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Curso I

Este documento contiene tres enseñanzas sobre el desarrollo espiritual. La primera habla sobre los seres superiores que guían la evolución humana. La segunda trata sobre el camino interior hacia la perfección más que seguir reglas externas. La tercera enseñanza discute las dificultades en el camino espiritual y cómo superarlas.

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Curso I

Este documento contiene tres enseñanzas sobre el desarrollo espiritual. La primera habla sobre los seres superiores que guían la evolución humana. La segunda trata sobre el camino interior hacia la perfección más que seguir reglas externas. La tercera enseñanza discute las dificultades en el camino espiritual y cómo superarlas.

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CURSO I DESENVOLVIMIENTO ESPIRITUAL

Enseanza 1: Hidrochosa Ideas y obras nuevas se preparan para el mundo. Si la raza del cristiano signo del Pescado ha desarrollado en alto grado los estados de colectividad, los grandes movimientos y organizaciones en masa, la sexta subraza desenvolver de un modo especial la egoencia del ser. Empezar por ampliar el sentimiento de egosmo superpersonal; se har familiar el concepto que la humanidad no adelanta ya por la ddiva que pueda recibir, y los nuevos tipos humanos se proporcionarn la felicidad con sus propios medios. Se elevar, entonces, un concepto aristocrtico del ser hasta la ms alta expresin de la individualidad. Por eso, un estremecimiento de espiritualidad, de deseo de conocimiento suprafsico, se ha hecho sentir entre los hombres durante la ltima dcada. Muchos investigaron ansiosamente en los libros, buscaron maestros y procuraron divisar la luz detrs de los velos religiosos y de los smbolos iniciticos. Como era de esperar, muchas escorias se formaron alrededor de estos anhelos, y ltimamente este tema ha venido a ser como una enfermedad psquica de moda. Tal estado de cosas ha llevado a muchos al error, a la desorientacin y al desencanto; mas a nadie hay que culpar por lo ocurrido, que es defecto de la pobre mente humana correr siempre ansiosamente a juntar sus energas y buscar

nuevas sensaciones en lo externo, mientras rehsa trabajar y realizar la Gran Obra con sus propios medios, introspectivamente. Corre la mente del hombre en pos del filn de oro que otro dice haber descubierto, gasta sus reservas vitales en la saltante bsqueda; tropieza, incauto, en las ilusorias trampas y rehsa cavar en la huerta de su casa. Como todo es orden y armona en el Universo, nuestro planeta est rodeado, por decir as, de tres esferas concntricas de Seres Divinos, Semidivinos y Superiores, que ordenan, protegen y regulan los destinos de la Tierra y de sus habitantes. Cuando una raza decae y otra empieza su ciclo, cuando hay que dar otro impulso a las actividades humanas y es ms imperiosa la necesidad, estos Seres vienen directamente a vivir entre nosotros. Al volver a los planos superiores, Ellos dejan un corto nmero de discpulos para mantener vivas, a travs de los tiempos, las enseanzas recibidas de aquellos Divinos Instructores. De entre estos hombres escogidos, surgieron las grandes Escuelas Iniciticas de la antigedad. Podemos llamar a estas tres Msticas Ruedas: Solar, Lunar y del Fuego. Los seres de la Rueda Solar poseen un grado altsimo de espiritualidad y rigen directamente el desenvolvimiento gradual de las mnadas humanas; seleccionan, de entre las razas, las que debern formar las nuevas; distribuyen las Entidades en los diversos trabajos de la Gran Obra en la Tierra y en los planos suprafsicos que le siguen, segn su grado y adelanto; regulan la formacin y desaparicin de los continentes. En la generacin actual no hay ningn Maestro Iniciado Solar sobre la Tierra, pero s algunos de sus directos discpulos. Uno ha aparecido, o aparecer entre los hombres, por los aos 1972 - 1977, momento inicial de la poca del signo de Acuario, Hidrochosa o Americano. Los seres de la Rueda Lunar dirigen de cerca el adelanto y la civilizacin de los pueblos; a Ellos se deben los grandes movimientos evolutivos y libertadores de las masas; estimulan y guan las grandes migraciones; fomentan el bienestar de las naciones; fundan e inculcan los preceptos de las grandes religiones; son,

en una palabra, los paladines de la civilizacin, de la libertad y del progreso social y tico del mundo. En la actualidad hay en la Tierra un determinado nmero de estos Grandes Iniciados. La misin de los Iniciados del Fuego es procurar que el ser pueda reconocerse a s mismo, y pueda descubrir la Llama que brilla, oculta en l, desde que los hombres bebieron la Copa del Olvido. El estudio de la Gran Qumica les pertenece, especialmente aqulla que impulsa, dirige y modela las internas transmutaciones. Ella hace de la Materia Mente y de la Mente, Materia; siempre alerta en la Gran Lucha para que no se apague la Llama y alcancen los hombres y las cosas el punto armnico. Sobre la Tierra hay ahora un nmero reducidsimo de Iniciados del Fuego; mas no siempre fue as, pues Ellos tuvieron Escuelas florecientes y contaron con hasta setecientos Iniciados con fsicas vestiduras. Durante la famosa gran lucha de los mil quinientos aos, que sostuvieron los nacientes Arios contra los poderosos Atlantes, mientras duraron las grandes guerras y las espantosas escisiones y sumersiones continentales, un gran nmero de Iniciados, como ya se ha dicho, estuvieron entre los hombres. Luego, pasado el ms apremiante peligro, se retiraron a lugares apartados, a cuevas subterrneas y a huecos en montaas volcnicas; y, desde all, sus discpulos siguieron y siguen su obra. Hoy vuelven a abrirse las puertas del Templo; muchos Iniciados del Fuego estn listos, arriba, para venir entre nosotros a impulsar la formacin del nuevo da de Sakib, que est por despuntar. De las entraas de la Tierra, ha vuelto a levantarse la Llama de la Divina Madre y ha salido a la luz del da para que la bese, una vez ms, su Esposo Solar.

Enseanza 2: El Tabernculo Secreto Cuando un hombre decide emprender algo nuevo para l, queda

implcitamente establecido por las leyes de la lgica que es indispensable empezar por el punto de partida comnmente fijado para lograr el objeto. Por eso se entiende, que al comenzar el candidato el camino de su perfeccionamiento ha de resolver la reforma de su vida anterior, segn hicieron otros que ya treparon las alturas del alma. Se entiende que el aspirante ha de adoptar una determinada regla, o cdigo, y observarla escrupulosamente, bajo pena de perder lastimosamente el tiempo si no lo hace y an de recibir serios castigos. Se entiende, en definitiva, que ha de colocarse dentro de una u otra corriente de ideas, de antemano establecida. Esta labor es buena, excelente; pero es, por decir as, emprender la obra desde afuera hacia adentro, mientras que la Labor de la Gran Obra, empieza en las ms ntimas y escondidas profundidades de la conciencia interna del ser. El aspirante ha de dejar, una vez por todas, la bolsa de pan del pobre; nada ni nadie ha de fijarle leyes ni trazarle lmites, y l mismo ha de transformarse en pan vivo para su propio alimento. Yo soy pan de vida, dijo Cristo, Si no comiereis de este pan, no tendris la vida eterna. Esto significa que el ser ha de libertarse con sus propios medios, cuando la experiencia lo haya hecho apto para entrar en la senda de los elegidos. Cada hombre es un pequeo mundo, mejor an, un Universo en miniatura, con todas sus reglas particulares y excepciones. Lo que es muy bueno para uno puede resultar contraproducente para otro. Adems, la Humanidad establece, sabia e indiscutiblemente, como axioma bsico de perfeccin espiritual, la conquista del bien y el aniquilamiento del mal. Pero ms all de la regin de los seres, en la pura atmsfera del Espritu, ni uno ni otro existen. No se puede despreciar la sangre que circula por las venas de nuestro organismo por ser impura, y tan slo darle valor a la que circula por las arterias, sin entrar a analizar que la existencia de la una est inexorablemente regida por la existencia de la otra. El verdadero desenvolvimiento espiritual no empieza ni se adquiere; es, ms bien, un maravilloso conocimiento retrospectivo que, quitando uno a uno los velos de la ilusin, que la necesidad de la experiencia ha colocado sobre las

almas, hace que el ser vuelva a la Fuente de la Vida, en su interior, y se conozca a s mismo en el silencio absoluto de la indiferenciada Esencia. Entremos en la celda del conocimiento de nosotros mismos repite, sin cesar la mstica Catalina Benincasa de Siena. Penetre, pues, el Hijo de la Llama, en su propio corazn. ste es el misterioso sepulcro de la Madre Divina, y all Ella espera, siempre, el beso del verdadero amante que la despierte y obligue a revelarle los secretos eternos. All aprender la Gran Alquimia que trasmuta el duro metal del dolor en el oro puro de la paz y de la felicidad. A este concepto no hay que darle una forma simplemente simblica, sino forma real. An fisiolgicamente, el corazn humano es la medida del Universo; su formacin, su vida, sus latidos, las diferentes sustancias que circulan por sus cavidades, la multitud de tomos ponderables, dinmicos e imponderables que lo componen son una medida microcsmica del Macrocosmos. El corazn humano es el Arcano de la existencia; all est oculta la semilla del Sumo Poder que, debidamente aplicado y desarrollado, podra conocer, formar, mantener y destruir todas las cosas. All, latente, est el substratum de todas las perfecciones, de todas las posibilidades, la flor innata de todos los goces y satisfacciones, y an la semilla de todos los males y miserias. Si los afectos de un corazn limitado son los deseos de la vida, las manifestaciones de un corazn libre y consciente son las realizaciones del Supremo Amor.

Enseanza 3: La Llamarada El Espritu es fuerte, mas la carne es flaca. Muchos desearan salir de las vulgaridades y miserias de la vida; pero la falta de ejercicios espirituales, la carencia de ambiente y los enemigos internos interrumpen continuamente el camino del mejor intencionado. La llama de la Madre Divina brilla sobre el monte de las aspiraciones con

toda su brillantez, pero cmo llegar hasta all? Entonces el nefito, titubeante, se formula dos preguntas: Si soy un ente libre, por qu no puedo libertarme de las pasiones que me atan a la tierra? Y, si soy un esclavo atado a una ley inexorable, tramada por el destino, por qu luchar contra lo imposible? ste es el dilema eterno que ha tenido en suspenso durante siglos a millares de almas voluntarias, y ha llenado el mundo de discusiones, libros y pareceres de sabios. El elegido, para entrar en el Sendero Espiritual, es llevado a ste por la predestinacin, o por el libre albedro? La eleccin, es fruto de la casualidad o de la voluntad? Existen dos grandes leyes universales que, paralela y alternativamente, determinan el mayor o menor adelanto del ser: La Ley de Predestinacin Consecutiva y la Ley Arbitral de Posibilidades. El ser viene de un punto, est en otro y sigue adelante. Ello no queda a su arbitrio, sino est predestinado al juego armnico de la gran ola de causas y efectos, de la cual no puede apartarse; se tiene as la Ley de Predestinacin Consecutiva. Pero si bien no puede apartarse de la Ley de Consecuencias, indudablemente est en l apresurar o retardar las acciones originarias, por el esfuerzo consciente de la voluntad; se tiene as la Ley Arbitral de Posibilidades. En sntesis, lo infinito y lo finito se encuentran y se funden entre s, continuamente. La cruz Ansata, que domina el templo de Hes, es siempre la solucin del gran problema, divino y humano. Detrs de estas dos grandes leyes fundamentales y universales, rige otra ley, interna y oculta, que relaciona al ser individualmente con la corriente csmica y espiritual que est dentro de su vastedad de conciencia. Durante la vida, el ser asciende, traza, por decir as, una lnea curva, la cual, cuando llega al punto mximo de su ascensin choca con la corriente csmica que sintoniza con ella. Es la ocasin nica de la vida, es la vocacin que resplandece de repente en la mente del buscador, es el momento de progresar que una sola vez se presenta en el camino humano. An el ser ms perverso tiene su instante de ascensin y conexin con las fuerzas superiores, y es cuando siente el deseo de ser ms honrado y mejor. Si el alma sabe llevar consigo, durante el descenso de la curva hacia la muerte fsica, pues la muerte fsica no es, en definitiva, ms que el agotamiento de determinadas consecuencias y posibilidades, la llama de la vocacin percibida en el vislumbre superior, nunca volver a ser lo que fue; y si el olvido apaga esa

