Salmo 91:1
INTRODUCCIÓN
Hablar sobre estudios bíblicos, de cómo a través de esto satanás buscará
desestabilizarnos, pero recordar que Dios siempre está con nosotros y que
debemos de mirar fijamente a él y cambiar nuestro modo de pensar para poder
hacer la voluntad de Dios.
¿Te has sentido alguna vez tan desanimado, que ya no deseas seguir
adelante?
Hay momentos en los que los problemas son tan fuertes que caemos en un estado
de desaliento y desánimo. Quisiéramos salir corriendo y dejar atrás toda la angustia
que sentimos, que todo ese dolor termine de una vez por todas.
Pero ¿qué debemos hacer los cristianos en estas circunstancias? ¿Qué salida
debemos tomar?
La historia que vamos a estudiar en esta ocasión es de un personaje en la Biblia
que sintió temor y desánimo ante el peligro de muerte. Su nombre fue Elías, famoso
profeta de Israel.
Elías fue un mensajero especial, durante la gran apostasía de los reyes Acab y
Ocozías. Elías fue llamado por Dios en un período crítico en la vida de Israel.
Acab fue un rey de Israel, mencionado en el libro de 1 Reyes, que gobernó durante
el siglo IX a.C. Era hijo de Omrí y es conocido por ser uno de los reyes más
malvados en la historia de Israel. Se casó con Jezabel, una princesa fenicia que
introdujo la adoración al dios Baal en Israel, lo que provocó la ira de Dios. Acab
persiguió a los profetas de Yahvé y tuvo un enfrentamiento notable con el profeta
Elías. Su reinado estuvo marcado por idolatría y corrupción, lo que finalmente llevó
a su caída y a la condenación de su dinastía.
Ocozías, hijo de Acab, fue otro rey de Israel que también gobernó brevemente
después de su padre. Según 1 Reyes 22:51-53, Ocozías continuó en los caminos de
idolatría de su padre, adorando a Baal e irritando a Dios.
A continuación, vamos a descubrir a través de la palabra como este profeta fue
auxiliado por Dios en la adversidad. Su experiencia también puede ayudarnos en
nuestros momentos de profundo desánimo.
DESARROLLO
CÓMO DIOS NOS GUÍA EN MEDIO DEL DESÁNIMO
Leamos 1 de Reyes 19: 1-3
Una gran victoria para Elías acababa de ocurrir en el monte Carmelo (1 Reyes 18:
20-40).
Hermanos Satanás se enfurece cuando sucede un milagro de Dios, cuando tú y yo
obedecemos al creador. Él quisiera matarnos en un instante, pero no puede tocar
nuestra vida, por eso nos ataca furiosamente con diversas pruebas.
Seguramente esto también nos ha pasado a nosotros, mientras más intentamos
acercarnos a Dios es cuando parece que más problemas tenemos.
Elías sintió temor, la Biblia dice:
• “Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida” (1 Reyes 19:3).
Elías significa “mi Dios es el Señor”.
1 Reyes 17: 1: “Vive Jehová en cuya presencia estoy”.
18: 15: “Vive Jehová de los ejércitos en cuya presencia estoy”.
Hasta aquí algunas preguntas, ¿Cómo es que el hombre que acababa de estar solo
contra todo el pueblo, el rey y los 450 sacerdotes de Baal, sintió temor por la
amenaza de una mujer? ¿Porque Elías huyó y no se acercó al pueblo que recién en
el capítulo 18: 39 había dicho que Jehová es el Dios, porque no fue con ellos para
que lo protegieran?
Uno pensaría que Elías estaba listo para hacer frente a cualquier prueba de su fe.
Pero su fe se tambaleó ante una mujer iracunda. Estaba pasando por un momento
de angustia y adversidad, tuvo miedo y se fue para salvar su vida.
¿Cuán a menudo has experimentado miedo ante una adversidad? Tal vez has
sentido tu fe flaquear al ver el peligro. Siempre los hijos de Dios han sido
atribulados, pero los que buscan su dirección salen adelante con su ayuda.
1. Elías experimenta el desánimo
1 Reyes 19:3-4.
Siendo amenazado de muerte huyó. Su temor lo impulsó a proseguir, viajó otra
noche y día por el desierto hasta donde le dieron sus fuerzas.
El profeta entró en una crisis. El texto dice:
• “Se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová,
quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (v 4).
Imaginen por un momento a Elías sentado allí, exhausto, totalmente agotado de sus
fuerzas físicas, con sed y hambre, deseando morirse. Le pide a Dios que le quite la
vida. En otras palabras, lo que el profeta estaba diciendo es: ¡basta!, ya sufrí lo
suficiente y no quiero seguir sufriendo. Elías estaba en un estado de depresión
ocasionada por una tensión muy grande.
