Tenía los ojos cerrados. Estaba boca abajo. Con la luz encendida.
Era poco más
de las 8 de la noche. Me había quedado dormida e intentaba seguir pareciendo
dormida, pero era imposible. Sentía como mi cuñado separaba mis glúteos con
sus manos.
Sentí, de pronto, humedecerse mi colita. Me había escupido encima. Desperté un
rato antes, cuando me bajaba la ropa interior. Dormía sólo con ella. El calor era
terrible. El bebé dormía en la cuna y mi esposo estaba de viaje. Mi cuñado había
llegado para acompañarnos, por unos días, durante su viaje. Lo había espiado
orinando esa mañana, se dio cuenta. Me enrojecí tanto porque me descubrió
como por el tamaño de su polla, aun estando flácida y orinando.
Esa misma noche. Mientras dormía, en tanga, nalgas arriba, entró a mi cuarto.
Lo sentí bajándome la tanga. Pero preferí seguir haciéndome la dormida.
Su saliva humedecía mis glúteos. Sentí que su lengua recorría mi espalda baja
y lentamente se introducía entre mis nalgas. No pude evitarlo y empecé a gemir.
En ese momento me hablo. “Diana, sé que no duermes, no soy tonto. Sé también
que te gusta y que eres una calentona. No sé si ya le pusiste cuernos a mi
hermano. Pero sé que esta noche serás mía.”.
No respondí. Preferí guardar silencio. Entendió que mi silencio era una
aceptación. Metió la lengua en mi colita. La sentí húmeda, lasciva. Sentí como
recorría mis pliegues y poco a poco se iba hundiendo. Mi esposo, luego de
casados, un par de meses antes de haber quedado embarazada me había
desvirgado por el culo. Era el único hombre que me había poseído por allí. Y, para
responderle a mi cuñado, le hubiera dicho que hasta ese momento le había sido
fiel a su hijo.
Siguió lamiéndome el culito. Sentía un placer que me acercaba al orgasmo,
así, rápido, sin ser penetrada. Don Alberto si que sabía como estimularme. Su
lengua me llevaba lejos, donde mi esposo nunca me había llevado. Con sus
manos, sin dejar de lamerme, separó mis piernas y casi al instante sentí que me
penetraba la vagina con sus dedos. Estaba chorreando. Me lo dijo: “Diana mi
nuera putita, chorreando por este viejo.”. Le respondí con un gemido, no podía
controlar el orgasmo que venía y mientras escuchaba lo puta que era,
entrecortado, hablándome con su lengua en mi culo y dos de sus dedos en mi
vagina, tuve el primer orgasmo de esa noche. Lo disfrutó tanto como yo.
-Que ricas son las mujeres jóvenes. Las mamás primerizas. Las zorras infieles.
Me lo dijo con su lengua intermitentemente disfrutando mi culito. Mantuvo la
excitación. Con mi esposo, después de venirme, todo terminaba. Usualmente
llegábamos juntos, en un orgasmo rico, como todo orgasmo, pero allí nomas.
El primer orgasmo que me dio mi cuñado, sólo con su lengua y dedos, fue
mejor que cualquiera que haya tenido con mi esposo. Pero mejor aún, me
mantuvo caliente y siguió haciéndome disfrutar.
De pronto separó su lengua de mi culito y antes que empiece a extrañarle,
sentí dos dedos penetrarme. De tan caliente que estaba, ingresaron muy
fácilmente. Mi cuñado, me lo hizo saber, estas lista perrita, lista para la verga de tu
cuñado.
Seguía con los ojos cerrados. Por un instante se separó de mí. Supuse para
desnudarse. Así fue. Tras unos segundos que se hicieron interminables, sentí que
me hablaba directamente al oído.
-¿Diana estas lista? -No le respondí. Solo gemí.
Se echo encima mío. Me seguía diciendo groserías al oído. Eso me gustaba.
En mi cama matrimonial, con la cuna cerca, sentir sus palabras asquerosas y
ofensivas, me excitaba aún más.
Separó mis nalgas con sus manos y acomodó su verga en mi hoyito. No la
había visto erecta. No tenía idea de lo que me penetraría. Sabía que era grande,
quizás muy grande y así fue. Era muy grande. Empujó y con mi excitación entró
fácil, pero el siguió empujando y empujando, entrando centímetro a centímetro y
sentí como mi culito empezaba a sentirse lleno, hasta lo incómodo. Mi esposo no
tenía una verga así y no estaba acostumbrada a ese tamaño dentro.
Siguió penetrando hasta que se quedó quieto. Me dolía, bastante. Era
demasiado grande y gruesa. No estaba acostumbrada a algo así atrás. Me dijo
“Diana ya te la comiste toda, relájate putita”. Lo intenté, respiré profundo y poco a
poco el placer fue invadiéndome, la incomodidad de su largo y grosor desapareció
y tenía ya mi culito entregado plenamente a su virilidad brutal.