luz, no ser ms que un recuerdo que tendr que fecundar en una prxima peregrinacin humana. El principiante no debe desanimarse si al empezar la carrera espiritual encuentra por todas partes enemigos, dificultades y tentaciones que se interponen a su paso, pero con esfuerzo continuado y recta intencin procure estar siempre dentro de la corriente de anhelos espirituales. No le faltar ayuda en el momento necesario; y si el adelanto, al principio no es tanto como hubiera deseado, ha de saber que el adelanto espiritual no se mide con los grandes progresos, adquisicin de poderes psquicos y dominios internos, que tambin estn sujetos a la ley de flujo y reflujo, sino que se mide con el estado y duracin de la serenidad interior. Si el espritu, en su santuario interior es libre, y si es verdad que hay que libertar al alma de toda traba o imposicin para llegar hasta l en ntima unin, la vida exterior y los sentidos han de ser estudiados y conocidos. Por eso, son indispensables una determinada serie de ejercicios que, practicados de un modo u otro, segn la disposicin y caracterstica particular de cada estudiante, lo disponen para recibir las enseanzas superiores que se indican siempre cuando llega el momento oportuno. Por lo pronto, calle el discpulo y espere. Callar es la primera palabra que ha de conocer el estudiante y le dar la solucin de las otras nueve, que se enumeran a continuacin. Las palabras bsicas para el Desenvolvimiento Espiritual son las siguientes: Primera: Callar Segunda: Escuchar Tercera: Recordar Cuarta: Comprender Quinta: Saber Sexta: Querer Sptima: Osar Octava: Juzgar Novena: Olvidar Dcima: Transmutar

Enseanza 4: Examen Retrospectivo Con tolerable aproximacin podemos representar el pensamiento como el fluir de una corriente de agua que continuamente baja de desconocidas montaas (lo instintivo, lo racional), se plasma en el curso de antemano trazado, para desembocar finalmente en la inmensidad del mar de la materia. El pensamiento fluye siempre, su actividad es incesante, cuando no consciente, subconscientemente; tal sucede durante la noche, estando entregado

al sueo, mientras el cuerpo descansa. Si no fuera as, reinara el caos. Si por un solo instante se detuviera el principio raz del pensamiento, se deshara el Cosmos. Sin embargo, si se pudiera retener las fuerzas mentales (pensamientos), se multiplicara enormemente su poder al ponerlas de nuevo en movimiento. Los resultados seran sorprendentes, la Materia respondera a su llamad, el pensamiento se hara carne y se comprenderan las palabras de Cristo: Si tuvierais verdadera fe, le dirais a la montaa: Muvete, y ella ira hacia vosotros. De tanta importancia es el control de las fuerzas mentales, que en toda Escuela Inicitica es lo primero que se ensea al aspirante. El fin deseado es que el pensamiento sea el caballo de la Mente Superior y no que est sujeta a aqul. La imposibilidad que tienen los seres de dominar el pensamiento, de aquietar las revueltas aguas del lago del Alma, es una de las causas por las cuales se desconocen los hechos de vidas anteriores. El ejercicio raz, que introduce al discpulo al conocimiento de su mundo mental es el examen retrospectivo. Bajo una denominacin u otra, y practicado en formas diversas, han hecho uso de este ejercicio todas las religiones y todas las Escuelas. Se efecta como a continuacin se expone. Preferentemente se har de noche, al acostarse, o poco antes. El silencio nocturno favorece el silencio interior; el cansancio del cuerpo, que instintivamente hace sentir la necesidad de abandonarlo al reposo, y no recordar lo acontecido durante el da, ayuda al pensamiento en este descanso interior. Claro est que, si en este momento no se aplica la voluntad, el sueo de inmediato se aduea del ser; por eso, aunque el relajamiento del cuerpo favorece el relajamiento de la mente, debe mantenerse suficientemente despierta la atencin para no perder el dominio de la razn. Tras un minuto de descanso mental, se debe procurar recordar los hechos ocurridos durante el da, desde el momento que se empieza el ejercicio, retrocediendo sucesivamente, hasta el momento de despertar. Al principio suele existir una tendencia a tardar mucho en el recuerdo de los hechos, para obviar lo cual es conveniente detener o, mejor dicho, fijar la atencin en lo ms importante, descartando los sucesos ms triviales. Siempre hay tres o cuatro hechos que se destacan. Hay que fijarse objetivamente en el hecho, sin calificarlo. No interesa al ejercicio que sea bueno o malo; subconscientemente, durante el sueo, har la mente este trabajo y, al da siguiente, por instinto, se sabr lo que convendr repetir o no. Cuando en el ejercicio se llega al punto en que se fija la atencin sobre el momento de despertar, hay que suspender el pensamiento, y se debe imaginar que la sangre acumulada en el cerebro por el esfuerzo realizado durante el da, desciende lentamente al corazn, donde se purifica. Desde all continuar su descenso hasta la planta de los pies. Se entrar entonces en un sueo apacible.

Con tres o cuatro meses de prctica, se puede ya mirar con ms detalles, se percibir el hecho mas insignificante con rapidez. El adelanto se puede apreciar cuando el discpulo puede pasar rpidamente la pelcula de los hechos, con mucha precisin y sin omisiones. Puede definirse el ejercicio como un conjunto de prcticas, que tiene por objeto desarrollar una facultad, o, si sta es ya poseda, conservarla con todo su vigor. Con el examen retrospectivo propnese desarrollar la facultad de manejar las fuerzas mentales segn se desee, de dominar, usando la imagen arriba empleada, el caballo de la Mente Superior. En el plano Fsico, el ser se halla muy limitado y a oscuras. Sumergido en el tiempo, los tres Tiempos de los hindes: pasado, presente y futuro, se encuentra con que el futuro le es desconocido, el presente le es inaccesible, y el pasado se limita a la presente encarnacin, trecho insignificante del camino que lo trae del Infinito y al Infinito lo lleva. Cmo divisar la meta? Ir hacia adelante no es posible, pues el camino se halla a oscuras. Tampoco puede abstraerse en el presente. Queda, entonces, la pequea distancia de camino recorrido que alumbra la memoria; en ella deber ejercitarse el ser y retroceder cada vez ms. Cuando el discpulo est ms adelantado, cada ocho o diez das puede recorrer los hechos ocurridos durante el mes; cuando ha progresado an ms, se podr efectuar sobre todos los hechos de la vida pasada, hasta el momento en que la luz del pensamiento brill por primera vez en la mente del nio. Y ms atrs? No hay que desfallecer; debe apuntarse el pensamiento a la puntita del alfiler por donde se entra al desconocido mundo suprafsico. All se podr recorrer los espaciosos caminos de pasadas vidas.

Enseanza 5: Reserva de Energas Si el principiante quiere adelantar rpidamente ha de habituarse a reservar sus energas fsicas, intelectuales y morales. Aquello de que trabajar es orar es verdad, si se entiende por trabajar una perfecta autoconciencia del ser de todos sus actos, hasta de los ms insignificantes. El resultado directo de esta autoinspeccin continua ser un notable aumento de fuerzas en los centros productores etreos, las cuales, aplicadas en el momento oportuno, vertern en la vida del discpulo una abundante dosis de salud, correccin y xito.

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Resrvense, ante todo, las energas sexuales. En ellas descansa el magno poder que es fuente de toda manifestacin de vida y base de todas las funciones de reproduccin; adems, estas fuerzas, sabiamente guardadas y dirigidas en el momento oportuno, vitalizan y renuevan el cuerpo e influyen notablemente sobre la mente humana. Dicen los hindes que la Divinidad ha colocado su asiento en el plexo sacro del cuerpo humano y que la Fuerza Universal duerme all en forma de una serpiente enroscada, smbolo del bien y del mal. Las hormonas sexuales vierten en la sangre la savia del bienestar y de la felicidad. Si el hombre conociera las verdaderas y completas funciones sexuales, no usara ese atributo excelso nicamente para el placer y la reproduccin, sino tambin aprendera a trasmutar dicha fuerza en sustancia energtica y mental, efectuando as una verdadera regeneracin interna. Los instructores religiosos, como tenan conocimiento de este gran secreto, impusieron abstinencia absoluta a sus sacerdotes; muchas personas llamadas a ms perfecta vida, practicaron el celibato instintivamente; y aquellos cuyas reglas les imponan el matrimonio, ejecutaban las funciones reproductoras como un acto sagrado y medido. Constantemente hay que desear que las energas sexuales se transformen en Verbo. La Palabra produce sonido y el sonido contenido es vibracin, y una vibracin sabiamente sostenida y dirigida es poder. Por el Verbo Creador fueron hechos los sistemas siderales. Por consiguiente, deben medirse las palabras. En los viejos dichos de los pueblos suelen estar condensadas sabias leyes: La palabra es plata, el silencio es oro. No puede imaginarse las energas que desparrama una persona habladora; la norma del silencio riguroso para los Iniciados, en los Templos Egipcios, era solemne y sagrada. En los tiempos de Apolonio de Tiana se impona a los aspirantes inquebrantable silencio durante los cinco primeros aos. Los religiosos trapenses observan la ley del silencio toda la vida. Cristo ha dicho: Sean tus palabras: si, si; no, no. La palabra debe ser expresin clara y concisa de la idea que se quiere expresar. Se gastan energas vocales con las expresiones emotivas e iracundas, con el hbito de rer o llorar en demasa; pero se gastan terriblemente con la murmuracin y la mentira. En Luz en el Sendero se lee que no se puede entrar en el Sendero del discipulado, hasta que la lengua sepa no herir. Adems, la palabra intil y malvada se carga de energas negativas que rodean viciosamente al ser que la ha emitido, y lo daa intensamente. Por eso, se debe hablar poco, o hablar de modo que la palabra sea fuente de construccin de bien, de construccin al sostenimiento de la Gran Obra.

