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UNIDAD N° 2: DURKHEIM

TEXTO N° 1: ANTHONY GIDDENS – PRIMERAS OBRAS DE DURKHEIM – CAPITULO N° 5:


LA SOCIOLOGÍA Y LA CIENCIA DE LA VIDA MORAL:
Entre 1885 y 1887 Durkheim publico varios estudios críticos de varios pensadores sociales alemanes. Según
este una de las aportaciones más importantes de uno de estos autores consiste en haber comparado la
sociedad con los órganos y tejidos del cuerpo, y Durkheim no considera esto ilegitimo ya que, para él, el
uso de conceptos biológicos representa solo una metáfora que puede facilitar el análisis sociológico. Pero
no hay que olvidar que hay una diferencia radical y significativa entre la vida del organismo y la de la
sociedad, ya que los primeros se rigen mecánicamente, mientras que la sociedad esta unidad en su
conjunto los vínculos de las IDEAS. La sociedad tiene sus propiedades específicas que pueden distinguirse
de las de sus miembros individuales.
Los ideales y sentimientos que constituyen la herencia cultural de los miembros de una sociedad son
impersonales, es decir, han evolucionado socialmente y no son producto ni propiedad de ningún individuo
en concreto.
En su extenso estudio sobre la ciencia positiva de la moral, Durkheim afirma que en Francia solo se
conocen 2 formas generales de teoría ética, el idealismo y el utilitarismo. Pero los escritos de los autores
alemanes que el sigue empezaron a asentar la ética sobre una base científica, este enfoque fue elaborado
por economistas y juristas principalmente, y para ellos los fenómenos económicos no pueden estudiarse
adecuadamente como si estuvieras separados de las creencias y normas morales que rigen la vida de los
individuos en sociedad. No hay sociedad donde las relaciones económicas no estés sujetas a una
reglamentación de leyes costumbres.
Los pensadores alemanes, como Durkheim, tienen el gran mérito de haber puesto de manifiesto que las
reglas y acciones morales deben estudiarse científicamente, como propiedades de la organización social.
Tenemos que empezar por el estudio de las formas concretas de las reglas morales comprendidas dentro
de sociedades determinadas, la sociedad da forma a las reglas morales apremiada por las necesidades
colectivas.
Durkheim también dedica parte de su artículo a analizar a un autor, y sus principales aportaciones sobre la
importancia básica de las instituciones religiosas en la sociedad, la religión es una fuerza que contribuye a
la unidad social, por ser un ideal, Durkheim afirma que nunca ha habido hombres que carecieran por
completo de un ideal, ya que esto corresponde a una necesidad enraizada en nuestra naturaleza.
Todas las acciones morales, dice este autor, tiene 2 aspectos. La atracción positiva, LA ATRACCIÓN A UN
IDEAL o conjunto de ideales, es uno. Pero las reglas morales también tienen los CARACTERES DE
OBLIGACIÓN Y COACCIÓN, ya que el seguimiento de los fines morales no se funda siempre en el atractivo
de los ideales. Ambos aspectos de la regla moral son esenciales para su funcionamiento.
LOS OBJETIVOS DE DURKHEIM EN LA DIVISIÓN DEL TRABAJO:
Los estudios que hizo Durkheim de las obras de los pensadores sociales alemanes indican que sus puntos
de vistas característicos ya se fijaron al comienzo de su profesión. Estos puntos de vistas tienen que ver
como los siguientes elementos: la importancia de los ideales y de la unidad moral en la comunidad de la
sociedad; la significación del individuo como agente productor de influencias sociales como receptor pasivo
de las mismas; la doble naturaleza de la adhesión del individuo a la sociedad, en cuanto incluye a la vez la
obligación y la entrega positiva a los ideales; el principio de que una organización elementos tiene
propiedades que no pueden deducirse directamente de las características de los elementos aisladamente
considerados; los fundamentos esenciales de lo que iba a ser la teoría de la anomia; y los gérmenes de la
posterior teoría de la religión.
Importa tener en cuenta estas consideraciones al evaluar la división del trabajo social. En el libro la
polémica va dirigida contra el individualismo utilitarista de los económicos políticos y filósofos ingleses,
pero también critico la corriente que acentuó el valor que tiene para la perpetuación del orden social un
consenso moral firmemente determinado. Durkheim considera que esto es apropiado para el análisis de los
tipos tradicionales de sociedad. Pero dice que la moderna sociedad compleja no tiende inevitablemente a
la designación, a pesar de que viene a menos la importancia de las creencias morales tradicionales. La
condición normal de la división diferenciada del trabajo es, la estabilidad orgánica. Esto no quiere decir que
el efeto integrador de la división pueda interpretarse a la manera del utilitarismo, como el resultado de
múltiples contratos individuos. Al contrario, la existencia del contrato presupone compromisos morales
generales sin los cuales la formación de tales vínculos no podría proceder de una manera ordenada. El
culto del individuo es el reflejo de la individualización que el desarrollo de la decisión del trabajo ha
producido, y es el principal apoyo moral sobre el que descansa.
Este libro es ante todo un esfuerzo por tratar los hechos de la vida moral según el método de las ciencias
positivas. Tal método debe distinguirse claramente del de la filosofía ética: los filósofos morales parten de
algunos postulados sobre las características esenciales de la naturaleza humana o de proposiciones
tomadas de la psicología, y de ahí, mediante un proceso de deducción lógica, pasan a elaborar un esquema
de ética. Durkheim no se propone extraer la moral de la ciencia, sino hacer la ciencia de la moral, lo que es
diferente. Las reglas morales se desarrollan dentro de la sociedad y están vinculadas a las condiciones de
vida social correspondientes a una época y lugar determinada. La ciencia de los fenómenos morales, se
propone observar, describir y clasificar las normas morales y analizar como las formas cambiantes de
sociedad producen transformaciones en el carácter de tales normas.
El problema que preocupa a Durkheim en la división del trabajo social arranca de una aparente
ambigüedad moral en la relación entre el individuo y la sociedad en el mundo contemporáneo. El
desarrollo de la moderna sociedad viene unido con la expansión del individualismo. Fenómeno claramente
asociado con el crecimiento de la división del trabajo, la cual produce la especialización de la función
profesional y fomenta, el desarrollo talentos, capacidades y actitudes específicas, que participa solamente
grupos especiales. En nuestros tiempos existen intensas corrientes de ideales morales que expresan el
parecer de que la personalidad individual debe desarrollarse según las cualidades específicas que tiene la
persona y que no todos deben recibir una educación uniforme. Existen también tendencias morales que al
individuo desarrollado universalmente.
Por medio del análisis histórico y sociológico de las causas y efectos de la expansión de la división del
trabajo pueden llegarse a comprender, las fuentes de estos ideales morales aparentemente contradictorios.
La división del trabajo no es un fenómeno moderno, pero en los tipos de sociedad más tradicionales
aparece en forma rudimentaria, y limitando a la división sexual. Un alto grado de especialización en la
división del trabajo es consecuencia muy concreta de la producción industrial moderna. No es
consecuencia del industrialismo exclusivamente. El mismo proceso puede observarse en todos los sectores
de las sociedades contemporáneas: en el gobierno, el derecho, la ciencia y las artes. En todas estas áreas de
la vida social la especialización es cada vez más evidente.
