Niños Héroes de Chapultepec
El 13 de septiembre de 1847, los Niños Héroes nos dieron una lección de
orgullo, coraje y dignidad, al resguardar el Castillo de Chapultepec frente
al asalto de tropas invasoras.
El 13 de septiembre de 1847, los Niños Héroes nos dieron una lección de orgullo, coraje y
dignidad, al resguardar el Castillo de Chapultepec frente al asalto de tropas invasoras.
Ese día tuvo lugar la entrada triunfal del ejército estadounidense a la capital de la República,
señalando la derrota final de la nación en la guerra de invasión norteamericana. Esa misma fecha
simboliza también la resistencia heroica de los mexicanos.
Chapultepec lo defendían menos de mil hombres, entre los cuales había algunos cadetes del
Colegio Militar, que ahí tenía su sede.
Aquel 13 de septiembre, luego de dos días de feroz bombardeo, los invasores atacaron el
Castillo de Chapultepec. Al pie de la rampa, y debido a su gran superioridad numérica,
destrozaron al batallón activo de San Blas, muriendo su jefe, el coronel Felipe Santiago Xicoténcatl
y casi todos sus soldados.
Entonces los invasores avanzaron con banderas desplegadas hacia el castillo, dando cuenta de
nuestros soldados, cuando todavía les dispararon los últimos defensores de la bandera
nacional: los jóvenes cadetes del Colegio Militar.
La tradición recogió los nombres de seis de los alumnos, a quienes el pueblo con gratitud ha
llamado “los Niños Héroes”, que murieron, enfrentando cuerpo a cuerpo al invasor: el
subteniente Juan de la Barrera y los cadetes Agustín Melgar, Francisco Márquez, Fernando
Montes de Oca, Vicente Suárez y Juan Escutia.
30 de septiembre. Natalicio de José María Morelos y Pavón.
El siervo de la nación
José María Morelos y Pavón nació el 30 de septiembre de 1765 en
Valladolid, hoy Morelia, Michoacán; sus padres fueron José Manuel Morelos
y Juana María Guadalupe Pérez Pavón. Durante su infancia recibió
instrucción académica de parte de su abuelo materno José Antonio Pavón,
quién era maestro; asimismo, en esta etapa aprendió las labores del
campo, debido a que se vio obligado a trabajar a temprana edad en la
hacienda de Tahuejo, propiedad de su tío Felipe Morelos Ortuño, a
consecuencia de la separación de sus progenitores.
Cuando tenía 25 años, después de pasar poco más de una década en los
trabajos del campo, Morelos optó por el sacerdocio e ingresó en 1790, en su
natal Valladolid, al Colegio de San Nicolás, del cual, Miguel Hidalgo era
rector. Al terminar sus estudios en aquel colegio, continuó su preparación
sacerdotal en el Seminario Tridentino; el 21 de diciembre de 1797 se
ordenó como sacerdote y recibió un interinato en la parroquia de
Tamácuaro.
Durante su vida clerical, Morelos se hizo cargo de los curatos de Carácuaro,
Necupétaro y Acuyo. Al igual que otros sacerdotes de origen mestizo, sus
labores religiosas se circunscribieron al ámbito del bajo clero.
Comúnmente, a los miembros de este sector de la iglesia novohispana se
les asignaba la atención de los poblados más pobres y, regularmente, los
sueldos en aquellas regiones eran precarios y no contaban con recursos
suficientes; su labor se centraba en dar atención a los sectores sociales
más golpeados de la colonia, dándoles mayores esperanzas de desarrollo.
Tras el estallido de la revolución de independencia novohispana el 16 de
septiembre de 1810 y, después del decreto de excomunión publicado en
contra de Miguel Hidalgo por parte del obispo Abad y Queipo, José María
Morelos se entrevistó con el cura de Dolores el 20 de octubre de 1810 y se
integró formalmente a la insurgencia. Hidalgo lo nombró lugarteniente y le
encomendó acopiar armas, reorganizar los gobiernos locales de los
territorios conquistados por la insurgencia en el sureste del territorio,
aprehender y deportar europeos, confiscar sus propiedades, así como
tomar el puerto de Acapulco, plaza que era estratégicamente importante
para las partes involucradas en el conflicto armado.