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Al hablar bien, con medida y rectamente, una ley de simpata anloga hace que las fuerzas de inmediato sean repuestas. Si siempre se le llama a una persona de determinado modo, se observar que dicha persona se amolda paulatinamente al apodo. Los Sannyasis, al empezar su vida de renunciacin, cambian de nombre para que la palabra acompae al nuevo ideal forjado. Los antiguos fundadores de religiones imponan en el rezo el mtodo y la vocalizacin de la palabra, porque conocan el poder de la energa vocal. Por los ojos, tambin, continuamente escapan energas numerosas. Un ejercicio mediante el cual el novicio aprende a refrenar los ojos, consiste en obligarle a declarar todas las noches la cantidad de rostros humanos que haya visto durante el da. Los ojos, acostumbrados a saltar continuamente de un lado a otro, no slo pierden fuerzas espirituales, sino tambin fsicas; el paisano en el campo, acostumbrado a la concentracin serena de la vista, puede distinguir un hombre o un animal a una distancia en donde una persona de la ciudad no ve ms que uniformidad. Adems, habituando los ojos a la discrecin del hombre que los dirige, se aprende paulatinamente a concentrar la vista interna, hacia el ser mismo. Los ojos son el espejo del alma; una mente serena y tranquila se expresa por medio de unos ojos de equivalente expresin. Hubo un sannyasis hind que hizo voto de no sacar sus ojos del cielo; y San Bernardo desconoca el techo de su celda, porque siempre los tena bajos. Gurdense las energas de los ojos para que cuando miren, vean todo de un golpe y escudrien hasta lo ms recndito. Ms vale no ver muchas cosas; pero si se llegan a ver, conviene se borren de la retina. Mrese entonces para que al usar los ojos, puedan relucir como brillantes rayos de sol.

Enseanza 6: Mtodo de Vida Metodcense las vidas, los aos, los das. Mrese la magnificencia de la bveda celeste, cmo matemticamente recorren sus rbitas los sistemas solares y los astros, las vueltas de los aos csmicos y los das humanos. Puede observarse cmo todo es ley y orden en la Naturaleza, y la regularidad con que se suceden las estaciones del ao. Si desde el punto de vista espiritual el Alma debe tener la ms absoluta libertad de orientacin, en los actos exteriores y mtodo de vida, las acciones del ser deben estar sometidas a estricta ley y vigilancia. Es necesario que el hombre impulse el ritmo de sus trabajos diarios al comps

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de las siete corrientes csmicas que dividen los das solares. Por eso conviene levantarse al alba y repartir los actos cotidianos ordenadamente. El tiempo no existe ms que como duracin; por eso las horas son rpidas o lentas, cortas o largas, segn estn bien o mal repartidas. Para aqul que hace sus cosas bien y ordenadamente, hay tiempo y lugar para todo. El cuerpo del hombre tiene que acostumbrarse a servir a su amo, y no ste a su fsico. A su tiempo debe descansar, y a su tiempo, obrar y trabajar. No es conveniente prodigarle cuidados excesivos, ni tomarle por enemigo que se debe destruir como hacen los miembros de ciertas religiones. No es, en manos del ser consciente, sino un instrumento: si se lo acaricia, se adormece, si se lo castiga, se rebela, y si se lo dirige, obedece. Hay quien se preocupa demasiado por la salud del cuerpo, no reflexionando que la salud fsica es el resultado natural de un discreto modo de vivir. Bbanse aguas surgentes en abundancia y cmanse espigas maduras, eliminando lo muy dulce y lo muy cido; la alimentacin debe ser regularizada, vigilada y medida, para que el ser est fresco, gil y flexible. Diariamente, enemigos destructores, en la forma de millones de bacterias, se agolpan en las porosas puertas del organismo humano, para aduearse de l, destruyendo sus tejidos, o infectando sus linfas. Aljese del peligro con frescos baos, con una caminata matinal y con una respiracin correcta. En los ejercicios respiratorios no hay que adoptar mtodos estrambticos o afectados, sino el correcto modo de respirar en tres tiempos: insprese ampliamente por las narices, retngase unos instantes el aire en los pulmones y esprese fuertemente por la boca. Adems de distribuirse el da segn los siete movimientos csmicos, hay que moverse de consuno con la Gran Corriente Dual, que sube y baja pausadamente, si se quiere llegar a aduearse de s mismo. Estas dos fuerzas son positivas y negativas, activas y pasivas, segn el acto que se vaya a ejecutar. Algunos, cuando estn trabajando, desearan descansar, y en horas de reposo sienten todos los impulsos e iluminaciones respecto de lo que tienen que hacer durante el tiempo de estudio o trabajo. Pero estos inarmnicos estados de la mente no son ms que los engaosos reflejos de la voluble y mal acostumbrada imaginacin. Si al leer o trabajar se nota cansancio o aburrimiento, continese, aunque en apariencia se aproveche poco; se debe insistir aunque un denso velo cubra la inteligencia y embote el cerebro; al da siguiente se notar que no se perdi el tiempo, pues habr trabajado el subconsciente. Pero si, por ejemplo, una lectura nos interesa mucho, suspndase unos minutos al llegar a lo mejor, para que la reserva de energa mental no se queme en aras de la fantasa, dejando luego tan slo un vago recuerdo de lo ledo. Mucho apresuramiento no siempre permite llegar a tiempo a una cita; conviene, ms bien, detenerse a recolectar energas mediante un acto volitivo contrario a lo que se propona realizar. Conviene acompaar con palabras las acciones del da, murmurando muchas

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veces: salud, bienestar, orden, etc. Las fuerzas fsicas, ordenadamente distribuidas, reflejan el estado y la actividad de las fuerzas mentales.

Enseanza 7: Asistencia y Trabajo Como centinela, siempre vigilante, ha de ser el discpulo, porque en cualquier momento puede sonar la hora en la cual se lo llama a la Labor. Los Maestros que dirigen los destinos del mundo lo llamarn a trabajar en cuanto est el candidato bastante preparado para participar en la misma. La Obra de asistencia a la humanidad es la Gran Corriente, poderosa fuerza puesta en marcha por los protectores invisibles, que arrastra consigo al ser que est en condiciones de sostenerse en Ella, y excluyendo a aqul que no puede tolerar la alta vibracin de la misma. Esta participacin se efecta lenta e insensiblemente a medida que el discpulo vaya adelantando, sus cuerpos fsico y astral se vayan depurando paulatinamente de las escorias materiales demasiado pesadas, y se rodeen de un ejrcito de tomos fsicos y suprafsicos ms puros y adecuados para penetrar y resistir la Gran Corriente. Cuando llegue esta hora, el lema del elegido ser trabajar por trabajar, sin apetecer el fruto de la obra, porque el apetito, an santo y bueno, supone apego al objeto amado, y ata a la Ley de Consecuencias. Aqul que se ha puesto a las rdenes de la Gran Obra no trabaja para s; slo trabaja para la Obra, con el pensamiento siempre puesto en Ella, nicamente. Por eso, no cabe elegir el trabajo, ni una labor en lugar de otra, sino abandonarse siempre en brazos de la nica Voluntad de Aquella que dirige el conjunto del trabajo. En un principio le resulta dificultoso al discpulo asistir y obrar sin que en el trabajo participe la emotividad; le es duro hacer todo con un acto puro de voluntad. A muchos vence la pereza y el vaco, mortales enemigos que pueden echar todo a perder. Es difcil, verdaderamente, mantener el entusiasmo encendido sin que tomen parte los sentidos; pero, si el discpulo no quiere morir aqu, y ser lanzado de la Gran Corriente de igual manera que devuelve el mar a la tierra los despojos de los naufragios, ha de vencer este punto. Y si llegara a comprender que le es

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imposible por ahora seguir, desve prestamente este sentimiento del objeto particular y enfoque, con todas las fuerzas de su ser esa sensibilidad, hacia el nico y puro Amor de la Madre Divina del Universo. La asistencia a la humanidad se efecta en el plano fsico durante la vigilia, y en el plano Astral durante el sueo. Al principio, en ambos planos los actos de asistencia se ejecutan inconscientemente, bajo la direccin de un Maestro invisible. Pero cuando el discpulo se va desenvolviendo espiritualmente se le da ms campo de accin y libertad. Lo que antes hacan casi sin saber llevado de las manos, lo ejecuta ahora a sabiendas y con cierto arbitrio personal. Desde luego, el discpulo no debe suponer que en el plano fsico la labor a realizar sea para todos igual o de grandiosa apariencia. Nunca podr participar en grandes trabajos, si antes no aprendi a ejecutar bien y escrupulosamente los pequeos. Hay que adiestrarse en la tarea durante el da: en el hogar, en la calle, en el trabajo. Ya ver cmo los Maestros, a medida que haga bien lo pequeo, le darn oportunidad ms evidente para hacer el bien; ya ver cmo, sin buscar ni querer, caern a su alcance las almas que sufren a beber, en el cliz de sus manos, el agua bienhechora del consuelo. En el campo astral, hay ms oportunidades para hacer el bien. El cuerpo astral, bien educado por una recta concentracin antes de dormir, se habituar, poco a poco, a no vagar en pos de los fuegos fatuos que ha ido preparando la fantasa del durmiente durante da. La unin entre el recuerdo cerebral y el recuerdo astral se hace ms vvida; y al recordar el discpulo en estado de vigilia lo ocurrido durante el sueo, se hace ms dueo del cuerpo astral, y lo puede dirigir, durante las horas nocturnas, a los lugares en donde es reclamado por los Maestros, pudiendo as auxiliar a los necesitados. No slo los estudiantes pueden participar de la Gran Corriente, sino todo ser, de cualquier religin y clase que, con recta intencin desee desinteresadamente trabajar para la humanidad.

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A este respecto, es ilustrativa la labor astral realizada por Catalina Emmerich, quien desconoca en absoluto los ms elementales conceptos de las Escuelas Iniciticas. Refiranse el siguiente hecho en la historia de su vida: Una maana entreg a un amigo un saquito lleno de centeno y huevos, y le indic una casa en donde viva una pobre mujer llamada Gertrudis, en compaa de su esposo y dos hijos. Gertrudis era tsica. El amigo deba decirle a la mujer que con aquello hiciera unos puches, que seran buenos para su pecho. Cuando al entrar en la choza extrajo el saquito que traa bajo su capa, la pobre madre, tendida en su jergn entre sus hijos medio desnudos, estaba con una calentura abrumadora; tendi hacia l sus brazos y dijo con voz temblorosa: Oh!, seor. Dios os envi a la hermana Emmerich. Me trae harina de centeno y huevos. Llor, tosi, e hizo seas a su esposo para que hablara por ella. ste dijo que Gertrudis haba tenido un sueo muy agitado la noche precedente; que, mientras dorma habl, y que, al despertar relat lo soado as: Me pareci estar contigo a la puerta de la casa; la piadosa monja sali de una casa vecina, dicindote que la miraras; se detuvo ante nosotros y me ha dicho: Ah, Gertrudis! por el semblante pareces estar muy enferma; te mandar harina de centeno y huevos, que son buenos para el pecho. Entonces despert.