El aumento de diferenciación social característico del proceso de evolución de las formas tradicionales a las
formas modernas de sociedad, puede compararse con ciertos principios biológicos. Para analizar la
importancia de la diferenciación de la división del trabajo, tenemos que comparar los principios según los
cuales se organizan las sociedades menos desarrolladas con los que rigen la organización de las sociedades
avanzadas.
Esto lleva consigo el intento de medir los cambios en la naturaleza de la solidaridad social. Puesto que la
solidaridad social no puede medirse directamente, se sigue que para representar gráficamente las
variaciones de la forma de solidaridad social es necesario sustituir el hecho interno que se nos escapa, por
un hecho exterior que lo simboliza.
Un precepto legal puede definirse como una regla de conducta sancionada y las sanciones pueden dividirse
en 2 grandes grupos. Las sanciones represivas propias del derecho penal, que consisten en la imposición de
cierto tipo de sufrimiento como castigo por su trasgresión. Las sanciones restitutivas, implican reparación o
restablecimiento de las relaciones tal como estaban antes que se violara la ley.
El derecho represivo es característico de crimen o delito. Delito es un acto que conculca sentimientos
universalmente aprobados por los miembros de la sociedad. Esto pone en evidencia la indefinida base
moral del D.P. En el caso del derecho restitutivo, están tipificados, la obligación y la reparación de la
trasgresión.
La razón por que no tiene especificarse la naturaleza de la obligación moral en el derecho represivo es
evidente: porque todo el mundo la conoce y la acepta.
El predominio del D.P dentro del sistema jurídico de una sociedad presupone la existencia de una
conciencia colectiva firmemente definida, de creencias y sentimientos compartidos conjuntamente por los
miembros de una sociedad. El castigo consiste por encima de todo en una respuesta emotiva a la
transgresión.
En las sociedades primitivas el castigo tiende a ser ciego e irreflexivo, pero el principio subyacente del D.P
permanece en los tipos más evolucionados de sociedad. En las sociedades contemporáneas la explicación
da para la continuación de las sanciones represivas concibe el castigo solamente como algo disuade. Pero si
esto fuera realmente así, la ley castigaría en relación con la fuerza de la motivación del delincuente para
cometerlo. El castigo conserva, por tanto, su carácter expiatorio y sigue siendo un acto de venganza. Lo que
vengamos, lo que el criminal expía, es el ultraje hecho a la moral.
La función primaria del castigo consiste, en proteger y reafirmar la conciencia colectiva frente a actos que
cuestionan su santidad. En las sociedades más sencillas, la religión «lo abarca todo y se extiende a todo», y
contiene un conjunto heterogéneo de creencias y prácticas que regulan no sólo los fenómenos
estrictamente religiosos, sino también «la moral, el derecho, los principios de la organización política y
hasta la ciencia». Toda la ley penal está contenida originalmente dentro de un marco religioso; y a su vez,
toda ley es represiva.
Las sociedades en que los principales vínculos de cohesión se basan en la «solidaridad mecánica» tienen
una estructura agregada o segmentaría: se componen de grupos político-familiares yuxtapuestos que son
muy semejantes entre sí por su organización interna. En las sociedades segmentarias, primitivas, la
propiedad es comunitaria, fenómeno que constituye solamente un aspecto de su bajo nivel de
individualismo en general. En la solidaridad mecánica, domina a la sociedad un conjunto muy firme de
sentimientos y creencias compartidos por todos los miembros de la comunidad, no hay muchas
posibilidades de diferenciación entre individuos; cada individuo es un microcosmos de la totalidad. Allí
donde la personalidad colectiva es la única que existe, la propiedad no puede dejar de ser colectiva.
EL CRECIMIENTO DE LA SOLIDARIDAD ORGÁNICA:
El progresivo desalojo del derecho represivo por el derecho restitutivo es una tendencia histórica
correlativa al grado de desarrollo de una sociedad: cuanto más elevado sea el nivel de desarrollo social,
tanto mayor será la proporción relativa de las leyes restitutivas dentro de la estructura jurídica. El elemento
fundamental de derecho represivo —el principio de la expiación por medio del castigo— no se encuentra
en el derecho restitutivo. Por lo tanto, la forma de solidaridad social de la que es exponente el derecho
restitutivo debe ser distinta de la expresada por el derecho penal. La misma existencia del derecho
restitutivo presupone el predominio de una división diferenciada del trabajo.
Este segundo tipo de cohesión social es la «solidaridad orgánica». En ella la solidaridad no arranca
simplemente de la aceptación de un conjunto de creencias y sentimientos comunes, sino de la
interdependencia funcional en la división del trabajo. En la solidaridad mecánica la conciencia colectiva
«envuelve completamente» la conciencia individual y supone, por tanto, una identidad entre los individuos.
La solidaridad orgánica, no presupone identidad sino diferencia entre las creencias y acciones de los
distintos individuos. El crecimiento de la solidaridad orgánica y la expansión de la división del trabajo
vienen, por tanto, unidas con el avance del individualismo.
El progreso de la solidaridad orgánica depende del decrecer de la importancia de la conciencia colectiva.
Pero las creencias y sentimientos comunes no desaparecen del todo en las sociedades complejas; ni se
trata de que la formación de relaciones contractuales pierda el carácter moral y llegue a ser simplemente el
resultado de hacer cada individuo «lo que más le interesa».
Durkheim aquí insiste en que «Sin razón se opone la sociedad que deriva de la comunidad de creencias a la
que tiene por base la cooperación, otorgando a la primera sólo un carácter moral y viendo en la segunda
sólo un agrupamiento económico. En realidad, también la cooperación tiene su moralidad intrínseca».
La teoría utilitarista es incapaz de dar cuenta de la base de solidaridad moral en las sociedades
contemporáneas; y es también engañosa como teoría de las causas del incremento de la división del
trabajo.
Hay que buscar, en otra parte la explicación del crecimiento de la división del trabajo. Sabemos que el
desarrollo de la división del trabajo va a la par que la desintegración del tipo segmentario de estructura
social. Se empezaron constituir relaciones donde antes no existían, relaciones que ponían en contacto
grupos antaño separados. Los diferentes modos de vida y de creencia de estas sociedades, una vez puestos
en contacto entre sí, destruyen la homogeneidad aislada de cada grupo, y estimulan el intercambio
económico y cultural. La división del trabajo progresa más «cuántos más individuos haya que estén en
contacto lo bastante como para poder accionar y reaccionar unos sobre otros». Durkheim denomina
densidad «dinámica» a la frecuencia de este contacto moral. El incremento de los contactos diversificados
entre individuos debe proceder obviamente de cierto tipo de relaciones materiales continuas. El
incremento de la densidad dinámica depende en gran parte de un aumento de la densidad material de la
población. Por lo que se pudo concluir que, la división del trabajo varía en razón directa al volumen y a la
densidad de las sociedades, y si progresa de una manera continua en el transcurso del desarrollo social, es
porque las sociedades se vuelven más densas y de una manera muy general, más voluminosas.
La densidad material es importante sólo en la medida en que se transforma en densidad moral o dinámica,
y el factor explicativo es precisamente la frecuencia de contactos sociales.