Valiéndose de su conocimiento de la región de tierra caliente, adquirido en
su mocedad, Morelos recorrió los pueblos y localidades, cumpliendo la
encomienda que le había sido dada de parte de Hidalgo. Su hábil manejo de
los recursos y su particular visión militar le permitieron sumar en poco
tiempo la adhesión de miles de hombres a la insurgencia, así como de
importantes líderes, como los hermanos Galeana y Bravo, Guadalupe
Victoria, Vicente Guerrero, Mariano Matamoros, Leona Vicario y su esposo
Andrés Quintana Roo, entre otros.
Con la aprehensión de Hidalgo y su posterior ejecución, así como de los
primeros líderes insurgentes a mediados de 1811, Morelos se convirtió en la
cabeza del movimiento revolucionario que buscó abiertamente la
independencia de la Nueva España y, el cual, por primera vez, contó con un
programa político estructurado con miras a lograr el establecimiento de un
nuevo Estado.
Después de una serie de importantes logros militares, como la toma del
puerto de Acapulco, de las ciudades de Oaxaca, Orizaba y Tehuacán a
finales de 1812 y principios de 1813, Morelos se dio a la tarea de organizar
lo que sería el primer congreso en suelo novohispano (el 13 de septiembre
de 1813 se estableció en la ciudad de Chilpancingo, en el hoy estado de
Guerrero, el Congreso de Anáhuac), el cual se encargó de proponer un
programa político-legislativo bien definido, procediendo a declarar la
independencia de la América Septentrional.
El documento “Sentimientos de la Nación”, redactado por el líder
insurgente en 1813, planteó la construcción de un Estado nacional a partir
de la unidad, proveniente de la religión católica y de la identidad americana
propia de quienes residían en el territorio novohispano. Se estableció que la
soberanía le pertenece y dimana directamente del pueblo, la cual se
depositaba en el Supremo Congreso Nacional Americano, el que a su vez se
nutriría de los representantes de las diversas provincias.
La organización de la estructura del Estado, de acuerdo con lo propuesto
por el Siervo de la Nación, se dividiría entre los poderes Legislativo,
Ejecutivo y Judicial; en términos del punto número 12 del documento
Sentimientos de la Nación: “… Que como la buena ley es superior á todo
hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen á
constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal
suerte se aumente él jornal del pobre, que mejore sus costumbres, aleje la
ignorancia, la rapiña y él hurto.”
La Constitución de Apatzingán, conocida también como el Decreto
Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, promulgada el 22
de octubre de 1814, fue la síntesis de los esfuerzos de Morelos por darle
una certidumbre jurídica y política a la lucha armada que buscaba la
independencia de la Corona española.
Hacia finales de 1814 y principios de 1815, el movimiento insurgente
liderado por Morelos comenzó a decaer a raíz de importantes derrotas y de
la paulatina recuperación de territorios por parte del realismo. Con la
necesaria movilización del Congreso de Anáhuac, debido al acecho de las
tropas realistas, Morelos cayó preso el 5 de noviembre de 1815 en
Temalaca, entonces Guerrero, hoy actual estado de Puebla, junto con
doscientos hombres que se encontraban bajo su mando; el 22 de
noviembre fue recluido en la cárcel de la Inquisición.
Después de ser juzgado y declarado hereje, perseguidor y perturbador de la
jerarquía eclesiástica, profanador de santos sacramentos y traidor a Dios, al
rey y al papa, fue degradado como sacerdote y condenado por el Tribunal
del Santo Oficio a cumplir la pena de cadena perpetua en una misión en
África. Empero un tribunal militar lo condenó a la pena de muerte.
José María Morelos fue fusilado el 22 de diciembre de 1815 en el pueblo de
San Cristóbal Ecatepec, en el hoy Estado de México.