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La Unión de Arquitectos Socialistas y Su Proyecto de Ciudad Obrera (1938)

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La Unión de Arquitectos Socialistas y su Proyecto de

Ciudad Obrera (1938)


The Socialist Architects Union and their Laborer City
Project (1938)

Jesús Nazaret Márquez Soriano


[email protected]
Instituto de Estudios Superiores Rosario Castellanos

I nve s ti g aci ó n

Resumen
En septiembre de 1938, un grupo de jóvenes arquitectos comprome- Fecha de recepción: 21 de agosto de 2019
Fecha de aceptación: 29 de septiembre de 2019
tidos con el problema de la vivienda destinada para las clases más
vulnerables presentó, en el XVI Congreso Internacional de Planificación DOI: 10.22201/fa.2007252Xp.2019.20.72345
y de la Habitación, un Proyecto de Ciudad Obrera. En él propusieron
habitaciones cómodas, higiénicas y funcionales, tomando en cuenta
una organización interna que correspondía a un modelo de vida de ca-
rácter comunitario, el cual definiría el diseño urbano y arquitectónico
de los edificios de vivienda y de trabajo. De esta manera, el proyecto
de la Unión de Arquitectos Socialistas vendría a ofrecer una novedosa
propuesta habitacional en la década de 1930 que se sumaría a los es-
fuerzos de otros arquitectos por resolver dicho problema en la Ciudad
de México.

Palabras clave: ciudad obrera, vivienda obrera, socialismo, cardenismo

Abstract
In September 1938, at the XVI International Congress of Planning and Room,
a group of young architects committed to the problem of housing for the
most vulnerable classes presented their Project of Ciudad Obrera, in which
they proposed comfortable, hygienic, and functional rooms; taking into ac-
count an internal organization that corresponded to a community life model
which would define the urban and architectural design of the residential and
work buildings. In this way, the project of La Union de Arquitectos Social-
istas would come to offer a novel proposal in the 1930s, which would add
to the efforts of other architects to solve the problem of the living place in
Mexico City.

Keywords: Ciudad Obrera, worker housing, socialism, cardenismo


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La Unión de Arquitectos Socialistas y su proyecto de Ciudad Obrera (1938)

Introducción
El objetivo ulterior del presente artículo es rescatar la labor poco cono-
cida de la Unión de Arquitectos Socialistas. A pesar de su corta exis-
tencia, esta entidad desarrolló al amparo del cardenismo un proyec-
to urbano y arquitectónico donde el trabajo comunal sería el eje de la
vida cotidiana de sus habitantes. Para tal propósito, se enumerarán las
causas por las cuales los jóvenes arquitectos que la conformaron se
autodenominaron como arquitectos socialistas. Asimismo, se descri-
birán las características de su pensamiento teórico, plasmado en su
“Doctrina Socialista de la Arquitectura”, con la cual justificaron su labor
como adherentes a esta postura política. Posteriormente, se analizarán
las características del Proyecto de la Ciudad Obrera, poniendo especial
interés en los aspectos arquitectónicos y urbanos que ayudarán a com-
prender la dinámica social de su ciudad obrera.

Contexto histórico del socialismo en México


Poco se sabe de un grupo de jóvenes arquitectos que entre los años
de 1938 y 1940 definió su labor arquitectónica como, socialista. Para
enmendar esta laguna habrá que aclarar cómo, en un país cuyas diná-
micas políticas e institucionales difícilmente se asemejaban al socia-
lismo desarrollado en la Unión Soviética, se presentó este fenómeno
social. Algunos indicios se encuentran en una serie de publicaciones
que salieron a la luz desde la segunda mitad del siglo XIX, ya que éstas
influyeron en el desarrollo de un ambiente pro socialista en los principa-
les centros mineros y fabriles de México. Entre estas publicaciones se
encontraban La Comuna (1871), El Socialista (1871) o El Hijo del Trabajo
(1874), que orientaron las demandas de los trabajadores. Por su par-
te, ellos comenzaban a concentrarse en importantes organizaciones
como el Gran Círculo de Obreros (fundado en 1871), el cual mantenía
actividades "en la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala y Veracruz.”1 Di-
chos documentos, inspirados en el socialismo utópico y fraternalista
europeo2 fueron bien recibidos y comentados dentro de las reuniones.
Los problemas que se discutían frecuentemente se concentraban en
las pésimas condiciones de trabajo y en la necesidad de proporcionar
viviendas higiénicas a los trabajadores.3

1 Guadalupe Nava Oteo “La Minería”, en Daniel Cossío Villegas (coord.), Historia Moder-
na de México. El Porfiriato, vida económica (México: Hermes, 1965), 265.
2 Algunos socialistas utópicos, como Saint Simon, proponían una sociedad donde la
administración y la economía pasaran a mano de los productores, es decir, a los obre-
ros y trabajadores. De esta manera, se lograría un mejoramiento en sus condiciones
laborales y de vida. Asimismo, plantearon la sustitución del gobierno por uno basado
en la organización tecnológica y científica de la sociedad. Es importante mencionar
que Saint Simon, junto con otros utopistas como J. Proudhon, rechazaría la idea de
una revolución social que cortara tajantemente con el gobierno en turno; por el con-
trario, él pensaba en su progresiva desaparición. Sumado a lo anterior, enfatizaría que
la dirección del gobierno se pondría en manos de los más capacitados y sabios, lo
cual fue fuertemente criticado por pensadores anarquistas como Bakunin. Ver Ángel
J. Cappelletti, La ideología anarquista (Barcelona: Espíritu libertario, 2010).
3 Gastón García Cantú, El socialismo en México: siglo xix (México: Era, 1984), p. 150.