Y realmente fue brutal. Comenzó a moverse salvajemente. Sacándola y
volviéndola a meter. Estaba en el limbo entre el dolor y el placer y eso me hacía
volar, gemir, murmurar incoherencias.
De pronto me cogió por el vientre y me acomodó como perrita. Se puso de pie
sobre la cama y empezó a cogerme así. A hacerme su perra en mi cama
matrimonial.
Llegué.
Él siguió dándome. Luego se separó de mí y se acostó. Allí por primera vez,
pude ver el tamaño de su mástil. Quedé sorprendida del tamaño de la verga que
mi culito había aguantado. Me relamí pensando lo puta caliente que era. Me
ordenó que me siente encima de él.
Lo obedecí, pero siguiendo la costumbre con mi esposo, quise entregarle mi
concha. Me miró y me dijo “eres cojuda, quiero tu culo”. Lo miré con sorpresa. Mi
esposo nunca me había cogido por atrás en esa posición. Pero, lo acepté. Me
adelanté ligeramente, instintivamente me incliné un poco hacia atrás, con mi mano
derecha acomodé su verga en mi orificio palpitante y me dejé caer.
Sentí su embestida. O, mejor dicho, mi caída. Sentí que me desgarraba y a la
vez que mi placer se desbordaba. Me sentí llena, puta, plena. Tuve un orgasmo y
otro, sentí que el mundo sólo era su pene enorme en mi culo estrecho. Me vine
otra vez y él se volvió loco. Me insultaba, me decía que era una infiel de mierda.
Se vino dentro.
Me empujó sobre la cama. Se levantó. Se fue.
Quedé allí entre adolorida y satisfecha. Con el culo palpitando aún, lleno de la
leche del padre de mi esposo.
El semen aún escurre fuera de mi vagina, mientras lo veo acomodarse el
pantalón. Lo veo con un dejo de culpa en su rostro; cogerse a tu yerno es muy
excitante; forzar la situación para gozar de un deleite prohibido.
Mi hija y mi yerno llegaron de visita por unos días; siendo una pareja joven,
buscan cualquier momento para gozarse mutuamente. Tenemos un pequeño
negocio que mantiene a mi marido fuera de casa todo el día y estoy sola en casa
la mayor parte del tiempo; su visita me haría compañía unos días.
Iba a salir a comprar algunas cosas para la comida y ellos se quedarían solos
unas horas. Tuve que regresar a los pocos minutos porque olvidé mi bolso.
Al entrar en la casa, escuché ruidos en la habitación. Mi curiosidad fue grande
y subí las escaleras tratando de no hacer ruido. La puerta estaba abierta y sin
subir por completo, podía ver lo que sucedía; mi hija estaba sobre la cama a gatas
y su marido la penetraba por detrás; ella gemía de placer, mientras él le azotaba
las nalgas y le decía cosas sucias; ella parecía disfrutar de ello; él bajó su mano y
la empezó a masturbar mientras la bombeaba. A los pocos minutos, todo su
cuerpo de ella comenzó a temblar; él sonrió y le dijo que era muy sucia por venirse
de ese modo; le sacó su falo y ella cayó sobre el colchón. Al ver su verga, me
pareció descomunal, ella seguía temblando sobre el colchón.
El la volteó boca arriba como si fuera una muñeca; se subió sobre ella e inició
a mamarle los pechos; ella solo gemía, él bufaba de placer. Se metió dentro de
ella de un golpe, ella jadeó al sentirse invadida, él bombeó más rápido; él se
enterró hasta el fondo, ella le clavó las uñas en la espalda; las nalgas de él
reflejaban los chorros que le inyectaba.
Salí sin hacer ruido; iba yo muy mojada, el roce de mi propia panty, me estaba
excitando más. En ese momento, sabía que me lo tenía que coger.
Al día siguiente, mi marido se fue y mi hija iría a ver a una amiga al hospital;
tenía yo unas horas para hacer lo que quería.
Compré una pastilla azul, la molí y se la di a mi yerno con jugo de naranja en el
desayuno; la pastilla tardaba 15 minutos en hacer efecto; él se sentó en la sala a
ver la televisión; hacía calor y me puse a cocinar con una blusa de tirantes y un
pantalón corto, sin bra y sin panty; pase por la sala varias veces; él me veía, mis
pezones y mi vagina se transparentaban; él volteaba disimuladamente y trataba de
ocultar su erección con un cojín; yo sentía su mirada desde la sala hasta la cocina
y trataba de mover mi trasero y buscar cosas en anaqueles bajos para darle una
mejor visión de lo que se podía comer.
Lo vi de reojo y sudaba; con una actitud de no saber que hacer. En un
momento, creí que él esperaría a mi hija para desfogarse y yo perdería mi
oportunidad.
