progresión 2
COMENCEMOS
Actividad 1
Participa en la lectura del siguiente texto
Resumen del libro “1984 de George Orwell
El mundo futurista de 1984 está dividido en tres superpotencias que viven en
permanente estado de guerra: Oceanía, Eurasia y Asia Oriental. Oceanía,
conformada por las regiones angloparlantes, está regida por el Partido, un grupo
oligarca. Este a su vez se divide en el Partido Interior, el cual gobierna y está
conformado por el 2% de la población, y el Partido Exterior, conformado por el 13%
de la población y encargado de ejecutar las órdenes. El 85% que conforma el resto
de la población corresponde al proletariado, quienes son ignorados porque el
Partido considera que no tienen la capacidad intelectual necesaria para organizar
una rebelión.
El Partido mantiene a los ciudadanos bajo vigilancia perpetua, arrestando y
haciendo desaparecer a quienes demuestren alguna inconformidad. A la cabeza
del Partido se encuentra la figura del Gran Hermano, cuya cara está en carteles y
monedas. Todos los ciudadanos están obligados a amar y ofrecer su lealtad
incondicional al Gran Hermano.
El protagonista de la novela es Winston Smith, un miembro del Partido Exterior que
trabaja para el Ministerio de la Verdad, reescribiendo artículos para que cumplan
con la ideología y la imagen que vende el Partido. Perturbado por su trabajo,
Winston escribe un diario dirigido a O´Brien, uno de los miembros del Partido Interior,
debido a que Winston sospecha que O´Brian pertenece a una organización
secreta de rebeldes conocida como la Hermandad.
Un día Winston conoce a Julia, una joven que le envía una nota que dice: "Te
quiero". En Oceanía las relaciones y el deseo sexual están prohibídos, incluso para
parejas casadas. A pesar de esto, Winston decide iniciar una aventura clandestina
con Julia. La pareja se encuentra en el segundo piso de la tienda del señor
Charrington, el propietario de una tienda de objetos usados, quien parece ser un
aliado de la Hermandad.
Un día la pareja es arrestada en la tienda del señor Charrington en posesión del
libro escrito por Emmanuel Goldstein, un líder traidor del Partido. Winston y Julia son
torturados por O'Brien en el Ministerio del Amor. Se les realiza un lavado de cerebro
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en el que pierden su individualidad, respeto y deseo sexual. Al final, Winston
aprende a ser leal al Partido y a amar al Gran Hermano.
Actividad 2
Junto con tu docente comenta tus impresiones del texto
Actividad 3
• Investiga los conceptos:
Autonomía y libertad
Éticas materiales:
Hedonismo
Estoicismo
Escepticismo
Utilitarismo
Progresismo
• Escribe dos ejemplos de cada uno
En binas den lectura al siguiente texto
Ubuntu, leyenda africana sobre la cooperación
Un antropólogo visitó un poblado africano. Quiso conocer su cultura y averiguar
cuáles eran sus valores fundamentales. Así que se le ocurrió un juego para los
niños. Puso una cesta llena de fruta cerca de un árbol. Y les dijo lo siguiente:
- El primero que llegue al árbol, se quedará la cesta con fruta.
Pero cuando el hombre dio la señal para que empezara la carrera, ocurrió algo
insólito: los niños se tomaron de la mano y comenzaron a correr juntos. Al llegar al
mismo tiempo, pusieron disfrutar todos del premio. Se sentaron y se repartieron las
frutas.
El antropólogo les preguntó por qué habían hecho eso, cuando uno sólo podía
haberse quedado con toda la cesta. Uno de los niños respondió:
- 'Ubuntu'. ¿Cómo va a estar uno de nosotros feliz si el resto está triste?
El hombre quedó impresionado por la sensata respuesta de ese pequeño. Ubuntu,
es una antigua palabra africana que en la cultura Zulú y Xhosa significa 'Yo soy
porque nosotros somos'. Es una filosofía de vida, que consiste en creer que
cooperando se consigue la armonía ya que se logra la felicidad de todos.