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En lo que respecta a esta última demanda, será un tema constante


a lo largo del siglo XX que buscó integrarse en los proyectos de los go-
biernos; muestra de ello es la labor que realizaron tempranamente inte-
lectuales como los hermanos Flores Magón, quienes en el “Manifiesto
del Partido Liberal Mexicano” (1906) exigieron, en el punto número 26:
“Obligar a los patronos o propietarios rurales a dar alojamiento higiéni-
co a los trabajadores, cuando la naturaleza del trabajo de éstos exija
que reciban albergue de dichos patronos o propietarios.”4 En los años si-
guientes, el tema se consideraría dentro de la Constitución de 1917, que
en su Artículo 123, Fracción XII, manifestaba que “en toda negociación
agrícola, industrial, minera o cualquier otra clase de trabajo, los patro-
nos estarán obligados a proporcionar a los trabajadores habitaciones
cómodas e higiénicas […]”5 Es evidente que el problema de la vivienda se
tendría como una de las prioridades para los gobiernos en turno, ya que
una vez concluido el movimiento armado, la Ciudad de México recibiría
constantes migraciones provenientes del campo y de poblaciones afec-
tadas, por lo que era necesario, tanto en la ciudad como en los nuevos
asentamientos, implementar mejores proyectos de planeación urbana,
infraestructura y servicios que garantizaran las suficientes condiciones
de habitabilidad.
Durante la décadas de 1920 y 1930, las ideas del socialismo ten-
drían una importante difusión a través de la conformación de partidos
políticos de orientación socialista y sindicatos que se fortalecían con
el crecimiento de sus agremiados, lo cual les proveyó de una gran re-
presentación en la escena política. Dentro de estas organizaciones
destacan la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), la Con-
federación de Trabajadores de México (CTM) y el Sindicato Mexicano
de Electricistas (SME), entre otras. Por su parte, el Estado mantendría
una relación estrecha con estas agrupaciones con la intención de con-
solidar una fuerza política y una burocracia sindical que tomaría como
estandarte el nombre de la Revolución6 para así favorecer la aglomera-
ción de masas a su servicio.7
Aunque a lo largo de la década de 1930 las ambigüedades teóri-
cas de las propuestas del gobierno provocaron fuertes críticas y de-
bates entre los sectores más conservadores y en la oposición política
—especialmente cuando se propuso la reforma al Artículo 3 constitu-
cional (1933), que anunciaba que “la educación que imparta el Estado
será socialista”—, la postura que tomaría el General Cárdenas fue la de
aminorar la desconfianza previamente a las elecciones presidenciales,
exponiendo que el objetivo de su política se concentraba en realizar
un reformismo social a través de la educación, el cooperativismo y el
trabajo. Asimismo, enfatizó que no pretendía la socialización de los

4 Partido Liberal Mexicano, “Programa del Partido Liberal Mexicano” [San Luis, Misuri, 1
de julio de 1906], Regeneración 11, tomo III. Archivo Electrónico-Ricardo Flores Magón.
5 Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, Art. 123, Fracción XII.
6 Adolfo Gilly, La revolución interrumpida (México: Era, 1994), 351.
7 Pablo González Casanova, La clase obrera en la historia de México. En el primer gobierno
constitucional (1917-1920) (México: UNAM- Siglo XXI, 1980), 173.

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medios de producción como se realizaba en la Unión Soviética. Por ello


declaró en su discurso del 28 de marzo de 1934 que:

La principal acción de la nueva fase de la Revolución es la marcha de


México hacia el socialismo […] Del comunismo de Estado se aparta
[…] porque ni está en la idiosincrasia de nuestro pueblo la adopción
de un sistema que lo priva del disfrute integral de su esfuerzo, ni tam-
poco desea la sustitución del patrón individual por el Estado-Patrón.8

Una vez atendidas estas inquietudes, el Estado continuó trabajando en


su agenda política con el apoyo de organizaciones sindicales y la apro-
bación social, lo cual le permitió realizar acciones relativas a la vivienda,
la salud, el reparto agrario, la nacionalización de los ferrocarriles (1937),
la expropiación petrolera (1938) y la materialización de proyectos edu-
cativos, como la creación del Instituto Politécnico Nacional (1937).
Como se observa, el socialismo desarrollado durante este periodo
(a pesar de sus carencias teóricas) fue un tema presente en la política,
entre los profesionistas y en la sociedad. Rosendo Salazar describe que
el ambiente que se percibía durante estos años se manifestaba de la
siguiente manera:

