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ESTUDIOS

EL CRISTIANISMO APUREÑO

por Argenis Méndez Echenique (*)

El propósito fundamental de este estudio es escudriñar un poco en el comporta-


miento religioso del hombre apureño, buscando explicación a hechos y situaciones
que se consideran fuera de lo común en la cada vez más secularizada sociedad venezola-
na de hoy, pero que conforman la idiosincrasia de este habitante del Llano y lo lleva a
constituir una agrupación de corte místico para satisfacer sus necesidades espirituales,
dando así origen a la IGLESIA EVANGELICA NATIVA DE APURE.

Este tipo de tarea no es fácil, como lo señalan antropólogos especializados, ya que


«el hombre es dueño de su destino, pero no en forma incondicional, sino dentro de un
marco determinado, constituido a la vez por circunstancias históricas y factores indivi-
duales ... » (Bernal, 1979:49). Esto ha llevado al autor del presente trabajo a pensar que
para hacer inteligible este proceso, aun cuando la religión trasciende más allá de los
hechos pasados, que hay que historiar un poco el devenir del fenómeno numinoso de
este pueblo, desde los lejanos tÍempos animistas prehispánico hasta la palpitante actua-
lidad monoteísta de hoy, pasando, por supuesto, por las diferentes etapas evolutivas de
la religi~sidad hispanoamericana y sus múltiples vinculaciones con el mágico mundo
africano trasladado a América en la sentina de los barcos negreros y con las concepcio-
nes evangélicas protestantes del mundo anglosajón, pero manejando siempre el criterio
cristocéntrico de un «Dios Vivo», que contribuye a fortalecer la identidad regional de
los creyentes.

Según los estudios antropológicos hechos hasta el presente (Tylor, Durkhein,


Frazer, Codrington, Malinowski, Lowie, Herkovits, Eliade, etc.), la religión siempre
ha estado presente en la mente del hombre. Cuando éste comenzó a tener conciencia
de sí mismo y su entorno, comenzaron también sus preguntas sobre su origen y el de
las cosas de su cosmo. Esto es considerado como un fenómeno universal, observado en
todas las épocas y en todos los lugares del planeta, por lo que el filósofo romano Mar-
co Tulio Cicerón (106-43 a.e) llegó a expresar que «no hay un grupo humano que no
tenga al menos un sentimiento de la divinidad»; esta misma opinión la reseña un
antropólogo contemporáneo: «No existen pueblos, por primitivos que sean, que carez-
can de religión o magia... En toda comunidad primitiva, estudiada por observadores

(•) Socio correspondiente de la Academia Nacional de la Historia, en el Estado Apure.


8 BOLETIN DE LA ACADEMIA NAOONAL DE LA HISTORIA

competentes y dignos de confianza, han sido encontrados dos campos claramente


distinguibles, el SAGRADO y el PROFANO; dicho de otro modo, el dominio de la
MAGIA y la RELIGION, y el dominio de la CIENCIA (MALINOWSKI, 1974:7), lo
que ha llevado a considerar que el «Horno Sapiens» de los científicos se puede identifi-
car también como «Horno Religiosus».

Pero lo que genéricamente se ha dominado RELIGION es un conjunto de expe-


riencias individuales y sociales que tiene pocos puntos en común, lo que dificulta su
estudio, y algunos han llegado a considerarla un producto de las «preocupaciones hu-
manas esenciales», que identifican con cualquier reacción del hombre ante lo que indi-
vidualmente considera que le afecta psicológicamente con mayor intensidad y ordena
místicamente su vida. Sin embargo, el filósofo romano Lucrecio llegó a juzgar que la
religión era un producto de la ignorancia humana, criterio que luego han adoptado otros
estudiosos modernos: Ludwig Feuerbach (1804-1872) expresó que «solamente cuando
el agua de las lágrimas del corazón humano se evapora hasta el cielo de la fantasía, da
origen a la formación nebulosa del ser divino», Carlos Marx (1818-1883), desde su drás-
tica posición materialista del hecho cultural, dijo que la religión era «el opio de los
pueblos», y Sigmund Freud (1856-1939), con su teoría psicoanalítico, le dio su explica-
ción como un fenómeno producto de frustraciones edípicas del ser humano. Todas es-
tas posiciones han contribuido al paulatino empobrecimiento del sentimiento religioso
del hombre de hoy, que ha secularizado cada día más su comportamiento, hasta el ex-
tremo de llegar a plantear «la muerte de Dios».

Los cimientos antropológicos de los estudios sobre la religión fueron echados por
el inglés Edward B. Tylor (1832-1917), quien estableció una escala ascendente en cuan-
to a las creencias de las sociedades, que generalmente ha sido aceptada: animismo-poli-
teísmo-monoteísmo. Si tomamos este esquema, puede decirse en este sentido, que en el
caso americano la sociedad ha evolucionado como señala Tylor, si consideramos que
las dos primeras etapas estuvieron presentes en la época prehistórica. La etapa monoteísta
se iniciaría con la evangelización española, «hermanando la espada con la cruz» puesto
que la apologético de aquel recomendaba que «había que reducir, de grado o por fuer-
za, a los paganos a la verdadera fe» {VALLEJO TOBON, 1991:59), adoptándose el sis-
tema de la «tábula rasa»: «Junto con las creencias y ritos de los indígenas se debía hacer
desaparecer, al menos en teoría de los teólogos, toda la inmundicia de su cultura en la
que se encarnaba la infidelidad» ([Link]: 59); además, la evangelización fue concebida
también como un objetivo político por la Corona Española, como lo dejó establecida
en su testamento Isabel La Católica:

Quando nos fue cedido por la Santa Sede Apostólica, las Yslas y Tierra-Fir-
me del Mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal inten-
ción que al ·mismo tiempo que le suplicamos al Papa Alejandro Sexto de
buena memoria que nos hizo la dicha concessión, de procurar inducir, y traer
los pueblos dellas, y los convertir a nuestra Santa Fe Católica, y enviar a di-
chas Islas y Tierra-Firme, Prelados y Religiosos, Clérigos y otras personas
doctas temerosas de Dios para instruir a los vecinos y moradores dellas a la
Fe Católica y los doctrinar y enseñar buenas costumbres, y poner en ello la
ESTUDIOS 9

diligencia de vida, según más largamente en las letras de la dicha concessión


se contiene. (RECOPILACION DE LAS LEYES DE INDIAS. Libro VI.
Título X. «Del Buen Tratamiento a los Indios»).

El éxito logrado en estas campañas evangelizadoras fue n:otable, tanto que aún hoy,
varios siglos después, el catolicismo está vigente plenamente en estos pueblos, y puede
considerarse esta región del mundo como uno, de los principales bastiones del cristia-
nismo apostólico y romano.

