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TEMA 19. LA POBLACIÓN ESPAÑOLA. COMPORTAMIENTO DEMOGRÁFICO.
FENÓMENOS MIGRATORIOS.
1. INTRODUCCIÓN.
Uno de los recursos más importantes de un país es su población. La
población proporciona fuerza de trabajo, dinamiza la economía al constituir una
parte importante de la demanda interna y, además, contribuye a sostener el
Estado del bienestar. De su dinámica y evolución dependen muchos aspectos
sociales y económicos, el aumento de la xenofobia, la incapacidad de los
gobiernos para resolver problemas como el desempleo, la dependencia o el
sostenimiento de los sistemas de pensiones, dependen enormemente del
comportamiento demográfico.
Durante el desarrollo de este tema, analizaremos las principales fuentes
utilizadas para el estudio de la población, estudiaremos la evolución histórica de
la población española, realizaremos una síntesis del comportamiento
demográfico de la España actual y veremos las causas y consecuencias del
fenómeno migratorio en nuestro país. Por último, veremos cuáles son las
perspectivas de futuro de la población española según las proyecciones
realizadas por el INE para los próximos años.
Según el decreto 109/2022, por el que se establece la ordenación y el
currículo para la educación secundaria obligatoria, y el decreto 110/2022, por el
que se establece el currículo para bachillerato, este tema se impartirá en el
tercer curso de la ESO y en 2º de Bachillerato, en la asignatura de Geografía de
España.
2. FUENTES DEMOGRÁFICAS.
La demografía es la ciencia que estudia la población humana. Se basa en
un estudio estadístico que arroja datos sobre su estructura, su distribución en el
territorio, sus movimientos o su evolución histórica, además de otras muchas
características.
Los análisis demográficos se apoyan en una serie de fuentes entre las que
podemos distinguir fuentes históricas y fuentes modernas.
Se entiende por fuentes históricas a las fuentes anteriores a la existencia
de los primeros censos. En este sentido podemos hablar de fuentes indirectas,
como las fuentes arqueológicas, entierros, noticias de epidemias, registros de
levas, etc. Estas fuentes proporcionan una información incompleta, por lo que
hay que tomarlas con precaución. Por otro lado, como fuentes directas
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podemos mencionar los libros de fuego o libros de recuento de familias; los
registros parroquiales cuya información hace referencia a los bautismos,
matrimonios y defunciones (práctica iniciada tras el Concilio de Trento).
Las fuentes modernas empezaron a usarse a partir del siglo XIX, aunque
en España tenemos algunos recuentos fiables anteriores a esta fecha, como el
Vecindario de Campoflorido (1712-1717), en el que se estimaba que la
población era de 7.5 millones de habitantes o el censo que se incluye en el
Catastro del Marques de la Ensenada en 1752, realizado en la Corona de
Castilla, que arroja una cifra de 9.4 millones de habitantes. Sin embargo, el
primer censo moderno y el más fiable de la época es el que se hizo en 1857 y
que arroja la cifra de 15.5 millones de habitantes.
RUBIO BENITO, M.T. (Estado actual de la población. Teoría y práctica, 2001),
establece las principales fuentes y documentos actuales para el estudio de la
población:
- CENSO: es el documento más importante para la obtención de datos
relativos a la evolución de la población. Lo confecciona el Instituto
Nacional de Estadística (INE). Los censos se hacen cada 10 años, los
terminados en 1 e incluyen las características geográficas, personales,
culturares, económicas y de fecundidad. Tiene un alcance nacional y su
realización es responsabilidad del Estado.
Los censos se complementan con otras fuentes como
- EL PADRÓN: registro de competencia local que contiene la relación de los
habitantes de los municipios. El padrón se renueva cada 5 años y se
ratifica anualmente y contabiliza nacimientos, defunciones, cambios de
residencia y municipalidad.
- REGISTRO CIVIL: los registros civiles comenzaron a recoger datos a partir
de 1871. En ellos se anotan los nacimientos, defunciones, matrimonios o
cualquier otro acontecimiento que interese a la condición jurídico-
administrativa de las personas.
Además de estas fuentes, se emplean otras fuentes estadísticas para
complementar estas informaciones con otros aspectos como:
- Encuesta de la Población Activa (EPA).