La dialéctica marxista vibraba en la prensa, la cátedra, la tribuna


parlamentaria. Las librerías se atestaban de ediciones de El capital;
el retrato del autor del materialismo histórico fue puesto en los es-
caparates; nuestra historia patria comenzó a ser vista con la lente
marxista; los textos escolares recibieron, a partir de ese momento,
las modificaciones correspondientes […] Sólo la Universidad Nacio-
nal rechazó el marxismo en sus cátedras […]”9

La fundación de la Unión de Arquitectos Socialistas


Uno de los antecedentes directos que condujeron a la fundación de
la Unión de Arquitectos Socialistas se encuentra en las actividades
que realizaban sus miembros en organizaciones simpatizantes con
el socialismo. Una de ellas fue la Liga de Escritores y Artistas Revo-
lucionarios (LEAR), creada en 1933,10 que albergaba secciones como
pintura, música, teatro y arquitectura.11 En esta última, Álvaro Aburto,
Raúl Cacho, Ricardo Rivas, así como José Luis Cuevas, sumarían es-
fuerzos para presentar una ponencia en enero de 1937 con el título:
“El problema de la arquitectura y del urbanismo de México,”12 en la cual

8 Sebastián Mayo, La educación socialista en México: El asalto a la Universidad Nacional


(México: Rosario Bear, 1964), 193.
9 Rosendo Salazar, La CTM: Su historia, su significado (México: T. C. Modelo, 1956).
10 La LEAR estuvo adscrita a la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios, fun-
dada por la Internacional Comunista en la URSS en 1930.
11 Rafael López Rangel, Enrique Yáñez en la cultura arquitectónica mexicana (México:
UAM-Azcapotzalco, 1989), 72-75.
12 Alberto T. Arai, La nueva arquitectura y la técnica [1938] (México: INBA, 2001), 20.

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manifestaron sus inquietudes con respecto a los problemas urbanos y


de habitación. Otro de los jóvenes que participaron en las actividades
de esta liga fue Alberto T. Arai, quien expuso en noviembre de 1937
un texto titulado La nueva arquitectura y la técnica, en el cual estableció
que uno de los objetivos centrales a donde conduciría sus propuestas
teóricas sería:

[…] luchar por una arquitectura mexicana total, rigurosamente técnica,


nacida de la realidad, plenariamente social, económica, impersonal,
cuya influencia se infiltre a través de la vida humana, agrícola e in-
dustrial del territorio por medio de un mapa regulador de urbanismo
nacional. Una doctrina ampliamente formulada en el sentido de rea-
lizar una arquitectura de Estado, que es el eje vertebral de las nuevas
aspiraciones técnicas de los arquitectos jóvenes de México.13

Por su parte, Enrique Yáñez no fue ajeno al compromiso social de aten-


der el urgente problema de la habitación para los trabajadores durante
estos años. Incluso había ya estudiado y desarrollado propuestas habi-
tacionales, como el proyecto para la Casa Mínima de 1932, que serviría
para la construcción de las casas tipo 2 en la colonia Jardín Balbuena.
Fue en los primeros meses de 1938 cuando el ambiente fraternal que
el cardenismo había procurado desarrollar en la sociedad había influido
para que un grupo de jóvenes buscara ofrecer propuestas al problema
de la habitación obrera. A la brevedad, Enrique Yáñez (30 años), Ricardo
Rivas (25), Enrique Guerrero (24), Alberto T. Arai (23), Raúl Cacho Álva-
rez (26) y Balbino Hernández14 comenzaron a reunirse en el despacho
de Yáñez en la calle de Palma 330, para dar paso a la formación de la
Unión de Arquitectos Socialistas en el mes de marzo. Este periodo se
caracterizó por una gran agitación política y social debido a la inminente
expropiación petrolera. A sus miembros se les sumaría Carlos Leduc (29
años),15 junto con Ricardo Rivas, quien militaba en el Partido Comunista.
Sin embargo, Leduc abandonaría el grupo poco tiempo después, ya que
consideraba que denominarse como socialista “era una auto califica-
ción que no correspondía a la orientación general de sus participantes.”16

13 A. T. Arai, La nueva arquitectura..., 20.


14 Raúl Cacho nació en Córdoba, Veracruz, en 1912, según el Diccionario Enciclopédico
Veracruzano editado por Roberto Peredo, y Ricardo Rivas "en Oaxaca" en 1913.La fe-
cha de nacimiento de Balbino Hernández no fue posible encontrarla; sin embargo, se
puede suponer que, al ser contemporáneo y amigo cercano de los demás miembros,
tendría una edad que rondaría los 25 años.
15 De Carlos Leduc se conoce su simpatía por la Revolución Rusa, y especialmente su
admiración por la política del gobierno estalinista. En cuanto a la relación que tuvo
con la LEAR, ésta fue de gran trascendencia, ya que logró desarrollar un proyecto
para una carpa popular (que tenía la ventaja de poseer partes desmontables que
permitirían su traslado a diferentes barrios de la ciudad), donde se llevarían a cabo
las actividades culturales y de difusión de la liga.
16 Víctor Arias Montes y Carlos Ríos Garza, “Estudio introductorio. El arquitecto Yáñez”,
en Víctor Arias Montes y Carlos Ríos Garza, Enrique Yáñez y el edificio del Sindicato
Mexicano de Electricistas: Un aporte del funcionalismo a la arquitectura mexicana (Méxi-
co: UNAM-Facultad de Arquitectura, 2011).

