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Resurrección y fe en el Credo 3

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Credo apostólico 3

1 Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios
Padre Todopoderoso; y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

2 Luego el credo anuncia la resurrección del Señor. Jesús cumple su ministerio de salvación para
todo aquel que en Él cree. La resurrección es la culminación de la victoria de Cristo sobre los
poderes de la muerte. Se cumplió lo anunciado por los profetas y el Señor fue glorificado para que,
en Él, podamos tener vida eterna. La resurrección es la base de nuestra fe cristiana, si no
creyéramos que Él resucitó nuestra fe sería vana, y nuestra esperanza en Dios estaría vacía (1
Pedro 1:21, 1 Corintios 15:12-14.) Es una verdad plena que debemos creer, Jesús resucitó, con un
cuerpo glorioso, ya no mortal, eterno, y se apareció a sus discípulos, así como también a más de
quinientas personas a la vez (1 Cor 15:5-6.) El anuncio de la resurrección es universal porque
significa que el Señor está vivo y nos acompaña hasta el fin de los tiempos, y esa es la esencia del
evangelio que alcanza a todos los seres humanos y la creación. Es el anticipo de lo que espera a
quienes le confesamos como Señor y salvador, en Él seremos resucitados para estar en la gloria
eterna de Dios (Romanos 8:11, 1 Tesalonicenses 4:13-17.)

3 Como dice Lutero “Jesucristo, Señor de vida y justicia, de todos los bienes y la salvación…nos ha
arrancado – pobres y perdidos hombres - de las fauces del infierno, nos ha conquistado, nos ha
liberado y devuelto a la clemencia y gracia del Padre, nos ha puesto bajo su tutela y amparo, como
cosa suya, para gobernarnos con su justicia, su sabiduría, su potestad, su vida y su
bienaventuranza.” (Catecismo Mayor, Credo, segundo artículo).

4 El Señor resucitado comparte cuarenta días con sus discípulos, luego es llevado al cielo Hch 1:9 y
está a la derecha del Padre. Es decir, Jesús, el Hijo de Dios, es quien se somete a la voluntad y
cumple un ministerio de obediencia al Padre. Su gloria eterna ha permanecido siempre, ahora
vuelve a su trono y recibe la eterna alabanza de todo cuanto existe, pero también recibe el poder
del juicio Jn 5:21-23 y el Reino, eso es estar a la derecha del Padre. Desde allí vendrá a juzgar a los
vivos y a los muertos. Esto nos recuerda que todos resucitaremos y tendremos que presentarnos
ante su trono Ro 14:10-11 para recibir lo que nos corresponda de acuerdo a su voluntad. En la
Biblia existe un anhelo constante por justicia, y luego de las experiencias dolorosas del pueblo de
Israel y Judá, se espera que tanto sufrimiento sea hasta cierto punto, vengado por parte de Dios, el
juez supremo de todo el universo.

5 Esta expectativa se ratifica en el nuevo testamento desde la visión apocalíptica de un fin de todo
el orden actual, fin de la injusticia, de las desigualdades y del poder de los señores del mundo. Con
la muerte y resurrección del Señor Jesús, la iglesia reconoce que parte de esa esperanza se ha
cumplido. La muerte y el diablo ya han sido vencidos y juzgados por la obra de Cristo. Sin embargo,
todavía estamos en un periodo de espera para que el dictamen del juez se ejecute y estos poderes
sean finalmente exterminados y enviados al lago de fuego eterno. En ese intervalo histórico, la
iglesia tiene la tarea de seguir anunciando la buena nueva de salvación, el anuncio de una
oportunidad que Dios nos da para salvarnos de esa condenación mediante la fe en Cristo, quien
nos declara que quien en El cree tiene vida eterna, ya no vendrá al juicio, ha pasado de muerte a
vida Jn 5:24. Es decir ya se ha declarado el veredicto de perdón y salvación para el cristiano. Pero
aún queda la expectativa por el juicio para quienes aún siguen en pecado y no se dejan
transformar por el Espíritu Santo. Esta idea es recogida en el credo como recordatorio de esta
verdad, todos finalmente deberán entregar cuentas de sus actos y de su fe ante el tribunal de
Cristo. La diferencia que determina el estado final de unos y otros será la fe y la confesión del
Señor Jesucristo como salvador Ro 10:9-11.

6 Creo en el Espíritu Santo, la iglesia cristiana, la comunión de los santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de carne y la vida perdurable. El tercer artículo del credo declara nuestra fe en el
Espíritu Santo y su obra en la misión de Dios para el mundo.

7 El Espíritu como tercera persona de la trinidad fue enviado a la iglesia y por medio de ella,
santifica y congrega al pueblo de Dios. La iglesia es el cuerpo de Cristo en el cual se experimenta la
convivencia y el amor entre iguales a la luz del evangelio. El texto original dice la iglesia Católica,
en cierta manera no estaría mal decir que creemos en la iglesia católica pensado que Cristo es el
Señor y cabeza de la iglesia universal. (En algunas iglesias luteranas de América Latina se optó por
utilizar la palabra Cristiana en vez de la palabra Católica debido a la connotación histórica en
donde muchas de la iglesias protestantes fueron perseguidas por la iglesia Católica Romana) La
comunión de los santos nos recuerda que como hijos de Dios, hemos sido santificados por la obra
redentora de Cristo, Él nos ha justificado y nos ha santificado para vivir en esa comunión de amor
compartido con nuestro prójimo. Somos santos a pesar de nuestra condición de pecadores. Santos
por la obra del Espíritu que nos va perfeccionando diariamente mediante la Palabra y los
sacramentos. Por eso la experiencia de ser santos es siempre también una invitación a vivir con
otros en la fe. No puede haber comunión si nos aislamos en pequeñas islas espirituales, por el
contrario, la santidad se comparte en medio de las relaciones y experiencias tumultuosas de
nuestra realidad. En ese sentido toma significado el ser sal y luz para el mundo en el cual el Señor
nos ha puesto para servir. Finalmente el credo afirma nuestra creencia en el perdón de los
pecados, la resurrección de carne y la vida perdurable. Para esto ver arriba la explicación del
segundo artículo del credo.

Textos bíblicos complementarios que sirven de base para la formulación del credo.

Descendió al lugar de los muertos: Hechos 2:27, Romanos 10: 6-7, Efesios 4:8-10, I Pedro 3:19, (I
Pedro 4:6)

Resucitó entre los muertos: San Lucas 24:1-12

Subió a los cielos: Hechos 1:9, 1 Pedro 3:22

Está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso: Marcos 16:19, Hechos 7:55-56, 1 Pedro
3:22

De donde ha de venir para juzgar a los vivos y a los muertos: Juan 5:21-23, Hechos 1:11, 17:31,
Romanos 2:16, 2 Corintios 5:10

Creo en el Espíritu Santo: San Marcos 1:10, Hechos 2:1-4

La Santa Iglesia Católica - la comunión de los santos: Hebreos 12: 22,23

El perdón de los pecados: Hebreos 9:15

La resurrección de la carne: Corintios 15:12-16


La vida eterna: San Juan 3:16, 5:24

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