- Encuesta de migraciones.
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3. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA.
3.1. LA POBLACIÓN ESPAÑOLA HASTA EL SIGLO XIX.
NADAL, J. (Bautismos, desposorios y entierros. Estudios de historia
demográfica, 1992) señala que todos los estudios demográficos realizados
durante periodos históricos precensales son bastante especulativos, y las cifras
pueden no mostrar fielmente la realidad. Una vez dicho esto realizaremos un
breve recorrido por las distintas etapas históricas hasta llegar al periodo actual.
Uno de los estudios más completos sobre el periodo prehistórico lo llevó
a cabo Lluis Pericot (La Prehistoria y las primeras colonizaciones, 2009) que
calcula que en el Paleolítico había en la Península unas 30.000 personas, cifra
que creció debido a la explosión demográfica del Neolítico primero y por la
colonización de fenicios, griegos y cartagineses en el siglo VIII a.C. De hecho,
según Plinio y Estrabón, cuando los romanos llegaron a Hispania ya había 3
millones de indígenas. Sin embargo, las invasiones bárbaras supusieron una
ralentización de las tasas demográficas que hace que con los visigodos la
población se sitúe en 4 millones de habitantes.
Los invasores musulmanes tuvieron más importancia en cuanto a la
heterogeneidad étnica que trajeron consigo que en los aportes de población
efectivos. Además, la Reconquista no favoreció un clima de paz en el que la
población creciese sin trabas. A finales del siglo XIII la población sería de unos
5.5 millones, pero entre los siglos XIV y XV la población disminuye debido a la
Peste Negra y a la expulsión de los judíos.
En la Edad Moderna el siglo XVI es de prosperidad económica y también
de incremento de población, que según J. Nadal llega a alcanzar los 7 millones
de habitantes. Sin embargo, durante el siglo XVII la población decrece al ritmo
de la crisis económica que agudizó la mortalidad catastrófica, las emigraciones
al continente americano, las levas de soldados destinados a conflictos
internacionales, como la Guerra de los 30 años, así como las pestes y otras
epidemias que hacen que la población se sitúe en torno a 6.5 millones de
habitantes.
En el siglo XVIII debido a las reformas administrativas realizadas por
Felipe V aparecen los primeros censos oficiales de población. Uno de los el
Vecindario de Campoflorida (1712) estimaba una población de 7.5 millones. A
finales de siglo y según el Censo de Floridablanca (1797) la población española
ascendía a 10.5 millones. Teniendo en cuenta que en esta época se incrementó
la emigración americana, el aumento de la población se debió a una menor
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actividad de las epidemias y de las crisis de subsistencia, además de a la
generalización de las prácticas sanitarias, lo que supone una reducción de la
mortalidad catastrófica.
El siglo XVIII se debate entre el ciclo antiguo y el moderno. Sin embargo,
a finales del siglo XVIII y principios del XIX las hambrunas y la Guerra de la
Independencia detienen la introducción del ciclo moderno.
En el siglo XIX hay una mortalidad excesiva por las continuas guerras, las
hambrunas por malnutrición y las todavía fuertes mortalidades por
enfermedades como la viruela, el cólera (especialmente grave fue la epidemia
de 1885) y la tuberculosis. Sin embargo, la población aumenta por tres causas:
▪ Mayor fecundidad.
▪ Aumento de la duración de la vida.
▪ Cese de la emigración tras la independencia de América.
El primer censo moderno y el más fiable de la época es el de 1857, según
el cual había 15.5 millones de habitantes.
3.2. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA EN EL SIGLO XX.
En 1900 España tiene 18.6 millones de habitantes y a partir de aquí
comienza, según Jordi Nadal, la transición demográfica en nuestro país, que
comenzó más tarde que en el resto de Europa debido a la situación política y
económica de España durante el siglo XIX. Estas diferencias residen de manera
esquemática en:
● Pervivencia de la mortalidad catastrófica por epidemias, guerras y
situaciones de carencia.
● Lenta reducción de la mortalidad ordinaria.
● Mantenimiento de altas tasas de fecundidad, atenuadas por la Guerra
Civil pero relanzadas por un régimen franquista claramente
pronatalista.