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El grupo comenzó sus primeras acciones ofreciendo sus servicios a


través de un cartel a la clase trabajadora, con la finalidad de asesorarlos
para dar respuesta a sus problemas de vivienda.17 Resulta interesante
detenerse a analizar el contenido de este material propagandístico, ya
que dentro de sus demandas se encontraban frases como: “[…] las en-
fermedades originadas y transmitidas por la insalubridad de tu vivienda
y de tu fábrica […],”18 lo cual mostraba la necesidad imperiosa por aquel
entonces de dotar a los trabajadores de habitaciones higiénicas. Más
adelante, se pide el apoyo a los “trabajadores técnicos de la arquitectu-
ra”; estas líneas contienen la teoría que los arquitectos socialistas ha-
bían estado desarrollando para justificar el advenimiento de una nueva
arquitectura técnica. Por último, se menciona que: “El individualismo de
tu vida presente impide que te organices en casas colectivas […],”19 que
hacía mención a los inconvenientes económicos y urbanos que impli-
caba la construcción de casas solas, obstáculos que serían atendidos
dentro de su Proyecto de Ciudad Obrera.
El mes de mayo de 1938 fue una de las mejores oportunidades para
que la Unión presentara formalmente sus exigencias. Por ello marcha-
ron llevando una manta que contenía las frases: “Proletarios viven en
tugurios” y “Exigimos la solución de este problema”. Enrique Yáñez se-
ñaló al respecto que: “Hay algunas fotografías curiosas en las que an-
damos por ahí en manifestaciones del Primero de Mayo [...] No tuvimos
enfrentamientos con el gobierno. En primer lugar, esos años eran los
del gobierno del General Lázaro Cárdenas […]”20 De este acontecimien-
to, Ramón Vargas Salguero rescataría una fotografía que fue propor-
cionada por Guerrero a petición de Yáñez, la cual ha sido hasta ahora el
único material fotográfico que se conoce de la Unión.

Doctrina socialista de la arquitectura


En septiembre del mismo año, la Unión tuvo un papel relevante al par-
ticipar en el xvi Congreso Internacional de Planificación y de la Habita-
ción, llevado a cabo en la Ciudad de México. Allí mostraron su Proyecto
de Ciudad Obrera, que tendría una especial dedicatoria a Carlos Contre-
ras, José Antonio Cuevas y al General Lázaro Cárdenas, por el apoyo
recibido a lo largo del congreso.21 La presentación del trabajo estuvo
acompañada de ilustraciones con planos, láminas y el texto “Doctrina

17 Alberto T. Arai, Raúl Cacho, Enrique Guerrero y Balbino Hernández, “Doctrina socia-
lista de la arquitectura: Unión de Arquitectos Socialistas (1938)”, en Ramón Vargas
Salguero y Víctor Arias Montes (comps.), Ideario de los arquitectos mexicanos. Tomo III:
Las nuevas propuestas (México: UNAM-Facultad de Arquitectura, 2010), 226.
18 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, "Doctrina socialista de ka arquitectu-
ra..." 226.
19 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, "Doctrina socialista de ka arquitectu-
ra..." 226.
20 Lilia Gómez y Miguel Ángel de Quevedo, Testimonios vivos, 20 arquitectos (México:
SEP-INBA, 1981), 661.
21 Ramón Vargas Salguero, “El funcionalismo socialista en México: una corriente silen-
ciada”, Arquitectura latinoamericana 2-3 (1) (1977), 39-46.

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Manifiesto a la clase trabajadora. Unión de Arquitectos So-


cialistas, 1938. Fuente: Archivo particular, Ramón Vargas
Salguero.

Pancarta que representó a la Unión de Arquitectos Proyecto Ciudad Obrera de México. Unión de Arquitectos So-
Socialistas en una manifestación llevada a cabo el cialistas,1938. Fuente: UNAM- Hemeroteca Nacional
1º de mayo de 1938. Fuente: Colección Particular
de Ramón Vargas Salguero

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La Unión de Arquitectos Socialistas y su proyecto de Ciudad Obrera (1938)