Durkheim se sirve de una explicación «biológica» al intentar analizar el conflicto, como mecanismo que
acelera el progreso de la división del trabajo. Según Durkheim, la lucha por la existencia es más violenta
entre individuos del mismo tipo. Este conflicto tiende a dar origen a una especialización complementaria,
de modo que los organismos puedan coexistir sin que uno estorbe la supervivencia del otro. La
diferenciación de funciones permite sobrevivir a diversos tipos de organismos. Un principio semejante,
concluye Durkheim, puede aplicarse a la sociedad humana.
INDIVIDUALISMO Y ANOMIA:
La diferenciación de la división del trabajo produce inevitablemente un descenso, del grado de saturación
de la conciencia colectiva en la sociedad. El crecimiento del individualismo acompaña ineludiblemente a la
expansión de la división del trabajo: y el individualismo sólo puede progresar a expensas de la intensidad
de las creencias y sentimientos comunes. Así, la conciencia colectiva «consiste, cada vez más, en maneras
de pensar y de sentir muy generales y muy indeterminadas, que dejan lugar libre a una creciente multitud
de disidencias individuales». Las sociedades modernas no se hunden por eso en el desorden, de hecho, tal
forma de cohesión (solidaridad mecánica) va siendo reemplazada cada vez más en las sociedades
contemporáneas por un nuevo tipo de cohesión social (solidaridad orgánica). La sociedad contemporánea
sigue siendo un orden moral. Es innegable que hay un espacio donde la conciencia colectiva «se ha
fortalecido y precisado»: en todo lo que se refiere al «culto del individuo». El desarrollo del «culto del
individuo» sólo es posible a causa de la secularización de muchos sectores de la vida social. Se contrapone
a las formas tradicionales de conciencia colectiva en que, si bien está formado por creencias y sentimientos
comunes, éstos se centran en el valor o dignidad del individuo más que en el de la colectividad. El «culto al
individuo» es el reflejo moral del crecimiento de la división del trabajo.
Al llegar a este punto, el análisis topa con una evidente dificultad. Si el crecimiento de la división del trabajo
no está unido ineludiblemente con la ruptura de la cohesión social, ¿cómo se explican los conflictos, que
son un rasgo tan evidente del mundo económico moderno? Durkheim reconoce que el conflicto de clases
que brota entre el capital y el trabajo asalariado ha acompañado a la expansión de la división del trabajo
que se sigue de la industrialización. La relación entre el capital y el trabajo asalariado se aproxima
efectivamente a la situación que la teoría utilitarista considera éticamente ideal: la estipulación de
contratos está poco reglamentada, o no lo está en absoluto. Esto conduce a una situación crónica de
conflicto de clases. En lugar de la reglamentación moral requerida, la formación de relaciones contractuales
tiende a estar determinada por la imposición del poder coercitivo. A esto Durkheim lo denomina «división
forzada del trabajo». Si bien el funcionamiento de la solidaridad orgánica implica la existencia de reglas
normativas que regularizan las relaciones entre las distintas profesiones, esto no puede realizarse si una
clase impone unilateralmente estas reglas a la otra. Sólo pueden prevenirse estos conflictos si la división del
trabajo se coordina con la distribución de los talentos y capacidades y si una clase privilegiada no
monopoliza los puestos más elevados.
Nos encontramos en un momento de transición, en el cual esto se da todavía. La disminución progresiva de
la desigualdad de oportunidades («desigualdad externa») es una tendencia histórica concreta que
acompaña al crecimiento de la división del trabajo.
ANTHONY GIDDENS –SU CONCEPCIÓN DEL MÉTODO SOCIOLÓGICO – DURKHEIM - CAPITULO N° 6:
Las nociones que Durkheim trató en la división del trabajo constituyen los fundamentos de su sociología.
Luego publica 2 publicaciones muy importantes, en las reglas Durkheim explica los presupuestos
metodológicos que ya aplico en la división del trabajo. Y el tema del suicidio se entrelaza estrechamente
con este, tanto en el contexto del pensamiento de Durkheim como dentro del marco más amplio de los
escritos del siglo 19 sobre cuestiones de ética social. Este autor se sirvió del estudio del suicidio como de un
problema específico en cuyos términos podían analizarse aspectos morales más amplios.
EL PROBLEMA DEL SUICIDIO:
En 1888, Durkheim escribe, es cierto que un aumento fe suicidios siempre testifica un serio trastorno de las
condiciones orgánicas de la sociedad. Este autor intenta demostrar con documentos, la naturaleza de este
fenómeno en concreto en las sociedades contemporáneas, a esto se le debe añadir un objetivo
metodológico, la aplicación del método sociológico a la explicación de un fenómeno que pareciera
completamente individual.
Durkheim aporta un punto de vista básico, debe trazarse una separación analítica entre la explicación de la
distribución de los índices de suicidio, y la etiología de sus casos individuales.
Los estadísticos del siglo 19, llegaron a la conclusión de que los modelos de índice de suicidio tienen que
depender de fenómenos de tipo geográfica, biológico o social. Durkheim estudia los 2 primeros, pero los
descarta como posibles explicaciones de la distribución de los índices de suicidio. Por consiguiente, se fijó
en el tercer tipo de factor, el social, para explicar los modelos de índices de suicidio.
Hay una relación entre integración social y suicidio, que se mantiene constante, prescindiendo del sector
institucional de la sociedad que se analice en concreto. Se establece que el suicidio varía en razón inversa
del grado de integración de los grupos sociales de que forma parte el individuo. Este tipo de suicidio
podemos llamarlo egoísta, y es consecuencia de un estado de cosas donde [el yo individuo se afirma con
exceso frente al yo social y a expensas de este último]. Este tipo de suicidio es particularmente
característico de las sociedades contemporáneas, pero no es el único tipo de suicidio que se encuentra en
ellas. Un segundo tipo de suicidio dimana del fenómeno que Durkheim trata en la división del trabajo: la
situación anómica de falta de normativas morales que caracteriza a las relaciones económicas. Un índice de
esto es la correlación que puede demostrarse entre cuotas de suicidio y estructura profesional. También
puede demostrarse con referencia a otro fenómeno que se trata en la división del trabajo, como resultado
de la situación anómica de la industria, la incidencia de crisis económicas. Aquí entran en un estado de
tensión las expectativas ordinarias de los que experimentan un súbito descenso o una súbita elevación de
sus circunstancias económicas. De ello se sigue una situación anómica, de falta de normativas morales.
Por tanto, la anomia, lo mismo que el egoísmo, es un factor regular y específico de suicidios en nuestras
sociedades modernas, es una de las fuentes donde se alimenta su contingente anual. Durkheim realiza un
estudio entre suicidio egoísta y anómico. Durkheim vincula el suicidio egoísta al crecimiento del culto al
individuo» en las sociedades contemporáneas. El suicidio egoísta es, pues, un vástago del culto a la
persona. El individualismo, no es necesariamente el egoísmo, pero se le acerca. Así se produce el suicidio
egoísta. El suicidio anómico, por otra parte, procede de la falta de reglamentación moral particularmente
característica de importantes sectores de la industria moderna. En la medida en que la anomia es, un
fenómeno patológico, el suicidio anómico es también patológico y, por tanto, no es una característica
ineludible de las características contemporáneas.
