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Decio: Emperador y Persecución Cristiana

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Decio

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Decio

Emperador del Imperio romano

Estatua que representa a Trajano Decio.

Reinado

249 - 251
(con Herenio Etrusco en 251)

Predecesor Filipo el Árabe

Sucesor Prisco / Treboniano Galo

Información personal

Nombre Gaius Messius Quintus Decius


completo (desde nacimiento hasta ascenso trono);
Caesar Gaius Messius Quintus Traianus
Decius Augustus
(como emperador)

Nacimiento Hacia 201


Budalia (Martinci), Panonia Inferior

Fallecimiento Junio de 251


Abrito, Mesia

Familia

Consorte Herenia Etruscila

Hijos Herenio Etrusco, Hostiliano

[editar datos en Wikidata]

Decio, de nombre completo Cayo o Gayo Mesio Quinto Trajano Decio (en latín: Gaius Messius
Quintus Traianus Decius; Budalia, 201-Abrito, 1 de julio de 251), fue un emperador romano que
gobernó entre 249 y 251. Distinguido político durante el reinado de Filipo el Árabe, Decio fue
proclamado emperador por sus tropas después de sofocar una rebelión en Moesia. En 249,
derrotó y mató a Filipo cerca de Verona y luego fue reconocido como emperador por el
Senado. Durante su reinado, intentó fortalecer el Estado romano y su religión, lo que condujo a
la persecución de Decio, en la que varios cristianos prominentes, incluido el papa Fabián,
fueron ejecutados. En el último año de su reinado, Decio fue cogobernante con su hijo Herenio
Etrusco hasta que ambos murieron en la batalla de Abrito, convirtiéndose en el primer
emperador romano en morir en combate frente a los bárbaros.1

Su ascenso al trono

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Decio nació en Budalia, hoy Martinci, Serbia cerca de Sirmio (Sremska Mitrovica), en Panonia
Inferior. Fue uno de los primeros de una larga serie de emperadores oriundos de la provincia
de Iliria, en el Danubio.2 A diferencia de sus inmediatos predecesores imperiales, como Filipo el
Árabe o Maximino, Decio era un senador distinguido que había servido como cónsul en 232.
Había sido gobernador de la Hispania Tarraconense entre 235 y 238 y fue prefecto
urbano de Roma durante el principio del reinado del emperador Filipo el Árabe (Marco Julio
Filipo).3

Hacia 245 Trajano Decio fue nombrado comandante de las legiones en la zona del Danubio por
el entonces emperador Filipo I. En 248 o 249 el emperador le ordenó sofocar la revuelta
de Pacatiano y sus tropas en Mesia y Panonia.4 Los soldados estaban enojados debido al
tratado de paz firmado entre Filipo y los sasánidas. Decio cumplió con su cometido. Pero Filipo
I era un emperador poco querido y las legiones, concluida la campaña, insistieron en
sustituirle, proclamando emperador a Trajano Decio, aunque Decio todavía mantenía que era
leal a Filipo.

Decio como emperador

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Tras su proclamación, Decio se puso en marcha hacia Roma. En el verano de 249 se encontró
con el ejército de Filipo cerca de Verona, Italia, y tuvo lugar una batalla entre el anterior
emperador y el nuevo, siendo aquel derrotado y muerto. El Senado reconoció a Decio como
emperador, dándole el atributo Traianus, una referencia al emperador Trajano. El
historiador bizantino Zósimo escribió así la escena:

Decio fue entonces investido en púrpura y forzado a asumir [las duras tareas de] el gobierno, a
pesar de su renuencia y mala gana.5

Su mujer, Herenia Etruscila, fue aceptada como Augusta.

Iniciativas políticas y monumentales

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El programa político de Decio se centró en la restauración de la fuerza del Estado, tanto


oponiéndose militarmente a las amenazas externas como restaurando la piedad pública con un
programa de renovación de la religión estatal. Consideraba que el Imperio atravesaba por
graves problemas de corrupción y decadencia. Una parte de la culpa la buscó en la pérdida de
los antiguos valores y en el abandono de los viejos cultos. Por ello, mandó retomar el culto y las
ofrendas ancestrales en todo el territorio.

Bien como una concesión al Senado, o quizás con la idea de mejorar la moralidad pública,
Decio intentó revivir el cargo de censor por lo que instó al Senado a nombrar al candidato
propuesto por él mismo y que era el futuro emperador Valeriano. Pero este, bien consciente de
los peligros y las dificultades inherentes al cargo en aquella época, rechazó el cargo. La invasión
de los godos y la muerte de Decio anuló la reforma.