● Tardía aparición del problema de envejecimiento de la población.
Los altos valores que presentaba la natalidad en España a principios del
siglo XX se explican a partir de las siguientes causas:
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✔ Predominio de una economía y sociedad rural en la que los hijos eran
percibidos como fuente de ingresos.
✔ Inexistencia de sistemas eficaces para controlar los nacimientos, unido
a la influencia de los valores religiosos del catolicismo que imponía la
procreación.
En cuanto a la mortalidad era alta y oscilante. Las causas de esta
mortalidad eran:
- La dieta alimenticia deficiente por la baja productividad agraria y las
enfermedades infecciosas (tifus, viruela) tenían una alta incidencia.
Podemos resaltar la Gripe Española de 1918.
- A ello hay que sumar la mortalidad catastrófica provocada por la Guerra
Civil, que originó 400.000 muertes directas y 350.000 nacimientos
menos, que dieron lugar a una generación hueca. Otra consecuencia del
conflicto es que la población se ruralizó, dado que resultaba más fácil
vivir en el campo que en la ciudad. En 1940 había 25.8 millones de
habitantes.
En la década de los 50 la situación económica comenzó a mejorar, lo que
desembocó a principios de los 60, en un proceso de desarrollo económico: el
Desarrollismo. El desarrollo económico se localizó en unos cuantos núcleos
urbanos (Barcelona, Madrid, Bilbao) lo que desencadenará un impresionante
éxodo rural.
El progreso económico unido a mejoras en la alimentación y sanidad
favorecieron el crecimiento de la población y el aumento de la esperanza de
vida. De hecho, en la década siguiente se produjo el fenómeno del baby boom
en nuestro país, que hizo que la población se situase en los 36 millones de
habitantes en 1975.
Hacia 1980, aproximadamente, finalizó la transición demográfica, que se
consumaba con un descenso de la natalidad. A partir de 1985 la fecundidad se
situaba por debajo de los dos hijos por mujer y en la actualidad en torno a 1.23
hijos por mujer. Esto se ha visto influenciado por:
● Incorporación de la mujer al mercado laboral.
● Difusión de los métodos anticonceptivos.
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● Retraso en la edad de formar una familia. Desde el INE se ha señalado
que en 2020 la edad media de acceso a la maternidad de las españolas
aumentó hasta 32,7 años, mientras que en el caso de las extranjeras
subió dos décimas con respecto a años anteriores, hasta 29,9 años.
A ello hay que añadir la disminución de la inmigración extranjera que en
años anteriores jugó un papel importante en el aumento de la natalidad (en
2008, una de cada cinco personas que se convertían en madre era extranjera)
en España y el aumento de la emigración al exterior.
Por lo que respecta a la incidencia de la Covid-19 en la natalidad, hay que
señalar que se aprecia una caída de la natalidad en el primer trimestre de 2021
(desplome de un 22.6% con respecto al primer trimestre de 2020), con algo más
de 46.000 nacimientos, cifra equiparable a los años de posguerra. La principal
causa de esta bajada es la inseguridad laboral fruto de la crisis económica
ocasionada por la pandemia. Además, hay que señalar que la pandemia provocó
en 2020 un 12,4%o más de defunciones que en 2019 y ha hecho descender casi
en un año la esperanza de vida, situándonos en 82 años aproximadamente. Aun
así, la esperanza de vida es más alta que en décadas anteriores, lo que está
provocando un progresivo envejecimiento de la población que tendrá
importantes consecuencias a nivel económico, social y cultural.
En cuanto a la mortalidad, sus tasas también se han reducido
considerablemente, aunque según el INE en 2022 se han producido 34000
muertes más de las esperadas y casi triplica la media de los años previos a la
pandemia.
4. DISTRIBUCIÓN TERRITORIAL DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA.
Los 47.615.000 millones de habitantes (INE, 2022) que tiene España se
distribuyen irregularmente en el espacio. La densidad media de España se sitúa
aproximadamente en 93 hab/Km2, algo inferior a la media de la Unión Europea
de 116 hab/km2 y enmascara desigualdades internas. Así, mientras
Extremadura tiene una densidad de 28 hab/Km2, Cataluña alcanza los 193
hab/Km2 y Madrid 636 hab/Km2.