Detalle de la habitación tipo. Proyecto de la Ciudad


Obrera de México. Unión de Arquitectos Socialis-
tas, 1938. Fuente: UNAM-Hemeroteca Nacional

socialista de la arquitectura”, donde señalaron que su trabajo sólo po-


drá ser revolucionario “cuando satisfaga globalmente la necesidad co-
lectiva de habitar.”22
En este trabajo teórico, la Unión buscó ser congruente con la rea-
lidad económica del país y de sus pobladores. Por estas razones se
creyó necesario economizar recursos y utilizar nuevas técnicas que
simplificaran y abarataran los procedimientos de construcción. Todo
ello llevaría al desarrollo de una “arquitectura técnica” y de Estado, la
cual sería “[…] la definición exacta de la arquitectura socialista del futu-
ro. Arquitectura económica en el sentido de la economía política, esto
es, para todos.”23 Por consiguiente, el resultado de estas formulaciones
derivaría en la revolución de la arquitectura, que dentro de un sistema
socialista proveería de mejores ciudades a los trabajadores.
Otro de los aspectos que es necesario aclarar es la razón por la que
esta arquitectura fue definida como socialista. La respuesta inmediata
se puede encontrar en una entrevista realizada a Enrique Yáñez –déca-
das posteriores– donde se le preguntó cuáles fueron los parámetros
que consideraron para definir sus proyectos. Yáñez respondió:

22 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, "Doctrina socialista de la arquitectu-


ra..." 226.
23 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, "Doctrina socialista de la arquitectu-
ra..." 230.

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[…] pues no, no hay elementos de arquitectura propiamente socialis-


ta; ventanas o puertas o techumbres o cosas de esas, lo que hay en
la arquitectura socialista son objetivos que quieren decir mucho en
este sentido; uno de ellos de carácter muy importante es la econo-
mía, el justificar las inversiones que se hacen en las obras. ¿Por qué?
Porque si estas obras son de beneficio social y uno aplica estricta
economía y racionalidad en el proyecto, se harán más obras de ese
género; los beneficios alcanzarán a mayor cantidad de gente […]24

Como lo menciona Yáñez, el cumplimiento de los objetivos que propu-


sieron definiría sus proyectos como socialistas, dando como resultado
edificaciones funcionales de fuerte carácter “ético y moral”. En cuanto
a las cualidades estéticas, cabe señalar que no se antepusieron tajan-
temente; muestra de ello es la incorporación de elementos pictóricos
y didácticos que realizaron en otros proyectos, como en el edificio del
Sindicato Mexicano de Electricistas (1938), donde David Alfaro Siquei-
ros incorporó la pintura llamada Retrato de la burguesía. Sin embargo, en
el contexto histórico marcado por el cardenismo, los valores de utilidad
y funcionalidad tendrían una mayor relevancia. Raúl Cacho comentaría
al respecto que se:

[…] ataca a aquella arquitectura que pretende ser bella en una época
como la nuestra, que es científica, técnica y social por excelencia;
sobre todo si esa arquitectura es para México, en donde aún la gran
mayoría de la gente no habita humanamente por carecer de los re-
cursos económicos necesarios para fabricarse una habitación efi-
ciente. Esa arquitectura estética, cara y superflua, ni resuelve lo que
necesita el hombre en lo individual ni en lo colectivo […]25

Proyecto Ciudad Obrera


La inquietud de la Unión por tratar de implementar una ciudad obre-
ra en la Ciudad México respondía a la necesidad de proveer, transitar
y ofrecer mejores alternativas de vivienda, tomando como modelo los
proyectos ya implementados en otras partes del mundo. Algunos ejem-
plos se comentaban en revistas como Arquitectura y Decoración, donde
se mostraba una variedad de proyectos, como el trazado por Hannes
Meyer en la Unión Soviética para la capital de Birobidjan (1933-1934),
así como la planificación de las ciudades Satélite de Molotovo y Nishni
Kourinsk en el distrito de Perm, en los Urales. Uno de los experimentos
en cuestión de vivienda que guarda un gran parecido con el Proyecto
de la Ciudad Obrera fue la propuesta que se materializó en el edificio
para trabajadores en Narkomfin en la extinta Unión de Repúblicas So-
cialistas Soviéticas (URSS), obra de Moisei Ginzburg (1926-1929). Éste
se encontraba constituido por células de habitaciones destinadas para

24 Lilia Gómez y Miguel Ángel de Quevedo, Testimonios vivos, 20 arquitectos, 651.


25 Raúl Cacho, “Proyecto de la zona de habitación para la familia del soldado en la Ciu-
dad Militar Núm. Uno de México, D.F.”, (tesis de licenciatura, UNAM), 1941.

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cincuenta familias, con miembros de edades muy diversas, y poseía


un programa determinado por las actividades y la forma de vida que
permitiría el paso a un modelo comunal.26

La solución urbanística Esquema del programa destinado para el Pro-


Por su parte, la Unión proyectó una ciudad cuya solución urbanística se yecto Ciudad Obrera, donde se aprecia la distri-
realizó a partir de favorecer la búsqueda del terreno conveniente, para lo bución de sus espacios. Fuente: Arquitectura y
cual se consideró el plano regulador del crecimiento de la Ciudad de Mé- Decoración 11 (1938)
xico, así como el sistema de las vías férreas y los canales del desagüe.
De igual manera, los estudios urbanos de Carlos Contreras sobre la

26 Daniel Movilla Vega y Carmen Espegel Alonso, “Hacia la nueva sociedad comunista:
la casa de transición del Norkomfin”, Proyecto progreso arquitectura (9) (noviembre de
2013).