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• Respondan la siguiente pregunta: ¿Qué pasaría si la toma de decisiones no
estuviera basada en el benefició individual?
Progresión 3
Situación de Aprendizaje
Progresión o Progresiones P3 Pone en cuestión la experiencia de sí mismo/a revisando discursos
de Aprendizaje: clásicos y contemporáneos sobre el conocimiento y cuidado de sí
mismo/a, para analizar cómo se percibe a sí misma/a en relación con los
otros/as.
Categoría(s)/Concepto(s) Experiencias
Central(es):
Subcategoría(s)/Concepto S1 Lo que quiero
(s) Transversal(es): S2 Los otros
Dimensión(es) 1. Saber cotidiano y saber filosófico
2. Premisas y conclusión.
3. El campo de la pregunta y el diálogo.
Meta(s) de Aprendizaje Asume roles relacionados con los acontecimientos, discursos,
que guiará(n) los procesos instituciones, imágenes, objetos y prácticas que conforman sus vivencias
evaluativos: de forma humanista
¿Se vincula con el PAEC? Sí ☐ No☒
Actividad 1
En plenaria responde la pregunta:
¿Qué significa conocerse y cuidarse a sí mismo?
• Continúa con la lectura
UNA HABITACIÓN PROPIA (A ROOM OF ONE’S OWN en inglés)
(publicado en 1929 y basado en una serie de conferencias impartidas por
la escritora en las universidades para mujeres Newnham College y Girton
College)
“Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir
novelas” es la afirmación a partir de la cual Woolf entreteje sus ideas alrededor de
la mujer y su relación con la literatura. Tocar cada uno de los puntos que aborda
la autora sería imposible en este pequeño texto, pero hay varios argumentos que
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me parecen muy relevantes y que me gustaría discutir. Pero, antes que nada,
tengo que decir que Virginia Woolf tiene una voz ensayística increíblemente vivaz
y divertidísima, al menos en UNA HABITACIÓN PROPIA. Supongo que tiene que ver
con el hecho de que el escrito surgió de sus conferencias, pero no me lo
esperaba, creo que me había imaginado que el ensayo tendría un tono medio
rígido de señora inglesa fufurufa, pero no, no me sorprendió su agudeza —nadie
duda del intelecto de Virginia Woolf— pero sí su sarcasmo, lo mordaz que puede
llegar a ser y las risitas que me sacó.
La narradora del ensayo va relatando su día e intercala lo que piensa de cada
situación; algunas descripciones dejan ver destellos de su maestría literaria y
poética. El propósito de la narradora, la misma Woolf, es encontrar la relación
entre mujeres y literatura, tema que se le pidió abordar en sus conferencias. Su
recorrido comienza, entonces, con un safari a lo que han escrito y dicho los
hombres sobre las mujeres y su quehacer en la literatura. En general, aborda
temas como la exclusión de la mujer de los ámbitos públicos, políticos, educativos
o artísticos (recordemos que la sociedad a inicios del siglo pasado era bastante
más rígida y excluyente); la abundancia de opiniones, escritos, retratos y
afirmaciones sobre lo que el hombre cree que es la naturaleza de la mujer, lo
“femenino” y sus capacidades o incapacidades; la necesidad que han tenido —
y tienen— los hombres de hacer menos a las mujeres para sentirse superiores; y lo
patéticos que son. Señala todo lo que está mal con la sociedad evidentemente
patriarcal, se burla y básicamente aplica unos buenos “siéntese, cñor” a varios de
los literatos e intelectuales más prominentes de todos los tiempos. Virginia Woolf se
yergue con la cabeza bien en alto, sabiéndose buena en lo que hacía y que su
género de ningún modo es inferior a sus pares varones, y lo proclama
abiertamente.