Lodares (1929:6-7) dice que Venezuela fue, pese a su manifiesta pobreza, una de
las regiones más favorecidas por las misiones, puesto que para 1817 llegaron a ocupar
todo el territorio, fundando más de trescientas poblaciones, y en Apure, según Perera
(1944:11) se habían constituido dos vicariatos foráneos en 1811: San Fernando y San
Miguel de Caicara (Mantecal). Según el mismo Lodares, para fines del siglo XVIlI en
Venezuela existían nueve Prefecturas de Misiones, estando los LLANOS DE CARA-
CAS, entre las que se contaban San Carlos de Austria, San Felipe, Calabozo y San Fer-
nando de Apure. Pero también da referencias sobre la actuación de otros misioneros
(agustinos, jesuitas y dominicos) en la misma región llanera. Se conocen muchas opi-
niones favorables a la labor de los misioneros, como la de Lino Duarte Level (1995:137):
«... sobre la tumba de los Capuchinos Venezuela está obligaba a depositar coronas de
agradecimiento. Esos frailes salvaron la integridad de la patria. En nuestra cuestión de
límites con la Guayana inglesa, el único argumento sólido e incontestable que pudimos
presentar para justificar nuestro derecho sobre Guayana fue la obra que allí hicieron
los Misioneros. A ello les debemos no haberlo perdido todo. Hasta donde llegaron los
religiosos en su misión evangélica, puede decirse que llegaron nuestras fronteras. Al plan-
tar la ~ruz fijaron los linderos de Venezuela». Pero no hay que olvidar que en el plano
personal del indígena existen dudas sobre su auténtica conversión, pues «se enseñó al
indio a temer a Dios, no a amar a Dios», «se pensó más en salvar almas para la otra
vida que en formar hombres para ésta», como expresa el mismo Duarte Level (1995:133),
porque «el espíritu sólo se levanta cuando el hombre se siente dueño y señor de algo.
Es entonces cuando se crean las fuerzas productoras, únicas que hacen marchar a la
humanidad, así en lo moral como en lo material». Y en el caso de Apure, donde la
evangelización sufrió diversos tropiezos, generados por obstáculos ambientales, enfer-
medades endémicas, escasez y dispersión de la población y hostilidad de los indígenas,
ésta no va a tener tiempo de consolidarse suficientemente, puesto que la ocupación
permanente del territorio (una vasta extensión de 76.500 Kms~ por los europeos, en su
mayor parte misioneros religiosos y algunos terratenientes, se va a dar muy lenta y
tardíamente (a partir de 1770); luego de la cruenta Guerra de Independencia (1810-1825)
estos pueblos van a quedar a la deriva en todos los sentidos, por cuanto la mayoría de
los sacerdotes eran partidarios del rey y habían abandonado la región. Este abandono
va a infl~ir en la actitud religiosa de los habitantes de Apure, puesto que, como expresa
Hersko.,its (1976:396), «la religión, como todos los demás aspectos de la vida, es un
elemento activo de la cultura», y para que se cumpla tal cometido tiene que estar siem-
pre el creyente en contacto con sus semejantes y sus tradiciones, conformando así su
10 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

conciencia social y religiosa; porque sino, al transcurrir el tiempo e intervenir otros


factores culturales, la concepción mística puede alterarse, perdiendo su forma de expre-
sión primitiva.

Puede decirse que esa era la situación en que quedó Apure después que Venezuela
se independiza de España, ya que en el Congreso Grancolombiano de 1924 se aprobó
una ley de Patronato Eclesiástico considerada lesiva a la Iglesia Católica, por lo que du-
rante todo el resto del siglo XIX y más de la mitad del presente se presentaron situacio-
nes conflictivas entre los representantes del Estado Venezolano surgido en 1830 (que he-
redó el Patronato mencionado) y las autoridades eclesiásticas. Hacia 1845 el panorama
que plasma en un informe uno de los sacerdotes traídos por el general José Antonio Páez
para reactivar las misiones en Venezuela (el Padre Esteban de Adoain) es desolador:

En la actualidad no hay más que una iglesia en pie, que es la de San Fernan-
do, por haberlas dejado arruinar después que dichos misioneros faltaron ...
La provincia se divide en cuatro cantones, que son Achaguas, San Fernando,
Manteca! y Guasdualito. En lo eclesiástico, el último pertenece al Obispado
de Mérida y los demás al de Caracas ... Desde que faltaron los Misioneros, se
fueron los habitantes para los retiros, llevando cada padre de familia sus hi-
jos e hijas por no estar seguros en la población por mucha corrupción que
dejó la guerra; después ha seguido y sigue la misma libertad. Se hallan mu-
chos que desde esta época no han pisado lo que se llama pueblo, porque di-
cen, «no habiendo padre (que así llaman a todo sacerdote), ¿para que hemos
de ir al pueblo? Estamos mejor en el desierto». (LODARES, 1929:352-353).

El proyecto paecista fracasó al poco tiempo y la situación religiosa del país cada
vez fue más caótica, aun cuando los opositores al caudillo llanero acusaban a los con-
servadores de ser el «Partido del Clero». La actuación de los Monagas tampoco va a ser
muy coherente en materia religiosa, ya que en ocasiones iban desde posiciones bastante
radicales hasta otras sumamente reaccionarias (Watters, 1951:145-146), pero nunca este
aspecto fue considerado como materia principal.

Para 1862, en plena Guerra Federal, bajo la Dictadura del general Páez, se abrie-
ron posibilidades para establecer un Concordato con el Vaticano, pero las nuevas auto-
ridades que tomaron las riendas del poder en 1864 no lo aprobaron, por considerar
que colidían algunos aspectos doctrinarios liberales establecidos en la nueva Constitu-
ción Nacional, principalmente el que trata la libertad de cultos (González Oropeza,
1988:107-112). Luego, bajo el régimen guzmancista, la situación fue peor, ya que « ... du-
rante el septenio, la Iglesia venezolana sufrió la mayor persecución de su historia», de-
bido a que «al llegar al poder dictatorial por méritos de guerra, se encontró con unos
eclesiásticos que no podían ser los dóciles servidores y constantes tributarios de alaban-
zas, como Guzmán los hubiese querido» ([Link].: 115).

Este vacío institucional también crea un vacío espiritual en el venezolano. Esta


circunstancia determinó el surgimiento de organizaciones místicas o de corte filosófi-
co. En Apure existe evidencia documental de una «Sociedad Joven Achaguas», creada
ESTUDIOS 11

hacia 1856, basada en principios liberal-masónicos, donde aparecen afiliados representan-


tes del grupo terrateniente regional, que más tarde van a ocupar puestos descollantes den-
tro del Ejército Federal en Apure. Luego del triunfo federalista, ya establecida la capital
en San Fernando, es fundada la Logia Masónica «candor 27» (1866) por personeros el Eje-
cutivo Regional (Presidente del Estado y Asamblea Legislativa, respectivamente constru-
yendo su templo frente a la Plaza Bolívar y diagonal a la Iglesia Parroquial. La Iglesia
Católica, la única presente para la época, estuvo reducida prácticamente a San Fernando
de Apure, quedando adscrita eclesiásticamente a la Diócesis de Calabozo hasta 1954, año
en que se creó la Prelatura Nullius y luego la Diócesis apureña (1972).

