosos debido a que habían sido trazadas desde los
tiempos de la Colonia. Para la década de 1880 había 9 mil kilómetros de carreteras, siendo
las más importantes: la vía México-Querétaro-San Luis Potosí, con ramales a Guanajuato
y Guadalajara; Guadalajara-San Blas; Cuautitlán-San Juan del Río; México-Toluca-
Morelia; México-Puebla-Tehuacán-Esperanza; Jalisco-San Marcos; Amozoc-Veracruz etc.
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Durante el Porfiriato esta red se amplió con las rutas Guadalajara-Tepic; Tepic a San Blas;
Paso de Parras a San Marcos; Chiapa de Corzo a la frontera de Guatemala; Mazatlán a
Culiacán; Tepic a Álamos; Tepic a San Marcos; México a Toluca; México a Puebla;
Guaymas a Guadalajara; Iguala a Chilpancingo; Chilpancingo a Acapulco; etc.
Ferrocarril
Cartel de 1850 que anunció la inauguración del primer tramo nacional de vías férreas.
La construcción de una red ferroviaria nacional que conectara las principales ciudades
mexicanas fue uno de los proyectos liberales más importantes en el siglo XIX. El ferrocarril
era el principal símbolo del triunfo del capitalismo industrial y del progreso humano.
El crecimiento de la red entre 1880 y 1910 fue muy importante: pasó de 1,074 km en 1880 a
19,280 km en 1910; durante el Porfiriato se conectaron las principales zonas fronterizas con
la capital y las zonas agroexportadoras y mineras. En 1884 se inauguró el Ferrocarril Central
de Ciudad Juárez a la ciudad de México y en 1888 el Ferrocarril Nacional de Nuevo Laredo
a la capital.
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Poco a poco, el ferrocarril constituyó el medio más recurrido para viajar, algunos vagones
delanteros fueron reservados para pasajeros divididos en dos clases: la rica y la pobre de
acuerdo con lo que podían pagar. Los demás vagones eran para transportar carga
(alimentos, animales, minerales y demás). También estimuló la migración interna, moviendo
poblaciones del centro de México a las regiones mineras del norte.
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Telégrafo
Transporte marítimo
Al igual que el ferrocarril el transporte marítimo fue dominado por las empresas extranjeras.
Había líneas que conectaban la costa atlántica de los Estados Unidos con el Golfo de
México y líneas europeas que conectaban el viejo con el nuevo continente. De la
infraestructura de los puertos como Veracruz, Tuxpan, Coatzacoalcos, Mazatlán,
Manzanillo, Salina Cruz, Isla del Carmen, etc. se encargaban las empresas ferrocarrileras
que así conectaban su red comercial con la internacional.
Finanzas públicas
La existencia de muchos mercados autónomos alrededor de las haciendas, las minas y los
pueblos, la economía de autosuficiencia, la falta de sistema fiscal o de impuestos, los gastos
administrativos (ejército, burocracia, etc.) y las deudas públicas heredadas desde la
Independencia hacían que a mediados del siglo XIX las finanzas públicas se encontraran
en cifras rojas, se gastaba mucho más de lo que ingresaba en el Tesoro Nacional. Los
gobiernos liberales tenían la posibilidad de implementar un sistema fiscal moderno que
sería un proyecto a mediano y largo plazo o recurrir al endeudamiento para obtener recursos
de manera inmediata y así resolver el déficit presupuestal.
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Una reforma institucional importante fue la abolición de las alcabalas a nivel federal. A pesar
de que se había intentado realizar con la Constitución de 1857, muchos estados se
opusieron para salvaguardar ese ingreso fijo, así como para defenderse en contra de la
centralización fiscal que restaba poder a los estados federativos. Así el Estado federal se
aseguró recursos fiscales y logró diseñar un mercado nacional liberado de las
contribuciones regionales y locales. Se estima que el presupuesto en 1861 era de 9.9
millones de pesos y los gastos por 15.5 millones, lo que implicaba un déficit de 5.6 millones.