“Si ellas no fueran inferiores, ellos cesarían de agrandarse. […] así se entiende
mejor por qué a los hombres les intranquilizan tanto las críticas de las mujeres […]
Porque si ellas se ponen a decir la verdad, la imagen del espejo se encoge; la
robustez del hombre ante la vida disminuye. ¿Cómo va a emitir juicios, civilizar
indígenas, hacer leyes, escribir libros, vestirse de etiqueta y hacer discursos en los
banquetes si a la hora del desayuno y de la cena no puede verse a sí mismo por
lo menos de tamaño doble de lo que es?” Amén. Una crítica que suena bastante
actual en estos tiempos de ceo’s, fifas y foncas, ¿no? Finalmente, la autora
concluye, muy lógicamente, que es “una pérdida total de tiempo consultar a
todos aquellos caballeros especializados en el estudio de la mujer y su efecto
sobre lo que sea”.
La premisa de Woolf es que, si la mujer tuviera recursos económicos y un espacio
propio, podría emanciparse del hombre y tener la libertad para escribir y crear,
pues sin estos elementos es imposible dedicarse dignamente a la literatura. Es
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importante destacar que, hasta ese momento, las mujeres continuaban
relegadas, en su mayoría, al ámbito doméstico y que no se les permitía ir a la
escuela. Además, no fue sino hasta 1918 que la lista de profesiones que podían
ejercer las mujeres se amplió. Woolf exhorta a las mujeres a que estudien, a que se
desprendan de sus roles de género predeterminados y se vuelvan independientes
intelectualmente (esto, por supuesto, está dirigido a mujeres blancas con las
posibilidades de hacerlo).
El ensayo continúa examinando si en el pasado las mujeres habrían sido capaces
de crear obras literarias de gran maestría —se toma el ejemplo de Shakespeare—
dada la precaria situación social que experimentaban (su conclusión es que no,
aunque me parece debatible). También hace un recorrido histórico minucioso por
las carreras literarias de escritoras como las hermanas Brontë, Anne Finch, Jane
Austen, George Eliot, entre otras, y analiza la relación entre su contexto y sus
obras. Algo que me gusta bastante y que se me hace valiosísimo de la forma en
la que ensaya Woolf es que no solo presenta sus argumentos —bastante
pensados e intrincados—, sino que ella misma suele encontrar lo que se podría
argumentar en contra de lo que propone y lo aborda, como si estuviera
debatiendo con ella misma. Realmente hace todo un análisis sobre las
circunstancias que han llevado a la mujer al lugar que ocupa en el canon
literario.
En fin, como mencioné antes, sería imposible repasar cada punto que se toca en
UNA HABITACIÓN PROPIA. Pero creo que es importante mencionar que —aunque
indudablemente es un ensayo de enorme valía para el feminismo y (la literatura
en general) que pone de manifiesto la situación social de la mujer y que
denuncia las injusticias que ha vivido a lo largo de los siglos, reflejadas en el plano
artístico e intelectual— no escapa de la crítica, pues me parece que además de
su evidente exclusión de mujeres racializadas, la cuestión de la clase social es un
punto ciego para Woolf. De igual forma me parece que a veces peca de
condescendiente y que en algunas partes sus palabras incisivas e irónicas se
vuelven altivas. Por ratos me dio la impresión de que le hinca el diente con un
poco de crueldad a las mujeres cuando analiza sus obras y que habla de ellas
como si ella misma no fuera una y sin reconocer del todo sus privilegios. Sin
mencionar que luego se echa unos “NOT ALL MEN” bastante incómodos. Claro
que no pienso que Woolf deba abordar cada problema de la sociedad, ni hablar
para todos los públicos, pero mientras leía UNA HABITACIÓN PROPIA no pude
evitar pensarlo desde la perspectiva de nuestro contexto como mujeres
mexicanas —que obviamente dista mucho del suyo— y qué tan aplicables son
ciertos de sus postulados. Me estuvieron dando vueltas en la cabeza algunas de
las siguientes cuestiones:
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En general, Virginia Woolf hace una gran apología acerca del “estado mental”,
“lugar”, “independencia financiera” y “libertad” propicios para la buena
creación literaria, y no solo propicios, sino necesarios (esto juega un papel central
en su argumento del por qué las mujeres no habían alcanzado, hasta entonces, el
nivel literario de los hombres).