Enseanza 8: La Renunciacin Si el ser renunciara, no a las cosas que l cree perjudiciales para su bienestar, sino por amor a la libertad, alcanzara en vida una felicidad inenarrable, una serenidad a toda prueba, un estado de xtasis natural indescriptible. Romper lazos, salir de jaulas para librarse de algo, es atarse con lazos ms sutiles, es encerrarse en jaulas ms grandes; pero renunciar para libertarse es vivir. Aqul que deja las cosas que le pertenecen por el gusto de dejarlas se hace

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dueo de ellas. Aqul que arroja lejos de s el pedazo de tierra que concede para l la sociedad, por amor a la liberacin, se hace dueo de la Tierra. Aqul que echa abajo su casa porque est cansado de ver el cielo desde su ventana, ve todo el horizonte. Pero la renunciacin verdadera empieza cuando el ser se desembaraza de su personalidad corriente. Hay siete grados de Renunciacin en los textos de Desenvolvimiento Espiritual. El primer grado es ste: Quebrar la personalidad corriente. La personalidad corriente es aquel conjunto de ideas que encierra a un hombre dentro de un crculo de determinadas leyes, creencias, hbitos, costumbres y tendencias particulares. Quebrar este crculo, desechar esta capa mental de creer que no se puede ser feliz sin todos esos conceptos preestablecidos, es efectuar el primer paso hacia la liberacin. Aqul que se esclaviza por lo que cree su felicidad y bienestar sufre continuamente por el temor de perder sus cadenas, las finas trenzas de seda que lo atan a s mismo, que lo achican, que reducen su visin interior de conciencia a un punto mnimo. Como este ser esclavo vive en tan reducido espacio espiritual, no tiene otra fuerza para dominar que la creencia de considerarse seguro. Deca la rana del charco a la rana del ro que haba ido a visitarla, que no poda haber extensin de agua ms amplia que la que ella disfrutaba. El alma quiere perder su personalidad, para adquirir su individualidad. Aqu ya hay aquella individualidad, fruto de la raza futura, que le pondr en contacto, mediante sus propias fuerzas, con el alma del mundo. La oruga est para volverse mariposa. La imagen de Satn desaparece con las luces del alba del nuevo da, para dejar paso a Dios. Dentro de la celda de la personalidad, el ser, como ya no es feliz, se miente continuamente a s mismo, se engaa constantemente dicindose que es feliz; por eso, el segundo grado de Renunciacin consiste en el valor de la confesin sincera de la propia inferioridad. Renunciar es conocerse. Renunciar es hacer luz en el alma y ver en los ms secretos rincones de la conciencia aquellas sombras tan temidas y tan

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cuidadosamente ocultas. La accin de ir acumulando en el interior deseos, aspiraciones, tendencias y vicios ignorados por todos, es una avaricia moral del hombre. Verdaderamente se necesita un valor extraordinario, no slo para confesar los defectos internos, como Rousseau, sino tambin se lo necesita para que el alma se confiese a s misma sus defectos. Es como una segunda naturaleza; es como un segundo ser que vive en la conciencia; es la sombra demonaca que est a la izquierda del hombre, aqulla que cuida constantemente para que l disimule a s mismo, se excuse continuamente de sus miserias interiores, de sus pecados ocultos. Pero el alma que anhela la liberacin, ella sola, con la Renunciacin a su naturaleza inferior, a su personalidad pasada, destruye este enemigo, y no se avergenza ya de verse tal cual es, con su bien y su mal, con sus grandezas y sus miserias, con el conjunto de su fuero interno que es bien y mal. nicamente el ser que no se conoce a s mismo puede ser avaro, envidioso y mezquino, y puede vivir pensando que l es el centro y todos los que lo rodean son sus satlites. Por eso, en el tercer paso de la Renunciacin, se quiebra el concepto de separatividad. T y yo, ste y el otro, hoy y maana, todo desaparece bajo los ojos felices de aqul que a todo ha renunciado. Ya no es el centro mezquino alrededor del cual todo tiene que girar, sino, ahora es el centro en s. No puede vanagloriarse de lo que es, porque l fue o ser pecador; no puede desear lo que no tiene, porque tener o no tener nicamente existe para aqul que vive en relatividad de la vida exterior. l es todo. En l, el bien y mal han formado una nica base, el pilar sagrado sobre el que se enciende la llama Una del Espritu. Para un alma as, que ha renunciado a tanto, que se ha libertado de tanto, las acciones de la vida y el modo de expresarlas, cambian completamente de forma. En el cuarto grado de Renunciacin, recin se comprenden las palabras aquellas de trabajar por trabajar. Se trabaja como la abeja, sin saber para quin ni porqu. Se sabe que el trabajo es un medio para libertar el alma cada vez ms, y nada se pide en

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recompensa sino que se deje hacer. Se da sin ser visto. Verdaderamente, no sabe la mano izquierda lo que hace la derecha, pues se ha vencido la lujuria de la satisfaccin personal. La caridad practicada por vanagloria es morbosa lujuria de la mente; pero la caridad hecha por hacerla es liberacin, no slo de los sentidos, sino tambin de la mente. Los grandes seres, aqullos que han hecho grandes obras humanitarias, siempre han contestado lo mismo, a aquellos que los han adulado por la obra realizada: Yo no lo hice, Dios lo hizo. sos son los grandes seres que, cuando se les ordena la accin ms vulgar o la obra ms banal, la cumplen sin preguntar cmo ni por qu. Recin entonces es cuando se vive la vida, se conoce la vida y se entra en el quinto grado de la Renunciacin. Ay! de los pobres hombres que creen que hay cosas desagradables y cosas agradables, que no hay cosas feas y buscan solamente lo que creen agradable. Nunca sern felices, porque no hay cosas feas ni bellas; todas merecen ser conocidas y tienen efectos de plenitud cuando descubren, al ojo atento del investigador, la semilla del espritu que las promueve. Una noche de lluvia, de viento y de fro, dos humildes frailes, mal vestidos y descalzos, iban camino de Ass. El ms flacucho y pequeo, que iba atrs, rompi de pronto el silencio, y dijo al compaero, un mozo joven, alto y fuerte: Fray Len, oveja de Dios, esccheme atentamente (era San Francisco de Ass el que hablaba): Si conocieras el secreto del Universo, de todos los mundos, de todas las cosas, tendras la perfecta felicidad?. Y as fue enumerando todas las cosas grandes y bellas para los hombres, formulndole siempre la misma pregunta. Como no contestaba el humilde Fray Len le dijo: Si llegamos a nuestro Convento, y el hermano portero no nos conociera y nos dejara a la intemperie con fro, con hambre, como a dos vagabundos, yo te digo que en esto est la perfecta felicidad. Eso deca el Santo, porque la felicidad est en el conocimiento de todas las cosas, buenas y malas. El sexto grado de Renunciacin, ya est ms all de la liberacin de los

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sentidos y de la mente, y es la liberacin espiritual. El que ha renunciado a todo se asimila de tal modo con la Voluntad Divina que vence al tiempo y al dolor. El hombre que trabaja como aquellas mujeres que tejen grandes colgaderas y ven nicamente el revs de la obra, no pueden darse cuenta de la belleza de sta hasta que est terminada. Pero aqul que ha renunciado y se ha liberado espiritualmente, se ha colocado en punto tal de amplitud que ve la obra a un mismo tiempo, en su esencia y en su potencia. Es as que llega el Peregrino de la Eternidad a la sptima etapa de la Renunciacin y vive all la hora eterna, porque aprendi que perder es ganar, que dar es recibir, que dejar lo pequeo es vivir lo grande. Desdear las horas y el tiempo es pararse finalmente sobre el umbral de la Eternidad.

Enseanza 9: Valor y Control Personal A pesar de todo lo que se ha dicho y escrito sobre el Valor, el miedo no ha dejado por eso de reinar en el mundo. Desde el temor ancestral que resume en s todos los espasmos y luchas para la defensa personal, hasta el temor sutilmente disfrazado con el nombre de defensa personal, el miedo no ha dejado de tener en un puo el corazn de los hombres. Entonces, o la humanidad desconoce el Valor, o tiene un concepto falso del mismo, pues no es atropello, ni bravosidad, sino es un sentido bien equilibrado del Control Personal. Hay en el ser humano, una defensa que impide a las fuerzas negativas y destructoras penetrar en l: Es la Rueda Control, que vigila continuamente la entrada al ser de toda vibracin. Pero cuando el temor se impone, esta puerta sellada se abre, permitiendo la entrada a las fuerzas negativas, a la muerte y a la destruccin. El valor consiste, entonces, en bien manejar este Control Personal y no el

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valor en el sentido que los hombres dan a esta palabra, que no es ms que el par de opuestos del temor. El Valor del Control est siempre a la altura de su importante misin y no puede dar los aspectos externos del valor humano. Hombres que se consideran valerosos y que se han distinguido por hechos verdaderamente heroicos, tiemblan en un momento dado, por una sombra nocturna; y mujeres que se espantaban al ruido de una puerta, tuvieron en el momento de necesidad, arrojos grandiosos, como aqul de la madre que se lanza a las llamas para salvar a su hijo. El valor del Control, para ser realizado en toda su plenitud, tiene que ser experimentado en cuatro pasos distintos: Primer paso: La Sencillez Si no os hiciereis nios, no entraris en el Reino de los Cielos, dijo el Maestro. Es indispensable que la sencillez reine en el corazn para que ste se descargue de todos los impedimentos que dificultan su correcto funcionamiento; y el nio es el mejor ejemplo, porque su inconsciencia, su espontaneidad, generan suficiente fuerza para su defensa. La sencillez es valor; el alma sencilla es, verdaderamente, la que no teme. El alma verdaderamente grande no puede abandonarse de continuo a cavilar sobre lo que vendr, sobre lo que ser, porque est segura de s misma. El despreocuparse continuamente, el no pensar en los males venideros, el abandonarse con cierta irreflexin al primer impulso, no sucede sino en el alma esforzada; pero el hombre moderno vive en permanente preocupacin; ha enredado su mente de tal modo que vive en continua defensa, en una continua cavilacin sobre el mal que le pueden hacer, o que le puede sobrevenir. Desechar todo esto y vivir el da de hoy, la hora presente, es adquirir, es estar seguro de que el hombre tiene en s el poder necesario para reaccionar en el momento en que se presente el peligro, y no antes del peligro. El sirviente de un Mstico fue, todo despavorido, a anunciar a su amo que no tena arroz; y el Mstico le contest: Cunto me alegro, as podremos demostrarle a Dios que vivimos abandonados en sus brazos. Y, no hay un

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rasgo sublime en aquel acto del General San Martn cuando al anuncio de que el enemigo estaba cerca y sus tropas en peligro, en lugar de disponerse inmediatamente a la defensa, se retir a dormir? Los flojos, los que no tienen caudal ni reserva de energas, s tienen que temer continuamente. Pero aqul que sabe que es una fuente inagotable de energas superiores no tiene por qu temer. Segundo paso: La Prudencia Ms el Maestro tambin dijo: Sed sencillos como palomas pero prudentes como serpientes. La Prudencia como el Valor y Control Personal no es aquella indecisin constante, tan habitual en los hombres y que les hace perder las mejores oportunidades por demorarse. La Prudencia es aquella que sabe hasta dnde puede llegar el Control del hombre, y hasta dnde se puede impedir que vaya demasiado lejos y se trasmute en temor. La Prudencia es una observacin continua de las fuerzas personales del hombre y de lo que l puede dar. Cuando el alma se siente henchida de una santa fuerza que le impulsa a ir en defensa de los oprimidos, a hacer justicia, a ir al martirio si fuera necesario para bien de la humanidad, tiene que detener esas fuerzas y no gastarlas, y considerar lo que hara si su sueo fuera realidad. Cuntos dicen que daran la vida por su ideal, y al primer golpe que reciben, no slo no ofrecen lo que haban prometido, sino que lo abandonan y reniegan de l. Pedro le dice a Cristo: Yo te amo ms que nadie, dara mi vida por Ti; y, sin embargo, ante el peligro lo reniega, y tres veces. Despus de la Resurreccin, cuando ya ha a aprendido la leccin de que el valor de los sueos no es Valor de la realidad, Cristo le pregunta: Pedro, me amas?. Y contesta: T sabes si te amo. Es fcil ser valiente cuando se est cmodamente sentado en un mullido silln y se deja que la fantasa corra a la par del humo del cigarrillo. Hay que estar ante la realidad para saber lo que se puede dar y la Prudencia es, en esto, la nica maestra.