En el mismo año la deuda externa se calculaba en 62.2 millones y la deuda interna en 92.8
millones. Los liberales intentaron convertir la deuda pública, mientras que los
conservadores buscaron resolver la crisis con el alza de impuestos arancelarios, siendo
este el recurso más importante en los años cincuenta del siglo XIX. El fracaso de estas
iniciativas llevó a los gobiernos liberales a implementar las reformas liberales. La venta de
los bienes de la Iglesia y de las comunidades indígenas hizo crecer el erario mexicano: la
venta de bienes eclesiásticos produjo 23 millones de pesos y la de terrenos públicos 117
millones de pesos a lo largo de 30 años. * Sin embargo, benefició aún más a los grandes
propietarios, ya que el Estado había dado muchas facilidades para acelerar el proceso de
privatización de los bienes raíces mexicanos como descuentos y liquidación de intereses.
Deudas acumuladas
Deuda del virreinato (1822) Déficit fiscal de Iturbide Abolición de la inquisición (1813) Fondo piadoso de Californias *
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Los conservadores contrataron un préstamo con el banquero suizo Jecker con la idea de
apoyar su lucha contra la Guerra de Reforma. Se les entregó una fracción con la promesa de
ser pagada cuando triunfaran, pero eso no sucedió. Terminó siendo deuda del gobierno
liberal, lo que desacreditó y aumentó las reclamaciones contra el gobierno mexicano, así
como con sus deudas.
Decreto de Moratoria
Artículo 1°. El Ejecutivo está autorizado para poner en circulación forzosa los títulos
(escrituras) de capitales nacionales impuestos sobre inmuebles rurales y urbanos, en
cantidad suficiente para que le produzca el millón de pesos a que se refiere el decreto del
20 de los corrientes, con un descuento que puede ascender hasta el dos por ciento
mensual.
Artículo 2°. Se suspenden, durante un año los pagos a los acreedores del Tesoro Nacional,
exceptuando la deuda de la conducta de Laguna Seca y de las convenciones diplomáticas;
durante este tiempo, el Congreso de la Unión promulgará las leyes de crédito público, de
supresión de las aduanas interiores y alcabalas, de la reforma de la tarifa y de la
implantación de la contribución directa.
Artículo 3°. El Ejecutivo presentará una iniciativa de arreglo para la suspensión de las
convenciones diplomáticas, dando cuenta del resultado al Congreso para su aprobación.
Artículo 4°. Fuera de las excepciones que establece el artículo 2°, el Ejecutivo no podrá
hacer más que pagos de administración. Dado en la sala de sesiones del Congreso de la
Unión, el 29 de mayo de 1861.
Tras la derrota del Imperio de Maximiliano, los ingresos federales seguían dependiendo
únicamente de las aduanas y por ello, el secretario de Hacienda José María Iglesias (1823-
1891) ingenió nuevas formas para hacer crecer los ingresos: se redujo el ejército de 80 mil
a 20 mil efectivos (hasta este momento representaba el 70% del gasto federal), se siguió la
política nacionalizadora de bienes raíces de “manos muertas” y también se confiscaron
bienes de gente que se consideró traidora por colaboración con el Imperio. El siguiente
secretario de Hacienda, Matías Romero, se concentró en el saneamiento de las finanzas
en cuatro rubros:
1. Recaudación de impuestos: buscó obtener recursos con impuestos sobre papel sellado, el
timbre y la propiedad raíz no explotada.
2. Fomento de la actividad económica: se propuso abolir las alcabalas que impedían la libre
circulación de los productos, buscó la exportación libre de oro y plata en pasta.
3. Administración de los recursos del erario: planteó la creación de un banco nacional que
emitiera la moneda.
4. Resolución de la deuda externa: trató de reducirla por medio de la amortización de títulos.
Así, aunque existía formalmente el Estado federal, el gobierno centralizó cada vez más las
tareas administrativas y económicas del Estado. Mediante la recaudación de impuestos, los
ingresos fiscales pasaron de 15.8 millones de pesos en 1870 a 43 millones en 1890 y 111
millones en 1910. Como complemento de los ingresos fiscales el gobierno recurrió al
endeudamiento externo que fue nuevamente posible tras renegociar la deuda externa con
las potencias entre 1883-1888. En el año 1894 se logró por vez primera un superávit
(mayores ingresos frente a los gastos) con la administración José Yves Limantour y así se
podían conseguir créditos con tasas de interés más bajos por vez primera.