“[…] tener una habitación propia, ya no digamos una habitación tranquila y a
prueba de sonido, era algo impensable aun a principios del siglo diecinueve, a
menos que los padres de la mujer fueran excepcionalmente ricos o muy nobles.”
Leo esto con una risa amarga. En México alrededor del 60% de los asalariados
gana entre uno y dos salarios mínimos. Las mujeres, en promedio, ganamos 13%
menos que los hombres por el mismo trabajo. Lo que Woolf considera
“impensable”, pero que comenzaba a cambiar por ahí de las primeras décadas
del siglo XX, es una realidad constante en nuestro país. Tener una habitación
propia realmente es un lujo. Yo compartí habitación con mi hermano durante casi
17 años y hablo desde un gran privilegio, siempre tuve lo necesario y más para
estudiar lo que quise y navegar la vida sin carencias económicas importantes.
Hay millones de mujeres para las cuales tener un techo seguro ya es un lujo, ni se
diga tener un lugar cómodo, silencioso y para una misma. Tener tiempo para
escribir, por otro lado, también es un privilegio. Después de jornadas laborales
larguísimas y de ocuparse de las tareas cotidianas pocas veces queda energía
para sentarse a escribir horas.
Para muchísimas mujeres que trabajan y se mantienen a sí mismas, hay muchas
cosas más importantes en la lista que una habitación propia: renta, luz, agua, gas,
comida, internet, transporte, ropa, escuela, hijos, salud y, en el país de los diez
feminicidios diarios, llegar a salvo a casa. ¿Qué hay de las mujeres que escriben
en su hora de comida del trabajo o en el metro camino a la universidad o en
alguna biblioteca o en el comedor de su casa con el ruido de la televisión
prendida y el llanto de un bebé?, ¿qué hay de las que trabajan día a día para
tener lo necesario para vivir y que no podrían asumirse como “financieramente
libres”?
Y, yéndonos muy atrás, ¿qué hay de las mujeres que fueron esclavas o sirvientas?
Autoras afroamericanas como Phillis Wheatley o Harriet Jacobs, que no tenían
nada, ni siquiera la libertad sobre sus cuerpos. ¿Realmente no se puede escribir
“bien” sin estas condiciones tan específicas? Eso de encontrar el ambiente, lugar
y estado mental propicios (¿¿¿quién tiene un estado mental propicio???, ¿o
todos saben algo de lo que no me he enterado?) me suena demasiado utópico
y, aunque lindo, no es asequible para muchas mujeres mexicanas o
latinoamericanas clasemedieras, ya ni hablemos de las que se encuentran en
situaciones realmente precarias. Aquí también entraría esta discusión de si el arte
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o la literatura son cuestiones exclusivamente burguesas o no (yo no tengo una
postura muy definida al respecto, pero ese es tema para otro escrito).
Otro punto que me conflictúa bastante de lo que dice Virginia Woolf es este
argumento suyo de que lo que ha hecho tan grandes y buenos a autores como
Shakespeare o Jane Austen es que no conocemos a Shakespeare ni a Jane
Austen, es decir, que su escritura no trasluce su contexto social ni sus propios
conflictos o problemas derivados de su situación socioeconómica. Woolf señala
que la tragedia de obras como las de Charlotte y Emily Brontë reside en que sus
personajes, tramas o escenarios manifiestan explícitamente lo que sus autoras
opinaban sobre su papel como mujeres en la sociedad.