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Proyecto de la Ciudad Obrera de México, Unión de Arquitectos Socialistas. Fuente: Arquitectura y Decoración 11 (1938)

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Edificio colectivo para familias. Proyecto de la


Ciudad Obrera, Unión de Arquitectos Socialis-
tas. Fuente: Arquitectura y Decoración 11 (1938)

Plantas del edificio colectivo para familias.


Proyecto Ciudad Obrera, Unión de Arquitectos
Socialistas. Fuente: Arquitectura y Decoración
11 (1938)

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Jesús Nazaret Márquez Soriano | artículo de investigación

Planta baja y alta de la habitación tipo. Proyecto Ciudad Obrera, Unión de Arquitectos Socialistas. Fuente: Arquitectura y Decoración 11 (1938)

Reunión por el XXV aniversario de la fundación de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos, marzo de 1944. Se aprecia, de pie de derecha a izquierda, a
los arquitectos Enrique Yáñez, Enrique Guerrero, Raúl Cacho y en cuarto lugar a Alberto T. Arai. Fuente: Fondo Enrique Guerrero Larrañaga, Instituto de
Investigaciones Estéticas, UNAM.

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planificación de la capital ayudaron a trazar las zonas destinadas para


la habitación obrera, la industria y el cultivo.
Uno de los aspectos más importantes de este proyecto fue la deter-
minación de la zona de trabajo industrial, para lo cual se tuvo en cuenta:

El límite este del canal y el lugar por donde entran más ferrocarriles
a la ciudad. Con esto se pudo ver que los ferrocarriles de más impor-
tancia y los de mayor número eran los que entraban por el norte. Se
dedujo, por tanto, que las estaciones centrales de carga y pasajeros
convenientes deberían estar en la zona norte, con lo cual quedó de-
terminada la zona industrial más conveniente para la ciudad.27

Posteriormente se realizaron los estudios que sugirieran el mejor lugar


para la zona de la habitación obrera, la cual tendría que tener proxi-
midad con la zona industrial para procurar una comunicación rápida
con ella. El sitio elegido fue el paraje libre al sur de la Villa Madero, que
se extendía hasta Tacuba y Azcapotzalco; se escogió con la intención
adicional de aprovechar las tierras fértiles del antiguo lago de Texco-
co. El resto de los terrenos libres, circundantes a la ciudad obrera, se
consideraron dentro del plan para futuras ampliaciones. En cuanto a la
zona norte, se dispuso que su llanura fuera destinada para las labores
agrícolas –pensadas para que las mujeres las atendieran–, debido a
que se proyectaba una gran aportación de esta actividad a la ciudad.
Para hacer más efectiva la circulación entre las zonas de trabajo,
se planearon calzadas más amplias y se consideraron los horarios de
gran tránsito para evitar aglomeraciones. Por otra parte, se suprimieron
por completo las vías grandes en el sentido norte a sur “dejando sólo
las que siguen el sentido de los lugares industriales de trabajo”. En lo
que respecta a la planeación del centro cívico:

Se encontró que el mejor lugar para el centro cívico era el que que-
daba más en contacto con el centro de la ciudad de México, entre la
zona agrícola de las mujeres, la zona industrial y la zona de habita-
ción propiamente dicha del conglomerado obrero.28

La distribución de las zonas en la Ciudad Obrera


En el programa para la Ciudad Obrera se consideró la limitación de zo-
nas por sus actividades: habitación, industrial y de cultivo. Para tal efec-
to, el plano urbano quedó condicionado por un:

27 Alberto T. Arai, Raúl Cacho, Enrique Guerrero y Balbino Hernández, “Proyecto de Ciu-
dad Obrera de México”, en Ramón Vargas Salguero y Víctor Arias Montes (comps.),
Ideario de los arquitectos mexicanos. Tomo III: Las nuevas propuestas (México:
UNAM-Facultad de Arquitectura, 2010).
28 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Proyecto de Ciudad Obrera de México”.

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[…] plano regulador de la ciudad basado en la separación de un nú-


cleo central, que es el México viejo cuadriculado de N. a S. y de E.
a W, en grandes tramos por circulaciones de vehículos, circundado
por dos calzadas de circunvalación de distinto radio, del resto de las
demás zonas. Como límite E. de la ciudad está el canal del desagüe,
detrás del cual se supone una gran zona fértil para cultivos que coin-
cide con el vaso del antiguo lago de Texcoco.29

En cuanto a la ciudad socialista, se diseñó para garantizar la organiza-


ción de la vida de sus habitantes conforme a una estricta planeación,
la cual se reflejaría en la eficiencia de las viviendas, en los locales de
trabajo y en la facilidad para el desplazamiento hacia las zonas de ha-
bitación y productivas:

Por lo que toca a la organización autónoma de los habitantes de la


Ciudad Obrera, se precisaron sus edades y sus actividades para ob-
tener una clasificación global y de allí determinar en cada grupo el
horario diario de vida, con el objeto de controlar tanto el tráfico de
esa población como las capacidades de los locales, según el número
de personas que constituyen los grupos de los distintos turnos […]30

El programa arquitectónico de las viviendas


El programa destinado a las viviendas trató de responder a las nece-
sidades específicas de una población que tendría una dinámica de
vida colectiva. A partir de esta consideración, la zona de habitación se
distribuyó en varias divisiones: la Sección de Recuperación, donde se
hallaban los dormitorios, así como estancias y servicios destinados a
niños de 0 a 3 años y de 3 a 7 años; éstos últimos, al crecer, serían tras-
ladados a la zona cívica, que poseía la Sección de Perfeccionamiento,
conformada por la escuela que ofrecía los niveles de primara, secunda-
ria, preparatoria y profesional, y que tenía el objetivo de graduar a sus
alumnos cuando cumplían los 23 años de edad.
Es importante señalar que el equipamiento colectivo trató de res-
ponder a la nueva forma de vida que se desenvolvería en esta ciudad,
de modo que se cuidó de proveer de espacios suficientes a sus dormi-
torios y estancias para albergar a la gran cantidad de usuarios que la
ocuparían. Asimismo, la dinámica de educación, trabajo, descanso y
esparcimiento resultante representaba una nueva forma de vida en el
contexto urbano y arquitectónico mexicano de la época, cuando predo-
minaron los modelos de casas unifamiliares y departamentos.

Zona de esparcimiento y recreación


Se implementó la atención a estas necesidades para la Sección “D” de
la zona cívica, dedicada al esparcimiento y a los aspectos físicos (de-
portivos). De esta manera, se ubicaron salones de juegos y de baile, y

29 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Proyecto de Ciudad Obrera de México”.


30 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Proyecto de Ciudad Obrera de México”.

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La Unión de Arquitectos Socialistas y su proyecto de Ciudad Obrera (1938)

se dispuso de una Sección Psíquica, donde se hallaría la sala de espec-


táculos y las salas de juegos de salón. Resulta interesante señalar que
en otros proyectos de la Unión también se contemplaron estos aspec-
tos, como es el caso del edificio del Sindicato Mexicano de Electricistas
(1938), donde se instalaría un casino que tendría mesas de ajedrez, de
juegos y de billar, además de una cancha de básquetbol y un auditorio.
Siguiendo con esta tónica, en el edificio de la Confederación de Trabaja-
dores de México (1939) también se proyectó un auditorio para las activi-
dades teatrales, musicales y de reunión con fines de propaganda política,
que dejaba ver el interés de las organizaciones y del Estado por inculcar
el fraternalismo y una orientación socialista entre los trabajadores.

La distribución de los espacios habitables


Este punto obedece particularmente a la organización de la familia den-
tro de la célula de la vivienda. Se diseñó para que pudieran habitar los
padres y los niños de 0 a 2 años. Dentro de la célula se encontraría una
pequeña cocina, pensada especialmente para el desayuno y la cena,
pues la comida principal se tomaría en los comedores colectivos. Si bien
se dispusieron sanitarios y baños en cada célula de habitación, también
los dormitorios colectivos para niños y niñas contaban con ellos.
Aquellos infantes cuya edad comprendía de 3 a 7 años deberían
descansar en los locales anexos del mismo edificio, a cargo de perso-
nas especializadas. En lo que respecta a los niños de más de 7 años,
dormirían en los internados de sus respectivas escuelas: primaria, se-
cundaria y profesional. Por su parte, los edificios tipo que conformaron
en conjunto la Ciudad Obrera estaban separados unos de otros. Lo an-
terior lo determinó:
La máxima inclinación del sol en todo el año, dejando, por tanto, gran-
des espacios suficientes para rodearlos de un extenso jardín. Como
el edificio está sobre postes, para evitar la subida de la humedad del
terreno y para aprovechar el paso a cubierto de peatones […]31

Como se ha observado, el proyecto de la Unión representa una organi-


zación destinada a la centralización de los servicios y la regulación de
la vida de los trabajadores en comunidad. Aunque, por otra parte, son
evidentes las similitudes con los primeros experimentos efectuados
para la construcción de la “vivienda mínima” (1932-1936), en cuanto a
la imposición de nuevas dinámicas de vida y convivencia a través de la
arquitectura.32

31 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Proyecto de Ciudad Obrera de México”.


32 Un claro ejemplo se dio en las casas para obreros en Jardín Balbuena, en las cuales
se impuso una forma de habitar de acuerdo al programa arquitectónico de las casas.