En las sociedades tradicionales el suicidio adquiere una forma distinta de los tipos egoísta y anómico. Esto
se puede estudiar siguiendo las características de su organización social, especificadas en La división del
trabajo. En una clase de suicidio, que se da en sociedades tradicionales, es un deber del individuo. Una
persona se mata a sí misma porque tiene obligación de hacerlo. Éste es el suicidio altruista obligatorio».
Hay otras clases de suicidio altruista que no implican una obligación determinada, pero en ellas el suicidio
está asociado al estimulo de determinados códigos de honor y de prestigio (suicidio altruista opcional).
Ambos géneros de suicidio altruista se apoyan en la existencia de una intensa consciencia colectiva, que
domina las acciones de los individuos hasta el punto de sacrificar su vida en aras de un valor colectivo.
EXTERIORIDAD Y COERCIÓN:
Las ideas expuestas en el suicidio constituyen la fecundidad de la concepción que tiene Durkheim del
método sociológico. El mismo expresa el punto de vista fundamental subyacente en dicha obra sobre el
suicidio.
“Es la constitución moral de la sociedad la que fija en cada instante el contingente de muertes voluntarias.
Existe, por tanto, para cada pueblo una fuerza colectiva, de determinada energía, que impulsa a los
hombres a matarse. Los movimientos que el paciente ejecuta y que, parecen expresar tan sólo su
temperamento personal, son, en realidad, la continuación y la prolongación de un estado social que
manifiestan exteriormente”.
Esto no significa, añade Durkheim, que la psicología no tenga nada que decir en la explicación del suicidio:
la aportación propia del psicólogo es el estudio de los motivos y circunstancias particulares que movieron a
individuos concretos, cuando se encontraron en las circunstancias sociales que venían al caso, a cometer
suicidio.
La necesidad de clarificar la naturaleza del objeto de la sociología y de delimitar su campo de investigación
es uno de los principales temas de Las reglas. Durkheim pone de relieve repetidas veces que la sociología
sigue siendo en gran parte una disciplina filosófica. La sociología se interesa de algún modo por el estudio
del hombre en sociedad, pero la categoría de lo social se usa a menudo de una manera muy vaga.
El intento de Durkheim de definir la especificidad de lo social se basa en los criterios de exterioridad y
coerción. Los hechos sociales son externos al individuo en dos sentidos conexos. En primer lugar, todo
hombre nace dentro de una sociedad en marcha que ya tiene una organización o estructura determinada,
lo cual condiciona su propia personalidad. En segundo lugar, los hechos sociales son externos al individuo
en el sentido en que cualquier individuo es sólo un elemento dentro de la totalidad de relaciones que
constituyen una sociedad. Ningún individuo singular crea estas relaciones, sino que se componen de
múltiples interacciones entre individuos.
El peso principal de la tesis de Durkheim está en que ninguna teoría o análisis que empiece por el
individuo, puede conseguir una comprensión de las propiedades específicas de los fenómenos sociales.

El segundo criterio que aplica Durkheim para especificar los hechos sociales, es un criterio empírico: la
presencia de coerción» moral. Estos modos de acción no los crea el individuo correspondiente, sino que
forman parte de un sistema de deberes morales en cuya red él está cogido junto con los demás hombres. Si
bien un individuo puede burlar estas obligaciones, al hacerlo percibe la fuerza de estas, con lo cual se
confirma su carácter coercitivo. Esto, naturalmente, es más palpable en el caso de las obligaciones jurídicas,
que están sancionadas por todo un aparato de órganos coercitivos: policía, tribunales, etc. Pero existen
también otros muchos tipos de sanción que refuerzan la adhesión a obligaciones no expresadas en el
derecho.
Durkheim, repite que la conformidad a las obligaciones raras veces se apoya en el miedo a las sanciones
que se aplican contra su infracción. En la mayoría los individuos aceptan la legitimidad de la obligación, y de
este modo no perciben conscientemente su carácter coercitivo.
La obligación moral siempre tiene 2 aspectos. El segundo es la aceptación de un ideal que está en la base
de la obligación.
LA LÓGICA DE LA GENERALIZACIÓN EXPLICATIVA:
Durkheim, considerar los hechos sociales como cosas. Se trata de un postulado más metodológico que
ontológico, y tiene que entenderse dentro de la concepción sobre el modo de desarrollarse la ciencia.
Todas las ciencias, antes de aparecer como disciplinas conceptualmente precisas y empíricamente
rigurosas, son conjuntos de nociones rudimentarias y sumamente generalizadas, fundadas al principio en la
religión. Pero estas nociones nunca son puestas a prueba sistemáticamente, los hechos no intervienen más
que de un modo secundario, en calidad de ejemplos o de pruebas confirmatorias. La introducción del
método empírico, rompen este estadio precientífico. En las ciencias sociales el objeto pertenece a la misma
actividad humana, y por tanto es natural que haya una fuerte tendencia a tratar los fenómenos sociales o
bien como si no tuvieran realidad consistente o bien, por el contrario, como si ya fueran completamente
conocidas. Para prevenirse contra estas tendencias avanzó la proposición de que los hechos sociales deben
tratarse como «cosas». De modo que Durkheim asimila los hechos sociales al mundo de la realidad natural,
sus propiedades no pueden conocerse inmediatamente por intuición directa y la voluntad humana
individual no las puede modelar a su gusto.
Para mantener el principio de objetividad, de tratar los hechos sociales como cosas, se requiere un riguroso
desapego por parte del investigador de la realidad social. Eso no quiere decir que su enfoque de un campo
determinado de estudio deba realizarse absolutamente «sin ninguna idea previa», sino más bien que debe
adoptar una actitud emocionalmente neutral con relación a lo que se propone investigar. Esto depende de
la fijación de conceptos formulados con precisión, que eviten la terminología confusa y variable del
pensamiento popular. Al comienzo de la investigación dispondremos probablemente de pocos
conocimientos deducidos sistemáticamente del fenómeno en cuestión: de modo que tenemos que
proceder mediante una conceptualización de nuestro objeto sirviéndonos de aquellas propiedades que
sean «bastante exteriores para ser visibles inmediatamente». Durkheim afirma que la definición basada en
características «externas» no es más que un tratamiento preliminar, puesto con el fin de «establecer
contacto con las cosas». Tal concepto, al permitir que se empiece por fenómenos observables, ofrece una
entrée a un campo de investigación.
Las observaciones de Durkheim sobre la lógica de la explicación y la demostración en sociología están
estrechamente vinculadas con su análisis de las características principales de los hechos sociales. La
explicación de los fenómenos sociales puede hacerse de una manera funcional y de una manera histórica.
El análisis funcional de un fenómeno social significa establecer la «correspondencia entre el hecho que se
considera y las necesidades generales del organismo social, y en qué consiste esta correspondencia [...]».
«Función» debe distinguirse de «finalidad» u «objetivo» psicológico, «porque los fenómenos sociales no
existen generalmente con miras a los resultados útiles que ellos producen». Las motivaciones o
sentimientos que llevan a los individuos a participar en las actividades sociales no son exactamente iguales
a las funciones de dichas actividades.
El haber descubierto la función social no nos explica, el «por qué» de la existencia del fenómeno social
correspondiente. Las causas que producen un hecho social se pueden distinguir de la función que éste
tiene en la sociedad.