A principios del siglo XX (1910) es creada en San Fernando una Sociedad Teosófica,
a semejanza de las fundadas en Nueva York (1875) y en Caracas (1909), que tiene entre
sus objetivos «Fomentar el estudio comparativo de las religiones, literaturas y ciencias
de los ARIOS y de otros pueblos de ORIENTE» (EL SENDERO, 28/06/1910:1), que
da idea de las búsquedas de nuevos horizontes místicos en la región (aquí aparecen
afiliados destacados profesionales e intelectuales regionales: Dr. P.V. López Fontainez,
José de la Paz Suárez, Luis Lleras Codazzi, etc.). Hacia 1920, dentro de esta misma onda
de inquietudes, es creado un Centro Espiritista en San Fernando, que no va a seguir las
orientaciones del francés Allan Kardec sino las innovaciones de Joaquín Trincado,
pero su tesis sigue siendo la comunicación de los seres vivos con los «espíritus» de los
difuntos; a este centro va a afiliarse también personas de reconocida honorabilidad y de
alto grado de intelectualidad, que están desorientados en sus principios religioso (como
es el caso del poeta Andrés Eloy Blanco, que para la fecha residía en San Fernando de
Apure). La crisis religiosa, a nivel regional, es tal que algunas personas se fanatizan con
creencias exóticas que llegan hasta crucificar a uno de sus adeptos, en la plena convic-
ción de que así se realizaría una nueva remisión del hombre, hijo de Dios.

Volviendo al plano nacional y tomando la hipótesis del Padre Hermann Gonzá-


lez Oropeza ([Link]: 128) durante el siglo XX «el gobierno y los eclesiásticos empeza-
ron a transitar el camino de arreglos y concesiones mutuas, que fueron abriendo paso a
un progresivo desuso de la Ley de Patronato, a arrumbar (sic) poco a poco los prejui-
cios anteclericales y a reconocer en la Iglesia una fuerza, con que había que contar, en
la construcción del país». Por la que una de las medidas que se adopta es la restauración
de las Misiones Religiosas, y se observa que son traídos desde Colombia, en 1931, algu-
nos sacerdotes Dominicos, quienes son ubicados en el Alto Apure:

El 27 de noviembre salen de San Cristóbal los Padres Fr. JUAN DE JESUS


ROJAS y Fr. JUAN JOSE DIAZ PLATA, y los hermanos Fr. JUAN
NEPOMUCENO HERRERA y Fr. PIO QUINTO TORRES, y el 8 de
dic;iembre en Guasdualito, con la celebración del Augusto Sacrificio de la
Redención, declaran reanudada la empresa que de siglos es suya. Durante 21
años hacen honor a sus antepasados, trabajando heroicamente, desde el Arauca
hasta el Orinoco, desde los centros misioneros de Guasdualito, El Amparo,
Palmarito y Elorza. El 7 de enero de 1952, desplazados de China llegan (al
12 BOLETIN DE LA ACADEMIA NAOONAL DE LA IBSTORIA

Apure) los Dominicos españoles a reemplazar a los Dominicos colombianos


que se despiden con dolor de aquellas tan queridas comarcas. (ARIZA S.,
1971:47).

Esta información coincide con otras fuentes, que señalan que «para el año de 1948
había en Apure apenas cinco sacerdotes para atender todo el Estado» (MENDEZ
ECHENIQUE, 1995:188), siendo famosas las peripecias del Padre Guillermo García
en sus correrías evangelizadoras por el Bajo Apure.

Todo lo reseñado hasta aquí da idea de la poca asistencia religiosa a la región


apureña en ese largo siglo transcurrido desde la elaboración del Informe del Padre
Adoain, que hace decir en 1959 a una autoridad eclesiástica que en Apure «existe una
mentalidad semipagana con cierto ropaje de cristianismo, que gastan mucho del apara-
to externo en las solemnidades religiosas, pero carentes las más de las veces, de verdade-
ro espíritu de piedad». (MENDEZ ECHENIQUE: ob. cit., 188).

Aun cuando algunos clérigos católicos actuales expresan que «la historia para no-
sotros es un acontecimiento «nunc fluens» y lo que pasó, pasó» (VALLEJO TOBON
1991:71), el ligero recorrido realizado por la historia del proceso evolutivo del cristia-
nismo en América, muy especialmente en Venezuela y Apure, permite exponer la si-
guiente tesis: la poca asistencia prestada por la Iglesia Católica a sus fieles habitantes de
estos lares, durante la mayor parte del tiempo que viene desde la época de la Indepen-
dencia, hizo que el pueblo llano y de menores recursos (obreros, campesinos y margi-
nados) fuese conformando una religiosidad cristiana muy particular, puesto que allí,
abandonado a la buena de Dios, en estas capas sociales desasistidas se han ido defor-
mando los principios de la Iglesia, cayéndose muchas veces en la superstición y el
sincretismo. Por diferentes causas (políticas, generalmente), la atención de las autorida-
des eclesiásticas ha estado centrada en atender las necesidades (reales o supuestas) de
quienes conforman el sector oficial de turno y los círculos sociales más elevados, por lo
que las clases populares han llegado a identificar la Iglesia Católica con la «Iglesia de los
ricos»; allí en esa Iglesia, llena de pompa y oropeles, no tendría cabida «el pobre hom-
bre de Galilea». Así no debe extrañar que esta falta de atención al rebaño católico es la
que ha permitido la aceptación de la evangelización de las iglesias protestantes por par-
te de las masas rurales y los depauperados obreros citadinos, que son los más «dejados
de la mano de Dios». La crisis de valores morales y religiosos, contraria a todo princi-
pio de decencia, honestidad y justicia social, característico de las sociedades industria-
lizadas modernas, también se ha reflejado en estos pueblos y ha contribuido al desarrai-
go de los principios espirituales cristianos, perdiéndose la orientación de la vida. Se hace
necesario reconstruir al hombre y a la sociedad, pero sin salirse de los postulados reli-
giosos tradicionales o cristianos, por ello si los de la Iglesia Católica no están disponi-
bles se recurre a Jos de las Iglesias Protestantes. Total, es el mismo Cristo, el mismo
Dios. Con la vencaj'a de que el ..creyence evangélico.,., al dejar los ambientes •munda-
nos» logra me[~r sus condiciones_ de vida, por su seria dedicación a fa familia, al trabajo
Y a 1a superac10n personal (sobriedad, frugalidad y dedicación al estudio), acorde con
ESTUDIOS 13

los principios cristianos y con los nuevos tiempos de crisis que hay que afrontar hoy
día. Es la panacea de los nuevos tiempos.

Según el te6logo Natanael Macla {Entrevista 23-01-97}, al movimiento evangélico


en Hispanoamérica habría que buscarle sus raíces en los mismos tiempos de la conquis-
ta europea, con la actuaci6n de los alemanes enviados a Venezuela por los Welsares,
entre 1528 y 1552, quienes supuestamente divulgaron los postulados sostenidos por
Lutero. Esto habría determinado que las autoridades reales y eclesiásticas, para balan-
cear el ambiente religioso, decidieron la elecci6n del Obispado de Coro. Pero, habría
que preguntarse: ¿Qué hada la Santa Inquisici6n, tan celosa de sus prerrogativas?