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Proyectos posteriores de los miembros de la Unión de Arqui-


tectos Socialistas
Hacia 1940, en vísperas de la elección presidencial, continuaban los in-
convenientes políticos, económicos y sociales que seguían aquejando
al país a pesar de las iniciativas y de las reformas realizadas durante el
plan sexenal del General Cárdenas. En este escenario político, comenzó
a discutirse el tema de la sucesión presidencial entre los principales
grupos de poder, lo cual definiría en los años posteriores las actividades
de los partidos y de las organizaciones con orientación socialista en
México.
Las últimas actividades de la Unión que se tienen registradas fue la
publicación de su Proyecto de Ciudad Obrera en la revista Arquitectura
y Decoración, en el mes de noviembre de 1939. Posterior a este aconte-
cimiento, los miembros de la Unión participaron en el Primer Congreso
Nacional de Habitaciones Obreras, celebrado en la Ciudad de México
entre los días 25 y 30 de noviembre del mismo año.
Sin embargo, no representarían a la Unión. En este evento destacó
la presencia de Alberto T. Arai, Raúl Cacho y Enrique Guerreo, quienes
asistieron como delegados para exponer el texto: “Nuevo Urbanismo,
principios fundamentales y métodos para la creación de nuevas ciuda-
des de trabajadores.”33
En cuanto a Raúl Cacho, presentó su tesis de licenciatura en 1941,
en la cual retomó elementos arquitectónicos del Proyecto de la Ciudad
Obrera de la Unión, así como de la “Doctrina socialista”. Por el contrario,
Ricardo Rivas, en 1943, no incluyó una justificación teórica relaciona-
ra con la doctrina de la Unión en su tesis profesional; posiblemente el
proyecto para la Unidad Habitacional en Lomas de Becerra, que se en-
contraba desarrollando para la Secretaria del Trabajo y Previsión Social,
se había alejado del objetivo de proponer una ciudad con base en una
organización de vida colectiva como lo hiciera el Proyecto de Ciudad
Obrera años atrás.
Una vez disuelta la Unión, sus integrantes mantendrían actividades
dentro de la Escuela Superior de Ingeniería y Agricultura (ESIA) como
profesores, así como en la construcción de hospitales, en la proyección
de vivienda popular y colaborando en los proyectos para la edificación
de la Ciudad Universitaria. Si bien fueron dejando atrás el discurso so-
cialista que tiempo atrás justificó su arquitectura, continuaron con la
promoción de una arquitectura funcional de fuerte carácter social.

33 Alberto T. Arai, Raúl Cacho y Enrique Guerrero, “Nuevo urbanismo, principios funda-
mentales y método para la creación de nuevas ciudades de trabajadores”, en Primer
Congreso de Habitaciones Obreras (México: Letras de México, 1940), 46.

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La Unión de Arquitectos Socialistas y su proyecto de Ciudad Obrera (1938)

Conclusiones
En medio de las circunstancias políticas y sociales que se desarrolla-
ron durante el cardenismo, la Unión de Arquitectos Socialistas pudo
establecer las premisas de su “Doctrina socialista de la arquitectura”.
Éstas formaron parte de la consolidación de un funcionalismo con fuer-
te carácter social “que pretendió al calor de los sueños socialistas de la
época, resolver los problemas de la habitación obrera, de los locales de
trabajo y de reunión de la clase trabajadora.”34
Asimismo, estos jóvenes arquitectos no pretendieron diseñar ele-
mentos formalmente socialistas, aunque el carácter funcional, técni-
co y económico fue suficiente para denominar a sus proyectos como
tales. De esta manera, desarrollaron nuevas propuestas de vivienda
comunitaria, donde el trabajo y el fraternalismo entre los trabajadores
serían el eje fundamental de la ciudad obrera.

Referencias
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____________. Edificios C.T.M. Tesis de Licenciatura, Facultad de Arquitectura,
UNAM, 1941.
Arai, Alberto T., Raúl Cacho y Enrique Guerrero. “Nuevo urbanismo, principios
fundamentales y método para la creación de nuevas ciudades de trabajado-
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1940.
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Nava Oteo, Guadalupe. “La Minería”, en Daniel Cossío Villegas, coord. Historia
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34 Víctor José Arias Montes y Carlos Ríos Garza, “Estudio Introductorio. El arquitecto
Yáñez”.

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Ricardo Flores Magón.
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Vargas Salguero, Ramón. “El funcionalismo socialista de México: una corriente
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Vargas Salguero, Ramón y Víctor Arias Montes, Ideario de los arquitectos mexi-
canos: Las nuevas propuestas. Tomo III. México: Facultad de Arquitectura,
2011.

Jesús Nazaret Márquez Soriano


[email protected]

Profesor del Instituto de Estudios Superiores Rosario Castellanos en las


licenciaturas: Relaciones Internacionales y Ciencias de la Comunica-
ción. Licenciado en Historia con maestría y doctorado en Arquitectura
por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmen-
te concentra sus estudios en las áreas relacionadas con la historia de
la arquitectura del siglo XX, vivienda, patrimonio arquitectónico y movi-
mientos sociales del siglo XX. En recientes años ha colaborado en el
trabajo de investigación: "Valorización y desvalorización del patrimonio:
lo público y los espacios estructuradores del Centro Histórico de la Ciu-
dad de México 1970-2012", a cargo del Dr. Raúl Salas Espíndola (Profe-
sor Titular de Tiempo Completo. Facultad de Arquitectura, UNAM).

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