Las causas que originan un determinado hecho social deben, por tanto, descubrirse separadamente de
cualquier función social que puedan desempeñar. Más aún, es un procedimiento metodológico apropiado
identificar las causas antes que intentar especificar las funciones. La distinción entre causa y función no
impide, según Durkheim, la existencia de una relación recíproca entre ambas. «Sin duda, el efecto no
puede existir sin su causa.
NORMALIDAD Y PATOLOGÍA:
Durkheim dedica una importante sección de Las reglas a establecer criterios científicos de patología social.
Muchos teóricos sociales, indica Durkheim, sostienen que hay un abismo absoluto entre las proposiciones
científicas (juicios de hecho) y los juicios de valor. Durkheim rechaza esto al negar que pueda justificarse de
hecho la división que presupone entre «medios» y «fines». Los «medios» y también los «fines» que
pretenden los hombres, empíricamente son un producto de la forma de sociedad de la que son miembros.
Pero todo medio es, en sí mismo, un fin; porque para ponerlo en práctica es preciso quererlo como el fin
cuya realización prepara este medio. Hay varios caminos que llevan a un fin dado; por tanto, hay que elegir
entre ellos. Si la ciencia no puede ayudarnos en la elección del mejor fin. Si no puede guiarnos en la
determinación de los fines últimos, no será menos impotente cuando se trate de estos fines secundarios y
subordinados, llamados medios.
Puede salvarse la dicotomía entre medios y fines, al parecer de Durkheim, aplicando principios semejantes
a los que en biología rigen la distinción entre lo «normal» y lo «patológico». En el dominio de las cosas
sociales, lo que es normal puede identificarse por la «característica externa y perceptible» de la
universalidad. En otras palabras, la normalidad puede determinarse, de una manera preliminar, por
referencia al predominio de un hecho social dentro de sociedades de un determinado tipo. Cuando un
fenómeno social se encuentra en todas las sociedades de un mismo tipo, o en la mayoría de ellas, tal
fenómeno puede considerarse como «normal» para aquel tipo de sociedad. Por tanto, un hecho social que
es «general» en un determinado tipo de sociedad es «normal» cuando se pone de manifiesto que esta
generalidad se funda en las condiciones de funcionamiento de aquel tipo de sociedad. El creciente
predominio de la solidaridad orgánica entraña un descenso de las formas tradicionales de creencia: pero
precisamente porque la solidaridad social se hace más dependiente de la interdependencia funcional en La
división del trabajo, el descenso de las creencias colectivas es una característica normal del tipo moderno
de sociedad. Con todo, en este caso concreto, el criterio preliminar de generalidad no nos proporciona un
modo práctico de determinar la normalidad. Las sociedades modernas se encuentran todavía en un
período de transición. Las creencias tradicionales siguen siendo importantes para algunos escritores. La
generalidad de tales creencias que todavía persiste no es, por tanto, en este caso, un índice preciso de lo
que es normal y de lo que es patológico. Así, en tiempos de rápido cambio social, «cuando el tipo entero se
encuentra en proceso de evolución, sin que se haya estabilizado todavía en su nueva forma», subsisten aún
elementos de lo que es normal en el tipo que va quedando superado. Es necesario rastrear «las
condiciones que han determinado esta generalidad en el pasado e [...] investigar a continuación si se dan
todavía estas condiciones en el presente». Si no corresponden estas condiciones, el fenómeno en cuestión,
aunque sea «general», no puede considerarse «normal».
El cálculo de criterios de normalidad en relación con tipos específicos de sociedad nos permite, abrirnos
paso, en el campo de la teoría ética, entre los que conciben la historia como una serie de acontecimientos
únicos e irrepetibles, y los que pretenden formular principios éticos transhistóricos.
Durkheim establece sólo por medio del conocimiento preciso de las tendencias que virtualmente están
surgiendo en la realidad social puede tener algún éxito la intervención activa para fomentar el cambio
social. El estudio científico de la moralidad nos permite discernir aquellos ideales que están en curso de
constitución, pero que siguen todavía escondidos en gran parte para la conciencia pública. Poniendo de
manifiesto que estos ideales no son meras aberraciones, y analizando las condiciones sociales cambiantes
que los sustentan y que sirven para fomentar su crecimiento, podremos mostrar qué tendencias deben
alentarse, y cuáles deben rechazarse por obsoletas.
ANTHONY GIDDENS – “INDIVIDUALISMO, SOCIALISMO Y GRUPOS PROFESIONALES “– DURKHEIM -
CAPITULO N° 7
LA CONFONTACIÓN CON EL SOCIALISMO:
Durkheim hace alusión a la crisis que experimentan las sociedades contemporáneas, en La división del
trabajo social, El suicidio y en otros escritos. No se trata de una crisis que tenga raíces económicas ni que
pueda resolverse con medidas económicas, de lo cual se desprende programas que ofrecen la mayor parte
de socialistas, en la opinión de Durkheim no alcanzan a captar los problemas más importantes con que se
enfrenta la época moderna. El socialismo es una expresión del malaise de la sociedad contemporánea, pero
en sí mismo no constituye una base adecuada para la reconstrucción social necesaria para superar este
malestar.
Durkheim las teorías socialistas deben estudiarse en relación con el contexto social de que proceden.
Durkheim intenta este análisis empezando por trazar una distinción elemental entre «socialismo» y
«comunismo». Al contrario de las ideas comunistas, el socialismo es un producto del pasado muy reciente.
Fue típico de las teorías comunistas tomar la forma de utopías imaginarias. La principal idea con que
quieren justificar estas construcciones utópicas es que la propiedad privada es la causa radical de todos los
males sociales. Por consiguiente, los escritores comunistas consideran la riqueza material como un peligro
moral que debe contrarrestarse mediante la imposición de rigurosas restricciones a su acumulación. En la
teoría comunista, la vida económica está separada de la esfera política.
El socialismo es un producto de los cambios sociales que transformaron las sociedades europeas a fines del
siglo XVIII y en el XIX. Mientras que el comunismo se funda en la idea de qué la política y la economía
deben separarse, la esencia del socialismo, en el uso que Durkheim hace del término, consiste en suponer
que ambos deben asimilarse. El principio básico del socialismo no se limita a decir que la producción debe
centralizarse en manos del Estado, sino que afirma que la función de éste debe ser plenamente económica:
en la sociedad socialista, la dirección o administración de la economía vendrá a ser la tarea básica del
Estado. Las doctrinas socialistas se construyen sobre la premisa de que la producción industrial moderna
ofrece la posibilidad de riqueza abundante para todos, y su principal objetivo es conseguir la abundancia
universal. El socialismo reclama «la vinculación de todas las funciones económicas, o de algunas de ellas
que son actualmente difusas, a los centros directores y conscientes de la sociedad».
El objetivo del socialismo es, la reglamentación y el control de la producción en provecho de todos los
miembros de la sociedad. No hay ninguna doctrina socialista, en la opinión de Durkheim, que considere
que el consumo deba reglamentarse en forma centralizada: más bien, los socialistas sostienen que cada
individuo debe ser libre en el uso de los frutos de la producción para su propia realización individual. Por
contraste, «en el comunismo es el consumo lo común, y la producción sigue siendo privada». Durkheim
añade que aquí, tiene por objeto moralizar la industria ligándola al Estado; allá, moralizar el estado
excluyéndolo de la industria».
