0% encontró este documento útil (0 votos)
51 vistas4 páginas

Fragmentos de Teatro Anterior A La Guerra Civil 2

Cargado por

tv75g9m9m6
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
51 vistas4 páginas

Fragmentos de Teatro Anterior A La Guerra Civil 2

Cargado por

tv75g9m9m6
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

FRAGMENTOS DE TEATRO ANTERIOR A LA GUERRA CIVIL: VALLE-

INCLÁN Y GARCÍA LORCA

“Rinconada en costanilla y una iglesia barroca por fondo. Sobre las campanas
negras, la luna clara.
DON LATINO y MAX ESTRELLA filosofan sentados en el quicio de una puerta.
A lo largo de su coloquio, se torna lívido el cielo. En el alero de la iglesia pían
algunos pájaros. Remotos albores de amanecida. Ya se han ido los serenos, pero aún
están las puertas cerradas. Despiertan las porteras.
MAX: ¿Debe estar amaneciendo?
DON LATINO: Así es.
MAX: ¡Y qué frío!
DON LATINO: Vamos a dar unos pasos.
MAX: Ayúdame, que no puedo levantarme. ¡Estoy aterido!
DON LATINO: ¡Mira que haber empeñado la capa!
MAX: Préstame tu carrik, Latino.
DON LATINO: ¡Max, eres fantástico!
MAX: Ayúdame a ponerme en pie.
DON LATINO: ¡Arriba, carcunda!
MAX: ¡No me tengo!
DON LATINO: ¡Qué tuno eres!
MAX: ¡Idiota!
DON LATINO: ¡La verdad es que tienes una fisonomía algo rara!
MAX: ¡Don Latino de Hispalis, grotesco personaje, te inmortalizaré en una novela!
DON LATINO: Una tragedia, Max.
MAX: La tragedia nuestra no es tragedia.
DON LATINO: ¡Pues algo será!
MAX: El Esperpento.
DON LATINO: No tuerzas la boca, Max.
MAX: ¡Me estoy helando!
DON LATINO: Levántate. Vamos a caminar.
MAX: No puedo.
DON LATINO: Deja esa farsa. Vamos a
caminar.
MAX: Échame el aliento. ¿Adónde te has
ido, Latino?
DON LATINO: Estoy a tu lado.
MAX: Como te has convertido en buey, no
podía reconocerte. Échame el aliento,
ilustre buey del pesebre belenita. ¡Muge,
Latino! Tú eres el cabestro, y si muges
vendrá el Buey Apis. Lo torearemos.
DON LATINO: Me estás asustando. Debías dejar esa broma.
MAX: Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya.
Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.
DON LATINO: ¡Estás completamente curda!
MAX: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El
sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética
sistemáticamente deformada.
DON LATINO: ¡Miau! ¡Te estás contagiando!
MAX: España es una deformación grotesca de la civilización europea.
DON LATINO: ¡Pudiera! Yo me inhibo.
MAX: Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.
DON LATINO: Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle
del Gato.
MAX: Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática
perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las
normas clásicas.
DON LATINO: ¿Y dónde está el espejo?
MAX: En el fondo del vaso.
DON LATINO: ¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!

MAX: Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las
caras y toda la vida miserable de España.
DON LATINO: Nos mudaremos al callejón del Gato.
MAX: Vamos a ver qué palacio está desalquilado. Arrímame a la pared. ¡Sacúdeme!
DON LATINO: No tuerzas la boca.
MAX: Es nervioso. ¡Ni me entero!
DON LATINO: ¡Te traes una guasa!
MAX: Préstame tu carrik.
DON LATINO: ¡Mira cómo me he quedado de un aire!
MAX: No me siento las manos y me duelen las uñas. ¡Estoy muy malo!
DON LATINO: Quieres conmoverme, para luego tomarme la coleta.
MAX: Idiota, llévame a la puerta de mi casa y déjame morir en paz.
DON LATINO: La verdad sea dicha, no madrugan en nuestro barrio

Valle- Inclán.- Luces de Bohemia

ADELA: Ya no aguanto el horror de estos techos después de haber probado el sabor


de su boca. Seré lo que él quiere que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome
con sus dedos de lumbre, perseguida por los que dicen que son decentes, y me
pondré delante de todos la corona de espinas que tienen las que son queridas de
algún hombre casado.
MARTIRIO: ¡Calla!

ADELA: Sí, sí. (En voz baja). Vamos a dormir, vamos a dejar que se case con
Angustias. Ya no me importa. Pero yo me iré a una casita sola donde él me verá
cuando quiera, cuando le venga en gana.

MARTIRIO: Eso no pasará mientras yo tenga una gota de sangre en el cuerpo.


ADELA: No a ti, que eres débil: a un caballo encabritado soy capaz de poner de
rodillas con la fuerza de mi dolor meñique.
MARTIRIO: No levantes esa voz que me irrita. Tengo el corazón lleno de una fuerza
tan mala que, sin quererlo yo, a mí misma me ahoga.
ADELA: Nos enseñan a querer a las hermanas. Dios me ha debido dejar sola, en
medio de la oscuridad, pero te veo como si no te hubiera visto nunca.
(Se oye un silbido y Adela corre a la puerta, pero Martirio se le pone delante).
MARTIRIO: ¿Dónde vas?
ADELA: ¡Quítate de la puerta!
MARTIRIO: ¡Pasa si puedes!

ADELA: ¡Aparta! (Lucha).


MARTIRIO: (A voces): ¡Madre, madre!
ADELA: ¡Déjame!
(Aparece Bernarda. Sale en enaguas con un mantón negro).
MARTIRIO: (Señalando a Adela). ¡Estaba con él! ¡Mira esas
enaguas llenas de paja de trigo!
BERNARDA: ¡Esa es la cama de las mal nacidas! (Se dirige
furiosa hacia Adela).

ADELA: (Haciéndole frente). ¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (Adela


arrebata un bastón a su madre y lo parte en dos). Esto hago yo con la vara de la
dominadora. No dé usted un paso más. ¡En mí no manda nadie más que Pepe!

(Adela se rebela y reclama su derecho a ser la mujer de Pepe el Romano. Bernarda


dispara contra él y dice que lo ha matado a pesar de haber errado su tiro. Adela,
desesperada, sale corriendo y se encierra dispuesta a quitarse la vida.)

Bernarda: (En voz baja como un rugido.) ¡Abre, porque echaré abajo la puerta!
(Pausa. Todo queda en silencio.) ¡Adela! (Se retira de la puerta.) ¡Trae un martillo! (La
Poncia da un empujón y entra. Al entrar da un grito y sale.) ¿Qué?
La Poncia: (Se lleva las manos al cuello.) ¡Nunca tengamos ese fin!(Las hermanas se
echan hacia atrás. La Criada se santigua. Bernarda da un grito y avanza.)
La Poncia: ¡No entres!
Bernarda: No. ¡Yo no! Pepe, tú irás corriendo vivo por lo oscuro de las alamedas, pero
otro día caerás. ¡Descolgarla! ¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestirla
como una doncella. ¡Nadie diga nada! Ella ha muerto virgen. Avisad que al amanecer
den dos clamores de campanas.
Martirio: Dichosa ella mil veces que lo pudo tener.
Bernarda: Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A
otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija) ¡Las lágrimas cuando estés sola! Nos
hundiremos todas en un mar de luto. Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto
virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!
García Lorca.- La casa de Bernarda Alba

También podría gustarte