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Llvame contigo Maestro, le deca un impaciente discpulo a su gua espiritual; quiero volar por esos mundos maravillosos que describes, quiero ver las etreas figuras que pueblan el mundo astral; llvame contigo. Pero el Maestro le amonestaba diciendo que vendra el tiempo, que antes tendra que hacerse fuerte, equilibrarse bien, tener un control a toda prueba antes de enfrentarse con el oculto mundo. Pero como el nefito tanto insistiera, lo llev consigo al cruce de dos caminos, traz el crculo mgico, pronunci las solemnes palabras y le dijo al joven: Ponte all en el medio y no temas, pues bajar el coche necesario para transportarte a las regiones superiores. As lo hizo el discpulo. Pero cuando estuvo en el crculo y oy el ruido de un vehculo que se acercaba y vio que vena a toda velocidad sobre l, perdi su Control y, al perderlo, coche y caballos se le hicieron inmensamente grandes; ya estaban encima, para aplastarlo, y cay como muerto. Su valor no era ms que curiosidad, porque si hubiera sido Valor prudente de un discpulo discreto, hubiera tenido fuerzas para controlarse en el momento de pavor, que es el paso de un estado a otro estado. Le preguntaron al rey Salomn: Qu es la sabidura? Y l contest: La sabidura alberga en su casa a la prudencia. Tercer paso: La Templanza Para poder vivir sencillamente, en paz y sin el tormento de no poder defenderse, para hacer valer la prudencia y darle mrito para que distinga las fuerzas reales de las ilusorias en la conquista del Valor y del Control personal, es indispensable la Templanza. La templanza es el tanque en el cual se acumulan las energas del Valor. Controlar y medir todos los actos, privarse de las cosas ms agradables, medir con discrecin las cosas indispensables, vigilar los pensamientos y las palabras, es ahorrar preciosas fuerzas. Nunca hay que fiarse demasiado de aqul que dice: Yo soy fuerte. Yo s defenderme. El alarde desmedido nunca podr ahorrar muchas energas. Aquel cardenal Peretti, viejecito, achacoso, que caminaba penosamente apoyado en su bastn, no tena la apariencia de un hombre valiente; por eso los cardenales, reunidos en cnclave, lo eligieron Papa (Sixto V), pensando que

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podan manejarlo a su antojo; pero l, cuando supo de su eleccin, enderez su cuerpo, arroj lejos de s su bastn y dijo: Muchos aos he ocultado mis sentimientos; ahora mando yo. Y gobern a la Iglesia con mano de hierro. La templanza, el sacrificio constante de acumular fuerzas, hace que el Centro Control se endurezca como diamante y pueda tolerar todas las vibraciones, an las ms violentas y mortferas. Se han visto hombres que vivieron encerrados en claustros con su voluntad completamente supeditada a la orden de sus superiores que, cuando empezaron a actuar, demostraron tener un Valor a toda prueba, que no condeca con su educacin. Es que la templanza, ejercitada durante muchos aos, la renunciacin de la voluntad y el dominio de las pasiones les dieron el verdadero Valor, que estriba en el Control Personal de si mismo. Cuando un temor constante invade al alma, no hay que vencerlo haciendo alarde exterior de no sentirlo, como aquellos que se ponen anteojos azules para ver el mundo con agradable color, sino hay que ahorrar energas diarias para vencerlo. Recin cuando se hallan acumuladas fuerzas suficientes, podr hacerles frente. Vienen aqu al caso los siguientes prrafos del captulo titulado El Abismo de la Simbologa Esotrica: No te vuelvas para mirar. No te balancees sobre el borde del precipicio; caeras seguramente en l, envuelto en el pavoroso remolino que agita rtmicamente el afanoso respirar de tu Enemiga. Cuarto paso: La Fortaleza Llegados al ltimo paso, el ms difcil de todos, se plantea la gran cuestin: El Valor y el Control Personal, se adquieren con la resistencia activa, o con la resistencia pasiva? El ser ha de hacer frente al enemigo con todas sus fuerzas, o ha de abandonarse, como manso cordero, en manos del adversario? La verdadera fortaleza, la que da el supremo Valor, es la que resiste hasta un punto determinado; es indispensable resistir para vencer. Jacob lucha con un ngel desconocido, y lo vence; por resistencia se mantiene el Universo, se defiende la vida, se conservan las especies a travs del tiempo. Pero esta resistencia del Valor fuerte ha de cesar exactamente cuando el ser est por recoger el fruto de ella.

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Es necesario poner un ejemplo vulgar: Un hombre asaltado se defiende, desarma a su enemigo, lo imposibilita para luchar, pero no lo entrega en manos de la polica. Es proverbial que los verdaderos valientes, que supieron dar una buena leccin a sus enemigos y perseguidores, fueron sin embargo, muy nobles y generosos con los mismos en los casos extremos. Cuando el ser ha comprendido que tiene en sus manos la victoria, que tiene bastante valor para afrontar una situacin, entonces se abandona en brazos de aquella despreocupada fortaleza que desprecia el fruto del valor, porque ha conquistado la esencia de la misma. En resumen, el Valor y su Control Personal son: La Sencillez del nio que no conoce el temor, la Prudencia del anciano que ya no teme ni le importa el peligro, la Templanza del virtuoso que desprecia los excesos de la vida y la Fortaleza del vencedor, que se ha colocado por encima de su propia victoria.

Enseanza 10: El Ejercicio de la Memoria La memoria es el recuerdo vago o claro de las cosas pasadas, es la fijacin mental de las cosas presentes y es la imaginacin evidente del futuro. Estos tres tiempos de la memoria son indispensables para que ella pueda, con propiedad, ser llamada as. Los hombres tienen por lo general muy poco concepto de lo que es la memoria, pues para ellos es aquella facultad mental que les hace recordar el pasado, y nada ms. Pero la verdadera posesin de esta virtud implica el dominio de los tres tiempos. Cree el ser humano conocer su pasado, pero no recuerda ms que vagas sombras, cada vez ms debilitadas en el transcurso de los aos y el sobrevenir de nuevos acontecimientos. Si se poseyera una buena memoria el horizonte humano ampliara notablemente su rea de posibilidades.

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De pequeos, cuando el cerebro humano est an impregnado de las energas csmicas que ha trado del ms all consigo, se tiene una buena memoria que fija claramente los hechos y prev, por esa claridad, lo conveniente para la vida. Al promediar la vida del hombre, ya se ha debilitado la memoria y la prematura vejez acenta el olvido. Esto es porque los hombres no poseen memoria. Para ellos es un don gratuito de la mente, mientras que la memoria no es sino un campo para explotar, que se pierde al no ser labrado. Los estudiantes esotricos han de tener una memoria tal que recuerden perfectamente el pasado, teniendo siempre presentes los acontecimientos cumbres de su vida, y tienen que tener una fijacin tal de los hechos de su vida y de las obras actuales que puedan, por lgica memorstica, evidenciar claramente el porvenir. Primer tiempo: El pasado Cmo ha de hacer el estudiante para vencer las densas sombras, los espesos velos que le ocultan su pasado? An no ha pasado un da y ya se han olvidado los hechos acaecidos en el transcurso de ese tiempo. Es que los acontecimientos se imprimen todos en el subconsciente y son exhumados por el Centro Solar, en lugar de serlo por el Centro Visual. En una palabra, el hombre rehsa pensar; deja que su mente subalterna piense por l. Cuando el nio observa y recuerda, es tal la fuerza que le impulsa y que se llama curiosidad, que implanta todas sus energas al Centro Hipofisiario. Se podra sintetizar, entonces, que la falta de memoria es debida a la falta de inters por la vida. El ser se conforma con saber y recordar lo necesario, lo que es indispensable para sus tareas diarias, para sus ocupaciones imprescindibles, descuidando todo lo dems. Por eso tiene tan vital importancia el examen retrospectivo, que reordena los hechos acontecidos durante el da, para cargarlos con la debida energa mental, indispensable para que se fijen clara y no vagamente, en el subconsciente. Pero para adquirir una buena memoria no basta el examen retrospectivo. Un buen comerciante no se conforma con el recuento diario de sus entradas y

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salidas, sino que necesita un balance anual, y an semestral. Con este mtodo triunf Ignacio de Loyola; con sus ejercicios espirituales salv a la Iglesia Catlica de un derrumbe. Porque, qu son los ejercicios espirituales sino una pausa en el curso de la vida para hacer el recuento de los hechos pasados y fijar de tal modo los puntos culminantes que sean centros vivos de energas que impulsarn para el porvenir? No se conform Ignacio de Loyola con el ejercicio del recuerdo mental; sino quiso que los hechos pasados fueran escritos minuciosamente en un papel, para ser mejor considerados. Esta es una de las finalidades de los retiros espirituales, tan aconsejados por los maestros de la vida espiritual. Todos los estudiantes tendran que alejarse, aunque fuera una vez al ao, del bullicio del mundo, lejos de los negocios, lejos de los parientes, lejos de toda preocupacin, para vivir unos das de completa absorcin espiritual, para poder hacer el examen retrospectivo de todo el ao y habituar la memoria a fijar bien los acontecimientos sobresalientes acaecidos durante el mismo. No dijo Dios al Salmista: Ven a la soledad y yo te hablar?. No puede lograrse el desenvolvimiento espiritual, que tanto anhelan los estudiantes, sin esforzarse. Ramakrishna deca a sus discpulos externos y que vivan en el mundo: Dejad alguna vez vuestra casa y vuestros trabajos y venid conmigo a la soledad. La Naturaleza ayuda el despertar de esta facultad de la memoria, como sucede en el aire rarificado de las alturas. Por algo los antiguos Caballeros construan sus castillos a ms de mil metros sobre el nivel del mar; y dicen los Lamas del Tbet que el aire de los Himalayas despierta la memoria. De all es aconsejable hacer estos retiros, cuando sea posible, en parajes elevados. La adquisicin de los recuerdos pasados es tan importante, que a veces descubre una misin nueva, o soluciona como un relmpago, los ms duros dilemas. Freud, con su estudio del psicoanlisis, quiso curar las enfermedades

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haciendo que la memoria busque en el subconsciente la causa originaria de las mismas. Segundo tiempo: El Presente La fijacin de la idea como fomento para la claridad de la memoria se logra con el ejercicio de la observacin y de la atencin. Siempre hay que tomar ejemplo de los nios; a veces encanta y a veces fastidia esa insistencia de ellos en preguntarlo todo, en querer saberlo todo. La curiosidad infantil se transforma, en el memorista, en aguda observacin. Slo se observan aquellas cosas que interesan y se descuida todo lo dems; pero el verdadero observador tiene que tener una visin amplia y exacta de lo que ve. Los maestros dan ciertos ejercicios a propsito. Hacen que el estudiante pase corriendo de una habitacin a otra, volver enseguida y escribir en un papel lo que han visto. Al primer recuento se observa que se ha olvidado la tercera parte de los objetos de la habitacin. Hay que repetir este ejercicio varias veces por da hasta que de un simple golpe de vista se posea todo el panorama. Tambin, se puede tomar un objeto, observarlo atentamente y anotar luego todas las cualidades inherentes al mismo; se ver, al principio, que muy pocas cualidades se atribuyen al mismo, pero como pasen los das se le irn agregando tantas, que sorprender. Estos ejercicios de observacin despiertan de tal modo la atencin, que el estudiante, sin perder mucho tiempo, adquiere gran conocimiento y exactitud de las cosas, y ve sin gastar mucho tiempo, que enriquece su almacn memorista. Un Enseante religioso mand a un distrado estudiante pararse delante de una cortina blanca, dicindole: Mire lo que hay en la cortina, y despus venga a referrmelo; el joven mir y nada vio fuera del blanco cortinado, pero despus de haber vuelto y dicho al Maestro que nada haba visto, ste le condujo hasta la cortina y le hizo notar cmo la polilla la haba calado, formando en ella variados dibujos. Cmo lo descubri usted?, pregunt el estudiante; observando sencillamente y con atencin lo que tena delante mis ojos, repuso el Maestro. Tercer tiempo: El Futuro Esta memoria, clara, fija y constructiva es, evidentemente, espejo del futuro.