Virginia Woolf opina que este escribir desde “la furia en lugar de escribir con
calma” o “hablar de sí misma en lugar de hablar de sus personajes” impedía que
el genio literario de estas mujeres fuera plasmado intacto en sus obras. Woolf
opina que para hacer buena literatura es necesario presentar la realidad sin las
“deformaciones” de lo que una opina o ha vivido como autora. “Lo que
entendemos por integridad, en el caso de un novelista, es la convicción que
experimentamos de que nos dice la verdad”. ¿Qué es la verdad? ¿la verdad del
mundo, de la vida, de la imagen poética, de la expresión literaria? A lo mejor mi
vena idealista está muerta, pero no puedo evitar que me suene medio
moralizante.
Ahora, este tema me parece escabroso porque entiendo la crítica a la literatura
“activista”, por llamarla de alguna forma. Creo que podemos estar de acuerdo
en que nadie quiere leer un panfleto en el que al autor le importa más plasmar su
postura política o ideología social o económica en lugar de dedicarse al arte de
la forma, los personajes y el contenido. Efectivamente, el arte no le debe nada a
nadie, no tiene que ser didáctico ni adoctrinador. Lo que siento que se le escapa
a la señora Woolf es que se puede escribir desde la periferia o desde las
circunstancias que nos impone el contexto sin que sea panfletario y sin que esto le
quite mérito literario.
Porque, según ella, las mujeres no escribirán bien hasta que no se deshagan de la
rabia que sienten por las injusticias que han vivido a lo largo de los siglos. Las
mujeres no escribirán bien hasta que no se olviden de que son mujeres. De ahí
que Woolf no se sienta mujer y desprecie “lo femenino” (sobre lo cual se podría
discutir horas). Ahora, entiendo que es una estupidez hablar de la literatura escrita
por mujeres siempre desde la perspectiva de género y no por su mérito literario
PER SE. Nadie dice “literatura masculina”. En ese sentido coincido con UNA
HABITACIÓN PROPIA. La literatura escrita por mujeres obviamente es mucho más
que el “escrita por mujeres” y que la herida de ser el “sexo agraviado” en un
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mundo patriarcal. Es literatura, punto (buena o mala, ese ya es otro asunto, pero
este juicio no debería ser algo determinado por el sexo o género).
En un pasaje, la autora señala, refiriéndose a Charlotte Brontë, lo siguiente: “[…]
percibimos constantemente en su obra una acidez, resultado de la opresión, un
sufrimiento enterrado que late bajo la pasión, un rencor que contrae aquellos
libros, por espléndidos que sean, con un espasmo de dolor”. Me parece entender
lo que quiere decir Woolf, entiendo que apela a que es necesario que las mujeres
dejen de escribir como si fueran pájaros heridos, siempre marcadas por la huella
del “ser mujeres” y siempre sabiendo que son concebidas como inferiores al
hombre. “[…] sin odio, sin amargura, sin temor, sin protestas, sin sermones. Así es
como escribió Shakespeare […]”, este es el ideal que propone Virginia Woolf para
la escritura, que las escritoras se sacudan las palabras de los señores que dicen
que no pueden escribir a la par de los intelectuales masculinos y simplemente se
dediquen a hacer lo que se les da la gana, sin mostrarse débiles o aludidas por su
contexto social, enfocándose únicamente en el arte por el arte.
“Realmente era una delicia volver a leer un estilo masculino. Sonaba tan directo,
tan claro después de leer estilos femeninos. Indicaba tal libertad mental, tal
libertad personal, tal confianza en uno mismo. Se experimentaba una sensación
de bienestar ante aquella mente bien alimentada, educada, libre […]”. Que no
me digan que esto no trasluce una pizca de misoginia. Refleja un deseo de
alejarse de lo “femenino” porque era visto como un rol de género débil y no
deseable. Pero los tiempos han cambiado, gracias a Dios.