Carmagnani señala que “la evolución de la deuda pública nos dice que la deuda interna,
la que se expresa en pesos plata, se redujo, mientras la deuda externa, pagadera en oro,
aumentó, especialmente a partir de 1895.”
Porfirio Díaz creó un sistema político para implementar la estabilidad y control político en el
país. Algunos antecedentes de ese sistema se encuentran en los gobiernos de Benito
Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, quienes tuvieron que fortalecer el poder ejecutivo más
allá de lo que les permitía la Constitución de 1857, en una situación de lucha entre los
propios liberales, divididos en facciones (lerdistas, porfiristas, juaristas e iglesistas).
Juárez había iniciado la negociación con algunos actores políticos, sin embargo, ni él ni
Lerdo lograron crear un sistema político. Lo que caracteriza a Porfirio Díaz es la
profundización y ampliación del procedimiento iniciado por Juárez: la negociación y la
conciliación.
Todo ello encaminado a lograr la estabilidad política, condición indispensable de lo que para
Díaz era el objetivo fundamental de su programa de gobierno: el progreso económico.
Una idea rectora del programa de Díaz fue el progreso material del país, objetivo que
implicaba a su vez la paz y la estabilidad como condiciones para el fomento de la economía
y la inversión extranjera. Por lo que estuvo dispuesto a ceder privilegios y establecer
alianzas con los grupos políticos que había enfrentado en otros tiempos.
En la construcción de este proyecto, Díaz utilizó diversos medios: sus relaciones familiares;
el otorgamiento de beneficios económicos como subsidios, puestos públicos; así como
reformas políticas (sin transformar la Constitución) y el uso de la fuerza. Sin embargo, nunca
dejaron de existir la oposición de grupos políticos, de la prensa y de ciertos sectores del
clero mexicano.
José Yves Limantour (1854-1935). Ministro de hacienda entre 1893 y 1911, pertenecía
al grupo de intelectuales y políticos conocido como los “científicos” vinculados a grupos
económicamente poderosos de la capital del país.
Entre 1876 y 1895 quedaron restablecidas las órdenes religiosas y se crearon otras
nuevas.
Se restableció la “Compañía de Jesús” de los jesuitas que había sido abolida por las
Reformas Borbónicas en 1767.
Se incrementó el número de escuelas y centros de enseñanza religiosa.
Se crearon obispados en varios estados de la República.
Se Aumentó el número de templos católicos de 4.893 en 1878 a 9.580 en 1895.
Se permitió que las festividades religiosas se celebraran fuera de los templos, a
veces con gran esplendor, como la coronación de la virgen de Guadalupe en 1892.
Sin embargo, una nueva generación de católicos criticó la pasividad del clero, así como su
abandono de la militancia política. Utilizaron el periódico El Tiempo para su expresión
ideológica. La promulgación en 1891 de la encíclica Rerum Novarum (“De las cosas
nuevas”) del papa León XIII, que planteaba la apertura de la Iglesia a la cuestión social,
significó para la nueva generación de católicos mexicanos una llamada al activismo político
que finalmente tuvo como resultado la creación del Partido Católico en 1911.
Uno de los elementos principales del sistema político de Díaz lo constituyó la centralización
del poder político, que en el ámbito nacional hizo depender los gobiernos estatales y
municipales del poder federal central.
Autoritarismo
Díaz justificó la represión cuando consideró que los actores políticos o sociales habían
optado por la sedición o la rebelión, es decir, cuando ya no era posible recurrir a la
conciliación o negociación; el otro aspecto de la justificación radicaba en que el objetivo del
progreso económico exigía anteponer la paz y la estabilidad a cualquier discordia política o
social. Todo podía ser tolerado y negociado excepto la sedición y la revuelta.