Lo cierto es que hasta el siglo XIX, cuando comienza la emancipaci6n de las anti-
guas colonias españolas, no va a penetrar con mayor fuerza la evangelizaci6n protes-
tante, cuando se quieren ejecutar los revolucionarios proyectos de Educaci6n Popular,
que tomaban como modelo el Método Lancasteriano, cuyo texto básico de lectura era
la Biblia en lengua vernácula; «.. .la influencia cultural, el impacto más ampliamente
sociol6gico, ha sido por la educaci6n diaria en las escuelas, desde el nivel elemental hasta
el bachillerato. No ha habido universidades protestantes propiamente dichas, si bien
algunos de los seminarios se han colocado académicamente a ese nivel, aunque el currí-
culo no coincida del todo». (Báez-Camargo, 1979:48).

De acuerdo con la informaci6n aportada por varios autores {Macía, Báez, Vaughan)
el gran alfabetizador del Hisp:moamérica ha sido el protestantismo, apoyado en las «So-
ciedades Bíblicas». Se hace referencia a Diego Thomson «que desde Argentina hasta
Méxicc;,, recorri6 la América hispanoindia como representante no s6lo de la Sociedad
Bíblica Británica y Extranjera sino de la Sociedad Lancasteriana, estableciendo escuelas
elementales en las que la Biblia era el principal libro de texto» (Báez-Camargo: [Link]).
Según ellos, «fueron las escuelas protestantes las primeras en introducir los Jardines de
Niños, la educaci6n física (principalmente por medio de los deportes) y hasta innova-
ciones muy apreciables en sus primeros tiempos como la hora de recreo en el horario
escolar... En todo el continente iberoamericano, los colegios protestantes llevaron por
mucho tiempo, y algunos llevan todavía, la vanguardia del progreso en materia educa-
tiva. Bastaría citar entre los más prestigioso, a manera de muestras, el Instituto Ward
de Buenos Aires, el Crandon de Montevideo, el Internacional de Asunci6n (Paraguay),
el Mackenzie de Sao Paulo (Brasil), el Instituto Inglés de Santiago de Chile, el An-
gloperuano de Lima, el Americano de Bogotá, el Bautista de Managua, los Institutos
Metodistas de Puebla (México), y en este mismo país los Presbiterianos de San Angel y
Coyoacán (Distrito Federal), el «Sara L. Keen» {Ciudad de México), el Inglés de San
Potosí, el Morelos de Aguascalientes, el Roberts de Saltillo y el Palmare de Chihuahua.
Aunque algunas de estas instituciones, por presiones del medio social, acabaron secula-
rizándose, formando en general un tipo humano de espíritu amplio, progresista y de
principio morales superiores» (Báez-Camargo: [Link]). En el caso de la Gran Colombia
(Venezuela y Nueva Granada) se hace referencia al interés de Sim6n Bolívar, el Liber-
tador, por implantar el sistema Lancasteriano en la educaci6n popular, que lleg6 hasta
14 BOLETIN DE LA ACADEMIA NAOONAL DE LA HISTORIA

invitar al propio José Lancaster para que se instalase en Caracas, donde éste permane-
ci6 de 1824 a 1827. En relaci6n a la presencia de Lancaster en Caracas se aprovecha
para asegurar que Bolívar, con motivo de presenciar el matrimonio del educador inglés
con su compatriota viuda Mary Robinson, debi6 convertirse en Pastor Cuáquero
(Macía: Entrevista 23-01-97). Esta aseveraci6n es un poco aventurada, puesto que, aun
cuando el Libertador respetaba la libertad de cultos, a nivel personal no era partidario
de cambiar a cada momento de camisa ideol6gica o religiosa. U na explicaci6n bastante
precisa del caso la da el historiador norteamericano Edgar Vaughan (1989: 11, 92-97).
Según las leyes británicas, los c6nsules gozaban de autoridad para casar a los súbditos
de su Majestad cuando los curas de la localidad no quisieran hacerlo. Pero el problema
era que Lancaster no consentiría, ni podía ser casado por un cura, y tampoco lo quería
hacer en presencia del C6nsul (Sir Roben Ker Poner) debido a una agria disputa que
habría mantenido con éste, «... aunque la parte esencial del casamiento cons~ar s6lo
fuera el intercambio de declaraciones delante de testigos, como en realidad lo era, en
todas las ceremonias matrimoniales». La salida que le quedaba era acogerse a la Ley
Matrimonial Británica de 1823,' que permitía a los cuáqueros o judíos casarse de acuer-
do con sus propias ceremonias («La ceremonia cuáquera era sencilla, consistía en una
declaraci6n hecha por cada uno de los c6nyuges, de que se tomaban el uno y el otro
por esposos. Las declaraciones eran hechas ante la presencia de una asamblea de cuá-
queros, después que se hicieran las debidas participaciones y fueran examinados los an-
tecedentes de cada integrante de la pareja... Dos testigos se requerían para firmar el re-
gistro». Pero en Caracas no existía para esa época ninguna congregaci6n cuáquera y, lo
más importante: ni Lancaster ni su futura esposa eran cuáqueros. Ante esta situaci6n,
Lancaster lleg6 a la conclusi6n que su matrimonio podía ser presenciado por un fun-
cionario investido de autoridad judicial y administrativa. Por su accesibilidad a Bolívar,
le plante6 a éste su problema, quien accedi6 a presenciarlo: «Bolívar, que no era admi-
rador de la superstici6n, consisti6 en asistir y legalizar el contrato matrimonial» -afir-
m6 más tarde Lancaster y formularía ampliado en una relaci6n de 1828: «habiéndose
concedido Bolívar, como Presidente de la República de Colombia, que, como súbdito
inglés había traído yo el derecho a casarme a la usanza de mi propio país, convino en
estar presente en nuestra boda, como testigo».

La actitud liberal y condescendiente de Bolívar no era compartida por otras auto-


ridades ni por todos los círculos sociales colombianos, puesto el historiador José Ma-
nuel Groot, contemporáneo de tales acontecimientos, señala: «No hablemos ya de las
logias. Fijémonos únicamente en el negocio de la Sociedad Bíblica establecida por una
comisi6n protestante, de acuerdo con el gobierno y bajo su protecci6n, siendo todo el
ministerio el núcleo de tal Sociedad, y su Presidente, el primer secretario de Estado»,
según cita L6pez (1975:138). Luego, ya separada Venezuela de la Gran Colombia, el
Arzobispo de Caracas, Ram6n Ignacio Méndez, en 1831, la plantea al general José An-
tonio Páez que «el Movimiento Bíblico Protestante es una perversi6n del pueblo, un
amortiguamiento de sus sentimientos religiosos, un adormecimiento de las conciencias,
vías seguras hacia el indiferentismo, la impiedad y la religi6n» (Ocanto Yamarte,
ESTUDIOS 15

