Los tiers (niveles) de un centro de datos, según la norma TIA-942, son una
clasificación estándar que define el nivel de disponibilidad, redundancia y
tolerancia a fallos de la infraestructura. Existen cuatro niveles principales:
Tier I: Infraestructura Básica
• Disponibilidad: 99.671%, hasta 28.8 horas de inactividad al año.
• Características: No tiene redundancia significativa; consta de un solo
camino de distribución de energía y refrigeración.
• Uso Típico: Centros de datos pequeños o de respaldo, donde el tiempo de
actividad no es tan crítico.
• Mantenimiento: No permite realizar tareas de mantenimiento sin
interrumpir el servicio.
Tier II: Infraestructura Redundante
• Disponibilidad: 99.741%, hasta 22 horas de inactividad al año.
• Características: Cuenta con algunos componentes redundantes
(configuración N+1) en energía y refrigeración, pero con un solo camino de
distribución.
• Uso Típico: Empresas que requieren un nivel medio de confiabilidad y
redundancia.
• Mantenimiento: Permite realizar cierto mantenimiento, pero no garantiza
disponibilidad total.
Tier III: Mantenimiento Concurrente
• Disponibilidad: 99.982%, hasta 1.6 horas de inactividad al año.
• Características: Múltiples caminos de distribución de energía y
refrigeración; solo uno es activo a la vez, pero permite el mantenimiento sin
afectar la operación.
• Uso Típico: Organizaciones que necesitan alta disponibilidad, como
bancos, telecomunicaciones, y grandes empresas.
• Mantenimiento: Permite tareas de mantenimiento sin interrupciones en el
servicio.
Tier IV: Tolerancia a Fallos
• Disponibilidad: 99.995%, hasta 0.4 horas de inactividad al año.
• Características: Totalmente redundante y tolerante a fallos, con múltiples
caminos activos de distribución de energía y refrigeración. Puede operar
incluso en caso de fallos múltiples.
• Uso Típico: Centros de datos críticos para operaciones que requieren
disponibilidad continua, como grandes proveedores de servicios en la
nube.
• Mantenimiento: Soporta mantenimiento sin interrupciones y está
diseñado para resistir fallos sin afectar la operación.
Cada nivel (tier) representa un estándar progresivo de resiliencia y disponibilidad,
adaptándose a las necesidades y presupuesto de cada tipo de organización.