La decisión de hacer respetar este elemento del sistema político se demostró en varios
momentos del Porfiriato, por ejemplo el fusilamiento de nueve oficiales lerdistas en 1879
por órdenes del gobernador de Veracruz quien a su vez recibió de Díaz la instrucción de
“Mátelos en caliente” para castigar la sublevación militar; la represión de rebeliones en el
Valle del Yaqui y en Tomóchic, o de las huelgas de los trabajadores de las minas de
Cananea, Sonora y los obreros textiles de Río Blanco, Veracruz.
Como en los otros elementos del sistema político de Díaz, también el trato político hacia una
parte de la prensa se estructuró en función de asegurar las reelecciones y de evitar
rebeliones. Este fue el propósito de la política de subsidios; se ejerció de una forma
centralizada desde la Secretaría de Gobernación, los gobernadores recibían los subsidios
para periódicos acordes con el gobierno de Díaz.
Ya desde la primera reelección de Díaz fue notorio el apoyo que recibió de periódicos
oficialistas como La Libertad, La Reforma, La Prensa. Algunos, al inicio apoyaron a Díaz,
pero después se volvieron críticos, como El Ahuizote. Otros periódicos que también
favorecieron al gobierno de Díaz fueron los de las colonias extranjeras residentes en nuestro
país, que a la vez eran voceros de los inversionistas extranjeros y les interesaba la
continuidad del gobierno porfirista.
En los años de 1892 y 1893, como parte de la censura a las posiciones antirreeleccionistas
de la prensa, en la capital son clausurados los periódicos El Demócrata, El 93 y La
Oposición. A partir de 1900 destaca el periódico Regeneración dirigido por los hermanos
Flores Magón. La persecución se intensifica, ejemplo de ello son las aprehensiones de los
redactores de El Hijo del Ahuizote y El Alacrán.
La base ideológica más importante del porfirismo fue el positivismo, corriente filosófica,
sociológica e histórica que surge en el siglo XIX, en Francia con Augusto Comte y Emile
Durkheim, en Inglaterra con Herbert Spencer, entre otros.
La sociedad tiene que estar por encima de los intereses de los individuos. En ellas los
filósofos y los sabios bien preparados deberán dirigirla dentro del orden más estricto,
conduciéndola hacia el progreso más alto. Este ideal de orden social fue traído a México
como una política nacional. Una cultura elitista, afrancesada y profundamente avergonzada
de nuestra tradición indígena, fue la cultura de la elite, que se recreaba en una pretendida
modernidad de la cual habían sido excluidos la mayoría de los mexicanos.” (Martínez Lira,
El porfiriato. 5-6).
El positivismo fue introducido en México por Gabino Barreda, Porfirio Parra, Pablo Macedo,
Justo Sierra, Joaquín D. Casasús, José Yves Limantour, Emilio Rabasa, entre otros. Los
positivistas mexicanos o “científicos” ejercieron una gran influencia en la orientación política
y administrativa del gobierno porfirista, ello se debe a que muchos de ellos ascendieron a
los más altos niveles de la burocracia y de la escala social y se convirtieron en importantes
asesores de Porfirio Díaz.
Señala María Eugenia Martínez Lira: “Los intelectuales porfiristas herederos de Gabino
Barreda, hicieron numerosas interpretaciones del porfiriato, que disfrazadas de “ciencia”
positiva tendían a justificar el sistema, no solo en el sentido de probar la necesidad histórica
de una dictadura ilustrada en un país de analfabetos; sino considerando indispensable que
la clase que, conociendo la ciencia positiva del buen gobierno, fuera la única autorizada
para hacerlo: “los científicos”.
Al decir del filósofo Leopoldo Zea, la adopción del positivismo significó un rechazo al
liberalismo inicial de la burguesía en la medida en que este podía justificar la exigencia de
libertades y derechos que se contraponía al orden deseado. La burguesía no necesitaba
más una filosofía de combate contra las clases conservadoras, requería de una que
legitimara y ayudara al desarrollo del progreso con orden. (Martínez Lira, El porfiriato. 5).