1975:51), hasta llegar a señalar que acabar con el protestantismo era una obra apostóli-
ca. Sin embargo, el general Páez le respondió en 1834 decretando la Libertad de Cul-
tos. Lo cierto es que la actuación de los evangélicos protestantes no fue muy exitosa en
estos primeros tiempos, puesto que Vaughan (1989: II, 224-225) reseña el último es-
fuerzo que hizo la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera en la cuarta década del siglo
XIX, cuando envió al Revdo. James Thomson a Las Antillas, quien se radicó en Jamai-
ca, de 1832 a 1835, teniendo como objetivo introducir los estudios bíblicos en las es-
cuelas públicas de los nuevos paises hispanoamericanos, pero fracasó en su labor «debi-
do a la pobreza prevalente y a la oposición de los curas» el sucesor de Thomson, Joseph
Eheeler, que visitó a Venezuela en 1837, tampoco logró mejores resultados, e igual su-
cedió en todo el ámbito regional caribeño de habla española. El espíritu misionero de
los protestantes se vino a revivir a fines de ese mismo XIX y desde entonces estas igle-
sia han mantenido una actividad muy firme y permanente de penetración, hasta el ex-
tremo de ser considerado en las tres últimas décadas del siglo II «como la principal fuerza
que disputa el dominio de la fe a la iglesia católica en la región latinoamericana (Lewell,
1991: 6). Muchas de las nuevas agrupaciones religiosas tuvieron su origen en los Esta-
dos Unidos y muy pronto comenzaron a extenderse a otros países, principalmente de
Suramérica. «El éxito de estos grupos se basa en la intensidad de trabajo de sus promo-
tores, los inmensos recursos financieros de que disponen y los modernos medios de
comunicación que utilizan para propagar sus doctrinas, entre los que destacan la televi-
sión y la radio, sin dejar de lado la penetración a través de los impresos, junto a un
trabajo denominado de 'puerta en puerta'». ([Link]., 6-7).

Según los cálculos, «a principio de este siglo, más de 50 mil personas eran segui-
doras de sectas o grupos religiosos no católicos en América Latina. Actualmente la gen-
te que sigue a estas agrupaciones supera los 30 millones», según declaraciones del Car-
denal Francis Arinze, en Ciudad del Vaticano, en abril de 1991. Ante esta situación, no
debe extrañar a nadie el progreso de estas iglesias en el medio venezolano, pues no es
un fenómeno aislado.

Según el historiador Pedro Nicolás Tablante Garrido, en un artículo titulado


«Centenario Evangélico Venezolano, 1978-1979», citado por Jacinto Ayerra (1980:12- ·
13), la obra «evangelizadora» se inició en Venezuela de una manera firme y sostenida
en el año 1878, cuando un pastor metodista norteamericano fundó la Iglesia «El Mesías»,
en, Caracas. Esta iglesia se unió a una presbiteriana en 1895-1896; es considerada la úni-:,
ca iglesia metodista fundada en Venezuela. Sin embargo, A yerra señala que otras fuen-
tes indican como primeros misioneros presbiterianos al Dr. Teodoro Pond y señora,
en 1897, quienes fundaron la Iglesia «El Redentor», en Caracas, el 14 de enero de 1890
(1980:13). El {Ilismo Ayerra señala que en Venezuela actuaron, entre 1884 y 1899, los
«Herm~os de Plymouth», llamados también «Asambleas que se reúnen en el nombre
del Señor», quienes aprovechan ventajosamente sus vinculaciones laborales con el fe-
rrocarril Caracas-La Guaira, siendo sus principales abanderados el español Carlos Silva
y el inglés Carlos Brigth (este último vino como misionero a esta iglesia).
16 BOLETIN DE LA ACADEMIA NAOONAL DE LA ffiSTORIA

En 1892, según informaciones de Ayerra, se intentó establecer una congregación


luterana en Caracas. Y en 1893, por acuerdo de sus fieles, llegó desde Berlín, el pastor
Ramón de Beelitz, quien realizó sus primeros oficios religiosos en Caracas el día 1° de
enero de 1894. Le sucedió el pastor Schneider, hasta el 14 de diciembre de 1902, fecha
en que murió de fiebre amarilla. Su sucesor, el pastor Heinrich Voigt, permaneció en
Caracas desde 1904 hasta 1911, en que lo sustituyó el pastor Reinferanth. Como se
observa, todos extranjeros y sin mayores vínculos con el país, por lo que no debe ex-
trañar su poco éxito.

Según Ayerra en 1897 llegó a Caracas el primero misionero de la Alianza Cristia-


na Misionera, de los Estados Unidos, el Reverendo Gerardo A. Bailly, pero el teólogo
Natanael Macía Piñero, en escrito sobre don Arístides Diaz Olivo (Mensajero de la
Unidad, 1995:7), señala que este misionero fundó la Misión Alianza Cristiana y Misio-
neros de Venezuela en 1895, la cual inició la evangelización del llano apureñp.

En 1899 vino el londinense David Finstrom, de la Misión Evangélica del Sur, es-
tableciéndose en la ciudad aragüeña de La Victoria, que en 1920 se incorporó a la Mi-
sión Libre de América, recién creada.

En 1906 se comenzó la evangelización del occidente del país, cuando llegaron a


Maracaibo los pastores Thomas Bach y Juan Christiansen de la Alianza Escandinava.

En 1914 llegó a Venezuela el misionero Van Eddipgs, que se estableció en la isla


de Margarita, y fundó en 1920 la Misión Río Orinoco, extendiendo su obra por los
estados orientales. En 1924 un grupo Bautista comenzó a trabajar en El Callao, Estado
Bolívar. En 1942 comenzaron sus actividades en Venezuela los Bautistas del Sur de los
Estados Unidos. Los del Norte la habían hecho en 1926, por Carúpano.

Junto a la labor evangelizadora de los misioneros protestantes se reseña el trabajo


proselitista de los Colportores (vendedores ambulantes de Biblias). Ayerra, nuestra prin-
cipal fuente sobre este punto, señala.: «En 1825 unos colportores visitaron el país y en
1854 estuvo en Venezuela Ramón Lalvatge. En 1886 llegó de visita a Caracas un famo-
so colportor que recorrió toda la América Latina: Francisco Penzotti. En 1887 la So-
ciedad Bíblica Americana puso un representante permanente en Caracas; en 1942 am-
bas Sociedades se unieron» (Ob. cit, 13-14). En el caso específico de Apure no se puede
pasar por alto el papel que jugó el colportor Diego Martínez a principios de siglo, puesto
que al dejar sus biblias en manos de un pequeño comerciante de San Fernando (Víctor
Rojas) pudo don Arístides Diaz «conocer la voz de Dios» y convertirse en uno de los
principales propagadores de la fe cristiana evangélica. Obra suya fue la creación y for-
talecimiento de la llamada IGLESIA EVANGELICA NATIVA DE APURE.