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Para un olvidadizo, para uno que vive en el semisueo de la vida material, es muy difcil construir su futuro cuando tan fcilmente ha olvidado su pasado, pero aqul que recuerda, conoce muy bien el resultado de la Obra. Un rey hind fue a visitar a un solitario Yogui que viva en la selva con la sola compaa de su gacela; y antes de que el rey hablara le dijo: Tu vienes a decirme que tu pueblo se ha amotinado en contra ti porque hace tres aos que hay hambre y sequa en tu tierra. Cmo lo sabes?, pregunt el rey. Lo s, contest el sabio nicamente por lo que t me dijiste cuando me visitaste hace tres aos; habas tenido tres aos buenos y dijiste que ibas a hacer grandes fiestas y abrir los graneros a todo el pueblo; al acordarme de ese derroche y al ver las estaciones sin agua que desde entonces se sucedieron, he deducido lo ocurrido recientemente. Es aqu muy importante formular una observacin: Siempre se dice en las Enseanzas que hay que olvidar el pasado, borrar el pasado; pero en esto de borrar el pasado por un lado y recordar el pasado, como reza en esta leccin, hay un delicado matiz espiritual. Cuando se aconseja olvidar el pasado, la Enseanza quiere expresar que el hombre ha de desatarse de los lazos, olvidar las emociones, para no repetirlas; borrar las imgenes para no vivir atados a ellas. Mientras que cuando se ensea que hay que recordar el pasado, se quiere significar que ha de recordrsele como una cosa que no es de uno, que no pertenece a uno, algo que es propiedad exclusiva del conocimiento y que se observa y conoce para gozar nicamente el fruto del saber. Aqul que bien recuerda bien sabe. Lo que no sabe lo aprende fcilmente y lo que aprende fcilmente lo utiliza para la construccin del futuro.

Enseanza 11: El Amor Real Si bien la palabra amor est en todos los labios, se pronuncia en todos los

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idiomas y se expresa en todas las formas, muy pocos sabran dar una definicin exacta del Amor. Es que el amor, para muchos no tiene definicin, porque es la Esencia Divina de la vida. Por todas partes, en todo momento, subyace este divino elemento como lo levadura de la masa, como la sal en el alimento. Brota por doquier, inadvertidamente, con un sbito resplandor, que parece relmpago en noche de tormenta. Por el amor se mueven los astros y las cadenas planetarias, y por el mismo asoma la flor del campo su corola en las maanas de primavera. Nadie puede escapar al hechizo de esta secreta virtud que es, en una forma u otra, la aspiracin de todas las formas creadas. Pero, quin puede hablar del amor? Qu palabras son dignas de expresar tan excelsa cualidad? Cualquier frase resulta mortecina ante la magnitud de este fermento de vida. Slo se sabe que hay amores, y amores. A pesar de tantas distintas formas y de tantos y distintos matices, imposibles de enumerar, todos los sabios y clarividentes, unnimemente, han proclamado que son doce los distintos rayos del amor. La Rueda del Corazn tiene doce rayos resplandecientes, seguramente para indicar estas doce tonalidades. En un antiguo texto rosacruciano, no conocido por ningn hombre fuera de los siete que constituyen la Sagrada Fraternidad, hace corresponder estas doce tonalidades del amor a las figuras representadas en el cuadro La ltima Cena de Leonardo da Vinci. Dice el texto que la Comunin representa el Amor Divino, el punto central, que se entrega a los hombres; y que en la faz, en el modo de vestir y en la expresin de cada uno de los doce discpulos estn divididas las doce fases del amor, desde el pasional y criminal de Judas Iscariote, hasta el suavsimo de Juan Evangelista, que descansa su cabeza sobre el pecho de Jess. Dice adems el texto que da Vinci, expresamente, no termin la cara de el Salvador, porque como expresaba el Supremo Amor, no poda tener rasgos definidos.

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Enseanza 12: Los Doce Rayos del Amor El primer rayo del amor es animal, instinto que empuja a la conservacin de las especies; en ritmo loco a travs de los tiempos, luchando, matando y an sucumbiendo por ese afanoso deseo de conservacin, salen triunfantes los diversos tipos de animales y de razas humanas. Es como un remolino que, empezando por un corto vrtice, se transforma en una tromba inmensa que absorbe y absorbe, irremisiblemente. Todo perece hasta el ltimo hlito, pero la carne lucha a brazo partido por su conservacin. As, con este magnfico e inconsciente deseo de ser, se mantienen los millares y millares de astros que pueblan el espacio, yendo todos, irremisiblemente, tras el escondido imn que los mantiene en movimiento: el amor. Pero en el segundo rayo del amor este deseo de ser adquiere, mediante la defensa, la autoconciencia de lo que es; y esta defensa amorosa se extiende al lmite de los que abarca la necesidad del defensor: a s mismo, a la prole, al alimento y a las dems cosas indispensables para la vida. Por la defensa se formaron las familias, los clanes, las naciones, los cdigos, y an las sociedades de proteccin y ayuda mutua. Este subconsciente amor defensivo ech tan poderosas races en los seres humanos que ahora, que ya no les es casi necesario, no pueden desprenderse de l y es causa de ruina, de destruccin y muerte. Al sentirse el hombre relativamente seguro en el ambiente de defensa que ha creado, empez a dedicar su amor animal al tercer rayo del amor, a su cuerpo. Es un algo indefinido, misterioso y sutil este amor al cuerpo de uno mismo. Desde que el nio ve su cuerpo reflejado en el agua de la fuente o en el espejo de su casa, nace este estremecimiento raro, a veces subconscientemente vergonzoso, de autoatraccin. Es como si encontrara a alguien que no es l

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mismo y que, sin embargo, ha buscado toda su vida; es como una morbosa satisfaccin, un definido descenso a la materia. Ese amor, se vuelve con el tiempo, cada vez ms fuerte y egosta, especialmente en aquellos que no encuentran otra satisfaccin en su vida, constituyendo una obsesin, y el temor continuo de que el cuerpo no este bien cuidado, regalado, mimado; todo es poco para el cuerpo de uno, todo es insuficiente, porque este ciego amor lo impulsa y esclaviza, lo ata cada vez ms a su carne. Y qu se puede esperar de tanto amor al cuerpo sino la entrada al cuarto rayo del amor, que proporciona al cuerpo todos los animales placeres de la vida, esos animales placeres que no admiten la felicidad o la cooperacin de otros, sino nicamente la satisfaccin del propio deleite? An entre hombres ya civilizados se presentan estos curiosos aspectos del amor, hombres que no pueden pensar en vivificar el placer ajeno, sino que nicamente piensan en saciar sus propios apetitos. Todos los aspectos del amor animal tienen gran importancia para conservar las especies vegetales y animales, tan indispensables para la vida del hombre; pero para el ser humano, que tiene libre albedro y pensamiento, estos tipos de amor, en lugar de levantarle hacia lo Divino, lo arrastran fuertemente hacia la vida animal e inferior. El quinto rayo del amor ya es humano; impulsa al ser a sentir por otros lo que siente por s. Admite que su placer pueda ser placer de otros, que su felicidad pueda ser felicidad de otros seres, y comprueba que no es l slo el que siente, sufre o ama sino que hay otros seres que experimentan esas mismas sensaciones. Cuando el ser goza, subconscientemente goza ms, porque sabe que su placer es herencia de toda su especie y llega, por ese medio, a respetar a sus semejantes, a comprender sus necesidades, a ampararlos y a protegerlos. En el sexto rayo del amor, el amor humano se hace atractivo. Lo describi Dante con palabras imposibles de superar: Amor che nullo amate, amar perdona, que quiere decir el amor exige amor. El amante quiere el placer para s y para el ser amado. Si bien el crculo de su afecto es reducido, a veces tan reducido que abarca una sola persona, sin

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embargo es todo para l; por ese amor lucha, trabaja, sufre y hasta sabe morir. No puede tolerar que nadie le quite su afecto y a veces, cuando desaparece este afecto, se entrega a la desesperacin, odia y mata. En el sptimo rayo del amor, el amor humano se extiende desde una persona hasta varias, hasta toda una colectividad. Es el amor humano que busca ms dilatados horizontes, que quiere transformarse en un Amor Real; en una palabra, no quiere morir, porque empieza a comprender ese antiguo dicho: el amor que muri no era amor. Ama a sus hijos, fruto de su placer; sabe que los afectos perecederos de la forma atractiva, que tiene que terminar tarde o temprano, sobrevivirn en su prole, se irn extendiendo cada vez ms por la generacin, por aquel indestructible hilo de la herencia de los tipos de sangre. El octavo rayo hace compasivo al amor humano; el ser sufre por los padecimientos ajenos y desea que su bienestar sea el bienestar de todo su pueblo. Si bien adquiere el bienestar para s, sobre todas las cosas admite el bienestar para los otros. Protege a los que le inspiran simpata, ayuda a los de su raza, favorece a los que le alaban; y si bien no perdona a los que estn en su contra, hace todo el bien que puede, siempre que redunde en su propia satisfaccin y en aras de su amor propio. Pero el amor humano, relativo como todas las cosas que tienen forma, no es el Amor Real. nicamente el Amor Divino es el Amor Real. El noveno rayo del amor es divino, porque aquel que ama, ama por amar, da por dar sin esperar recompensa. Cmo se pueden hacer distinciones entre un hombre y otro si todos han salido de la misma esencia divina y todos tendrn que volver a ella? Qu importa no ser correspondido, no recibir la llama del ser amado, si toda la Llama est en la mano del verdadero Amante? Dicen los verdaderos devotos que estn locos de amor para con Dios, y para con toda la Humanidad. Se pasa aqu al dcimo rayo del amor. Si el Amor Divino es tan extenso y sublime que abarca todo sin pedir nada,