Para los positivistas el orden social y progreso en México no era posible alcanzarla con un
gobierno democrático y protector de las libertades individuales, más bien había que hacerlo
por la vía de un gobierno fuerte y autoritario, lo que en realidad sería la dictadura.
¿Por qué creían los positivistas que sólo un gobierno autoritario conduciría al
orden y al progreso?
Con esta la ideología se justificó una dictadura sustentada en una oligarquía o sociedad
privilegios que estuvo conformada por los latifundistas, sector social que dio el mayor apoyo
al porfirismo, seguidos por el sector de empresarios industriales, comerciantes y banqueros.
La política económica de Díaz estaba encaminada a fortalecer a estos sectores, lo que le
dio el carácter de una política de privilegios, que a su vez permitió consolidar la dictadura.
Durante la segunda parte del siglo XIX las élites en el poder moldearon una cultura que
reflejara sus intereses. El grupo liberal, que triunfó tras la Guerra de Reforma, consideraba
que la educación, las artes, los eventos culturales, así como la arquitectura eran los medios
idóneos que permitirían debilitar la religiosidad del pueblo mexicano y las vías por la cual
se podía fortalecer un Estado laico caracterizado por una cultura liberal, capitalista y
secular. Con la consolidación del Porfiriato la ideología positivista de los científicos, la visión
liberal de la sociedad sufrió algunas modificaciones y se impuso una cultura elitista y
afrancesada. A partir de 1880 México produjo pensadores brillantes; escritores fascinantes,
periodistas aguerridos, educadores inspirados y científicos, entre otros. La cultura porfirista
reflejaba las características de la modernización económica de la nación mexicana: hubo
grandes avances y nuevas riquezas culturales pero estos logros se hicieron a costo de las
clases populares quienes no pudieron mejorar su suerte: fueron víctimas del desprecio y el
abuso; además quedaron excluidos del sistema educativo y las ofertas culturales.
El problema con la cual se enfrentaban es que aún no había las condiciones para establecer
una política educativa consolidada ni tampoco un modelo educativo bien definido; en estos
años la escuela pública adoptó el sistema lancasteriano, en el que la educación era una
tarea compartida entre el docente y los alumnos mayores, quienes enseñaban sus saberes
a los pequeños. Mientras tanto, las familias ricas pagaban tutores o enviaban a sus hijos a
escuelas particulares; mientras que los jóvenes de clase media estudiaban con las
“Amigas”, viudas y solteras que enseñaban a cambio de una cuota.
En la segunda parte del siglo XIX destacan tres etapas en el desarrollo del sistema
educativo mexicano:
A partir de los 14 años, los jóvenes podían acudir a un Colegio para especializarse en la
literatura, tecnología, la agricultura, la cerrare militar, el comercio, las artes, la farmacia, la
veterinaria o la administración pública. La educación se organizó por el Ministerio de
Instrucción Pública y se implementaron también por vez primera, siguiendo modelos
europeos, la separación de alumnos por edad, la prohibición de actividades religiosas (misas,
rezos, etc.), la supresión de uniformes escolares, las tareas escolares, el sistema de
calificaciones y los exámenes finales.
Se revaloró el papel del docente limitando su horario de trabajo y mejorando su salario. Las
universidades de México y Guadalajara se clausuraron y los seminarios se convirtieron en
instituciones científicas y literarias para preparar a los profesionistas.
En la educación tendrían ahora lugar, aparte del enciclopedismo, el uso de los sentidos, la
observación y la experimentación. Las leyes exactas de la naturaleza, cuantificables y
observables serían la base de la ciencia, pero siempre dentro del contexto ideológico del
positivismo. El lema del positivista francés Auguste Comte “amor, orden y progreso” se
interpretó como “libertad, orden y progreso” y en el Porfiriato se simplificó a “Orden y
Progreso”.