Al hablar de la historia de la Iglesia Nativa hay que hacer referencia obligada al


movimiento evangélico fundador en Apure, puesto que de allí surgió la misma.
ESTUDIOS 17

Pero antes de entrar en ese tema es conveniente reseñar las diferentes iglesias que
hacen vida activa en Apure (por lo menos las más conocidas), nueve o diez agrupacio-
nes evangélicas, algunas con vinculaciones nacionales e internacionales, que agrupan
aproximadamente el 20% de la población total de la entidad federal (unas 80 mil perso-
nas), por lo que se afirma que, porcentualmente, Apure es el primer Estado Evangélico
de Venezuela (no históricamente). Actualmente existe la tendencia a buscar la unidad,
por lo que se ha creado la Confraternidad de Iglesias Evangélicas de Apure, presidida
por don Rafael Rojas, Pastor de la Iglesia Anunciadora de Sión.

Algunas de las asociaciones de iglesias evangélicas en Apure son:

l. La Unión Evangélica Pentescostal Venezolana.


2. La Organización Venezolana de Iglesias Cristianas Evangélicas (OVIDE).
3. Las Asambleas de Dios Pentecostales, que recientemente crearon en San Fernan-
do de Apure el Instituto Bíblico de los Llanos, anexo a la Iglesia «La Salsa Ar-
diendo».
4. Las Iglesias Cuadrangulares, cuya presencia es más fuerte en el occidente del Esta-
do (Guasdualito y El Amparo).
5. La Federación de Iglesias Evangélicas Emmanuel.
6. La Misión «Nuevas Tribus», norteamericana, cuya actividad se centra principal-
mente en el área indígena de la zona Capanaparo-Cinaruco.
7. La Iglesia Evangélica «El Salvador», de carácter local (San Fernando).
8. Las Iglesias Evangélicas Nativas de Apure, motivo central del presente estudio.
9. La Federación de Iglesias Evangélicas Unidas de Venezuela, creada con iglesias des-
prendidas del seno de las iglesias Nativas; actualmente esta Federación está presidí-
~ por don Luis Carrillo, Pastor de la Iglesia Ebenezer, la más antigua de Apure.
10. La Iglesia «Hombres Unidos en el nombre del Señor», en San Femando, con vin-
culaciones con la Iglesia norteamericana «Sana Doctrina»; su fundador y actual
pastor es don Pablo Bolívar.

Es de observar que la Alianza Cristiana Misionera de Venezuela, que inició la evan-


gelización protestante en Apure, hoy día no tiene representación en el Estado; igual
sucede con la Asociación de Iglesias Evangélicas Libres (ADIEL).

Ahora, tratando el tema especifico de la Iglesia Nativa de Apure, se comienza por


esclarecer que su verdadero nombre es ASOCIACION DE IGLESIAS CRISTIANAS
EVANGELICAS APOSTOLICAS Y MISIONERAS NATIVAS DE APURE, tal
como aparece inscrita en el registro Subalterno del Distrito San Femando, Estado Apure
(1970) y en la Dirección de Cultos del Ministerio de Justicia (1990).

Las _fuentes de información son bastante escasas sobre las Iglesias Nativas, como
corrientemente se les denomina; las utilizadas en este caso fueron, sobre todo, de carác-
ter oral, sin las cuales hubiese sido imposible realizar el trabajo: don Teófilo Segovia
Salazar, quien no sólo facilitó información sobre el movimiento evangélico en Apure
18 BOLETIN DE LA ACADEMIA NAQONAL DE LA HISTORIA

sino que también facilit6 el contacto directo con destacados dirigentes de las iglesias de
la regi6n y nacionales; don Williams Carrill, Co-Pastor de la Iglesia «Ebenezer» (de
donde surgieron las Iglesias Nativas); don Gilberto Nieves Molina, Pastor de la Iglesia
Evangélica «Emmanuel,., de San Femando; don Eleazar Ortiz Sánchez, Supervisor de
la Zona Occidental de la Federaci6n Evangélica Emmanuel y Pastor de la Iglesia Cris-
tiana Pentescostal «Gilgal,.; don Natanael Macía Piñedo, Doctor en Teología Evangéli-
ca, graduado en Inglaterra y don Tito Juárez Solano, Pastor General de la Iglesia Nati-
va de Apure. Pero no se puede dejar de reseñar la valiosa informaci6n obtenida del
libro Los Protestantes en Venezuela, del Padre Jacinto Ayerra {ediciones Trípode, Cara-
cas, 1980), facilitado por [Link]én sacerdote cat6lico Francisco Javier Martínez, Vica-
rio de la Di6cesis de San Fernando de Apure.

Al parecer, la labor de evangelizaci6n comenz6 en esta regi6n por el Alto Apure


ya que Ayerra indica que «En 1919 llegaba el pastor Holmberg a Guasdualito desde
Maracaibo. En 1923 se celebra una campaña de evangelizaci6n. Fundaron iglesias en
toda aquella comarca y Guasdualito fue varias veces sede de convenciones evangélicas,.
([Link].: 110), aun cuando Macía (1995:7) informa que el Reverendo Gerardo A. Bailly,
fundador de la Misi6n Cristiana y Misionera en Venezuela en 1895, había visitado los
llanos de Apure en compañía del «colportor» Diego Martínez, sin indicar fecha; pero
por deducci6n se llega a la conclusi6n de que este viaje al Bajo Apure debe haberse
producido a principios de la década del veinte, puesto que el mismo autor expresa que
el colportor Diego Martínez dejaba sus Biblias en la bodega de don Víctor Rojas, don-
de consigui6 una don Arístides Diaz Olivo en el mes de febrero de 1925 y se la llev6
para leerla, hecho que va a ser clave en la propagaci6n de la fe protestante en el Bajo
Llano. Asimismo se dice que el primero Pastor de la naciente Iglesia de San Femando
fue don Rosendo Ruiz Mendoza, enviado de Caracas para dirigir el proceso evangeliza-
dor. «El lleg6 a hacerse cargo de la obra en San Fernando, en marzo de 1925,.. Esta
Iglesia se constituy6 el 1° de mayo de 1927 con el nombre de «Ebenezer», con nueve
miembros (Arístides Díaz, Felipa Sanz, Víctor Rojas y su esposa Francisca, Heriberto
Rond6n, Gregoria Romero y Filomena de Rond6n), más el Pastor Rosendo Ruiz. Al
poco tiempo destac6se don Arístides por su interés en predicar la Palabra ele Dios y a
fines de 1929 inici6 su apostolado en su fundo agropecuario, ubicado en Biruaca, en el
llamado «Médano de Churruscao,., logrando fundar allí la IGLESIA DE BElHEL, el
día 1° de enero de 1930, con la incorporaci6n de un valioso contingente, integrado por
Antonio Campos Le6n, Miguel, Nieves y Saturnina Sanz, Leonidas y Ramona Torres,
Segundo y Domingo Ramos, Presentaci6n Linares, Inocencio y Bernando Juárez, Rita
Guerrero, Manuel Felipe Solís y Martín Remigio C6rdova. En esta misma fecha se ins-
tal6 allí en Bethel una asamblea preparatoria de la PRIMERA ASAMBLEA GENE-
RAL DEL MOVIMIENTO EVANGELICO APUREÑO, la cual se realizaría duran-
te la Semana Santa de ese mismo año, en Bethel, lugar que había sido acordado unáni-
memente como de concentraci6n anual, permanente. El trabajo de este equipo fue fruc-
tífero y esta Primera Asamblea se realiz6 con la participaci6n de las seis iglesias que se
habían logrado establecer entre 1923 y 1930: Ebenezer, de San Fernando, Bethel, en
Biruaca, Ebenezer, en las Queseras (Guasimal), Bethania, en San Antonio de Barinas,
ESTUDIOS 19

