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Levinas

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Teoría ética de Lévinas

Paula Gil Jiménez

Introducción

Soy totalmente solo; así, pues, el ser en mí, el hecho de que existo, mi existir, es lo que
constituye el elemento absolutamente intransitivo, algo sin intencionalidad ni relación. Todo
se puede intercambiar entre los seres, salvo el existir.1

Lévinas tomará una nueva dirección, abandonando, de este modo, el camino que había
tomado hasta el momento. Así, en un segundo período proclamará a la ética como la filosofía
primera, rechazando la prioridad que filósofos, le habían otorgado a la ontología. Este cambio
de postura fue la causa de que la filosofía levinasiana se haya convertido en algo fundamental
para todos aquellos que niegan la primacía de la ontología, es decir, para todos aquellos que
niegan que lo más importante es el ser y, por el contrario defienden la alteridad, la primacía
del otro; en resumen, para todos aquellos que sostienen que la ética es superior al saber.

Decir lo indecible

Para entender la obra de Lévinas hemos de conocer, en primer lugar, algunos sucesos
importantes que marcaron la vida de nuestro autor. Lévinas nació en 1905 en Kaunas
(Lituania) en el seno de una familia judía y burguesa. En 1914 se vieron obligados a emigrar a
causa de la Primera Guerra Mundial, instalándose en Karkhov (Ucrania) donde vivieron la
revolución bolchevique. Su experiencia de la vida se arraigó, por una parte, en la conciencia de
un pueblo que había padecido las barbaries nazis y se manifestó, por otra parte, dentro del
pensamiento francés, sin despreciar por eso la fenomenología alemana. En 1931, tras haber
conocido a Heidegger y Husserl, se nacionalizó francés, gracias a lo cual se salvó del trato que
recibieron otros judíos en el campo de concentración en Hannover, en el que fue recluido en
1940. Sin embargo, su familia que habitaba en Lituania no tuvo la misma suerte y fue
masacrada por los nazis. Por este hecho, Lévinas rompió la relación que mantenía con
Heidegger, por la cercanía de éste al nazismo. En estas experiencias hallaría la fórmula de una
nueva filosofía, la cual encumbraría a la persona, dejando en un segundo plano al "ser". Así,
durante los años 50, Lévinas comenzó a crear una filosofía altamente original, dejando a un
lado la ontología y preocupándose por la ética. Pero, ¿cuál fue el motivo por el que nuestro
autor decidió independizarse de su maestro e iniciarse en una nueva búsqueda? ¿Por qué puso
en duda la primacía de la ontología? En resumen, ¿por qué la ética como filosofía primera?
Estas son las cuestiones a las que intentaremos responder de un modo sistemático a
continuación.

El término filosofía desde Sócrates había adquirido, según Lévinas, un significado erróneo. Se
había identificado a la filosofía con el amor a la sabiduría. Occidente había creado una filosofía
preocupada por el ser (la esencia) y había ignorado al ente (al sujeto). Se había olvidado de la
diferencia, de los sentimientos. Sin embargo, nuestro autor, al igual que harían filósofos como
Heidegger y Nietzsche, advirtió que a causa de esta filosofía habíamos conseguido más
aspectos negativos que positivos, ya que nos había conducido a una sociedad en la cual lo más
importante era el ser, el ego cartesiano, el ensimismamiento; es decir, a consecuencia de esta
idea habíamos creado un mundo en el que habíamos olvidado factores imprescindibles de la
persona, como son las pasiones y los sentimientos, o aspectos básicos de carácter ético por los
que podemos hablar realmente de persona, como el decir "los buenos días".

Lévinas observó que la base de la violencia era el interés, ya que resulta imposible el poder
afirmarnos todos, por ello advirtió que este inter-és debíamos convertirlo en des-inter-és, es
decir, debíamos de ponernos en el lugar del otro sin esperar nada a cambio. Debíamos, por
consiguiente, surgir del ego cartesiano y ver más allá de nosotros mismos; aceptar que somos,
tal y como señalaba Aristóteles en su Política, animales cívicos; aceptar que a mi lado se
encuentra el Otro, gracias al cual soy yo quien soy.

Con esto, Lévinas subrayaba la idea de alteridad, rechazando de este modo lo anunciado por la
ontología. Ésta se caracterizaba por reducir a lo Mismo todo lo que se oponía a ella como Otro.
El conocimiento representaba, así, una estrategia de apropiación, de dominación. Por el
contrario, el filósofo de Kaunas, inspirándose en la tradición hebrea, buscó otro modo de
pensar esta relación, ya que, como él señalaba, no somos tan sólo hijos de los griegos sino
también de la Biblia. La filosofía occidental había mirado hasta el momento únicamente a
Grecia, olvidándose de Jerusalén.

Tras este olvido, Lévinas propondrá pensar de nuevo la filosofía entendiendo a ésta no ya
como amor a la sabiduría, sino a la inversa, como la sabiduría que nace del amor. Pues lo que
define al ser humano no es el ser, tampoco el interés, sino el desinterés. Por ello, hemos de
tomar distancia del cogito, del sistema y de lo lógico, pues estos tres términos son los que
habían caracterizado al pensamiento occidental hasta el momento, y crear una filosofía de la
diferencia ya que lo importante no es el ser, lo concreto, sino la diferencia.

Es por esto por lo que debemos preocuparnos por el otro y no verlo como alguien enfrentado
ya que, al fin y al cabo, hay yo porque hay responsabilidad, pues el yo es el resultado de que
alguien nos haya cuidado. Y gracias a esto podemos sentirnos insustituibles, porque detrás de
mí hay otros que no son yo. Fue así como Lévinas propuso un humanismo del otro hombre, del
hombre que se responsabiliza y responde totalmente por el otro: Desde el momento en que el
otro me mira, yo soy responsable de él sin ni siquiera tener que tomar responsabilidades en
relación con él; su responsabilidad me incumbe. Es una responsabilidad que va más allá de lo
que yo hago.

Así pasamos, con Lévinas, de un yo cerrado (ego cartesiano) a un yo abierto, ya que la filosofía
a partir de ahora no empezará en el yo, sino en el Otro. Pues, ¿cuándo soy yo? Cuando otro me
nombra, si nadie nos nombra no somos nada. Podemos sustituir, de esta manera el "pienso,
luego soy", que enunciaba Descartes, por "soy amado, soy nombrado, luego soy".

Pero, ¿quién es el Otro? El Otro no es otro con una alteridad relativa como, en una
comparación, las especies, aunque sean últimas, se excluyen recíprocamente, pero se sitúan
en la comunidad de un género, se excluyen por su definición, pero se acercan recíprocamente
por esta exclusión a través de la comunidad de su género. La alteridad del Otro no depende de
una cualidad que lo distinguiría del yo, porque una distinción de esta naturaleza implicaría
precisamente entre nosotros esta comunidad de género que anula ya la alteridad.

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