Estos desequilibrios se acentuaron en la segunda mitad del siglo XX,
sobre todo a partir de 1960, con el modelo de desarrollo impulsado por los
tecnócratas franquistas, centrado en los llamados Polos de Desarrollo.
Asimismo, en este momento crecen las áreas costeras mediterráneas al amparo
del turismo.
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En la actualidad, el predominio de los servicios, la agricultura tecnificada
y la difusión de la industria determinan que las áreas más pujantes desde el
punto de vista demográfico sean los ejes de La Coruña-Rías Gallegas; Gijón-
Oviedo- Santander; Bilbao-San Sebastián; Barcelona-Tarragona; Valencia-
Murcia; Málaga-Bajo Guadalquivir; y ciudades interiores como Valladolid,
Zaragoza o Sevilla.
La mayoría de las poblaciones con más de 100.000 habitantes se
encuentran en las costas, Barcelona y Valencia, además de otras provincias
como Sevilla, A Coruña, Asturias, Cádiz, Murcia y Pontevedra. Todas estas
provincias tienen más de 20 municipios claramente urbanos.
Sin embargo, en muchas provincias del interior solo tiene carácter
urbano la capital: Ávila, Cuenca, Soria... Hay, pues, un notable desequilibrio
entre el interior de la península y sus costas.
5. LA ESTRUCTURA DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA.
5.1. LA ESTRUCTURA DE LA POBLACIÓN POR SEXO Y EDAD.
Como norma general, la sex ratio al nacer arroja una relación de 105
varones por cada 100 mujeres, pero esta desigualdad tiende a igualarse hasta
llegar a la cúspide de la pirámide, donde encontramos más mujeres que
hombres, dado que las mujeres tienen mayor esperanza de vida. En 2022 había
993.780 mujeres más que hombres en nuestro país.
Por lo que respecta a la población por edades, dada la necesidad de
contener la extensión del tema, solo nos vamos a referir a uno de los principales
retos que tiene planteada la sociedad española: el envejecimiento de la
población. Según el informe realizado en 2021 por el Observatorio de Personas
Mayores del Imserso, en España viven más de 9.3 millones de personas mayores
de 65 años, lo que representa un 19% de la población.
Este envejecimiento de la población no afecta por igual al territorio
nacional. Por comunidades, Castilla y León, Asturias, Aragón y Galicia cuentan
con un 20% de población mayor de 65 años, mientras que Canarias, Ceuta y
Melilla son las menos envejecidas.
5.2. ESTRUCTURA DE LA POBLACIÓN POR SECTORES DE ACTIVIDAD.
Para empezar definiremos la población activa como el conjunto de
personas entre 16 y 65 años que desempeñan un trabajo remunerado o están en
disposición activa de hacerlo. Por tanto, podemos distinguir entre población
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activa ocupada, la que trabaja, y población activa desocupada, la que está en
paro o busca su primer empleo.
España, en la actualidad, presenta una estructura de la población por
sectores de actividad propia de un país desarrollado, con un 76% de la
población activa en el sector terciario, un 19% en el secundario y solo un 4% en
el primario.
Si relacionamos estos datos con su distribución, podemos considerar la
existencia de una España fundamentalmente primaria, que se corresponde con
Andalucía, Extremadura y el interior de Galicia, de una España secundaria en
Cataluña y País Vasco y de una España terciaria en el litoral y las islas, debido,
fundamentalmente, al turismo.
Por otro lado, la tasa de paro se sitúa en 12.4 % en 2022, una tasa muy
alta, aunque en 2009 llegó al 18’83% (este aumento fue consecuencia de la
crisis, ya que en el periodo 2002-2007 se situó en torno al 7.2% debido a una
coyuntura económica favorable y al acceso al mercado laboral de generaciones
menos numerosas).
No obstante, hay que señalar, además, que la cifra global tiene a ser
matizada en función del sexo (mayor paro entre las mujeres, sobre todo debido
a las dificultades por reincorporarse a la vida laboral tras la maternidad), de la
edad (paro juvenil muy alto), del nivel de instrucción, de la época del año
(aumenta con el fin del periodo estival), etc. También hay que mencionar que el
paro es mayor en las regiones más deprimidas, premisa que explicaría el alta
tasa de desempleo de Extremadura: 21.3% en diciembre de 2020 según la EPA.
6. LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS.
BLANCO, C. en Las migraciones contemporáneas (2000) entiende como
migraciones aquellos desplazamientos de personas que implican un cambio de
residencia por motivos no vinculados al ocio o al entretenimiento. Dependiendo
del lugar desde donde se observe el movimiento migratorio podemos hablar de
emigraciones (que supone la salida de personas de un país o territorio) e
inmigraciones (llegada de personas a un país o territorio). Como consecuencia
de estos movimientos migratorios la población de un lugar aumenta o
disminuye.
Los movimientos migratorios pueden ser de diferentes tipos:
6.1. LAS MIGRACIONES INTERIORES.
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Son fiel reflejo de la situación social y económica de un país, al mismo
tiempo que traslucen los desequilibrios internos existentes en ese territorio.
● El ÉXODO RURAL. En España tuvo especial incidencia entre 1950-75, como
consecuencia del desarrollismo español y la oferta masiva de empleo poco
cualificado. Los emigrantes procedían de Extremadura, Andalucía, Galicia,
Castilla y Murcia y se dirigieron hacia las grandes ciudades españolas:
Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia.
● MIGRACIONES INTRARREGIONALES. Son movimientos dentro de la misma
provincia o comunidad, entre las zonas rurales y las pequeñas y medianas
ciudades. En la actualidad son las migraciones más importantes, responden
a motivaciones laborales y están protagonizadas por población joven.
● MOVIMIENTOS PENDULARES: implican un desplazamiento por motivos de
trabajo u ocio diariamente o los fines de semana, de un municipio a otro.
Las consecuencias generales han sido los desequilibrios socioeconómicos,
sectoriales y espaciales. Pero también es importante la disminución de la tasa
de masculinidad en las áreas migracionales, lo que imposibilita la formación de
nuevas familias por el desequilibrio de la sex-ratio y el envejecimiento de la
población rural.
Por lo que respecta a los núcleos urbanos, el aumento de la mano de
obra hace que los salarios bajen y comiencen a aparecer problemas
medioambientales y urbanos (especulación del suelo, problemas de tráfico, falta
de puestos escolares, etc.)
Otro fenómeno que se constata en los últimos años es que comunidades
que anteriormente han sido receptoras de emigración, hoy son origen de
emigrantes por el fenómeno del retorno.
6.2. LAS MIGRACIONES EXTERIORES.
La falta de recursos y el crecimiento acelerado de la población española
desde mediados del siglo XIX, propiciaron la emigración de españoles hacia
otros países.
Durante el siglo XIX Argelia y América Latina fueron los países de destino
preferentes. La mayoría de los emigrantes procedían de áreas rurales
deprimidas y con un exceso de población, como Galicia, Asturias y Canarias. La
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Guerra Civil supuso el fin de la emigración a América, aunque algunos países
latinoamericanos, como México, se convirtieron en tierra de acogida para
muchos exiliados españoles. Además de Sudamérica, tras la Guerra Civil, Francia
y en menor medida la URSS fueron el destino para más de 500.000 exiliados.
El Plan de Estabilización de 1959, junto con el incremento de la
población, la mecanización de las tareas agrícolas y la apertura de las fronteras
provocaron en la década de los 60 y 70 la salida de un millón de españoles hacia
la República Federal Alemana, Francia, Holanda, Suiza y Bélgica.
Los emigrantes eran, en su mayoría, varones solteros entre 25 y 40 años,
de escasa cualificación y que esperaban volver a su lugar de origen. Procedían,
sobre todo, de Galicia y Andalucía y algo menos de Castilla-León, Extremadura y
Valencia.
El movimiento migratorio a Europa tuvo importantes consecuencias
económicas para España: saneó la economía española gracias a la entrada de
divisas, equilibró, junto al turismo, la balanza de pagos y ofreció de cara al
exterior la imagen de un país sin paro. Sin embargo, las migraciones exteriores
tuvieron consecuencias negativas a nivel demográfico y social, ya que afectaron
de manera desigual a las diferentes regiones españolas, lo que ha contribuido a
acentuar los desequilibrios. Entre las consecuencias sociales, citar problemas
como el desarraigo, las penosas condiciones de vida de los emigrantes.