Porfiriato
Se consideró en aquel entonces que educar era la tarea por excelencia de las mujeres. Fue
hasta 1924 que ingresaron por primera vez mujeres en la escuela normalista de la capital,
mientras que en Xalapa este ya había sido así desde 1889. Se consideraba que la
educación secundaria bastaba para que una mujer se convirtiera en maestra; en 1890 la
Secundaria para Niñas se convirtió en la Normal para Maestras, reduciendo la duración de
los estudios de 6 a 4 años y las opciones de empleo únicamente en las primarias. En 1900
“91% de los normalistas en el país eran mujeres. En 1907, de los 15525 profesores, sólo
23% eran varones. En menos de 30 años, la profesión de maestro de primaria se había
convertido en una actividad femenina.” (Fin del siglo y de un régimen, 201).
A nivel superior pocas fueron las opciones educativas en la década de 1880, solamente
había preparatorias en 17 estados y solamente había 3000 preparatorianas en una
población total de 15.000.000. Las preparatorias competían con los seminarios clericales y
los colegios de jesuitas, que habían podido restablecerse durante la dictadura de Santa
Anna en 1853 tras una ausencia de 88 años. Algunas escuelas especializadas en Literatura,
Medicina, Ingeniería y Leyes daban una formación práctica a los egresados de las
preparatorias. En 1894 existían “16 escuelas preparatorias, 19 de jurisprudencia, 9 de
medicina, 8 de ingeniería, una escuela práctica de minería, otra de estudios militares y otras
de navales.” (Cosio Villegas. Historia General de México II. 1067).
Universidad Nacional. Fue sino hasta las fiestas del centenario de 1910 que la Secretaría de
Instrucción Pública y de Bellas Artes se inauguró la Escuela de Altos Estudios en el Antiguo
Colegio de San Ildefonso, que ofrecía un tipo de posgrado a profesionistas y se abrió la
Universidad Nacional. En ella se concentraron las escuelas profesionales, se integró la
Escuela Nacional Preparatoria y se creó un Consejo de estudiantes. El rector sería
designado por el gobierno y se instaló en las oficinas de la vieja Escuela Normal, mientras
que el resto de las escuelas mantuvieron sus instalaciones. Había 1969 alumnos y 378
profesores.
Dos grandes periódicos dominaron la escena periodística desde los años 1840 hasta 1896;
“El Siglo Diez y Nueve” fundado en 1841 y “El Monitor Republicano” en 1844. Ambos medios
fueron órganos que defendieron el liberalismo y que ofrecieron un importante espacio para
la crítica social y la publicación de estudios científicos.
“El esquema que seguían éstos y los demás periódicos de la época era muy diferente al
actual. Las noticias ocupaban lugar secundario y espacio reducido, ya que la información
más bien se confiaba a extensas crónicas de acontecimientos políticos, parlamentarias,
extranjeras y de varia divagación, que se alternaban. Se insertaban informaciones
comerciales, de transportes y económicas, y se publicaban documentos oficiales. Los
anuncios mercantiles ocupaban muy corto espacio. A menudo y en lugares preferentes
aparecían poemas, cuentos, estudios históricos y científicos, artículos misceláneos y
cuadros de costumbres y, casi regularmente, en la parte baja del periódico, en el “folletón”,
se publicaban por entregas libros, lo mismo de autores nacionales que extranjeros.”
(Martínez. México en busca de su expresión. En Velásques, E. (2000). Historia General de
México. 729).
Prensa oficialista
En los años de 1892 y 1893, como parte de la censura a las posiciones antirreeleccionistas
de la prensa, en la capital son clausurados los periódicos El Demócrata, El 93 y La
Oposición. En este contexto Porfirio Díaz decidió apoyar únicamente al periódico “El
Imparcial”, que durante todo el régimen porfirista sirve de vocero de los grupos de poder.
Muy admirado por la calidad y estética de sus impresiones se vendía a un centavo y así
llegó a un mayor número de lectores con su tiraje de 125 mil ejemplares.