Esto, naturalmente, tiene que ver con la forma en que la escritora inglesa
concebía la literatura y la escritura. Para ella, lo que llama “costumbrismo” —
permitir que la narrativa sea influida por el entorno y sus impresiones— es la rama
menos interesante de la literatura. Woolf aboga por lo “contemplativo”, no quiere
ser solo una “rozadora de superficies”, sino “haber mirado abajo, a las
profundidades”. Señala que “Es necesario que haya libertad y es necesario que
haya paz. No debe chirriar ni una rueda, no debe brillar ni una luz. Las cortinas
deben estar corridas. El escritor […] no debe mirar ni preguntarse qué está
sucediendo. Debe más bien deshojar una rosa o contemplar los cisnes que flotan
despacio río abajo.”
Estoy de acuerdo con las aspiraciones de Woolf, incluso me identifico. Yo, como
escritora, tampoco quiero nadar en un charco en lugar del océano. O quedarme
en la superficie. ¿Qué escritura “buena” puede salir de una observación o
pensamiento “superficiales”? (en mi opinión). Lo que sí es que, aunque quisiera,
no tengo tiempo para ir a comprarme rosas y deshojarlas mientras observo el
atardecer lánguidamente, y lo más cerca a los cisnes que hay por aquí son los
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patitos que nadan en el agua verde del lago de Chapultepec. No sé si a Virginia
Woolf le parecería lo suficientemente propicio.
Lo que sí me hizo casi escupir el té que me estaba bebiendo en ese momento fue
cuando dice que “será un espectáculo curioso, cuando llegue, ver a todas estas
mujeres tal como son, pero debemos esperar un poco, porque todavía [las]
detendrá el «pecado» que es el legado de nuestra barbarie sexual. Todavía
llevará[n] en los pies las viejas cadenas de pacotilla de la clase”. Uno, porque —
como mencioné antes— parece que se asumiera como no-mujer y, a mi parecer
se bastante vuelve condescendiente hacia su propio género, como una especie
de “NOT LIKE OTHER GIRLS” pero del siglo pasado; dos, porque cómo se puede
juzgar cuando una mujer es “tal como es”, como si una pudiera realmente
separarse de su contexto, y tres —y lo más obvio— ¿LAS VIEJAS CADENAS DE
PACOTILLA DE LA CLASE?, creo que eso solo podría decirlo alguien burgués cuya
única ocupación es dedicarse a contemplar la vida. Me suena muy whitexican, la
verdad (perdónenme, señora Woolf y las diosas de la literatura).
Tampoco soy tan maje para pensar que se pueden reducir los argumentos de la
autora a esto. Finalmente fue una de las grandes escritoras del siglo XX y
literariamente tiene toda la autoridad. Solo me parece importante hacer énfasis
en la evidente blanquitud de algunas de sus ideas. La literatura escrita por
mujeres latinoamericanas ha probado que se puede escribir desde el contexto,
desde la experiencia de ser mujer, desde el abordaje literario de lo que se vive
diariamente y hacerlo con gran destreza formal y literaria. Y sin ser panfletaria.
Pienso en Fernanda Melchor, Mariana Enríquez, Paulette Jonguitud, María
Fernanda Ampuero, Mónica Ojeda, Samanta Schweblin, Guadalupe Nettel, etc.
Y, hablando de clásicas, Amparo Dávila, Rosario Castellanos o Elena Garro. Varias
de ellas, desde sus géneros y estilos propios, integraron a su literatura —de una u
otra forma— su visión desde lo que observaban, sentían o pensaban, esto
inevitablemente atravesado por la experiencia de ser mujeres latinoamericanas.
Sin embargo, y a pesar de todas estas cuestiones, creo que lo que Virginia Woolf
propone en UNA HABITACIÓN PROPIA y la exhortación que hace a las mujeres es
totalmente aplicable al tiempo y lugar en el que se encontraba. Ella fue, sin lugar
a dudas, una excepción de lo que se esperaba de una mujer en su tiempo. Y
estoy segura que lo que quería era que por fin las mujeres pudiéramos quitarnos
de encima —tanto física, financiera e ideológicamente— lo que dicta el
patriarcado; quería que escribiéramos lo que se nos diera la gana sin limitaciones.