El comunismo es una doctrina apropiada para sociedades cuya división del trabajo se ha desarrollado poco,
y de ellas procede originariamente. La teoría comunista conserva la concepción de cada individuo, o cada
familia, como productor universal; puesto que todos trabajan en parcelas semejantes, y puesto que sus
formas de trabajo son todas semejantes, no hay ningún tipo de dependencia cooperativa entre todos en la
producción. Se trata de aquel tipo de sociedad en que la especialización profesional ha avanzado muy poco.
El socialismo, es un tipo de teoría que sólo puede haber surgido en sociedades donde la división del trabajo
se ha desarrollado notablemente. Es una respuesta a la situación patológica en que se encuentra la división
del trabajo en las sociedades modernas, y exige que se introduzca una reglamentación económica que
reorganizará la actividad productiva de la colectividad. Debemos entender, recalca Durkheim, que la teoría
socialista no propone la idea de que la economía deba subordinarse al Estado; la economía y el Estado
deben absorberse mutuamente, y esta integración elimina el carácter específicamente «político» del
Estado.
La lucha de clases, no es intrínseca a las doctrinas fundamentales del socialismo. Durkheim reconoce, que
muchos socialistas consideran que la consecución de sus objetivos está inseparablemente vinculada a la
suerte de la clase trabajadora. Pero la defensa de los intereses de la clase obrera, afirma Durkheim, es en
realidad algo secundario respecto a la principal preocupación del socialismo, la de llevar a la práctica la
reglamentación centralizada de la producción. Según los socialistas, el principal factor que influye en la
clase trabajadora es la desvinculación de su actividad productiva de las necesidades globales de la
sociedad, y su vinculación a los intereses de la clase capitalista. Al parecer de los socialistas, para superar el
carácter explotador de la sociedad capitalista es la completa abolición de las clases. Pero la lucha de clases
no es más que el instrumento histórico por medio del cual deben conseguirse objetivos más básicos.
El comunismo y el socialismo, sin embargo, convergen desde un importante punto de vista: ambos se
interesan por poner remedio a situaciones en las que los intereses de individuos particulares predominan
sobre los de la colectividad. El comunismo pretende borrar completamente el egoísmo, el socialismo «no
juzga peligrosa más que la apropiación privada de grandes empresas económicas que se constituyen en un
momento dado de la historia».
Al parecer de Durkheim, el socialismo es un movimiento de importancia primordial en el mundo moderno
porque los socialistas, no sólo se han dado cuenta de que la sociedad contemporánea tiene características
notoriamente distintas de los tipos tradicionales de orden social, sino que han formulado programas
globales para llevar a cabo la reorganización social necesaria para superar la crisis ocasionada por la
transición de lo antiguo a lo nuevo. Pero los programas políticos que han sugerido los socialistas no son
adecuados para poner remedio a la situación que, en parte, ellos han diagnosticado certeramente.
LA FUNCIÓN DEL ESTADO:
Aunque Durkheim rechaza explícitamente la necesidad de reorganizar la sociedad contemporánea sobre la
base de la revolución de clases, prevé una marcada tendencia hacia la desaparición de la división de clases.
Todo esto sólo es posible, concede Durkheim, sobre la base de la reglamentación de la economía.
Pero la sola reorganización económica en lugar de resolver la crisis con que se enfrenta el mundo moderno,
no alcanza, puesto que se trata de una crisis más moral que económica. El creciente predominio de las
relaciones económicas, consecuencia de la destrucción de las instituciones religiosas tradicionales que
constituyeron el fondo moral de las anteriores formas de sociedad, es precisamente la principal fuente de
anomia de la sociedad contemporánea. Por no comprender esto, el socialismo no ofrece para la crisis
moderna soluciones más adecuadas que las presentadas por la economía política ortodoxa.
En la concepción de Durkheim, el Estado debe desempeñar una función moral tanto como económica; y el
alivio del malaise del mundo moderno debe buscarse en medidas que en general son más morales que
económicas. El problema característico con que se enfrenta la edad moderna consiste en reconciliar las
libertades individuales que han surgido de la disolución de la sociedad tradicional con el mantenimiento del
control moral del que depende la misma existencia de la sociedad.
El análisis que hace Durkheim del Estado, y de la naturaleza de la participación política en una forma de
gobierno democrática, está en el centro de su idea de la probable tendencia evolutiva de las sociedades
contemporáneas. La noción de lo «político», indica Durkheim, presupone una división entre el gobierno y
los gobernados. Pero la existencia de la autoridad como tal no puede tomarse como el único criterio que
indica si hay organización Política. Durkheim rechaza también la idea de que la ocupación permanente de
un área territorial fija es una característica necesaria para la existencia de un Estado.
Algunos pensadores políticos han intentado establecer el número de habitantes como índice de la
existencia de una sociedad política. Esto no es aceptable, afirma Durkheim, pero implica efectivamente una
característica necesaria para una sociedad política. Durkheim sugiere que el término «Estado» no se haga
coextensivo a la sociedad política como un todo, sino que se reserve para designar la organización de
funcionarios que es el instrumento en que se concentra la autoridad gubernamental. Los tres componentes
del análisis de Durkheim son, por tanto, la existencia de una autoridad constituida, que se ejerce dentro de
una sociedad que tiene por lo menos algún grado de diferenciación estructural, y que es aplicada por un
grupo preciso de funcionarios. Según Durkheim, el Estado ejerce, y debe ejercer, funciones morales
(concepción que él considera distinta tanto del socialismo como del utilitarismo), pero esto no entraña, por
otro lado, la subordinación del individuo al Estado, como (según Durkheim) afirma Hegel.
LA DEMOCRACIA Y LOS GRUPOS PROFESIONALES:
Como muestra Durkheim en La división del trabajo social, la principal tendencia evolutiva, a medida que las
sociedades se hacen más complejas, mira hacia la progresiva emancipación del individuo de su
subordinación a la consciencia colectiva. Viene asociada con este proceso la aparición de ideas morales que
acentúan los derechos y la dignidad del ser humano individual. Esto a primera vista parecería crear un
obstáculo insalvable a la expansión de las actividades del Estado. Dice Durkheim, que la importancia del
Estado tiende a aumentar con la creciente diferenciación de la división del trabajo: el crecimiento del
Estado es una característica normal del desarrollo de la sociedad.
Pero esta antinomia se resuelve, en las sociedades modernas, el Estado es la institución primordialmente
responsable de la estipulación y protección de estos derechos individuales. Así, la expansión del Estado se
vincula directamente con el progreso del individualismo moral y con el crecimiento de la división del
trabajo. Sin embargo, ningún Estado moderno actúa solamente como garante y administrador de los
derechos de ciudadanía.
Durkheim lo admite como posibilidad. El Estado puede convertirse en un órgano represivo, aislado de los
intereses de la masa de individuos de la sociedad civil. Esto puede ocurrir si no están firmemente
desarrollados los grupos secundarios que se interponen entre el individuo y el Estado: sólo si estos grupos
son bastante vigorosos como para contrapesar al Estado pueden protegerse los derechos del individuo.
Durkheim rechaza la idea tradicional de democracia, en la medida que implica el que la masa de la
población participe directamente en el gobierno.