Prensa de oposición
A pesar de que sus integrantes fueron todos del grupo liberal se logró, por vez primera, dejar
del lado diferencias políticas y colaboraron conservadores, imperialistas, republicanos y
liberales en su desarrollo. Con este proyecto se dio un fuerte impulso a la reconciliación
nacional y se fundaron asociaciones culturales que aglutinaban todos los sectores políticos
en diferentes ciudades de la nación como la Academia Mexicana (1875), la Sociedad
Filarmónica Mexicana (1867) y se impulsaron nuevamente La Sociedad Mexicana de
Geografía y Estadística (originalmente de 1833) y el Liceo Hidalgo (fundado en 1850) que
por la guerra y los conflictos políticos habían sido descuidados.
A partir de 1889 dos escritores y poetas, el libertador cubano José Martí (1853-1895) y
Manuel Gutiérrez Nájera alias el “Duque Job” (1859-1865) rompieron con el romanticismo
nacionalista del grupo de El Renacimiento e impulsaron con una nueva generación de
jóvenes escritores como Salvador Díaz Mirón (1853-1928), Luis G. Urbina (1864-1934) y
Amado Nervo (1870-1919) una nueva estética literaria que se llamó el “modernismo” y que
se sintetizo en la “Revista Azul” (1894-1896) en el que se publicaron mucho autores
parisinos como Baudelaire, Hugo, Verlaine y otras estrellas como Heine, Wilde, Ibsen
,D’Annunzio, los escritores rusos y los americanos Edgar Allen Poe, Walt Whitman y Ruben
Darío. El grupo de los modernistas fue fuertemente apoyado por el político, escritor y
educador Justo Sierra Méndez (1848-1912).
La vida bohemia fue para los modernistas mexicanos, una forma de vida reflejada en su
poesía y en la escritura. Por ello, utilizaban símbolos e imágenes estéticas para decorar la
realidad cotidiana: cisnes, acantos, sueños, mitos, costumbres, princesas, selvas, amadas,
colores, ideas nacionalista, fauna sagrada y naturista frecuentaron sus escritos. De acuerdo
con José Emilio Pacheco, “la poesía cultivó una especie de memoria acumulativa, dando
también muestras de una gran convicción de futuro. Gracias a su infatigable actividad, los
poetas realizaron en la lengua y cultura lo que funcionarios, empresarios, abogados,
ingenieros y militares fueron incapaces de consolidar en la política y en la economía a lo largo
de tan accidentado siglo XIX mexicano: nuestra independencia.”
En la segunda mitad de siglo XIX, la pintura seguía las pautas del arte europeo y la mayoría
de los artistas se formaron en la Academia de San Carlos, fundada un siglo antes. Los
temas pictóricos favoritos a finales del siglo XIX fueron los religiosos, mitológicos e
históricos, el retrato y el paisaje. Importantes retratistas fueron José Justo Montiel en
Veracruz, Agustín Arrieta en Puebla, José María Estrada en Guadalajara, Juan
Nepomuceno Herrera en Guanajuato y especialmente Hermenegildo Bustos quien
democratizó el retrato por el uso de materiales económicos hechos para pequeños
comerciantes. Este último fue excepcional y solamente ha sido apreciado en tiempos
recientes porque uno de sus temas favoritos fue el de niños, vivos o muertos.
La litografía y el grabado fueron dos de las expresiones artísticas que tuvieron especial
importancia en el México decimonónica. En esta época brillaron artistas como Casimiro
Castro y José Guadalupe Posada quienes retrataron, cada quien, a su manera, la sociedad
mexicana. Sus obras son actualmente importantes fuentes para conocer la cultura y la vida
cotidiana de los mexicanos de sus tiempos.
Una serie de acciones, leyes y campañas trataban de reorganizar las principales ciudades
de la nación mexicana, siguiendo los ideales de la modernidad francesa. Las élites, en aquel
entonces, vivían en los centros históricos y buscaban imponer su estilo de vida aristocrática
o burguesa “civilizada”.
La clase media asistía al béisbol, patinaban en el Tívoli del Eliseo y en otros salones,
paseaban y remaban en el bosque de Chapultepec y en las noches se reunían en los cafés.
Las clases populares, por su lado, se divertían en los circos como el Jordán o el Magnolia,
en las trajineras y tranvías de la Viga, Xochimilco y Santa Anita. Se reunían en las cantinas
y las pulquerías…
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