Grigori Yefímovich Rasputín (1869-1916) fue un místico ruso, monje
autodidacta y figura influyente en la corte del zar Nicolás II,
especialmente en los últimos años del Imperio Ruso. Su vida estuvo
marcada por la controversia, el misterio y la intriga, y su influencia sobre
la familia imperial y su relación con la zarina Alejandra Romanov son
temas clave de su historia.
Orígenes humildes
Rasputín nació en 1869 en un pequeño pueblo de Siberia, en una familia
campesina. Se crio en un entorno modesto y su educación formal fue
limitada, aunque mostró una inclinación por la espiritualidad desde joven.
En su juventud, Rasputín se dedicó a la vida religiosa, pero no en un
sentido tradicional. Pasó un tiempo como monje errante, viajando por
monasterios y pueblos, y se ganó una reputación como un hombre de fe,
aunque sus métodos y enseñanzas no eran convencionales.
Ascenso a la corte imperial
En 1905, Rasputín llegó a San Petersburgo, donde fue presentado a la
zarina Alejandra, esposa de Nicolás II. La zarina, quien estaba
profundamente preocupada por la salud de su hijo, el zarévich Alexéi,
quien sufría de hemofilia (una enfermedad sanguínea que impide la
coagulación), vio en Rasputín a una figura que parecía tener el poder de
curar al niño. Rasputín, con sus supuestas habilidades de sanación, ganó
rápidamente la confianza de la familia imperial, especialmente de la
zarina, quien lo consideraba un hombre santo y lo veía como un guía
espiritual.
Influencia en la corte y controversias
A pesar de sus orígenes humildes, Rasputín se convirtió en una figura
clave en la corte rusa. Su cercanía a la familia imperial y su influencia
sobre la zarina lo convirtieron en un personaje extremadamente polémico.
Los opositores lo acusaban de manipular a la zarina y, por extensión, al
zar, debido a su poder sobre ella. Rasputín tenía una personalidad
carismática y misteriosa, lo que le permitió navegar entre las intrigas de
la corte, pero también lo hizo objeto de críticas y rumores, que lo
vinculaban con escándalos de corrupción, inmoralidad y comportamientos
excesivos.
Se decía que Rasputín mantenía relaciones sexuales promiscuas, y la
percepción pública de su influencia fue que usaba su posición para
obtener favores y poder. A pesar de estas acusaciones, la zarina Alejandra
defendía su fe en él, creyendo que sus intervenciones ayudaban a la salud
de Alexéi.
Declive y muerte
Con el empeoramiento de la situación política en Rusia, y la creciente
insatisfacción con el gobierno de Nicolás II, Rasputín fue visto cada vez
más como una figura destructiva. Durante la Primera Guerra Mundial, en
un contexto de creciente descontento social y militar, su influencia creció
aún más, y muchos miembros de la aristocracia y la iglesia lo
consideraron responsable de la caída del imperio.
En diciembre de 1916, un grupo de nobles rusos, liderados por el príncipe
Félix Yusúpov, conspiraron para asesinar a Rasputín. Intentaron matarlo
de varias maneras: primero le ofrecieron pasteles envenenados, pero al
no funcionar, lo dispararon varias veces. Sin embargo, Rasputín
aparentemente sobrevivió a los envenenamientos y las primeras heridas,
lo que contribuyó a la leyenda de su invulnerabilidad. Finalmente, lo
mataron de varios disparos y arrojaron su cuerpo al río Neva.
Legado
La muerte de Rasputín no salvó al zar Nicolás II ni al Imperio Ruso. Menos
de dos años después, la Revolución Rusa de 1917 derrocó al zarismo, y la
familia Romanov fue ejecutada. Rasputín se convirtió en un símbolo de la
decadencia y la corrupción de la monarquía rusa en sus últimos días.
Su figura ha sido objeto de numerosas leyendas y teorías sobre su poder,
su relación con la familia imperial, y su impacto en la historia rusa.
Algunos lo ven como un místico iluminado, mientras que otros lo
consideran un charlatán manipulado por sus propios intereses. Sin
embargo, su influencia y el misterio que rodeó su vida y muerte continúan
siendo un tema fascinante de estudio y especulación.