Durante su reinado, procedió a construir varios edificios en Roma «incluyendo las Termas
Dacianas o baños de Decio sobre el Aventino» que fueron terminadas en 252 y aún sobrevivían
en el siglo XVI; Decio también actuó para reparar el Coliseo, que había resultado dañado por
los rayos.3

Persecución de los cristianos

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Artículo principal: Persecución de Decio

Áureo de victoria de Decio

La intención de reforzar los cultos tradicionales llevó a un enfrentamiento entre Decio y


los cristianos. Algunos cristianos se oponían civilmente a la reposición de los antiguos valores,
pero la mayoría de éstos mirando al gobierno imperial con desconfianza, preferían solamente
mantenerse apartados. Sin embargo, fueron duramente perseguidos, puesto que se los quería
obligar a realizar actos de culto de la religión civil romana, que implicaban adoración a la figura
del emperador. En enero de 250, Decio emitió un edicto para la supresión del cristianismo. El
edicto en sí fue bastante claro:
Se requiere a todos los habitantes del imperio para que hagan sacrificios ante los magistrados
de su comunidad «por la seguridad del imperio» en un día determinado (la fecha variaría en
cada lugar y la orden pudo haber sido que el sacrificio tenía que estar consumado dentro de un
específico período después de que la comunidad recibiera el edicto). Cuando hagan el sacrificio
podrán obtener un certificado (libellus) documentando el hecho de que han cumplido la
orden.6

Mientras el propio Decio pudo haber pretendido el edicto como una forma de reafirmar su
visión conservadora de la Pax Romana y para reafirmar a los ciudadanos de Roma que el
Imperio todavía era seguro, a pesar de ello encendió una «terrible crisis de autoridad cuando
varios obispos [cristianos] y sus rebaños reaccionaron a él de diversas maneras».6 Primero se
tomaron medidas exigiendo que los obispos y oficiales de la iglesia hicieran un sacrificio por el
emperador,7 un asunto de un juramento de alianza que los cristianos consideraban ofensivo. Se
emitieron certificados en favor de aquellos que satisficieron a los inspectores paganos durante
la persecución de los cristianos bajo Decio. Cuarenta y seis certificados semejantes se habían
publicado, todos datados del año 250, cuatro de ellos de Oxirrinco.89 Los seguidores cristianos
que rechazaron ofrecer un sacrificio pagano por el emperador y el bienestar del imperio a una
fecha determinada se arriesgaban a la tortura y a la ejecución.10

Una serie de destacados cristianos de hecho rechazaron hacer sacrificios y fueron asesinados
en el proceso, incluyendo al propio obispo de Roma, Fabián, en 250 y «los sentimientos
anticristianos llevaron a la cacería de los fieles en Cartago y Alejandría».10 En realidad, sin
embargo, hacia el final del segundo año de reinado de Decio, «la ferocidad de la persecución
[anticristiana] había disminuido, y la tradición precedente de tolerancia había comenzado a
reafirmarse».10 La Iglesia cristiana sin embargo nunca olvidó el reinado de Decio a quien
motejaron como «ese feroz tirano».11

Peste antonina

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En esta época, hubo un segundo estallido de la peste antonina, que en su punto álgido en 251
a 266 se llevó las vidas de 5000 personas diarias en Roma. Se refieren a este brote como la
«peste de Cipriano» (el obispo de Cartago), donde tanto la peste como la persecución de los
cristianos fueron especialmente severas. El biógrafo de Cipriano Poncio dio un vívido relato de
los desmoralizadores efectos de la peste12 y Cipriano moralizó sobre el acontecimiento en su
composición De mortalitate.

En Cartago la «persecución deciana» se desencadenó a la llegada de la peste usando a los


cristianos como chivos expiatorios, llegando a la muerte de muchos cristianos, entre ellos los
miembros del presbiterio y el propio "papa" de Cartago, el obispo metropolitano Tascio Cecilio
Cipriano en el año 256. El edicto de Decio fue renovado bajo Valerio en 253 y rechazado bajo
su hijo, Galieno, en 260-1.

Acciones militares y muerte

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Antoniniano de Trajano Decio.

Las incursiones bárbaras en el Imperio se estaban haciendo poco a poco más osadas y
frecuentes mientras que el Imperio se tenía que enfrentar a una seria crisis económica en la
época de Decio. En su breve reinado Trajano Decio tuvo que realizar importantes operaciones
bélicas contra los godos, quienes cruzaron el Danubio para saquear los territorios
de Mesia y Tracia. Esta es la primera ocasión de importancia en la que los godos, que más tarde
tendrían un papel decisivo, aparecen en la documentación histórica.13 No se conocen muchos
detalles de la campaña y hasta qué punto Trajano Decio y su hijo mayor Herenio
Etrusco estuvieron personalmente envueltos.

Los godos bajo el rey Cniva fueron sorprendidos en el asedio de Nicópolis en las orillas
del Danubio. Al acercarse el ejército romano, los godos traspasaron las
montañas balcánicas pero, entonces, regresaron y sorprendieron a los romanos cerca de Beroë
(moderna Stara Zagora), saqueando su campamento y dispersando a las tropas. Fue la primera
vez en que un emperador romano huyó a la vista de los bárbaros.

Los godos entonces atacaron Filipópolis (moderna Plovdiv), que cayó en sus manos. Trataron la
ciudad con suma crueldad. El gobernador de Tracia, Prisco, hermano del anterior emperador
Filipo, se autoproclamó emperador bajo protección goda en oposición a Decio, pero el desafío
de Prisco resultó irrelevante cuando fue asesinado poco tiempo después.3

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