Una sociedad es más o menos democrática, siguiendo la terminología de Durkheim, según el grado en que
se da en ella un doble proceso de comunicación entre el Estado y los demás niveles de la sociedad.
En las circunstancias en que han escaseado los grupos secundarios que median entre el individuo y el
Estado. Esta misma deficiencia, en el caso de un Estado fuerte, puede llevar a un despotismo tiránico; y,
cuando el Estado es débil, puede producir una inestabilidad constante.
Durkheim llegó a la conclusión de que las asociaciones profesionales deben representar en las sociedades
contemporáneas un papel más amplio que el que desempeñan actualmente.
Una de las principales funciones de las asociaciones profesionales sería fortalecer la reglamentación moral
en estos puntos, y fomentar así la solidaridad orgánica. El grupo profesional es el único «bastante próximo
al individuo, para que éste pueda confiar directamente en él, y bastante permanente, para que pueda
ofrecerle una perspectiva».
Según esto, es necesario reinstaurar las asociaciones profesionales como grupos jurídicamente constituidos
que «desempeñan una función social en lugar de expresar solamente diversas combinaciones de intereses
particulares». Durkheim se abstiene de ofrecer una exposición detallada de cómo deberían estructurarse
los grupos profesionales. Deberían estar jurídicamente bajo la supervisión general del Estado; deberían
tener autoridad para resolver tanto los conflictos entre sus propios miembros como los que tienen con los
demás grupos profesionales; y tendrían que ser el centro de numerosas actividades recreativas y
educativas. Desempeñarían también un importante papel en el sistema político en sentido directo.
ANTHONY GIDDENS – “LA RELIGIÓN Y LA DISCIPLINA MORAL “– DURKHEIM - CAPITULO N° 8
En los primeros escritos de Durkheim se encuentran comentarios sobre la importancia de la religión en la
sociedad, en los que reconoce que la religión es la fuente original de todas las ideas morales, filosóficas,
científicas y jurídicas que se han desarrollado posteriormente. En La división del trabajo social bosqueja la
tesis de que cualquier creencia que forme parte de la consciencia colectiva tiende a adquirir un carácter
religioso. La religión pierde importancia en las sociedades contemporáneas como consecuencia del
deterioro de la solidaridad mecánica.
Durkheim recalca a naturaleza histórica del hombre, y pone de relieve que el análisis causal del desarrollo
histórico forma parte de la sociología: «la historia no es solamente el marco natural de la vida humana; el
hombre es producto de la historia. Si se separa al hombre de la historia, si se intenta concebir al hombre
fuera del tiempo, como si fuera fijo e inmóvil, se le quita su naturaleza». Las formas elementales de la vida
religiosa tiene un carácter funcional; es decir, trata de la función de la religión dentro de la sociedad. Pero la
misma tiene que leerse también desde un punto de vista genético, en relación con la serie de profundos
cambios que han dado a las sociedades modernas. Cuando Durkheim, insiste en que no hay una solución
de continuidad entre la solidaridad mecánica y la orgánica: esta última presupone una reglamentación
moral tanto como la primera, aunque tal reglamentación no puede ser del tipo tradicional. La importancia
de la nueva comprensión de la religión que Durkheim desarrolla en Las formas elementales de la vida
religiosa está en que conduce a una clarificación de la naturaleza de esta continuidad entre las formas
tradicionales de sociedad y las modernas.
EL CARÁCTER DE LO SAGRADO:
Las formas elementales de la vida religiosa consiste en un minucioso análisis de lo que Durkheim denomina
«la religión más primitiva y más simple que actualmente se conoce»: el totemismo australiano. Es falso,
declara Durkheim, suponer que la existencia de divinidades sobrenaturales sea necesaria para que exista
religión. Lo que es una creencia «religiosa» no puede definirse en razón del contenido substancial de ideas.
El rasgo distintivo de las creencias religiosas es que «suponen una clasificación de las cosas, reales o
ideales, que se representan los hombres, en dos clases, en dos géneros opuestos». El mundo está dividido
en dos clases de objetos y símbolos completamente separados, lo «sagrado» y lo «profano».
El carácter específico de lo sagrado aparece en el hecho de que está rodeado de prescripciones y
prohibiciones rituales que imponen su separación radical de lo profano. Una religión nunca se reduce a un
conjunto de creencias; siempre entraña también unas prácticas rituales prescritas y una determinada forma
institucional. Durkheim a su famosa definición de la religión como «un sistema solidario de creencias y
prácticas relativas a las cosas sagradas [...] creencias y prácticas que unen en una misma comunidad moral,
llamada Iglesia, a todos los que se adhieren a ellas».
De ahí que, para explicar la existencia de la religión, debamos descubrir la base de la energía general que es
la fuente de todo lo sagrado.
Durkheim no defiende que «la religión produce la sociedad». Lo que propone es, por el contrario, que en la
religión se expresa la auto creación, el desarrollo autónomo, de la sociedad humana. Esto no es teoría
idealista, sino que se ajusta al principio metodológico según el cual los hechos sociales deben explicarse en
términos de otros hechos sociales.
EL CEREMONIAL Y EL RITUAL:
El que un determinado objeto o símbolo se convierta en sagrado no depende de sus cualidades intrínsecas.
El objeto más común y corriente puede convertirse en sagrado si se le infunde la fuerza religiosa.
el segundo aspecto fundamental de la religión: las prácticas rituales que se hallan en todas las religiones.
Los fenómenos sagrados, por definición se distinguen de los profanos. Todo un conjunto de ritos funciona
para mantener esta separación: son los ritos negativos o tabúes, prohibiciones que limitan el contacto
entre lo sagrado y lo profano. Los ritos propiamente positivos son los que producen una comunión más
plena con lo religioso, y los que constituyen el núcleo del mismo ceremonial religioso. La función de ambos
conjuntos de ritos se especifica fácilmente, y es un complemento necesario de la explicación que se ha
esbozado antes de cómo se originan las creencias religiosas. Los ritos negativos sirven para mantener la
separación esencial entre lo sagrado y lo profano, de la que depende la misma existencia de lo sagrado;
estos ritos aseguran que los dos ámbitos no pasan sus respectivos límites. función de los ritos positivos
consiste en renovar el compromiso con los ideales religiosos que, de otro modo, se reducirían al mundo
puramente utilitario.
Puede reformularse la relación entre este análisis y el que se estableció en La división del trabajo social. La
unidad de las sociedades tradicionales de grado inferior depende de una firme consciencia colectiva. Lo
que hace que una sociedad así sea de verdad una «sociedad» es el hecho de que sus miembros se adhieren
a creencias y sentimientos comunes. Cuando los individuos se reúnen en conjunto para el ceremonial
religioso, por este mismo hecho reafirman su fe en el orden moral del que depende la solidaridad
mecánica.
Existe todavía otro tipo de rito: el rito «piacular» (expiatorio); su ejemplo más importante es el que se
realiza en las ceremonias fúnebres. Esto tiene por efecto aproximar a los miembros del grupo cuya
solidaridad ha sido amenazada por la pérdida de uno de ellos.
LAS CATEGORÍAS DEL CONOCIMIENTO:
En las sociedades religiosas australianas descubrimos- ideas que deben haber constituido en todas partes la
fuente original de todos los sistemas de ideas que posteriormente se diferenciaron. La clasificación
totémica de la naturaleza proporciona la fuente originaria de las categorías lógicas o clases dentro de las
cuales se ordena el conocimiento.