Tras la crisis de 1973, sobre todo en los años 80, se produjo un retorno
masivo de los emigrantes a nuestro país. Desde esa fecha hasta la actualidad el
saldo migratorio ha pasado de unas cifras negativas a arrojar un saldo positivo
porque España ha dejado de ser un país de emigración a ser un país de
inmigración, a pesar del paréntesis que se produjo con la crisis de 2008.
6.3. LA INMIGRACIÓN EN LA ESPAÑA ACTUAL.
En la actualidad nuestro país ha dejado de ser emisor de emigrantes para
convertirse en receptor de inmigración. Según datos del INE en 2022 había en
España más de 5.570.000 extranjeros. Sin embargo, desde 2010 hasta 2016 la
inmigración se frenó como consecuencia de la crisis económica, que provocó
que llegaran menos extranjeros y que muchos inmigrantes regresaran a su tierra
de origen. Motivo por el que también aumentó la emigración de españoles
(jóvenes cualificados= fuga de cerebros) a otros países.
Por lo que respecta a los orígenes de los inmigrantes, podemos distinguir
dos corrientes:
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● Inmigrantes procedentes de la Unión Europea o de países más
desarrollados de Europa, que son rentistas o jubilados y que se dirigen
hacia las áreas turísticas litorales. La otra corriente migratoria comunitaria
sería la de bajo poder adquisitivo (rumanos, búlgaros, etc.) que buscan
trabajo en el sector servicio o en la construcción, siempre en empleos
desechados por los nacionales o de baja cualificación.
● Inmigrantes extracomunitarios: normalmente personas jóvenes y que
realizan trabajos escasamente cualificados y que proceden de América
Latina o del África subsahariana.
Las consecuencias de la inmigración se materializan en diferentes planos:
▪ Demográficas: los inmigrantes atenúan el envejecimiento de la población
y contribuyen a una subida de la natalidad.
▪ Económicas: aumenta el número de cotizantes a la Seguridad Social,
asegurando con ello la viabilidad del Estado de Bienestar.
▪ Sociales: la imposibilidad de absorber toda la mano de obra propicia que
algunos inmigrantes se deslicen hacia actividades delictivas. Asimismo, el
miedo a la interculturalidad por parte de los sectores más extremistas de
la sociedad desemboca en episodios de xenofobia y racismo.
CONCLUSIÓN. PERSPECTIVAS DE FUTURO DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA.
El Instituto Nacional de Estadística, elabora, cada 2 años, las Proyecciones
de población que ofrecen una simulación de la población que residiría en
España para los próximos años. Ofrecen un horizonte proyectivo de 50 años
para el total nacional, y de 15 años para las Comunidades Autónomas y las
provincias. A partir de 2018, han incorporado una colección de Indicadores
demográficos básicos proyectados (natalidad, fecundidad, mortalidad,
indicadores migratorios y de crecimiento y estructura de la población residente
en el país) que resumen la evolución futura del comportamiento de los
fenómenos demográficos en España en el caso de que se mantuvieran las
tendencias demográficas actuales.
Los resultados de esta proyección reflejan un crecimiento de la
población, situándonos en casi 50 millones de habitantes para 2050, ello se
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debe, principalmente a un aumento de la fecundidad, situando el nº medio de
hijos por mujer en 1,4 para 2050 (actualmente está en 1.2). Este aumento se
basa en la convergencia en el largo plazo de la fecundidad de los países de
nuestro entorno cultural y económico. En cuanto a las migraciones, el INE
estima que las tasas de migración netas serán positivas en los próximos 30 años,
con una tendencia mayor en el corto plazo, pero con una disminución en el
largo plazo.
Para conseguir este aumento de la natalidad que paliaría los efectos
negativos del estancamiento demográfico que estamos sufriendo en la
actualidad, Alejandro Macarrón Larumbe, autor de los ensayos Suicidio
demográfico en Occidente y medio mundo y El suicidio demográfico de España
reclama campañas de concienciación social y políticas de apoyo a la natalidad,
como las desarrolladas en otros países europeos, como por ejemplo Francia,
desde hace 70 años.