Nueva Bethel, en Boquerones (Arichuna) y Sichen, en Achaguas. La apertura de esta


Asamblea estuvo a cargo de don Diego Martínez, pionero en el evangelismo apureño,
y el primero mensaje («Unidos en Cristo») lo dio» el pastor Gerardo Bailly, de la Alianza
Cristiana. Otros predicadores que se destacaron fueran don Víctor Rojas, don Heriberto
Rondón, don Manuel Felipe SoHs y don Remigio Córdova, llevándose el primer galar-
dón como predicador don Arístides Diaz Olivo. En 1932 se realizó la Segunda Asam-
blea y asistieron más de dos mil personas, habiéndose creado tres nuevas iglesias: Sión,
Galilea y Hebrán (esta última en Biruaca, a cargo de don Gregorio Rodríguez}.

Para esta fecha (comienzos de la cuarta década del presente siglo), Fernando
Calzadilla Valdés (1988: 279,280} hace referencias muy positivas de, la actuación de los
pastores evangélicos en Apure:

Desde hace algún tiempo pastores Evangelistas y Adventistas se llegaron con


sus prédicas y propagandas en San Fernando, de donde poco a poco se han
ido extendiendo al interior del Estado, venciendo los múltiples inconvenien-
tes del medio, y creencias arraigadas de antaño; adaptándose a una vida com-
pletamente extraña por su rusticidad, y de una pobreza rayana en miseria,
muy disímil seguramente con sus costumbres. La constancia y el esfuerzo lo
vencen todo, y al someterse ellos, si no a los hábitos, al menos a las privacio-
nes y simplicidad de los lugareños, lentamente pero seguro han ido infiltrán-
doles las de ellos, y lo que parecía más difícil, sus creencias, al punto de con-
tar hoy con numer~sos adeptos no solamente en San Fernando, sino en va-
rios puntos del interior del Estado. Donde quiera que fueron han tenido bue-
na acogida, excepción de Achaguas, porque los achagüeros no aceptan nada
contra su Nazareno, famosa imagen regalada al pueblo por Páez, conservada
y venerada con gran fervor y celo ...
Y volviendo a los Pastores, en otros lugares como Churruscao, El Yagual,
Ruende, Birhuaca (sic), La Morita y el mismo San Fernando se han estableci-
do formalmente fomentado grandes siembras donde predomina el algodón
como fruto de mayor importancia, y frutos menores, plátanos, maíz, yuca,
verduras y otros; eso sí, no consienten en los cultivos ni la cara ni el tabaco
porque son propagadores de vicios según ellos. En sus colonias incitan al tra-
bajo y ellos mismos trabajan; han levantado capilla en cada uno de los cen-
tros, especie de centro social más bien donde se reúnen periódicamente los
colonos, oyen la palabra del pastor interpretando los Santos Evangelios, en-
tretienen sus reuniones en el seno de la confraternidad y el buen vivir, sin
por ningún respecto consentir el concubinato. Montañas espesas, vírgenes,
han cedido al hacha y al machete, cambiando su lúgubre follaje por la alegre
. y rítimica visual de las sementeras y plantíos. Cumpliendo justicia a estos
Pastores, han contribuido y contribuyen eficazmente al fomento de la agri-
cultura de los llanos.
20 BOLETIN DE LA ACADEMIA NAQONAL DE LA HISTORIA

Estas iglesias van a constituir el punto de partida de las llamadas Iglesias Nativas
de Apure, ya que el Reverendo Bailly, considerando que ya había sentado bases firmes
para la evangelización, dejó esta labor en manos de don Arístides Díaz y sus fieles
correligionarios. El apostolado evangélico de don Arístides duró 45 años, y al morir, el
22 de diciembre de 1969, había constituido 80 congregaciones, con un total de 6.000
creyentes, aproximadamente.

Según Ayerra, en 1980, existían 90 Iglesias Nativas (de las cuales, seis estaban en
Barinas, tres en Aragua y cinco en Guárico), con un número que sobrepasaba los 7.000
creyentes; pero este dato, como informa el mismo autor, no puede tomarse como exacto,
puesto que «...ellos no dan el número de miembros, por ser antiescriturístico, ya que en
los Hechos de los Apóstoles aparecen los nombres de las iglesias que iba fundando Pa-
blo, pero nunca se habla del número de miembros pertenecientes a ellas», según pala-
bras que le expresó don Bemando Juárez, Pastor General para la época de su investiga-
ción. Posteriormente, Ganuza (1994: 138) menciona la existencia de 160 congregacio-
nes nativas; hoy (febrero de 1997) se calculan unas 200 congregaciones, con presencia
en los Estados Apure (preferentemente), Barinas, Guárico, Aragua y Yaracuy, con unos
10.000 creyentes aproximadamente, en su mayoría campesinos.

Durante todo este lapso, otras iglesias evangélicas protestantes (incluso Mormones
y Testigos de Jehová) se han ido estableciendo en Apure, pero el nexo de las primeras
Iglesias con la Alianza Cristiana se perdió una vez que se ausentó el reverendo Bailly y
el adoctrinamiento quedó en manos de pastores nativos de la región, quienes establecie-
ron normas rituales tomadas de la Biblia, exigiendo un estricto cumplimiento de las
mismas. Ellos, los Nativos, pretenden practicar un rígido fundamentalismo cristiano,
aislando de las otras iglesias evangélicas, negándose a participar en el Consejo Evangéli-
co de Venezuela y rechazar todo tipo de ecumenismo, aceptando sólo una identidad
exclusivamente espiritual, pero no ministerial. Según don Tito Juárez, actual Pastor
General de las Iglesias Nativas, sus principios fundamentales los basan en los «Funda-
mentos de Apóstoles y Profetas», del Nuevo Testamento.