En el transcurso de nuestra vida es fácil estar feliz y animado cuando todo va bien,
pero no es fácil cuando llegan las desgracias. Entonces el ánimo cae y viene el
desánimo y la depresión. Es cuando uno más necesita aferrarse a Dios, para que no
venzan la duda y desesperación en nosotros.
2. Dios acude al auxilio de Elías (v 5-8)
Entonces un ángel le toca y le dice: “Levante, come”. Era un ángel enviado para
ayudarlo y darle esperanza.Dios nunca desampara a sus siervos fieles, no tardó en
enviar ayuda a Elías. El alimento y el descanso eran necesarios, y Dios otra vez
bondadosamente se los proporcionó. Y vino el ángel de Jehová por segunda vez, lo
tocó y le dijo: • “Levántate y come, porque largo camino te resta”.
Elías se levantó, volvió a comer y emprendió una caminata de cuarenta días y
cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.
Elías iba a ese monte para estar en comunión especial con Dios y algo maravilloso
sucedió allí.
3. Dios ayuda a Elías a cambiar su forma de pensar (v 9–10)
“¿Qué haces aquí?” Le pregunta el Señor. Él quería hacer reflexionar al profeta
acerca de su llamado y misión, lo estaba ayudando a recobrar el ánimo y la
dirección.
Elías tenía que meditar en: ¿quién lo había llamado allí? ¿Era ese su deber? ¿Qué
debía hacer ahora? Dios estaba ministrando al profeta, lo estaba ayudando a
cambiar su forma de pensar. Dios también nos hace las mismas preguntas.
Debemos detenernos a reflexionar sobre nuestra situación, si estamos cumpliendo
el plan que Dios tiene para nosotros o nos hemos alejado de su camino y su
voluntad.
La respuesta Elías fue:
• “He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel
han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus
profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida” (1 Reyes
19:10).
Elías sentía ira, coraje, tristeza, por la situación de la nación de Israel.
Salmo 69: 9 - 10 ”Me consumió el celo de tu Casa y los insultos de los que te
vituperaban cayeron sobre mí. Lloré, afligiendo con ayuno mi alma, y esto me ha
sido por afrenta.“
La queja del profeta contra Israel era triple.
La situación espiritual de la nación era caótica. Elías sentía que había fallado en su
misión porque las cosas no mejoraron, sino que iban de mal en peor.
Entonces sucede la manifestación de Dios. Estando Elías de pie en el monte
delante de Jehová.
(v 9–10)
Después de toda esa manifestación de poder, vino:
“Un suave susurro”. Después de la tormenta, vino la calma. Por fin estaba allí el
Señor con su apacible y delicada voz, para confortar y fortalecer al profeta. Esto nos
enseña que Dios tiene formas diferentes al pensamiento humano para solucionar los
problemas. Elías tenía ira, pero en Dios estaba la paz y la tranquilidad.
Elías estaba desesperado, pero Dios nunca pierde la calma.
Dios estaba ministrando a Elías, mostrándole que él estaba al control de todas las
cosas, aunque todo parecía perdido. Querido hermano Dios está aún al control de
todo en tiempos de adversidad, no lo olvidemos.
Dios ayudó al profeta para cambiar su manera de pensar, cambió su desánimo por
ánimo y valor. Ahora Elías está listo para volver a la misión, aún tenía muchas
tareas que cumplir, y Dios tenía un plan para él.
4.Dios asigna a Elías una tarea (v 15-18)
Dios asigna a Elías una tarea, le dice: “vuélvete”. Esta palabra enseña que Elías se
equivocó cuando se retiró de su obra, que su misión aún no había terminado y que
Dios todavía tenía una obra para que él hiciera. Dios ordenó a Elías que ungiera a
los siguientes reyes de Israel (Jehú), Siria (Hazael) y al próximo profeta (Eliseo).
Esta asignación ministró a Elías de dos maneras importantes.
a) Le ayudó a pasar de lo inmanejable a lo manejable. La desesperación de Elías
fue alimentada por un complejo de “Mesías”. Sintió que él y sólo él podían resolver
los problemas de Israel (v 10, 14). Al asignar estas tareas ordinarias, Dios lo trae de
vuelta al mundo de lo que realmente puede hacer. Dios es el director y nosotros
somos los dirigidos. Dios es el salvador, él resuelve las cosas no nosotros, tenemos
que aprender a depender de él y poner todo en sus manos.
CONCLUSIÓN
A pesar de la adversidad, Dios sigue al mando, y los que confían en él estarán
seguros como dice el Salmo 91:1