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cun maravilloso ser ese Amor cuando es enfocado sobre algunas de las criaturas que lo rodean. nicamente un ser as puede conocer la verdadera amistad. Es lstima que esta hermosa palabra haya sido desvirtuada por los que la usan, pues la verdadera amistad es el amor, que nicamente goza en ver feliz al ser amado, an a costa de su propio sacrificio. Hubo un estudiante que, cuando ingres a la Vida Espiritual, fue distinguido por su Maestro de modo particular. Muchas veces le llamaba a su lado para hablarle de cosas espirituales y del Amor Divino; muchas veces se haca acompaar por l en sus paseos y le pareca al discpulo que su alma estaba cobijada bajo la del Maestro. Pero un da ste no lo volvi a llamar y cuando lo encontraba lo saludaba sin particularidad. Desesperado, el estudiante fue un da a echarse a sus pies para saber en que culpa haba incurrido para haber sido alejado de tal modo; el Maestro le contest: Mi amor por ti es tan grande hoy como ayer; mejor dicho, es de aquellos que cada da se hacen ms fuertes; pero ese amor sera imperfecto si buscramos nuestra satisfaccin personal; antes eras pequeo, necesitabas de mi palabra y de mi presencia; hoy, que has criado alas, tienes que valerte por t mismo; el contacto sera ms perjudicial que til; vete y aprende que el verdadero amor no es el de los hombres, que dice lejos de los ojos, lejos del corazn sino es aqul invariable, siempre, de lejos y de cerca, en la vida y en la muerte. En el undcimo rayo, el Amor Divino se vuelve exttico. No hay medida entre un amor y otro, entre una forma y otra. Cualquier expresin de amor, an la ms insignificante, enciende tal llama en el pecho, que funde el alma en el Amor Divino por el xtasis. La belleza del cielo y de un ave voladora hizo caer en xtasis al pequeo Ramakrishna. Un nio que pasaba por la calle le record a San Juan de la Cruz la belleza del nio Jess y cay en xtasis de amor tan grande, que su rostro se encendi como si estuviera en llamas. El duodcimo rayo del Amor Divino restituye el alma exttica, por el camino del corazn o por el camino de la mente, a aquella Fuente Primera y Universal

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desde donde brot la primera expresin de la vida, impulsada por el Eterno Amor. All es donde el Amor Real se funde de tal modo con la Divinidad, que es difcil sealar el lmite entre lo manifestado y lo inmanifestado. Pero an aqu, en estas sublimes alturas, se pueden recordar las palabras del filsofo indo que dicen: El amor es el principio y el fin del Camino.

Enseanza 13: La Perseverancia Todas las virtudes hasta ahora enumeradas son indispensables; pero, para que tengan una vida eficiente, han de estar basadas sobre los fuertes pilares de la Perseverancia. Cuenta una leyenda que Dios mand un ngel a la Tierra para que bautizara con un nombre a cada una de las especies de flores. No se olvid de ninguna; a las ms bellas adorn con nombres pomposos y a las ms humildes con nombres suaves. De ninguna se olvid, segn crea l, ya que hasta dio nombre a la violeta, que permaneca escondida bajo su espeso follaje; pero haba una flor tierna, pequea, casi invisible, que haba sido olvidada y que esperaba pacientemente le llegara el turno. Cuando el ngel de Dios estaba por elevarse a los cielos y todas las dems crean que la florcita quedara sin nombre, sta, que haba perseverado en su espera, levant la voz: No te olvides de m, dijo. Oy el ngel la voz de la perseverante flor y volvindose le dijo: T misma has elegido tu nombre, te llamars No me olvides. Igualmente, la Perseverancia se distingue entre todas las virtudes por su propia caracterstica, por su propia expresin, que jams desmiente lo dicho, que jams vuelve sobre el camino recorrido, que jams se arrepiente y que siempre, fervorosamente, espera. Las virtudes humanas son como la estatua bblica: cabeza de oro, pecho de

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bronce y pies de barro. Pero la real virtud, la que se asienta sobre la Perseverancia, aunque a veces no sea tan aparente, tiene la cabeza de barro y los pies de oro. Cuando se echan los cimientos de un edificio espiritual, para que ste sea como castillo sobre la roca que, ni el viento mueve, ni el agua daa, ni el tiempo destruye, ha de estar fundado sobre los cinco pilares angulares de la Perseverancia. Primer ngulo: La Paciencia Por la paciencia el hombre se hace constante, por la paciencia se abre la puerta de oro que da a los mundos superiores, por la paciencia se vence al enemigo ms acrrimo. Todas las maanas, acuda una anciana a la puerta del Palacio Real para implorar clemencia para un hijo suyo, encarcelado. El rey pasaba y la miraba desdeosamente, sin escuchar sus splicas; los porteros y sirvientes desilusionaban a la anciana dicindole: es intil que vengas, nada logrars. Pero un da el corazn del rey se abland, pues estaba en uno de sus buenos momentos; escuch a la anciana y libert a su hijo. Venci la paciencia. Veinte aos llor Mnica pidiendo la conversin de su hijo Agustn al catolicismo, tanto, que dos profundos surcos se haban estampado en sus mejillas; pero gan al fin. Supo un obispo de la conversin de Agustn y exclam: No poda ser que no se salvara el hijo de tantas lgrimas y de tanta paciencia. En la vida espiritual y en el desenvolvimiento psquico la paciencia es indispensable. Cuntos empiezan con mucho entusiasmo, y porque no ven enseguida el resultado de sus esfuerzos abandonan el Sendero! La naturaleza humana, tan endurecida en el hbito, precisa largos aos para amoldarse y activar los centros necesarios para la vida psquica y nicamente con una paciente Perseverancia logra el xito. Le preguntaron a un sabio de la India cmo haba inmovilizado completamente su brazo derecho; l contest: con el esfuerzo continuado de veinticinco aos. Segundo ngulo: La Fe

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La fe es aquella seguridad en las cosas invisibles, que no se ven pero que cada instante se presienten. Y es ella indispensable para lograr la perseverancia. No se habla ahora de esa fe instintiva que ata terriblemente a las cosas adoradas o credas, sino de aquella comprensin que da por ciertas las cosas que no se ven. Quin puede afirmar que la carne que se trae a la maana es sana e inocua? Nadie puede asegurarlo, sino la fe social y colectiva. Quin puede probar que las cosas que no se ven, que sin embargo, en ellas se cree, sin esta fe racional? Pero a cada rato los pobres hombres, que creen ciegamente en el panadero que trae el pan, en las aguas corrientes proporcionadas por la Obra de Salubridad, en la moneda de papel que les dispensa la Nacin, dudan de la palabra de los Maestros y de aqullos que ya han recorrido prcticamente el sendero que ellos recorren tericamente. Cuando un Sannyasy quiere ser admitido en la compaa de un Gur, lo primero que se le exige es obediencia absoluta; y esta obediencia absoluta es indispensable para lograr la fe en las cosas reales, pero no vistas. Si un estudiante de cualquier Universidad, tuviera prcticamente en sus manos, desde el primer momento, toda la ciencia que quiere aprender, no podra abarcar con su inteligencia y de un golpe todo lo que tendra ante sus ojos. Es necesario que estudie y sepa por fe, lo que maana podr lograr prcticamente. El discpulo que no asiente sus bases sobre esta perseverante fe, es como el glotn, que quiere comer en un da los comestibles de un mes, y muere de indigestin. Tercer ngulo: La Esperanza La esperanza no es aquella virtud de abandonarse a la miseria, a la desesperacin, a las tristezas morales, dicindose que eso algn da cambiar. La esperanza es, en cambio, aquella virtud del que espera en un momento determinado, en la hora adecuada, la realizacin en s mismo del Plan Divino; y es el ms fuerte sostn de la Perseverancia. Esperan perseverantemente aquellos seres que han llegado a la meta sin alterarse, sin apurarse, porque saben que todos llegarn un da.

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Los discpulos esperan pacientemente que pasen los aos de las pruebas para que advengan los aos de liberacin. Esperan pacientemente que los aos pasen, el tiempo vuele, para que se cumplan las Promesas Divinas de la Unificacin de las almas. Cuarto ngulo: El Discernimiento Perseverar es tener tiempo para todas las cosas. El ser que cambia muchos ideales, que toma muchos senderos, gasta su tiempo y sus energas sin lograr detenerse nunca, sin tener tiempo para nada. Pero aqul que persevera en su fe, aqul que sigue constantemente por la senda que se ha trazado, tiene tiempo para analizar las cosas, discernir las cosas, porque el discernimiento es aquel xtasis, tributo de la Perseverancia, que hace gustar de las cosas en sus tres aspectos: Fsico, mental y espiritual. Quinto ngulo: La Resignacin Una Perseverancia perfecta y completa es resignadamente varonil. Toma todas las cosas de acuerdo con la Voluntad Divina, se amolda en toda forma y en todo aspecto; pero es, en resumen, por as decir, la corona de esta virtud. Cuando el hombre pacientemente vive, sinceramente cree, serenamente espera, claramente discierne y resignadamente toma su destino de las manos de Dios, ha logrado la virtud de la Perseverancia.

Enseanza 14: Conciencia y Voluntad El movimiento universal oscila continuamente entre una fuerza que impulsa a la creacin y a la actividad, y otra que atrae a la aniquilacin y al relajamiento. Estos dos grandes movimientos csmicos son: Conciencia y Voluntad. Podra definirse la Conciencia diciendo que es la amplificacin del ser desde el tomo hasta la Macrodivinidad. Y a la Voluntad diciendo que es la fuerza universal concretada al ser. Primer movimiento: La Conciencia Esta pasividad csmica que, como una madre lejos de su hijo, llama desde la Infinidad al fruto de sus entraas, para que se restituya el Gran Depsito

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Csmico, se manifiesta en la vida con la conciencia inerte de los elementos; y ese lentsimo progreso, esa despaciosa evolucin de los minerales y los mundos, es como una lucha pasiva de las mnadas para no seguir adelante y regresar al punto de partida. Es como si la conciencia de lo que es se negara a devenir. Es como si el crculo amplsimo se esforzara por no ser reducido del Crculo Eterno al crculo personal. Este concepto de Eternidad, este sentido de inmensidad, no puede ser borrado, an a travs del descenso; y el ser, an encerrado en la crcel profunda de su mente conciente, conserva este principio ignoto, este Tabernculo Secreto, de lo que podra ser en esencia antes que en potencia, y que los hombres llaman, vagamente, conciencia. Desde luego la conciencia, aqu, no es ms que un lejano destello de ese oculto poder pasivo que ha de restituir al alma a su prstina esencia. Se dice que la conciencia es aquel concepto del bien relacionado con las costumbres, leyes y ticas de los hombres. Pero, en definitiva, si el hombre analizara bien esta cuestin, vera que la conciencia no es el bien relacionado con su vida exterior, sino la esencia del bien relacionado con su grado de evolucin. Cuando la conciencia se abre a los influjos del espritu, se amplifica entonces hasta lo Infinito, pues ella es aquella virtud que rompe los lazos y como un desbordante mar vence todos los lmites, rellena todas las cuencas y vacos, y restituye el alma libertada all, en aquel nudo gordiano y vital que es la armona entre el Espritu Eterno y el alma que sabe lo que es y quin es. Segundo movimiento: La Voluntad Dicen los textos que por un acto puro de Voluntad fueron creados los mundos y los sistemas planetarios; y dicen bien, porque la Voluntad es la Energa Csmica condensada sobre un punto determinado. En el descenso fantstico de las almas, desde lo Infinito a lo finito, es una fuerte, nica e inquebrantable Voluntad la que atrae a los seres todos, desde los sin crculo hasta el reducidsimo crculo de una vida. Y esta voluntad hace de cada tomo un ser, de cada molcula un ente distinto a los dems, de cada ente una personalidad, un mundo aparte, una potencia separada y distinta de todas las dems potencias. En el levantamiento de los seres hacia la conquista de la liberacin consciente, siempre es la voluntad la que juega importantsimo papel. As como la conciencia amplifica, la Voluntad reduce; pero al reducir da el arma del poder. Aquel ente que sali del Ser Eterno, inconciente, ser restituido a la Eternidad sin perder jams aqul principio de conciencia y potencia, distinta de todas las dems potencias, que adquiri a travs de su peregrinacin por los mundos. Mientras tanto el poder, la gnea espada, el sagrado poder de Kundalini, est all, inmvil, esperando que la Voluntad lo tome en sus manos para dominar y ser soberano absoluto. Porque la Voluntad es esencia en s de cada una de las personalidades de los