Su estructura organizativa interna es igual a cualquier otra iglesia evangélica pro-


testante venezolana: Pastor General-Anciano, Ca-Pastor o Segundo Pastor- Diáconos
y Diaconistas; pero, por exigencias legales, ya que en el Ministerio de Justicia están re-
gistrados como Asociación Religiosa, manejan la siguiente nomenclatura: Presidente-
Vicepresidente Secretario- tesorero y tres vocales, que conforman el Consejo Directivo
a nivel regional; en cada iglesia existe también un consejo directivo, pero más sencillo,
que viene a ser como una primera instancia para tratar cualquier asunto relacionado
con la última instancia la constituye el Consejo Directivo Regional. El actual Presiden-
te o Pastor General es don Tito Juárez Solano, quien desempeña tal cargo desde 1988
(antes de él estuvieron don Arístides Diaz Olivo, 1930-1969, y don Bemando Juárez,
1970-1988, padre de don Tito); las otras autoridades actuales son: don Eulogio Rodrí-
guez, Vicepresidente o Segundo Pastor, don José Luis Salinas, Secretario y don Geró-
nimo Hernández, Tesorero. Todos son personas mayores de sesenta años de edad.
ESTUDIOS 21

La selección de sus pastores, personas que están directamente en contacto con los
fieles, son seleccionados siguiendo la forma primitiva de la Iglesia Cristiana, según lo
establecen los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas de Pablo a Timoteo. «Ellos no
envían a los futuros pastores a formarse en seminarios, sino que primero tratan de que
se produzca en ellos una verdadera conversión y les ponen en contacto con la Biblia,
sobre todo con los Evangelios», según informa Ayerra le expresó en su _momento don
Bernando Juárez y confirmado ahora por don Tito Juárez.

«Basándose en esa doctrina de los dones del Espíritu Santo -dice Ayerra-, traba-
jan consecuentemente. Por eso, cuando viene un campesino, que quiere interesarse por
el Evangelio, le envían a una zona para que trabaje en la formación de una iglesia. Le
asignan algunos hermanos que le ayuden. Y si después de algún tiempo vienen quince
o veinte con aquel hermano y piden que le nombren pastor, después de observar dete-
nidamente su vida y trabajo misionero, le ungen como pastor de aquella nueva iglesia,
de por vida, a no ser que la membresía pida que le retiren por alguna falta cometida
contra el Evangelio. Por los frutos deducen si tiene los dones debidos para ejercer la
labor de pastor. No comprenden el cambio de pastores. El pastor brota de la comuni-
dad. No deben imponerse pastores a la comunidad, sino que deben brotar de ella y
deben estar en armonía con sus fieles ... La elección se hace a base de observar sin prisas
a los que trabajan por el Evangelio. Si reúnen las condiciones que pide la Palabra de
Dios, se les ordena; si no, no. Si consiguen levantar una iglesia, es una buena señal. El
pastor tiene que ser una persona buena y trabajadora» (1980: 112-113).

Una vez hecha la elección para la ordenación del pastor, de los diáconos y
diaconisas (el único nivel a que pueden llegar las mujeres evangélicas), convocan a una
asamblea de todos los pastores, donde se les dan los oportunos consejos y se les impo-
nen las manos extendidas sobre la cabeza uniéndose todos los pastores en oración, que-
dando así ungidos con su nueva investidura.

Los sacramentos que aceptan son dos: el Bautismo y la Santa Cena. El primero
sólo se da a los adultos, por inmersión y después de haber manifestado intención de
arrepentirse de la vida de pecados que habían llevado antes. La Santa Cena la celebran
los días domingo en sus iglesias y consiste en compartir el pan y el vino.

Como se estableció en la primera Asamblea realizada en 1930, se reúnen anual-


mente dos veces (el día de Año Nuevo y Semana Santa) en Bethel, donde se congregan
miles de personas, sin previa convocatoria, venidos de diferentes partes del país. Allí
pasan toda la semana, con actividades dedicadas al culto y predicación de la Palabra de
Dios. Si los católicos apureños concurren en Semana Santa a Achaguas para rendirle
culto al Nazareno, los creyentes evangélicos concurren a Bethel en la misma fecha para
realizar sus oraciones en comunidad con otras iglesias.

En cuanto a sus relaciones con la Iglesia Católica son respetuosas y cordiales; tam-
poco tienen problemas con las autoridades. No reciben, ni aceptan, ayudas económicas
22 BOLETIN DE LA ACADEMIA NAOONAL DE LA HISTORIA

del Estado u otras instituciones públicas o privadas, por lo que cada pastor debe traba-
jar con sus propios recursos Qo hacen para evitar suspicacias al respecto). Esta circuns-
tancia es una de sus limitantes para realizar acciones misioneras a otras regiones del país.

No quieren saber nada de política partidista, ni siquiera con el Partido ORA, por
cuanto ellos son libres y autónomos en sus decisiones, aun cuando sí son muy respe-
tuosos de las leyes establecidas. Incluso el Reglamento de Educación Religiosa aproba-
do recientemente por el Ministerio de Educación es visto como algo positivo, siempre
y cuando a ellos se les permita darle educación religiosa, según su doctrina, a sus hijos
en edad escolar (aunque prefieren que ésta se les de en sus propias iglesias). En cuanto
al ,matrimonio, no aceptan las uniones concubinarias, por lo que ponen énfasis en que
las parejas que van a «recibir al Señor» legalicen sus relaciones.

En cuanto a sus relaciones humanitarias, practican los principios de fraternidad y


solidaridad ayudándose unos cqn los otros, de acuerdo a sus modestas posibilidades.

Las Iglesias Nativas han sufrido, en varias oportunidades, merma en cuanto a sus
afiliados, por lo que su crecimiento ha sido más lento en comparación con otras igle-
sias evangélicas. Estos desembramientos no han sido por cuestiones de fe, sino por la
forma de practicar sus cultos (como lo expresan los creyentes pertenecientes a la Fede-
ración de Iglesias Evangélicas Unidas de Venezuela, surgida de su seno), pues todas las
otras iglesias los respetan mucho.

Se puede decir que la Iglesia Evangélica Nativa de Apure, tal como se planteó en
la hipótesis del trabajo, surgió ante la necesidad espiritual del hombre campesino de
esta región y del abandono en que la tuvo la Iglesia Católica, siendo persona con alto
sentido de la responsabilidad ciudadana, alto concepto de la moral y fe cristiana y, tam-
bién, muy celoso de sus principios de regionalidad (no quiere ni acepta injerencia de
elementos extraños a sus congregaciones, aun cuando sus concepciones doctrinarias
coincidan con otras iglesias). En este sentido, tampoco se puede considerar como una
punta de lanu contra la identidad de nuestros pueblos «que todavía rezan a Cristo y
en español», pues sus pastores no pueden ser más criollos.

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Entrevistado el día 03 de noviembre de 1996.
JUAREZ SOLANO, Tito. Pastor General de la Iglesia Evangélica Nativa de Apure.
San Fernando de Apure. Entrevistado el día 13 de febrero de 1997.
MACIA PIÑERO, Natanael. Doctor en Teología. Entrevistado en San Fernando de
Apure, el día 23 de enero de 1997.
NIEVES, [Link] de la Iglesia Enmanuel, San Fernando de Apure. Entrevista-
do el día 05 de diciembre de 1996.
ORTIZ SANCHEZ, Eleazar. Superior de la Federación Evangélica Enmanuel. Entre-
vistado el día 23 de enero de 1997, en San Fernando de Apure.
SEGOVIA SALAZAR, Teófilo Isaías. Informante permanente sobre las Iglesias Evan-
gélicas en Apure (desde que se inició el trabajo de investigación).

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