“Eran legión los hombres que opinaban que, intelectualmente, no podía
esperarse nada de las mujeres”, y sí, coincido totalmente. Para nosotras,
mexicanas en el siglo XXI, sería más bien: “Son legión los hombres que nos hacen
menos, nos violentan y nos asesinan”. Y aún así escribimos.
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En varios pasajes, Woolf señala que está segura que en otros siglos los valores
habrán cambiado, que habremos evolucionado y que seguramente la
convivencia entre varios géneros (sí, varios, porque le parecía que el binarismo
era increíblemente reduccionista) será posible y pacífica. Me entristece pensar
que estamos lejísimos de ello. Creo que Virginia Woolf vio un futuro ideal en el que
la rabia ya no es necesaria porque el género o sexo no importan, en el que las
mujeres dejan de luchar porque ya no hay nada contra qué resistir. Un futuro en el
que no arrastramos nuestro “ser mujer” como una desventaja y en el que nos
limitamos a percibir nuestra relación con la realidad y no con el género opuesto.
Ojalá fuera así. Ojalá llegara a ser así. Pero esto no quiere decir que no podamos
hacernos de nuestra habitación propia mental, emocional y, por supuesto, física.
Creo que cada vez trabajamos más en ello y que cada vez ocupamos el espacio
que merecemos.
Creo, sin mucho temor a equivocarme, que cuando Virginia Woolf nos exhorta a
salir al mundo, ganar nuestro propio dinero, tener nuestra habitación propia y
nuestro propio espacio mental, lo que quiere es que las mujeres, por fin, ocupen el
lugar que les corresponde en el mundo literario (y en la sociedad en general), no
como una minoría apocada y perpetuamente herida por el patriarcado en todos
los ámbitos, sino como las personas seguras, dignas y confiadas en su propia
capacidad porque no le pedimos nada a los hombres. La escritora inglesa quiere
que podamos decirles con seguridad y toda la razón a los señores que por siglos
dijeron que no podemos que se atraganten con sus propias palabras.
Me gusta pensar que si Virginia Woolf viera todo lo que se ha logrado, las luchas
ganadas, la rebeldía de las nuevas generaciones y las muchas obras brillantes
que, desde entonces, han salido de plumas de mujeres; que si supiera que, a
pesar de todo, escribimos y seguiremos escribiendo estaría bastante orgullosa.
Actividad 2
• Socializa la lectura con tus compañeros y docente
• Responde la pregunta: ¿Qué significa conocerse o cuidarse a sí mismo/a?
Estudio independiente
• Leer de “Ensayos o De la experiencia” de Michel Montaigne capítulo IV
Como el alma descarga sus pasiones sobre objetos falsos, cuando los verdaderos
le faltan.
Como el alma descarga sus pasiones sobre objetos falsos, cuando los verdaderos
la faltan
Un noble francés, extremadamente propenso al mal de gota, a quien los médicos
habían prohibido rigorosamente que comiera carnes saladas, acostumbraba a
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reponer, bromeando, al precepto facultativo: «Menester es que yo encuentre a
mano alguna causa a que achacar mi alma; maldiciendo unas veces de las
salchichas y otras de la lengua de vaca y del jamón, parece que me siento más
aliviado.
