En un pequeño pueblo rodeado de montañas, vivía Clara, una joven inquieta con una pasión por la
naturaleza y la aventura. Su vida había transcurrido entre los estrechos caminos empedrados de su
aldea, donde el mayor acontecimiento del día era el paso del tren que conectaba su hogar con la
gran ciudad. A pesar de su curiosidad por el mundo más allá de los valles, nunca había tenido la
oportunidad de salir.
Una mañana, mientras Clara paseaba cerca del río, encontró algo inusual: una botella de vidrio
atascada entre las rocas. Dentro había un pergamino enrollado con un mapa. Intrigada, lo desenrolló
y descubrió que señalaba un lugar misterioso en el bosque cercano, conocido entre los habitantes
como "El Claro Perdido". Decían que nadie que lo hubiera buscado lo había encontrado, pero Clara
sintió que aquel mapa era su llamada.