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seres, completamente distinta a todas las dems; y hasta que el hombre no sepa usarla no lograr la Suma Realizacin, porque los hombres saben que la Voluntad es un algo que impulsa a hacer lo que a veces parece imposible, pero no saben que para tener efecto ese impulso ha de ser el propio y no el ajeno. Los hombres no poseen la Voluntad, si bien la conocen, porque buscan en fuentes ajenas. En una palabra, creen que la Voluntad es hacer lo que otro quiere, lo que a otro le gusta, lo que otro le ha enseado, lo que otro ha dicho. Como el hombre es mentalmente esclavo y toma, a ciegas, la Voluntad ajena como propia, no logra el triunfo, porque la Voluntad es aquella amante fiel que nicamente escucha el llamado de su legtimo esposo. Pruebe el hombre querer lo que l quiere, a buscar, no lo que las enmaraadas ideas ajenas han formado en su mente, sino lo que es en l inclinacin natural, mental y espiritual, y ver cmo la mente contesta al llamado de la Voluntad y cmo la Voluntad levanta aqul extrao poder personal, que es la potencia del ser en s. As hizo Dios el Universo, manifestando su Propia, nica y Absoluta Voluntad.

Enseanza 15: El Don del Olvido En un punto determinado del Sendero, el discpulo queda perplejo ante un nuevo aforismo: Como gota de agua, en un inmenso mar, el alma para vivir la hora eterna, ha de sumergirse en el mar del olvido. Pero dos preguntas imperiosas acuden a la mente: No es acaso necesario recordar el pasado para vivificar la mente, para embellecer el recuerdo, conocerse a uno mismo? Y, no se ha enseado con continuos ejercicios retrospectivos, cmo buscar el propio pasado y procurar encontrar aqul hilo perdido de las existencias anteriores? S. Pero el Olvido que habla esta enseanza nada tiene que ver con el recuerdo vvido de los hechos pasados. El don del Olvido es la gracia espontnea, concedida al alma, del desapego de las cosas pasadas y de los sentimientos que sirvieron de base para la experiencia, ya intiles. El recuerdo, segn la Enseanza, es de la mente; el Olvido es del corazn. Slo un corazn que ha olvidado y ha apagado el volcn de las pasiones, puede recordar serenamente. Cuando ya no hay carbones encendidos bajo las cenizas, se ha logrado el Olvido. Con cunta sabia previsin cubre la Ley Eterna el pasado del hombre con el manto del Olvido! Y, por qu lo hace, sino para cortar los sentimientos del pasado, para romper en parte las cadenas fundamentales de la ley de causa y efecto? Recordar los momentos pasados de la vida con claridad mental es analizar los

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hechos y utilizarlos como medios de bien para el porvenir; pero sentir los hechos pasados es atarse a ellos, es volver a sufrir lo sufrido, es amar lo amado, es desear lo deseado, es vivir lo muerto. Aqul que se ha desapegado de las cosas de ayer, se slo puede decir que ha olvidado, y vive la felicidad de la hora presente, de la Hora Eterna. Millares de fantasmas, creados por los afectos y pensamientos, siguen al hombre, no como claras ideas sino como vagas reminiscencias que continuamente le impulsan a vivir lo pasado. El don del Olvido consiste a matar estas larvas; si la mente las sabe conocer, el corazn las sabe desterrar. Dice un Maestro que, cuando el alma ha olvidado todo su pasado, quedan instantneamente rotos los lazos del Karma y puede sumergirse, de inmediato, en el ocano de la Divinidad Indiferenciada. Deje el estudiante de lloriquear por su pasado, de reprocharse lo que ha hecho o lo que no hizo, de recordar inconvenientes y obstculos en el camino, pues slo una cosa vale: Tener limpio el corazn; y un corazn limpio es como la sonrisa de un nio que nada sabe del objeto que la provoca. Deje el discpulo la carga pesada de la bolsa del pan del pobre, para transformarse en un nuevo ser, carne de su carne y sangre de su sangre, expresin de la fuente Eterna, que es lo sin tiempo en el espacio y el momento actual en el alma del ser. Los recuerdos ntidos del pasado nada tienen que ver con determinado ser, pues pertenecen al depsito Csmico, al libro instructor de la vida, al pasado que no es de uno, sino de todos los seres. nicamente as tiene el discpulo derecho a recordar. Mas el pasado de uno mismo, aqul que levanta torbellinos de recuerdos emotivos y pasionales, debe ser extirpado del corazn. Qu maravillosa, qu grande, qu absorbente es esta hora que revela al corazn del Adepto esta magna verdad!

Enseanza 16: La Transmutacin Cuando el ser cruza el crculo humano, recibe de manos del Hada Naturaleza el don de usar espontneamente de su sexo. Los animales estn sujetos a las pocas, a los perodos de celo y a las combinaciones instintivas y alternativas del macho y de la hembra; mientras que el hombre normal y en sanas condiciones puede usar del acto de la reproduccin cuando lo crea conveniente y necesario, segn su instinto y razn. Como el Universo en su forma expansiva y constructiva, as los rganos genitales, masculinos y femeninos, son la diminuta imagen de las palpitantes fuerzas csmicas. Verdaderos instrumentos divinos confiados a las manos de los hombres, para

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ser la fuente de la existencia y no slo de la existencia, sino tambin de la renovacin constante de la vida, el hombre cree que estos instrumentos slo le fueron dados para procrear y gozar. Mas no es as, porque aparte de stas, tienen otra funcin, interna: la de irrigar la sangre con una linfa maravillosa para renovar continuamente la existencia. No hace muchos aos, la ciencia tambin ha comprendido esta magna verdad; pero an le falta descubrir el verdadero sentido de la Transmutacin sexual, que no es slo irrigacin benfica de la sangre, sino tambin un tnico psquico para la mente y el alma. Los testculos proporcionan el semen y los ovarios son receptculo del vulo; pero unos y otros tienen adems las glndulas intersticiales, que desempean una funcin de secrecin interna. Esta funcin intersticial, generativa y vigorizadora, se transforma en fuerza psquica por la Transmutacin, cuando interviene la mente concentrada sobre dicha funcin, pues la mente es el factor primario de la misma. Hay seis distintas formas de Transmutacin: La primera forma es la natural, que la mente efecta subconscientemente, especialmente en los aos de la pubertad. Es tanta, entonces, la abundancia de secrecin interna que la mente, instintivamente, se ve obligada a distribuirla por el cuerpo y a transformar en fuerza psquica el excedente. No slo pasa esto en los perodos crticos, sino todas las veces que hay sobreabundancia de ella. La segunda forma es la aberrativa. Ciertos seres, por el continuo abuso sexual, llegan a un estado de insatisfaccin. Esa insatisfaccin hace buscar medios de un refinamiento tal que conducen la mente a concentrarse fuertemente sobre el objeto, fomentando as la Transmutacin; y hace llegar a un estado de torpe psiquismo que impulsa al uso de los estupefacientes. Sobre esta prctica de Transmutacin estaba basada toda la magia sexual de la Edad Media. La famosa reunin sabtica de las brujas, que hizo arder durante siglos la hoguera de la Inquisicin, no era ms que una aberracin sexual que produca una transmutacin psquica. Durante el xtasis espasmdico, la mente, que era el factor que ms trabajaba, levantaba fuerzas psquicas. Pasado el espasmo, el sujeto caa en sopor, luego en un sueo profundo y gastaba despus las reservas hechas, forjando las imgenes deseadas. La tercera forma es la conyugal. Todas las religiones santificaron el matrimonio para que el acto sexual se transformara en un acto de culto, en un acto mental. El objetivo fijado de cumplir con la ley de generacin y con el mandato del matrimonio lleg a producir, en ciertos casos msticos, verdaderas Transmutaciones, porque el semen, que va siempre acompaado por la carga psquica, por el efecto de la voluntad, era lanzado solitario, transportndose toda la energa al cerebro. De all, el valor del matrimonio religioso. La cuarta forma es la virginal.

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Cuando el cuerpo no ha probado, de ningn modo, los efectos del placer sexual, paulatinamente las fuerzas sexuales de los testculos o de los ovarios se repliegan sobre las glndulas intersticiales y, si bien despus de muchos aos, se hace efectiva la Transmutacin. La fuerza mental de estos seres se vuelve extraordinaria y fueron ellos los puntales, siempre, de toda religin o de Instituciones Filosficas o Espiritualistas. San Ambrosio, obispo de Miln, que fue un enamorado de la virginidad y conquist muchas doncellas para el claustro, no se cansaba de repetir: la fuerza de la Iglesia Cristiana est asentada sobre la virginidad. La quinta forma es la de los clibes. Muchos seres sienten la necesidad, en determinado perodo de la vida, de renunciar a los goces materiales para gozar de las puras satisfacciones del alma. Hay celibato continuado y celibato peridico. Todo hombre o mujer que sigue el Sendero Espiritual, tendra que hacer su cuarentena anual de celibato. En la India, a una cierta edad, el celibato es obligatorio, impuesto por las leyes del Man. La ausencia del placer conocido y el esfuerzo para vencerlo, hacen posible la Transmutacin. La sexta forma es la psquica. Ya se ha dicho que el semen siempre va cargado con una fuerza material, psquica y mental. Una fuerte y educada voluntad, que conozca el uso sexual y conozca la satisfaccin de la renuncia, puede separar por completo estas tres fuerzas; y an cuando expulse el semen al exterior, enva la energa a la sangre y la materia mental al cerebro. Por ahora no es aconsejable dicha prctica, pues los ejercicios para lograr tal dominio estn guardados para cursos superiores.

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INDICE

CURSO I : DESENVOLVIMIENTO ESPIRITUAL

Enseanza 1: Hidrochosa Enseanza 2: Tabernculo secreto Enseanza 3: La Llamarada Enseanza 4: Examen retrospectivo Enseanza 5: Reserva de energas Enseanza 6: Mtodo de vida Enseanza 7: Asistencia y trabajo Enseanza 8: La renunciacin Enseanza 9: Valor y control personal

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Enseanza 10: El ejercicio de la memoria Enseanza 11: El amor real Enseanza 12: Los doce rayos del amor Enseanza 13: La perseverancia Enseanza 14: Conciencia y Voluntad Enseanza 15: El don del olvido Enseanza 16: La Transmutacin

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