ORIENTACIONES DE LA ENSEÑANZA
Las prácticas de enseñanza son múltiples y variadas, y las teorías son diversas. Pero, en
términos generales, existen dos grandes concepciones acerca de la enseñanza:
La enseñanza entendida como instrucción:
Destaca la mediación del adulto o profesor como transmisor de un conocimiento o
modelizador de una práctica. Quienes aprenden incorporan los procedimientos, las
conocimientos o los conceptos a partir de la acción de quien enseña, a través de la escucha
activa, la observación del modelo, la reflexión interna. La metáfora es la enseñanza como
acción del mundo social externo y el aprendizaje como proceso individual, internalizando no
sólo los contenidos sino las formas de pensar, transferibles a nuevas si-tuaciones, y
desarrollando el potencial individual (Ausubel, Novak y Hanesian, 1983; Reighluth y Merril,
1978).
La enseñanza entendida como guia:
Destaca la guía sistemática y metódica por parte del adulto o profesor y el papel central de
la actividad de quienes aprenden, a través de la observación directa de fenómenos, la
búsqueda y la indagación activa, la resolución de problemas, la reflexión activa y la
inventiva.
La metáfora es la enseñanza como andamio para que los alumnos elaboren el nuevo
conocimiento en una secuencia progresiva de ac-ciones. Admite dos grandes variantes: el
grupo ayuda el aprendizaje individual y el aprendizaje constituye un producto de la acción
colectiva (Newman, Griffin y Cole, 1991; Greeno, 1997; Cole, 1995).
Estas dos grandes concepciones no deben ser comprendidas como modelos rígidos, fijos o
cerrados en sí mismos. Aunque reconozcan origenes conceptuales y enfoques distintos, la
oposición es teórica. Constituyen teorías específicas pero integra-bles entre sí en la realidad
de las prácticas. Su valor conceptual y reflexivo estriba en brindar un marco de análisis para
orientar las opciones conscientes de los profesores y no la aplicación fija de un modelo
único en cualquier circunstancia.
En la realidad, las prácticas de enseñanza no adoptan rígidamente uno y sólo uno de estos
grandes enfoques. En su lugar, asumen una orientación general en un momento dado o con
mayor énfasis, pero integrando momentos de la otra orientación en la secuencia metódica
de enseñanza.
La idea de orientación de la enseñanza presenta una flexibilidad y un dinamismo más
interesante que la idea de modelos fijos y, mucho menos, antagónicos. Aunque exista una
orientación principal, la enseñanza puede incluir alternativas durante su desarrollo y
producir distintos efectos de aprendizaje. En otras pala-bras, la orientación puede darse en
"estado puro" o puede incluir toda una gama variada de alternativas entre un extremo y otro
de las prácticas. Por ejemplo, un profesor puede enseñar priorizando la instrucción, pero
durante el proceso los alumnos discuten sus puntos de vista y desarrollan nuevas formas de
analizar el mismo problema. Con ello, desarrollan interacciones entre sí, lo que flexibiliza la
idea de instrucción externa, centrada en el profesor y genera condiciones de construcción
participativa del grupo. En otro caso, un profesor puede enseñar priorizando su papel de
guía, lo que no impide que existan momentos de instrucción durante la secuencia de
actividades, sea por la exposición del profesor o por la lectura de textos, Con ello, se habilita
la adquisición del conocimiento organizado, como alimento al papel activo del grupo.
Asimismo, en cualquiera de las orientaciones, la enseñanza puede enfatizar el tratamiento
de la esfera intelectual, la afectiva, la valorativa o la acción. Aquí también la cuestión es de
orientación: aunque se aborde con mayor énfasis la dimensión intelectual, los sentimientos
y las valoraciones están presentes; aunque se priorice el desarrollo de la expresividad y la
afectividad, el pensamiento apoya el proceso y nunca está ausente. En otros términos,
todas las áreas de conducta están presentes en la acción de la enseñanza y en el
aprendizaje.
Como síntesis del análisis de las prácticas de enseñanza y cualesquiera sean las
concepciones que la orienten:
• La enseñanza siempre implica intenciones de transmisión cultural de una muy variada
gama de contenidos y del desarrollo de diversas capacidades en quienes aprenden, desde
habilidades y destrezas prácticas, desarrollo del pénsa-miento, hasta resolver problemas,
interactuar y participar con otros, o asumir valores sociales.
• La enseñanza implica necesariamente la propuesta de una secuencia metódica de
acciones, sea con mayor orientación hacia la instrucción o hacia la guía, en la que quienes
aprenden puedan elaborar su aprendizaje, a través de la reflexión interna o en la actividad
participativa.
* • Cualquiera sea la decisión de quienes enseñan, ésta deberá contemplar la coordinación
de un sistema de relaciones reguladas entre quienes aprenden, quienes enseñan, los
contenidos que se enseñan y el ambiente, con sus flujos de interacción y sus recursos
reales y potenciales.
• Sea como instrucción o como guía, la enseñanza siempre tiene implícita la dinámica entre
autoridad y autonomía, y sus resultados son previsibles pero variados y abiertos, como lo
son las personas y los contextos en los que participan.
• Siempre es necesario que quienes enseñan reflexionen sobre estas cuestiones, ampliando
la visión y la conciencia en la acción de enseñar, y adoptando decisiones válidas y valiosas
en función de una buena enseñanza.