Fetichismo (1927) – S.
Freud
Los pacientes fetichistas no recurren al análisis necesariamente a causa del
fetiche, pues si bien este es discernido como una anormalidad por sus adictos,
rara vez lo sienten como un síntoma que provoca padecimiento; las más de las
veces están muy contentos con él y hasta alaban las facilidades que les brinda en
su vida amorosa.
El fetiche es un sustituto del pene, pero no de uno cualquiera, sino de un pene
determinado, muy particular, que ha tenido gran significatividad en la primera
infancia, pero se perdió más tarde.
Normalmente debería ser resignado, pero justamente el fetiche está destinado a
preservarlo de su sepultamiento. El fetiche es el sustituto del falo de la mujer (la
madre) en que el varoncito ha creído y al que no quiere renunciar.
El proceso: el varoncito rehusó darse por enterado de un hecho de su
percepción, a saber, que la mujer no posee pene. No, eso no puede ser cierto,
pues si la mujer está castrada, su propia posesión de pene corre peligro, y en
contra de ello se revuelve la porción de narcisismo con que la naturaleza a
dotado justamente a ese órgano. Reprime la falta de pene en la mujer.
La percepción permanece y se emprendió una acción muy enérgica para
sustentar su desmentida. En psíquico la mujer sigue teniendo un pene, pero este
pene ya no es lo mismo que antes era. Algo otro lo a remplazado; fue designado
su sustituto, por así decir, que entonces hereda el interés que se había dirigido al
primero. Y aún más ese interés experimenta un extraordinario aumento porque
el horror a la castración se ha erigido un monumento recordatorio en la creación
de este sustituto.
Perdura como el signo del triunfo sobre la amenaza de castración y de la
protección contra ella, y le ahorra al fetichista el devenir homosexual, en tanto
presta a la mujer aquel carácter por el cual se vuelve soportable como objeto
sexual.
La diferencia esencial entre neurosis y psicosis reside en que la primera el yo
sofoca, al servicio de la realidad, un fragmento del ello, mientras en la psicosis se
deja arrastrar por el ello a desasirse de un fragmento de la realidad.
El fetichista tiene una actitud bi-escindida frente al problema de la castración de
la mujer. Es en la construcción del fetiche mismo donde han encontrado cabida
tanto la desmentida como la aseveración de castración (mujer castrada Vs. no
castrada).
En otros casos la bi-escisión se muestra en lo que el fetichista hace –en la
realidad o la fantasía – con su fetiche. No seria exhaustivo destacar que venera al
fetiche: en muchos casos lo trata de una manera que evidentemente equivale a
una figuración de la castración.