LA ARGUMENTACIÓN EN MÉXICO
Esencialmente la argumentación jurídica es una forma de fundamentar el ejercicio
del derecho, es como el maestro Atienza (1991) dice:
“Buscar el problema jurídico para establecer el proceso, en relación a cómo
proteger y generar transparencia en el argumento, además de ser una posibilidad
de resolver los problemas y transmitir las posesiones”. Asimismo, Bedoya (2007)
conceptúa que la argumentación es la base de comunicación y solo realizando un
proceso adecuado puede obtenerse el resultado deseado y una decisión acorde a
la pretensión de cualquiera de las potencias enfrentadas.
Ahora bien, la fuerza de una buena argumentación permite establecer una
premisa, mediante la cual se sostiene que se puede pasar de los hechos a una
conclusión, que, según teoría de Toulmin (2007), haría las veces de garantía.
Por eso es dable afirmar que no se puede improvisar y mucho menos correr
riesgos en este segundo escenario del proceso, en el que el juez ha de tomar
conclusiones de cada una de las premisas y pruebas que se presenten.
En el nuevo Sistema Penal Acusatorio es una exigencia para el litigante que
planifique y prepare todos los pormenores de su actuar en la misma, que organice,
priorice y clasifique sus sustentos argumentativos, sin que por ello no se vayan a
presentar variadas y complejas situaciones inesperadas. Razón de más para que
el proceso de preparación de la audiencia sea estricto y requiera de recursividad
en las habilidades argumentativas.
Las etapas que integran el escenario procesal del juicio oral se encuentran
integradas por distintos actos procesales, que exigen que los intervinientes
activos, preparen unas técnicas de argumentación encaminadas a presentar las
distintas estrategias que se presentan durante el juicio, por eso es importante, que
para la presentación de las estrategias de acusación o de defensa de acuerdo a la
parte interviniente que las exponga, deberá ir encaminada hacia unos objetivos,
finalidades, estrategias y sobre todo a plantear al juez unas teorías con una lógica
penal relevante, es preciso entonces poseer cierta formación en competencias
orales y de argumentación jurídica.
Teniendo en cuenta, además, que el principio de oralidad es el que ha de orientar
toda la actuación procesal, así, se requieren de un máximo de utilización de la
argumentación jurídica como soporte de nuestra exposición de la teoría del caso.
Análisis de las fases del juicio oral miradas desde los roles de acusación y de
defensa.
La teoría del caso debe estar perfectamente delineada en sus aspectos jurídicos,
fácticos y probatorios.
En términos ideales, tener preparada e interiorizada una y una sola teoría del
caso, lo cual no indica que el litigante previsivo pueda ensamblar una teoría del
caso alternativa, previniendo deficiencias probatorias propias o de la fiscalía
general de la Nación. Para lo cual, la argumentación jurídica se constituye en una
magnífica herramienta con la que puede mejorar su discurso ya que este va a ser
el primer contacto que va a tener con el juez de conocimiento, es decir, que la
teoría del caso además de los elementos que posee requiere de unos
presupuestos lógicos, técnicos, creíbles y lo suficientemente sustentables desde el
punto de vista fáctico y probatorio.
El litigante debe tener preparado el esquema escrito o mental de cómo planteará
su caso en la declaración inicial, esto es tener claro por lo menos: qué enfoque
fáctico lo guía, es decir, cómo planteará los hechos, cómo pretende probar ese
enfoque fáctico, y finalmente, cuáles son las consecuencias jurídicas de dicho
enfoque.
A lo anterior habría que agregarle, que este esquema debe ser lo suficientemente
flexible para variar de acuerdo a cómo la Fiscalía General de la Nación plantee su
propio caso, que muy seguramente coincidirá con lo planteado en la acusación;
sin embargo, no hay que sustraerse de la posibilidad de una variación sorpresiva o
estratégica por parte del acusador. Lo que exige al defensor presentar una
alternativa que le permita a través de los parámetros lógicos de la argumentación
una mejor explicación jurídica probatoria de los hechos objeto de la investigación.
IMPORTANCIA DE LAS SALIDAS ALTERNAS
El nuevo modelo procesal fue instrumentándose paulatinamente en los distintos
estados del país. Hubo estados pioneros que iniciaron la transformación procesal
con anterioridad a la reforma constitucional.
Chihuahua y Oaxaca iniciaron en 2007, aunque Nuevo León ya había comenzado
desde 2004 una incipiente transformación del procedimiento penal y el Estado de
México había incorporado el procedimiento abreviado en 2006.
A partir de la reforma constitucional de 2008 otros estados se fueron sumando
paulatinamente, con mayor o menor entusiasmo, a la transformación del modelo
procesal.