La existencia de géneros lógicos significa la formación de dicotomías claramente deslindadas. La misma
noción de género lógico, y la distribución jerárquica de las relaciones entre categorías procede de la
división de la sociedad en clanes y fratrías. Pero el modo como los objetos se colocan dentro de una
categoría más bien que en otra, viene influido directamente por las diferencias sensitivas.
Del mismo modo que las categorías axiomáticas en cuyos términos se ordena el pensamiento abstracto
proceden de la sociedad, sucede también así con las dimensiones fundamentales de fuerza, espacio y
tiempo. El concepto de «tiempo» no está personalizado; implica una categoría abstracta que comparten
todos los miembros del grupo. Esto tiene que haberse originado a partir de la experiencia de la
colectividad.
Como teoría del conocimiento, la tesis propuesta en Las formas elementales de la vida religiosa tiene ante
todo un carácter genético: no es, una teoría que postula la existencia de un conjunto invariable de
conexiones entre la organización social y las ideas colectivas. Por cierto, un aspecto básico de la concepción
general que tiene Durkheim del proceso de desarrollo social se refiere al carácter cambiante de los
sistemas de ideas que se encuentran en las sociedades contemporáneas, y a la naturaleza cada vez más
diversificada de los procesos sociales que están en su base. La importancia de Las formas elementales de la
vida religiosa, en el pensamiento de Durkheim, está en que demuestra concluyentemente que no puede
haber creencias morales colectivas que no posean un carácter «sagrado». Aunque han cambiado
radicalmente tanto el contenido como la forma del orden moral que se encuentra en las sociedades
contemporáneas.
El racionalismo, al que Durkheim denomina «el aspecto intelectual» del individualismo moral, va
penetrando cada vez más en el mundo moderno. Una consecuencia de ello es la exigencia de una
«moralidad racional». Ahora bien, el mantenimiento de la autoridad moral requiere que las ideas morales
estén «como rodeadas de una barrera misteriosa que evite la familiaridad con ellas de los transgresores,
del mismo modo que el dominio de lo religioso está protegido del alcance de lo profano».
Pretender borrar de la moralidad todos los vestigios de la religión puede traer como consecuencia un
rechazo de todas las normas morales, porque tales normas sólo pueden sobrevivir si se les otorga respeto y
si se las considera como inviolables, dentro de las condiciones de su aplicación.
RACIONALISMO, ÉTICA Y CULTO AL INDIVIDUO:
En el pensamiento religioso de todas partes, el hombre se ha concebido a sí mismo como dos seres
distintos, el cuerpo y el alma, creencia universal que debe fundamentarse en alguna dualidad intrínseca a la
vida humana en la sociedad. Pueden seguirse las huellas de esta dualidad hasta la diferenciación entre la
sensación, por un lado, y el pensamiento conceptual y las creencias morales, por otro. Todo hombre
empieza su vida como un ser egoísta que sabe sólo de sensaciones y cuyos actos vienen regidos por las
necesidades sensitivas. Pero a medida que el niño se va socializando, su naturaleza egoísta queda
recubierta en parte con lo que aprende de la sociedad. La personalidad de cada individuo tiene dé este
modo un lado egoísta, al mismo tiempo que es un ser social. De todos modos, esto también tiene que
leerse dentro de una dimensión histórica; si bien las necesidades sensitivas son «el tipo par excellence de
las tendencias egoístas», hay varios deseos egoístas que no provienen directamente de las necesidades
sensitivas. «Nuestro propio egoísmo es, en gran parte, producto de la sociedad».
En otro lugar, Durkheim dilucida esto por medio del análisis histórico. El cristianismo, y más
específicamente el protestantismo, es la fuente inmediata de la que procede el individualismo moral
moderno.
La ética cristiana procuró los principios morales sobre los que se funda el «culto al individuo», pero ahora el
cristianismo va siendo suplantado por objetos y símbolos sagrados de una nueva especie. Ejemplos
clarísimos de ello, dice Durkheim, se encuentran en los sucesos de la Revolución francesa, en los cuales se
glorificó a la libertad y a la razón, y hubo un alto grado de entusiasmo colectivo estimulado por un
«ceremonial» público.
La Revolución francesa dio el impulso más decisivo al crecimiento del individualismo moral en los tiempos
modernos. Pero el progreso del individualismo, no es el producto específico de ninguna época concreta; su
desarrollo ocurre «sin detenerse, a lo largo de toda la historia». El sentimiento del valor supremo del
individuo humano es así un producto de la sociedad, y es ésta la que lo separa decisivamente del egoísmo.
El «culto al individuo» no se basa en el egoísmo, sino en la difusión de sentimientos completamente
contrarios al egoísmo: la compasión por el sufrimiento humano y el deseo de justicia social. Si bien el
individualismo no puede sino producir un incremento de egoísmo en comparación con las sociedades
dominadas por la solidaridad mecánica, tal individualismo no procede en ningún sentido del egoísmo y, por
tanto, de por sí no produce un «egoísmo moral que impediría toda solidaridad».
La tendencia hacia el incremento del individualismo es irreversible, puesto que es el resultado de los
profundos cambios en la sociedad que se explican con detalle en La división del trabajo social. Esto está en
el fondo del concepto que Durkheim tiene de la libertad, y de su relación con el orden moral.
Es un error básico, por tanto, creer que autoridad moral y libertad son opuestos que se excluyen entre sí; el
hombre debe sujetarse a la autoridad moral presupuesta por la existencia de la sociedad, puesto que sólo
por su condición de miembro de la sociedad obtiene toda la libertad de que disfruta. Para Durkheim, ser
libre no es hacer lo que a uno le place; es ser dueño de sí mismo.
La disciplina, en el sentido de control profundo de los impulsos, es un componente esencial de todas las
reglas morales. No hay ningún tipo de organización de vida, indica Durkheim, que no funcione según
determinados principios reguladores; y lo mismo hay que decir de la vida social. La sociedad es una
organización de relaciones sociales, y por este mismo hecho implica la regulación de la conducta según
principios establecidos, que en la sociedad sólo pueden ser reglas morales. El hombre sólo puede disfrutar
de los beneficios que la sociedad le ofrece aceptando la reglamentación moral que hace factible la vida
social. La tesis de Durkheim tiene como punto substancial el afirmar que no son idénticas todas las formas
de reglamentación moral. En otras palabras, la «reglamentación» en un sentido universal y abstracto, no
puede yuxtaponerse simplemente a la «falta de reglamentación». Las nociones tanto de egoísmo como de
anomia deben entenderse dentro del ámbito de la concepción general del desarrollo de la sociedad que se
expone en La división del trabajo social. No son simples problemas funcionales con los que se encuentra
todo tipo de sociedad en grado equivalente: el egoísmo y la anomia vienen estimulados por el mismo
individualismo moral que es el resultado de la evolución social. Los dilemas con que se encuentra la forma
moderna de sociedad, van a resolverse por medio de la consolidación moral de la división diferenciada del
trabajo, lo cual requiere unas formas de autoridad completamente distintas de las que señalaron a los
anteriores tipos de sociedad.

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