De repente, sentí sus manos agarrar mi pechos, llegando detrás de mi; su boca
besaba mi nuca y mi cuello, sentía su respiración agitada en mi oído. Me volteó y,
quitando mi blusa, me chupó las tetas, besándolas, chupándolas, mordiéndolas,
sabiendo cómo excitar a una mujer; su mano entró dentro de mi short y encontró
una mata de pelo, ya humedecido por mi jugo. Su dedo medio entró en mi sin
dificultad y su pulgar acariciaba mi clítoris.
Le dije que ahí no y lo llevé a mi cuarto; al llegar me desnude por completo; mi
cuerpo de cincuenta y pocos se descubrió ante él; me hinqué, le desabroché el
pantalón; su verga saltó, manaba tanto líquido como si se estuviera viniendo,
estaba muy excitado.
Me lo lleve a la boca y lo empecé a mamar, su líquido era delicioso, fuerte,
distinto al de mi marido. Solo estuve chupando un poco, inmediatamente me
levantó y me puso sobre la cama boca arriba; levantó mis piernas, metió su cara y
comenzó a darme sexo oral; a mi marido no le gusta y muy pocas veces me lo
había hecho y por pocos minutos, mi yerno se deleitaba con el sabor de mi jugo;
lamia de arriba abajo, juntando todo y tragándolo con fruición; mientras, se quitaba
la ropa y se quedó desnudo.
El sexo oral me provocó un orgasmo como hace mucho no sentía; mi cuerpo
temblaba y yo le agarraba la cabeza, empujándola contra mi pubis y moviendo las
caderas incontrolablemente; terminé en su cara con un grito de satisfacción, él
seguía chupando todo lo que salía. Mientras yo respiraba agitadamente, se subió
sobre mí y me mamaba las tetas; después del orgasmo mis pechos estaban muy
sensibles y me excitaba rápidamente. Se detuvo y me jalo a la orilla de la cama.
Se paró y puso su falo en mi entrada; me dijo que viera como se metía dentro de
mí; voltee a verlo, su verga me parecía enorme, gruesa, larga.
Puso la cabeza en la entrada, su jugo seguía saliendo; movió su tubo de carne,
arriba y abajo; mezclando sus jugos y los míos; poco después la comenzó a
meter, me excitaba ver como se introducía en mí.
A la mitad, eché mi cabeza hacia atrás, él me dijo que siguiera viendo; pude
ver como la piel de arriba de mi monte de Venus se levantaba por el tamaño de su
tronco; la sentía hasta leo estómago y aún no terminaba; cuando estuvo
completamente dentro; de movió en círculos amoldándome a él; él ver como me
invadía me aceleraba más; se tumbó sobre mí; me chupaba un pezón, con una
mano, me acariciaba el otro pecho y la otra mano me acariciaba el clítoris.
Empezó el bombeo y todas las sensaciones se acumulaban en mi cabeza; no
quería rasguñarlo y dejar rastros, pero lo que me estaba haciendo obnubilaba mis
sentidos.
Sabía lo que hacía, cambiaba de pezón para chupar; me acariciaba las nalgas;
su dedo empujaba la entrada de mi culo; le acariciaba todo el cuerpo; me besaba
el cuello; perdí la cuenta de cuántas veces me vine, mi cuerpo temblaba y se
retorcía de placer. De repente, su verga se hinchó, estaba por terminar; le grité
que no acabara adentro, pero mis manos le agarraron las nalgas y lo empujaron a
mi pubis. Soltó el primer chorro caliente dentro de mi hasta lo más profundo y me
volví a venir; él ver su cara descargándose dentro de mi, ver sus ojos en blanco al
venirse, sentir que aún soy sexualmente apetecible, me provocó otro orgasmo.
Se salió de mi; su verga seguía dura, quería volver a terminar. Me puso a
gatas, tomó un poco de crema, me unto en el culo y metió un dedo; pocas veces
mi marido ha usado mi culo y tenía miedo de aquel falo. Se tomó su tiempo para
dilatarlo con uno, dos y hasta tres dedos; había una gran cantidad de crema en mi
entrada trasera; su verga aún erecta, se acomodó en la entrada y empujó; la
sensación de la cabeza entrando y el tronco ocupando mi espacio, me provocaba
mucho morbo, sus gemidos de placer y satisfacción, me excitaban; se acostó
sobre mi espalda, mientras bombeaba, sus dedos encontraron mi clítoris y con la
otra mano metía tres dedos en mi vagina. No había sentido algo así, tantas
sensaciones en tantos lugares a la vez; y sus dientes arañándome la espalda;
volví a tener otro orgasmo.
Al sentirme terminar, el bombeo fue más rápido; su falo se volvió a hinchar,
ahora dentro de mi culo; la sensación de su leche ardiente y los estertores del falo
dentro de mí es deliciosa; sentí un vacío en mis orificios cuando terminó.
El semen aún escurre fuera de mi vagina, mientras lo veo acomodarse el
pantalón. Lo veo con un dejo de culpa en su rostro; cogerse a tu yerno es muy
excitante; forzar la situación para gozar de un deleite prohibido…