El CNPP, al igual que los códigos estatales que lo antecedieron, atendió al
mandato constitucional y a todas sus razones subyacentes al regular distintas
figuras que permiten la terminación del proceso en forma distinta a la tradicional.
Las salidas alternas al juicio buscan cumplir con los fines perseguidos por el
proceso sin necesidad de llegar a la etapa de juicio oral, incluyen el acuerdo
reparatorio, la suspensión condicional del proceso, el procedimiento abreviado y
los criterios de oportunidad.
Las salidas alternas al juicio dan cuenta de la transformación en los objetivos
perseguidos por el proceso penal. Permiten resolver el conflicto y favorecen que
se cumpla con la reparación del daño. Además, responden a criterios de eficacia y
eficiencia, en tanto agilizan la solución del conflicto, con lo que se reducen la carga
de trabajo de muchos operadores del sistema y posibilitan disminuir rezago en la
procuración y administración de justicia.
Tanto la víctima como el imputado pueden verse favorecidos por una solución
pronta del conflicto que satisfaga sus principales requerimientos. Un acuerdo
reparatorio que contemple en forma equilibrada las pretensiones de una y otra
parte es una opción altamente atractiva frente a la de un proceso penal de mayor
duración que representa el riesgo de no obtener una resolución acorde a sus
intereses.
Acuerdos reparatorios se refieren al acuerdo entre el imputado y la víctima u
ofendido, en que el primero repara de algún modo que resulte satisfactorio para la
segunda las consecuencias dañosas del hecho que se persigue penalmente y
que, una vez aprobados por el Ministerio Público o el Juez de Control y cumplidos
en sus términos, tienen como efecto la conclusión del caso.
El artículo 187 del CNPP admite los acuerdos reparatorios en delitos que se
persiguen por querella o requisito equivalente de parte ofendida; delitos culposos,
o delitos patrimoniales cometidos sin violencia sobre las personas.
Los delitos que se persiguen por querella están señalados expresamente en los
códigos penales; se trata, generalmente, de delitos patrimoniales entre personas
que tienen relación de parentesco, violación entre cónyuges, lesiones que tardan
en sanar menos de quince días, entre otros.
El requisito equivalente de parte ofendida se refiere a aquellos casos en que la ley,
como requisito de Procedibilidad, exige la declaración de alguna autoridad, como
prevé, por el ejemplo el artículo 92 del Código Fiscal, que establece que para
proceder penalmente por los delitos fiscales se exige que la Secretaría de
Hacienda y Crédito Público formule querella o declare que el Fisco ha sufrido o
pudo sufrir un perjuicio o formule otra declaratoria correspondiente.
Suspensión condicional del proceso es la figura que permite al imputado o al
Ministerio Público, con el consentimiento de aquél, y con acuerdo del Juez de
Control, dar término anticipado al procedimiento cuando se cumpla con los
requisitos especificados en la ley y con las condiciones fijadas por el juez, que
permitan suponer que al imputado no volverá a atribuírsele la comisión de un
hecho señalado en la ley como delito.
Tiene por finalidad la de reincorporar de forma rápida al inculpado primo
delincuente a la sociedad, sin necesidad de recurrir a la imposición de sanciones.
El CNPP establece que esta figura puede proceder en todos aquellos delitos cuya
media aritmética no exceda de 5 años y que no exista oposición fundada de la
víctima.
El Ministerio Público o el imputado deben formular la solicitud al Juez de Control,
la cual debe contener un plan detallado sobre el pago de la reparación del daño y
el sometimiento del imputado a una o varias de las condiciones establecidas en la
ley, que garanticen una efectiva tutela de los derechos de la víctima u ofendido.
El imputado se obliga voluntaria y unilateralmente a llevar a cabo una serie de
conductas, esencialmente previstas en un catálogo legal, con el objeto de superar
las causas y circunstancias que directamente le influyeron para cometer el
probable delito; supervisándosele en su cumplimiento, lo cual permite, mediante la
aprobación judicial y la anuencia del Ministerio Público, suspender el proceso
penal de manera condicional y por un tiempo no inferior a 6 meses ni superior a 3
años.
La suspensión condicional del proceso interrumpe los plazos para la prescripción
de la acción penal del delito de que se trate.
El cumplimiento de las obligaciones del imputado da lugar a la extinción de la
acción penal. Si el imputado dejara de cumplir injustificadamente con las
obligaciones contraídas, o posteriormente fuera condenado por sentencia
ejecutoriada por el delito doloso o culposo, el Juez de Control, previa petición del
agente del Ministerio Público o de la víctima u ofendido, deberá revocar de la
suspensión o ampliarla hasta por dos años más. Una vez revocada la suspensión
no podrá volver a concederse.