¿Cuál fue la última dictadura militar
argentina?
La última dictadura militar argentina, también llamada Proceso
de Reorganización Nacional, fue una dictadura cívico-militar
que tuvo lugar en la Argentina entre 1976 y 1983.
El gobierno dictatorial se estableció tras el golpe de Estado que
el 24 de marzo de 1976 derrocó al gobierno de María Estela
Martínez de Perón. Su primer presidente de facto fue el
general Jorge Rafael Videla.
La dictadura llegó a su fin el 10 de diciembre de 1983 con la
asunción de Ricardo Alfonsín al frente de un gobierno
democrático elegido en las elecciones del 30 de octubre de ese
año
Primeras Medidas
La dictadura se propuso reorganizar de raíz la sociedad y la
economía argentinas, disciplinar a los sectores populares y
evitar que el país «cayera en manos del comunismo
internacional«. Por eso se autodenominó «Proceso de
Reorganización Nacional».
Para alcanzar esos objetivos, el gobierno de facto encarceló a
la presidenta y a algunos de sus ministros, clausuró el
Congreso, proscribió a los partidos políticos, disolvió la Corte
Suprema de la Nación, intervino los sindicatos y suspendió el
derecho de huelga. También censuró revistas, películas, libros
y programas de radio y televisión.
Violación de derechos
Con la excusa de que era necesario exterminar a los
grupos guerrilleros (ERP y Montoneros), la dictadura
implementó una represión ilegal que dejó miles de
desaparecidos, la mayoría de los cuales fueron torturados
en centros clandestinos de detención y luego asesinados.
Las víctimas de la represión ilegal incluyeron no sólo a
guerrilleros, sino también a sindicalistas, docentes,
estudiantes, periodistas, artistas, monjas, sacerdotes,
catequistas y activistas sociales.
Las tareas de inteligencia y secuestro fueron llevadas a
cabo por grupos de tareas formados por policías y
militares que actuaron ilegalmente, ya que no contaban
con órdenes judiciales que avalaran sus acciones.
Situacion Economica.
La política económica de la dictadura quedó en manos del
ministro José Alfredo Martínez de Hoz, quien puso en
marcha un programa neoliberal que redujo la intervención
del Estado en la economía y que alentó la libre
competencia entre empresas.
Otras medidas fueron la disminución de los impuestos a
las importaciones, la reducción del déficit fiscal y la toma
de préstamos en el exterior para organizar el Mundial de
Fútbol de 1978.
Los salarios fueron congelados, lo que en un contexto de
inflación alta significó que cayeran en un 40 %
aproximadamente. La prohibición de huelgas y
movilizaciones callejeras evitaron las protestas sindicales.
Las medidas impulsadas por Martínez de Hoz provocaron
un shock de confianza entre inversionistas locales y
extranjeros, que operaron con mínimo riesgo, debido al
establecimiento de una garantía estatal para los depósitos
bancarios. También se produjo una importante expansión
del consumo, sobre todo de productos extranjeros que
inundaron el mercado interno ante la reducción de las
barreras arancelarias.
Durante 1980, la especulación llevó a la quiebra de varios
bancos y financieras. Al año siguiente los precios de los
productos de primera necesidad aumentaron
vertiginosamente y la deuda externa pública se disparó.
Estos factores, sumados a la suba de la cotización del
dólar y la quiebra de industrias cuyos productos no podían
competir con los importados, provocaron una crisis
económica que el gobierno no supo controlar.
Vuelos de la muerte
Los militares los llamaban "traslados", pero en realidad
eran "vuelos de la muerte". Aviones de las Fuerzas
Armadas argentinas arrojaban a personas, en su mayoría
vivas, al Río de la Plata o al mar luego de haberlas
drogado.
Desaparecidos
Los “desaparecidos” (víctimas secuestradas, torturadas y
asesinadas cuyos cuerpos fueron desaparecidos por el
gobierno militar) incluían a aquellos que se pensaba eran
política o ideológicamente una amenaza para la junta
militar, incluso vagamente; y fueron asesinados en un
intento por parte de la junta de silenciar a la oposición
social y política.