De la propia suerte que cuando alzamos el brazo para sacudir un golpe, nos
ocasiona dolor el que no encuentre materia con que tropezar, dar el golpe en
vago, y así como para que la vista de un panorama sea agradable, es necesario
que no esté perdido ni extraviado en la vaguedad del aire, sino que se encuentre
situado en lugar conveniente:
Ventus ut amittit vires, nisi robore densae
ocurrant silvae, spatio difusus inani80,
—14→
de igual modo parece que el alma, quebrantada y conmovida, se extravía en sí
misma si no se la proporciona objeto determinado; precisa en toda ocasión
procurarla algún fin en el cual se ejercite. Plutarco dice, refiriéndose a los que
tienen cariño a los perrillos y a las monas, que la parte afectiva que existe en
todos los humanos, falta de objeto adecuado, antes que permanecer ociosa se
forja cualquiera, por frívolo que sea. Vemos pues, que nuestra alma antes se
engaña a si misma enderezándose a un objeto frívolo o fantástico, indigno de su
alteza, que permanece ociosa. Así los animales llevados de su furor, se revuelven
contra la piedra o el hierro que los ha herido, y se vengan a dentelladas sobre su
propio cuerpo, del daño que recibieron:
Pannoni, haud aliter post ictum saevior ursa,
cui jaculum parva Lihys amentavit habena,
se rolat in vulnus, telumque irata receptum
impetit, et secum fugientem circuit hastam.81
¿A cuántas causas no achacamos los males que nos acontecen? ¿En qué no nos
fundamos, con razón o sin ella, para dar con algo con qué chocar? No son las
rubias trenzas que desgarras, ni la blancura de ese pecho que despiadada,
golpeas, los que han perdido al hermano querido a quien lloras; busca en otra
parte la causa de tus quejas. Hablando Tito Livio del ejército romano que peleaba
en España después de la pérdida de los dos hermanos, los grandes capitanes82,
dice: flere omnes repente el offensare capita.
El filósofo Bión habla de un rey a quien la pena hizo arrancarse los cabellos; y
añade bromeando: «Pensaba, acaso, que la calvicie aligera el dolor.» ¿Quién no
ha visto mascar y tragar las cartas o los dados a muchos que perdieron en el
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juego su dinero? Jerjes azotó al mar, y escribió un cartel de desafío al monte Atos.
Ciro ocupó todo un ejército durante varios días en vengarse del río Gindo, por el
temor que había experimentado al cruzarlo. Calígula demolió una hermosa
vivienda por el placer que su madre había en ella disfrutado.
Los campesinos decían cuando yo era mozo que el rey de una nación vecina,
habiendo recibido de Dios una tunda de palos, juró vengarse de tal ofensa; para
ello ordenó que durante diez años ni se rezase ni se hablase del Criador, y si a
tanto alcanzaba su autoridad, que tampoco se creyese en él. Con todo lo cual
quería mostrarse, no tanto la estupidez como la vanidad pertinente a la nación a
que se achacaba el cuento; ambos son siempre defectos que marchan a —15→
la par, aunque tales actos tienen quizás más de fanfarronería que de estupidez.
César Augusto, habiendo sido sorprendido por una tormenta en el mar, desafió, al
dios Neptuno, y en medio de la pompa de los juegos circenses, hizo que quitaran
su imagen de la categoría que le pertenecía entre los demás dioses para
vengarse de sus iras, en lo cual es menos excusable que los primeros, y menos aún
cuando, habiendo perdido una batalla bajo el mando de Quintino Varo en
Alemania, de desesperación y cólera golpeaba su cabeza contra la muralla,
gritando: «Varo, devuélveme mil legiones!» Los primeros se dirigían al propio Dios o
a la fortuna, como si ésta tuviera oídos para escucharlos, a ejemplo de los tracios
que, cuando traería, o relampaguea, arrojan flechas al cielo para calmar las iras
de la naturaleza. En fin, como dice este antiguo poeta en un pasaje de Plutarco:
Point ne se fault courroacer aux affaires;
il ne no leur chault de toutes nos choleres.83
• Anota en tu libreta de notas ideas principales.
• En equipos de 4 estudiantes, anoten en una cartulina el mensaje del texto.
• Observa, analiza y copia en tu libreta el mapa conceptual
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• Intégrate en una mesa redonda, y responde una de las siguientes
preguntas:
✓ ¿Crees que podrías conocer el sentido de tu vida?
✓ ¿Si cuidas tu vida, su sentido, lo que disfrutas y sufres, crees que sería una
mejor vida?
✓ ¿Considera que el sentido y el cuidado de tu vida se relaciona con la
existencia de los otros?
✓ Planteen argumentos claros que defiendan su postura.
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