DANIEL MARTINEZ BRICEÑO LIC EN DERECHO 5to SEMESTRE
SEMANA 4
DERECHO PROCESAL PENAL
El control difuso de la constitucionalidad y convencionalidad de normas,
como facultad del juez de ejecución de sanciones penales. Ha quedado
establecido que conforme al artículo 1º, párrafo tercero, de la Constitución General
de la República, todas las autoridades se encuentran obligadas a promover,
respetar, proteger y garantizar los derechos humanos, en el ámbito de sus
competencias.
De esta manera, los jueces especializados en la ejecución de sanciones penales
se encuentran compelidos a efectuar dichos actos, como parte de los deberes que
le derivan de dicha norma constitucional; cuya incorporación dio lugar a que el
Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación dejara sin efectos los criterios
obligatorios que había sostenido con antelación y conforme a los cuáles: (i) el
control de la constitucionalidad de normas correspondía al Poder Judicial de la
Federación; y, (ii) el control difuso de la constitucionalidad de normas generales no
se encontraba autorizado por el artículo 133 constitucional.
Así, a partir de la reforma al artículo 1º Constitucional, el control de la
constitucionalidad y/o convencionalidad de normas generales, en su modalidad de
difuso, se ejerce por todas las autoridades, tratándose de violación a los derechos
humanos consagrados en la Constitución Federal y en los convenios
internacionales suscritos por el Estado Mexicano, evidenciándose en el deber de
analizar la compatibilidad entre las disposiciones jurídicas que deben aplicarse a
un caso concreto y los derechos humanos que establece la Carta Magna y los
tratados internacionales, lo cual genera la consecuencia de permitir o no la
aplicabilidad de alguna disposición a un caso en concreto.
Conviene precisar cuál es el límite del ejercicio de esta atribución a favor de los
jueces ordinarios, el que radica en la inaplicación de las normas que resulten
contrarias a los derechos humanos que prevea la norma constitucional y los
tratados internacionales de los que México sea parte, sin que exista posibilidad de
que se pronuncie sobre su inconstitucionalidad o inconvencionalidad.
Finalmente, resulta pertinente indicar que el control difuso de constitucionalidad –
connotación que también incluye el control de convencionalidad o
convencionalidad– debe ser ejercido ex officio a partir de presupuestos formales y
materiales de admisibilidad y procedencia, que han sido definidos ya a nivel
jurisprudencial, a saber: (a) que el juzgador tenga competencia legal para resolver
el procedimiento en el que vaya a contrastar una norma; (b) debe existir aplicación
expresa o implícita de la norma, aunque en ciertos casos también puede
ejercitarse respecto de normas que, bien sea expresa o implícitamente, deban
emplearse para resolver alguna cuestión del procedimiento en el que se actúa; (c)
la existencia de un perjuicio en quien solicita el control difuso, o bien irrogarlo a
cualquiera de las partes cuando se realiza oficiosamente; (d) inexistencia de cosa
juzgada respecto del tema en el juicio, pues si el órgano jurisdiccional ya realizó el
control difuso, estimando que la norma es constitucional, no puede realizarlo
nuevamente, máxime si un juzgador superior ya se pronunció sobre el tema; (e)
inexistencia de jurisprudencia obligatoria sobre la constitucionalidad de la norma
que emiten los órganos colegiados del Poder Judicial de la Federación, porque de
existir, tal criterio debe respetarse, pues el control concentrado rige al control
difuso y, (f) inexistencia de criterios vinculantes respecto de la convencionalidad
de la norma general, ya que conforme a las tesis de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, los emitidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos son
vinculantes para los tribunales del Estado Mexicano.
[Conclusión. El ejercicio del control difuso de constitucionalidad y
convencionalidad del párrafo segundo del artículo 150 de la Ley de Ejecución de
Sanciones Penales]. Al analizar ambos argumentos, este juzgador determinó que
debía ejercer la facultad de control difuso de la constitucionalidad y
convencionalidad del precepto legal invocado por la fiscalía, ex officio, observando
los parámetros establecidos en la jurisprudencia XXVII.1o.(VIII Región) J/8 (10a.).
Para ello, se sostuvo que el principio non bis in ídem constituía un derecho
humano reconocido tanto por el artículo 23 de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos; como por el numeral 8.4 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), conforme al cual, existe
prohibición de doble punición.
A este respecto, se consideró que si bien, el delito por el que fue sentenciado el
promovente debía ser estimado como de impacto social, las circunstancias en que
se cometió no podían constituir un impedimento por sí mismas para que se
otorgara el sustitutivo penal, no obstante encontrarse prevista esa circunstancia
por el dispositivo en mención.
Y es que, conforme al artículo 54 del Código Penal, dichas circunstancias
constituyeron uno de los parámetros que el juez de la causa tomó en
consideración para la graduación de la pena.
En esa virtud, de tenerlas en cuenta ahora para denegar el acceso al sustitutivo de
mérito, se estaría reviviendo la materia del proceso por el que ya se emitió un fallo
ejecutoriado y se propiciaría la recriminalización de la persona privada de la
libertad, atentándose así contra el derecho humano a la reinserción social que se
contempla en el artículo 18 Constitucional.